{"id":2958,"date":"2022-01-07T23:49:41","date_gmt":"2022-01-07T23:49:41","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=2958"},"modified":"2023-11-24T18:35:05","modified_gmt":"2023-11-24T18:35:05","slug":"tres-textos-de-israel-centeno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/tres-textos-de-israel-centeno\/","title":{"rendered":"Tres textos de Israel Centeno"},"content":{"rendered":"<h3>Le bain (The bath)<\/h3>\n<p>Muerta de miedo tal vez, despert\u00f3 repitiendo esa frase. Hab\u00eda pasado la noche l\u00e1nguida adjetivando un ajeno sentimiento llegado hasta ella, y tal como en una exhalaci\u00f3n le rodeaba el cuello con una cuerda de piano.<\/p>\n<p>Muerta de miedo tal vez, dio vueltas sobre la cama e hizo del lecho el nido donde se resguardar\u00eda de la incertidumbre. La ma\u00f1ana entraba avivada por la luz triste a trav\u00e9s de una ventana excluida de la composici\u00f3n: los vidrios divididos por dos listones en cuatro, est\u00e1n manchados de tizne y grasa, es un cuarto pobre de un piso alto, cerca del teatro, en una de las calles empedradas del centro de la ciudad.<\/p>\n<p>La imagen del cuerpo de una bailarina muerta, ahorcada con una cuerda de piano, ca\u00edda de espaldas sobre el pa\u00f1o que ha tendido en el piso, al pie de la ba\u00f1era, sostenida por la due\u00f1a de casa que ha entrado en el desorden de su \u00faltimo ba\u00f1o, no la ha dejado dormir. La noche anterior bail\u00f3 en el escenario con la liviandad de una mota de polvo hundida en el proscenio por la gravedad; era el vuelo torpe de una pluma, consciente de las dos v\u00edctimas estranguladas por el pianista; haci\u00e9ndose invisible con la danza, ella se dejaba arrebatar por el trazo del carboncillo de un voyeur.<\/p>\n<p>Luego de haber girado sobre sus s\u00e1banas, debajo del cobertor durante toda la noche mientras conjuraba sus miedos con plegarias y llantos, aferrada a sus almohadas, sent\u00eda el alivio que tra\u00eda la plomiza luz de la ma\u00f1ana, los ruidos en el patio interior del edificio. Trataba de calmarse, lo peor no hab\u00eda pasado, el acecho continuaba, nadie hab\u00eda logrado atrapar al pianista, \u00e9l segu\u00eda all\u00ed a pesar de las pesquisas y las conclusiones de varios inspectores, ni con el azul ni el cobre de la pintura hab\u00eda sido dibujado en una celda o condenado al pat\u00edbulo; sin embargo, la claridad la reafirm\u00f3 en el nuevo d\u00eda y le permiti\u00f3 incorporarse, abandonar la an\u00e9mica parsimonia de la entrega, ella no estaba destinada a morir.<\/p>\n<p>El cuarto todo entr\u00f3 oscuro a sus ojos, el desorden y los trapos eran un v\u00e9rtigo de colores pasteles, pasteles sucios y difusos en la luz.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 podemos ver? El peso sobre la cama desordenada. El peso muerto de las tribulaciones y del sue\u00f1o, de la mujer sola, de los temores y el espanto, el olor agrio del miedo, la intimidad defendida con los cuerpos de las almohadas, puestas por ella luego en la cabecera del camastro, en su lugar, bajo la cortina ocre, bajo la sombra del \u00f3xido sangu\u00edneo. El ba\u00f1o es un ritual, es otra danza y tiene sus ritmos.<\/p>\n<p>La bailarina se mantiene en movimiento, a pesar de saberse contemplada desde alg\u00fan punto de otro cuarto aun m\u00e1s amplio; nadie le podr\u00e1 hacer da\u00f1o, piensa y se estira desnuda, parada descalza sobre las tablas no cubiertas del piso, la atm\u00f3sfera es densa, el empapelado del fondo, sobre la ba\u00f1era, es \u00edndigo, es un espiral de manchas, el dibujo de un universo sucio gobernado por los malos auspicios, hacia donde ella marcha expuesta a la mirada del ausente que ha comenzado a tensar las cuerdas.<\/p>\n<p>El momento de la gracia que la inmortaliza an\u00f3nima no es otro sino aquel donde se encuentra muerta de miedo tal vez. Expuesta, con sus flancos al aire y su pie sobre la porcelana estropeada del interior de la ba\u00f1era, el instante en que ha pasado una de sus piernas sobre el quicio de la tina, pasmada por el asombro de un ba\u00f1o sin agua; ella se agita de nuevo, el ritmo de su respiraci\u00f3n cabalga y todos desde el sal\u00f3n del museo sentimos el latido de su coraz\u00f3n expuesto en la escena del crimen, vulnerable ante la mirada asesina que extiende sus cuerdas y recorre su cuerpo, lo roza con la ansiedad contenida del pintor serial, la parte interior del muslo, las caderas, los pechos dados a resistir la atracci\u00f3n del centro de la tierra, el cuello largo y la cara m\u00ednima y disipada, cubierta por las ondas de su cabellera, su rostro invisible s\u00f3lo delata un rasgo, la composici\u00f3n del instante de perplejidad donde ha quedado atrapada, entre una acci\u00f3n y la otra antes de sentir la cuerda invisible del piano resbalar del ment\u00f3n a la garganta. Muerta de miedo tal vez, en una cadena de eventos que repetir\u00e1n todos los ba\u00f1os y todos los cuerpos, se convierte en otra de las escenas de un cuadro de Degas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>A solas con Dios<\/h3>\n<p>Jasser estaba cubierto por una bata de papel azul, acostado sobre una camilla en la sala de emergencias de un hospital p\u00fablico. Se quejaba. Desde hac\u00eda horas se quejaba de un dolor agudo en el abdomen. Distintas caras enmagrecidas por la guardia nocturna hab\u00edan desfilado ante su angustiante cuadro. Ninguna emiti\u00f3 diagn\u00f3stico, a pesar de palpar meticulosamente toda el \u00e1rea adolorida; le tomaron los signos vitales y una doctora que era demasiado joven y despreocupada para considerarla seriamente, le pidi\u00f3 que se diera vuelta hacia la pared para hacerle un tacto rectal, situaci\u00f3n que a Jasser le resultaba humillante. Pens\u00f3 que aunque utilizaran guantes quir\u00fargicos y algo de vaselina, hab\u00eda en aquel acto una intencionalidad er\u00f3tica que no escond\u00eda un sentimiento de venganza, una manera de devolver una sodomizaci\u00f3n a un quejumbroso y vulnerable hombre que quiz\u00e1s habr\u00eda requerido de sus amantes esa entrega arguyendo razones ambiguas o simplemente imponi\u00e9ndose.<\/p>\n<p>Llora. Le duele muy adentro. Cada vez que respira, sus l\u00e1grimas fluyen y no lo consuela haber recordado la escena de aquella pel\u00edcula en la que Mar\u00eda Schneider se corta las u\u00f1as y unta sus dedos en mantequilla, qu\u00e9 carajo, el caso no es el mismo, los momentos no ensamblan con exactitud, \u00e9l quiere un diagn\u00f3stico, algo que le calme esa sensaci\u00f3n de tener vidrios en el est\u00f3mago.<\/p>\n<p>La noche transcurre con pesadez, otros enfermos se quejan, se escucha el llanto de alg\u00fan familiar que mon\u00f3tonamente repite que algo es injusto, es injusto, injusto y Jasser desea tener a un familiar al lado, trasnoch\u00e1ndose con \u00e9l, presionando a los m\u00e9dicos entre sorbos de caf\u00e9. Antes de ingresar, antes de que el dolor se le hiciera inaguantable, llam\u00f3 a Clara. Al\u00f3, al\u00f3, \u00bfClara? Ella, inc\u00f3moda al otro lado de la l\u00ednea, pregunt\u00e1ndole si era tan grave que no pod\u00eda aguantar hasta la ma\u00f1ana, que ahora de noche todo es comprometedor, precisamente esa noche, s\u00ed, ten\u00eda a alguien, estaba cansada, la semana que pas\u00f3 fue terrible y se hab\u00eda guardado esa noche para escuchar jazz en la Jos\u00e9 F\u00e9lix Ribas, para beber unos tragos, t\u00fa sabes, una necesita expandirse \u00bfpor qu\u00e9 no llamas a tu esposa? \u00bfExpandirse ad\u00f3nde reputa si lo \u00fanico que haces con maestr\u00eda es contraer los m\u00fasculos de la vagina? pens\u00f3 antes de dejarla al otro lado armando justificaciones: un dolor no es necesariamente una cosa que alarme, \u00bfpor qu\u00e9 no iba a una farmacia para que le inyectaran un calmante? lo m\u00e1s probable es que ma\u00f1ana con tranquilidad veas a un m\u00e9dico y te diga que no era tal la cosa, ahora me esperan, t\u00fa entiendes.<\/p>\n<p>Claro que entend\u00eda, la noche era prometedora igual que otras noches en las que salieron juntos a tomarse unos martinis secos en la barra de la Cota 880, donde se har\u00edan los encontradizos con el escritor de telenovelas (era imperativo incursionar en la televisi\u00f3n), le soltar\u00edan todas aquellas cosas sobre las bondades del g\u00e9nero y escucha, Mar\u00eda Rivas es la revelaci\u00f3n de la d\u00e9cada como cantante, qu\u00e9 broma \u00e9sa con aquellos que insisten en hablar mal de la televisi\u00f3n, es cuesti\u00f3n de resentidos y que te parece c\u00f3mo decay\u00f3 Jacobo en su \u00faltima exposici\u00f3n. Luego, ser apabullados por otros que al igual que ellos se tratar\u00e1n de sentar a la diestra del siniestro libretista que para su gusto, luego de pensarlo bien, no es m\u00e1s que uno de esos hombres que han perdido el pelo en la cabeza y tienen sucio el lomo porque no han dejado de ser unos mulos mediocres y esa es la vida Clarita, v\u00e1monos de esta vaina, qu\u00e9 l\u00e1stima que el medio sea demasiado reducido. A veces pienso que tengo perdida la carrera de antemano, para qu\u00e9 seguir insistiendo, la vida no tiene sentido ni aqu\u00ed ni en ninguna parte, le dice y terminan en un hotel y duermen profundo hasta bien entrado el otro d\u00eda.<\/p>\n<p>Jasser, presionando con la palma de la mano su abdomen, llega a la conclusi\u00f3n de que est\u00e1 solo. Una enfermera trae una botella de suero y la coloca en un paral, le pide que extienda el brazo, busca una vena y lo pincha. Luego le inyecta algo cristalino que sustrae de una ampolla, \u00e9l le pregunta qu\u00e9 le ha puesto y ella no responde. Pero el efecto del medicamento es inmediato, el dolor cede, su cuerpo va perdiendo pesadez. Ya no tiene la contundencia de hace dos d\u00edas, cuando crey\u00f3 que contar\u00eda con la fuerza suficiente para afrontar su situaci\u00f3n. Su esposa le hab\u00eda pedido que se marchara y \u00e9l, sin discutir, recogi\u00f3 algo de su ropa, el cepillo de dientes y la afeitadora, mir\u00f3 por \u00faltima vez los cuadros que colgaban de la pared, nunca le gust\u00f3 aquel donde unos pocos trazos pretend\u00edan un desnudo femenino; de la biblioteca no tomaba nada, aunque dejaba sus libros que lo acompa\u00f1aron en Londres, mejor se quedaban all\u00ed, \u00e9l no correr\u00eda por ninguna otra carretera, no ir\u00eda a ninguna otra ciudad, s\u00f3lo extra\u00f1ar\u00eda una mata del jard\u00edn, el jade. Hab\u00eda crecido frondoso, casi augur\u00e1ndole buena suerte. Su esposa siempre estuvo en la poltrona donde hojeaba una revista, as\u00ed la conoci\u00f3, hojeando revistas en un consultorio y as\u00ed la dejaba; sin embargo no ces\u00f3 de sentir el impulso de arrancarle la revista, incorporarla por el pecho hasta confrontar su cara y mirarse, mirarse las arrugas mutuas, la mutua desilusi\u00f3n. Todo aquello hizo que tuviera una erecci\u00f3n in\u00fatil, ahora que se iba para siempre.<\/p>\n<p>En la calle decidi\u00f3 no acudir a nadie: su familia, como en ruinas, hab\u00eda quedado en alguna parte; sus amigos eran inconstantes, alguna vez los catalog\u00f3 de im\u00e1genes impresionistas tratando de hacer de ello una conceptualizaci\u00f3n genial. Ten\u00eda un poco de dinero, lo suficiente para alquilar un cuarto y preparar algo as\u00ed como la muerte, aunque no tuviera bien definida la idea.<\/p>\n<p>Siempre hab\u00eda hablado de la muerte, la convirti\u00f3 en una amenaza para s\u00ed mismo, siempre se amenazaba, le\u00eda con fruici\u00f3n a los escritores japoneses que se hab\u00edan quitado la vida, lamentaba no haber tenido una como la de Hemingway para cercenarla ocasionando un gran golpe a todos aquellos que se abrazaban a la existencia, suscribiendo una ret\u00f3rica de intensidad. Sinti\u00f3 un gran dolor en la barriga y ahora estaba tendido en una camilla, semidesnudo, desconcertado y temeroso.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 el especialista y lo auscult\u00f3 de nuevo. Presion\u00f3 fuertemente sobre la parte superior del abdomen, el dolor volv\u00eda, ahora con m\u00e1s fuerza, arranc\u00e1ndole un grito. Mir\u00f3 la cara del m\u00e9dico esperando que le dijera alguna cosa, \u00e9ste le pregunt\u00f3 por sus parientes y \u00e9l respondi\u00f3 que estaba solo en la ciudad, el doctor arrug\u00f3 la cara, llam\u00f3 a otros m\u00e9dicos, anot\u00f3 algo a prisa en una libreta y dijo que prepararan el pabell\u00f3n.<\/p>\n<p>Lo iban a operar. \u00bfDe qu\u00e9? No quer\u00eda que lo operaran, no pens\u00f3 nunca que le fueran a abrir el est\u00f3mago como a un cerdo en un hospital p\u00fablico, no ten\u00eda probabilidades, seguro que morir\u00eda \u00bfpero acaso no hab\u00eda deseado la muerte? s\u00ed, pens\u00f3 en procur\u00e1rsela, pero no en que se la procuraran las circunstancias.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Es absurdo que muera as\u00ed!<\/p>\n<p>Comenz\u00f3 a gritar, vinieron unas enfermeras y lo sometieron poni\u00e9ndole una nueva inyecci\u00f3n que lo sumi\u00f3 en un ensue\u00f1o, donde fue apareciendo aquel d\u00eda en el que Tato le present\u00f3 a su prima. Era una tarde de mucha luz, celebraban el cumplea\u00f1os del Coronel, \u00e9l habla ido con su esposa y estaban asando carne y tomando cerveza mientras hablaban de lo sofocante que se hab\u00eda tornado la novela hist\u00f3rica. Es un imperativo, gritaba el Coronel, nos la imponen.<\/p>\n<p>Jasser ya hab\u00eda cumplido cinco a\u00f1os al lado de su esposa y a pesar de no tener trabajo fijo ni un futuro claro, parec\u00edan hacer una vida de pareja aceptable, si se puede decir, feliz. Sin embargo en una oportunidad, se anduvo con la queja de que ya no esperaba sorpresas en el sexo. S\u00ed, lo disfrutaba, pero no esperaba sorpresas y todo aquello era terrible. Los dem\u00e1s beb\u00edan y discut\u00edan, mientras que \u00e9l procuraba un espacio para acercarse a la prima de Tato. Era joven, bastante joven para \u00e9l, pens\u00f3 que eso era lo que buscaba, algo terso, sin detalles que fastidiaran la est\u00e9tica. Mir\u00f3 sus piernas cuidadosamente y no encontr\u00f3 rastro de celulitis o amenaza de v\u00e1rices, ten\u00eda una cintura perfecta y los senos como si le hubiesen injertado silicona \u00bfqu\u00e9 m\u00e1s que una cara fresca, una sonrisa plena y el pelo cayendo en cascada m\u00e1s abajo de los hombros? La abord\u00f3, se dio cuenta que funcionaba eso de la qu\u00edmica, que llegar\u00eda a algo con ella y en efecto, la cit\u00f3 para el siguiente d\u00eda, donde con palabras y a pulso de cirujano le impuso el deseo de disfrutar las ventajas de una relaci\u00f3n madura, ten\u00eda muchas cosas que ense\u00f1arle, sab\u00eda muchos juegos, le conven\u00eda una experiencia adulta en su vida. Luego de tomarse dos bourbons en El Atico, decidieron ir al Dalias a pasar la noche. La ni\u00f1a se desnud\u00f3 y \u00e9l en verdad se sent\u00eda colmado ante aquella mujer que se revelaba con s\u00f3lo unas pantaleticas de pierna alta que se perd\u00edan entre nalgas firmes y bronceadas. Trat\u00f3 de abrazarla, pero se le escap\u00f3. Corrieron por la habitaci\u00f3n hasta caer sobre la cama, ella le dio la espalda y empez\u00f3 a hablar, en realidad no decia nada, a cada sugerencia de Jasser le respond\u00eda con un pedazo de la letra de una canci\u00f3n de Rudy La Scala. Dijo que ten\u00eda un novio y \u00e9l qu\u00e9, tambi\u00e9n ten\u00eda una esposa. Entonces nos pasa igual que en la letra de aquella canci\u00f3n \u00abel cari\u00f1o es como una flor, que no se puede descuidar, porque siempre hay alguien que desea poderla arrancar\u00bb. Est\u00e1 bien, pero d\u00e9jate quitar la pantaletica, chica. \u00abTratando de olvidar, su nombre le grit\u00e9 y lo intent\u00e9 besar\u00bb. Recitaba temas completos y nada de abrir las piernas. Se dio vuelta y comenz\u00f3 a llorar \u00bfPor qu\u00e9? Jasser trata de consolarla. Le dice que est\u00e1 deprimida, que su novio la ha dejado \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 la vida es asi\u2026 ?\u00bb \u00c9l se cabre\u00f3, quer\u00eda encoger su pierna y darle duro en el espinazo y ponerse a gritar desaforado que si no conocia \u00e9sta, claro, la letra no era fiel pero iba por ah\u00ed: \u00abSin pensarlo dos veces te tir\u00e9 a la pared, te arranqu\u00e9 eso que te queda encima y te llen\u00e9 de patadas el culo\u00bb. Pero ten\u00eda que encontrar una salida adulta y le dijo que estaba bien, que lo dejaran as\u00ed, que otro d\u00eda ser\u00eda. Ahora la llevar\u00e1 hasta su casa y no ha pasado nada \u00bfas\u00ed? Salieron del hotel y no hablaron durante todo el camino, hasta que se detuvo el auto. Ella se acerc\u00f3, le dio un largo beso y no termin\u00f3 de bajarse sin decirle \u00abNo lo niego, fui feliz, aunque con muy poco amor\u00bb. Jasser apret\u00f3 el acelerador y se perdi\u00f3 en la avenida pensando que hab\u00eda anotado un desacierto m\u00e1s a una larga cadena que nunca terminar\u00eda de romperse.<\/p>\n<p>Llegaron los camilleros y lo condujeron al pasillo del hospital desde una noche de avenidas y luces donde se promet\u00eda no indagar nunca m\u00e1s en territorio imp\u00faber. Afuera se escuchaba la sirena de una ambulancia que llegaba, las enfermeras y los m\u00e9dicos corr\u00edan a su lado, gir\u00f3 la cabeza y mir\u00f3 el piso sucio, papeles en los rincones, vasos pl\u00e1sticos, manchas de yodo y sangre, alguien se quejaba. Quiso preguntar qu\u00e9 suced\u00eda, pero iban muy r\u00e1pido. Las luces en el techo del pasillo pasan como focos de autos, al fin tropiezan con una puerta que se abre en dos, est\u00e1n en el pabell\u00f3n. All\u00ed todos visten de verde y tienen gorros que cubren sus pelos, alguien gira \u00f3rdenes \u2014\u00a1R\u00e1pido, r\u00e1pido!\u2014 Jasser piensa que quiz\u00e1s existe una manera de detener aquello y grita que tiene esposa, hermanos, amigos, t\u00edos, que los llamen, que no est\u00e1 solo.<\/p>\n<p>Comienza a temblar convulsivamente. El anestesi\u00f3logo le palmea una pierna y le pregunta, mientras se lleva un trozo de pan a la boca:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfTienes miedo, campe\u00f3n? \u2014Jasser mueve la cabeza afirmativamente, el anestesi\u00f3logo concluye:<\/p>\n<p>\u2014No te preocupes, que yo tengo m\u00e1s miedo que t\u00fa\u2014. Introduce una jeringa en un boquete de salida de la botella de suero y comienza a presionar el \u00e9mbolo. Jasser siente que el cuarto se vac\u00eda, las voces y los hombres se escuchan en otra parte, en otro lugar del hospital. No queda nadie junto a \u00e9l en el quir\u00f3fano, est\u00e1 a solas con Dios y no sabe si debe reclamarle, rendirle cuentas o llorar.<\/p>\n<h3><\/h3>\n<h3>El dios de Livia<\/h3>\n<p>Me he refugiado en el saber y as\u00ed he perdido mi alma. Fui construyendo poco a poco una estructura flexible y vasta apuntalada por las ciencias y las artes. Hoy, deslindado en el mal, \u00fanico lugar posible para la sublime pr\u00e1ctica de la sensibilidad, cuestiono el saldo; la expulsi\u00f3n del mundo de mis semejantes, la certeza de no haber vivido y el desprecio hacia el otro, incapaz de reflejarme.<\/p>\n<p>En Italia era un hombre ciertamente afortunado. Miembro de la casa de Saboya y primo del rey, copero de su majestad y caballero con derecho a estar cubierto delante de su alteza real; considerado emblema de hombr\u00eda, portento de elegancia y buenos modales. Bien transcurr\u00eda yo mis d\u00edas en Florencia, exaltado por el portento de sus iglesias y disertando sobre las bellas artes o bien asist\u00eda en la escuela de medicina de N\u00e1poles a la disecci\u00f3n clandestina de cad\u00e1veres; as\u00ed como tambi\u00e9n me perd\u00eda del mundo en las logias secretas y los tugurios de Roma tras la pista de los C\u00e9sares abyectos, repitiendo sus desmanes.<\/p>\n<p>Supe encontrar deleite en la lujuria, me asom\u00e9 a los abismos de la perversi\u00f3n. Nada pod\u00eda detenerme por entonces, pues era poseedor de una heredad que remontaba la historia. Sabio, culto, iniciado en las letras y la filosof\u00eda, no rend\u00eda cuenta a ning\u00fan mortal pues hab\u00eda traspasado las adyacencias de la median\u00eda humana. Por aquellos tiempos, se sucedi\u00f3 en Roma una serie de asesinatos rituales en donde la v\u00edctima, luego de ser sometida a delicadas torturas, era desangrada y despellejada; su piel era expuesta al sol del d\u00eda siguiente del sacrificio en las altas torres de las siete colinas. De inmediato, un edicto real dio inicio a las investigaciones.<\/p>\n<p>Yo estaba en los arreglos palaciegos del protocolo para consumar mi casamiento con la Condesa X, la corte viv\u00eda un continuo sobresalto ante la inminencia de mi boda, las labores exig\u00edan llevarse a cabo con extrema pulcritud, ning\u00fan detalle deber\u00eda manchar el acontecimiento. Mi primo, el rey en persona se encarg\u00f3 de la lista de invitados, de la regia iluminaci\u00f3n del palacio y de la apertura de las fronteras.<\/p>\n<p>Todo marchaba tal cual lo indicaba el ceremonial. Llegado el d\u00eda de la boda, me enter\u00e9 por mi mayordomo sobre los indicios incriminatorios manejados por la guardia de palacio sobre mis implicaciones en los \u00faltimos asesinatos. En ning\u00fan momento me dej\u00e9 ganar por la confusi\u00f3n y el miedo; no me hab\u00edan detenido en procura de evitar el esc\u00e1ndalo, obviamente me brindaban una oportunidad para encontrar la adecuada salida. Llam\u00e9 a un compa\u00f1ero de juerga y \u00e9ste alquil\u00f3 el carruaje y sin p\u00e9rdida de tiempo nos dirigimos a un club secreto en las cercan\u00edas del Quirinal. All\u00ed me abandon\u00e9 a una apuesta desenfrenada en el juego de dados, beb\u00eda absenta y fumaba opio, millones de liras salieron de mis arcas y as\u00ed el tiempo transcurri\u00f3 dejando a la Condesa X suntuosamente trajeada a la espera del novio que nunca llegar\u00eda.<\/p>\n<p>El esc\u00e1ndalo hab\u00eda estallado, era una elaboraci\u00f3n exclusiva: el primo del rey incumpliendo su palabra pon\u00eda en evidencia la desverg\u00fcenza y el deshonor de la familia con su desenfreno, nada me librar\u00eda de la ira, nadie podr\u00eda salvarme de mi destino. Fui capturado al amanecer y puesto en el primer barco que zarpaba rumbo a las Am\u00e9ricas. Supe, al llegar al puerto de La Guayra, la suerte de la secta a la cual pertenec\u00eda, junto a nobles varones. Descubrieron a tres condes en el ritual del desollamiento de una bella dama de sociedad en el Coliseo, lugar elegido para extender su piel a las luminarias solares.<\/p>\n<p>Todos fueron procesados tras confesar sus cr\u00edmenes, realizados en nombre de una deidad pagana, a la cual desde la antig\u00fcedad de Roma, le rindiese culto Livia, la mujer de Augusto, el c\u00e9sar. El juez los conden\u00f3 a morir descuartizados. Mi nombre no fue revelado en ning\u00fan momento del proceso, yo hab\u00eda sido condenado al olvido por la corte y salvado de una muerte segura. El rey a\u00fan llora a escondidas al recordar los nexos rotos y maldice ante mi falta.<\/p>\n<p>Llegu\u00e9 al valle de Caracas en arreo de mulas. Luego de un largo camino a trav\u00e9s del Avila. La ciudad era angosta y larga. La vadeaba un serpentino r\u00edo nutrido por las acequias del cerro majestuoso en cuyo seno pasar\u00eda el resto de la vida. Atraves\u00e9 las haciendas de caf\u00e9 dirigiendo mis pasos hacia el este, buscaba asentarme en las hermosas campi\u00f1as de Petare, buscaba un lugar apartado, lejano de los hombres; me hab\u00eda iniciado en la ruptura para con el mundo y no pretend\u00eda volver a \u00e9l. Compr\u00e9 una hacienda en el abra de Caurimare, tuve que abocarme a la reconstrucci\u00f3n de la casona colonial, pues los repartimientos y los patios estaban destruidos.<\/p>\n<p>Con grupos de peones an\u00f3nimos limpi\u00e9 los cafetos y me dediqu\u00e9 a amoblar la casa al mejor estilo europeo. Me sent\u00eda premiado en mi soledad por los desmanes pret\u00e9ritos, estaba en la cumbre de una exuberante monta\u00f1a, era se\u00f1or y due\u00f1o de tierras abalconadas en el vac\u00edo de un paisaje donde perd\u00eda la mirada en siniestras divagaciones. Era un hombre malo, mi condici\u00f3n me revelaba constantemente en contra de mis semejantes, los pactos diab\u00f3licos me devolv\u00edan el sosiego perdido por la rutina de construir un mundo de helechos y caf\u00e9.<\/p>\n<p>Deb\u00eda derramar sobre las orqu\u00eddeas la sangre de mis v\u00edctimas o no acceder\u00eda jam\u00e1s al reino del encono. Devast\u00e9 los cafetos y quem\u00e9 la tierra, la sembr\u00e9 de tub\u00e9rculos y cebollas, corromp\u00ed a las autoridades para obtener el permiso para la quema sistem\u00e1tica, nada deb\u00eda remitirme a una condici\u00f3n paradis\u00edaca. Contrat\u00e9 a un r\u00fastico mayordomo, quien no tard\u00f3 en incorporarse a los rituales ofrecidos al dios pagano de Livia; cazaba animales vivos y los sacrificaba sobre una laja caliza a las orillas de la quebrada Caurimare, pero no bastaba; mi dios ped\u00eda ofrendas mayores y yo desesperaba, pues d\u00eda a d\u00eda me alejaba m\u00e1s de la gracia de su maldici\u00f3n.<\/p>\n<p>Fue as\u00ed como Silvana lleg\u00f3 a mi vida. Hermosa mujer de trenzas rubias y mirada lacustre, hija de un inmigrante piamont\u00e9s, prolija en sus labores de bordado y sublime en sus lecturas abominables, sol\u00eda leer a Dar\u00edo mientras yo le hac\u00eda la corte por los lados de Catuche.<\/p>\n<p>Me cas\u00e9 con la delicada vestal, era hermosa de cuerpo y de alma; propicia ofrenda al dios de Livia; arg\u00fc\u00ed enfermedad para no consumar el matrimonio, deb\u00eda mantenerla en estado virginal hasta el momento indicado en el cual arrancar\u00eda su piel con mi impaciente escarpelo; estaba obligado a preservarla de la pasi\u00f3n. Lleg\u00f3 la noche. La luna se deslizaba limpia en un cielo azul y sin estrellas. H\u00e9cuba sonre\u00eda. Record\u00e9 a las vestales sacrificadas por Livia, y me dispuse a cumplir mi cometido. Le propuse a Silvana un paseo nocturno a la quebrada donde mi mayordomo ten\u00eda aderezado el altar, y as\u00ed atravesamos el angosto camino bajo la sonrisa plomiza de Selene.<\/p>\n<p>La noche estaba fr\u00eda, seca. Una brisa constante arrancaba silbidos a los juncos y el sublime aullido de una perra amarilla (s\u00e9 que era amarilla, pues era la misma perra de la ni\u00f1a Azcoit\u00eda, yo la hab\u00eda visto y logr\u00e9 reconocerla) guiaba nuestros pasos a la piedra caliza donde deber\u00eda ser desollada mi esposa.<\/p>\n<p>Sin pre\u00e1mbulos la empuj\u00e9 sobre el altar y desgarr\u00e9 sus ropas, un modesto camis\u00f3n de ol\u00e1n. Sus azules ojos brillaron contrastando la claridad lunar, brillaba en la oscuridad y buscaba una respuesta a tanta violencia. El mayordomo apareci\u00f3 con el escarpelo una vez la hube desnudado, ella, at\u00f3nita, buscaba una raz\u00f3n, la cual encontr\u00f3 con premura, pues a gritos me inquiri\u00f3 piedad arguyendo la \u00fanica excusa ante la cual detendr\u00eda mi mano. \u2014 \u00a1Mi se\u00f1or, no puedes matarme, no as\u00ed. Escucha, no soy virgen!<\/p>\n<p>Desconcertado por la revelaci\u00f3n y arrebatado de ira, abr\u00ed sus piernas atenazadas e introduje mis dedos en su vagina en un brusco intento por hallar el himen intacto. \u00a1Dios, me hab\u00eda enga\u00f1ado! Era una puta, una ramera, una mujer manchada por la lujuria, superaba mis perdiciones. Eramos entonces dos demonios enfrentados. Aun as\u00ed deb\u00eda morir; la tom\u00e9 por sus doradas trenzas y la arrastr\u00e9 quebrada abajo golpeando una y otra vez su cabeza.<\/p>\n<p>En un recodo accidentado le procur\u00e9 un golpe con una pala en la base del cr\u00e1neo y la dej\u00e9 muerta al borde de una ca\u00edda de agua, iluminada por la luna; seguramente la perra amarilla dar\u00eda cuenta de sus carnes y de sus huesos, de su alma ignoro qui\u00e9n reclamar\u00eda potestad. Arrebatado por la furia, regres\u00e9 a mi casa en donde me sum\u00ed por d\u00edas en el m\u00e1s absoluto de los silencios.<\/p>\n<p>No me incorporar\u00e9 jam\u00e1s del sill\u00f3n frente al corredor de los antiguos cafetales, desde donde ver\u00e9 a mi mayordomo perderse cada noche a rendirles culto a los dioses propios de estas tierras. Ya no me levantar\u00e9 jam\u00e1s. El bosque crece en torno m\u00edo y la maleza terminar\u00e1 por devorar mis posesiones. S\u00f3lo me acompa\u00f1a en estos momentos finales el fantasma de Silvana, quien r\u00ede desde su contundente triunfo en el trono inmortal del dios pagano de Livia. Esta certeza me abruma y gratifica.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/israel-centeno\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Le bain (The bath) Muerta de miedo tal vez, despert\u00f3 repitiendo esa frase. Hab\u00eda pasado la noche l\u00e1nguida adjetivando un ajeno sentimiento llegado hasta ella, y tal como en una exhalaci\u00f3n le rodeaba el cuello con una cuerda de piano. 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