{"id":3091,"date":"2022-01-24T12:07:53","date_gmt":"2022-01-24T12:07:53","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=3091"},"modified":"2023-11-24T18:34:46","modified_gmt":"2023-11-24T18:34:46","slug":"la-eleccion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-eleccion\/","title":{"rendered":"La elecci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<h4 dir=\"auto\" style=\"text-align: right;\">Milagros Mata Gil<\/h4>\n<div dir=\"auto\"><\/div>\n<div dir=\"auto\"><em>As\u00ed ser\u00e1 en la venida del Hijo del hombre. Estar\u00e1n dos hombres en el campo: uno ser\u00e1 llevado y el otro ser\u00e1 dejado. Dos mujeres estar\u00e1n moliendo: una ser\u00e1 llevada y la otra ser\u00e1 dejada.<\/em><\/div>\n<div dir=\"auto\"><em>(Mateo 24: 40-41)<\/em><\/div>\n<p>I.<\/p>\n<p>Voy afrontando el espeso viento cargado de polvo.\u00a0 Sus r\u00e1fagas veloces y violentas. Viento seco y caliente que levanta oleadas de polvo rojo. El calor lo vuelve casi s\u00f3lido. Golpea con fuerza, empuja y hasta hiere. Soy apenas una mujer de 60 kilos que lleva un morral atado a la espalda. No soy ni s\u00f3lida, ni inmortal. Pero voy en busca de mi Pastor, al que amo, y el Amor es m\u00e1s fuerte que cualquier tempestad, cualquier ventarr\u00f3n: hasta que la muerte.<\/p>\n<p>A\u00f1os ha, me acusaron de haber acosado la virtud de este Pastor con mensajes de amor. Me acus\u00f3 la esposa del Pastor. Me acusaron sus hijas. Y mujeres de la congregaci\u00f3n conformaron un coro acusador. Entre todas se encargaron de expulsarme y de lapidarme moralmente. Como Furias desatadas, como Erinias castigando los presuntos ultrajes: Megera, la de los celos, sobre todo. La verdad fue que el Pastor hab\u00eda comenzado a enviarme mensajes m\u00e1s o menos sugerentes, sesgando las Escrituras. Era un hombre sensible e inteligente, melanc\u00f3lico y solitario, una especie de poeta silvestre que hab\u00eda encontrado en m\u00ed interlocuci\u00f3n y amistad. Y yo, una mujer educada, refinada y que se preciaba de ser racional, pero que tal vez se hab\u00eda apartado demasiado de las delicias del genuino y espont\u00e1neo amor. No creo que haya habido maldad, ni mala intenci\u00f3n, en los actos y los gestos de aquellos d\u00edas: fue simplemente dejarnos llevar por un idilio que era hermoso, que enriquec\u00eda la vida y parec\u00eda inocuo. As\u00ed, me fui enamorando del Pastor y lo fui amando tal como el Ap\u00f3stol escribiera en I Corintios: 13, y tal como Juan dijo que el Se\u00f1or amaba a sus amigos. La verdad fue que los dos fuimos culpables (o inocentes, pues jam\u00e1s fuimos m\u00e1s all\u00e1 de la contemplaci\u00f3n desde las rejas de un Para\u00edso que siempre supimos imposible)<\/p>\n<p>La verdad fue que \u00e9l, ante el esc\u00e1ndalo, dej\u00f3 que me culparan y me llenaran de deshonor. Y yo call\u00e9 las circunstancias, acept\u00e9 todas las culpas, renunci\u00e9 a toda posible salvaci\u00f3n si me justificaba, porque al amarlo y considerarlo mi amigo, prefer\u00ed que siempre fuera para otros obrero aprobado. Porque lo que yo perdiera era incomparablemente menor que lo que \u00e9l pudiera perder. Sufr\u00ed por meses el exilio, el desprecio y la soledad. Y \u00e9l nunca m\u00e1s se me acerc\u00f3, quiz\u00e1s por presiones eclesiales o familiares, quiz\u00e1s porque tem\u00eda debilitarse en mi presencia y rendir su virtud, aunque estoy segura de que yo no hubiera rendido la m\u00eda: amo mi cuerpo y su sensualidad y en mi alma batallan siempre los placeres de ese cuerpo y el esp\u00edritu que los devora. Pero amo m\u00e1s mi alma como para permitir que se pierda. El tiempo, ese ung\u00fcento, san\u00f3 las heridas y me dio paz. Ciertamente, a\u00fan hay cicatrices que a veces se irritan. Sin embargo, mi amor y mi amistad resistieron toda hostilidad y agresi\u00f3n y subsistieron como subsisten los cactus en el desierto.<\/p>\n<p>II.<\/p>\n<p>Desde hace d\u00edas no se escuchan ni\u00f1os, ni perros, ni gatos, ni aves de corral, ni p\u00e1jaros. Dicen que las hijas de la hermana Angie ya no est\u00e1n, pero ella s\u00ed. Dicen que toda la familia de la hermana Janett se fue: hasta Victorino, su gato. Tiene que haber una l\u00f3gica en esta forma de selecci\u00f3n, pero s\u00f3lo Dios la conoce. Dudar en este momento no nos es l\u00edcito, ni conveniente. Solamente hay que esperar, aunque sea dif\u00edcil. Porque las desapariciones se siguen produciendo. Desde hace quince d\u00edas, sopla este viento caliente que viene del Este. No hay electricidad, ni tel\u00e9fonos, ni INTERNET, ni redes sociales, as\u00ed que poco sabemos. Un vecino que tiene un receptor de bater\u00eda y se comunica con otros, sus iguales, nos habla de terremotos e incendios desde el Cabo de Hornos hasta el Yuk\u00f3n, desde Beijing a Nueva York, desde Tokio hasta Mumbai y desde Jerusal\u00e9n hasta Damasco. Al principio y que hubo saqueos y fue necesario dispersar las muchedumbres con chorros de agua, perdigones de pl\u00e1stico y hasta balas. Ya no. Hay demasiado miedo. Los ricos y los poderosos intentan in\u00fatilmente comprar pasajes hasta su salvaci\u00f3n. Algunos han sido asesinados y descuartizados. Hasta los ateos se vuelven a Dios y los testigos apocal\u00edpticos se levantan en las plazas para recordar que el Se\u00f1or ya viene, que el Cordero est\u00e1 abriendo los sellos.<\/p>\n<p>Primero fue el enrojecimiento de la luna llena y el halo circundante de arco\u00edris que la rode\u00f3 en la noche del equinoccio de oto\u00f1o, seguido del primer temblor. La tierra rugi\u00f3 desde su entra\u00f1a durante casi cuatro minutos y se estremeci\u00f3 mientras todo ca\u00eda: platos, vasos, adornos, libros, l\u00e1mparas, cornisas, trozos del techo, ramas de \u00e1rboles, \u00e1rboles incluso, paredes enteras, casas. Salimos despavoridos a los patios y las calzadas. Dicen que la d\u00e9cima parte de las ciudades del mundo fue devastada. Luego, cuando el cielo ya estaba cubierto con los astros de la noche, se enroll\u00f3 de repente como si fuera un trozo de pergamino: todo se volvi\u00f3 negro y comenz\u00f3 el segundo temblor, el que hizo agrietar la tierra en fisuras que se abr\u00edan y cerraban como fauces de alguna trampa, llev\u00e1ndose a algunos que, gritando de terror, no sab\u00edan cu\u00e1n afortunados eran. Despu\u00e9s, los temblores se han vuelto consuetudinarios y con ellos los incendios, las inundaciones, las cat\u00e1strofes. Todo esto ya hab\u00eda sido profetizado. Durante a\u00f1os lo ven\u00edan anunciando, aunque sin decir ni d\u00eda, ni hora, porque eso s\u00f3lo el Se\u00f1or lo sab\u00eda, pues \u00e9l llegar\u00eda como ladr\u00f3n en la noche. Yo recog\u00eda de mi huerto todos los frutos que pod\u00eda y buscaba c\u00f3mo conservarlos. Asimismo, almacenaba le\u00f1a, yesca, agua, aceite y harina en abundancia, como hab\u00eda sido dicho. Pero igual siento que me agarr\u00f3 desprevenida.<\/p>\n<p>De mis vecinos m\u00e1s cercanos, s\u00f3lo ha desaparecido el se\u00f1or Tereso, un anciano que todos los d\u00edas pasaba por mi casa al amanecer rumbo a su iglesia, para la intercesi\u00f3n matutina. Todos los dem\u00e1s esperamos, agobiados por el viento rojo, la decisi\u00f3n que nos lleve, o nos deje. Uno puede creer que sabe lo que merece, pero en verdad, s\u00f3lo Dios sabe lo que hay en nuestra particular historia y nuestros corazones. Por ejemplo, en el caso de mi Pastor, quien pag\u00f3 con marchiteces progresivas su pusilanimidad y su abandono. Me dijeron que mucho tiempo estuvo naufragando en llanto y locura. Que en sus delirios lleg\u00f3 a decir que es mi rostro el del \u00c1ngel que sonar\u00e1 la trompeta. O el de aquel otro que revisar\u00e1 el Libro de la Vida. En el segundo terremoto, su esposa y una de sus hijas, que lo hab\u00edan dejado hac\u00eda tiempo, hartas, seg\u00fan, de sus depresiones y s\u00fabitas c\u00f3leras, fueron arrastradas a la grieta, que se cerr\u00f3 abruptamente sobre ellas. Me dijeron que ahora su casa es puro escombro y ceniza, que est\u00e1 desamparado y debe estar asustado, pienso. As\u00ed que decid\u00ed\u00a0 ir a buscarlo. Le llevar\u00e9 agua y bastimentos. Consolar\u00e9 su llanto porque en medio de toda la turbulencia que nos separ\u00f3, eternamente lo he asumido como un amigo. Y a los amigos no se les deja tirados, ni se les reprochan transgresiones.<\/p>\n<p>Voy, entonces, atravesando los patios, aferr\u00e1ndome a las cercas y los muros. Hay casas con gente desenfrenada y ebria, con habitantes que quieren olvidar que hay Alguien que est\u00e1 cerrando un Libro y tendr\u00e1n que rendir cuentas. Se sabe que los que se queden sufrir\u00e1n circunstancias terribles, de enorme sufrimiento, y quiz\u00e1s alg\u00fan d\u00eda alcanzar\u00e1n misericordia. Pero habr\u00e1 quien sea lanzado al lago de fuego y azufre. Cada quien seg\u00fan su obra. Hay casas abandonadas porque sus habitantes andan fugitivos, o porque fueron ya arrebatados. Hay otras donde cantan y oran al Se\u00f1or, en alabanza y adoraci\u00f3n. Falta, falta, falta, pienso. A\u00fan no se ha saciado Su C\u00f3lera, ni se ha roto a\u00fan el Sexto Sello. A\u00fan no se han levantado los muertos. El viento podr\u00eda derribarme, pues soy apenas una mujer d\u00e9bil y ya vieja con un fardo atado a la espalda. Voy con mis pasos contados hacia el que no me espera. Me agarro al camino, no dejo que me derribe el vendaval y s\u00e9 que ni un alma me acompa\u00f1ar\u00e1 o me auxiliar\u00e1.<\/p>\n<p>III.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 el \u00c1ngel atravesando mi huerto. Lleg\u00f3 a buscarme. Lleg\u00f3 bajo el arco del limonar que sembr\u00e9 y amorosamente he cuidado por a\u00f1os. El \u00c1ngel lleva vestiduras resplandecientes. Porta una l\u00e1mpara, y el polvo se aparta a su paso como el mar ante el paso de un gran barco. Porta espada tambi\u00e9n y polainas de jinete. Tras \u00e9l, invisible, piafa su corcel. Me dijo el \u00c1ngel: -Ven, que ya es tu hora, mas le ped\u00ed siete horas terrenas de plazo para buscar a mi Pastor y \u00e9l se neg\u00f3. Le ped\u00ed entonces la mitad de ese plazo y se neg\u00f3. Le ped\u00ed la cuarta parte, que son 105 minutos, y \u00e9l vacil\u00f3 y finalmente acept\u00f3, advirti\u00e9ndome que quiz\u00e1s mi Pastor no pueda ser llevado, a causa de sus injusticias pasadas, donde no fue fr\u00edo ni caliente, sino tibio, y que mi viaje, aunque misericordioso, ser\u00e1 in\u00fatil. Tambi\u00e9n me advirti\u00f3 sobre los demonios en fuga que van en el torbellino. Y, finalmente, me advirti\u00f3 que si no estuviera lista en el minuto 106, correr\u00eda el riesgo de ya no ser llevada. O de ser arrastrada en la venganza de los demonios fugitivos. Aun as\u00ed, me expongo.<\/p>\n<p>(\u00bfC\u00f3mo explicarle a un \u00c1ngel, ser tan implacablemente l\u00f3gico, lo que es el Amor, \u00e9se que todo lo acepta, todo lo perdona, todo lo soporta, todo lo espera, todo lo vence? Ya lo dijo el Ap\u00f3stol: aunque yo hablara lengua de \u00e1ngeles, sin Amor ser\u00eda como un platillo de metal resonante.\u00a0 Durante a\u00f1os, he llevado a mi Pastor como un sello sobre el coraz\u00f3n, lo he llevado como una marca sobre mi brazo. Durante a\u00f1os de soledad y silencio autoimpuesto he admitido que el Amor es fuerte como la Muerte e interminable su llama. Durante a\u00f1os he aprendido que ni los vientos pueden apagarlo, ni las aguas tormentosas extinguirlo.)<\/p>\n<p>IV.<\/p>\n<p>Lo encuentro sentado en una silla de extensi\u00f3n desvencijada en el cobertizo de su casa en escombros. Ya hay oscuridad y no hay hoguera, ni l\u00e1mpara. Me mira como si yo fuera alucinaci\u00f3n y se levanta y camina hacia m\u00ed, vacilante al principio y luego raudo como camina un ni\u00f1o perdido hacia su encontrada madre. Nos abrazamos y \u00e9l oculta su rostro lloroso en mi cuello, moja mi hombro con su llanto, mientras sus manos me sujetan y yo lo retengo en el abrazo. Miro el reloj furtivamente y ya han transcurrido 42 minutos de los concedidos (me pregunto si el \u00c1ngel vendr\u00e1 a buscarme o deber\u00e9 regresar a mi huerto) Trato de soltarme para darle de beber y de comer y consolarlo, pero ahora \u00e9l est\u00e1 buscando mi boca con la suya para dar el beso que jam\u00e1s nos dimos. Gime no, no, no te me niegues, cuando siente la resistencia de mi cuerpo, y no, por piedad no me negar\u00e9 a su urgencia y su desamparo. Los besos son insistentes ahora, hurgantes las lenguas y se van encendiendo los incendios de los cuerpos, y s\u00e9 que el tiempo va transcurriendo entre los efluvios de aquellas pasiones que se encuentran, largamente represadas y ahora sueltas entre los despojos de su casa.<\/p>\n<p>Me empuja contra una pared agrietada y busca bajo mi blusa el seno ajado, pero que reacciona a sus manos. Acaricio su espalda bajo la camisa. \u00c9l introduce una pierna entre las m\u00edas y ya tiemblo ante el hervor del orgasmo. Nos despojamos de las ropas tajantemente. Descendemos abrazados, sudorosos, hasta el piso, mientras el polvo rojo nos impregna y ya parecemos seres de barro: hombre y mujer primordiales. Sin dejar el prolongado beso, penetramos en las humedades de la vida, estremecidos, olvidando las cat\u00e1strofes de all\u00e1 afuera. \u00c9l embiste y yo recibo todo su ardor y sus sagrados jugos, arque\u00e1ndome y quebrant\u00e1ndome hasta que los ansiados br\u00edos nos invaden en estremecimientos. Hay tanta fuerza en aquel acto tan largamente postergado que su final nos desmaya: su brazo izquierdo yace bajo mi nuca, su mano derecha sobre mi seno izquierdo y mi coraz\u00f3n. Mir\u00f3 el reloj y s\u00f3lo han sido 17 minutos m\u00e1s. Y el viento ululante sopla. Y todo es caliente y rojo. No quiero deshacerme de este abrazo. En su adormecimiento, \u00e9l rezonga y musita palabras incoherentes, mezcla oraciones de dar gracias y mi nombre, pero suplica tambi\u00e9n y solloza. Veo los surcos de su llanto en la cara llena de polvo. Y lo abrazo a mi vez, repleta de conmiseraci\u00f3n. All\u00ed reposa. O ambos reposamos de una larga traves\u00eda de espantosos desencuentros. Porque ahora veo que no solamente yo los he sufrido. Y me siento abrumada por la certeza de ser correspondida, a\u00fan en este instante, en el borde de la muerte y la condena.<\/p>\n<p>V.<\/p>\n<p>Viene el \u00c1ngel: siento el paso de su corcel en el estremecimiento del aire. Llega montado y aquel caballo es blanco con las crines de un rojo m\u00e1s bien p\u00farpura. A su alrededor, el viento se aplaca. Lo miro desde el suelo de la entrega, bajo el cuerpo que ya me posee. Nada dice, mas comprende (hasta donde puede comprender un \u00e1ngel) y ahora desenvaina la espada, que refulge. Quiz\u00e1s \u00e9l piensa que la muerte para nosotros dos es m\u00e1s misericordiosa que vivir la vida de amarguras que inexorablemente nos espera. \u00c9l sabe que jam\u00e1s abandonar\u00e9 a este amigo, este amado, mi Pastor. Que por segunda vez renunciar\u00e9 a mi salvaci\u00f3n para salvarlo. Con el canto de la espada toca al Pastor que duerme agitado y no se despierta mientras dice: porque esta vez has sido caliente y no tibio no te vomitaremos de la boca. Una huella ocre y rugosa brota en su espalda. Y con la punta de la espada me toca y me dice: ya que escogiste la tribulaci\u00f3n, con este hombre conducir\u00e1s una porci\u00f3n del remanente, porque siempre hay un remanente, en los abruptos d\u00edas que vendr\u00e1n: \u00e9l predicar\u00e1, t\u00fa, suplir\u00e1s lo necesario, porque \u00e9se es siempre tu designio. A\u00fan no se han cumplido los minutos del plazo y ahora dudo de si fue sue\u00f1o o fue visi\u00f3n la visita del \u00c1ngel. O jugarreta de la conciencia. Mi Pastor se estremece una vez m\u00e1s y me aprieta en su abrazo. Y ya eleg\u00ed.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/milagros-mata-gil-por-si-misma\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n<h6 dir=\"auto\">*Imagen del Nazareno, segundo lugar del concurso de fotograf\u00eda de la AEEC. Foto de Jacinto Oliveros<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Milagros Mata Gil As\u00ed ser\u00e1 en la venida del Hijo del hombre. Estar\u00e1n dos hombres en el campo: uno ser\u00e1 llevado y el otro ser\u00e1 dejado. Dos mujeres estar\u00e1n moliendo: una ser\u00e1 llevada y la otra ser\u00e1 dejada. (Mateo 24: 40-41) I. Voy afrontando el espeso viento cargado de polvo.\u00a0 Sus r\u00e1fagas veloces y violentas. 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