{"id":3052,"date":"2022-01-20T23:50:22","date_gmt":"2022-01-20T23:50:22","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=3052"},"modified":"2023-11-24T18:34:59","modified_gmt":"2023-11-24T18:34:59","slug":"el-camino-de-ledesma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/el-camino-de-ledesma\/","title":{"rendered":"El Camino de Ledesma"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Eduardo Casanova Sucre<\/h4>\n<p><strong>Cap\u00edtulo 1<\/strong><\/p>\n<p>\u00a1V\u00e1lame Dios! \u00a1Qu\u00e1n fero\u00e7es e despiadados son, e demassiados!&#8230; pens\u00f3 mientras sus ojos se perd\u00edan en el camino de piedras y cabezas, varias de ellas rapadas y otras que eran bosques de piojos, pulgas y otros chupasangres. Rostros despiadados, feos, asim\u00e9tricos, tuertos, barbados, horrendos, que lo miraban con furia o con indiferencia. Piso y cielo se confund\u00edan en miedos, en esperanzas partidas, en incertidumbres, en incomodidades. Todos lo ve\u00edan. En aquellos semblantes no hab\u00eda ni siquiera un reflejo de cordialidad.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1V\u00e1lame Dios!&#8230; \u2013se dijo mirando al oriente, un oriente que muchas veces hab\u00eda visto ennegrecerse como anuncio de tormenta, o de lluvias que refrescaban los d\u00edas y las tardes de mayo. Las nubes, casi todas blancas y livianas, pero ya algunas grises que anunciaban nuevas lluvias o recordaban las lluvias del d\u00eda anterior, viajaban ese d\u00eda impasibles del oriente hacia el poniente. Un viento fresco las empujaba sin mucho apuro, y algunas se quedaban pegadas a la monta\u00f1a como motas de alegr\u00eda o de tristeza. All\u00e1 enfrente el horizonte saltaba, tal como saltaba su coraz\u00f3n que apenas unas horas antes hab\u00eda estado muy cerca de volverse mineral. Y atr\u00e1s, m\u00e1s cerca y a la izquierda, la majestuosa monta\u00f1a coronada por colores que cambiaban, ignoraba lo que a sus pies suced\u00eda y se dejaba acariciar por las nubes y los rayos del sol.<\/p>\n<p>El panorama era abrumador. El cielo era un espacio azul con toques de gris y blanco que se mov\u00eda lentamente, mientras que en la tierra los movimientos eran r\u00e1pidos y nerviosos. Los nimbos creados por sus ojos se mezclaban velozmente con tristes cantos de alguna flauta partida, con una brisa que sonaba en el silencio de la espera. Todos parec\u00edan aguardarlo. Todos los rostros despiadados, feos, asim\u00e9tricos, tuertos, barbados, horrendos, que lo miraban con furia o con indiferencia. Aunque en algunos de ellos se pod\u00eda adivinar una cierta dosis de miedo. Con la siniestra apret\u00f3 la sucia cuerda que serv\u00eda de rienda y con la diestra, casi soltando la lanza, trat\u00f3 vanamente de santiguarse con los ojos pardos, que desde hac\u00eda varios a\u00f1os ve\u00edan poco, mir\u00f3 hacia arriba y pidi\u00f3 la protecci\u00f3n de Dios y con los pies descalzos espole\u00f3, o m\u00e1s bien talone\u00f3 las costillas que hac\u00edan parecer un vivo esqueleto al flaqu\u00edsimo roc\u00edn llamado P\u00e9nculo, que luego de una especie de suspiro, o mejor, un pujido, ech\u00f3 a saltar y casi cerr\u00f3 los ojos para no ver los cuencos de la muerte que se anunciaba en los arcabuces, las culebrinas, sacres, esmeriles, mosquetones, \u00e1pides y basiliscos que se ve\u00edan prontos a enfrentar en l\u00fagubre jaur\u00eda la punta de aquella lanza remendada que iba apuntando al cielo, al suelo, al norte, al sur, a cualquier parte, al ritmo un tanto irregular de aquel conato de cabalgata en el que todo se le mezclaba de repente.<\/p>\n<p>Nadie pudo saber que en aquella breve cabalgata en su mente se mezclaron muchas cosas. Se mezcl\u00f3 la brisa que llegaba de la monta\u00f1a con las voces que escuchaba. Se mezclaron los cantos y gritos de los p\u00e1jaros que, como todos los d\u00edas, saludaban al sol. Se mezclaron las muertes, muchas muertes, que hab\u00eda presenciado, las m\u00e1s de ellas con sangre y con gritos y llantos. Se mezclaron las dudas, muchas dudas que hab\u00eda tenido al ver a las mujeres ind\u00edgenas arrancadas de sus tierras y de sus creencias. \u00bfEra Dios o eran los hombres los que ordenaban y comandaban y decid\u00edan que se matara a aquellos hombres que no conoc\u00edan las varas de fuego ni las cabalgaduras ni las armaduras? Si a m\u00e1s de uno vio m\u00e1s parecido al Hijo de Dios en su cruz que a los que cortaban sus miembros y sus cabezas y sus dioses.<\/p>\n<p>All\u00ed estaba \u2013all\u00ed segu\u00eda\u2013 el valle que todos los d\u00edas miraba desde su casa en la orilla de la Villa, pero los seres que miraba no eran reales. Era el mismo paisaje que desde hac\u00eda unos a\u00f1os, quiz\u00e1 veintisiete o veintiocho \u2013no lo sab\u00eda con propiedad\u2013, ve\u00eda desde el suelo o desde cualquier cabalgadura, alguno de los varios caballos que se murieron debajo de su flaca humanidad. Las mismas formas que ve\u00eda todos los d\u00edas. Desde la Villa o desde el camino que lo llevaba a sus tierras, esas tierras que cada d\u00eda le era m\u00e1s dif\u00edcil conservar. Esas tierras en las que alguna vez hab\u00eda visto viejos \u00e1rboles que se re\u00edan de su debilidad. \u00bfPor qu\u00e9 no los ve\u00eda ahora? No era la primera vez que mezclaba realidad y fantas\u00eda. Muchas, muchas veces, dej\u00f3 que sus sue\u00f1os se convirtieran en palabras y sus palabras en sue\u00f1os. Era en esas ocasiones cuando hablaba r\u00e1pido y con los ojos llenos de brillo. Los que lo conoc\u00edan bien sab\u00edan que no hab\u00eda nada que temer. Cuando no estaba sobreexcitado, tal como cuando estaba m\u00e1s bien hundido en su propio cieno, hablaba siempre despacio, muy pausado, con una voz hasta sonriente, muy parecida a sus ojos, que eran pardos, casi verdes, y que a veces eran como los ojos de un moro de piel clara. Sobre todo, en las noches de insomnio, cuando cavilaba entre sombras enemigas, lleg\u00f3 a pensar que, a pesar de las muchas veces que hab\u00edan probado la pureza de la sangre de los los Andrea de Ledesma, los Rodr\u00edguez de Ledezma, los D\u00edaz de Ledesma, los Ulloa, los Fern\u00e1ndez del Campo, los God\u00ednez y los Diez en todas las \u00f3rdenes de caballer\u00eda, bien podr\u00eda haber ocurrido que un pr\u00edncipe moro se hubiera colado en una noche serena en la rec\u00e1mara de alguna de las esposas de cualquiera de ellos. Al fin y al cabo, fueron varios los siglos en los que Espa\u00f1a estuvo bajo el poder de los infieles. Nunca quiso hablarlo con nadie, y nunca supo que no era el \u00fanico a quien se le hab\u00eda ocurrido tama\u00f1o desprop\u00f3sito. A pesar de esas sospechas ocultas, siempre se les tuvo, a \u00e9l y a su hermano, como de sangre limp\u00edsima. Era un hidalgo por los cuatro costados. Aunque a veces su mirada fuese la de un pr\u00edncipe infiel. Y su voz recordara a las de los sabios musulmanes que hab\u00edan tenido que abandonar para siempre las tierras del rey espa\u00f1ol, aun despu\u00e9s de haberle dado tanto al reino en la Escuela de Traductores de Toledo. En todo caso, su hablar pausado a muchos parec\u00eda salir de la garganta de un estudioso y no de la de un guerrero. Sobre todo cuando estaba de buen talante, normal o deprimido. Cuando conversaba, pues, muchas veces parec\u00eda que iba bogando en un r\u00edo tranquilo, muy tranquilo. Tanto, que a veces los que lo escuchaban cre\u00edan que hab\u00eda interrumpido el fluir de su narraci\u00f3n, como si tratara deliberadamente de que nadie se desviara ni un \u00e1pice del camino de la atenci\u00f3n que cre\u00eda merecer.<\/p>\n<p>Siempre hab\u00eda sido as\u00ed desde que empez\u00f3 a hablar all\u00e1 en su nativa Extremadura. Cuando estaba de temple pac\u00edfico a veces se le ve\u00eda hundirse en sus propias dudas y en sus pensamientos, pero cuando la excitaci\u00f3n invad\u00eda sus nervios parec\u00eda elevarse por encima de las cabezas de todos los dem\u00e1s. Dejaba su caracter\u00edstico hablar pausado y en r\u00e1pida sucesi\u00f3n afirmaba cosas inveros\u00edmiles y las m\u00e1s de las veces disparatadas. Quiz\u00e1 fuese por temor a lo que hac\u00edan sospechar sus ojos. Dec\u00eda, proclamaba, hab\u00eda dicho, afirmaba con \u00e9nfasis que estaba se\u00f1alado por Dios para reconquistar Jerusal\u00e9n. Que pronto armar\u00eda \u00e9l solo, sin ayuda del Papa o de reyes o emperadores gordos y soberbios, una Cruzada, una nueva Cruzada que ir\u00eda desde los cuatro costados de Europa a Tierra Santa a expulsar, ahora s\u00ed de por vida, a los moros, a los infieles que en mal d\u00eda echaron a los cristianos por la fuerza. Aquellos hombres de ojos muy negros o verdes y rostros picados por rayos de sol tendr\u00edan que irse. Tendr\u00edan que alejarse hacia su tosco oriente. Ser\u00edan echados al mar para que el agua se encargara de borrarlos de la faz de la tierra. El Santo Sepulcro, el Sepulcro del Se\u00f1or, el sitio en donde fue crucificado, muerto y sepultado, hab\u00eda permanecido demasiado tiempo en manos de esos infieles de miradas torvas y bigotes abultados. El abuelo \u00bfo habr\u00eda sido el bisabuelo? estuvo entre los que pudieron sacar a los moros, por fin, del territorio de Espa\u00f1a. Y \u00e9l, a pesar de sus ojos, se encargar\u00eda de echarlos tambi\u00e9n de Jerusal\u00e9n. Y tambi\u00e9n a los jud\u00edos, a menos que reconocieran que Nuestro Se\u00f1or Jesucristo es el Mes\u00edas, el Hijo Verdadero de Dios, en cuyo caso los perdonar\u00eda y los invitar\u00eda a dejar sus viejos ritos y adoptar los nuevos. A leer con los curas los nuevos Evangelios, las buenas nuevas anunciadas por Nuestro Se\u00f1or, sus disc\u00edpulos y sus cronistas. Anunciaba. Dec\u00eda. Y nadie se escandalizaba al escucharlo. Aquello no pasaba de ser parloteos inocentes de un mozo que m\u00e1s de una vez hab\u00eda demostrado su bondad y su condici\u00f3n de buen cristiano, pero que de vez en cuando se sal\u00eda del carril, aunque sin consecuencias.<\/p>\n<p>Ese d\u00eda, ese \u00faltimo d\u00eda, casi nadie lo vio. Todos sab\u00edan que estaba en su camastro m\u00e1s cerca del final de su vida que de sus propios sue\u00f1os. Desde la noche anterior hab\u00eda invadido las calles del pueblo una cierta agitaci\u00f3n, que con el amanecer se convirti\u00f3 en verdadera agitaci\u00f3n, y sus habitantes empezaron a correr como hormigas en una inundaci\u00f3n. Cuando se impuso la luz del sol la Villa ya estaba casi desierta. Se hab\u00eda corrido la consigna de que hab\u00eda que abandonar el pueblo. Hab\u00eda que refugiarse en las colinas cercanas.<\/p>\n<p>Los pocos que lo vieron \u2013salvo el que pudo mirarlo m\u00e1s de cerca y hablar con \u00e9l\u2013, pensaron que la garra implacable de la muerte se hab\u00eda apoderado por completo de su mente. Pensar en luchar contra un ej\u00e9rcito de piratas extranjeros no era otra cosa que una muestra de delirio. Por fin se hab\u00eda desatado en su \u00e1nimo toda la locura que muchos sospechaban. Era una figura extra\u00f1a, con su vieja armadura oxidada y manchada por todo el tiempo que estuvo a la intemperie, en donde Pancha la usaba para poner a secar al sol la ropa generalmente cagada de cualquiera de sus trece hijos vivos (Francisca, Tom\u00e9, Luisa, Francisco, Bartolom\u00e9, Isabel, Marina, Juana, Diego, Ana, Alonso el Mozo y Mar\u00eda de Ledesma) o de sus ya diecis\u00e9is nietos, hijos de algunos de aquellos trece, de los trece que sobrevivieron entre los m\u00e1s de veinte que pari\u00f3, ya no sab\u00eda \u00e9l si en Coro o en El Tocuyo o en la peque\u00f1a Villa que su pariente Losada llam\u00f3 Santiago de Le\u00f3n de Caracas \u2013hasta eso se le confund\u00eda en la mente neblinosa\u2013 entre 1565, cuando el apurado casorio, y 1591, que fue cuando el vientre se le sec\u00f3 del todo.<\/p>\n<p>El sol ya se reflejaba, alegre y ma\u00f1anero, en la vieja y noble adarga sujeta en el antebrazo izquierdo, que refulg\u00eda y hasta parec\u00eda nueva. Era notablemente grande, de un cuero s\u00f3lido que compet\u00eda con cualquier metal, hab\u00eda sido confeccionada en tierras andaluzas y llevada a Indias por cualquier hidalgo. Desde que su due\u00f1o dej\u00f3 de guerrear hab\u00eda quedado como un bello adorno, adosada a la pared m\u00e1s visible del interior de la casa, donde la Pancha o cualquiera de sus hijas la limpiaban regularmente para que siempre luciera como nueva. El contraste de armadura orinada y adarga que parec\u00eda reci\u00e9n confeccionada convert\u00eda aquella visi\u00f3n en cosa por dem\u00e1s extra\u00f1a a los ojos de los ingleses, a pesar de que en raz\u00f3n de su oficio estaban acostumbrados a enfrentarse a soldados zafios, desdentados, mal vestidos y peor encarados. Y m\u00e1s extra\u00f1a a\u00fan si se considera que la cabeza, en cuya parte de arriba ya hab\u00eda muy poco pelo, la llevaba aquel orgulloso jinete cubierta por una bacinica (tambi\u00e9n llamada orinal, bacinilla, pelela, perico, chata o cantora), porque el yelmo de sus tiempos de conquistador de tierras para la cristiandad, confeccionado con el mejor metal en tierras catalanas, lo hab\u00edan perdido los hijos menores cuando jugaban en las riberas del Catuche, el limpio riachuelo de donde sacaban los Ledesma el agua que beb\u00edan en su casa de Santiago, vecina a la que hab\u00eda sido de su pariente y amigo Diego de Losada, el fundador de la Villa. Era una bacinica de fierro un tanto abollada y tambi\u00e9n oxidada, y en cuya asa Ledesma hab\u00eda fijado una tela, que, dec\u00eda, era el pa\u00f1uelo de Pancha, conquistado en clara lid por \u00e9l con su lanza de carne que tantas satisfacciones e hijos le hab\u00eda procurado a lo largo de tantos a\u00f1os que pasaron juntos, con sus idas y venidas.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n Pancha y sus hijos trataron durante mucho tiempo de hacerle ver sus errores, pero lo m\u00e1s cerca que hab\u00edan llegado de hacerlo entrar en raz\u00f3n era que afirmara con voz fuerte y decidida:<\/p>\n<p>\u2013Si ans\u00ed fuere, prefiero los mis errores, que parescen chanzas, a las veras de los dem\u00e1s, que me son odiosas.<\/p>\n<p>En realidad, su certeza de que ten\u00eda m\u00e1s de medio siglo de casado \u2013cuando en realidad ten\u00eda algo menos de treinta a\u00f1os\u2013 se afirmaba por el hecho de que durante los \u00faltimos cuatro o cinco a\u00f1os su afligida lanza de carne no le hab\u00eda servido para aquellos usos con los que conquist\u00f3 a Pancha sino apenas para orinar, y eso con muchas y crecientes dificultades.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s estaba descalzo, pues al enterarse de la invasi\u00f3n de los piratas ingleses salt\u00f3 del camastro, camin\u00f3 \u2013tambi\u00e9n con dificultad\u2013 por varias calles cercanas a su casa, in\u00fatilmente, en busca de combatientes, y ante su fracaso regres\u00f3 a su casa acompa\u00f1ado por Gaspar de Silva, y no tuvo tiempo de cubrirse los pies, pues desde la orilla, desde el fondo de su casa que daba al riachuelo cristalino, avist\u00f3 a los invasores y con la poca prisa que a\u00fan le quedaba en el cuerpo, ayudado por Gaspar de Silva, se puso dentro de la armadura y no pudo buscar calzas ni mucho menos los protectores de metal que no hab\u00eda visto en muchos a\u00f1os. Se limit\u00f3 a colocarse, encima de los viejos calzones y la vetusta camisa, la armadura que hasta entonces hab\u00eda estado en un rinc\u00f3n como como si fuera el principal elemento de decoraci\u00f3n de la casa. Y espuelas no pudo usar tampoco porque las suyas Pancha las utilizaba para cortar los quesos que de vez en cuando le tra\u00edan los hijos mayores de la zona de Baruta, en donde a\u00fan ten\u00edan los Ledesma aquellas propiedades de campo que les fueran concedidas por don Diego de Losada, ya bastante menguadas, pero a\u00fan con un par de vacas, una de ellas no del todo improductiva.<\/p>\n<p><strong>Cap\u00edtulo 2<\/strong><\/p>\n<p>La palidez de la muerte lo envolv\u00eda y los pocos que lo vieron en ese trance contaban que antes de entrar en la armadura parec\u00eda m\u00e1s bien listo a entrar en la sepultura. Y esta vez no ten\u00eda nada que ver con lo que hab\u00eda estado presente a lo largo de toda su vida. No. Esta vez s\u00ed era un mal del cuerpo. Y muy severo, adem\u00e1s.<\/p>\n<p>Todos los que conoc\u00edan a los Ledesma, que eran todos los que viv\u00edan en Santiago de Le\u00f3n, blancos, mestizos, indios o negros, hab\u00edan sido testigos del mal que se estaba llevando de esta vida a don Alonso, al que desde el nacimiento de su hijo llamado tambi\u00e9n Alonso empezaron a conocer en Santiago de Le\u00f3n como Alonso el Viejo, que era como llamaban a su padre en Ledesma, much\u00edsimos a\u00f1os antes. Y m\u00e1s de uno pens\u00f3, al verlo partir sin otra compa\u00f1\u00eda que su viejo caballo, dos mulas negras y un bulto mal arreglado de equipaje, que no regresar\u00eda. Algunos, sobre todo entre los blancos, hasta criticaron a Pancha, su esposa, y a sus hijos, por permitir que en ese estado emprendiera aquel viaje hacia los llanos.<\/p>\n<p>Era sabido que Ledesma hab\u00eda pasado casi todo su tr\u00e1nsito terreno contando fantas\u00edas y como en un vaiv\u00e9n de mareas, que unas veces estaba euf\u00f3rico y era capaz de lanzarse a conquistar el mundo, pero tiempo despu\u00e9s se le ve\u00eda hundido, melanc\u00f3lico, derrotado, incapaz hasta de moverse, como si estuviese atravesando por un valle oscuro, o peor a\u00fan, por un t\u00fanel l\u00f3brego habitado apenas por murci\u00e9lagos, ratones y cucarachas, adem\u00e1s de por su propia muerte. Hab\u00eda sido as\u00ed desde que fue mozo, all\u00e1 en la Puebla de Ledesma. De repente era el cordial, el alegre, el osado y valiente, aunque por lo general m\u00e1s bien reservado Alonso Andrea de Ledesma, capaz de cualquier proeza y de emprender cualquier aventura, y semanas o meses y en ocasiones hasta a\u00f1os despu\u00e9s se encerraba en su propia tristeza, se le ve\u00eda andar cansino, con la vista clavada en el polvo del camino e incapaz de enfrentar a un arrapiezo o a un borracho o a un mendigo que tuviera dos semanas sin comer.<\/p>\n<p>Su padre, Alonso Andrea de Ledesma, conocido tambi\u00e9n desde el nacimiento de su hijo (en ese caso el mayor) como Alonso Andrea de Ledesma el Viejo, dec\u00eda \u2013cuando estaba sobrio, que no era muy a menudo\u2013 que lo de creerse a pie juntillas sus propias mentiras lo hab\u00eda heredado de su abuelo Ledesma y lo otro de su abuela materna, Leonor de Benavente, parienta lejana de los condes y nacida en Rionegro del Puente, a quien toda su vida llamaron en su pueblo \u201cla Noche-y-d\u00eda\u201d porque pasaba buena parte del tiempo iluminada como torre de templo a la luz del sol y buena parte l\u00e1nguida como camposanto en la noche.<\/p>\n<p>La noticia de que llegaban los forajidos ingleses obr\u00f3 en Ledesma, que al decir de su se\u00f1ora y sus hijos y hasta sus nietos se hab\u00eda echado en su camastro a morir de mengua y de los males del cuerpo, un cambio casi m\u00e1gico. Fue como si de repente en plena noche saliera un sol inesperado: los ojos se le iluminaron y todo \u00e9l entr\u00f3 en una actividad fren\u00e9tica tratando de reclutar soldados para resistir la invasi\u00f3n que era inminente. Pero bajo los techos pajizos de las casas de Santiago de Le\u00f3n s\u00f3lo hab\u00eda unos pocos ancianos y los enfermos como el dicho Gaspar, el joven Silva, que a\u00fan ten\u00eda calenturas adem\u00e1s de alg\u00fan malestar y cagantina y sin embargo, luego de verificar en el horizonte lejano el lento desplazarse de los malvados invasores que ya empezaban a ser distinguibles y de quienes ya se sab\u00eda que eran de las lejanas y brumosas \u00ednsulas brit\u00e1nicas, lo acompa\u00f1\u00f3 hasta la orilla del peque\u00f1o burgo, a la casa de los Ledesma, en donde el anciano se puso la vieja y muy remendada camisa de lino de El Tocuyo, los calzones, tambi\u00e9n muy remendados, que usara en otros tiempos y ten\u00edan una fea mancha en la bragueta, producto de las muchas gotas que en ella se le hab\u00edan quedado y otra en la zona del culo propiamente dicho, producto a su vez de una cierta incontinencia fecal que se le hab\u00eda presentado no mucho antes de la enfermedad que lo ten\u00eda al borde de la muerte, y, sobre aquello, las vestimentas de campa\u00f1a ya descritas.<\/p>\n<p>El joven Silva, convertido por los hechos en ayuda de campo, lo ayud\u00f3 a vestirse, mas no a calzarse, y luego \u2013a pesar de padecer como est\u00e1 dicho calenturas y otros graves alifafes suficientes para que se le aplicaran los \u00f3leos y se le absolviera de sus pecados, que no deb\u00edan ser muchos, de modo que estuviese plenamente listo a entrar a los cielos\u2013 lo sujet\u00f3 con firmeza para que pudiese montarse en P\u00e9nculo, su caballo que lo hab\u00eda tra\u00eddo y llevado durante los \u00faltimos a\u00f1os, lo cual fue especialmente dificultoso a pesar de lo flaco y esmirriado del jinete, porque la armadura era muy enfadosa y la pobre y agotada bestia hizo lo que pudo por salir, o mejor dicho, por no entrar en el trance en que la quer\u00edan poner.<\/p>\n<p>Flaco el hombre don Ledesma, flaco el noble P\u00e9nculo, flacas las nubes de mayo que parec\u00edan cortar la serran\u00eda que separaba la puebla de la mar, en el norte, por donde llegaron de repente los piratas ingleses al mando de un tal Amyas Preston, muy a pesar de que los quietos habitantes de la Villa siempre dorm\u00edan tranquilos, confiados en que en el camino que llegaba de la mar hab\u00eda dos o tres castilletes de los que se dec\u00eda que con diez hombres podr\u00edan contener mil enemigos por muy bien armados y dirigidos que los mil estuviesen y muy descuidados que se encontraran los diez. Pero los malvados ingleses no usaron ese camino, sino llegaron al valle por un sendero que casi nadie conoc\u00eda, un estrech\u00edsimo y largo atajo ubicado mucho m\u00e1s hacia el oriente, que seg\u00fan se supo despu\u00e9s les fue se\u00f1alado en la costa por un traidor de apellido Villapando, un buen cristiano que a veces pasaba horas de hinojos ante el Sant\u00edsimo en la capilla que poco antes hab\u00edan construido sus parientes en Caraballeda, y a quien en pago de su traici\u00f3n le cortaron la cabeza. En definitiva, luego de subir por el norte y bajar por el sur de la inmensa monta\u00f1a, entraron al valle bastante m\u00e1s al oriente del punto por donde ca\u00eda el camino de las peque\u00f1as fortalezas. Para aquellos invasores, hijos todos de la Nueva Breta\u00f1a que despu\u00e9s se llamar\u00eda la Gran Breta\u00f1a, hasta el momento en que apareci\u00f3 la figura de Alonso Andrea de Ledesma.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/eduardo-casanova-sucre\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Eduardo Casanova Sucre Cap\u00edtulo 1 \u00a1V\u00e1lame Dios! \u00a1Qu\u00e1n fero\u00e7es e despiadados son, e demassiados!&#8230; pens\u00f3 mientras sus ojos se perd\u00edan en el camino de piedras y cabezas, varias de ellas rapadas y otras que eran bosques de piojos, pulgas y otros chupasangres. Rostros despiadados, feos, asim\u00e9tricos, tuertos, barbados, horrendos, que lo miraban con furia o [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":3053,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[3,45],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3052"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3052"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3052\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6765,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3052\/revisions\/6765"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3053"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3052"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3052"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3052"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}