{"id":2945,"date":"2022-01-06T00:38:38","date_gmt":"2022-01-06T00:38:38","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=2945"},"modified":"2023-11-24T18:35:18","modified_gmt":"2023-11-24T18:35:18","slug":"la-guerra-de-los-dias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-guerra-de-los-dias\/","title":{"rendered":"La guerra de los d\u00edas (acerca del relato breve en Venezuela)"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Carlos Sandoval<\/h4>\n<p><strong>De aquellos polvos<\/strong><\/p>\n<p>1. Tal vez la m\u00e1s sensible de las artes impregnada por el contexto sociopol\u00edtico, la narrativa venezolana de los \u00faltimos veinte a\u00f1os revela las huellas de ese influjo de manera perentoria, como ha ocurrido en otros instantes del pasado. El aserto no desconoce los rasgos est\u00e9ticos que permiten la cristalizaci\u00f3n y reconocimiento de las obras (esencia y naturaleza de la pr\u00e1ctica creativa), tan solo indica una constancia y la aspereza de un terreno fustigado, muchas veces, por discusiones ajenas a lo literario. As\u00ed pues, en las l\u00edneas que siguen se resaltan algunas materializaciones (tem\u00e1ticas, estil\u00edsticas, formales) del arco 2001- 2016; un examen sint\u00e9tico que deja fuera el an\u00e1lisis de conjuntos narrativos pertenecientes a un autor espec\u00edfico en favor del estudio de casos puntuales o de aspectos relacionados con el campo cultural del lapso. No se trata de una peque\u00f1a historiograf\u00eda ni de un inventario de t\u00edtulos, sino de una valoraci\u00f3n cr\u00edtica hecha con base en las marcas m\u00e1s destacables del per\u00edodo.<\/p>\n<p>2. A fines de la d\u00e9cada del ochenta (febrero 27-marzo 03 de 1989) se produce \u00abEl Caracazo\u00bb, un mot\u00edn generalizado que devino ruptura del tejido civil, el cual alcanz\u00f3 una trascendencia que a\u00fan no logramos asimilar en todos sus matices, no obstante la considerable bibliograf\u00eda que en varias disciplinas hoy podemos reunir<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>. Acaso por ello todav\u00eda contin\u00faa apareciendo, con la fuerza de un trauma simb\u00f3lico, en nuestras expresiones literarias, bien como simple referencia para ubicarnos en las temporalidades representadas o como n\u00facleo argumental de las creaciones. No quepa duda, aquellos eventos modificaron el tranquilo discurrir de una literatura que, obviando los aspavientos promovidos por los \u00faltimos dos grupos po\u00e9ticos de que tenemos cuenta \u2013Tr\u00e1fico y Guaire, se hab\u00eda mantenido dentro de los contornos de una pr\u00e1ctica escritural que logr\u00f3 sobreponerse a las urgencias sociales gracias a una puesta en escena m\u00e1s est\u00e9tica, a tono con las bondades que un Estado boyante, desde el punto de vista econ\u00f3mico, ofrec\u00eda a sus artistas.<\/p>\n<p>Conviene recordar que en los a\u00f1os ochenta a\u00fan disfrut\u00e1bamos (pese al \u00abviernes negro\u00bb de 1983)<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a> los beneficios de la alt\u00edsima renta petrolera del decenio anterior, lo cual hizo posible sostener varias empresas culturales que, en el caso del libro, se galvanizaron en editoriales, premios, bolsas de trabajo y apoyo a la investigaci\u00f3n. Los ochenta, entonces, significaron el aparente despabilamiento de los escritores res- pecto del m\u00edtico horizonte de los sesenta, la llamada\u00a0\u00abd\u00e9cada violenta\u00bb, que hizo creer a muchos (a casi todos) que el ejercicio de la literatura no era m\u00e1s que un ap\u00e9ndice de la lucha pol\u00edtica \u2013armada o de ideas\u2013 para imponer un sistema de gobierno distinto a la democracia representativa instaurada en 1959<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a>.<\/p>\n<p>Ese horizonte se convirti\u00f3 en una barrera que rebaj\u00f3 las producciones de los setenta a meros divertimentos en los que el lenguaje y las estructuras fagocitaban los temas y la claridad expositiva. Quiz\u00e1 generalizo; no obstante, es l\u00f3gico que una vez modificadas las circunstancias econ\u00f3micas a partir de 1974 como consecuencia del boom en los precios del petr\u00f3leo de aquel momento, resultaba inoportuno exigir un cambio en la organizaci\u00f3n del Estado si \u00e9ste repart\u00eda, mal que bien, dispendiosas prebendas a quienes antes lo adversaban<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a>. As\u00ed, en los ochenta los escritores asumen las lecciones del pasado reciente y se vuelven m\u00e1s precavidos en el manejo de los elementos composicionales al subsumir en la materia narrativa sus posibles aspiraciones reformistas. De ese modo los versos se tornan m\u00e1s inteligibles sin abandonar la hondura reflexiva, los cuentos y novelas diversifican sus proyecciones de dise\u00f1o y contenido, los ensayos se ocupan casi con exclusividad de asuntos literarios. Por supuesto, la crisis monetaria de 1983 puso en evidencia el fr\u00e1gil artesonado de un pa\u00eds sin verdaderas destrezas econ\u00f3micas. Con todo, la narrativa, casi toda ella financiada por entidades gubernamentales, alcanz\u00f3 niveles que no se observaban desde los d\u00edas de Pa\u00eds port\u00e1til (1968), de Adriano Gonz\u00e1lez Le\u00f3n. Entonces, ocurri\u00f3 \u00abEl Caracazo\u00bb.<\/p>\n<p>3. Si bien las manifestaciones art\u00edsticas no deben estudiarse como el resultado de una l\u00ednea ascendente que, comenzando desde una germinal potencialidad, se desarrollar\u00edan hasta alcanzar grados de solidez y excelencia (como pensaban los positivistas del siglo XIX), no puede negarse que a principios de la d\u00e9cada del noventa las din\u00e1micas de fomento de la literatura venezolana se vieron disminuidas debido a la quiebra que signific\u00f3 aquel levantamiento social. Los noven- tas se inician en medio de un profundo deterioro de las condiciones generales de vida del pa\u00eds, las cuales se revelaron de inmediato en el mapa literario no solo por el trasiego de esos escenarios a los textos en forma de temas o motivos, sino por la ca\u00edda del apoyo sufra- gado por el Estado: las m\u00e1s importantes editoriales, que a su vez fung\u00edan como cabales promotoras de nuestros escritores (Monte \u00c1vila, Fundarte, La Casa de Bello)<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">[5]<\/a>, redujeron dr\u00e1sticamente su producci\u00f3n debido a las contracciones econ\u00f3micas. Es la \u00e9poca cuando aparecen las denominadas \u00abedito- riales alternativas\u00bb (La Liebre Libre, Troya, Peque\u00f1a Venecia, Mucuglifo, Angria, Imaginaria), algunas subsidiadas con m\u00ednimos aportes del desaparecido Consejo Nacional de la Cultura; otras, resistiendo en un precario mercado. Como se ve, se trat\u00f3 de un deprimido ambiente en que la cauda del \u00abCaracazo\u00bb a\u00fan se palpaba en los cientos de establecimientos en ruinas (abastos, farmacias, zapater\u00edas) y en la pesada atm\u00f3sfera de desencanto que se apoder\u00f3 sin remedio de las sensibilidades.<\/p>\n<p>La manera como se asumi\u00f3 ese desencanto tuvo, visto los avatares a que nos hemos enfrentado desde aquellas fechas, curiosas resoluciones. Ciertos narra- dores se sirvieron del \u00abCaracazo\u00bb para explicar, en clave ficticia, las razones pol\u00edticas que produjeron el tumulto, como se lee en varios pasajes de Despu\u00e9s Caracas (1995), de Jos\u00e9 Balza y hasta en t\u00edtulos m\u00e1s recientes: La ciudad vencida (2014), de Yeniter Poleo. Sin duda, esto indica el recrudecimiento del uso de materiales literarios para menesteres de car\u00e1cter sociologizante (muy atenuados, como dijimos, en los ochenta), pero sin menoscabo del sentido pl\u00e1stico de las piezas. Un rasgo caracterizador, sea el caso de decirlo, de buena parte de la novela en Venezuela (y en Am\u00e9rica Latina) que en tiempos de conmociones suele cargar las tintas.<\/p>\n<p>De la exposici\u00f3n de causas algunos pasaron a la nostalgia e incluso al llamado por una periclitada era de efervescencias reivindicativas: Ricardo Azuaje logra notoriedad con su primera nouvelle, Juana La Roja y Octavio El Sabrio (1991), porque all\u00ed se cuestionaba, a trav\u00e9s de uno de los personajes, el sustento ideol\u00f3gico de quienes \u2013en el mundo real\u2013 participa- ron en la fallida lucha guerrillera de los a\u00f1os sesenta. En esa brev\u00edsima novela se muestra una de las debilidades que hizo fracasar aquel sue\u00f1o de transformaci\u00f3n: la falta de conocimiento de la doctrina marxista y sus derivados, la ausencia de un verdadero esp\u00edritu cr\u00edtico y de estudio en el grueso de las filas militantes de la izquierda venezolana que pretend\u00eda desplazar por las armas al Gobierno. Un dejo de tristeza infiltra asimismo la trama: suerte de mensaje cifrado que se lamenta por la derrota y la consecuente pacificaci\u00f3n en 1969 de los facciosos<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">[6]<\/a>.<\/p>\n<p>Esta postura nost\u00e1lgica respecto de las idealizaciones del sesenta, tomemos otro ejemplo, se incrementa en la novela con la cual se da a conocer Israel Centeno: Calletania (1992); un alegato simb\u00f3lico, podr\u00eda decirse, sobre la p\u00e9rdida de direccionalidad en las propuestas literarias subsiguientes al repliegue de las guerrillas y al brusco cambio del panorama econ\u00f3mico en los setenta que inyect\u00f3 dinero en todas las instancias de la vida p\u00fablica hasta 1983 y que concluye, dolorosamente, con \u00abEl Caracazo\u00bb. En esta obra antiguos izquierdistas comprometidos con la lucha armada se transmutan, una vez legalizados sus partidos, en una especie de agentes sui g\u00e9neris del orden: evitan que en el barrio prospere el tr\u00e1fico de drogas, pero ellos, nobles defensores del bien com\u00fan, trapichean y consumen, juegan a la doble moral de la sobrevivencia: ahora el enemigo es quien invade el territorio de venta de estupefacientes, un inusitado giro demag\u00f3gico y capitalista.<\/p>\n<p>Lo interesante es que la historia de Calletania deja entrever la necesidad de recuperar el v\u00ednculo con los anhelos colectivistas de los sesenta, con el sue\u00f1o de establecer una rep\u00fablica a la manera de la Cuba revolucionaria (y en alg\u00fan fugaz momento \u2013sugiere la trama\u2013 con la dictadura de Marcos P\u00e9rez Jim\u00e9nez) pero, sobre todo, hace ostensible el deseo de reconectarse con la asunci\u00f3n del compromiso pol\u00edtico tal como en los d\u00edas candentes del conflicto inspirado en la gesta cubana lo hicieron los autores que apostaron, sin \u00e9xito, por un cambio. Es decir, en Calletania se suspira por la vuelta de un sujeto escritor con firmes ideales (advierto: no es que los de hoy no los tengan) que lo impulse a tomar acciones f\u00edsicas, no solo imaginarias, en detrimento de su carrera o incluso de su vida. Lo cual resulta cuando menos contradictorio si observamos que el mismo Centeno es el autor de El complot (2002), novela donde se alegoriza el trunco asesinato de un radical presidente de izquierda muy amigo de Fidel Castro y l\u00edder de una supuesta revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Estas oscilaciones argumentales e ideol\u00f3gicas (metaforizar un asunto pol\u00edtico de modo positivo y luego satanizarlo) ser\u00e1n comunes en muchas obras de la d\u00e9cada inaugural del siglo XXI. Tanto m\u00e1s despu\u00e9s de la irrupci\u00f3n de Hugo Ch\u00e1vez en nuestro accidentado devenir, como veremos m\u00e1s adelante.<\/p>\n<p>En general, los noventa constituyeron un \u00e1rido espacio de producci\u00f3n narrativa en virtud de las restricciones editoras de las casas del Estado, de la d\u00e9bil situaci\u00f3n socioecon\u00f3mica y del letargo colectivo efecto del \u00abCaracazo\u00bb<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">[7]<\/a>.<\/p>\n<p>En este dificultoso panorama el rol de varias entidades privadas ser\u00eda crucial para dar continuidad a ciertas iniciativas literarias: las lecturas de textos (con sus respectivas ediciones) en la desaparecida Fundaci\u00f3n Banco Uni\u00f3n, los libros de la Fundaci\u00f3n Bigott, la labor editorial de la Fundaci\u00f3n Polar, entre otras instituciones del mismo signo.<\/p>\n<p>Al cierre de la d\u00e9cada s\u00famese un nuevo factor: el fen\u00f3meno natural con saldo de muertos y desaparecidos a\u00fan incalculables: la vaguada de 1999, leitmotiv de numerosas obras. Este inesperado suceso pronto deriv\u00f3 en interpretaciones s\u00edgnicas a veces exagera- das, como las que emprenden ciertos ensayistas y cr\u00edticos al considerar aquel acontecimiento una res- puesta a los profundos cambios sociopol\u00edticos generados con la llegada de Hugo Ch\u00e1vez a la Presidencia de la Rep\u00fablica. Y es que la llamada \u00abTragedia de Vargas\u00bb es otra de nuestras heridas abiertas. De ah\u00ed su recurrencia en poemas y cuentos, novelas y ensayos, y en estudios de toda \u00edndole. \u00bfFueron negligentes las autoridades al atender la emergencia? \u00bfPudo haberse efectuado un desalojo preventivo en las zonas m\u00e1s vulnerables, sobre todo si recordamos que las intensas lluvias que ocasionaron el deslave se desataron d\u00edas antes de la fat\u00eddica noche? No debe olvidarse que esa semana se verific\u00f3 el refer\u00e9ndum aprobatorio de la Constituci\u00f3n de la Rep\u00fablica impulsado por el Gobierno<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\">[8]<\/a>.<\/p>\n<p>Sea lo que fuere, aquella calamidad incide en distintos planos (argumentales, sem\u00e1nticos, como simple referencia) de la arquitectura literaria de decenas de vol\u00famenes publicados en lo que llevamos de tercer milenio. Se trata, sin duda, de una estrategia que busca aceptar unos hechos desmesurados e incomprensibles, de una f\u00f3rmula que se apoya en los mecanismos de simbolizaci\u00f3n de la palabra con el fin de producir verbalizaciones que aten\u00faen el impacto de un destino cumplido. En el futuro mediato seguiremos top\u00e1ndonos con estos intentos \u2013quiz\u00e1 in\u00fatiles, pero imperiosos\u2013 por descubrir los entresijos de la vaguada.<\/p>\n<p>De manera tal que, marcados al alba por \u00abEl Caracazo\u00bb y por la \u00abTragedia de Vargas\u00bb en el cierre, los noventa no resultaron muy halag\u00fce\u00f1os para el oficio de la narrativa, aunque proveer\u00edan suficientes motivos (temas, historias) al creador. Este enrarecido ambiente se complicar\u00e1 todav\u00eda m\u00e1s en 1992 con la entrada de Hugo Ch\u00e1vez en nuestro imaginario, un s\u00fabito ingreso p\u00fablico de in\u00e9ditas consecuencias para el pa\u00eds y su quehacer est\u00e9tico.<\/p>\n<p>4. La ma\u00f1ana del 4 de febrero de 1992 todos los venezolanos est\u00e1bamos pegados a la pantalla del televisor para conocer a los l\u00edderes del movimiento que desde la madrugada intentaba derrocar al Presidente de la Rep\u00fablica. Apenas apareci\u00f3 el teniente coronel Hugo Ch\u00e1vez asumiendo la responsabilidad del fracasado putsch, su imagen se tornar\u00eda presencia constante en los medios de comunicaci\u00f3n, plataforma que pronto se convirti\u00f3 en la m\u00e1s valiosa herramienta para intentar construir el mito en torno de su personalidad.<\/p>\n<p>Pese al fracaso de la insurrecci\u00f3n de febrero, remanentes militares de la asonada emprendieron otro intento de golpe el 27 de noviembre del mismo a\u00f1o con igual resultado: el descalabro de los sediciosos por tropas leales al Gobierno. No obstante el infortunio de ambas sublevaciones, la figura del comandante \u00a0y su entorno colonizaron la imaginaci\u00f3n de amplios sectores de la sociedad, trocando a los perdedores en h\u00e9roes de la escaramuza. La narrativa, c\u00f3mo no, recoger\u00eda los vaivenes, entuertos y contradicciones originados por el moment\u00e1neo vapuleo del orden constitucional; en 1997 Juan Carlos M\u00e9ndez Gu\u00e9dez recrea el segundo de los frustrados alzamientos en Retrato de Abel con isla volc\u00e1nica al fondo y de manera premonitoria constela situaciones que luego se verificar\u00edan en la realidad venezolana al despuntar el siglo XXI.<\/p>\n<p>El caso de la novela de M\u00e9ndez Gu\u00e9dez es uno entre muchos: en adelante, casi todo lo relativo a los militares del MRB-200 (la logia de los golpistas) y su ideario \u2013difundido prolijamente en la prensa\u2013 ser\u00eda pasto de ensayos, narraciones y poemas de forma sostenida hasta los d\u00edas que corren (escribo en 2017). Porque una vez que Hugo Ch\u00e1vez accede por v\u00eda electoral a la presidencia del pa\u00eds en 1998, el modelo de gobierno al que nos acostumbramos desde 1959 da paso a unos procederes personalistas que cre\u00eda- mos vencidos, en el cual se incorporan caprichosos modos de administraci\u00f3n de las funciones p\u00fablicas y pol\u00edticas que contradicen la armon\u00eda de un Estado plural y democr\u00e1tico.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, arribamos a lo que algunos llamamos \u00abla era de Ch\u00e1vez\u00bb: el per\u00edodo en que todas las manifestaciones de la vida venezolana se hallan inficionadas por la figura y ejecutorias de un militar que una vez conquistado el poder develar\u00eda su talante atrabiliario y en muchas ocasiones hasta incivil. Este es el marco dentro del cual se materializa la narrativa venezolana del siglo XXI: una naci\u00f3n en constante pugna respecto del modelo de Estado y Gobierno entre dos bander\u00edas sociales: la que apoya al l\u00edder de la autoproclamada \u00abrevoluci\u00f3n bolivariana\u00bb y, del otro lado, su pertinaz adversario: gran parte de las fuerzas vivas del pa\u00eds.<\/p>\n<p>No es este el sitio para detallar las implicaciones de ese conflicto y los efectos que ello ha causado en nuestra cotidianidad las \u00faltimas dos d\u00e9cadas. Sin embargo, la presencia del chavismo \u2013una forma de operar en el mundo que desborda el terreno de lo pol\u00edtico\u2013 ha sido tan invasiva que la mayor\u00eda de los textos literarios no pueden sustraerse de esa realidad. Esto explica que, apenas se inicia la primera administraci\u00f3n de Hugo Ch\u00e1vez, el ensayo sea el g\u00e9nero m\u00e1s socorrido al punto de que el consorcio internacional Penguin Random House abre en Caracas una franquicia de su sello Debate para publicar t\u00edtulos que trataran de dar respuesta a la demanda de preguntas que el contexto exig\u00eda. Interrogantes sobre el caudillismo, el rev\u00e9s de las instituciones, las fallas de la democracia se convirtieron en apremiante tema- rio. Aunque la abundancia de los ensayos se orienta hacia lo historiogr\u00e1fico-pol\u00edtico y lo sociol\u00f3gico, la literatura se torn\u00f3 referencia decisiva por cuanto la multiforme doctrina chavista combina antojadizas ex\u00e9gesis del pasado hist\u00f3rico con recuerdos literarios entresacados de los cuadros \u00e9picos de Venezuela heroica (1881), de Eduardo Blanco; de la novela Do\u00f1a B\u00e1rbara (1929), de R\u00f3mulo Gallegos; de la reformulaci\u00f3n po\u00e9tico-folcl\u00f3rica Florentino y el diablo (1957), de Alberto Arvelo Torrealba, entre otras recreaciones.<\/p>\n<p>Justo es reconocerlo: el aparatoso y espectacular transcurso de Hugo Ch\u00e1vez en la existencia pol\u00edtica del pa\u00eds constituye una ruptura que ha incidido, por igual, en la psiquis colectiva. Cargado de atavismos, de consejas llaneras y de un pensamiento con visos autocr\u00e1ticos su discurso despert\u00f3 viejos complejos nacionales que de inmediato reactivaron l\u00edneas literarias tambi\u00e9n dormidas: novelas y cuentos sobre h\u00e9roes de la Independencia o montoneros de la Guerra Federal (1859-1863); a veces, sobre guerrilleros del siglo XX. No obstante, como rechazo a esa visi\u00f3n arcaizante pronto se gener\u00f3 una corriente de obras donde los contratiempos instrumentados por el chavismo ser\u00edan recogidos en cientos de tramas narrativas.<\/p>\n<p>De modo pues que impelidos por el medio los escritores asumieron retratar a\u00fan m\u00e1s la turbidez de un ambiente sociopol\u00edtico donde cada d\u00eda se juega la estabilidad de las formas de concordia ciudadana y, qui\u00e9n puede saberlo, su destino como civilizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>5. Una de las caracter\u00edsticas resaltantes del campo literario venezolano de los primeros tres lustros del siglo XXI se relaciona con el volumen de las ediciones de autores locales financiadas por casas transnacionales (Santillana, Ediciones B, Planeta, Norma, Random House Mondadori). Este apoyo se debi\u00f3 quiz\u00e1 a la creencia de que al formar un p\u00fablico cautivo mediante el ensayo era posible llevar agua al molino de otros g\u00e9neros. El discurso ensay\u00edstico lograr\u00eda extraordinario alcance en el mercado gracias a su maleable condici\u00f3n: sin el deber metodol\u00f3gico de producir conclusiones sobre los fen\u00f3menos socio- culturales relacionados con la pol\u00edtica del chavismo, su flexible naturaleza promovi\u00f3 acaso una resuelta demanda de t\u00edtulos (o una desmedida sobre oferta) que al mismo tiempo originar\u00eda la impresi\u00f3n de un inter\u00e9s por la lectura en capas sociales antes refractarias al saber libresco. No hay estad\u00edsticas fiables que avalen los comportamientos del lector en Venezuela (Kozak Rovero, \u00abPol\u00edticas culturales de Estado\u00bb 293- 308); con todo, se hace dif\u00edcil pensar que uno de los reactivos ben\u00e9ficos del proceso \u00abbolivariano\u00bb haya sido el ejercicio de la lectura, tanto m\u00e1s por cuanto muchos de los ejemplares editados por aquellas compa\u00f1\u00edas fueron a parar con rapidez en las ventas de saldos<a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\">[9]<\/a>.<\/p>\n<p>Lo que s\u00ed es cierto es que desde el 2003, al menos, la producci\u00f3n editorial privada (incluyendo la de varias casas nacionales) aumentar\u00eda sus cat\u00e1logos al incorporar nuevos creadores o, simplemente, reedi- tando obras legitimadas por el canon. El Estado, por su parte, indujo una agresiva pol\u00edtica editora que cristaliz\u00f3, a partir de 2005, en la Biblioteca B\u00e1sica de Autores Venezolanos de Monte \u00c1vila (la cual vino a sustituir la c\u00e9lebre colecci\u00f3n Eldorado) y luego, desde 2006, en el establecimiento de la Fundaci\u00f3n Editorial El perro y la rana (adem\u00e1s de las otras instancias gubernamentales dedicadas al rubro). Ambos sectores \u2013el p\u00fablico y el particular\u2013 apostaron por una ostensible difusi\u00f3n de textos literarios convencidos tal vez de la existencia de esos lectores.<\/p>\n<p>Sin pol\u00edticas de lectura efectivas el esfuerzo estatal se ir\u00eda diluyendo en la medida en que se agotaran los recursos (est\u00e1bamos en otra espiral de exorbitantes ingresos petroleros), en tanto que los editores pri- vados se dieron de bruces con la realidad: no hab\u00eda suficientes compradores para un retorno expedito de las inversiones.<\/p>\n<p>Como quiera que sea, entre el 2003 y el 2011, grosso modo, asistimos a una suerte de florecimiento literario sustentado en el n\u00famero de t\u00edtulos publicados, lo cual puso a circular la idea de que quiz\u00e1 viv\u00edamos un boom en el cuento y la novela. La especia alcanzar\u00eda fuerza entre algunos comentaristas y cr\u00edticos, pero su fortuna acab\u00f3 al no soportar el m\u00e1s m\u00ednimo escrutinio: las medidas con base en las cuales se levantaba resultaron espurias: los libros computa- dos pertenec\u00edan s\u00f3lo a empresas privadas, en muchas ocasiones los tirajes (por lo general, bajos) no llega- ron a abandonar los almacenes, la efervescencia se restringi\u00f3 a piezas espec\u00edficas.<\/p>\n<p>Ahora bien, es indudable que esta omn\u00edmoda apuesta editorial trajo provechosos corolarios: con cursos, ferias, congresos, foros, charlas. La bonanza coincidi\u00f3, asimismo, con el despunte de las redes sociales (revistas electr\u00f3nicas, blogs) y con el ingreso, digamos, de una nueva generaci\u00f3n de narradores publicitada por el mismo \u00edmpetu<a href=\"#_ftn10\" name=\"_ftnref10\">[10]<\/a>. La movilidad del ambiente no implicaba, sin embargo, un corre- lato en la buena marcha del mercado ni en el calado de las obras en una amplia lector\u00eda, salvo casos muy puntuales (la narrativa de Fedosy Santaella, las novelas de Eduardo S\u00e1nchez Rugeles, los textos h\u00edbridos de H\u00e9ctor Torres). No quiero decir que las nov\u00edsimas letras del pa\u00eds se precipitaron, apenas salidas de la imprenta, al olvido; tan solo se mantuvieron en los niveles de venta y lectura (mis c\u00e1lculos son emp\u00edricos) a que nos hemos acostumbrado, pese a la batahola y al obvio aumento demogr\u00e1fico que puede influir en una err\u00e1tica percepci\u00f3n.<\/p>\n<p>Con todo, debe reconocerse que en los primeros a\u00f1os del siglo XXI tres libros se tomaron como prueba del supuesto boom: Falke (2004), de Federico Vegas; La enfermedad (2006), de Alberto Barrera Tyszka; y El pasajero de Truman (2008), de Francisco Suniaga. Es sabido que la novela, en tanto estructura literaria donde convergen variadas aspiraciones para tratar de comprender el sinuoso comportamiento humano, es el g\u00e9nero representativo de la cultura occidental desde, por lo menos, fines del siglo XIX. M\u00e1s a\u00fan, resulta el formato que emancipa, en el contexto de la globalizaci\u00f3n, la literatura de un pa\u00eds. Por ello, cuando en 2006 La enfermedad, de Barrera Tyszka, obtiene el Premio Herralde de Novela fallado por la Editorial Anagrama (Barcelona, Espa\u00f1a) muchos pensaron que al fin nuestros materiales literarios (no solo la narrativa) se proyectar\u00edan internacionalmente. (Barrera ratificar\u00eda el dominio de sus recursos expresivos al hacerse merecedor de otro importante certamen: el Premio Tusquets de Novela 2015 por Patria o muerte, pero ya nadie hac\u00eda referencias al hipot\u00e9tico boom ni a nada parecido).<\/p>\n<p>Por supuesto, la pieza de Barrera Tyszka llen\u00f3 de justos r\u00e9ditos a su creador (ha sido traducida a varios idiomas y, por segunda vez, premiada en China); sin embargo, respecto de su potencial entendimiento como avanzadilla para dar a conocer la escritura creativa de Venezuela en el exterior la repercusi\u00f3n fue relativa. Por ejemplo, la Editorial Candaya de Barcelona (Espa\u00f1a) se dio a la tarea, a partir de 2004, de publicar algunos autores venezolanos consagra- dos por la tradici\u00f3n: Mar\u00eda Auxiliadora \u00c1lvarez, Jos\u00e9 Barroeta, Victoria de Stefano, Ednodio Quintero. Lo mismo vale para la valenciana Pre-Textos con la salvedad de que esta casa editora ha publicado, hasta el momento cuando escribo, tres autores recientes: Adalber Salas Hern\u00e1ndez (Premio Arcipreste de Hita 2014), Fedosy Santaella (Premio Internacional Ciudad de Barbastro 2016 y finalista del Herralde de Novela en 2013) y Camilo Pino. (Los otros escritores integrados al cat\u00e1logo de Pre-Textos pertenecen a generaciones anteriores y a varios g\u00e9neros: Igor Barreto, Rafael Cadenas, Vicente Gerbasi, Gustavo Guerrero, Antonio L\u00f3pez Ortega, Yolanda Pantin, Luis P\u00e9rez Oramas). \u00bfHay un inter\u00e9s por lo venezolano? S\u00ed, pero muy comedido y, sobremanera, por autores reputados.<\/p>\n<p>En relaci\u00f3n con Falke y El pasajero de Truman la resonancia de estas obras se debi\u00f3 a factores distintos a los vinculados con el \u00e9xito de Barrera Tyszka y La enfermedad (un trabajo novelesco con ostensible densidad l\u00edrica). Federico Vegas, hasta ese momento poco conocido en el ambiente literario \u2013pese a sus libros sobre arquitectura, a tres vol\u00famenes de cuentos y a una nouvelle\u2013, de pronto ve ampliado su radio de influencia cuando recrea en Falke (2004) un traum\u00e1tico episodio de nuestra historia: la fallida expedici\u00f3n de un grupo de militares y civiles contra la tiran\u00eda de Juan Vicente G\u00f3mez en 1929. Esta an\u00e9cdota calz\u00f3 muy bien en una sociedad polarizada (la posterior al golpe de Estado sufrido en 2002 por el gobierno de Hugo Ch\u00e1vez y su rutilante vuelta)<a href=\"#_ftn11\" name=\"_ftnref11\">[11]<\/a> pues acaso serv\u00eda para ilustrar, metaf\u00f3ricamente, los acontecimientos vividos en el pa\u00eds (manifestaciones callejeras, paro petrolero, oposici\u00f3n de gremios empresariales) entre el 2001 y el 2003, y para evidenciar c\u00f3mo cier- tos sectores pol\u00edticos pretendieron sustituir, de forma muy torpe e il\u00edcita, al r\u00e9gimen chavista. En adelante, la carrera de Vegas como narrador no ha hecho m\u00e1s que consolidarse.<\/p>\n<p>Por su parte, la entrada de Francisco Suniaga en el escenario de nuestra literatura se produjo de forma categ\u00f3rica: en 2005 publica La otra isla, una novela bien articulada \u2013profunda\u2013 que atrap\u00f3 con celeridad la atenci\u00f3n del p\u00fablico y la cr\u00edtica. Ese prometedor inicio agenciar\u00eda la edici\u00f3n de El pasajero de Truman (2008), texto que, igual que Falke de Vegas, fue recibido por un saturado contexto sociopol\u00edtico que tal vez entendi\u00f3 la historia narrada \u2013un funcionario de relaciones exteriores camino a la Presidencia de la Rep\u00fablica\u2013 en una perspectiva aleg\u00f3rica: la demencia del protagonista constituye quiz\u00e1 una representaci\u00f3n de la enfermedad del poder. M\u00e1s todav\u00eda al considerar que el autor model\u00f3 ese personaje con base en una importante figura hist\u00f3rica venezolana. Suniaga ha publicado otros trabajos, pero a\u00fan no supera, todo hay que decirlo, la efectividad de sus dos primeros t\u00edtulos.<\/p>\n<p>Completemos el cuadro con un texto adicional: Blue Label\/Etiqueta azul (2010), de Eduardo S\u00e1nchez Rugeles, ganadora de la \u00fanica edici\u00f3n del Premio Arturo Uslar Pietri. En esta novela el autor fija un momento distintivo de nuestra existencia sociocultural mediante una sencilla trama: la b\u00fasqueda de un abuelo franc\u00e9s perdido en Los Andes venezolanos a quien la protagonista (estudiante de secundaria de un costoso colegio) desea exigirle el reconocimiento de su parentela gala y de esa manera abandonar \u2013con nuevo gentilicio\u2013 el pa\u00eds. Marcharse era el deseo de miles de coterr\u00e1neos (a\u00fan lo es) al momento de publicarse la obra, de all\u00ed su arraigo entre los j\u00f3venes de clase media. Este motivo parece haber accionado un dispositivo pulsional que hizo de la pieza un fetiche y, por supuesto, un \u00e9xito de ventas. S\u00e1nchez Rugeles ha continuado explorando en sus textos narrativos la condici\u00f3n juvenil con sostenida aquiescencia.<\/p>\n<p><strong>Estos lodos<\/strong><\/p>\n<p>6. De modo pues que este es el contexto en el cual se despliega buena parte del cuento venezolano de los lustros iniciales del siglo XXI. Sobra a\u00f1adir que el peso del referente extraliterario (lo social, la pol\u00edtica, lo antropol\u00f3gico) no disminuye los valores art\u00edsticos que componen las obras. Antes bien, se engrana a la maquinaria est\u00e9tica y de esa manera se nos ofrece una interpretaci\u00f3n pl\u00e1stica de la realidad. En este sentido, puede se\u00f1alarse que la violencia \u2013en cualquiera de sus manifestaciones\u2013 resulta uno de los temas recurrente en muchos de los relatos del lapso que cubre este art\u00edculo. As\u00ed, por ejemplo, queda retratado en<\/p>\n<p>\u00abMelod\u00eda desencadenada\u00bb (un hombre mata a otros por causas f\u00fatiles 125-137), de H\u00e9ctor Torres, y en varios de los textos que integran Gasolina (2012), de Eduardo Febres. Destaca, por la manera brutal en que se desarrollan las acciones (violaci\u00f3n y muerte de una chica), el trabajo \u00ab300 gramos de sexo de baja pureza\u00bb (95-109), de Omar Mesones, y el volumen Payback (2009), de Lucas Garc\u00eda Par\u00eds, donde el\u00a0 tratamiento de la maldad no tiene, en muchos casos, la m\u00e1s m\u00ednima traza etiol\u00f3gica<a href=\"#_ftn12\" name=\"_ftnref12\">[12]<\/a>.<\/p>\n<p>No obstante, y como acontece en todo sistema literario, otros temas obseden las necesidades crea- tivas de los cuentistas venezolanos del per\u00edodo: las pulsiones sexuales, los desenga\u00f1os amorosos (con sus cuotas de soledad y a veces de melodrama), los conflictos familiares, el exilio voluntario. As\u00ed, el sexo como motivaci\u00f3n b\u00e1sica que acciona el comporta- miento de los personajes se condensa en el libro de Leo Felipe Campos Sexo en mi pueblo (2009), pero tambi\u00e9n destaca en los conjuntos narrativos Y nos pegamos la fiesta (2014), de V\u00edctor Alarc\u00f3n; H\u00e9roes (2012), de Mardon Arismendi; El \u00faltimo d\u00eda de mi reinado (2014), de Manuel Gerardo S\u00e1nchez, respectivamente. Y en docenas de relatos de otros cuentistas; verbigracia: \u00abJorge y el drag\u00f3n\u00bb (35-57), de Enza Garc\u00eda Arreaza; \u00abLa carpa\u00bb (105- 120), de Federico Vegas; \u00abLa \u00faltima foto\u00bb (11-15) (aqu\u00ed con tintes incestuosos y perversos), de Carlos Villarino<a href=\"#_ftn13\" name=\"_ftnref13\">[13]<\/a>.<\/p>\n<p>En relaci\u00f3n con las derrotas ocasionados por el amor varios de los textos de Gabriel Payares recogidos en sus tres libros: Cuando bajaron las aguas (2008), Hotel (2012) y Lo irreparable (2016) constituyen s\u00f3lidas incursiones en el tema. Lo mismo hallamos en los vol\u00famenes El amor en tres platos (2007) y El regalo de Pandora (2011), ambos de H\u00e9ctor Torres; y en Las guerras \u00edntimas (2011), de Roberto Mart\u00ednez Bachrich; Piernas de tenista rusa (2012), de Jes\u00fas Ernesto Parra; y Ana no duerme (2007), de Keila Vall De la Ville, entre otros autores y t\u00edtulos.<\/p>\n<p>Por su parte, Miguel Hidalgo Prince en el libro Todas las batallas perdidas (2012) y Leopoldo Tablante en Mujeres de armas temer (2005) escriben con perspicacia acerca de los conflictos generados en familias que no aceptan oficios u orientaciones sexuales en algunos de sus miembros (una tendencia expresiva recorrida, asimismo, por otros narradores).<\/p>\n<p>Las \u00faltimas dos d\u00e9cadas Venezuela ha conocido el fen\u00f3meno de la emigraci\u00f3n. Hasta la llegada de Hugo Ch\u00e1vez al poder, los venezolanos no sol\u00edamos establecernos en otros territorios; la crisis sociopol\u00edtica y sus derivados econ\u00f3micos ha hecho que millones de connacionales<a href=\"#_ftn14\" name=\"_ftnref14\">[14]<\/a> abandonen el pa\u00eds en procura de mejores condiciones de vida. Esta situaci\u00f3n ha impactado, desde al menos 2002, la faena narrativa al extremo de que, como en el caso del mal llamado boom, algunos comentaristas perciben la existencia de una \u00abliteratura venezo- lana del exilio\u00bb; un asunto sin duda problem\u00e1tico debido a las implicaciones que el t\u00e9rmino \u00abexilio\u00bb comporta en Am\u00e9rica Latina cuando se asocia a diversas trayectorias escriturales (citemos tres casos notorios: Guillermo Cabrera Infante, \u00c1ngel Rama, Roberto Bola\u00f1o). Fuera lo que fuere, hay dibu- jos del tema en textos de varios autores: Rodrigo Blanco Calder\u00f3n (\u00abFlamingo\u00bb 123-142), Liliana Lara (\u00abLos jardines de Salom\u00f3n\u00bb 99-131), Jes\u00fas Miguel Soto (\u00abLa rep\u00fablica de Fennelly\u00bb 105-116); y en otros autores anteriores, como Juan Carlos Chirinos, Miguel Gomes, Juan Carlos M\u00e9ndez Gu\u00e9dez, Slavko Zupcic<a href=\"#_ftn15\" name=\"_ftnref15\">[15]<\/a>.<\/p>\n<p>Otro aspecto tem\u00e1tico \u2013producto quiz\u00e1 del con- texto\u2013 se relaciona con una especie de desasimiento en el comportamiento de los personajes, un dejarse vivir por las circunstancias, digamos, pero sin ning\u00fan tipo de nihilismo. Es lo desencadena las acciones en varios de los cuentos de Carlos \u00c1vila recogidos en Desde el caleidoscopio de Dios (2006) y en Mujeres reci\u00e9n ba\u00f1adas (2008); tambi\u00e9n en los trabajos de Hensli Rahn integrados en Dinero f\u00e1cil (2014) y en los de Ricardo Waale que forman parte de Memorias en la laguna (2003).<\/p>\n<p>Si bien los temas de la narrativa breve en Venezuela publicada entre 2001 y 2016 dan para emprender un trabajo de an\u00e1lisis mayor<a href=\"#_ftn16\" name=\"_ftnref16\">[16]<\/a>, ahora quiero detenerme en otras particularidades que, por igual, destacan en aquellas materializaciones: el empleo de otras especificidades discursivas sin riesgo de la estructura genol\u00f3gica y los equipajes simb\u00f3licos de los que se apropian los narradores en el aparejo de sus historias. Aun cuando podr\u00eda resultar una herramienta peli- grosa en un formato breve como el cuento, el uso del tono ensay\u00edstico sostiene muchas de las an\u00e9cdotas en las composiciones de Jos\u00e9 Tom\u00e1s Angola conjuntadas en Todas las ciudades son Isabel (2010) y en La mirada del suicida al caer y otros relatos (2016). Otro tanto ocurre en varias piezas del libro Peque\u00f1os episodios (2007), de David Colina G\u00f3mez, y en los cuentos del tomo El infierno era como Plat\u00f3n dec\u00eda (2015), de Marino Nava Contreras.<\/p>\n<p>En el campo de los enseres arquitect\u00f3nicos \u2013llam\u00e9- moslos de ese modo\u2013 sobresalen los montajes pare- cidos a los seriales de televisi\u00f3n estadounidenses en los relatos de Fedosy Santaella (Piedras lunares 2008, Terceras personas 2015); Roberto Echeto (Breviario galante 2004, La m\u00e1quina cl\u00e1sica 2011); Salvador Flej\u00e1n (Intriga en el Car Wash 2006, Miniaturas salvajes 2012); Mario Morenza (Pasillos de mi memoria ajena 2007, La senda de los di\u00e1logos perdidos 2008). Asimismo, es obvia la adscripci\u00f3n al c\u00f3mic en los textos de Lucas Garc\u00eda Par\u00eds ya referidos, pero tambi\u00e9n en los de Echeto y en algunos de Santaella. Las imitaciones de formas prefijadas: cuaderno de apuntes, correo electr\u00f3nico, carta, cr\u00f3nica, informe devienen recursos frecuentes.<\/p>\n<p>Hay, asimismo, atisbos de peque\u00f1os Bildungsromans, si se me permite el salto de g\u00e9nero, en piezas de Angola, Campos, Concari, Rahn, Vegas. Los juegos metaficcionales se perciben en casi todos los cuentistas del per\u00edodo, entre los que des- tacan los relatos de Krina Ber contenidos en Para no perder el hilo (2009) y los de Rodrigo Blanco Calder\u00f3n que forman parte de Las rayas (2011).<\/p>\n<p>Respecto de las subcategor\u00edas del g\u00e9nero, se constata el empleo de dispositivos del relato negro o del policial en los trabajos de Echeto, Flej\u00e1n, Morenza, Santaella. Por su parte, el cuento fant\u00e1stico es catalizado por unos pocos (Mart\u00ednez Bachrich, Colina G\u00f3mez, Santaella); entretanto, el rubro de la ciencia ficci\u00f3n tiene en John Manuel Silva un solvente practicante (Afrodita C. A. y otras empresas fracasadas 2014).<\/p>\n<p>Finalizo con un balance sobre el equipaje de bienes simb\u00f3licos que contienen muchos cuentos del arco temporal 2001-2016. En ellos es notable la necesidad de representar actividades y gui\u00f1os ideo- l\u00f3gicos de la clase media venezolana, acaso como un intento de sobrevivencia ante el moroso desmantelamiento social al que se ha visto sometida en estos a\u00f1os, pero sin duda como cr\u00edtica feroz a sus fr\u00edvolas actitudes. En contraparte, numerosos relatos perfilan, a veces con marcado expresionismo, algunos de los asideros espirituales y los sue\u00f1os de las clases eco- n\u00f3micas menos solventes (Granizo 2011, de Dayana Fraile; 24 2010, de Luis Laya; Cuentafarsas 2010, de Sol Linares).<\/p>\n<p>De manera global, abundan las referencias musicales. Tr\u00e1tese de interpretaciones acad\u00e9micas o populares, en innumerables cuentos del lapso las historias giran en torno de los versos de una melod\u00eda o de extra\u00f1as ligaduras sonoras. En otros casos, el arte musical sirve de cortina o fondo para las acciones ejecutadas por los personajes. Junto con la m\u00fasica aparecen otras marcas recurrentes de la cultura pop: superh\u00e9roes de dibujos animados y de series, cantantes, actores cinematogr\u00e1ficos. Es com\u00fan toparse con muchas an\u00e9cdotas cuyo soporte argumental es una pel\u00edcula o una evocaci\u00f3n televisiva. No obstante el auge de utensilios pop trufados en las piezas, la llamada cultura institucionalizada ti\u00f1e de sabidur\u00eda unas cuantas historias. Las referencias a obras pict\u00f3ricas, literarias, filos\u00f3ficas, oper\u00edsticas y de la denominada m\u00fasica cl\u00e1sica son, por igual, frecuentes.<\/p>\n<p>Concluyo con una curiosidad: en decenas de tex- tos la representaci\u00f3n de las drogas ha sido despojada de todo estigma moral; cumple, si se quiere, una funci\u00f3n recreativa. Este apretado panorama del cuento venezolano apenas roza el universo de un sistema narrativo que, por fuerza de las circunstancias, sobrevive en medio de un inaudito caos social. Una situaci\u00f3n lamentable que no parece tener una mediata salida favorable para el bien com\u00fan. Contra todo, la literatura trata de mantener vivos ciertos valores mientras retrata, sin quebranto para el arte, la tragedia de un pa\u00eds en bancarrota.<\/p>\n<p><strong>Bibliograf\u00eda<\/strong><\/p>\n<p>Alarc\u00f3n, V\u00edctor. Y nos pegamos la fiesta. Caracas: Editorial Equinoccio, 2014.<\/p>\n<p>Angola, Jos\u00e9 Tom\u00e1s. La mirada del suicida al caer y otros relatos. Caracas: Los Libros de El Nacional, 2016.<\/p>\n<p>Angola, Jos\u00e9 Tom\u00e1s. Todas las ciudades son Isabel. Caracas: Editorial Equinoccio, 2010.<\/p>\n<p>Arismendi, Mardon. H\u00e9roes. Caracas: Fundarte, 2012.<\/p>\n<p>Arvelo Torrealba, Alberto. Florentino y el diablo. Caracas: Editorial Rex, 1957.<\/p>\n<p>\u00c1vila, Carlos. Desde el caleidoscopio de Dios. Caracas: Editorial Equinoccio, 2006.<\/p>\n<p>\u00c1vila, Carlos. Mujeres reci\u00e9n ba\u00f1adas, Caracas: Random House Mondadori, 2008.<\/p>\n<p>Azuaje, Ricardo. Juana La Roja y Octavio El Sabrio. Caracas: Fundarte, 1991.<\/p>\n<p>Balza, Jos\u00e9. Despu\u00e9s Caracas. Caracas: Monte \u00c1vila Editores Latinoamericana, 1995.<\/p>\n<p>Barrera Tyszka, Alberto. La enfermedad. Barcelona, Espa\u00f1a: Editorial Anagrama, 2006.<\/p>\n<p>Ber, Krina. Para no perder el hilo. Caracas: Random House Mondadori, 2009.<\/p>\n<p>Blanco Calder\u00f3n, Rodrigo. \u00abFlamingo\u00bb. Las rayas. Caracas: Ediciones Puntocero, 2011: 123-142.<\/p>\n<p>Blanco Calder\u00f3n, Rodrigo. Las rayas. Caracas: Ediciones Puntocero, 2011.<\/p>\n<p>Blanco Calder\u00f3n, Rodrigo. Los invencibles. Caracas: Random House Mondadori, 2007.<\/p>\n<p>Blanco, Eduardo. Venezuela heroica. Caracas: Imprenta Sanz, 1881.<\/p>\n<p>Campos, Leo Felipe. Sexo en mi pueblo. Caracas: Ediciones Puntocero, 2009.<\/p>\n<p>Centeno, Israel. Calletania. Caracas: Monte \u00c1vila Editores Latinoamericana, 1992.<\/p>\n<p>Centeno, Israel. El complot. Caracas: Alfadil Ediciones, 2002.<\/p>\n<p>Chirinos, Juan Carlos. Homero haciendo zapping. Cuman\u00e1: Direcci\u00f3n de Cultura y Extensi\u00f3n, Universidad de Oriente \/ Fundaci\u00f3n Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre, 2003.<\/p>\n<p>Chirinos, Juan Carlos. La manzana de Nietzsche. Madrid: Ediciones La Palma, 2015.<\/p>\n<p>Chocr\u00f3n, Sonia. La virgen del ba\u00f1o turco y otros cuentos falaces. Caracas: Ediciones B, 2008.<\/p>\n<p>Colina G\u00f3mez, David. Peque\u00f1os episodios. Caracas: Fundaci\u00f3n Editorial El perro y la rana, 2007.<\/p>\n<p>Kozak Rovero, Gisela. \u00abPol\u00edticas culturales de Estado en la Venezuela del siglo xxi (1999-2013). Marcelino Bisbal (ed.). La comunicaci\u00f3n bajo asedio. Balance de 17 a\u00f1os. Caracas: AB UCAB Ediciones, 2016: 293-308.<\/p>\n<p>Kozak Rovero, Gisela. En rojo. Caracas: Editorial Alfa, 2011.<\/p>\n<p>Lara, Liliana. \u00abLos jardines de Salom\u00f3n\u00bb. Los jardines de Salom\u00f3n. Cuman\u00e1: Direcci\u00f3n de Cultura y Extensi\u00f3n, Universidad de Oriente, 2008: 99-131.<\/p>\n<p>Laya, Luis. 24. Caracas: Monte \u00c1vila Editores Latinoamericana, 2010.<\/p>\n<p>Linares, Sol. Cuentafarsas. 2\u00aa. ed. Caracas: Fundarte, 2010.<\/p>\n<p>L\u00f3pez Maya, Margarita et. al. Golpes al vac\u00edo. Reflexiones sobre los sucesos de abril de 2002. Caracas: Lugar Com\u00fan, Cooperativa Editorial, 2012.<\/p>\n<p>L\u00f3pez Maya, Margarita. Del viernes negro al referendo revocatorio. Caracas: Alfadil Ediciones, 2005.<\/p>\n<p>Lozada, Carolina. La culpa es del porno. Caracas: Los Libros de El Nacional, 2013.<\/p>\n<p>Marcotrigiano, Miguel (comp.). Nuestros m\u00e1s cercanos parientes. Breve antolog\u00eda del cuento venezolano de los \u00faltimos 25 a\u00f1os. Madrid: Kalathos Ediciones, 2016.<\/p>\n<p>Mart\u00ednez Bachrich, Roberto. Las guerras \u00edntimas. Caracas: Lugar Com\u00fan, Cooperativa Editorial, 2011.<\/p>\n<p>M\u00e9ndez Gu\u00e9dez, Juan Carlos. Hasta luego, Mister Salinger. Madrid: Editorial P\u00e1ginas de Espuma, 2007.<\/p>\n<p>M\u00e9ndez Gu\u00e9dez, Juan Carlos. Ideogramas. Madrid: Editorial P\u00e1ginas de Espuma, 2012.<\/p>\n<p>M\u00e9ndez Gu\u00e9dez, Juan Carlos. La bicicleta de Bruno y otros cuentos (antolog\u00eda 1990-2008). Caracas: Editorial Bruguera, 2009.<\/p>\n<p>M\u00e9ndez Gu\u00e9dez, Juan Carlos. La noche y yo. Madrid: Editorial P\u00e1ginas de Espuma, 2016.<\/p>\n<p>M\u00e9ndez Gu\u00e9dez, Juan Carlos. Retrato de Abel con isla volc\u00e1nica al fondo. Caracas: Editorial Troya, 1997.<\/p>\n<p>Mesones, Omar. \u00ab300 gramos de sexo de baja pureza\u00bb. Inventario y otros relatos. Caracas: Casa Nacional de Las Letras Andr\u00e9s Bello, 2007: 95-109.<\/p>\n<p>Miliani, Domingo. \u00abDiez a\u00f1os de narrativa venezolana (1960-1970)\u00bb. Prueba de fuego. Narrativa venezolana- Ensayos. Caracas: Monte \u00c1vila Editores, 1973: 13-37.<\/p>\n<p>Morenza, Mario. La senda de los di\u00e1logos perdidos. Caracas: Editorial Equinoccio, 2008.<\/p>\n<p>Morenza, Mario. Pasillos de mi memoria ajena. Caracas: Monte \u00c1vila Editores, 2007.<\/p>\n<p>Nava Contreras, Mariano. El infierno era como Plat\u00f3n dec\u00eda. Caracas: Editorial Equinoccio, 2015.<\/p>\n<p>Nelson, Brian. El silencio y el escorpi\u00f3n. Cr\u00f3nica de un golpe de estado. Caracas: Editorial Alfa, 2012.<\/p>\n<p>Os\u00edo Cabrices, Rafael. \u00abLa cat\u00e1strofe anotada. Apuntes para una bibliograf\u00eda de la era chavista\u00bb. Marcelino \u00a0Bisbal (ed.). La comunicaci\u00f3n bajo asedio. Balance de 17 a\u00f1os. Caracas: AB UCAB Ediciones, 2016: 311-322.<\/p>\n<p>Palma, Pedro. \u00abLa econom\u00eda venezolana en el per\u00edodo (1974-1988): \u00bf\u00faltimos a\u00f1os de una econom\u00eda rentista?\u00bb. Pedro Cunill Grau et. al. Venezuela contempor\u00e1nea 1974-1988. Caracas: Fundaci\u00f3n Eugenio Mendoza, 1989: 157-248.<\/p>\n<p>Parra, Jes\u00fas Ernesto. Piernas de tenista rusa, Caracas: Monte \u00c1vila Editores Latinoamericana, 2012.<\/p>\n<p>Payares, Gabriel. Cuando bajaron las aguas. Caracas: Monte \u00c1vila Editores Latinoamericana, 2008.<\/p>\n<p>Payares, Gabriel. Hotel. Caracas: Ediciones Puntocero, 2012.<\/p>\n<p>Payares, Gabriel. Lo irreparable. Caracas: Ediciones Puntocero, 2016.<\/p>\n<p>Poleo, Yeniter. La ciudad vencida. Caracas: Libros del Fuego, 2014.<\/p>\n<p>Rahn, Hensli. Dinero f\u00e1cil. Caracas: Libros del Fuego, 2014.<\/p>\n<p>Rodr\u00edguez Ortiz, Oscar. \u00abPara un esquema de los setenta\u00bb. Intromisi\u00f3n en el paisaje. Caracas: Fundaci\u00f3n de Promoci\u00f3n Cultural de Venezuela, 1985: 41-70.<\/p>\n<p>Rond\u00f3n, Daynir. CAP: auge y ca\u00edda: segundo mandato 1989-1993. Caracas: Libros Marcados, 2013.<\/p>\n<p>S\u00e1nchez Rugeles, Eduardo. Blue Label\/Etiqueta azul. Caracas: Los Libros de El Nacional, 2010.<\/p>\n<p>S\u00e1nchez, Manuel Gerardo. El \u00faltimo d\u00eda de mi reinado. Caracas: Editorial \u00cdgneo, 2014.<\/p>\n<p>Sandoval, Carlos (comp.). De qu\u00e9 va el cuento. Antolog\u00eda del relato venezolano 2000-2012. Caracas: Editorial Alfaguara, 2013.<\/p>\n<p>San\u00edn. Los muertos de la deuda o el final de la Venezuela saudita. 2\u00aa. ed. Caracas: Ediciones Centauro, 1989.<\/p>\n<p>Santaella, Fedosy. Piedras lunares. Caracas: Ediciones B, 2008.<\/p>\n<p>Santaella, Fedosy. Terceras personas. Caracas: Los Libros de El Nacional, 2015.<\/p>\n<p>Silva, John Manuel. Afrodita C. A. y otras empresas fracasadas. Caracas: Editorial \u00cdgneo, 2014.<\/p>\n<p>Soto, Jes\u00fas Miguel. \u00abLa rep\u00fablica de Fennelly\u00bb. Perdidos en Frog. Caracas: Lugar Com\u00fan, Cooperativa Editorial, 2012: 105-116.<\/p>\n<p>Suniaga, Francisco. El pasajero de Truman. Caracas: Random House Mondadori, 2008.<\/p>\n<p>Suniaga, Francisco. La otra isla. Caracas: Oscar Todtmann Editores, 2005.<\/p>\n<p>Tablante, Leopoldo. Mujeres de armas temer. Caracas: Comala.com, 2005.<\/p>\n<p>Torres, Ana Teresa y H\u00e9ctor Torres (comps.). De la urbe al orbe. Nueva narrativa urbana. Caracas: Alfadil Ediciones, 2006.<\/p>\n<p>Torres, Ana Teresa y H\u00e9ctor Torres (comps.). Quince que cuentan. II Semana de la Narrativa Urbana. Caracas: Fundaci\u00f3n para la Cultura Urbana \/ PEN Club Venezuela, 2008.<\/p>\n<p>Torres, Ana Teresa y H\u00e9ctor Torres (comps.). Tiempos de ciudad. III y IV Semana de la Nueva Narrativa Urbana 2008-2009. Caracas: Fundaci\u00f3n para la Cultura Urbana, 2010.<\/p>\n<p>Torres, H\u00e9ctor. \u00abMelod\u00eda desencadenada\u00bb. El regalo de Pandora. Caracas: Ficci\u00f3n Breve Libros, 2011: 125-137.<\/p>\n<p>Torres, H\u00e9ctor. El amor en tres platos. Caracas: Editorial Equinoccio, 2007.<\/p>\n<p>Torres, H\u00e9ctor. El regalo de Pandora. Caracas: Ficci\u00f3n Breve Libros, 2011.<\/p>\n<p>Vall de la Ville, Keila. Ana no duerme. Caracas: Monte \u00c1vila Editores Latinoamericana, 2007.<\/p>\n<p>V\u00e1squez Lezama, Paula. Poder y cat\u00e1strofe. Venezuela bajo la tragedia de 1999. Caracas: Editorial Taurus, 2010.<\/p>\n<p>Vegas, Federico. \u00abLa carpa\u00bb. La carpa y otros cuentos. Caracas: Editorial Alfaguara, 2008: 105-120.<\/p>\n<p>Vegas, Federico. Falke. M\u00e9xico: Jorale Editores, 2004.<\/p>\n<p>Vel\u00e1squez, Ram\u00f3n J. \u00abAspectos de la evoluci\u00f3n pol\u00edtica de Venezuela en el \u00faltimo medio siglo\u00bb. Ram\u00f3n J, Vel\u00e1squez et. al. Venezuela moderna. Medio siglo de historia 1926-1976. Caracas: Fundaci\u00f3n Eugenio Mendoza, 1976: 1-385.<\/p>\n<p>Villarino, Carlos. \u00abLa \u00faltima foto\u00bb. El otro infierno. Caracas: Ediciones B, 2009: 11-15.<\/p>\n<p>Vincenti, Carmen. Cuentos de cuentos. Caracas: Editorial Equinoccio, 2008.<\/p>\n<p>Waale, Ricardo. Memorias en la laguna. Caracas: Monte \u00c1vila Editores Latinoamericana, 2003.<\/p>\n<p>Zupcic, Slavko. M\u00e9dicos taxistas, escritores. Valencia, Espa\u00f1a: Ediciones Publiberia, 2011.<\/p>\n<p><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> V\u00e9ase San\u00edn (1989), Kornblith (1998), Herrera (2011), Rond\u00f3n (2013), entre otros.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> \u00abDesde 1979 hab\u00eda comenzado en Venezuela el declive inexorable del modelo de desarrollo sustentado en la renta petrolera, expresado, en primer lugar, en el estancamiento del ritmo de la actividad econ\u00f3mica. En 1983, la combinaci\u00f3n de este estancamiento con los retardos del gobierno de [Luis] Herrera Camp\u00edns para refinanciar la deuda externa, junto con la situaci\u00f3n en evoluci\u00f3n del sistema capitalista mundial, que pasaba por ajustes profundos, desembocaron en la decisi\u00f3n gubernamental de devaluar el bol\u00edvar e ir a un sistema de cambio preferencial. El 21 de febrero se oficializaron estas medidas. Ese fecha se conoce en Venezuela como el Viernes Negro y fue la primera se\u00f1al de alerta para la sociedad sobre la crisis econ\u00f3mica que se prolongar\u00eda con altibajos hasta entrado el siglo XXI\u00bb (L\u00f3pez Maya 23).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> La \u00abd\u00e9cada violenta\u00bb corresponde, en Venezuela, a los a\u00f1os sesenta del siglo XX, etapa en la que se produjo una importante insurrecci\u00f3n guerrillera que intent\u00f3 emular a la Revoluci\u00f3n Cubana. La mayor\u00eda de los narradores de aquel momento respaldaron con sus textos (de forma sinuosa o declarada- mente abierta) las pretensiones de los alzados (Miliani 13-37; Rodr\u00edguez Ortiz 41-70).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> Se\u00f1ala Pedro Palma que en 1974 se produjo \u00abel primer gran aumento de los precios del petr\u00f3leo de mediados de los a\u00f1os setenta, lo cual no s\u00f3lo increment\u00f3 la captaci\u00f3n de divisas del pa\u00eds, sino que paralelamente elev\u00f3 s\u00fabitamente los ingresos del sector p\u00fablico\u00bb (160).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a> Monte \u00c1vila Editores fue fundada en 1968 para estimular, entre otras razones, la publicaci\u00f3n de libros de autores venezolanos. Fundarte es la casa editora de la Alcald\u00eda de Caracas. La Casa de Bello (hoy Casa Nacional de Las Letras Andr\u00e9s Bello) es una instituci\u00f3n cultural adscrita al Ministerio de Educaci\u00f3n que regenta una importante empresa editora.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a> \u00abLa pacificaci\u00f3n\u00bb es el nombre con que se conoce el proceso ejecutado por el Presidente Rafael Caldera para legalizar el Partido Comunista de Venezuela, inhabilitado desde 1962 como consecuencia de su participaci\u00f3n en la lucha guerri- llera. Tambi\u00e9n, a otros grupos de izquierda vinculados con las guerrillas (Vel\u00e1squez 299).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\">[7]<\/a> Algunos de los narradores sobresalientes de esa d\u00e9cada: Juan Carlos Chirinos, Miguel Gomes, Rubi Guerra, Oscar Marcano, Juan Carlos M\u00e9ndez Gu\u00e9dez, Ana Teresa Torres; y los mencionados Centeno y Azuaje.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\">[8]<\/a> Un sugerente estudio sobre la \u00abTragedia de Vargas\u00bb y su relaci\u00f3n con las pr\u00e1cticas pol\u00edticas \u00abbolivarianas\u00bb puede leerse en V\u00e1squez Lezama (2010).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\">[9]<\/a> Rafael Os\u00edo Cabrices sostiene la tesis, sin embargo, de que gracias a la \u00abrevoluci\u00f3n bolivariana\u00bb hoy se lee m\u00e1s en el pa\u00eds (311-322).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref10\" name=\"_ftn10\">[10]<\/a> Una prueba lo constituyen las varias antolog\u00edas y muestras publicadas en el lapso: G\u00f3mez Jim\u00e9nez (2006), Torres y Torres (De la urbe al orbe 2006), Guerra (2007), Torres y Torres (Quince que cuentan 2008), Torres y Torres (Tiempos de ciudad 2010), Sandoval (2013), Marcotrigiano (2016), entre otras.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref11\" name=\"_ftn11\">[11]<\/a> En abril de 2002 Ch\u00e1vez fue defenestrado del poder durante 48 horas. V\u00e9ase L\u00f3pez Maya et. al. (2012); Nelson (2012).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref12\" name=\"_ftn12\">[12]<\/a> Otros autores que desarrollan historias en torno de la violencia social o pol\u00edtica: Rodrigo Blanco Calder\u00f3n (Los invencibles 2007); H\u00e9ctor Concari (Fuller y otros sobrevivientes 2005, Yo fui chofer de Dillinger 2008); Sonia Chocr\u00f3n (La virgen del ba\u00f1o turco y otros cuentos falaces 2008); Gisela Kozak Rovero (En rojo 2011); Carolina Lozada (La culpa es del porno 2013).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref13\" name=\"_ftn13\">[13]<\/a> Es claro que se trata de un tema universal, de all\u00ed que la lista podr\u00eda ampliarse. Por lo dem\u00e1s, es obvio que los cuentistas (y sus textos) a los que me refiero no se adscriben a una exclusiva l\u00ednea narrativa o tem\u00e1tica.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref14\" name=\"_ftn14\">[14]<\/a>V\u00e9ase https:\/\/<a href=\"http:\/\/www.revistavenezolana.com\/2016\/07\/mas-\">www.revistavenezolana.com\/2016\/07\/mas-<\/a> 2-millones-venezolanos-pais\/ Tambi\u00e9n http:\/\/www.el- nacional.com\/noticias\/sociedad\/exodo-venezolano- lidera-cifras-migratorias_75441<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref15\" name=\"_ftn15\">[15]<\/a>Una aproximaci\u00f3n anecd\u00f3tica al problema puede verse en Cordoliani (2013). Algunos vol\u00famenes de cuentos de Chirinos publicados en el lapso: Homero haciendo zapping (2003), La manzana de Nietzsche (2015); de Gomes: Viviana y otras historias del cuerpo (2006), El hijo y la zorra (2010), Julieta en su castillo (2012); de M\u00e9ndez Gu\u00e9dez: Hasta luego, Mister Salinger (2007), La bicicleta de Bruno y otros cuentos (2009), Ideogramas (2012), La noche y yo (2016); de Zupcic: M\u00e9dicos taxistas, escritores (2011). Las carreras narrativas de estos autores comenzaron a principios de la \u00faltima d\u00e9cada del siglo XX o antes.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref16\" name=\"_ftn16\">[16]<\/a> Por ejemplo, podr\u00edamos referirnos al uso de marcadas referencias literarias como tema de much\u00edsimos relatos de Rodrigo Blanco Calder\u00f3n, de Judit Gerendas y de Carmen Vincenti; o la representaci\u00f3n de cierta religiosidad m\u00e1gica como sustrato importante en el imaginario de los persona- jes construidos por Enza Garc\u00eda Arreaza, Luis Laya o Sol Linares. Otro motivo: el alcance de un s\u00f3lido nivel de con- ciencia gracias a experiencias trascendentales sufridas por los protagonistas en ciertas ficciones de Jos\u00e9 Tom\u00e1s Angola, de Krina Ber, de H\u00e9ctor Concari o de Dayana Fraile.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/carlos-sandoval\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Carlos Sandoval De aquellos polvos 1. Tal vez la m\u00e1s sensible de las artes impregnada por el contexto sociopol\u00edtico, la narrativa venezolana de los \u00faltimos veinte a\u00f1os revela las huellas de ese influjo de manera perentoria, como ha ocurrido en otros instantes del pasado. El aserto no desconoce los rasgos est\u00e9ticos que permiten la cristalizaci\u00f3n [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":2946,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[44,3],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2945"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2945"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2945\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":7799,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2945\/revisions\/7799"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2946"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2945"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2945"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2945"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}