{"id":2664,"date":"2021-12-09T18:30:44","date_gmt":"2021-12-09T18:30:44","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=2664"},"modified":"2024-10-14T14:34:25","modified_gmt":"2024-10-14T19:04:25","slug":"dos-cuentos-de-tannia-garcia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-tannia-garcia\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Tannia Maruja Garc\u00eda"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El muro<\/h3>\n\n\n\n<p>El muro se alzaba en medio de la ciudad. Nadie recordaba con exactitud cu\u00e1ndo o c\u00f3mo se construy\u00f3. Estaba all\u00ed desde siempre. Dependiendo desde donde se le ve\u00eda, asum\u00eda formas distintas. Desde el norte parec\u00eda una pared de contenci\u00f3n, hecha de ojos que observaban vigilantes hacia todos lados. Daba cierto aire de seguridad a quienes estaban dentro. Desde el sur, por su parte, significaba el llegadero, la frontera con otra regi\u00f3n. M\u00e1s que una pared era una cerca maltrecha llena de bocas que a veces mascullaban una que otra cosa indescifrable.<\/p>\n\n\n\n<p>Gracias al enorme muro, la ciudad estaba c\u00f3modamente dividida. Hacia el norte las casas n\u00edveas e id\u00e9nticas manten\u00edan un clima de aire acondicionado y se garantizaban mascotas predise\u00f1adas. Un aire de mantuanidad, de aristocracia venida a menos, de alcurnia ca\u00edda en desgracia, se respiraba en todas partes. El sur ten\u00eda su sacrosanto bullicio. Una agitaci\u00f3n de mayor\u00eda, una angustia de explosi\u00f3n demogr\u00e1fica incesante, el calor de una eterna sequ\u00eda, esa sensaci\u00f3n de confusi\u00f3n al caer en la marea violenta de la tarde.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante el d\u00eda, gente cruzaba de un lado a otro sin hacer caso del muro. La ciudad era una urbe con una arteria abierta, expuesta y sangrante. Una gigantesca avenida donde todo conflu\u00eda, marcado por la inercia de necesidad que le llenaba los pasos. A medida que se extingu\u00eda el sol, se marcaba la marcha de retorno, se emprend\u00eda un retroceso hac\u00eda la casa, hacia la seguridad de lo conocido.&nbsp; La ciudad quedaba desierta salvo por alg\u00fan carro o cuerpo casi fantasmal que cruzaba tard\u00edamente la barrera.<\/p>\n\n\n\n<p>En esta ciudad viv\u00edan dos hombres. Dos hombres comunes. Un hombre del norte y uno del sur. Un Sebasti\u00e1n y un Cheo. Nunca se han visto, ni cruzar\u00e1n palabra, pero han caminado las mismas calles, se han quejado del mismo calor, han sufrido la misma violencia, se hacen las mismas preguntas mirando el techo mientras su Cristina y su Yennifer duermen a su lado y sue\u00f1an con algo que desconocen.<\/p>\n\n\n\n<p>Ambos est\u00e1n cansados, y ese cansancio les ha hecho un callo en el desgano. Es la rutina: Levantarse tan temprano, desayunar con el tiempo contado, entrar con resignaci\u00f3n en el tr\u00e1fico que va lento, que hace cuerpo de culebra, de oruga. Escuchar la emisora que pregunta si usted es bonch\u00f3n o bonchona. Caer en un hueco o evitarlo. Decirle que no o que s\u00ed al que limpia los vidrios, al que vende el man\u00ed, al que pide para la medicina, al que tiene el hijo enfermo, al que fue malandro, pero ahora prefiere pedirte una ayuda de 50 bol\u00edvares para no robarte. Pensar en lo que se tiene, en lo que hace falta, en lo que se quiere, pero est\u00e1 muy caro.&nbsp; \u00abEs la misma mierda todos los d\u00edas\u00bb y se les va atiborrando un discurso impronunciable, una depresi\u00f3n no detectada, una incomodidad que se los va tragando desde la barriga.<\/p>\n\n\n\n<p>Y a las seis ver el muro, el enorme muro. Tan cuesta arriba, tan empinado que no deja ver la luna. Y ambos piensan en c\u00f3mo ser\u00e1 vivir del otro lado, como se sentir\u00e1 eso de ser otro, con otro nombre, con otros problemas. Sebasti\u00e1n y Cheo atajan el curso de ese pensamiento, se detienen en la zona lim\u00edtrofe. Deciden no avanzar como quien decide no comerse ese \u00faltimo pedazo porque est\u00e1 lleno, porque estuvo bien pero no puede m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Cae la noche como agua en un vaso y ellos escalan el muro. Van trepando por los ojos, por las bocas, ignoran las advertencias, las condiciones inquebrantables. Ya en la cima pueden ver la ciudad sin l\u00edneas fronterizas, sin puntos cardinales. La oscuridad ofrece un espect\u00e1culo de contrastes, un sinf\u00edn de cocuyos que brillan en la sombra. La ciudad es toda, es una. Palpitar urbano de las ruinas de un progreso que se qued\u00f3 medio camino. Se dejan caer desde la cresta, se dejan caer hacia el lado que no les corresponde. Sebasti\u00e1n persigue los ruidos, el corneteo, la danza que se escucha a lo lejos, se inspira en la vibraci\u00f3n del suelo. Cheo respira el c\u00e9firo artificial, quiere comerse el olor del aire acondicionado, levantarse con el aroma de la grama reci\u00e9n cortada.<\/p>\n\n\n\n<p>Para pasar desapercibidos, se mimetizan con los baquianos. Adoptan sus costumbres, se integran al d\u00eda a d\u00eda. Cristina y Yennifer est\u00e1n tan atiborradas con los ni\u00f1os que no sienten la ausencia de su Sebasti\u00e1n y su Cheo. Ocurre un proceso vertiginoso: Al primero se le van desprendiendo los labios, hasta que se dejan ver de manera \u00edntegra todos los dientes. Al segundo, los ojos se le encogen, se le reducen, poco a poco se le cierran las \u00f3rbitas.<\/p>\n\n\n\n<p>En el muro aparecen unos nuevos ojos, una nueva boca. \u00c9ste respira la s\u00edstole y di\u00e1stole de un coraz\u00f3n imp\u00edo, de una divisi\u00f3n que nadie recuerda, pero que todos respetan desde el inconsciente colectivo. Sebasti\u00e1n y Cheo se olvidan de lo que fueron y se integran a la nueva vida de su circunstancia cardinal, y todo nuevamente emprende su ciclo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La primera vez<\/h3>\n\n\n\n<p>Me mir\u00f3 a los ojos para tranquilizarme. \u00abTodo va a estar bien, pero no le puedes decir nada a nadie\u00bb me dijo con seriedad absoluta. Yo le cre\u00ed, y honr\u00e9 el compromiso. No era f\u00e1cil lo que me ped\u00eda, yo quer\u00eda compartir con alguien lo que hab\u00eda sucedido, lo necesitaba. Quiz\u00e1s lo que buscaba era una manera de aprobaci\u00f3n. Fue m\u00e1s f\u00e1cil quedarme callada y llevar la cruz por mi cuenta.<\/p>\n\n\n\n<p>Entrar a mi cuarto me recordaba que no me hab\u00eda llamado. \u00bfPor qu\u00e9 ten\u00eda que prometerme que me llamar\u00eda? era mejor dejarme as\u00ed sin m\u00e1s, y aparecerse de repente como aquel d\u00eda. Yo sab\u00eda que se hab\u00eda aprovechado de las circunstancias, apelando a la mirada de gafa que pon\u00eda cada vez que pasaba por la casa. Lo recuerdo bien: Alto, fornido y andaba en moto. Ten\u00eda ese cabello liso que no sobrevive a la adolescencia. Nos conoc\u00edamos porque era amigo de mi hermano. Cuando estaban en el porche, me sentaba con ellos un rato y despu\u00e9s mi mam\u00e1 me obligaba a entrar, porque no era bueno dejarme ver con \u00abpuros hombres\u00bb. Siempre me pareci\u00f3 una pendejada, pero nunca le replicaba. Cuando estaban en mi casa era la envidia de la vereda. Las muchachas pasaban 2, 3 y 4 veces de una esquina a otra para dejarse ver por el grupo de machos a estrenar que se re\u00edan de la ocurrencia, y les siseaban s\u00f3lo para continuar vi\u00e9ndolas pasar y hacerse los importantes.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo no hac\u00eda eso. Mi mam\u00e1 no me dejaba. Solo sal\u00eda si lo hac\u00eda con mi hermano de chaper\u00f3n. As\u00ed que compart\u00eda con ellos a ratos y siempre me hab\u00edan tratado como la hermanita de Ra\u00fal. Debo confesar que eso a veces me daba arrechera. Una vez salimos todos a City Park y ah\u00ed empez\u00f3 todo esto. Esa noche nos sub\u00edamos y bajamos de las m\u00e1quinas, com\u00edamos algod\u00f3n de az\u00facar. Casi toda la cuadra estaba en el parque. \u00c9l me invit\u00f3 a los carritos chocones, y claro que acept\u00e9. Nos re\u00edmos a carcajadas. Cuando salimos, hac\u00eda fr\u00edo. Yo no llev\u00e9 su\u00e9ter y el pacheco de diciembre venteaba. Aar\u00f3n me ofreci\u00f3 su chaqueta de bluy\u00edn, la que m\u00e1s me gustaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Meterme en esa chaqueta fue como un abrazo. Ol\u00eda a su perfume. Despu\u00e9s de eso pasamos toda la noche caminando por ah\u00ed, \u00e9l hablaba de \u00e9l mismo y yo escuchaba. Sent\u00eda que no ten\u00eda nada importante que decirle. Cuando nos \u00edbamos, esper\u00f3 que todos se adelantaran, me jal\u00f3 y me rob\u00f3 un beso. \u00abNo le digas a tu hermano o me mata a co\u00f1azos\u00bb Sab\u00eda que era verdad as\u00ed que me lo guard\u00e9. Desde ese momento yo me paseaba con su chaqueta por ah\u00ed y ese era el c\u00f3digo para decirles (a las muchachas) que hab\u00eda algo, que yo ya no era s\u00f3lo la hermanita de Ra\u00fal.<\/p>\n\n\n\n<p>De vez en cuando nos d\u00e1bamos unos besos escondidos. Cuando est\u00e1bamos delante de todos yo no dec\u00eda nada y \u00e9l jugaba a lanzarme miradas furtivas o decirme \u00abqu\u00e9 bonita est\u00e1s\u00bb y despu\u00e9s ignorarme. Le escrib\u00eda cartas que nunca le entregu\u00e9. Unas porque me parec\u00edan cursis, otras porque me daba pena la letra, y porque no quer\u00eda que pensara algo que despu\u00e9s de todo era cierto: el carajo me gustaba, me ten\u00eda transportada como nada, viv\u00eda esperando escuchar su voz.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquel d\u00eda cuando entr\u00f3 por la vereda, apurado y sudoroso, pens\u00e9 que ven\u00eda a buscar a mi hermano. Yo estaba parada en la reja porque a las 3 de la tarde no hay nada que hacer. Le vi en la cara la inquietud de algo que no cuadra. <em>\u00c1breme<\/em> me dijo, y yo sent\u00ed al principio que no deb\u00eda, pero lo dej\u00e9 pasar. \u00ab\u00bfY Ra\u00fal?\u00bb No est\u00e1. \u00abCo\u00f1o. \u00bfY t\u00fa mam\u00e1?\u00bb Tampoco. \u00abBien. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 tu cuarto?\u00bb Ah\u00ed. \u00abVen ac\u00e1, yo no te voy a hacer nada\u00bb<em>.<\/em>&nbsp; Entr\u00e9 en el cuarto. \u00c9l respiro profundo, se sec\u00f3 la frente con la mano. De espaldas a m\u00ed, coloc\u00f3 la chaqueta negra sobre la cama, sac\u00f3 algo que ten\u00eda metido en el pantal\u00f3n y lo dej\u00f3 caer contra la mesa de noche. Luego se quit\u00f3 la franela y en ella envolvi\u00f3 aquel peso.&nbsp; \u00abNecesito guardar esto, pero si lo guardo aqu\u00ed no puedes decirle a nadie, ni puedes comentar nada\u00bb<em>. <\/em>&nbsp;Sent\u00ed que su voto de confianza no era parte del desespero si no que era real, as\u00ed quise creerlo. Le dije \u00abtranquilo, m\u00e9telo aqu\u00ed\u00bb, y lo guard\u00e9 en una caja de zapatos encima del closet.<\/p>\n\n\n\n<p>Me pidi\u00f3 agua y le di un vaso grande y con hielo. \u00abMe voy. Yo te llamo, para venirlo a buscar\u00bb. Me qued\u00e9 mir\u00e1ndolo con el vaso vac\u00edo en la mano. \u00c9l se qued\u00f3 vi\u00e9ndome y me acerc\u00f3 hacia \u00e9l, me plant\u00f3 un beso h\u00famedo, largo, esponjoso, tibio. Sonri\u00f3 y fue a ponerse la chaqueta de nuevo. Advirti\u00e9ndome sobre la necesaria discreci\u00f3n, sali\u00f3 por donde hab\u00eda venido.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasaron d\u00edas antes de saber de \u00e9l. Una noche cualquiera son\u00f3 su moto estacion\u00e1ndose en la puerta. Mi hermano sali\u00f3 emocionado, lo abraz\u00f3. Hablaron un mont\u00f3n de cosas entre cuchicheos. Yo sal\u00ed hecha la pendeja y s\u00f3lo dije hola. \u00abHola bonita \u00bfMe tienes lo m\u00edo ah\u00ed?\u00bb, S\u00ed. \u00abAh, \u00bffue esta la que la guard\u00f3?\u00bb dijo mi hermano levantando una ceja \u00abs\u00ed, no te digo pues que es una dura\u00bb. Por alguna raz\u00f3n mi hermano me dijo \u00abv\u00e1yalo\u00bb y me hizo pu\u00f1ito.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo busqu\u00e9 el secreto envuelto en trapo encima del closet y sal\u00ed sin que mi mam\u00e1 se diera cuenta. Lo traje y Aar\u00f3n dijo \u00ab\u00bfquieren ir para all\u00e1 abajo y probarla?\u00bb Mi hermano acept\u00f3 diciendo \u00abplomo\u00bb, y nos fuimos los tres en la moto. Yo s\u00f3lo pod\u00eda pensar en abrazarlo mientras durara el trayecto y esperaba que fuese largo.<\/p>\n\n\n\n<p>Poco despu\u00e9s llegamos a la calle de su casa, en el Sim\u00f3n Bol\u00edvar. Subimos un poquito hac\u00eda una esquina que daba a un terrapl\u00e9n donde estaban los otros muchachos del grupo jugando ajedrez y bebiendo. \u00c9l sac\u00f3 aquello de la envoltura y lo mostr\u00f3 como un trofeo. \u00abUna 38\u00bb dijo orgulloso. Yo observ\u00e9 la forma larga, redondeada, plateada, que nunca me atrev\u00ed a ver mientras estuvo en mi cuarto, y la admir\u00e9 de inmediato. \u00abLa primera en probarla va a ser Mary que se lo merece, por ser tan bella\u00bb le sonre\u00ed c\u00f3mplice. Se puso detr\u00e1s de m\u00ed, me dej\u00f3 sentir algo m\u00e1s que su cuerpo. Me indic\u00f3 como colocar las manos, subimos los brazos apuntando hacia el cielo. Me dijo \u00abahora\u00bb, y juntos apretamos el gatillo.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/tannia-garcia\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*De <em>El muro y otros relatos sobre la oscilaci\u00f3n<\/em><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El muro El muro se alzaba en medio de la ciudad. Nadie recordaba con exactitud cu\u00e1ndo o c\u00f3mo se construy\u00f3. Estaba all\u00ed desde siempre. Dependiendo desde donde se le ve\u00eda, asum\u00eda formas distintas. Desde el norte parec\u00eda una pared de contenci\u00f3n, hecha de ojos que observaban vigilantes hacia todos lados. 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