{"id":3120,"date":"2022-01-25T00:15:30","date_gmt":"2022-01-25T00:15:30","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=3120"},"modified":"2023-11-24T18:34:45","modified_gmt":"2023-11-24T18:34:45","slug":"dos-cuentos-de-adriano-gonzalez-leon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-adriano-gonzalez-leon\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Adriano Gonz\u00e1lez Le\u00f3n"},"content":{"rendered":"<h3>Uno<\/h3>\n<p>Anda uno as\u00ed, como si hubiera despertado de un sue\u00f1o no tenido, as\u00ed, todo despabilado y con grandes ojeras porque se ha pasado la noche dando vueltas en la cama, o mejor dicho, en el bar, en los bares, por donde quiera, qu\u00e9 s\u00e9 yo, imaginando la ciudad sobre ruedas, la cuidad que pasa entre nubes, uno corriendo por avenidas de \u00e1rboles cortados, \u00e1rboles que se multiplican, y doblan la carrera de uno, aceras muy altas donde jam\u00e1s se trepa tu coraz\u00f3n, mamposter\u00edas siniestras, altos edificios fr\u00edos con terrazas de vidrio, lugares sin amos, rincones secos, toldos amenazados por el viento y esos papeles que brillan a lo lejos, esos desechos de escritura, pedazos de cartas, creo yo, que un d\u00eda te escrib\u00ed y no me contestaste y la rompiste, como se rompen todas las cosas que ha uno le duelen, el primer juguete, el payaso de madera que hac\u00eda maromas cuando se apretaba as\u00ed, aqu\u00ed abajo, donde se juntaban las dos piernas y hab\u00eda un travesa\u00f1o que le impon\u00eda las reglas de su movimiento, las reglas de la maestra en la escuela, para que fu\u00e9ramos prudentes y buenos hijos de la patria, pero t\u00fa eras solo un payaso desmelenado y yo m\u00e1s payaso que t\u00fa con mis miedos y mi media lengua y mi aritm\u00e9tica sin hacer, esos malditos problemas de regla de tres, que nunca entend\u00ed, porque eran regla de uno, s\u00f3lo uno ten\u00eda que resolver esa barbarie de tres es igual a X, cuando el problema, la trigonometr\u00eda, la regla de c\u00e1lculo, las hijueputeces, eran s\u00f3lo uno, s\u00f3lo uno, el n\u00famero del comienzo donde no hab\u00eda posibilidades de regresarse ni posibilidades de avanzar, porque era muy dif\u00edcil todo ese camino lleno de sustracciones y multiplicaciones y restas y divisiones y uno quer\u00eda ser uno porque el camino de los sue\u00f1os promet\u00eda muchas ansias.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 se so\u00f1aba all\u00ed? Bastantes cosas, si lo supieras. Demasiada geograf\u00eda. Puro mapa en tela de hule o tela brillante. Las tierras y los sue\u00f1os eran puro mapa. Y las cosas muy arbitrarias, porque los dinosaurios se mezclaban con la catedral de Nuestra se\u00f1ora de Par\u00eds, o Notre Dame, como dec\u00eda la maestra, en su elegante franc\u00e9s. Pero yo no entend\u00eda que las cosas o los asuntos se montaban unos sobre otros. No entend\u00eda, pero me gustaba. La flora y la fauna confundidas con Bol\u00edvar y Napole\u00f3n. Tierras m\u00e1s arriba, es decir regla o puntero m\u00e1s arriba, porque est\u00e1bamos en la salita pobre de la escuela y la \u00fanica manera de avanzar sobre el mundo eran los gr\u00e1ficos, el mapa sobre todo, aunque para los efectos de la clase de ciencias tambi\u00e9n estaba el cuerpo humano lleno de venas y estirones y sangre, l\u00e1grimas que siempre me dieron miedo y parec\u00edan un turno de farmacia, pero no era eso de lo que hablaba sino lo que estaba m\u00e1s arriba de Napole\u00f3n y Bol\u00edvar, lo que se doblaba y desdoblaba cerca del Polo Norte, en el estrecho de Bering.<\/p>\n<p>Y luego Groenlandia, donde ya era imposible seguir, porque en mitad del hielo hab\u00eda una casita llamada igl\u00fa, y eso me daba mucha risa, porque nadie pod\u00eda vivir entre letras y quejidos de oso, y sobre todo, seg\u00fan dijo la maestra, en casas parecidas a cubetas de frigidaire, como se llamaban las neveras o heladeras que llegaron por primera vez. El mapa se descorr\u00eda luego en promontorios, estrechos y volcanes. Todos juntos. Era lo m\u00e1s complicada nuestra manera de ver. Uno quer\u00eda ordenarlos mejor que el autor del mapa. Mejor que lo dicho por la maestra. Uno pon\u00eda todo eso en su sitio, porque el orden de la tierra, del mundo, ten\u00eda que tener la medida de nuestro coraz\u00f3n. Pero el mapa o l\u00e1mina no sal\u00eda ganando.<\/p>\n<p>Nuestro orden pon\u00eda el osito de los lugares fr\u00edos en el pa\u00eds tropical, porque all\u00ed estabas t\u00fa, donde quer\u00edas que en tu cumplea\u00f1os te regalaran un peluche para tu regodearte con sus ternuras y sus regalaran un peluche para tu regodearte con sus ternuras y sus bobos y tu qu\u00e9 s\u00e9 yo y tu no quererme a m\u00ed.<\/p>\n<p>\u00bf Qu\u00e9 es lo uno busca lleno de esperanzas? Bueno, esa lucha cruel, me dec\u00eda yo.<\/p>\n<p>El que no te asomaras a la ventana cuando yo te silbaba. El que te hiciera la loca cuando sal\u00edas del colegio Madre R\u00e1fols, colegio de monjas como un panal de abejas visto desde el cerro, cuando los muchachos tontos, que \u00e9ramos nosotros, nos mont\u00e1bamos en la piedra m\u00e1s alta para mirarlas a ustedes en el recreo y creer que las podr\u00edamos ver y que ustedes nos podr\u00edan ver, pero yo sab\u00eda, y nunca se lo dije a ninguno, que la vista no llegaba tan lejos como el deseo nuestro y por eso era mejor elevar un volant\u00edn, llenarlo de colores, fabricar su cola entorchada con telas de distintos recortes y enviarles un mensaje por la cuerda, mientras lo hac\u00edamos caer, con rebotes, sobre el patio del recreo, para gran estruendo de las monjas y las celadoras y las internas que sab\u00edan que \u00e9se era un mensaje de los cielos, enviado por nosotros, con la intercesi\u00f3n, pens\u00e1bamos, de Mar\u00eda Auxiliadora.<\/p>\n<p>El hilo se enredaba en las piedras y nos arrastr\u00e1bamos entre las espinas, ramas secas, troncos filosos, vidrios rotos, trozos de tela vieja, arenas coloradas, porque est\u00e1bamos, o estaba yo, empecinado en esa fe de tocar tu pelo de virgen, tu manto azul y las flores tan ansiadas, las flores que para ese momento cubr\u00edan todo el cielo bajo un ramo de luz, bajo un ramo de colores que iba de un cerro, atravesaba toda la ciudad, como un arco iris que se desangra y un olor a lluvia fresca sin llover, un olor a nubes que se han quedado quietas y ese resplandor de otro mundo, de otro paisaje pintado al atardecer, mientras alg\u00fan bosque, algunos bosques como arboldorados como \u00e1rboles de los libros, como los animales peque\u00f1os que sufren en las cacer\u00edas y se desangran despu\u00e9s en el mercado, porque corr\u00edan por los pastos para dar su amor y la verdad era de ellos, como yo, hab\u00edan perdido la ilusi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00bfSufr\u00eda uno? Claro que s\u00ed. Por las noches hab\u00eda calenturas, toses, insomnio, mal dormir. Sobre todo hac\u00eda mucha sed y daba miedo pararse a buscar agua en el tinajero del corredor. Sal\u00edan muertos. Sal\u00edan ratas. Sal\u00edan ruidos extra\u00f1os. Pero hab\u00eda que ir y darse tropezones en las rodillas con los materos, chocar con las sillas que no exist\u00edan durante todo el d\u00eda, pensar que esa lucecita a lo lejos, en el solar del fondo, no era un cocuyo sino el ojo de un muerto, el muerto que corr\u00eda despu\u00e9s en forma de bola encendida por la barba de don Demetrio Ju\u00e1rez, la barba de la casa grande donde pudo haber sido enterrado un ba\u00fal con monedas de oro y correas de plata y uniformes de la Guerra Federal. Todo eso era como un castigo. El precio de un castigo. Porque uno no ten\u00eda por qu\u00e9 estar corriendo esos riesgos con los fantasmas, estar solito en plena noche, contra el sereno de la huerta, pensando en ti que no pensabas en m\u00ed, y todo se hubiera arreglado si hubieras puesto los labios as\u00ed, en forma de cucurucho, desde lo lejos, desde la baranda del palco, en el Cinelandia, y hubieras movido la mano de la boca hacia los aires y con ello hubieras echado a volar el beso que nunca lleg\u00f3. Pero el vac\u00edo entre el patio y tu sill\u00f3n de preferencia era muy grande. Yo estaba a la intemperie, porque los cines de ese tiempo no ten\u00edan un techo para las localidades baratas, no ten\u00edan ni siquiera sillas, sino unos duros bancos de madera, alineados, con dificultades para ver la pantalla, con dolores en la espalda y un olor a meaos y cera de chicles y solamente quedaba tirar los ojos al cielo para simular distracci\u00f3n y encerrarse otra vez en el chorrito de humo, en la luz que ven\u00eda desde las m\u00e1quinas de proyecci\u00f3n hasta la tela blanca del fondo, hasta la pantalla de lona donde tambi\u00e9n el muchacho de la pel\u00edcula estaba vac\u00edo de amar y de llorar.<\/p>\n<p>No me sent\u00ed traicionado, lo digo ahora. Me sent\u00ed peor. Me sent\u00ed dejado a un lado, como se dec\u00eda entonces. Me sent\u00ed, cosa que no se cuenta, mu\u00f1eco en el rinc\u00f3n, ruedita de reloj que jam\u00e1s tendr\u00e1 sitio, bicho que camina hacia ninguna parte por entre las hojas secas, bicho que no me molesta, hoja en la orilla de la piedra, ramita, pedacito de tronco, flor oculta, rama olvidada, pluma de p\u00e1jaro reseca, piel de culebra que ha mudado, hormiga en extrav\u00edo, gotas que nadie escucha, pluma que ha dado vueltas en el cielo sin saber donde ir\u00e1 a caer, campana que nadie oye, qu\u00e9 s\u00e9 yo.<\/p>\n<p>No te hac\u00eda culpable. T\u00fa no eras mala. Pero eras lejana. No entend\u00edas c\u00f3mo mi pecho se alzaba como el pecho de los cantantes en las veladas, como el pecho del que no puede dormir y las t\u00edas deben traerle el ung\u00fcento para las brujas y los p\u00e1jaros negros lo dejen dormir. Pero quien no dejaba dormir eras t\u00fa. Por no mirarme cuando junto a la pila de agua bendita, cuando me sub\u00ed al altar mayor para apagar las velas, cuando me puse a repicar las campanas como si en cada golpe te diera los pedazos del alma, los trozos del amor como dec\u00eda una revista que vi yo en la estafeta de correos donde la se\u00f1orita Herminia, que la ocultaba con mucho pudor, porque en las noches podr\u00edan venir los diablos a llev\u00e1rsela en cuerpo, en cuerpo solamente, porque ya el alma la hab\u00eda perdido en prenderle l\u00e1mparas a los santos y puro rezar.<\/p>\n<p>El asunto, despu\u00e9s, consisti\u00f3 en investigar si yo ten\u00eda un coraz\u00f3n. El mismo que perd\u00ed. \u00bf Pero lo perd\u00ed c\u00f3mo, cu\u00e1ndo, en qu\u00e9 condiciones, cu\u00e1l grado de culpabilidad, qu\u00e9 grado de intenci\u00f3n? De hacer memoria, recuerdo que hay una carretera larga, una promesa de cuidad en vez de pueblo, una catedral en lugar de iglesia, unas palomas volando y un carrito de heladero con una campana para que vinieran todos los \u00e1ngeles del mantecado, la fresa, el chocolate, el durazno y el lim\u00f3n. M\u00e1s tarde, el parque se volvi\u00f3 lleno de \u00e1rboles y bancos. Se volvi\u00f3 de parejas. Se puso de color. De gente que se besaba bajo las matas de acacias. Las matas, o la mata, o el tronco seco, donde nos besamos t\u00fa y yo.<\/p>\n<p>Pero despu\u00e9s, en ese mismo parque, t\u00fa andabas vestida de azul, disfrazada de azul, casi parecida a una estrella, casi aquella tarde de la pel\u00edcula, casi lo que fuera\u2026 y yo te fui a esperar y compr\u00e9 un ramo de astromelias y barquillas que derramaban su helado de tutifruti y me par\u00e9 en la grama m\u00e1s limpia, desde el lugar del parque donde todo se pod\u00eda ver, donde t\u00fa no me pod\u00edas olvidar, cargado de flores y regalos, donde no era posible que tus ojos no vieran mis presentes, lo que llamaban ofrendas en los libros, que no vieras mi ilusi\u00f3n y dieras vueltas en los \u00e1rboles de colores donde me qued\u00e9 solo para llorar tu amor.<\/p>\n<p>Al pasar mucho tiempo, Dios te trajo a mi destino. Digo yo que Dios porque a qui\u00e9n sino a Dios se le hubiera ocurrido llegar tarde y no pensar de que manera yo te podr\u00eda querer. Dios se distrae por all\u00ed y olvida los amores pobres que uno tiene, mis amores por ti, mi por ti muero y mino puedo vivir sin ti. Dios es olvidadizo o se burla de nosotros. No es para que nos enojemos. Son cosas de Dios. Pero Dios no ten\u00eda por qu\u00e9 ser tan pendejo hasta el punto de no saber c\u00f3mo yo podr\u00eda quererte. Entonces me puso a sufrir como aqu\u00e9l. \u00bfQui\u00e9n ser\u00eda aqu\u00e9l?\u2026 \u00bfQui\u00e9n?\u2026 \u00bfAquiles herido en ese potrero? \u00bfEl muchacho de la historieta tan burlado por su propia espada? \u00bfUn tal Romeo sin una cuerda para subir a la ventana? \u00bfQuijano el Bueno con su \u00fanica carta como bandera? \u00a1Co\u00f1o! Todo eso me lo aprend\u00ed en la escuela o quisieron ense\u00f1\u00e1rmelo y as\u00ed paso.<\/p>\n<p>Por eso sufr\u00ed tanto. O sufri\u00f3 otro llamado aqu\u00e9l . Ese que sufre en vida la tortura de llorar su propia muerte. O un poeta amigo que yo conoc\u00ed y dec\u00eda: \u00a1 Ay si mi muerte muriera!\u2026 Otro que hablaba de un muerto enamorado. Y el viejo Antonio que sent\u00eda un golpe de ata\u00fad como algo perfectamente serio. Porque en el antiguo cementerio los muertos est\u00e1n ebrios de lluvia antigua y sucia\u2026 Y hay que llorar la propia muerte. Como dec\u00eda alguien: \u00a1No quiero la muerte de los m\u00e9dicos! \u00a1Quiero mi propia muerte!. Y se muri\u00f3 lleno de complicidades con el silencio, como su antepasado, ese que se fue con un Cristo de metal clavado en el coraz\u00f3n, hasta que las putrefacciones lo hicieran m\u00e1s digno.<\/p>\n<p>En otras partes, otras gentes, m\u00e1s campesinas, lloran su propia muerte. Yo las he visto entre pastizales, basuras y zamuros asomarse a los cielos. La muerte propia tiene sus mu\u00f1ecos particulares. Algunos sonr\u00eden, porque no tienen miedo. Otros bailan porque la muerte es un comp\u00e1s. Otros se ponen con manos de imploraci\u00f3n porque se van al cielo, a cualquier parte, en cuerpo y alma. Los dioses de mi lugar son tan generosos, que no les preguntan a los cad\u00e1veres a qu\u00e9 cielo pertenecen. A ellos les da lo mismo la eternidad.<\/p>\n<p>Pero como eres buena vas a salvar mi esperanza con tu amor. No queda m\u00e1s nada. Ponte a fabricar mu\u00f1ecos de papel de peri\u00f3dicos, haz cintas, cose, canta una canci\u00f3n. Si te pones a pasear por el supermercado, mirando las vidrieras, como quien ve y no ve, te vuelves una reina de los cuentos, porque todas las reinas son indiferentes, seguras, no miran hacia ning\u00fan lado porque saben que todos las est\u00e1n mirando, sobre todo un idiota como yo, que mide cada cent\u00edmetro de tu blusa, los empujes de tus senos, as\u00ed, tan como frutas y despu\u00e9s bajo hasta tu falda cortita, hasta tus piernas provocativas, tenues, exhaustivas, singulares, piernas lisas, llameantes, para besarlas en sus peque\u00f1os vellos medio rosados, para que hicieran ese gracioso arco en el paso de la registradora, donde cuadraban el balance de las compras y ya t\u00fa te ibas para siempre dej\u00e1ndome solitario entre las frutas, los dentr\u00edficos, las pastillas de menta, unas hojas de afeitar y el peque\u00f1o almanaque de regalo.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s a esta distancia uno no ve mucho porque est\u00e1 ciego en su penar. Asunto de verdades. Porque, \u00bfqui\u00e9n diablos est\u00e1 claro con tantas l\u00e1grimas en los ojos, con tanta neblina sin explicaci\u00f3n, con tanto roc\u00edo que ha bajado de las nubes para que los p\u00e1jaros le nieguen la vista, para que los mu\u00f1ecos que representan los muertos, muertos de uno y de otro tiempo, nublaran las tardes y entonces uno no te pudiera ver con alegr\u00eda porque la pesadumbre era lo propio en ese pueblo como la pesadumbre es lo propio de esta avenida, despu\u00e9s del supermercado, con todas las luces encendidas y los autos pasando sin cesar, los autos rojos y amarillos y la luz verde que finalmente los deja pasar para que t\u00fa te vayas con tus compras a otro lado de mundo y te pierdas en las pasarelas de los edificios donde ya no se te puede ver porque uno est\u00e1 tan ciego en su penar.<\/p>\n<p>Hay, no nos enga\u00f1emos, un punto cruel. Habr\u00eda que ubicarlo en otros l\u00edmites, all\u00e1 donde los \u00e1rboles se vuelven marrones de puro disolverse en hojas, all\u00e1 donde los edificios no son m\u00e1s edificios sino marchas borrosas que no abrigan a nadie, porque loa afiches y las rayas de tizne y los escritos insolentes no les permiten una vida independiente y adem\u00e1s casi todos los locos desmesurados del barrio depositan all\u00ed sus orines, ponen sus meaos tiernamente en las paredes laterales mientras los bichitos y las hormigas marcan su caminata interminable, su ejecuci\u00f3n patri\u00f3tica en torno a la edificaci\u00f3n, su silencio y su llanto nocturno que las asociaciones de vecinos jam\u00e1s podr\u00e1n ver ni sentir porque el viento de la noche se les escapa como un p\u00e1jaro extraviado o un mendigo que recoge pedazos de cart\u00f3n en la hora m\u00e1s solitaria donde a veces se escucha un grito cruel. \u00bfPor qu\u00e9 cruel? Porque el odio es el punto muerto de las almas, es la tumba que cavamos desde ni\u00f1os, aquella tarde de la escuela y de la plaza, el desencuentro, el no habernos tropezado en la ciudad radiosa, porque en el pueblo y la ciudad, si t\u00fa no apareces, como no apareciste aquella vez, si no apareces como deber\u00edas aparecer ahora, todo se convierte en un tumba horrenda del amor, se pierde la ilusi\u00f3n, y se maldice, porque uno se ha quedao sin coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>Hermanos<\/h3>\n<p>Diciembre se instalaba dulcemente en la casa. Entraba a soplos, con p\u00e1jaros y recuerdos. Hac\u00eda brillo en los rincones. Se encaramaba sobre algunas cajas. Se sosten\u00eda con lazos y alfileres, sedalina y carretel. Desde el cielorraso, bajaba con los reba\u00f1os, tra\u00eda la cara de Dios, varios ramajes, muros, torres y campanarios y jinetes y r\u00edos donde animales fabulosos ven\u00edan a beber.<\/p>\n<p>As\u00ed eran -eran mejor- los mensajes de la humedad en el techo. Tendidos boca arriba, imagin\u00e1bamos, constru\u00edamos fuentes, ciudades, caminos, caravanas, le\u00f1os encendidos, planetas. Afuera en los patios, tambi\u00e9n estaba diciembre deposit\u00e1ndose en los huequitos del naranjo, muy cerca de la astromelia, gusano a gusano y cerbatana a cerbatana, por entre el campo de pensamientos, encima del tronco viejo, a trav\u00e9s del mensaje secreto de las hormigas: besos y choques en doble hilera mientras el olor del musgo&#8230; Mientras las hojas&#8230; Mientras esa flor venida de muy lejos daba su vuelta en el corredor&#8230; Mientras el humo anunciaba alguna cosa de jinetes&#8230; Mientras las campanas de la torre entraban por la claraboya vestidas de cal&#8230; Mientras llegaban los primos esperados&#8230; Mientras tanto&#8230;<\/p>\n<p>Nos congreg\u00e1bamos, hermanos para mirar hacer mezcla. El maestro Floir\u00e1n era perito en la alquimia del cemento y la arena. Pero sufr\u00edamos mucho cuando la pala entraba inclemente sobre el mont\u00f3n y el agua se podr\u00eda derramar. Diciembre ven\u00eda con los arreglos, el olor a pintura, el desyerbe. Asunto de empacar y desempacar, empresa jubilosa que reun\u00eda los diversos oficios: pintar papeles, desenredar hilos, juntar condimentos, cortar hojas, levantar cerros, desempolvar pastores, inventar lagos con espejo y luces porque en el \u00faltimo mes quer\u00edamos apresar la eternidad, y sin saberlo, todos esos afanes nos afirmaban la vida.<\/p>\n<p>Hermanos, ya hace muchos diciembres que no hemos vuelto a imaginar r\u00edos, y los animales se han ido borrando en todos los cielorrasos de nuestras casas dispersas. Hermanos, hace muchos diciembres que ni siquiera hablamos. Es triste inventar un pesebre en este rinc\u00f3n fr\u00edo y sin gracia, en esta sala muda de duendes y canciones&#8230; Arrecia el desconsuelo cuando uno, solitario, levanta un globo de color para colgarlo en el pino y termina qued\u00e1ndose sin pino ni luces ni campos ni anime ni aserr\u00edn.<\/p>\n<p>Hermanos, diciembre era una m\u00fasica. Encendida en las bengalas de Cira. Coloreada en las telas de Marina. Anuncio de fragancias misteriosas en ramos de pascuas que una vez trajo Gonzalo del cerro. El ruido, las distancias, la tromba, los silencios, han ido cortando aquella m\u00fasica. Se me ha ocurrido juntar algunos l\u00e1pices. Y en este pedazo de cart\u00f3n anoto, con matices, sombras y caminos, resplandores y nostalgia. En un campo, pr\u00f3ximo al portal, he dibujado, con gran torpeza, algunas ovejas que m\u00e1s bien parecen gatos. En esa meseta deber\u00edan colocarse las casas de cart\u00f3n, los corrales, una mujer lavando, un viejo picando un palo. No&#8230;Las aceras no me quedan&#8230; Es dif\u00edcil marcar la arena y las piedras humildes&#8230; Sobre todo la estrella no me sale.<\/p>\n<p>Hermanos, aprendimos que los cielos de diciembre eran m\u00faltiples y distantes. En algunas partes cae la nieve y en otras la luz en un hechizo. Diciembre se multiplica en sue\u00f1os y sabores y l\u00e1grimas. Prepar\u00e9monos, hermanos. Traigamos los coletos olvidados, las lunas de papel, el agua del espejo, los milagros del pozo, los astros plateados, los cohetes sonoros. Hermanos, diciembre es infinito. Diciembre puede volver a comenzar.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/adriano-gonzalez-leon\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Uno Anda uno as\u00ed, como si hubiera despertado de un sue\u00f1o no tenido, as\u00ed, todo despabilado y con grandes ojeras porque se ha pasado la noche dando vueltas en la cama, o mejor dicho, en el bar, en los bares, por donde quiera, qu\u00e9 s\u00e9 yo, imaginando la ciudad sobre ruedas, la cuidad que pasa [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":3121,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[33,3,43],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3120"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3120"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3120\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3126,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3120\/revisions\/3126"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3121"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3120"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3120"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3120"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}