{"id":2969,"date":"2022-01-09T19:08:38","date_gmt":"2022-01-09T23:38:38","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=2969"},"modified":"2026-03-31T16:27:03","modified_gmt":"2026-03-31T20:57:03","slug":"carlos-paz-garcia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/carlos-paz-garcia\/","title":{"rendered":"Carlos Paz Garc\u00eda"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Por: Rafael Victorino Mu\u00f1oz<\/h4>\n<p>Quer\u00eda comenzar esta nota diciendo que Carlos Paz Garc\u00eda es verdaderamente un desconocido, un ilustre desconocido. Sobre \u00e9l aparece una peque\u00f1a nota en el <em>Diccionario general de la literatura venezolana <\/em>(1987), en la que apenas se menciona que naci\u00f3 en Valencia. El a\u00f1o es, presumo, inveros\u00edmil, pues se dice que fue en 1801. (Presumo que debe haber sido 1881.) En la ciudad que lo viera nacer fund\u00f3 una publicaci\u00f3n: <em>Tartar\u00edn<\/em>. Vivi\u00f3 despu\u00e9s en Caracas, donde colabor\u00f3 con <em>El cojo ilustrado, El Universal <\/em>y la <em>Revista<\/em><em> de Caracas<\/em>. All\u00ed muri\u00f3 en 1925. Antes, en 1919, hab\u00eda publicado su \u00fanico libro de cuentos: <em>La daga de oro<\/em>.<\/p>\n<p>Aparte de todo esto, hay poco que informar sobre su vida, que aparentemente transcurri\u00f3 sin muchos sobresaltos, literarios, pol\u00edticos, o de cualquier otra \u00edndole. Se podr\u00eda decir que no es m\u00e1s que un escritor menor, un escritor de provincias. Aparentemente prefiri\u00f3 el ejercicio del periodismo al de la narrativa. De lo poco publicado por nuestro autor, en cuanto a literatura se refiere, podr\u00eda inferirse tambi\u00e9n que acaso ambos oficios se anulan, a\u00fan a pesar de trabajar, en apariencia, con la misma materia prima.<\/p>\n<p>Paz Garc\u00eda dio a la luz un solo libro. Sin embargo, me llaman la atenci\u00f3n un par de detalles: la cantidad de bibliograf\u00eda indirecta que aparece en la nota referida; me temo que ese rasgo ha llegado a constituirse para m\u00ed en un claro indicativo de la importancia de un escritor: cuando la bibliograf\u00eda indirecta sobrepasa la directa, es un autor al que vale la pena tener en cuenta. De all\u00ed que me pareciera inicialmente digno de indagar, sobre todo porque la bibliograf\u00eda indirecta incluye nombres como los de Pic\u00f3n Salas, Uslar Pietri, D\u00edaz Seijas.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 toda esa importancia concedida se deba al otro peque\u00f1o detalle: ser pr\u00e1cticamente el pionero de la tradici\u00f3n cuent\u00edstica en Valencia. (Aunque en general en Venezuela, en los inicios del siglo XX, poco se cultiv\u00f3 el g\u00e9nero del cuento, en comparaci\u00f3n con la novela o el ensayo.) Por ello, respetando una estricta cronolog\u00eda, Zupcic (1997) lo coloca abriendo fuegos en la antolog\u00eda por \u00e9l elaborada. Y en efecto, la <em>Daga&#8230;<\/em> fue publicado tres a\u00f1os antes que los <em>Cuentos grotescos <\/em>de Pocaterra.<em><br \/>\n<\/em><\/p>\n<p>Claro que no todos los iniciadores tienen la suerte de ser Montagine; por el mero hecho de ser el innovador, descubridor, fundador, inventor o precursor de algo no est\u00e1 garantizado que ese algo sea bueno o notable <em>per se. <\/em>Es posible que muchos iniciadores hayan desaparecido de la memoria, opacados por la gloria de los que continuaron con mayores aciertos. Shakespeare no invent\u00f3 ning\u00fan g\u00e9nero (aunque Harold Bloom asegura lo contrario); presumo que tampoco importa mucho.<\/p>\n<p>Pasemos a los relatos de <em>La daga de oro<\/em> de Paz Garc\u00eda. M\u00e1s que relatos, yo dir\u00eda que son retratos, estampas, daguerrotipos, puesto que hay m\u00e1s psicolog\u00eda, o m\u00e1s evocaci\u00f3n, que acci\u00f3n. Son, en su mayor\u00eda, retratos de seres marginales, (auto)estigmatizados por alg\u00fan hecho del pasado, en cuyo remembranza discurre el texto.<\/p>\n<p>El relato que da t\u00edtulo al libro es una joya sin duda, antologable desde todo punto de vista, no s\u00f3lo local ni nacional; hay algo de Poe, sin duda, y si no fuera al rev\u00e9s el asunto, dir\u00eda que hay algo de Borges. Asimismo, las <em>Jornadas b\u00e1rbaras<\/em> en conjunto son lo m\u00e1s notable; son cr\u00f3nicas, muy precisas, condensadas, a las cuales imagino que el autor estar\u00eda muy acostumbrado.<\/p>\n<p>Ahora, aunque demuestra gran dominio de la prosa (es el h\u00e1bito del escritor), para mi gusto las descripciones son m\u00e1s bien rom\u00e1nticas y, normalmente, sustituye la evidencia con la explicaci\u00f3n, es decir, en vez de hacer que un personaje se exprese de manera ca\u00f3tica, lo dice, dice que es ca\u00f3tico, y con eso basta. (Esto era lo que Dostoiewsky no quer\u00eda, que le dijeran que las monedas sonaban. \u201cH\u00e1galas tintinear\u201d, demandaba.)<\/p>\n<p>En la mayor\u00eda de estas remembranzas, hay gran predominio del elemento afectivo-amoroso como eje tem\u00e1tico; por supuesto, se trata de desamores. Al respecto, Uslar Pietri se\u00f1ala que el car\u00e1cter de las letras venezolanas, entre otras cosas, evidencia un gran pesimismo y frustraci\u00f3n, que se manifiesta bien en la presencia de personajes a\u00f1orantes, ab\u00falicos o fracasados, o bien en la presencia de un tono sat\u00edrico.<\/p>\n<p>Tal como lo he venido exponiendo, el horizonte de expectativas que un lector se formar\u00eda sobre Paz Garc\u00eda no ser\u00eda nada prometedor. Quiz\u00e1 por eso sonar\u00e1 a\u00fan m\u00e1s contradictorio decir que buena parte de la narrativa venezolana pasa por sus relatos, es decir, nuestro autor parece explicar por s\u00ed solo muchas de las vertientes que posteriormente desarrollar\u00eda la narrativa breve venezolana a lo largo del siglo XX. No quiero expresar con esto que haya sido una gran influencia; acaso no lo fue, acaso no ha sido muy le\u00eddo, ya que su libro conoci\u00f3 una \u00fanica y peque\u00f1a edici\u00f3n.<\/p>\n<p>M\u00e1s bien creo que funciona como un prisma, como un aleph. De un modo u otro, los temas que aparecen despu\u00e9s en los narradores venezolanos ya estaban en Paz Garc\u00eda. Por ejemplo, el relato <em>El sapo <\/em>recuerda (o prefigura) a esos personajes at\u00edpicos y estramb\u00f3ticos que abundan en la narrativa de Mari\u00f1o Palacio (verbigracia, su <em>Abiga\u00edl Pulgar<\/em>), en Jim\u00e9nez Ure, en Ednodio Quintero, y hasta en Garmendia.<\/p>\n<p>El ejercicio de la memoria, de la nostalgia fabuladora, en el cuento del trapecista, muestra otra gran corriente de nuestra literatura, muy frecuentada desde Teresa de la Parra. Tambi\u00e9n se encuentra en sus <em>jornadas b\u00e1rbaras<\/em> el antagonismo civilizaci\u00f3n-barbarie, tan caro a Gallegos y a otros; adem\u00e1s del historicismo (gran fil\u00f3n de la narrativa venezolana). Pero a quien m\u00e1s me remiten estas <em>jornadas<\/em>, es al Armas Alfonzo de las historias de montoneras (incluso con ese dejo de oralidad).<\/p>\n<p>Se me multiplican hasta el infinito estas presencias. Casi todo lo que habr\u00eda de estar en la narrativa venezolana ya estuvo en Paz Garc\u00eda<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>. La mayor\u00eda de los cuentistas venezolanos que he le\u00eddo a veces se parecen un poco, s\u00f3lo un poco, entre ellos; pero a menudo s\u00f3lo se me parecen a Paz Garc\u00eda, casi todos. Me recuerda un poco esa frase que com\u00fanmente atribuyen a Paracelso: hay muchos hombres, pero est\u00e1n en uno. Yo dir\u00eda: hay muchos narradores venezolanos, pero est\u00e1n en Paz Garc\u00eda.<\/p>\n<p>Por eso, me cuesta imaginar la narrativa venezolana sin \u00e9l; y viceversa: imaginarlo a \u00e9l sin la narrativa venezolana, ya que la presencia de todos esos temas en otros narradores posteriores, es lo que lo mantiene vivo en la memoria, al menos para m\u00ed.<\/p>\n<h2>Bibliograf\u00eda<\/h2>\n<p>Diccionario general de la literatura venezolana (1987). M\u00e9rida: Consejo de Fomento U.L.A.<\/p>\n<p>Paz G., C. (1919). La daga de oro. Caracas: Imp. Bol\u00edvar.<\/p>\n<p>Uslar P. A. (1958). Letras y hombres de Venezuela. M\u00e9xico: Fondo de Cultura Econ\u00f3mica.<\/p>\n<p>Zupcic, S. (1997). Manual para una cabra. Antolog\u00eda del relato carabobe\u00f1o. Valencia: Universidad de Carabobo.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> Dar buena cuenta de ello requerir\u00eda quiz\u00e1 de un largo estudio, de una tesis, que busque esas relaciones intertextuales con otros tantos autores venezolanos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Rafael Victorino Mu\u00f1oz Quer\u00eda comenzar esta nota diciendo que Carlos Paz Garc\u00eda es verdaderamente un desconocido, un ilustre desconocido. Sobre \u00e9l aparece una peque\u00f1a nota en el Diccionario general de la literatura venezolana (1987), en la que apenas se menciona que naci\u00f3 en Valencia. 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