{"id":2979,"date":"2022-01-09T20:49:47","date_gmt":"2022-01-09T20:49:47","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=2979"},"modified":"2023-11-24T18:35:04","modified_gmt":"2023-11-24T18:35:04","slug":"litografia-del-septenio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/litografia-del-septenio\/","title":{"rendered":"Litograf\u00eda del Septenio"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Mariano Pic\u00f3n Salas<\/h4>\n<p>Los sauces son los \u00faltimos h\u00fasares empenachados, de voltijeante copete, que custodian el valle por el l\u00edmite Sur. El poeta ha de hablar de la \u201cblanca torre, las azules lomas\u201d. El Guaire todav\u00eda trae agua y nutre las m\u00e1s apacibles huertas. En sus hierbazales \u2014seg\u00fan la litograf\u00eda de Lessman\u2014 pastan burros, caballos y vacas de orde\u00f1o. Tambi\u00e9n por su lindero sur y oriental la peque\u00f1a urbe termina en tejares y trapiches; huele a greda y a melaza. El Anauco mereci\u00f3 los honores de llamarse r\u00edo y en sus frescas riberas puso a vagar don Ferm\u00edn Toro las \u00faltimas ninfas afligidas del romanticismo. El \u00c1vila, casi aplastando las casas de adobe y el rom\u00e1nico de tosca alba\u00f1iler\u00eda de las iglesias, era el gran pecho robusto de la ciudad, su mayor proveedor de crep\u00fasculos, color y granito; su vieja muralla, contra el mar y las costumbres demasiado audaces.<\/p>\n<p>Quedaban todav\u00eda cubiertos de dura vegetaci\u00f3n de \u00f1aragatos los \u00faltimos conventos y las \u00faltimas casonas agrietadas por el terremoto, la guerra a muerte, setenta a\u00f1os de derroche vital y de desorden. De aqu\u00ed saltaron de sus chinchorros o de los labrados lechos coloniales, la raza nervuda y febril de los libertadores. Quedaban las ruinas del convento de las Concepciones y de San Felipe Neri; la portadilla barroca, tratada con gracia y prolijidad de retablo, de la iglesia de San Francisco; las arcadas de la Plaza Mayor donde se puso precio a la cabeza de Miranda y se proclam\u00f3 tambi\u00e9n el 19 de abril. Hab\u00eda una laguna \u2014en esta ciudad que despu\u00e9s ser\u00e1 tan sedienta\u2014 llamada del \u201cEspino\u201d, que en los d\u00edas de Guzm\u00e1n ser\u00e1 surcada por muy parisienses botecitos en los que aprenden a remar, cuidados por el ayo tuyero y por la sirviente martinique\u00f1a los chicos de la m\u00e1s escogida \u201ccrema\u201d. Con sombrero de paja, largo corbat\u00f3n y pantalones bombachos jugar\u00e1n tambi\u00e9n al aro y conocer\u00e1n las primeras y horribles bicicletas de 1875. Por la calle de Mercaderes, bajo la muestra de los relojeros suizos, transitan doctores y generales de levita, sombrero de copa, lujoso bast\u00f3n de monograma y negra barba envaselinada, que apenas se defienden de la can\u00edcula con sus pantalones de dril blanco. Las mujeres van apresadas en sus altos cors\u00e9s, en las campanudas faldas donde flotan las cintas y los encajes, y parecen bellas, extra\u00f1as y a veces c\u00f3micas aves tropicales. Seg\u00fan la edad, esbeltez, forma del sombrero y del peinado, semejan desde la gallina dom\u00e9stica hasta el pauj\u00ed, el tuc\u00e1n, la remita y el tucuso azul. Sobre el busto envarillado, donde el seno va a estallar junto al antepecho de terciopelo como bomba anarquista, Cuelga el \u00e1ureo dije con el retratillo del bigotudo gal\u00e1n que se fue a * la guerra civil. Los nombres de las batallas parecen tambi\u00e9n nombres de valses; se llaman, por ejemplo, \u201cR\u00edo Tocuyo\u201d o \u201cFlor amarilla\u201d.<\/p>\n<p>Los poetas \u2014rizadas melenas y barbas que oscilan entre el romanticismo y la gram\u00e1tica neocl\u00e1sica\u2014 a veces se re\u00fanen a conversar y abren sus parasoles en la esquina del Museo en que Guzm\u00e1n Blanco orden\u00f3 reunir \u201cherbarios y conchas marinas, objetos raros, petrificaciones y concreciones, caprichos de la naturaleza, producciones de climas extra\u00f1os y de los nuestros\u201d. Alguna vez se abre un concurso \u00f3ptimamente pagado sobre las \u201cglorias del ilustre americano\u201d, un paralelo hist\u00f3rico entre \u201cBol\u00edvar y Guzm\u00e1n\u201d o una oda \u201cal poder de la idea\u201d. Don Felipe Tejera \u2014como nuevo Ercilla\u2014 est\u00e1 componiendo sus epopeyas interminables: la Colomb\u00edada y la Boliv\u00edada, y del bolsillo de los hermanos Calca\u00f1o \u2014nido de ruise\u00f1ores\u2014 salen discursos acad\u00e9micos, epitalamios, traducciones y cuentos ex\u00f3ticos que ocurren en las ciudades italianas del Renacimiento, en Estambul o en Venecia. De tiempo en tiempo llega de Maracaibo, con sus historias marinas, el tr\u00e1gico relato de la tripulaci\u00f3n que se le enferm\u00f3 de c\u00f3lera y el gran chubasco en que comenz\u00f3 a componer su balada de Santa Rosa, el bondadoso y hermoso gigante que se llama Jos\u00e9 Ram\u00f3n Yepes. Dej\u00f3 en el \u00e1lbum de una caraque\u00f1a su aplaudida canci\u00f3n de <em>La Ramilletera<\/em>:<\/p>\n<p><em>Ramilletera de estos alcores, <\/em><\/p>\n<p><em>siempre vendiendo, llenos de cintas, <\/em><\/p>\n<p><em>de cintas verdes, ramos de flores. <\/em><\/p>\n<p>El mayor foro popular es el Mercado, junto a los soportales coloniales, que se demoler\u00e1n para construir la Plaza Bol\u00edvar. All\u00ed, una Caracas semi-rural de criadas y vendedores de pa\u00f1ol\u00f3n o floreados pa\u00f1uelos de la India; de borriquillos que traen las flores de Galip\u00e1n; de yerbateros prodigiosos, de santeros que venden con las oraciones can\u00f3nicas las del Justo Juez, la de Santa Marta y la del Anima Sola; de ollas de chicha y carato, de mondongo y adobo, de todos aquellos especiados y fragantes productos de la zona t\u00f3rrida, en cuya enumeraci\u00f3n se entretiene el l\u00e1piz costumbrista de Bolet Peraza en un cuadro de aquellos d\u00edas.<\/p>\n<p>Pero ya hab\u00eda venido sobre su blanco caballo pasitrotero, con br\u00edo y jactancia de Santiago Ap\u00f3stol, el general Guzm\u00e1n Blanco, a modificar tan a\u00f1ejas costumbres. Quien se sent\u00eda el hombre m\u00e1s civilizado de Venezuela necesitaba, como nuevo Augusto o nuevo Pedro el Grande, no s\u00f3lo pacificar, sino tambi\u00e9n refinar a los venezolanos. Desde el progreso material hasta el arte de combinar los vinos o iniciar una contradanza que se parezca a las de las Tuller\u00edas, quiere ense\u00f1arla tan altanero pedagogo. \u00bfNo era tan infalible que quiso sostener ante los acad\u00e9micos de la Lengua que el verso castellano se med\u00eda por pies, como los hex\u00e1metros griegos? Y la bella do\u00f1a Ana Teresa ser\u00e1 la emperatriz Eugenia de este Napole\u00f3n III, m\u00e1s h\u00e1bil y buen mozo, que nos hab\u00eda nacido en el Tr\u00f3pico. En las Glorias de Guzm\u00e1n Blanco se hab\u00eda publicado, en varias lenguas, su biograf\u00eda; sab\u00edamos en alem\u00e1n que \u201cAntonio Wurde am 28 Februar in Caracas der Haupstadt der Republik Venezuela geboren\u201d; en franc\u00e9s, que \u201cil mit un terme a la guerre civil de la Federation\u201d; en italiano, que \u201cVenezuela lui deve la restaurazione del suo credito interno ed esterno, la istruzione, la inmigrazione e tutto il suo ingrandimento morale e materiale che le da oggi la fisonom\u00eda di vera nazione civilizzata\u201d. Y los venezolanos deb\u00edamos obedecer, sin cr\u00edtica, cuanto quisiera imponernos, porque, seg\u00fan un fren\u00f3logo de Nueva York, que se acerc\u00f3 a medirle y definirle el cr\u00e1neo, era hombre de \u201cnaturaleza excepcional, de constituci\u00f3n activa y excitable, que casi no soportaba que se le contradijera\u201d.<\/p>\n<p>Ah\u00ed est\u00e1 ahora \u2014como antes se impuso a los h\u00edspidos y barbudos caudillos de la Sierra de Carabobo y jug\u00f3 dados con el l\u00fagubre Agachado y no le temi\u00f3 a la ferocidad del \u201cchingo\u201d Olivo y arroj\u00f3 su tremenda justicia de Padre Eterno sobre el irredimible Salazar\u2014 dirigiendo los art\u00edfices y obreros que levantar\u00e1n, alternativamente, el templo mas\u00f3nico y la iglesia de Santa Teresa, las escalinatas y glorietas rom\u00e1nicas del Calvario y el muy romano peristilo y c\u00fapula del \u201cTeatro Municipal\u201d. Que ha salido sobre su caballo peruano, seguido de fiel guardaespaldas, a quien apodan Tom\u00e1s Mariposo, por las calles de Caracas es indicio de que todos deben trabajar. Es gran maestro y gran pont\u00edfice. Discutir\u00e1 los planes de un edificio con Roberto Garc\u00eda y Juan Hurtado Manrique y la calidad de la mezcla con los alba\u00f1iles. Con una especie de irritado complejo filial, su padre, el viejo Guzm\u00e1n, que se hab\u00eda preparado para ser el supremo dispensador del liberalismo vern\u00e1culo, ha de calmarse escribiendo sus prol\u00edficos Datos hist\u00f3ricos suramericanos, cambi\u00e1ndose cada semana sus pelucas y enviando cartas fastidiosas a La Opini\u00f3n Nacional, para consolarse de ese poder que le quit\u00f3 el hijo altanero. Como es \u00e9poca de \u00e9nfasis y adjetivos, el cachorro hecho le\u00f3n le contenta con un pomposo t\u00edtulo de \u201cilustre pr\u00f3cer de la independencia suramericana\u201d, que \u00e9l debe contestarle con otro a\u00fan m\u00e1s extenso: \u201cilustre americano, regenerador y pacificador\u201d. Y esta Caracas que ha de salir de los sue\u00f1os de su cabeza y de la reminiscencia de sus viajes, parece un poco su propiedad personal. Los templos gemelos de Santa \u00c1na y Santa Teresa tienen el anagrama de su mujer, como si se tratara de la marca de un ajuar o de una vajilla dom\u00e9stica. Y erige su prestigio, casi divino, sobre dos cosas contradictorias y complementarias: que se siente tan caudillo como un Venancio Pulgar y un Le\u00f3n Colina, y a la vez tan refinado y cosmopolita como el m\u00e1s presuntuoso gran duque europeo.<\/p>\n<p>Hay algo de progreso de tarjeta postal, de civilizaci\u00f3n tra\u00edda por la \u201clinterna m\u00e1gica\u201d en esa Caracas que desde el adobe aborigen pretende ascender hasta el afiligranado g\u00f3tico de relojer\u00eda de la portada de la Universidad o el neocl\u00e1sico Parten\u00f3n del Palacio Legislativo. Hay carencia de sentido hist\u00f3rico en sustituir aquel gracioso retablo de imaginer\u00eda barroca a la espa\u00f1ola que serv\u00eda de frontis a San Francisco por otro m\u00e1s liso y geom\u00e9trico donde los santos policromados se cambian por los de la helada marmoler\u00eda industrial francesa. Su bizarro gusto de la pompa y de la apariencia no le permiti\u00f3 siempre adentrarse en el meollo de las cosas. Y cuando sea m\u00e1s dictador ha de imponernos una \u201cConstituci\u00f3n suiza\u201d, como si fu\u00e9semos un pa\u00eds de pastores alpinos, ministros calvinistas y relojeros. Que todos se entretengan con sus graciosas invenciones; que los cuerpos de la naci\u00f3n se disfracen y desfilen como en una escena de corte en sus actos oficiales de gran parada; que mientras \u00e9l est\u00e9 en el pa\u00eds tenga la cuerda de Venezuela en el bolsillo.<\/p>\n<p>Y quien contempla en las bonitas l\u00e1minas del libro de Miguel Tejera Venezuela pintoresca e ilustrada (1876-1877) aquel peque\u00f1o foro c\u00edvico de la Caracas guzmancista que conduce desde la Ceiba de San Francisco hasta la calle de Mercaderes, encuentra una deleitosa superposici\u00f3n arquitect\u00f3nica. All\u00ed hay pedacitos min\u00fasculos y traducidos al estuco \u2014ya que el presupuesto del pa\u00eds no alcanzaba para m\u00e1rmoles\u2014 de Par\u00eds y de Londres. Y la gran estatua del Saludante, mirando a la vez al Templo de las Leyes, puede evocar tambi\u00e9n al Marco Aurelio ecuestre de la roman\u00edsima Plaza del \u201cCampidoglio\u201d. Pero en un pa\u00eds donde la violencia, la guerra, el \u00edmpetu destructivo de la vida trataba a la naturaleza como una madrastra, Guzm\u00e1n Blanco vuelve a ser el primer protector saludable del agua y los \u00e1rboles. Quiz\u00e1s su mayor proeza civilizadora \u2014adem\u00e1s de la Ley de Instrucci\u00f3n Primaria\u2014 fue convertir aquel l\u00fagubre erial del Calvario donde en los d\u00edas de la Guerra a Muerte se fusilaron, alternativamente, realistas y patriotas, en la colina hecha jard\u00edn, que es todav\u00eda \u2014para quienes saben verlo\u2014 el m\u00e1s bello rinc\u00f3n de Caracas. Culpa de los caraque\u00f1os actuales y de una edilicia insensibilidad est\u00e9tica es haber casi tapiado, con bloques de cemento, el acceso a esa florida terraza de la ciudad, que podr\u00eda ser nuestro \u201cPincio\u201d o nuestro \u201cPiazzale Michelangelo\u201d. Sub\u00eda en coche el \u201cilustre americano\u201d a mostrar su ciudad a visitantes como el pr\u00edncipe Enrique de Prusia, con el orgullo de un sult\u00e1n que hace desplegar su gran tapiz de Samarcanda. En las tardes de domingo una Caracas ingenua se congregaba junto al peque\u00f1o zool\u00f3gico. El sabio doctor Ernst hab\u00eda bautizado los animales y los \u00e1rboles; clasific\u00f3 todo el delicado jardincillo de hierbas de olor. Pasaban las gentes de la vivaracha sociedad de los monitos \u201ctit\u00ed\u201d a las grandes pruebas trapecistas de la \u201cmarimonda\u201d y a la exhibici\u00f3n de modas y colores del pauj\u00ed de copete, de la \u201ctigana\u201d, que parece diva de \u00f3pera, y a las menudas joyas del colibr\u00ed \u201ctopacio\u201d y del \u201cgarganta rosa\u201d. Los m\u00e1s ir\u00f3nicos comparaban al viejo Guzm\u00e1n, por la barba rojiza, indefiniblemente enmonada a fuerza de tinturas y tric\u00f3feros, con el araguato anciano, que ya s\u00f3lo a\u00falla. E invirtiendo el refr\u00e1n venezolano, los \u00faltimos godos que reservaban un sitio en el infierno a don Antonio Leocadio dec\u00edan que, bajo el guzmancismo, hijo no carga a su padre.<\/p>\n<p>Esa es la Caracas de Guzm\u00e1n Blanco que a ochenta a\u00f1os de distancia asoma sus \u00faltimos capiteles corintios, sus hierros forjados a la francesa, sus cornisas de estuco y sus mascarones de \u00f3pera, dentro del polvo de las demoliciones. Nuestros nuevos modelos de vivir ya no se buscan en Roma y en Par\u00eds, sino en Houston, Texas. El arquitecto individual, al que el dictador daba sus \u00f3rdenes como Pericles a Fidias y Guzm\u00e1n Blanco a Roberto Garc\u00eda, le sustituye el anonimato capitalista de la empresa constructora. Contra esos peque\u00f1os dijes afiligranados de la \u00e9poca de Guzm\u00e1n se levantan unos edificios enormes, de estilo impersonal, semejantes a grandes acordeones de cemento que dentro de ochenta a\u00f1os, acaso, nos parezcan mucho m\u00e1s feos que los que estamos demoliendo. Pisamos la Pompeya de una \u00e9poca, y de la muralla que se derriba aparece, como en un escenario existencialista, la g\u00e1rgola de una canal haci\u00e9ndonos muecas o el paisaje deleitosamente cursi de un papel de tapicer\u00eda. Se entierran con sus \u00e1lbumes de retratos, sus muebles muy decorados, sus espejos, sus pesados relojes y sus alabastros, los \u00faltimos vestigios del siglo XIX. En el Capitolio de Caracas a\u00fan se yerguen, como iron\u00eda O esperanza que nos legara Guzm\u00e1n Blanco, dos blancas estatuas de la Ley y de la Justicia, con todo su profuso alegorismo decimon\u00f3nico. Son cari\u00e1tides que, simb\u00f3licamente, parecen sostener el edificio de la Rep\u00fablica. Y entre tantos azares y violencias de nuestro proceso hist\u00f3rico, no sabemos si a\u00fan se conservan v\u00edrgenes o han sido sucesivamente blanqueadas. Sobre el gran taz\u00f3n de agua, junto a los \u00e1rboles del patio, a\u00fan revolotean aquellas palomas de Caracas \u2014las del viejo poema de P\u00e9rez Bonalde\u2014, las que pueden siempre volar sobre la miseria de las cosas, las que ignoran los crueles cambios de la Historia.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/mariano-picon-salas\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mariano Pic\u00f3n Salas Los sauces son los \u00faltimos h\u00fasares empenachados, de voltijeante copete, que custodian el valle por el l\u00edmite Sur. El poeta ha de hablar de la \u201cblanca torre, las azules lomas\u201d. El Guaire todav\u00eda trae agua y nutre las m\u00e1s apacibles huertas. 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