{"id":2849,"date":"2021-12-22T23:52:01","date_gmt":"2021-12-22T23:52:01","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=2849"},"modified":"2023-11-24T18:35:21","modified_gmt":"2023-11-24T18:35:21","slug":"romanticismo-narrativa-venezolana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/romanticismo-narrativa-venezolana\/","title":{"rendered":"Romanticismo en la narrativa venezolana"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Domingo Miliani<\/h4>\n<p>El romanticismo ingresa en Venezuela casi al mismo tiempo que en Argentina. Comporta, como en el resto de Hispanoam\u00e9rica, dos l\u00edneas predominantes: la sentimental y la rom\u00e1ntico-social o socialista ut\u00f3pica. No tuvimos una fuerte penetraci\u00f3n de las modalidades metaf\u00edsicas y m\u00e1gicas del romanticismo alem\u00e1n. Por eso no hay un romanticismo negro, m\u00e1gico, trascedente, en el siglo XIX.<\/p>\n<p>Los narradores sentimentales europeos, folletinescos o semi-cultos, monopolizaron las revistas y peri\u00f3dicos desde los a\u00f1os treinta. Nuestra narrativa nace bajo el signo del\u00a0<em>idilio<\/em>\u00a0sentimental. En los autores se observa una predisposici\u00f3n a evadirse en el tiempo (hacia la Antig\u00fcedad o \u00a0la Edad Media) o en el espacio (ubicaci\u00f3n del relato en los pa\u00edses europeos). Nada distinto se halla en los maestros del Viejo Mundo, especialmente los franceses, que buscan parajes ex\u00f3ticos de Oriente y Am\u00e9rica. Los nuestros lo hacen por un prurito de escritura sobre medios civilizados. Los europeos, al contrario, por voluntad de inventar o descubrir el Ed\u00e9n sobre la tierra.<\/p>\n<p><em>Atala\u00a0<\/em>es la primera novela rom\u00e1ntica traducida al espa\u00f1ol por un venezolano. Folletinistas como Paul Feval se registran temprano en cat\u00e1logos de librer\u00edas venezolanas. Otros autores m\u00e1s significativos son le\u00eddos y traducidos paulatinamente.<\/p>\n<p>Una segunda tendencia es la narraci\u00f3n hist\u00f3rica y de aventuras. Alejandro Dumas, padre, es traducido por Sim\u00f3n Camacho, en 1846:<em>\u00a0El conde de Montecristo.<\/em>\u00a0Los a\u00f1os siguientes ven aparecer traducciones de otras obras suyas.<\/p>\n<p>El costumbrismo, derivaci\u00f3n rom\u00e1ntica, significa un influjo coet\u00e1neo. Las\u00a0<em>Obras Completas<\/em>\u00a0de Mariano Jos\u00e9 de, Larra se imprimen en Caracas antes que en Madrid. Su magisterio fue equiparable a la demanda de folletones sentimentales.<\/p>\n<p>Nuestros narradores rom\u00e1nticos hacen concesiones al gusto del p\u00fablico. Alternan cuadros de costumbres y relatos folletinescos. El costumbrismo invade gradualmente el cuento y la novela. Junto al \u00abcolor local\u00bb, del cuadro o art\u00edculo va introducido el esquema de las parejas id\u00edlicas. El paisaje adquiere humanizaci\u00f3n sentimental.<\/p>\n<p><em>Narradores rom\u00e1nticos<\/em><\/p>\n<p><em>Ferm\u00edn Toro<\/em>\u00a0(1807-1865). Su actuaci\u00f3n pol\u00edtica no le impidi\u00f3 escribir narrativa sentimental. Es el primer escritor de prosa novelada. Tres piezas suyas motivaron controversia sobre si eran cuentos o novelas:\u00a0<em>La viuda de Corinto<\/em>\u00a0(1837),<em>\u00a0El solitario de las catacumbas<\/em>\u00a0(1839),<em>\u00a0La sibila de Los Andes <\/em>(1840). Su obra se completa con la novela\u00a0<em>Los m\u00e1rtires<\/em>\u00a0(1842)<em>.<\/em>\u00a0Estos materiales fueron reimpresos por Virgilio Tosta bajo el t\u00edtulo\u00a0<em>Tres relatos y una novela<\/em>\u00a0(1957). Ello permiti\u00f3 conocer y juzgar la obra con otro sentido cr\u00edtico.<\/p>\n<p><em>La viuda de Corinto<\/em>\u00a0alcanz\u00f3 \u00e9xito de \u00e9poca. Fue reeditada en\u00a0<em>1839 y 1846.\u00a0<\/em>La pareja Seide Ym\u00e1n-Atenais tiene un oponente en su amor en las diferencias religiosas. Concluye, como casi todos los relatos de su tipo id\u00edlico, en la muerte tr\u00e1gica de los castos enamorados. Por su \u00e9poca -tiempo de luchas entre moros y cristianos- tiene un fondo \u00e9pico-hist\u00f3rico de tono oratorio. Es m\u00e1s una leyenda hist\u00f3rico-sentimental que un cuento. Igual sucede con la alegor\u00eda hist\u00f3rica y de mesianismo social:\u00a0<em>El solitario de las catacumbas.<\/em>\u00a0Est\u00e1 narrado en una primera persona de un anciano atemporal y prof\u00e9tico, quien establece una tipolog\u00eda abstracta de la Humanidad. Narraci\u00f3n larval, su inter\u00e9s resulta menor.<\/p>\n<p><em>La sibila de Los Andes<\/em>\u00a0ambienta la acci\u00f3n hist\u00f3rico sentimental en las cumbres del altiplano andino. Elvira, la sibila, cuenta a Griego -narrador testigo- su historia. Relato y co-relato se encadenan. El ambiente una gruta aleg\u00f3rica: \u00abLa piedra del esc\u00e1ndalo\u00bb y \u00abel lugar de la expiaci\u00f3n\u00bb; ambos detalles marcan los dos tiempos del relato. La pr\u00e9dica reformista social invade el discurso como pretexto para introducir un tri\u00e1ngulo amoroso sentimental: Javier de Montemar, prometido de Teresa es amado tambi\u00e9n por Elvira. La boda de los primeros hace huir a la sibila hasta la gruta donde dialoga con Griego. El tono fant\u00e1stico inicial se diluye en el\u00abdulce lamentar\u00bb de una canci\u00f3n entonada por Elvira ante Griego. Algunos g\u00e9rmenes de \u00abcolor local\u00bb no bastan a dar perdurabilidad a la incoherencia de este relato, el que m\u00e1s se aproxima a un cuento.<\/p>\n<p><em>Los m\u00e1rtires<\/em>\u00a0es novela m\u00e1s compleja. Est\u00e1 ubicada en Londres. El idilio funciona dentro del contexto social de miserias urbanas, referidas con animaci\u00f3n. Es \u00abla primera novela escrita por autor venezolano\u00bb. Su discurso narrativo se mantiene apegado a la tradici\u00f3n folletinesca. El narrador testigo, de primera persona, hace desfilar escenas de \u00e9poca: las bodas de la reina Victoria con el pr\u00edncipe Alberto. Su documentaci\u00f3n veraz fue cotejada en la prensa londinense. La estructura peca por dispersi\u00f3n entre los contextos sociales de las luchas proletarias -referidos en un discurso m\u00e1s conceptual que narrativo- y el conflicto sentimental del idilio. No obstante, es el m\u00e1s logrado intento de Toro en lo que respecta a voluntad de novelar.<\/p>\n<p><em>Rafael Mar\u00eda Baralt<\/em>\u00a0(1810-1860). Ensay\u00f3 la narrativa por los mismos a\u00f1os que Ferm\u00edn Toro. Quiso introducir los idilios neocl\u00e1sicos, a la manera de Salom\u00f3n Gessner, en lengua espa\u00f1ola. Escribi\u00f3 adem\u00e1s dos relatos. Uno, cercano a la leyenda hist\u00f3rica:\u00a0<em>Adolfo y Mar\u00eda<\/em>\u00a0(1839), muestra relaci\u00f3n anal\u00f3gica con\u00a0<em>La viuda de Corinto.<\/em>\u00a0El oponente en los amores de Adolfo de Carignan (h\u00e9roe del ej\u00e9rcito franc\u00e9s) y Mar\u00eda, hija de marqu\u00e9s espa\u00f1ol, es ahora una suerte de patriotismo inspirado por la guerra entre las dos naciones. La frustraci\u00f3n de la felicidad amorosa desemboca en la muerte tr\u00e1gica. Adolfo dialoga su amor como si fuera una arenga militar. Mar\u00eda responde con un discurso encendido de patriotismo. Los amantes, al final, son apu\u00f1alados por el padre de Mar\u00eda, quien termina de narrar la historia. Son todos rasgos de un romanticismo heroico sentimental.<\/p>\n<p>El segundo texto, estudiable dentro de la narrativa, es\u00a0<em>Historia de un suicidio<\/em>\u00a0(1847). Pertenece a la \u00e9poca de Baralt en Espa\u00f1a. Lleva un ep\u00edgrafe de Espronceda. Una nota de redacci\u00f3n del peri\u00f3dico donde fue publicado\u00a0indica: \u00abLa historia de este suceso ocurrido en Sevilla hace poco tiempo, es verdadera hasta en sus m\u00e1s insignificantes pormenores.\u00bb La prosa es escueta, el tono realista, aunque Baralt hilvana digresiones conceptuales de car\u00e1cter \u00e9tico, por lo dem\u00e1s muy frecuentes en la narrativa de lengua espa\u00f1ola a lo largo de todo el siglo XIX. La historia esencial, el suicidio de la muchacha, su cad\u00e1ver flotando en el r\u00edo y, sobre todo, la secuencia del entierro, tienen acento indiscutible de cuento realista que logra impresionar a un lector de hoy, si se tiene el cuidado de poner al margen la moraleja impertinente.<\/p>\n<p><em>Ram\u00f3n Isidro Montes<\/em>\u00a0(1826-1889) edita en Caracas su leyenda hist\u00f3rico-novelesca\u00a0<em>Boves<\/em>\u00a0(1844), primer relato en que un personaje de la realidad pret\u00e9rita venezolana ingresa en la ficci\u00f3n. Pic\u00f3n Febres trata con dureza a su autor. Otro cr\u00edtico, Julio Calca\u00f1o, prologuista de las obras de Montes, se\u00f1ala que \u00abpor las dotes que para tal trabajo ha revelado, de lamentar es que no se hubiese dedicado a ellos con mayor empe\u00f1o\u00bb. Montes hab\u00eda escrito su relato a los 18 a\u00f1os. Luego escribi\u00f3 poemas y termin\u00f3 absorbido por la docencia y la pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Los a\u00f1os de 1845 a 1850 forman un lustro en blanco para el cuento y la novela. Los art\u00edculos de costumbres invaden la prosa narrativa. Alternan con folletines de autores extranjeros, o de venezolanos como\u00a0<em>Jos\u00e9 Heriberto Garc\u00eda de Quevedo<\/em>\u00a0(1819-1871), nacido en nuestro pa\u00eds, pero radicado en Espa\u00f1a desde la infancia. Escribe y publica sus obras en Europa. Algunas se reflejaron en revistas venezolanas. Fue m\u00e1s famoso como duelista, contendor de Pedro Antonio de Alarc\u00f3n, como amigo de Espronceda o como v\u00edctima de una bala perdida en la comuna de Par\u00eds (1871). Public\u00f3 en Madrid \u00abEl amor de una ni\u00f1a\u00bb (1851), despu\u00e9s una leyenda novelada: \u00abDos duelos a dieciocho a\u00f1os de distancia\u00bb. Las recogi\u00f3 con otros textos como \u00abUn amor de estudiante\u00bb, \u00abLa vuelta del presidiario\u00bb y \u00abEl castillo de Tancarville\u00bb, en sus\u00a0<em>Obras<\/em>\u00a0(1863), editadas en Par\u00eds. Sus narraciones compend\u00edan lastres y virtudes de la literatura folletinesca, imbuida de reformismo social. Una ausencia total del pa\u00eds fue borrando su nombre -como el de tantos otros de la di\u00e1spora intelectual- ante las nuevas promociones de lectores.<\/p>\n<p><em>Guillermo Michelena\u00a0<\/em>(1817-1873), se estrena como narrador con una novela moralizante:\u00a0<em>Garrastaz\u00fa, o el hombre bueno perdido por los vicios <\/em>(1858), a la cual se a\u00f1ade\u00a0<em>Gullemiro o las pasiones\u00a0<\/em>(1864). De \u00e9sta, Pic\u00f3n Febres, con la acidez de su juicio, opina que es \u00abfarragosa, laber\u00edntica, disertativa en grado sumo, rabiosamente aguda en su desorden pasional, y est\u00e1 escrita en un estilo campanudo y recargado de fuerte y rebosante colorido.<em>Gullemiro<\/em>\u00a0es todav\u00eda m\u00e1s farragosa que\u00a0<em>La Regenta<\/em>\u00a0del espa\u00f1ol Leopoldo Alas, que es cuanto puede decirse en su just\u00edsimo desdoro\u00bb. Lo ir\u00f3nico est\u00e1 en que la novela de Clar\u00edn comienza a revalorarse como una excelente narraci\u00f3n de tiempo moroso. Otro tanto deber\u00eda esperar la obra de Michelena. La expansi\u00f3n disertativa del discurso es permitida por la novela, si encaja en su contexto. Dentro de su opini\u00f3n adversa, Pic\u00f3n Febres admite que en el trasfondo filos\u00f3fico \u00abse encontrar\u00e1n muchas verdades nacidas al calor de la honda meditaci\u00f3n de aquella clara inteligencia\u00bb. No olvidemos que el cr\u00edtico meride\u00f1o impuso el patr\u00f3n regionalista como medida infalible para juzgar m\u00e9ritos del cuento y la novela.<\/p>\n<p><em>Realismo y regionalismo rom\u00e1nticos<\/em><\/p>\n<p>Las d\u00e9cadas de 1860 a 1880 comienzan a producir, aun dentro del romanticismo, los primeros intentos por ubicar el desarrollo de las acciones narrativas en un \u00e1mbito regional venezolano. Los ejes del conflicto siguen respondiendo al patr\u00f3n id\u00edlico-sentimental, pero las descripciones est\u00e1ticas, el <em>color local<\/em>\u00a0del romanticismo matiza la escritura. Muchas obras pecan de truculencia en las historias que narran. Con todo, se ha ido preparando el terreno al nacimiento de lo que se llamar\u00eda la novel\u00edstica nacional, o m\u00e1s justamente regionalista. Esta ha sido materia de amplio debate hasta el siglo XX. Se ha querido buscar\u00a0<em>la novela<\/em>\u00a0venezolana que restringe su tem\u00e1tica absolutamente al pa\u00eds. En ello ha habido injusticias, como la de entender por venezolano, de manera excluyente, el espacio rural, las costumbres campesinas, la rudeza dialectal que implantaron desp\u00f3ticamente los escritores costumbristas. As\u00ed quedar\u00eda fuera de<em>\u00a0lo venezolano<\/em>\u00a0el medio ind\u00edgena. Y a veces, tambi\u00e9n lo urbano, o las novelas de espacio hist\u00f3rico donde no hubo largas digresiones de geograf\u00eda narrativa.<\/p>\n<p><em>Jos\u00e9 Ram\u00f3n Y\u00e9pez<\/em>\u00a0(1822-1881), poeta de fina meditaci\u00f3n esc\u00e9ptica en el crep\u00fasculo rom\u00e1ntico, vivi\u00f3 y vivenci\u00f3 una realidad concreta: el lago de Maracaibo y su complejo paisaje perdido en una inexplorada pen\u00ednsula habitada hasta hoy por ind\u00edgenas goajiros. En 1860 public\u00f3 su novela corta\u00a0<em>Anaida. <\/em>Tuvo \u00e9xito en su momento. Luego fue puesta al margen por la cr\u00edtica, dogmatizada de regionalismo campesino. Despu\u00e9s vino\u00a0<em>Iguaraya<\/em>\u00a0(1868). Ambas imbrican el idilio amoroso dentro de un mundo m\u00edtico-legendario, expresado en lenguaje rom\u00e1ntico-sentimental; pero ah\u00ed est\u00e1, palpable, un pedazo de territorio en escorzo: la Goajira venezolana.<\/p>\n<p>La tradici\u00f3n reivindicativa del indio, en la novela, sabemos que parte de\u00a0<em>Atala,<\/em>\u00a0de Chateaubriand. Se proyecta en la novela an\u00f3nima\u00a0<em>Jicot\u00e9ncatl\u00a0<\/em>(1826), queda afirmada en el romanticismo conmiserativo de Gertrudis G\u00f3mez de Avellaneda:\u00a0<em>Sab<\/em>\u00a0(1832) y\u00a0<em>Guatimoz\u00edn<\/em>\u00a0(1846)<em>.<\/em>\u00a0En esa misma l\u00ednea se enmarcan\u00a0<em>Anaida<\/em>\u00a0e\u00a0<em>Iguaraya.\u00a0<\/em>Y\u00e9pez, zuliano, marinero avezado en la navegaci\u00f3n de su lago nativo, crea sobre un \u00e1mbito inmediato y lo transfigura en objeto art\u00edstico dentro de su cosmovisi\u00f3n de \u00e9poca: el romanticismo.<\/p>\n<p>Es cierto que\u00a0<em>Anaida<\/em>\u00a0muestra ingenuidades de detalle, como hablar del \u00abdulce\u00a0<em>yarav\u00ed<\/em>\u00a0de los goajiros\u00bb. Sus personajes est\u00e1n saturados de occidentalismo en la acci\u00f3n id\u00edlica; no obstante las fallas, es una novela bien armada en su tema amoroso y en el sustrato m\u00edtico envolvente. \u00d3scar Sambrano Urdaneta ha puesto de relieve los m\u00e9ritos narrativos de Jos\u00e9 Ram\u00f3n Y\u00e9pez. En\u00a0<em>Anaida<\/em>\u00a0preexiste la intenci\u00f3n de\u00a0<em>estudio<\/em>\u00a0sobre el paisaje, la intenci\u00f3n de objetivar ambientes y otros rasgos que habr\u00e1n de caracterizar la posterior novela de la selva y el indio hasta Gallegos.<\/p>\n<p><em>Julio Calca\u00f1o<\/em>\u00a0(1840-1918), comenz\u00f3 escribiendo ficciones rom\u00e1nticas e hist\u00f3ricas, ubicadas fuera de la geograf\u00eda nacional:\u00a0<em>Blanca de Torrestella<\/em>(1868) y\u00a0<em>El rey de Tebas<\/em>\u00a0(1872). En esta \u00faltima fecha publica su cuento \u00abLas lavanderas nocturnas\u00bb, el primero de una serie de relatos que divulg\u00f3 en revistas para recogerlos despu\u00e9s en\u00a0<em>Cuentos escogidos<\/em>\u00a0(1913). Sus relatos cortos ya tienen vigor de estructura.<\/p>\n<p>Julio Calca\u00f1o puede considerarse como el primer narrador que independiza el cuento venezolano de otras expresiones narrativas breves. Si Pic\u00f3n Febres lo escarnece cr\u00edticamente como novelista y cuestiona muchos de sus cuentos porque no est\u00e1n ce\u00f1idos absolutamente a asuntos nacionales, admite, por lo menos, como valioso, a \u00abLetty Sommers\u00bb, por la presencia de indicios regionalistas. En \u00a0cambio Jes\u00fas Semprum, menos parcial, valora al escritor, inmediatamente despu\u00e9s de su muerte (1918), as\u00ed:<\/p>\n<p>\u00abLa imaginaci\u00f3n no era la facultad predominante en de\u00a0<em>Blanca de Torrestella<\/em>\u00a0novela en que se dej\u00f3 el autor seducir por los procedimientos de la escuela rom\u00e1ntica que deb\u00edan producir el follet\u00edn moderno. Pero con todo, la invenci\u00f3n de sus obras imaginativas fue siempre ingeniosa y amena. (&#8230;)<\/p>\n<p>Idealista fervoroso, don Julio Calca\u00f1o vio siempre con recelosa desconfianza aquella escuela fatalista y emp\u00edrica (el naturalismo), que consideraba al universo como un vasto conjunto extra\u00f1o al hombre. As\u00ed, todos sus cuentos son meros frutos de la imaginaci\u00f3n, sin que asome en ellos por ning\u00fan lado la man\u00eda de aplicar la ciencia a la fantas\u00eda. A\u00fan m\u00e1s, prefiri\u00f3 para sus asuntos aquellos en que la inventiva apenas tiene trabas que la refrenen, y gust\u00f3 de los s\u00edmbolos abundantes. All\u00ed se encuentran leyendas sobrenaturales; pero no por eso descuid\u00f3 la nota de color local, que aparece aqu\u00ed y all\u00e1, poniendo matices de vivacidad intensa en el conjunto.\u00bb<\/p>\n<p><em>Del follet\u00edn y la novela hist\u00f3rica al realismo documental<\/em><\/p>\n<p>Los a\u00f1os de 1840 en adelante constituyen una especie de \u00abboom\u00bb folletinesco en la novela europea. Eugenio Sue, con\u00a0<em>Los<\/em>\u00a0<em>misterios de Par\u00eds,<\/em>\u00a0se convierte en la figura estelar del follet\u00edn que mezcla lo misterioso con lo hist\u00f3rico. \u00abLas grandes novelas del siglo XIX son antes que nada folletines\u00bb. Por otra parte, Walter Scott y Alejandro Dumas combinan en sus obras -folletinescas tambi\u00e9n- lo documental hist\u00f3rico y la aventura, en una omnisciencia que busca la \u00abnovela verdad\u00bb. Con Walter Scott se inicia el camino hacia la novela total. Es decir, una narraci\u00f3n que busca incorporar todos los recursos posibles dentro del texto. Esa concepci\u00f3n adquiere sitio cumbre en las obras de Balzac: \u00abEl escritor puede convertirse en un pintor m\u00e1s o menos feliz, paciente y valeroso, de los tipos humanos, narrador de los dramas de la vida \u00edntima, arque\u00f3logo del mobiliario social, nomenclador de las profesiones, registrador del bien y del mal.\u00bb<\/p>\n<p>En Hispanoam\u00e9rica, y espec\u00edficamente en Venezuela, estas tendencias no fueron extra\u00f1as. La d\u00e9cada del 70 indica un viraje de la novela sentimental hacia el realismo. Entre nosotros no se dan escuelas o movimientos literarios puros. Nuestra narrativa es aluvional, sedimentaria. El esquema id\u00edlico persiste durante los primeros treinta a\u00f1os del siglo XX en algunas obras. Los novelistas venezolanos, sin embargo, en las tres \u00faltimas d\u00e9cadas del siglo XX buscan incorporar nuevos temas.<\/p>\n<p>En 1870, un escritor de obras eruditas, F\u00e9lix Bigotte hab\u00eda publicado\u00a0<em>El infiernito.<\/em>\u00a0Esta novela fue descubierta apenas en nuestros d\u00edas. Por las informaciones indirectas se sabe que aborda un asunto de tr\u00e1gica frecuencia en la realidad venezolana: la vida en las c\u00e1rceles pol\u00edticas.<\/p>\n<p>La novela hist\u00f3rica -los a\u00f1os de la Guerra Federal concluida en 1863- ocupa a Jos\u00e9 Ram\u00f3n Henr\u00edquez, en su novela\u00a0<em>Querer es poder, o la casita blanca <\/em>(1876). Un pasado m\u00e1s remoto interes\u00f3 a Francisco A\u00f1ez Gabald\u00f3n en\u00a0<em>Carlos Paoli<\/em>\u00a0(1877), que subtitula \u00abnovela de corsarios de cuando la Colonia\u00bb.<\/p>\n<p>Podr\u00edan ponerse reparos a estas obras porque no se ci\u00f1en literalmente a la realidad objetiva. No debe olvidarse, a prop\u00f3sito, que el realismo es una modalidad expresiva que denota\u00a0<em>ilusi\u00f3n de realidad,<\/em>\u00a0sin ser la realidad misma. El novelista manifiesta en la escritura\u00a0<em>su verdad<\/em>\u00a0de los hechos, selecciona los temas por abstracci\u00f3n del mundo concreto para conformar con ellos la realidad de ficci\u00f3n.<\/p>\n<p>Las intentonas de novela realista e hist\u00f3rica enumeradas antes, convergen en\u00a0<em>Jos\u00e9 Mar\u00eda Manrique\u00a0<\/em>(1846-1907). Hab\u00eda escrito novelas moralizantes: \u00abLa abnegaci\u00f3n de una esposa\u00bb, \u00abEugenia\u00bb, \u00abPreocupaciones vencidas\u00bb. En 1879,\u00a0<em>Los dos avaros<\/em>\u00a0le conceden una resonancia justa. Igual ocurrir\u00e1 despu\u00e9s con sus cuentos, publicados en 1897. Oswaldo Larraz\u00e1bal ha revalorizado la obra de Manrique.\u00a0<em>Los dos avaros,<\/em>\u00a0a juicio de Larraz\u00e1bal, ser\u00eda la primera obra del realismo venezolano. Al igual que lo ocurrido con\u00a0<em>la novela nacional,<\/em>\u00a0recordemos que el realismo es un proceso no asimilable a una sola obra. Aun en las literaturas europeas constituye desarrollo gradual. Su madurez como corriente definida en diversas obras, o contracorriente desprendida por ant\u00edtesis del romanticismo, pertenece a los a\u00f1os de 1840 en adelante.<\/p>\n<p>La novela de Jos\u00e9 Mar\u00eda Manrique acarre\u00f3 todav\u00eda ciertos lastres folletinescos: el avaro generoso, el h\u00e9roe oculto, el testigo invisible, las variaciones de identidad por los disfraces del personaje, los reconocimientos, etc. Pero es innegable que presenta otras posibilidades expresivas en el relato. Las referencias hist\u00f3ricas son, ante todo, parte del desarrollo narrativo. A pesar del esquematismo de los personajes, los di\u00e1logos desentonados, las ingenuidades de conflicto, la novela interesa.<\/p>\n<p>Aparte el m\u00e9rito de rescatar y estudiar la novela de Manrique, Oswaldo Larraz\u00e1bal formula un juicio de valor que es \u00fatil transcribir:<\/p>\n<p>\u00abGran parte de los aspectos realistas de\u00a0<em>Los dos avaros<\/em>\u00a0est\u00e1 en el hecho de que el autor se vio inducido, por circunstancias personales, quiz\u00e1s, a novelar la vida que entonces suced\u00eda en el pa\u00eds, y a retratar de un modo\u00a0<em>sui generis<\/em>\u00a0a la sociedad que viv\u00eda aquella \u00e9poca. Manrique conoce ambos elementos y lo que narra es el resultado de la interpretaci\u00f3n que \u00e9l da a los hechos que sirvieron de base a la novela. La experiencia se ha efectuado y el producto es una obra que rebasa los moldes rom\u00e1nticos y se proyecta en un nuevo af\u00e1n de visi\u00f3n diferente. Para la realizaci\u00f3n de su experiencia el autor se vale de elementos de primera mano, de datos hist\u00f3ricos perfectamente comprobados, de personajes que en alg\u00fan momento cumplieron su ciclo vital dentro del medio que describe la novela. Con todo ello el autor colabora, manejando los materiales hacia un fin determinado, y logra su intenci\u00f3n y su contenido.\u00bb<\/p>\n<p>En adelante, el realismo tiende a un mayor afincamiento en lo nacional. La riqueza hist\u00f3rica sigue abord\u00e1ndose con af\u00e1n y ello redunda en sentido \u00e9pico. Es el alejamiento de la endemia rom\u00e1ntica que todav\u00eda persisti\u00f3 en otras obras como\u00a0<em>Un amor contrariado<\/em>\u00a0(1880) de Francisco A\u00f1ez Gabald\u00f3n y hasta en la aproximaci\u00f3n naturalista de\u00a0<em>Genaro<\/em>\u00a0(1882) novela de Francisco Pimentel.<\/p>\n<p>Bajo esa t\u00f3nica se presenta una novela destinada a ser la s\u00edntesis y culminaci\u00f3n del realismo rom\u00e1ntico:\u00a0<em>Z\u00e1rate<\/em>\u00a0(1882)<em>,<\/em>\u00a0de Eduardo Blanco (1838-1912). Este autor public\u00f3 su primer texto narrativo en 1874:\u00a0<em>Vanitas vanitatis<\/em>. El propio Eduardo Blanco, al reeditarlo en 1882 como\u00a0<em>Vanitas vanitatum<\/em>junto con\u00a0<em>El n\u00famero ciento once,<\/em>\u00a0los cataloga cuentos fant\u00e1sticos, modalidad que ten\u00eda cultor exitoso en julio Calca\u00f1o primero, y luego en Jos\u00e9 Mar\u00eda Manrique. En 1875, Blanco persiste en la narraci\u00f3n fant\u00e1stica extra-nacional con\u00a0<em>Una noche en Ferrara o la penitente de los teatinos.<\/em>\u00a0Pero es con\u00a0<em>Z\u00e1rate<\/em>donde sus capacidades de narrador se conjugan plenamente. El \u00e9xito alcanzado por los cuadros \u00e9picos de\u00a0<em>Venezuela Heroica<\/em>\u00a0soslayaron un tanto la valoraci\u00f3n y el reconocimiento del novelista y hab\u00edan regateado a Eduardo Blanco un sitio entre los narradores.<\/p>\n<p>En 1954 Pedro Pablo Barnola acometi\u00f3 el estudio de\u00a0<em>Z\u00e1rate\u00a0<\/em>para asignarle a su autor el papel de\u00a0<em>creador de<\/em>\u00a0 <em>la novela venezolana<\/em>, contraposici\u00f3n de la tesis decretada por algunos ex\u00e9getas anteriores, que se\u00f1alaba a\u00a0<em>Peonia<\/em>\u00a0(1890)<em>,<\/em>\u00a0de Manuel Vicente Romero Garc\u00eda.<\/p>\n<p><em>Z\u00e1rate\u00a0<\/em>aglutina todos los vicios y aciertos por los cuales hab\u00eda de transitar la posterior narrativa del regionalismo: descripci\u00f3n est\u00e1tica de ambientes como espacio vinculado de las acciones, persistencia del esquema id\u00edlico sentimental de los noviazgos rom\u00e1nticos, diston\u00edas en el habla de los personajes de ficci\u00f3n, interpolaciones conceptuales y reformistas de tono oratorio, magnificaci\u00f3n \u00e9pica del bandido bueno, seg\u00fan los patrones estructurales del follet\u00edn: \u00abEl h\u00e9roe de la\u00a0<em>novela popular,<\/em>\u00a0como corresponde a su ascendencia rom\u00e1ntica, es casi siempre un solitario segregado del mundo por su nacimiento, por una maldici\u00f3n, por una pasi\u00f3n imposible, por una imposici\u00f3n penitencial que debe llevar hasta sus \u00faltimas consecuencias. Esta condici\u00f3n escindida lo pone en conflicto, naturalmente, con el resto de la sociedad o con un sector de ella\u00bb. El prototipo de este h\u00e9roe proviene de los relatos de Rocambole; \u00abCriminal y justiciero se vinculan en la doble faz de Rocambole, por la r\u00fabrica de la omnipotencia\u00bb. La contrapartida es el h\u00e9roe \u00e9pico, descrito en sombra de leyenda, ausente de la estructura para aumentar su prevalencia narrativa y para oponerlo, en su momento, el hero\u00edsmo del bandido bueno, que ataca a los poderosos, ayuda a los oprimidos y se comporta con dignidad en el enfrentamiento con el pr\u00f3cer de leyenda: P\u00e1ez.<\/p>\n<p>Si Eduardo Blanco no es\u00a0<em>el creador de la novela venezolana,<\/em>\u00a0puesto que ella se gesta a lo largo de una evoluci\u00f3n lenta, por lo menos\u00a0<em>Z\u00e1rate\u00a0<\/em>constituye un hito esencialmente importante en la maduraci\u00f3n de una novel\u00edstica afianzada en la materia tel\u00farica, donde se involucran, adem\u00e1s de una pormenorizada geograf\u00eda, los rasgos folkl\u00f3ricos del hombre y su h\u00e1bitat regional. Algunos personajes adquieren configuraci\u00f3n tipol\u00f3gica y trasvasar\u00e1n en muchas novelas escritas despu\u00e9s, como el caso del Dr. Bustill\u00f3n, o del pintor Lastenio. Todos estos m\u00e9ritos son destacados hasta en sus pormenores en el excelente trabajo del Padre Barnola.<\/p>\n<p>Hay un detalle importante en\u00a0<em>Z\u00e1rate<\/em>, que deseamos poner de relieve. Es el hecho de que, en el di\u00e1logo sostenido por Horacio Delamar con el pintor Lastenio, en el cap. III, hay impl\u00edcito un como manifiesto de nacionalismo art\u00edstico, una toma de conciencia del arte realista, expresado con vehemente oratoria por el militar frente al artista:<\/p>\n<p>\u00ab&#8230; -\u00bfT\u00fa no tienes afici\u00f3n a las armas? Combate a tu manera; la cuesti\u00f3n es luchar. Armate del pincel como de una espada toledana y da batallas en el lienzo, que no por ser pintadas carecer\u00e1n de m\u00e9rito; hiere sin temor las dificultades de tu arte, arrebata al cielo su vistosa bandera, haz prisioneros los reflejos del Sol, los plateados resplandores de la Luna, e ilumina con ellos los campamentos de tu fantas\u00eda; recoge en nuestra flora el hermoso bot\u00edn que ella ofrece al artista; carga de firme a la pureza; ella es tenaz, s\u00e9 temerario; derr\u00f3tala, pers\u00edguela, no des cuartel a una sola de sus insinuaciones, pasa a cuchillo todas las congojas y la gloria coronar\u00e1 tu frente con el verde laurel de la victoria. Campo donde esgrimir tus armas no falta, por fortuna. Reproduce nuestra naturaleza llena de fuego y de colores; populariza nuestros h\u00e9roes, idealiza nuestras batallas, copia nuestras costumbres, glorif\u00edcate, en fin, arrojando mi facha a la posteridad, y ver\u00e1s c\u00f3mo la vida que desprecias pasa, de soportable, a ser amena.\u00bb<\/p>\n<p>Lastenio, el pintor derrotista y afrancesado, prenuncia en sus actitudes a los personajes de la novela art\u00edstica. Las concepciones de Horacio Delamar, en el mismo cap\u00edtulo, afirman una reacci\u00f3n contra el sentimentalismo rom\u00e1ntico y definen, narrativamente, el siglo XIX, como realista: \u00abPunto final a las eternas jeremiadas, se\u00f1or m\u00edo; vivimos en un siglo en que llorar es una impertinencia; quejarse, una falta de cortes\u00eda y ser pobre, el\u00a0<em>non plus ultra<\/em>\u00a0de las abominaciones humanas. Esfu\u00e9rzate en ser de tu \u00e9poca, no te quedes atr\u00e1s, porque cuando pretendas alcanzarnos estar\u00e1s viejo y no podr\u00e1s correr. El sentimentalismo ha ca\u00eddo en <em>desuetud<\/em> la antigua poes\u00eda pierde terreno, lo real est\u00e1 de moda.\u00bb Pero esto suced\u00eda en los di\u00e1logos optimistas de Horacio Delamar. Otra cosa pensaba o expresaba su creador, Eduardo Blanco, quien tampoco logr\u00f3 despojarse finalmente del sentimentalismo lacrim\u00f3geno de la novela rom\u00e1ntica.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/domingo-miliani\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Domingo Miliani El romanticismo ingresa en Venezuela casi al mismo tiempo que en Argentina. Comporta, como en el resto de Hispanoam\u00e9rica, dos l\u00edneas predominantes: la sentimental y la rom\u00e1ntico-social o socialista ut\u00f3pica. No tuvimos una fuerte penetraci\u00f3n de las modalidades metaf\u00edsicas y m\u00e1gicas del romanticismo alem\u00e1n. 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