{"id":2648,"date":"2021-12-05T20:12:50","date_gmt":"2021-12-05T20:12:50","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=2648"},"modified":"2025-04-29T19:58:03","modified_gmt":"2025-04-30T00:28:03","slug":"dos-cuentos-de-teresa-de-la-parra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-teresa-de-la-parra\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Teresa de la Parra"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>Historia de la se\u00f1orita grano de polvo, bailarina del sol<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<div class=\"entry\">\n<p>Era una ma\u00f1ana de fines del mes de abril. El buen tiempo en delirio, contrastaba ir\u00f3nicamente con un pobre trabajo de escribanillo que ten\u00eda yo entre manos aquel d\u00eda. De pronto como levantara la cabeza v\u00ed a Jimmy, mi mu\u00f1eco de fieltro que se balanceaba sentado frente a m\u00ed, apoyando la espalda en la columna de la l\u00e1mpara. La pantalla parec\u00eda servirle de parasol. No me ve\u00eda y su mirada, una mirada que yo no le conoc\u00eda estaba fija con extra\u00f1a atenci\u00f3n en un rayo de sol que atravesaba la pieza.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 tienes, querido Jimmy? \u2014le pregunt\u00e9\u2014. \u00bfEn qu\u00e9 piensas?<\/p>\n<p>\u2014En el pasado \u2014me respondi\u00f3 simplemente sin mirarme\u2014 y vovi\u00f3 a sumirse en su contemplaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Y como temiese haberme herido por la brusquedad de la respuesta:<\/p>\n<p>\u2014No tengo motivos para esconderte nada \u2014replic\u00f3\u2014. Pero por otro lado, nada puedes hacer \u00a1ay! por m\u00ed; y suspir\u00f3 en forma que se me destroz\u00f3 el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Tom\u00f3 cierto tiempo. Dio media vuelta a las dos arandelas de fieltro blanco que rodean sus pupilas negras y que son el alma de sus expresi\u00f3n. Pas\u00f3 \u00e9sta al punto de la atenci\u00f3n \u00edntima, al ensue\u00f1o melanc\u00f3lico. Y me habl\u00f3 as\u00ed:<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, pienso en el pasado. Pienso siempre en el pasado. Pero hoy especialmente, esta primavera tibia e insinuante reanima mi recuerdo. En cuanto al rayo de sol quien, clava a tus pies, f\u00edjate bien, la alfombra que transfigura, este rayo de sol se parece tanto a aquel otro en el cual encontr\u00e9 por primera vez a\u2026 \u00a1Ah! siento que necesitar\u00e1s suplir con tu complacencia la pobreza de mis palabras!<\/p>\n<p>\u2014Imag\u00ednate la criatura m\u00e1s rubia, m\u00e1s argentinada, m\u00e1s locamnete et\u00e9rea que haya nunca danzado por sobre las miserias de la vida. Apareci\u00f3 y, mi ensue\u00f1o se armoniz\u00f3 al instante con su presencia milagrosa. \u00a1Qu\u00e9 encanto! Bajaba por el rayo del sol, hollando con su presencia deslumbrante aquel camino de claridad que acababa de record\u00e1rmela. Suspiros imperceptibles a nuestro burdo tacto animaban a su alrededor un pueblo de seres semejantes a ella, pero sin su gracia soberana ni su atractivo fulminante. Retozaba ella con todos un instante, se enlazaba en sus corros, se escapaba h\u00e1bil por un intersticio, evitaba de un brinco el torpe abrzo del montruo\u2014mosquito ebrio y pesado como una fiera\u2026 mientras que un balanceo insensible y dulce la iba atrayendo hacia m\u00ed. \u2014Dios m\u00edo \u00a1qu\u00e9 linda era!<\/p>\n<p>\u2014Como rostro no ten\u00eda ninguno propiamente hablando. Te dir\u00e9 que en realidad no pose\u00eda una forma precisa. Pero tomaba del sol con vertiginosa rapidez todos los rostros que yo hubiese podido so\u00f1ar y que eran precisamente los mismos con que so\u00f1aba cuando pensaba en el amor. Su sonrisa en vez de limitarse a los pliegues de la boca se extend\u00eda por sobre todos sus movimientos. As\u00ed, aparec\u00eda, tan pronto rubia como el reflejo de un cobre, tan pronto p\u00e1lida y gris como la luz del crep\u00fasculo, ya oscura y misteriosa como la noche. Era a la vez suave como el terciopelo, loca como la arena en el viento, p\u00e9rfida como el \u00e1pice de espuma al borde de una ola que se rompe. Era mil y mil cosas m\u00e1s r\u00e1pido que mis palabras no lograba seguir sus metamorfosis.<\/p>\n<p>\u2014Qued\u00e9 largu\u00edsimo rato mir\u00e1ndola, invadido por una especie de estupor sagrado\u2026 De pronto se me escap\u00f3 un grito\u2026 La bailarina et\u00e9rea iba a tocar el suelo. Todo mi ser protest\u00f3 ante la ignominia de semejente encuentro, y me precipit\u00e9.<\/p>\n<p>\u2014Mi movimiento brusco produjo extrema perturbaci\u00f3n en el mundo del rayo del sol y muchos de los geniecillos se lanzaron, creo que por temor hacia las alturas. Pero mis ojos no perd\u00edan de vista a mi amada. Inm\u00f3vil, conteniendo la respiraci\u00f3n, la espiaba con la mano extendida. \u00a1Ah divina alegr\u00eda! La mayor y la \u00faltima ya de mi vida. En esa mano extendida hab\u00eda ella ca\u00eddo. Renuncio a detallarte mi estado de esp\u00edritu. El coraz\u00f3n me lat\u00eda en forma tan acelerada que en mi mano temblorosa, mi due\u00f1a bailaba todav\u00eda. Era un vals lento y cadencioso de una coqueter\u00eda infinita.<\/p>\n<p>\u2014Se\u00f1orita Grano de Polvo\u2026 le dije.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY c\u00f3mo sabes mi nombre?<\/p>\n<p>\u2014Por intuici\u00f3n, le contest\u00e9, el\u2026 en fin\u2026 el amor.<\/p>\n<p>\u2014El amor, exclam\u00f3 ella. \u00a1Ah! y volvi\u00f3 a bailar pero de un modo impertinente. Me pareci\u00f3 que se re\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014No te r\u00edas \u2014le reproch\u00e9\u2014, te quiero de veras. Es muy serio.<\/p>\n<p>\u2014Pero yo no tengo nada de seria \u2014replic\u00f3\u2014. Soy la Se\u00f1orita Grano de Polvo, bailarina del sol. S\u00e9 demasiado que mi alcurnia no es de las m\u00e1s brillantes. Nac\u00ed en una grieta del piso y nunca he vuelto a ver a mi madre. Cuando me dicen que es una modesta suela de zapato, tengo que creerlo, pero nada me importa puesto que soy ahora la bailarina del Sol. No puedes quererme. Si me quieres, querr\u00e1s tambi\u00e9n llevarme contigo y entonces \u00bfqu\u00e9 ser\u00eda de m\u00ed? Prueba, quita tu mano un instante y ponla fuera del rayo.<\/p>\n<p>Le obedec\u00ed. Cu\u00e1l no fue mi decepci\u00f3n cuando en mi mano, reintegrada a la penumbra, contempl\u00e9 una cosita lamentable e informe, de un gris dudoso, toda ella inerte y achatada. \u00a1Ten\u00eda ganas de llorar!<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ya ves! \u2014dijo ella\u2014. Est\u00e1 ya echa la experiencia. S\u00f3lo vivo para mi arte. Vuelve a ponerme pronto en el rayo del sol.<\/p>\n<p>Obedec\u00ed. Agradecida bail\u00f3 de nuevo un instante en mi mano.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfDe qu\u00e9 cosa es tu mano?<\/p>\n<p>\u2014Es de fieltro, contest\u00e9 ingenuamente.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Es carrasposa! exclam\u00f3. Cu\u00e1nto m\u00e1s prefiero mi camino a\u00e9reo \u2014y trat\u00f3 de volar.<\/p>\n<p>Yo no s\u00e9 qu\u00e9 me invadi\u00f3. Furioso, por el insulto, pero adem\u00e1s por el temor de perder a mi conquista, jugu\u00e9 mi vida entera en una decisi\u00f3n audaz. Ser\u00e1 opaca, pero ser\u00e1 m\u00eda, \u00abpens\u00e9\u00bb. La cog\u00ed y la encerr\u00e9 dentro de mi cartera que coloqu\u00e9 sobre mi coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed est\u00e1 desde hace un a\u00f1o. Pero la alegr\u00eda ha hu\u00eddo de m\u00ed. Esta hada que escondo, no me atrevo ya a mirarla tan distinta la s\u00e9, de aquella visi\u00f3n que despert\u00f3 mi amor. Y sin embargo prefiero retenerla as\u00ed que perderla de un todo al devolverle su libertad.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfDe modo que la tienes todav\u00eda en tu cartera?, \u2014le pregunt\u00e9 picado de curiosidad.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed. \u00bfQuieres verla?<\/p>\n<p>Sin esperar mi respuesta y porque no pod\u00eda aguantar m\u00e1s su propio deseo, abri\u00f3 la cartra y sac\u00f3 lo que se llamaba: \u00abla momia de la Se\u00f1orita Grano de Polvo\u00bb. Hice como si la viera pero s\u00f3lo por amabilidad, pues en el fondo, no ve\u00eda absolutamente nada. Hubo entre Jimmy y yo un momento de silencio penoso.<\/p>\n<p>\u2014Si quieres un consejo \u2014le dije al fin\u2014 te doy este: Dale la libertad a tu amiga. Aprovecha ese rayo de sol. Aunque no dure m\u00e1s que dos horas ser\u00e1n dos horas de \u00e9xtasis. Eso vale m\u00e1s que continuar el martirio en que vives.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfLo crees de veras? \u2014interrog\u00f3 \u00e9l mir\u00e1ndome con ansiedad\u2014. Dos horas. \u00a1Ah, qu\u00e9 tentaciones siento! S\u00ed, acabemos: \u00a1sea!<\/p>\n<p>As\u00ed diciendo, sac\u00f3 de su cartera a la Se\u00f1orita Grano de Polvo y la volvi\u00f3 a colocar en el rayo. Fue una resurrecci\u00f3n maravillosa. Saliendo de su misterioso letargo la bailarinita se lanz\u00f3 loca, imponderable y como espiritual, id\u00e9ntica a la descripci\u00f3n entusiasta que me hab\u00eda hecho Jimmy. Comprend\u00ed al punto su pasi\u00f3n. Hab\u00eda que verlo a \u00e9l inm\u00f3vil, bocabierto ebrio de belleza. La voluptuosidad amarga del sacrificio se un\u00eda a la alegr\u00eda pur\u00edsima de la contemplaci\u00f3n. Y a decir verdad, su rostro parec\u00eda m\u00e1s bello que la danza del hada, puesto que estaba iluminado de una nobleza moral extra\u00f1a a la falaz bailarina.<\/p>\n<p>De pronto, juntos, exhalamos un grito. Un insecto enorme y est\u00fapido, insecto grande como la cabeza de un alfiler, al bostezar acababa de tragarse a la Se\u00f1orita Grano de Polvo.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 m\u00e1s decir ahora?<\/p>\n<p>El pobre Jimmy con los ojos fijos consideraba la extensi\u00f3n de su deleite. Nos quedamos largo rato silenciosos incapaces de hallar nada que pudiese expresar, yo mi remordimiento y \u00e9l su desesperaci\u00f3n. No tuvo ni para m\u00ed, ni para la fatalidad siquiera una palabra de reproche, pero vi muy bien c\u00f3mo bajo el pretexto de levantar la arandela de fieltro que grad\u00faa la expresi\u00f3n de sus pupilas, se enjug\u00f3 furtivamente una l\u00e1grima.<\/p>\n<\/div>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>El genio del pesacartas<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>Esta era una vez un gnomo sumamente listo e ingenioso: todo \u00e9l de alambre, pa\u00f1o y piel de guante. Su cuerpo recordaba una papa, su cabeza una trufa blanca y sus pies a dos cucharitas. Con un pedazo de alambre de sombrero se hizo un par de brazos y un par de piernas. Las manos enguantadas con gamuza color crema no dejaban de prestarle cierta elegancia brit\u00e1nica, desmentida, quiz\u00e1s por el sombrero que era de pimiento rojo. En cuanto a los ojos, particularidad misteriosa, miraban obstinadamente hacia la derecha, cosa que le prestaba un aire bizco sumamente extravagante.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo envanec\u00eda mucho su origen irland\u00e9s, tierra cl\u00e1sica de hadas, s\u00edlfides y pigmeos, pero por nada en el mundo hubiera confesado que all\u00e1 en su pa\u00eds hab\u00eda modestamente formado parte de una compa\u00f1\u00eda de menestriles o cantores ambulantes: semejante detalle no ten\u00eda por qu\u00e9 interesar a nadie.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de sabe Dios qu\u00e9 viajes y aventuras extraordinarias, hab\u00eda llegado a obtener uno de los m\u00e1s altos puestos a que pueda aspirar un gnomo de cuero.<\/p>\n\n\n\n<p>Era el genio de un pesacartas sobre el escritorio de un poeta. Enti\u00e9ndase por ello que instalado en la plataforma de la m\u00e1quina brillante se balanceaba el d\u00eda entero sonriendo con malicia. En los primeros tiempos hab\u00eda sin duda comprendido el honor que se le hac\u00eda al darle aquel puesto de confianza. Pero a fuerza de escuchar al poeta, su due\u00f1o, que dec\u00eda a cada rato: \u00ab\u00a1Cuidado!, que nadie lo toque, que no le pasen el plumero. Miren qu\u00e9 gracioso es &#8230; \u00a1Es \u00e9l quien dirige el vaiv\u00e9n de billetes y cartas! &#8230;&#8217; Hab\u00eda acabado por ponerse tan pretencioso que perdi\u00f3 por completo el sentido de su importancia real -y esto al punto de que cuando lo quitaban un instante de su sitio para pesar las cartas, le daban verdaderos ataques de rabia y gritaba que nadie ten\u00eda derecho a molestarlo, que \u00e9l estaba en su casa, que har\u00eda duplicar la tarifa y dem\u00e1s maldades delirantes.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasaba pues, los d\u00edas, sentado en el pesacartas como un pr\u00edncipe merovingio en su pav\u00e9s. Desde all\u00e1 arriba contemplaba con desd\u00e9n todo el mundo diminuto del escritorio: un reloj de oro, un cascar\u00f3n de nuez, un ramo de flores, una l\u00e1mpara, un tintero, un cent\u00edmetro, un grupo de barras de lacre de vivos colores, alineados muy respetuosamente alrededor del sello de cristal.<\/p>\n\n\n\n<p>-S\u00ed -dec\u00edales desde arriba- yo soy el genio del pesacartas y todos ustedes son mis humildes s\u00fabditos. El cascar\u00f3n de nuez es mi barco para cuando yo quiera regresar a Irlanda, el reloj est\u00e1 ah\u00ed para indicar la hora en que me dignar\u00e9 a dormir; el ramo de flores es mi jard\u00edn; la l\u00e1mpara me alumbra si deseo velar; el cent\u00edmetro es para anotar los progresos de mi crecimiento (mido ciento setenta mil\u00edmetros desde que me vino la idea de usar calzado medieval). -No s\u00e9 todav\u00eda qu\u00e9 har\u00e9 con los lacres-. En cuanto al tintero, est\u00e1 ah\u00ed, no cabe duda, para cuando yo quiera divertirme echando redondeles de saliva.<\/p>\n\n\n\n<p>Y diciendo as\u00ed comenzaba a escupir dentro del tintero con una desverg\u00fcenza sin nombre.<\/p>\n\n\n\n<p>-Eres un gran mal educado, protestaba el tintero. Si pudiera subir hasta all\u00e1, te har\u00eda una buena mancha en la mejilla y te escribir\u00eda en las espaldas con letras muy grandes \u00abgnomo malvado\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>-S\u00ed, pero como eres m\u00e1s pesado que el plomo con tu agua asquerosa de cloaca, no puedes hacerme nada. Si me inclino sobre ti, quieras que no, tendr\u00e1s que reflejar mi imagen.<\/p>\n\n\n\n<p>Y su rostro en efecto aparec\u00eda en el fondo del brocal de cobre negro y brillante como el de un diablillo burl\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando su due\u00f1o se sentaba al escritorio, el gnomo tomaba un aire hip\u00f3crita y sonre\u00eda como diciendo: \u00abTodo marcha bien. Puedes escribir lind\u00edsimas p\u00e1ginas, yo estoy aqu\u00ed\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces el poeta que era de natural bondadoso y que se enga\u00f1aba f\u00e1cilmente, miraba al genio con complacencia y colocando una barrita de incienso verde en el pebetero, la pon\u00eda a arder. El humo sub\u00eda en finas volutas hacia el gnomo y le cubr\u00eda la cabeza con su dulce caricia azulada. El diminuto personaje respiraba el perfume con alegr\u00eda y se estremec\u00eda de tal modo que la balanza marcaba quince gramos en lugar de diez que era su peso normal, por lo cual deduc\u00eda que el incienso era el \u00fanico alimento digno de \u00e9l, puesto que era el \u00fanico que le aprovechaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Una noche en que dorm\u00eda profundamente lo despert\u00f3 una m\u00fasica muy suave. Eran dos pobres menestriles vestidos m\u00e1s o menos como \u00e9l y del mismo tama\u00f1o, que ven\u00edan a darle una serenata: uno tocaba la guitarra cantando con expresi\u00f3n apasionada; el otro lo acompa\u00f1aba tarareando con las dos manos sobre el coraz\u00f3n, como quien dice: \u00abqu\u00e9 divina m\u00fasica, nunca he sentido igual placer\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfQu\u00e9 es esto?, \u00bfQu\u00e9 ocurre? -pregunt\u00f3 el gnomo frot\u00e1ndose los ojos con un pu\u00f1o furibundo. -\u00bfQui\u00e9n se permite tocar y cantar de noche aqu\u00ed en mi mesa?<\/p>\n\n\n\n<p>-Somos nosotros -contest\u00f3 el guitarrista con mucha dulzura-. Parece que has corrido con mucha suerte desde el d\u00eda en que te fuiste de nuestra compa\u00f1\u00eda ambulante. Eres hoy un gran personaje&#8230; y ya ves, hemos hecho el viaje. Estamos muy cansados&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>-En primer lugar, les proh\u00edbo que me tuteen y en segundo t\u00e9rmino, \u00a1no los conozco!, \u00a1vaya broma!, yo, yo en una compa\u00f1\u00eda de menestriles&#8230; \u00bfEst\u00e1n locos?, \u00a1Largo, largo de aqu\u00ed pedazos de vagabundos!.<\/p>\n\n\n\n<p>-Pero, de veras \u00bfno nos reconoce usted, Monse\u00f1or?, insisti\u00f3 el m\u00fasico decepcionado. \u00c9ramos tres, acu\u00e9rdese, y ten\u00edamos grandes \u00e9xitos&#8230; yo me pon\u00eda en el medio, mi compa\u00f1ero a la derecha y usted a la izquierda, bizqueando para que la gente se riera. Tiene usted siempre la misma mirada. Tome, aqu\u00ed tengo la fotograf\u00eda que nos sac\u00f3 un aficionado la v\u00edspera del d\u00eda que usted se escap\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Y desmontando la guitarra sac\u00f3 un rollo de papel bromuro que extendi\u00f3. Se ve\u00edan en efecto los tres menestriles de cuero y alambre: el de la derecha era en efecto el genio del pesacartas.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1Ah!, esto ya es demasiado, grit\u00f3 exasperado. No me gustan las burlas. Soy el genio del pesacartas y nada tengo que ver con mendigos como ustedes.<\/p>\n\n\n\n<p>-Pero, Monse\u00f1or, -respondi\u00f3 el guitarrista, a quien invad\u00eda una profunda tristeza-. Si no pedimos gran cosa; tan s\u00f3lo el que nos permita vivir aqu\u00ed en su hermosa propiedad. Piense que hemos gastado en el viaje todas nuestras econom\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>-Lo que me tiene sin cuidado.<\/p>\n\n\n\n<p>-No lo molestaremos para nada. Tocaremos lindas romanzas.<\/p>\n\n\n\n<p>-No me gusta la m\u00fasica. Adem\u00e1s, los veo venir: har\u00edan correr ciertos ruidos perjudiciales a mi buen nombre, muchas gracias, mi situaci\u00f3n es muy envidiada&#8230; Conozco cierto tintero que se sentir\u00eda encantado si pudiera salpicarme con sus calumnias. Arr\u00e9glenselas como puedan, yo no los conozco.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfEs su \u00faltima palabra? -preguntaron los menestriles rendidos bajo tanta ingratitud.<\/p>\n\n\n\n<p>-Es mi \u00faltima palabra -concluy\u00f3 el genio del pesacartas.<\/p>\n\n\n\n<p>Y como los desgraciados m\u00fasicos permanecieron a\u00fan indecisos y desesperados:<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfQuieren ustedes marcharse enseguida, bram\u00f3, poni\u00e9ndose de pie sobre el platillo, o llamo a la polic\u00eda?<\/p>\n\n\n\n<p>Pero en su exaltaci\u00f3n, se resbal\u00f3, le falt\u00f3 el pie y rod\u00f3, soltando una horrible interjecci\u00f3n, hasta ir a dar al fondo del tintero que se lo trag\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin dar o\u00eddos a otros sentimientos que no fueran los del valor y la generosidad, los dos menestriles quisieron liberar al amigo de otros tiempos. Pero por desgracia el tintero que ten\u00eda muchas cuentas que cobrar, dej\u00f3 caer su tapa con estr\u00e9pito y los menestriles no pudieron ni moverla.<\/p>\n\n\n\n<p>Al siguiente d\u00eda cuando el poeta vio el desastre, comprendi\u00f3 lo ocurrido y sinti\u00f3 repugnancia por la ingratitud del gnomo. Despu\u00e9s de haberlo extra\u00eddo del pozo negro y despu\u00e9s de haber tratado en vano de limpiarlo, no sabiendo qu\u00e9 hacer con \u00e9l y no queriendo tirarlo a la basura, lo meti\u00f3 en el fondo de una gaveta.<\/p>\n\n\n\n<p>En su destierro, el gnomo de cuero no ha perdido su orgullo. Contin\u00faa deslumbrando con sus cuentos fant\u00e1sticos a la gente del nuevo medio social: un pisapapeles roto, una concha de tortuga y un rollo de viejas facturas.<\/p>\n\n\n\n<p>-Cuando yo reinaba en el pesacartas, era yo quien hac\u00eda llegar los telegramas. Pero un d\u00eda, un loco me arroj\u00f3 en un tintero&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>En cuanto a los dos menestriles, el poeta los ha colocado sobre un gran ramo de follaje. Parecen dos p\u00e1jaros de colores en un bosque virgen y all\u00ed cantan el d\u00eda entero de un modo encantador.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/teresa-de-la-parra\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Historia de la se\u00f1orita grano de polvo, bailarina del sol Era una ma\u00f1ana de fines del mes de abril. El buen tiempo en delirio, contrastaba ir\u00f3nicamente con un pobre trabajo de escribanillo que ten\u00eda yo entre manos aquel d\u00eda. De pronto como levantara la cabeza v\u00ed a Jimmy, mi mu\u00f1eco de fieltro que se balanceaba [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":2646,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[33,3,43],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2648"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2648"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2648\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15991,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2648\/revisions\/15991"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2646"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2648"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2648"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2648"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}