{"id":3044,"date":"2022-01-20T23:13:10","date_gmt":"2022-01-20T23:13:10","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=3044"},"modified":"2023-11-24T18:35:00","modified_gmt":"2023-11-24T18:35:00","slug":"el-diario-intimo-de-francisca-malabar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/el-diario-intimo-de-francisca-malabar\/","title":{"rendered":"El diario \u00edntimo de Francisca Malabar"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Milagros Mata Gil<\/h4>\n<p><strong>1990. 17 de Abril<\/strong><\/p>\n<p>A veces me despierto a medianoche, sudorosa y sedienta y entonces no s\u00e9, no puedo ubicarme en el momento preciso que estoy viviendo, no reconozco el cuarto, ni las s\u00e1banas, ni las invariables cortinas, y en cambio siento la piel pegajosa, el olor penetrante del aserr\u00edn mojado, del sudor rancio, de las menstruaciones resecas, de los sexos que parecen estarse chorreando entre las piernas de las mujeres, de las cabezas sucias y llenas de piojos y de liendres, y del desinfectante conque rociaban las paredes, y me envuelven otra vez ese olor y esa atm\u00f3sfera antes de emerger a la frescura de mi habitaci\u00f3n: las s\u00e1banas meticulosamente limpias, el ventilador soplando silenciosamente aire fresco, las ventanas abiertas hacia el patio arbolado, y no es cierto que est\u00e9 apretujada entre otros cuerpos de mujer, sintiendo las pieles, la picaz\u00f3n, el sucio, el hambre, el dolor en el est\u00f3mago, el paso de las cucarachas. No es cierto. El coraz\u00f3n recobra dentro de m\u00ed el ritmo acompasado. Todo se reordena en la penumbra. Todo, todo se reordena.<\/p>\n<p>Los primeros d\u00edas de esas pesadillas, cuando s\u00f3lo ten\u00eda diez u once a\u00f1os, tardaba en despertarme, y gritaba y gem\u00eda hasta que mam\u00e1 o Isabel Rend\u00f3n, mi ni\u00f1era, me pasaban pa\u00f1uelos mojados en agua de colonia por la cara. Me despertaba finalmente y era como estar en medio de un mar tormentoso: ven\u00edan a mi mente escenas: aqu\u00e9lla de la noche de Navidad: los soldados que destrozaron el piano y abrieron con las bayonetas los cojines de los muebles y tiraron al suelo las alacenas repletas de hermosos\u00a0 platos de porcelana y copas de cristal y nos empujaron a mam\u00e1 y a m\u00ed a los camiones: aqu\u00e9lla de la luz oscilante del bombillo: yo tirada en el piso de madera, sin fuerzas ya para resistirme, y a mi alrededor las botas altas de los soldados, las perneras de sus pantalones: todo cubierto de un fino polvo ocre y m\u00fasica pasos de baile risas olor a alcohol y a v\u00f3mito ligeramente y empujones manoseos violencia dolor en el vientre: ese dolor.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, las im\u00e1genes fueron espaci\u00e1ndose, las pesadillas fueron alej\u00e1ndose. No es que hayan desaparecido del todo, sino que se han vuelto endebles, como si se hubieran borrado paulatinamente por el paso del tiempo o el uso y la costumbre: como si se hubieran vuelto cotidianas.<\/p>\n<p>Algunos dec\u00edan que yo hab\u00eda vivido en otro tiempo esas cosas, en otra vida. Pero el padre Fidel, el confesor del Colegio, me aconsejaba no leer tanto y olvidarme de patra\u00f1as. Y en eso coincidi\u00f3 con el doctor Grau, psic\u00f3logo del Colegio, quien recomend\u00f3 a mis padres que no me dejaran estudiar mucho debido a mi temperamento neurast\u00e9nico, que me enviaran a unas vacaciones en la playa, y de ser posible que me retiraran un tiempo del Colegio y me indujeran a hacer algo relajante. Entonces amenac\u00e9 con suicidarme si me obligaban a dejar el Colegio y me pon\u00edan a tejer y a bordar y a dibujar, como hab\u00eda sugerido el doctor Grau, y mi madre se asust\u00f3 de tanta vehemencia en una ni\u00f1a y entre todos, incluyendo las monjas, decidieron que era mejor dejarme, aunque bajo estricta observaci\u00f3n y practicando algunos ejercicios al aire libre, algunas actividades que me alejaran de las lecturas y la m\u00fasica. Adquir\u00ed en esos d\u00edas la costumbre de dar paseos solitarios: caminaba entonces por el patio arbolado de la casa de mis padres, daba vueltas mirando atentamente las flores y la vida de las hormigas y de los p\u00e1jaros. A veces, con mayor audacia, le ped\u00eda a Isabel que me acompa\u00f1ara y lleg\u00e1bamos hasta el malec\u00f3n y la alameda, o hasta el antiguo puerto adonde ya no llegaba ning\u00fan barco.<\/p>\n<p>Pero yo era a\u00fan muy peque\u00f1a y esos paseos no eran tan frecuentes porque ten\u00eda horas en el Colegio y obligaciones y tareas y no pod\u00eda alejarme sola de la casa, ni tampoco sobrecargar de trabajo a Isabel, dijo mi madre, as\u00ed que terminaron por desaparecer esos impulsos, desvanecerse y dejarme nuevamente ante mi habitaci\u00f3n, mis libros y mis tendencias sedentarias.<\/p>\n<p>Onetti escribi\u00f3, creo, que a los cuarenta a\u00f1os uno deb\u00eda comenzar a escribir sus MEMORIAS. Bueno, yo tengo ya casi cincuenta y quiz\u00e1 sea el momento de poner por escrito algunas cosas. Pero no se me ocurre qu\u00e9 contar. Tengo algunos recuerdos, algunos sue\u00f1os y algunas versiones dadas por otras personas. No s\u00e9 si eso basta. Mi anciano vecino, uno venido desde Italia en la post-guerra, me dijo la otra vez que lo peor de la soledad era no tener con qui\u00e9n compartir los recuerdos. Si \u00e9l lo dice, debe ser verdad. Desde hace m\u00e1s de un a\u00f1o, cuando muri\u00f3 su esposa, se ha venido rodeando de otros viejos. Ellos vienen a visitarlo los domingos. Los escucho hablar en su lengua. Seguramente de paisajes, de historias repetidas mil veces. Versiones de los hechos, probabilidades, especulaciones, recreaciones quiz\u00e1 de eventos terribles o graciosos.<\/p>\n<p>As\u00ed que yo escribo para organizar mis propias versiones y as\u00ed conjurar de alguna manera la soledad. Hay gente incluso que mantiene un di\u00e1logo con sus notas: Querido Diario, escriben en el encabezado de cada d\u00eda, buscando al interlocutor, papel antropomorfizado, tenaz, paciente y comprensivo. Es curioso que yo haya empezado a escribir recordando esos despertares de otros d\u00edas. A veces ni puedo creer que todo eso haya pasado, todo lo que me afect\u00f3 y c\u00f3mo llegu\u00e9 a ver la vida, y creo que si no hubiera sido por Gast\u00f3n, yo seguir\u00eda viendo a los hombres como violadores. Una vez vi una pel\u00edcula de piratas donde violaban a una mujer. Sal\u00ed llorando del cine y mi madre me rega\u00f1aba todo el tiempo, porque no entend\u00eda qu\u00e9 me pasaba. Porque yo era una ni\u00f1a y no deb\u00eda saber nada de esas cosas, dec\u00eda.<\/p>\n<p>Es extra\u00f1o que algo sucedido en otra vida o quiz\u00e1 s\u00f3lo en un sue\u00f1o pueda afectar as\u00ed a una persona. Durante mucho tiempo tuve miedo de los hombres. Mis primeros encuentros amorosos fueron con muchachas. Eran descubrimientos de los cuerpos: senos reci\u00e9n brotando en pechos fr\u00e1giles, p\u00fabises apenas si cubiertos por encajes de vellos oscuros, dedos fr\u00edos recorriendo pieles calentadas por el sol y el deseo, tenues delicadeces petalares entre las piernas. Los orgasmos me dejaban exquisitamente fatigada. Sin humillaci\u00f3n y sin ruptura. A los diecis\u00e9is a\u00f1os, a los dieciocho, yo era como un animal salvaje peleando denodadamente por el derecho a la sobrevivencia. Ten\u00eda muchos amigos y amigas. Aprend\u00ed a re\u00edr con dureza, a ironizar imp\u00edamente. Mi \u00e9poca era la de los cambios: los terribles 60, ya en su resonancia, en su m\u00e1s tard\u00edo oleaje. El desbarajuste, el baby boom, y todo eso. Despu\u00e9s, vino Gast\u00f3n y nuestros amores fueron m\u00e1s intelectuales que reales. Amores aparentes o im\u00e1genes de amor como \u00e9l mismo los llam\u00f3. Es verdad que no terminaron en nada. Es verdad que \u00e9l se mud\u00f3 de planeta (o quiz\u00e1 fui yo) y ya nunca jam\u00e1s pudimos sintonizar nuestras ondas. Aunque durante un tiempo funcion\u00f3. Ahora, nada. \u00c9l fue demasiado sensato. Inteligente, tambi\u00e9n. Se insert\u00f3 en el sistema. Se volvi\u00f3 ejecutivo. Ejecutante del concierto global. Consigui\u00f3 una buena plaza como int\u00e9rprete. Y yo estoy aqu\u00ed, lejos del tumulto y del p\u00fablico de esos concertistas, intentando escribir una historia personal, sin saber c\u00f3mo empezar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Y estoy segura de que a esta historia no le faltar\u00e1n lectores: hay una especie de morbosidad en curiosear en los asuntos ajenos, una especie de alivio de los pecados personales cuando se comprueba la existencia de los ajenos. Circunstancias s\u00f3rdidas o pecaminosas. O simplemente est\u00fapidas. Quiz\u00e1 se trate de una suerte de catarsis por solidaridad. Pero primero debo clarificar: \u00bfquiero escribir una autobiograf\u00eda? \u00bfpara qu\u00e9? Quiz\u00e1, como dec\u00eda Lou Salom\u00e9: para lanzar una lenta, sensual, mirada retrospectiva a los a\u00f1os vividos. Aunque no fueron a\u00f1os felices. Casi nunca fueron felices, pero no s\u00e9 si eso tiene importancia. No pienso tampoco que lo que viv\u00ed merezca la pena de ser emulado o de ser absorbido como cuando uno le\u00eda hagiograf\u00edas en la ni\u00f1ez o biograf\u00edas heroicas. No hay ejemplaridad, mensaje moral, eventos \u00e9picos. Tampoco hay deleite en esos actos. No tengo verdaderas razones, verdaderas respuestas.<\/p>\n<p>Entonces, sigo sin aclarar: \u00bfpara qu\u00e9 quiero escribir esta autobiograf\u00eda? \u00bfser\u00e1 cierto que tendr\u00e9 un c\u00f3mplice, alguien que justifique la exhibici\u00f3n de mis fantasmas, el sacrificio de mi intimidad, el streap-tease moral y el desgaste de mis fechas? \u00bfO se trata de que quiero construir un elaborado ejercicio literario: la autobiograf\u00eda como v\u00eda hacia la literatura, la vida como g\u00e9nero literario, el cuerpo hist\u00f3rico individual como libro? Pero no. No pretendo que mi vida sea un libro: eso ser\u00eda rid\u00edculo. Creo que es el deseo de detener el tiempo, y no el egocentrismo, lo que me lleva a escribir estos textos. Al fin y al cabo \u00bfpara qu\u00e9 tantas explicaciones o justificaciones? Esto apenas es un DIARIO: el desaguadero textual de las cotidianidades, mero juego para distraer la soledad.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 me contradigo, pero eso es parte de mi prerrogativa: como diarista, como forjadora de ficciones: como fingidora o confesante.<\/p>\n<p><strong>16 de mayo<\/strong><\/p>\n<p>Si yo le dijera a alguien que hablo con los \u00e1ngeles, que los \u00e1ngeles se me aparecen en sue\u00f1os y me dictan, me obligan a hacer cosas que no quiero, seguramente pensar\u00eda que estoy loca. Pero es verdad. La primera vez que vi a un \u00e1ngel (mejor ser\u00eda decir que sent\u00ed un \u00e1ngel) yo ten\u00eda diez o doce a\u00f1os. En esos tiempos, me daban fiebres recurrentes y ning\u00fan m\u00e9dico pod\u00eda encontrar las causas. Mi madre me atiborraba de vitaminas, me llevaba a santiguar con mujeres que me rociaban agua bendita con ramas de mastranto y me colgaban de cintas rojas escapularios de yerbas. Pero nada daba resultado, ni contra la fiebre, ni contra las pesadillas, ni contra los insomnios. Una noche so\u00f1e que yo estaba en una especie de s\u00f3tano muy grande, como una celda subterr\u00e1nea, blanca, alta y sin ventanas. Yo estaba durmiendo en un catre y sent\u00eda el calor, el sudor que me brotaba del cuerpo y se quedaba pasmado, como aceite, sin correr, y sent\u00eda una sed terrible. No s\u00e9 si ten\u00eda fiebre en el sue\u00f1o o en la realidad, pero a\u00fan hoy recuerdo la sed, el calor, el subterr\u00e1neo grande de techo alt\u00edsimo y el catre como \u00fanico mueble.<\/p>\n<p>En ese escenario se apareci\u00f3 el \u00e1ngel. Era como una mujer, en apariencia, con una t\u00fanica blanca de mangas muy anchas y larga hasta un poco m\u00e1s abajo de las rodillas, adornada en los bordes con encajes negros, dispuestos en forma de zig-zag unos cent\u00edmetros por encima del dobladillo. Llevaba una especie de arneses de cuero cruzados en el t\u00f3rax anch\u00edsimo que terminaban en un cintur\u00f3n tambi\u00e9n de cuero del cual colgaba la espada y desde la espalda le sal\u00edan alas de plumas azules, colocadas en capas superpuestas, distribuidas en una armaz\u00f3n cartilaginosa y de aspecto ligero, alas especializadas para vuelos largos.<\/p>\n<p>Calzaba unas botas de piel gamuzada, altas hasta la rodilla y marrones. Parec\u00eda un guerrero de finales de la Edad Media, uno de esos que aparecen en los libros con cromos, guerrero dispuesto para el combate sangriento y para el placer refinado, tal como se aprendi\u00f3 en la Cruzada, pero no era agresivo, sino dulce y despu\u00e9s he descubierto que puede ser educadamente fr\u00edo. Me dijo: T\u00fa est\u00e1s destinada a conseguir cualquier cosa que quieras, pero tendr\u00e1s que pagar muy altos precios por ello. En realidad, nunca me dijo que era un \u00e1ngel (nunca me lo ha dicho), sin embargo yo siempre lo supe (siempre lo he sabido) y, despu\u00e9s, cuando estuve gravemente enferma, el \u00c1ngel ven\u00eda y se sentaba a la orilla de mi cama y me estrechaba la mano, y, sin hablarme, me hac\u00eda entender que no estaba sola, y que saldr\u00eda de eso.<\/p>\n<p>Me enferm\u00e9 mucho en esa \u00e9poca, entre los doce y los quince a\u00f1os. Las convalecencias eran lo peor. Mi madre me sentaba en una gran mecedora azul, en el jard\u00edn, y yo ve\u00eda las mariposas amarillas, las plantas favorecidas por la sombra de los dos almendrones de la entrada, los escasos transe\u00fantes que pasaban por la acera frente a mi casa. Y escuchaba m\u00fasica.<\/p>\n<p>Siempre m\u00fasica.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/milagros-mata-gil-por-si-misma\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Milagros Mata Gil 1990. 17 de Abril A veces me despierto a medianoche, sudorosa y sedienta y entonces no s\u00e9, no puedo ubicarme en el momento preciso que estoy viviendo, no reconozco el cuarto, ni las s\u00e1banas, ni las invariables cortinas, y en cambio siento la piel pegajosa, el olor penetrante del aserr\u00edn mojado, del [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":3045,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[3,45],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3044"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3044"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3044\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3898,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3044\/revisions\/3898"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3045"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3044"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3044"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3044"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}