{"id":3136,"date":"2022-01-30T19:04:02","date_gmt":"2022-01-30T19:04:02","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=3136"},"modified":"2023-11-24T18:34:44","modified_gmt":"2023-11-24T18:34:44","slug":"dos-cuentos-de-nicanor-bolet-peraza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-nicanor-bolet-peraza\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Nicanor Bolet Peraza"},"content":{"rendered":"<h3><strong>Calaveras <\/strong><\/h3>\n<p>Arturo Claxton, de veinte a\u00f1os de edad;\u00a0estudiante de Medicina en Belevue Medical\u00a0College. Meningitis aguda. Entierro martes pr\u00f3ximo, a las 10 a.m.\u00a0University Place, N\u00fam&#8230;<\/p>\n<p>Esta noticia encabezaba ayer la columna obituaria del\u00a0New York Herald. Parec\u00eda que exprofeso la hab\u00edan colocado all\u00ed, en las primeras l\u00edneas, para que yo me fijase en ella, conociendo mi repugnancia por esa secci\u00f3n que tan tristes informes suele darle a uno sobre la salud de las personas a quienes estima.<\/p>\n<p>\u00a1Pobre muchacho! Hace un a\u00f1o que sin saber por qu\u00e9 desert\u00f3 de mis lecciones de idioma castellano; de lo cual me regocij\u00e9, pues la tal ense\u00f1anza me pareci\u00f3 una innoble complicidad de mi parte, desde que me revel\u00f3 las aviesas intenciones que abrigaba, de ir a ejercer la Medicina en Suram\u00e9rica tan pronto como le asegurasen la impunidad con el diploma.<\/p>\n<p>Ahora que ha muerto, se me quita un gran peso de la conciencia, y quedo libre adem\u00e1s para referir un extra\u00f1o suceso de su vida, cuyo secreto me exigi\u00f3 guardase mientras \u00e9l no desapareciese de este mundo.<\/p>\n<p>No s\u00e9 qui\u00e9n le hab\u00eda metido en la cabeza a mi disc\u00edpulo que las lenguas extranjeras entran m\u00e1s f\u00e1cilmente si se las ayuda un poco con libaciones espirituosas, e imbuido en esta singular idea impuso por condici\u00f3n a mi profesorado que le permitiese interpolar el\u00a0Ollendorff\u00a0con elwhiskey, apelando a esta \u00faltima autoridad con m\u00e1s frecuencia a medida que \u00edbamos entrando en la mara\u00f1a de los verbos, el caso objetivo de los pronombres, y las preposiciones. Me acuerdo que cuando el peine se atrac\u00f3 en la gre\u00f1a de los verbos\u00a0ser\u00a0y\u00a0estar, daba gusto ver c\u00f3mo achicaba, sin que por ello adelantase m\u00e1s en lo de aclarar el intr\u00edngulis; y al cabo de algunas copas sol\u00eda decirme:<\/p>\n<p>\u2014\u201cYo\u00a0estoy\u00a0muy inteligente para la verbo\u00a0ser\u00a0y\u00a0estar, pero\u00a0soy\u00a0borracho en esta momento\u201d.<\/p>\n<p>Entonces cerraba el libro y me abr\u00eda su coraz\u00f3n, cont\u00e1ndome sus aventuras, sus amor\u00edos, toda su pintoresca vida de estudiante bohemio. Como se va a ver, hab\u00eda en estas confidencias de mi alumno cosas extraordinarias y fant\u00e1sticas, fruto tal vez de las lecturas de Edgar Poe o de los alcoh\u00f3licos vapores; o acaso de ambos elementos combinados.<\/p>\n<p>Mi padre, me dec\u00eda Arturo, ejerc\u00eda la profesi\u00f3n de abogado en Filadelfia. Siendo Procurador de la Ley en una causa c\u00e9lebre de asesinato y hurto no pudo descubrir al criminal, y la tristeza que le produjo este fiasco le llev\u00f3 al sepulcro. Muri\u00f3 de impotencia fiscal. Mi madre qued\u00f3 inconsolable, y pobre. \u201cArturo, me dijo ella, eres mi \u00fanica esperanza. Necesitas seguir una carrera y he pensado que te hagas m\u00e9dico\u201d. Al siguiente d\u00eda, con una carta para un t\u00edo que resid\u00eda en Nueva York, me estrechaba en la puerta con su \u00faltimo abrazo de despedida la buena madre, dici\u00e9ndome: \u201cNada puedo darte, hijo m\u00edo; ni siquiera un libro de los de tu padre, pues todos son de leyes\u201d.<\/p>\n<p>Una idea s\u00fabita me pas\u00f3 por la mente y le dije:<\/p>\n<p>\u2014Tienes raz\u00f3n, de nada me servir\u00edan para estudiar medicina los libros de mi padre; pero \u00bfpor qu\u00e9 no me das su calavera?<\/p>\n<p>Mi pobre madre me mir\u00f3 con asombro, crey\u00e9ndome loco; mas de repente, comprendiendo mi pensamiento, subi\u00f3 a trancos la escalera, entr\u00f3 al estudio de mi padre, y escarbando en un caj\u00f3n de papeles viejos, trapos manchados de sangre, hachas y estiletes ro\u00f1osos, y otroscuerpos de delito, sac\u00f3 un cr\u00e1neo humano, lo envolvi\u00f3 en un peri\u00f3dico y lo puso en mi maleta, content\u00edsima de aquella feliz idea.<\/p>\n<p>El\u00a0boarding house\u00a0que me hab\u00edan recomendado en Nueva York, estaba habitado por cu\u00e1queros, y en cuanto estos se\u00f1ores olieron que yo cargaba la calavera de un difunto, me hicieron echar por la patrona; teniendo que irme a otra casa de hu\u00e9spedes en que no hab\u00eda sino estudiantes y muchachas de teatro. All\u00ed nadie se asustaba de nada.<\/p>\n<p>Para que usted comprenda mejor la extra\u00f1a aventura que va a escuchar, conviene que sepa previamente, que la calavera en cuesti\u00f3n hab\u00eda pertenecido al sujeto en cuyo asesinato salieron tan mal paradas la perspicacia y elocuencia de mi padre. Conservaba \u00e9l esa pieza, porque sobre ella se propuso fundar toda la armaz\u00f3n de sus investigaciones y acusaciones, y recuerdo haberle visto pasar noches enteras midiendo, profundizando, examinando minuciosamente el golpe de hacha que el cr\u00e1neo ten\u00eda sobre la sien izquierda, y de todo ello tomaba notas y m\u00e1s notas. A los pocos meses de haberme instalado en Nueva York muri\u00f3 mi madre en Filadelfia, y en seguida el t\u00edo a quien vine recomendado quebr\u00f3 en su negocio de\u00a0oleomargarina, por haberse descubierto la\u00a0cotolina, que le hace tremenda competencia.<\/p>\n<p>Estas dos calamidades, quiero decir la muerte de mi madre y la bancarrota de mi pariente, me dejaron sin recursos. Para entonces hab\u00eda yo hecho muy buenas migas con los estudiantes del\u00a0boarding house, quienes me ayudaron a comer y a beber mi \u00fanica herencia, que consist\u00eda en los muebles de mi casa paterna. Mis buenos amigos se bebieron dos espejos magn\u00edficos, un reloj de\u00a0cuc\u00fa\u00a0muy vistoso,\u00a0La Biblia, y a Washington atravesando el Delaware. Yo me engull\u00ed un William Penn de bronce, el \u00f3rgano, la biblioteca, un \u00e1guila empajada en el Ni\u00e1gara, y a Franklin en el acto de arrebatar el rayo al cielo y el cetro a los tiranos.<\/p>\n<p>Pero la Providencia, que no abandona a sus criaturas, me depar\u00f3 una nueva fuente de recursos, un bienhechor que no dir\u00e9 llovido del cielo, pues all\u00e1 no consienten a los de su oficio. Era \u00e9ste el\u00a0t\u00edo\u00a0Roboan, un israelita de los que prestan al treinta por ciento, a quien yo hab\u00eda conocido en Filadelfia, y que se traslad\u00f3 con su negocio a Nueva York desde que figur\u00f3 como testigo en la causa c\u00e9lebre de que ya he hablado, en su calidad de amigo, compatriota y medio socio del asesinado, logrero como \u00e9l. Ya usted sabe, por supuesto, que a estos usureros los llamamos aqu\u00ed\u00a0t\u00edos.<\/p>\n<p>Al\u00a0t\u00edo\u00a0Roboan fuimos llevando pieza a pieza toda mi ropa, hasta quedarme con lo envergado, y un repuesto de cuellos de celuloide, que son prendas refractarias al empe\u00f1o.<\/p>\n<p>Una tarde se me presentaron mis amigos muy tristes, desolados. Esa noche deb\u00eda celebrarse un famoso baile de carnaval, el baile de los cocineros franceses: \u00a1la gran\u00a0folie, amigo m\u00edo! Y a todas estas, ni un centavo en los bolsillos, ni un paraguas que empe\u00f1ar.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Eureka!\u00a0\u2013exclam\u00f3 de repente uno de mis camaradas, d\u00e1ndome una palmada en la frente\u2013. \u00a1Estamos salvados!<\/p>\n<p>Sin decirnos m\u00e1s, ech\u00f3 mano a la calavera y la levant\u00f3 con aire de triunfo.<\/p>\n<p>Todos nos echamos a re\u00edr. La ocurrencia de\u00a0poner a sudar\u00a0la calavera nos pareci\u00f3 una chanza de lo m\u00e1s divertido.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfOs re\u00eds? \u2013dijo nuestro camarada haciendo un desplante teatral para remedar a Hamlet, a quien sigui\u00f3 parodiando en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p>\u2014Este ser\u00eda, quiz\u00e1s, mientras vivi\u00f3, un gran logrero; \u201cved aqu\u00ed en lo que ha venido a parar el arriendo de sus arriendos y el cobro de sus cobranzas\u201d. Pero hablando con formalidad, amigos m\u00edos \u00bfno nos ha dicho Arturo que esta prenda decorativa figur\u00f3 un d\u00eda sobre los hombros de un honorable individuo de la raza sem\u00edtica? Desde el punto de vista art\u00edstico, no os negar\u00e9 que el descalabro que ostenta sobre el hueso temporal aminora su valor intr\u00ednseco; mas no afecta en nada su valor como esp\u00e9cimen antropol\u00f3gico de primer orden; y estoy seguro de que el\u00a0t\u00edo\u00a0Roboan sabr\u00e1 apreciarlo dignamente.<\/p>\n<p>\u201cTo be or not to be; that is the question\u201d.<\/p>\n<p>Un estrepitoso aplauso respondi\u00f3 a este discurso. El orador avanz\u00f3 hacia m\u00ed con pasos tr\u00e1gicos, y poniendo en mis manos la calavera, me dijo:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Id, Arturo amigo, y que el Dios de Israel nos proteja!<\/p>\n<p>Al punto a que hab\u00eda llegado el chiste, habr\u00eda sido una l\u00e1stima ponerle t\u00e9rmino. A m\u00ed me tocaba ahora meter en la burla al\u00a0t\u00edo\u00a0Roboan, all\u00e1 me fui. Mis amigos se quedaron en casa aguardando el resultado de mi expedici\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Le traigo un verdadero tesoro \u2013dije misteriosamente al simoniaco.<\/p>\n<p>Las arrugas de la frente del\u00a0t\u00edo\u00a0se replegaron como un abanico hacia la calva; se levantaron las espesas cejas como dos puentes levadizos, y mir\u00e9 brillar en sus fosos dos ojillos de murci\u00e9lago.<\/p>\n<p>Cuando le mostr\u00e9 la f\u00fanebre prenda, ten\u00eda yo, que no me cab\u00eda en la boca, una buchada de risa, contando con el efecto del chasco; pero yo fui el cogido y chasqueado, porque mi hombre, lejos de mostrar enojo y rechazar el trasto, empalideci\u00f3, y pose\u00eddo de inescondible emoci\u00f3n me hizo la pregunta sacramental:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfCu\u00e1nto?<\/p>\n<p>\u2014Veinte d\u00f3lares \u2013contest\u00e9 yo, tratando de hacerle cosquillas con lo exorbitante de la suma. Pero con sorpresa m\u00eda, el\u00a0t\u00edo\u00a0Roboan sac\u00f3 de la gaveta cuatro mugrientos billetes de a cinco pesos y me los entreg\u00f3 con estas incre\u00edbles palabras.<\/p>\n<p>\u2014Te los presto sin intereses; por puro favor.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1C\u00f3mo! \u2013exclam\u00e9 yo con el mayor asombro que puede mostrar un estudiante\u2013. \u00bfCon que&#8230; sin&#8230; inte&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Lo dicho \u2013afirm\u00f3 el sublime prestamista. Y como en ese instante entrasen otros parroquianos al antro, se apresur\u00f3 a esconder mi m\u00e1gico tesoro y me dio el correspondiente boleto firm\u00e1ndolo como siempre con su maldita mano izquierda. Conviene que usted sepa que el hombre era zurdo.<\/p>\n<p>No me quer\u00edan creer mis amigos. Ve\u00edan, reve\u00edan, olfateaban, pon\u00edan al trasluz los billetes declarando que eran falsos, que ol\u00edan a azufre, que eran papel moneda del demonio. Poco falt\u00f3 para que los metiesen al fuego para ver si quem\u00e1ndolos se o\u00eda chillar al diablo.<\/p>\n<p>Cuatro horas despu\u00e9s, con trajes, pelucas, barbas, narices y otros postizos carnavalescos que alquilamos, nos lanz\u00e1bamos en el torbellino del baile, pasando por debajo de verdaderos arcos triunfales de piernas que se disparaban al aire en un furioso\u00a0can-can, en medio de loca hilaridad y de los pistoletazos del\u00a0champagne. Yo me retir\u00e9 muy tarde; mejor dicho, me retiraron en un coche y me echaron en mi cama, envuelto en mi vestido de Pierrot, ebrio perdido.<\/p>\n<p>Apenas me dejaron solo, vi hendirse la pared y por la abertura penetrar al cuarto la figura de un hombrecillo flaco y con giba. Pero lo m\u00e1s extra\u00f1o de aquel jorobado era que no ten\u00eda cabeza.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfMe reconoces, Arturo? \u2013me pregunt\u00f3 con voz abdominal.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo quiere usted que le conozca \u2013le contest\u00e9\u2013 si no tiene usted fisonom\u00eda?<\/p>\n<p>Vi entonces al fantasma recoger de una silla unos objetos en que yo no me hab\u00eda fijado, y que no eran otros sino los postizos del carnaval, que hab\u00edan dejado all\u00ed mis camaradas. En seguida desencaj\u00f3 el globo de la l\u00e1mpara, se lo coloc\u00f3 sobre los hombros, lo cubri\u00f3 con una de las pelucas, se at\u00f3 unas patillas de pirata argelino y se ajust\u00f3 unas narices de Polichinela, dici\u00e9ndome al concluir la transfiguraci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY ahora, me conoces?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1El\u00a0t\u00edo\u00a0Mois\u00e9s, de Filadelfia! \u2013exclam\u00e9 yo reconociendo al hebreo asesinado de la causa c\u00e9lebre, el propietario natural de mi calavera.<\/p>\n<p>\u2014Ya veo que tienes mejor ojo que tu difunto padre.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfLo dice usted porque mi padre no pudo descubrir al asesino? Bien sabe usted que no dej\u00f3 m\u00e1s rastro que el hachazo \u2013le repliqu\u00e9 yo un tanto amostazado.<\/p>\n<p>\u2014Pues no era nada lo del ojo, hijo m\u00edo \u2013torn\u00f3 a decir con sorna el espantajo. Cabalmente en ese hachazo estaba todo el secreto del crimen. El golpe hab\u00eda sido dado de izquierda a derecha, y es claro que no pod\u00eda ser obra sino de un zurdo.<\/p>\n<p>\u2014Vamos a ver eso \u2013dije yo incorpor\u00e1ndome en la cama y buscando con la vista la calavera.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Qu\u00e9 soberana turca la que cogiste anoche, muchacho! \u2013me dijo el hombrecillo mientras se quitaba la cabeza de vidrio y volv\u00eda a quedar decapitado\u2013. \u00bfNo recuerdas, hombre, que ayer empe\u00f1aste mi cabeza a mi matador?<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 me dice usted? \u00bfEl\u00a0t\u00edo\u00a0Roboan su matador&#8230;?<\/p>\n<p>\u2014El mismo. Era el \u00fanico zurdo que hab\u00eda en una legua a la redonda. El \u00fanico que entraba a mi casa y el \u00fanico que sab\u00eda que yo no me dejar\u00eda cortar las narices por un cuartejo de mill\u00f3n. Pero no creas que yo vengo a pedirte que lo entregues a la justicia por esa bagatela de mi muerte. Mira t\u00fa; no le guardo pizca de rencor; y estoy por decirte que hasta le vivo, no, le muero agradecido; pues ahora que no tengo cabeza no me atormento sacando aquellas cuentas de intereses compuestos y de capitalizaciones de r\u00e9ditos, que me sorb\u00edan el seso.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEs decir que lo perdona usted?<\/p>\n<p>\u2014Hombre, lo que es perdonar, hay que entenderlo bien. Digo m\u00e1s; que lo absuelvo por lo del hachazo; pero quiero que t\u00fa me vengues por el otro crimen, todav\u00eda m\u00e1s feo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfOtro crimen?<\/p>\n<p>\u2014F\u00edjate bien, hijo, y lo comprender\u00e1s. Ese renegado te ha prestado ayer veinte d\u00f3lares sobre mi cabeza.<\/p>\n<p>\u2014Ahora caigo \u2013dije yo haci\u00e9ndome cargo de su pensamiento\u2013. Ahora caigo; es una ruindad valorarle a usted en tan poco&#8230;<\/p>\n<p>\u2014\u00a1V\u00e1lgame el arca santa de Jerusal\u00e9n! No es eso, hijo, no es eso. Lo que yo no le perdono es que te haya prestado sin cobrarte intereses. Eso es hacer capirotes con la industria. Eso es matar el negocio. Hay que arruinar a ese idiota; y t\u00fa eres el hombre que yo necesito. Esc\u00fachame; ponme la oreja contra el ombligo, que te voy a hablar en secreto.<\/p>\n<p>Yo lo escuch\u00e9 un rato, y no pude menos que soltar una estupenda carcajada que despert\u00f3 a todo el\u00a0boarding house. La criada entr\u00f3 en el cuarto y me despert\u00f3 llam\u00e1ndome por diferentes nombres, creyendo que yo ten\u00eda pesadilla.<\/p>\n<p>El descabezado hab\u00eda desaparecido; pero estoy cert\u00edsimo de que no fue delirio m\u00edo lo que le acabo de referir. \u00bfSabe usted por qu\u00e9 lo creo? Usted dir\u00e1, cuando sepa que segu\u00ed al pie de la letra las instrucciones del\u00a0t\u00edo\u00a0Mois\u00e9s. R\u00edase usted, mi amigo y maestro, de los que digan que aquello fue un puro hablar por la tapa de la barriga; y sepa que me fui donde el usurero asesino; que me hice el que no sab\u00eda nada; que le rogu\u00e9 me devolviese por dos horas la calavera para un estudio muy serio que estaba obligado a presentar sobre los huesos tales y cuales; y que no sospechando el miserable el lazo que le tend\u00eda, me entreg\u00f3, sin rescate, mi prodigioso tesoro.<\/p>\n<p>Desde entonces, cada vez que yo y mis amigos nos encontramos padeciendo de\u00a0sindineritis\u00a0aguda, agarro mi calavera, se la dejo nada m\u00e1s que ver al logrero, dici\u00e9ndole:<\/p>\n<p>\u2014Qu\u00e9 casualidad,\u00a0t\u00edo\u00a0Roboan; este hachazo es un golpe de zurdo, y usted, aunque parece muy diestro, es tambi\u00e9n zurdo.<\/p>\n<p>Y como por ensalmo, salen de la gaveta los billetes grasientos del logrero.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><strong>Metencardiasis<\/strong><\/h3>\n<p><em>Para el \u00e1lbum de la se\u00f1orita Mar\u00eda Vestalia Terrero\u00a0<\/em><\/p>\n<p>El viejo sabio holand\u00e9s, Van-der-Meulen-Heinsterfalen, despu\u00e9s de quince a\u00f1os de hab\u00e9rsele cre\u00eddo devorado por alg\u00fan jaguar en las selvas del \u00c1frica, o aplastado por alguna manada de elefantes en los bosques de la India, o enterrado en las nieves eternas del polo, pues parti\u00f3 con \u00e1nimo de explorar esas y otras regiones del planeta, sin que jam\u00e1s se tuviese noticia de su paradero, sorprendi\u00f3 un d\u00eda a los buenos habitantes de su nativa ciudad de Rotterdam, apareci\u00e9ndoseles, no solo con vida y envidiable salud, sino tambi\u00e9n con uno de los m\u00e1s asombrosos descubrimientos que pudiese intentar la ciencia en sus mayores osad\u00edas.<\/p>\n<p>Consist\u00eda el prodigio, nada menos que en cambiar los corazones a los mortales.<\/p>\n<p>Mediante la misteriosa virtud del hipnotismo, seg\u00fan se cree, paralizaba \u00e9l la vida, y luego, con ayuda de un poderos\u00edsimo im\u00e1n encontrado por \u00e9l mismo all\u00ed en el propio y exacto centro del c\u00edrculo polar, en donde se concentran las grandes energ\u00edas magn\u00e9ticas, atra\u00eda el coraz\u00f3n que quer\u00eda desalojar, le desprend\u00eda del pecho, e\u00a0incontinenti, con pasmosa rapidez sacaba de una redoma, formada de una hermosa piedra de granate, otro coraz\u00f3n de los que intactos y frescos conservaba por secreto procedimiento, y el cual coraz\u00f3n plantaba en lugar del que acababa de extirpar.<\/p>\n<p>De todas partes del mundo acud\u00edan clientes al viejo doctor Van-der-Meulen-Heinsterfalen. Los hab\u00eda entre ellos, que envejecidos para el amor, quer\u00edan volver a amar como cuando eran j\u00f3venes; los hab\u00eda que amaban con demas\u00eda a quienes no correspond\u00edan con igual pasi\u00f3n; y estos iban a que el gran trocador de corazones les extrajese la fogosa entra\u00f1a, d\u00e1ndoles en cambio un coraz\u00f3n insensible y fr\u00edo.<\/p>\n<p>De tierras remotas y ardientes lleg\u00f3 una dama, hermosa como un primor, noble cual una reina, y por a\u00f1adidura dotada de gran discreci\u00f3n, que es el atributo que m\u00e1s realza a la beldad. Y parece mentira que tan peregrina criatura pusiese como puso su amor en un doncel liviano, incapaz de apreciar el tesoro f\u00edsico y moral que la fortuna le deparaba.<\/p>\n<p>Era ella orgullosa y altiva, y mil veces hubiera muerto, dej\u00e1ndose morir de despecho, a no ser que a sus o\u00eddos llegaron las nuevas sobre el viejo sabio holand\u00e9s, doctor Van-der-Meulen-Heinsterfalen y su maravilloso descubrimiento de cambiar los corazones a los mortales desdichados.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfTen\u00e9is, por ventura, para cambiar por el coraz\u00f3n m\u00edo uno que no quiera amar? Pregunt\u00f3 la cuitada dama, apenas lleg\u00f3 a presencia del milagroso profesor Van-der-Meulen-Heinsterfalen.<\/p>\n<p>\u2014Los tengo de todas clases, hija m\u00eda. Cabalmente, ayer no m\u00e1s, este que aqu\u00ed ves, lo extraje a una joven, hermosa como t\u00fa, y acaso de tu misma raza y de tu propia ardiente tierra.<\/p>\n<p>Esto contest\u00f3 el buen viejo, quien por lo visto, por su frecuente trato con las damas se hab\u00eda hecho un poquillo suelto de lengua.<\/p>\n<p>\u2014Entonces deber\u00eda amar mucho ese coraz\u00f3n&#8230;<\/p>\n<p>\u2014\u00bfAmar mucho? Nada de eso. Su due\u00f1a me jur\u00f3 que aborrec\u00eda al hombre que por otra la olvidaba.<\/p>\n<p>Una repentina llamarada incendi\u00f3 los ojos de la joven, y arroj\u00e1ndose resueltamente en el div\u00e1n aparejado para las operaciones, dijo:<\/p>\n<p>\u2014Venga el coraz\u00f3n inicuo; yo quiero aborrecer.<\/p>\n<p>El viejo doctor Van-der-Meulen-Heinsterfalen fij\u00f3 en las de la dama sus grandes pupilas verdosas irisadas de amarillo y rojo como las de los gatos, agit\u00f3 las manos repetidas veces cual si arrojase sobre la paciente corrientes magn\u00e9ticas que parec\u00eda recoger a su derredor; los p\u00e1rpados de la joven cayeron como dos p\u00e9talos de rosa, y la vida hizo una profunda pausa.<\/p>\n<p>Con rapidez que supera a la m\u00e1s breve descripci\u00f3n, el operador acerc\u00f3 al pecho inerte el im\u00e1n maravilloso, abri\u00e9ronse las blancas carnes como se abre en grietas la pura nieve, brot\u00f3 palpitante el coraz\u00f3n amante y en su lugar entr\u00f3 aquel otro coraz\u00f3n lleno de odio implacable.<\/p>\n<p>Grave y solemne como un sacerdote, transfigurado como un mago, sublime como un creador, el sabio se irgui\u00f3 ante aquella muerta de un instante, extendi\u00f3 ambas manos y pronunci\u00f3 con lentitud esta sola palabra.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Sea!<\/p>\n<p>Volvieron a levantarse los hermosos p\u00e1rpados de la beldad rediviva, vagaron por un momento sus negras pupilas, luego se fijaron en algo como visi\u00f3n misteriosa; sonri\u00f3 todo su semblante y en sus labios estall\u00f3 un beso apasionado y ruidoso como el fuetazo de un rayo.<\/p>\n<p>At\u00f3nito qued\u00f3se el sabio, mas creci\u00f3 de punto su sorpresa cuando la joven, erguida y furente, se llev\u00f3 ambas manos al pecho como para desgarr\u00e1rselo, y tras un grito espantoso exclam\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Viejo infame! \u00a1Me has enga\u00f1ado!<\/p>\n<p>Lo que hab\u00eda pasado era una cosa horrible. El coraz\u00f3n que la infeliz joven sent\u00eda palpitar en vez del suyo enamorado, era el de su rival, de aquella por quien el doncel liviano la desde\u00f1ara. Y con ese nuevo coraz\u00f3n amaba ella ahora a\u00fan m\u00e1s que antes al infiel; y para mayor tormento, ese coraz\u00f3n ajeno y enemigo guardaba las reminiscencias del amor que goz\u00f3 arrebat\u00e1ndoselo a ella; y m\u00e1s todav\u00eda, en ese coraz\u00f3n que ahora se nutr\u00eda con su sangre, bull\u00eda hirviente como lava el odio que su rival la profesaba, \u00a1sinti\u00e9ndose por tanto aborrecerse a s\u00ed misma con el odio de otra mujer para ella aborrecible!<\/p>\n<p>Al abrir la puerta del silencioso laboratorio, los disc\u00edpulos del viejo sabio Van-der-Meulen-Heinsterfalen, esa misma tarde, encontraron al anciano y a la joven sentados el uno frente al otro, mir\u00e1ndose fijamente como dos estatuas de piedra, mientras en la chimenea humeaban las \u00faltimas p\u00e1ginas del legajo en que constaba el secreto del cambio de los corazones en los mortales.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-nicanor-bolet-peraza\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n<h6>*Tomados del libro: \u00abCuentos fant\u00e1sticos\u00bb (1850-1930). Compilaci\u00f3n de Carlos Sandoval (Biblioteca Ayacucho, 2020). Cr\u00e9dito de la imagen: El trapo rojo de Pedro Centeno Vallenilla<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Calaveras Arturo Claxton, de veinte a\u00f1os de edad;\u00a0estudiante de Medicina en Belevue Medical\u00a0College. Meningitis aguda. Entierro martes pr\u00f3ximo, a las 10 a.m.\u00a0University Place, N\u00fam&#8230; Esta noticia encabezaba ayer la columna obituaria del\u00a0New York Herald. Parec\u00eda que exprofeso la hab\u00edan colocado all\u00ed, en las primeras l\u00edneas, para que yo me fijase en ella, conociendo mi repugnancia [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":3137,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[33,3,43],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3136"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3136"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3136\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6018,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3136\/revisions\/6018"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3137"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3136"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3136"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3136"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}