{"id":2629,"date":"2022-07-04T23:04:00","date_gmt":"2022-07-05T03:34:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=2629"},"modified":"2025-01-20T19:24:59","modified_gmt":"2025-01-20T23:54:59","slug":"la-ciudad-imposible-de-guillermo-meneses","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-ciudad-imposible-de-guillermo-meneses\/","title":{"rendered":"La ciudad imposible de Guillermo Meneses"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Rafael Victorino Mu\u00f1oz<\/h4>\n<p><strong>LA NARRATIVA DE<\/strong><strong> MENESES<\/strong><\/p>\n<p>Ya en 1930 nuestro autor hab\u00eda visto impresa una obra con su r\u00fabrica en la revista \u00c9lite; se trata del relato <em>Juan del cine<\/em>. M\u00e1s que la importancia del mismo relato- que pone de manifiesto sus inter\u00e9s por uno de los temas y asuntos de la civilizaci\u00f3n moderna- su presencia en dicha publicaci\u00f3n constituye, seg\u00fan el propio Meneses, su <em>bautismo como escritor<\/em>, ya que ese n\u00famero precisamente ha pasado a ser paradigm\u00e1tico, emblem\u00e1tico y definidor de una generaci\u00f3n de escritores, que se formaron durante los a\u00f1os finales del gomecismo.<\/p>\n<p>Empero, para Meneses, 1934 es <em>su<\/em> a\u00f1o: es entonces cuando circula su primera novela- <em>Canci\u00f3n de negros<\/em>&#8211; as\u00ed como ve publicados los relatos <em>Adolescencia<\/em> y, en un volumen especial de la Asociaci\u00f3n de Escritores de Venezuela, <em>La balandra Isabel lleg\u00f3 esta tarde<\/em>, una de sus m\u00e1s celebradas piezas, que ser\u00eda posteriormente adaptada al teatro, al cine y hasta la televisi\u00f3n, depar\u00e1ndole a nuestro autor un especial reconocimiento.<\/p>\n<p>Entre esa fecha (1934) y el momento de su muerte (ocurrida como se dijo en 1978), y a\u00fan despu\u00e9s, son editados numerosos libros de Meneses en casi todos los g\u00e9neros: novelas, cuentos, obras teatrales, ensayos; tambi\u00e9n escribi\u00f3 guiones para radio, cr\u00f3nicas; s\u00f3lo con el g\u00e9nero po\u00e9tico no quiso probar suerte nuestro autor, hasta donde tengo noticia.<\/p>\n<p>De igual modo, las colaboraciones de Meneses con diversas publicaciones peri\u00f3dicas son numerosas: con la Revista Nacional de Cultura (desde 1941) y la del diario El Nacional (desde 1945), la Revista de Am\u00e9rica de Bogot\u00e1\u00a0 (1946), el papel literario de El Nacional (desde 1954). Asimismo, fue director de la revista \u00c9lite, de Ahora, El tiempo, El Nacional, \u00daltimas Noticias, la revista del Concejo Municipal de Caracas, Cr\u00f3nica de Caracas (noviembre 1964), donde escribi\u00f3 con los seud\u00f3nimos de <em>Juan de Caracas<\/em> y <em>Jos\u00e9 de las Gradillas<\/em>.<\/p>\n<p>En cuanto a premios y reconocimientos, Meneses tambi\u00e9n sabore\u00f3 las mieles de los cert\u00e1menes literarios: ganador del concurso de la revista \u00c9lite con <em>Campeones<\/em> (en 1939), ganador del concurso de Cuentos de El Nacional con <em>La mano junto al muro<\/em> (en 1951), ganador del Premio Ar\u00edstides Rojas de novela con <em>El falso cuaderno de Narciso Espejo<\/em> (en 1952), Premio Municipal de Prosa por <em>La misa de Arlequ\u00edn<\/em> (en 1963). En 1967 obtiene el mayor reconocimiento para un escritor de nuestro pa\u00eds, con el conferimiento del Premio Nacional de Literatura por su obra en conjunto.<\/p>\n<p>La narrativa de Meneses ha sido objeto de diversas valoraciones, an\u00e1lisis y estudios, \u00a0por parte de la cr\u00edtica en Venezuela y en Latinoam\u00e9rica, que considera tanto la importancia de la obra menesiana per se, como lo que representa en el proceso literario venezolano y latinoamericana del siglo XX, esto es, en el contexto de la literatura que le precedi\u00f3 y en el contexto de las vanguardias, y es que nuestro autor form\u00f3 parte de un proyecto est\u00e9tico com\u00fan, junto con otro grupo de escritores de su \u00e9poca, proyecto que se puede resumir en la intenci\u00f3n de \u201cotorgar a las producciones literarias venezolanas un sello de contemporaneidad\u201d (Lasarte, 1992: 118).<\/p>\n<p>Para este cr\u00edtico, los primeros textos de nuestro autor \u201ctienen por base de sus significados la b\u00fasqueda de una identidad (\u2026) y definici\u00f3n de una nueva venezolanidad\u201d (ob. Cit, p. 111). En este sentido, Guerrero (1996) considera que Meneses se constituye en un puente que lleva de Pocaterra y Gallegos hacia Garmendia y Balza, del criollismo y el costumbrismo a la indagaci\u00f3n psicol\u00f3gica y a la experimentaci\u00f3n con el lenguaje. El t\u00e9rmino empleado por este cr\u00edtico me parece justo para definir la obra de Meneses: un puente, porque tiene un punto de apoyo en el otro lado, no deja del todo lo que antes fuera y, por el otro lado, llega a esta orilla donde ya podemos hablar de la narrativa contempor\u00e1nea. En este orden de ideas, el autor citado ampl\u00eda su visi\u00f3n al afirmar:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">\u2026 Meneses hereda, adem\u00e1s la posici\u00f3n conflictiva de los novelistas de la tierra que, al decir de Carlos Alonso, los lleva a exaltar el exotismo de lo aut\u00f3ctono como un rasgo que nos separa de una modernidad a la occidental, pero que permite formular, a la vez, una \u00edntima aspiraci\u00f3n de esa misma modernidad a trav\u00e9s de la cr\u00edtica de las estructuras sociales que nos impiden llegar a ella (Guerrero, 1996: 77)<\/p>\n<p>Para Meneses, en su contexto de inicio, en los a\u00f1os treinta, parec\u00eda ineludible la impronta del galleguismo, m\u00e1xime cuando el autor de <em>Do\u00f1a B\u00e1rbara <\/em>hab\u00eda dado a la luz esta obra exactamente un a\u00f1o antes de que Meneses comience a publicar; y de verdad que el revuelo por la obra de Gallegos era enorme en ese entonces, en Venezuela y en toda la Am\u00e9rica de habla hispana, hasta en la pen\u00ednsula. El mismo Meneses (citado en Zacklin, 1985: 17) no duda en reconocer esa notable influencia:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">Tanto en Gallegos como en Uslar quisimos observar que lo que ten\u00edamos por criollismo pod\u00eda lograr formas que lo un\u00edan a las nuevas tendencias literarias. Por ese tiempo escrib\u00ed yo <em>Canci\u00f3n de negros, La balandra Isabel lleg\u00f3 esta tarde, Adolescencia y Campeones.<\/em><\/p>\n<p>Pero si bien comienza en aquella orilla, tel\u00farica, conforme avanzaba Meneses iba aproxim\u00e1ndose a otros elementos, aunque no siempre fue un avance en l\u00ednea recta, cronol\u00f3gicamente hablando. As\u00ed, mientras en los primeros textos- <em>Juan del cine <\/em>y <em>Elogio de la velocidad<\/em>&#8211; se interes\u00f3 por los elementos de la civilizaci\u00f3n moderna, en una onda que yo dir\u00eda <em>futurista<\/em>, despu\u00e9s tuvo ligeros \u201cretrocesos\u201d en las novelas antes mencionadas (<em>Campeones<\/em> y <em>El mestizo Jos\u00e9 Vargas<\/em>), como si desde ese puente Meneses no quisiera dejar de mirar atr\u00e1s de vez en cuando.<\/p>\n<p>Nu\u00f1o (1991: 109) sostiene que \u201cla narrativa de Meneses empez\u00f3 manifest\u00e1ndose, en las primeras obras, como tensi\u00f3n entre opuestos, como oposici\u00f3n no resuelta\u201d. En este sentido, la autora afirma que en la escritura de nuestro se plantea una trama tensional; claro que esto no deriva exactamente de un antagonismo como el que ver\u00eda Gallegos. M\u00e1s bien, Nu\u00f1o (1991) considera que en la narrativa de Meneses tal condici\u00f3n, por lo com\u00fan, deriva de variaciones narrativas en torno al tema del <em>mundo como tentaci\u00f3n<\/em>, la percepci\u00f3n de la tentaci\u00f3n como todo aquello que trasciende el cerrado orbe familiar o comunitario y en relaci\u00f3n con todo aquello que se opone al dogma religioso, recordando lo que este autora afirma con respecto a la visi\u00f3n cat\u00f3lica en la obra de Meneses; esto se aprecia muy claramente en <em>Adolescencia,<\/em> <em>El<\/em> <em>Mestizo <\/em>y m\u00e1s a\u00fan en <em>El falso cuaderno<\/em>.<\/p>\n<p>Ahora bien, Guerrero (1996) no considera que la dualidad o ambig\u00fcedad antes mencionada, esto es, la simult\u00e1nea presencia de lo tel\u00farico costumbrista y de la modernidad, signifiquen una confusi\u00f3n en cuanto al proyecto narrativo de Meneses, sino que la aparente contradicci\u00f3n se resuelve al interpretar que en nuestro autor hab\u00eda voluntad de plantearse un \u201cproyecto de conciliar la herencia de la novela regionalista con las innovaciones m\u00e1s recientes de la narrativa contempor\u00e1nea\u201d (p. 81). De igual modo, Lasarte \u00a0(1992)coincide en se\u00f1alar que:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">\u2026[el] planteamiento est\u00e9tico de Meneses [es] un h\u00edbrido en el que coexisten proyectos reformulados y actualizados del regionalismo anterior, adecuados a las nuevas condiciones y exigencias, con formas expresivas y procedimientos narrativos relativamente innovadores con respecto a algunos modelos previos (p. 113)<\/p>\n<p>Esto ocurre en <em>La Balandra<\/em><em> Isabel<\/em>, texto en el cual, casi a la manera de Gallegos, el paisaje es pr\u00e1cticamente un personaje, un elemento de la trama, una presencia de \u00e1nimo, con la diferencia de que no es el llano sino el mar:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">\u2026 Segundo, acodado en la ventana miraba hacia el mar oscuro, enorme y cercano en la lejan\u00eda\u2026 Lleno de sombra, lleno de rumores, vibrando con bordoneo de panal gigante, est\u00e1 all\u00ed el mar: eso oscuro. (\u2026) El mar. Se siente cercano; como si fuera ya a inundar todo. Como si estuviera volteando en lo oscuro de sus ruidos (Meneses, 1991: 75).<\/p>\n<p>Y no obstante su visi\u00f3n a\u00fan costumbrista, el autor comienza a imponer una gran distancia con Gallegos al introducir, por ejemplo, el tema de la sexualidad, tratado con desparpajo, sin tapujos, y no con la timorata reticencia de la mayor parte de los autores que le precedieron; en esta l\u00ednea tem\u00e1tica continuar\u00eda nuestro autor en textos como <em>Borrachera<\/em>; <em>La mano junto al muro<\/em>; <em>El falso cuaderno de Narciso espejo<\/em>; <em>La mujer, el as de oros y la luna; Cable cifrado<\/em>, entre otros.<\/p>\n<p>En s\u00edntesis, la dualidad civilizaci\u00f3n barbarie que en cierto modo est\u00e1 presente en la narrativa menesiana, al principio parec\u00eda seguir la visi\u00f3n de Gallegos; pero no hay que confundirse, ya que la \u00f3ptica era exactamente la contraria: Meneses toma partido por el otro bando, a la manera de Rousseau; no es que haya que civilizar al b\u00e1rbaro, como seguramente pensaban Gallegos y Sarmiento, sino que es la ciudad inmoral, la civilizaci\u00f3n, la que corrompe al <em>buen salvaje<\/em>. Esto es evidente en <em>El mestizo Jos\u00e9 Vargas<\/em> y m\u00e1s a\u00fan en <em>Campeones<\/em>. Y si bien los <em>Campeones <\/em>son a\u00fan hijos de la tierra, y como tales aparecen inicialmente, despu\u00e9s la acci\u00f3n se traslada a un centro urbano, donde se transforman, degradan, envilecen: a unos la ciudad los pierde, a otros (como a Camacho) simplemente los usa.<\/p>\n<p>Sea como sea, el punto es que la narrativa venezolana con Meneses hab\u00eda terminado de cruzar el puente y llegado a la ciudad y consolidado un cambio, quiz\u00e1s no de manera definitiva a\u00fan. Lasarte (1992) considera que \u201cel elemento b\u00e1sico que define el cambio reside en el desplazamiento del foco de inter\u00e9s narrativo del \u00e1mbito rural al urbano\u201d (p. 110); en esto coincide Gerendas (1995), quien se\u00f1ala: \u201cGuillermo Meneses aporta a la narrativa venezolana, hasta entonces de predominante ambiente rural, una perspectiva novedosa en relaci\u00f3n a la gran ciudad y al puerto\u201d (p. 3106), aunque estos espacios son predominantemente s\u00f3rdidos. (Sobre este punto volveremos luego.)<\/p>\n<p>Por cierto, as\u00ed como se reconoce que Meneses fue \u201cel escritor que llev\u00f3 a su <em>mayor\u00eda de edad<\/em> a la novela moderna urbana de su pa\u00eds\u201d (Aira, 2001: 363), pocos cr\u00edticos (entre ellos Mancera, 1958) destacan el hecho de que nuestro autor fue uno de los primeros venezolanos en tratar el tema del deporte en una narraci\u00f3n; el elemento deportivo, tan importante en la vida del latinoamericano ha sido en realidad poco socorrido, antes y ahora; casi siempre en la novela se ha buscado abordar m\u00e1s lo venezolano desde la m\u00fasica o la historia, por ejemplo; y digo venezolano como puedo decir latinoamericano. M\u00e1rquez (1984: 13), en el pr\u00f3logo de una de las ediciones de <em>Campeones<\/em>, es del mismo parecer:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">La novedad podr\u00eda decirse que es absoluta, en el sentido de que, aparte de la novela de Meneses, el deporte casi no ha recibido el tratamiento literario que \u00e9l le dio, al dedicar toda una novela espec\u00edficamente a dicho tema.<\/p>\n<p>Volviendo a la condici\u00f3n urbana de su narrativa, pienso que Meneses, acaso sin propon\u00e9rselo, muestra el itinerario seguramente seguido por muchos de nuestros compatriotas: dejan el campo pero no llegan de lleno a la ciudad, sino a su periferia; de una marginalidad semirrural los <em>campeones <\/em>pasan a la marginalidad urbana; la ciudad, la verdadera ciudad, con su supuesto progreso material y econ\u00f3mico, sus edificios y oficinas, sus veh\u00edculos, sin embargo sigue siendo para los personajes eso que queda lejos; lo que ven los <em>campeones<\/em>, lo que vemos inicialmente de la Caracas de entonces, es un puro arrabal: un botiqu\u00edn, un callej\u00f3n, una pensi\u00f3n de mala muerte; una ciudad de pobres y fracasados.<\/p>\n<p>Sobre este particular Mancera (1958) dice que Meneses pr\u00e1ctica una \u201cliteratura de los bajos fondos con toda la crudeza\u201d distanci\u00e1ndose de las vanguardias <em>manoseadoras de met\u00e1foras<\/em>, ya que- sostiene- para este realismo acaso no quepa otro lenguaje; esa afirmaci\u00f3n, que vincular\u00eda a Meneses m\u00e1s con un Zola antes que con un Rub\u00e9n Dar\u00edo, es muy parcial, y por supuesto, se refiere m\u00e1s al Meneses de la <em>Balandra<\/em>, antes que al de <em>El Mestizo<\/em>, entre otras, donde nuestro autor s\u00ed apelo a un lenguaje m\u00e1s ampuloso.<\/p>\n<p>M\u00e1s que verlo como un mero asunto de lenguaje o de tem\u00e1tica, Guerrero (1996) considera que, de esta suerte, en la narrativa de Meneses la cultura marginal se ve incorporada a la definici\u00f3n de la nacionalidad, de la venezolanidad, con cierta cr\u00edtica impl\u00edcita de las estructuras sociales, coincidiendo en este sentido con la opini\u00f3n de Garmendia (citado en Fundaci\u00f3n Polar, 1997), seg\u00fan el cual Meneses \u201cindaga en un mundo obsesionante y ritual donde la sordidez del suburbio, la superficie y el mito son reflejos de ingentes realidades sociales\u201d (tomo 3, p. 129).<\/p>\n<p>Replanteando la cuesti\u00f3n del costumbrismo, y volviendo a la tesis de que Meneses buscaba conciliar la novela regionalista con las innovaciones m\u00e1s recientes de la narrativa, pienso que esta condici\u00f3n apunta no tanto a una postura est\u00e9tica como a una visi\u00f3n de lo venezolano, de lo venezolano que hacia rato hab\u00eda dejado de ser rural y ya para mediados de la d\u00e9cada de los \u201850 avanzaba desmedida o desmesuradamente hacia un proceso de urbanizaci\u00f3n progresiva.<\/p>\n<p>Luego, esto lo asume Meneses sin ideas socio pol\u00edticas preconcebidas, sin tesis, sin el intento de didactismo que le caracteriz\u00f3 hasta <em>El Mestizo<\/em>; sin buscar, a la manera de Uslar, reafirmar una identidad nacional desde la literatura (Lasarte, 1992: 105). No es de extra\u00f1ar, pues, que nuestro autor abandonara definitivamente el asunto del mestizaje y de los nacionalismos y didactismos, asuntos propios del criollismo, para abordar otros temas como el absurdo de la existencia, la singularidad del yo y la fatuidad del lenguaje, hasta desembocar en <em>La misa de Arlequ\u00edn<\/em>.<\/p>\n<p>Con respecto al tratamiento de los personajes, Meneses tambi\u00e9n comenz\u00f3 marcando distancia en relaci\u00f3n con la literatura criollista:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">\u2026 los personajes negros y mestizos adquieren en la narrativa venezolana un papel totalmente distinto al que hab\u00edan tenido hasta entonces&#8230; los negros ya no ser\u00e1n las terror\u00edficas figuras que, machete en mano, van quemando haciendas y sembrando violencia a su paso; tampoco ser\u00e1n los id\u00edlicos personajes a quienes el autor omnisciente contempla con distante y compasiva mirada paternal, ni tampoco las figuras folcl\u00f3ricas y pintorescas que ocupan un lugar secundario en la trama. Con Meneses, los personajes negros irrumpen en la narrativa venezolana representando a seres humanos que sienten el ansia de realizarse, de dejar de ser los marginados de la existencia (Gerendas, 1995: 3105-3106)<\/p>\n<p>En este anhelo inconsciente de transformar su situaci\u00f3n muchos de los personajes intentan crear una ceremonia para buscar su salvaci\u00f3n, dice la autora citada; en algunos casos, como sucede con Juan Ruiz o con el mismo Arlequ\u00edn, esto se logra a trav\u00e9s de la escritura:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">La salvaci\u00f3n a trav\u00e9s de la literatura y el arte resume la concepci\u00f3n del mundo de <em>La misa de Arlequ\u00edn<\/em>, caracterizada por la visi\u00f3n del hombre solo, la tragedia de la incomunicabilidad, la trascendencia de la ceremonia como \u00fanica posibilidad de realizaci\u00f3n del ser, la creaci\u00f3n de una imagen del yo como v\u00eda de salvaci\u00f3n, la fe en la creaci\u00f3n art\u00edstica como v\u00eda para alcanzar lo universal y lo eterno (Gerendas, ob. cit.).<\/p>\n<p>Ahora bien, no creo que sea posible reducir a todos los personajes de Meneses a esta din\u00e1mica de anhelo de una existencia plena, de buscar abandonar la marginalidad; as\u00ed como la Esperanza de <em>La Balandra<\/em> tiene esa secreta aspiraci\u00f3n, muchos se solazan en su miseria o en su vida al margen; seg\u00fan Paz Castillo (1994), estos personajes- como <em>El duque <\/em>o Gregorio Cobos- tienen algo del p\u00edcaro resignado a su condici\u00f3n, y se sienten realizados plenamente en lo que son y no desean dejar de ser. Sobre este punto a\u00f1ade Araujo (1988: 48) que hay, en todos los cuentos de hampa, \u201cuna resignaci\u00f3n casi optimista\u201d.<\/p>\n<p>De igual modo, no se debe dejar de mencionar el caso de los personajes que no evolucionan sino hacia la abyecci\u00f3n y la degradaci\u00f3n, como sucedi\u00f3 en alg\u00fan momento con <em>Arlequ\u00edn<\/em>, o en <em>Campeones<\/em>: Teodoro Guill\u00e9n, si bien al inicio participaba de ese anhelo de realizarse, a trav\u00e9s del deporte, se deja ganar por el vicio y por la molicie; pronto se convierte en una caricatura de s\u00ed mismo, un alcoh\u00f3lico, pendenciero, chulo de poca monta y hasta travesti. Jos\u00e9 Luis, otro de los personajes de <em>Campeones<\/em>, termina peor: muere en el abandono, casi en la indigencia.<\/p>\n<p>Para Zacklin (1985), son comunes los personajes de Meneses que se dejan arrastrar, violenta e intempestivamente, por una pasi\u00f3n irrefrenable, pasi\u00f3n que puede ser desencadenada repentinamente por alg\u00fan motivo externo, como por ejemplo una canci\u00f3n (esto \u00faltimo seg\u00fan Lasarte, en el pr\u00f3logo a la edici\u00f3n de <em>Diez cuentos<\/em> de 1991). Claro, tal condici\u00f3n abunda en el primer Meneses, no as\u00ed en el segundo, donde los personajes son poco definidos a priori y m\u00e1s bien van adquiriendo consistencia mientras se perfila la narraci\u00f3n; \u201cse crean mientras escriben\u201d, dice Zacklin (ob. cit.); o s\u00f3lo <em>son<\/em> mientras <em>se<\/em> escriben, pienso yo que sucede con el Juan Ruiz de <em>El falso cuaderno<\/em>.<\/p>\n<p>As\u00ed, de acuerdo con Gerendas (1995), Meneses va del dibujo firme y acentuado de los personajes, casi tipos balzacianos dir\u00eda yo, hacia un desdibujamiento, un claroscuro; lo que va quedando del personaje son atisbos, dice la autora: \u201cel personaje creado por Meneses se nos ofrece como una existencia, una posibilidad, un proyecci\u00f3n en actos o, m\u00e1s bien, solamente gestos\u201d. Es decir, el personaje s\u00edmbolo, el que se constituye en arquetipo de algo, desaparece por completo en alg\u00fan momento de la narrativa de Meneses. En efecto, los personajes de <em>La mano junto al muro<\/em>, qu\u00e9 son sino un gesto en una pared, un gesto queriendo decir \u201caqu\u00ed, aqu\u00ed\u201d.<\/p>\n<p>Esto no apunta tanto a la caracterizaci\u00f3n del personaje, o a la falta de, sino que en sentido m\u00e1s amplio, es un rasgo de la escritura hacia la que fue evolucionando Meneses y que encuentra su momento culminante en <em>La mano junto al muro<\/em> y en <em>El falso cuaderno<\/em>. Nu\u00f1o (1991) al respecto se\u00f1ala que los rasgos de la temprana escritura de Meneses ir\u00e1n desdibuj\u00e1ndose hasta desaparecer por completo, como si \u201chubiese querido primero multiplicar y borrar las huellas de un narrador engorroso, para asumir inmediatamente despu\u00e9s los rasgos opuestos del narrador g\u00e1rrulo\u201d (p. 109), en una escritura que a fuerza de escamotear y ocultar los hechos termina siendo parad\u00f3jicamente reveladora.<\/p>\n<p>Sobre este punto, la cr\u00edtica ha querido ver la existencia de dos grandes momentos en la narrativa de Meneses, asunto que ha sido por dem\u00e1s discutido por muchos autores. Hay quienes que defienden esta tesis, entre ellos Liscano, Balza, Araujo; en el Pr\u00f3logo a la edici\u00f3n de la edici\u00f3n de <em>La mano junto al muro\/El falso cuaderno de Narciso Espejo<\/em>, de la Biblioteca B\u00e1sica de Autores Venezolanos hecha por Monte \u00c1vila, Navarro (2005) resume tal tesis de la siguiente manera:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">\u2026 el proceso de producci\u00f3n [de la narrativa de Meneses] (\u2026) se desarrolla en dos fases bien diferenciadas: una que va desde 1930 hasta 1942 y otra que comprende desde 1942 hasta 1962, donde se ubican el cuento <em>La mano junto al muro <\/em>(1951) y la novela <em>El falso cuaderno de Narciso Espejo<\/em>.<\/p>\n<p>De N\u00f3brega (2008) cuestiona tal divisi\u00f3n aparente, ya que considera que no hay una diferencia ni tan clara ni tan tajante entre el primero y el segundo per\u00edodos, que incluso llega a poner en entredicho:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">Los primeros cuentos de los a\u00f1os treinta, si se quiere, prefiguran textos posteriores y depurados como \u201cLa mano junto al muro\u201d (1951). Persisten las obsesiones tem\u00e1ticas, los personajes marginales, la transici\u00f3n del paisaje rural al urbano; el giro descansa en el tratamiento de dichos aspectos.<\/p>\n<p>Esto quiere decir, que la unidad prevalece por encima de las diferencias que se puedan apreciar entre los textos de Meneses de distintas \u00e9pocas. Sobre todo si consideramos que, seg\u00fan Araujo (1988), b\u00e1sicamente los temas en la narrativa de Meneses son dos: el conflicto del yo o ruptura de la ilusi\u00f3n del yo, y \u201cla vida como conflicto entre las potencias del bien y del mal, el mundo como tentaci\u00f3n\u201d (p. 31); de igual modo, contin\u00faa este autor, las formas de abordar estos temas (<em>formas del asedio <\/em>como \u00e9l mismo las llama), tampoco son demasiadas:<\/p>\n<p>Desde el punto de vista estil\u00edstico, y contemplando la obra en conjunto y a distancia, observo dos maneras de tratamiento de lo que considero un mismo territorio tem\u00e1tico: la una es \u00e9pica, objetiva, omnisciente, en la cual un encadenamiento epis\u00f3dico, que sigue la direcci\u00f3n del tiempo f\u00edsico,\u00a0 va de un comienzo a un fin con estructura que se cierra; la otra es subjetiva, introspectiva, a veces delirante, obra que sigue un tiempo psicol\u00f3gico, avanza, retrocede y se enrosca, con estructura de espiral girando sin fin sobre su propio centro (ob. Cit. p. 33).<\/p>\n<p>A veces parece que Meneses trabaj\u00f3 sus textos fundament\u00e1ndose en la teor\u00eda combinatoria: con pocos elementos siempre dispuestos de manera distinta, \u201cMeneses crea un universo de ficci\u00f3n con un n\u00famero reducido de personajes que se repiten\u201d (Zacklin, 1985: 37). Por ello, nuestro autor apela al retorno de personajes, como Balzac; pero no s\u00f3lo vuelve a los personajes, sino a los temas y motivos y formas: la educaci\u00f3n religiosa, la figura paterna, la trasgresi\u00f3n, inicio al sexo, la rebeld\u00eda; la repetici\u00f3n ritual de las frases que ocurre en <em>La mano junto al muro<\/em> ya estuvo al inicio de <em>El mestizo<\/em>. \u201cCada trabajo narrativo de Meneses asume una selecci\u00f3n de su obra anterior\u201d, resume Araujo (1988).<\/p>\n<p>Yo no me siento muy apto para afirmar, de manera tan rotunda, cu\u00e1ndo finaliza un Meneses y cu\u00e1ndo inicia el otro. Pero s\u00ed puedo ver que \u00e9l que comenz\u00f3 a escribir, el que public\u00f3 <em>Canci\u00f3n de negros<\/em>,\u00a0 y que a la manera de Uslar buscaba reafirmar una identidad nacional desde la literatura, ya no era el mismo que a\u00f1os despu\u00e9s urdi\u00f3 <em>La misa de Arlequ\u00edn<\/em>. Acaso a lo largo de su proceso de escritura, en Meneses se pueda ver, como en ning\u00fan otro, una l\u00ednea de evoluci\u00f3n dentro la narrativa venezolana contempor\u00e1nea. Al respecto, Liscano (1995) advierte que Meneses:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">\u2026 arranca de un criollismo urbano, orientado hacia el <em>lumpen proletariat<\/em>, hacia los grupos marginales de la sociedad y el tema sociol\u00f3gico del mestizo, para desembocar en una narrativa de b\u00fasquedas ontol\u00f3gicas y atisbos de renovaci\u00f3n formal\u2026 (p. 61)<\/p>\n<p>Entre el primer Meneses y el \u00faltimo hay \u201cla distancia que va del cl\u00e1sico al barroco\u201d, citando nuevamente a Araujo (aunque \u00e9l se refer\u00eda m\u00e1s exactamente a la diferencia entre Gallegos y Meneses). Por otra parte, advierte Lasarte (1992: 122 y sig.), tambi\u00e9n desaparece el proyecto de nacionalidad, se desestima la visi\u00f3n moralista y dual del mundo, se asume una perspectiva ir\u00f3nica que distancia y niega todo, incluso los propios g\u00e9neros literarios.<\/p>\n<p>Sin embargo, no por ello se debe entender, como \u201cha sido la tendencia m\u00e1s o menos generalizada (\u2026), la narrativa de Meneses como un todo organizado y coherente que ha de encaminarse hacia un final preconcebido desde sus textos iniciales\u201d (Lasarte, ob. Cit.). Si bien puede verse una l\u00ednea, no es una l\u00ednea recta, como dije al inicio, y mucho menos se debe creer que Meneses estaba haciendo una calistenia desde textos como <em>Tard\u00edo regreso<\/em>, prepar\u00e1ndose para <em>El falso cuaderno<\/em>; claro, si lo vemos en retrospectiva, todo parece coincidir, pero es fatuo imaginar una visi\u00f3n tan prof\u00e9tica en un autor con respecto a su propia obra.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s lo m\u00e1s justo sea decir, con Balza (1981) que Meneses \u201cs\u00f3lo pudo llegar a la escritura de <em>El falso cuaderno de Narciso Espejo <\/em>despu\u00e9s de mucho copiarse a s\u00ed mismo\u201d (p. IX).<\/p>\n<p><strong>LA TRILOG\u00cdA FUNDAMENTAL<\/strong><\/p>\n<p>Meneses fue el autor de diversas obras, pero fundamentalmente lo es de tres textos narrativos: <em>La balandra Isabel lleg\u00f3 esta tarde, La mano junto al muro, El falso cuaderno de Narciso Espejo<\/em>; sin \u00e1nimos de restarle m\u00e9ritos a las dem\u00e1s, de haber escrito esas otras y no estas tres mencionadas, seguramente no estar\u00eda yo elaborando este ensayo ni consultando tan abundante bibliograf\u00eda indirecta sobre el autor y su obra.<\/p>\n<p>La distancia que marcan estas tres con respecto a las otras no es necesariamente ni tem\u00e1tica ni estil\u00edstica; es de <em>resultados<\/em> en el \u00e1nimo del lector, de resultados que se han mantenido a lo largo de las d\u00e9cadas. Esto concuerda con la definici\u00f3n que Borges (1989: II, 151) daba con respecto a lo que es un cl\u00e1sico:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">Cl\u00e1sico no es un libro (lo repito) que necesariamente posee tales o cuales m\u00e9ritos; es un libro que las generaciones de los hombres, urgidas por diversas razones, leen con previo fervor y con una misteriosa lealtad.<\/p>\n<p>Y es que debemos reconocer que estas tres obras fundamentales de Meneses, estos tres <em>cl\u00e1sicos<\/em>, tienen muchos puntos en com\u00fan entre s\u00ed y con las dem\u00e1s, es decir, en un examen a priori podr\u00edamos encontrar que <em>La misa de Arlequ\u00edn <\/em>o <em>Tard\u00edo regreso a trav\u00e9s de un espejo <\/em>no difieren demasiado en el planteamiento con respecto a <em>El falso cuaderno<\/em>; que las historias de lupanares y prostitutas, marineros, frustrados, abundan en su obra y no son elementos exclusivos de <em>La balandra<\/em>.<\/p>\n<p>Entonces, m\u00e1s que hablar de lo que hay los textos, podr\u00eda hablar de lo que hay en su lectura, es decir, c\u00f3mo ha sido la lectura por parte de la cr\u00edtica; as\u00ed, pues, paso a revisar, con los comentarios del caso, algunas anotaciones que han hecho los autores que me precedieron, con respecto a estas tres narraciones que considero las fundamentales en el panorama de la escritura de Meneses, comenzando con la primero, cronol\u00f3gicamente hablando: <em>La balandra Isabel lleg\u00f3 esta tarde<\/em>, texto publicado originalmente en 1934, bajo el sello de Editorial Elite.<\/p>\n<p>Sobre este relato, han sido muy elogiosas las cr\u00edticas, incluso fuera de nuestra frontera: en su <em>Historia de la literatura hispanoamericana<\/em>, Anderson Imbert (1957: 441) considera que Meneses escribi\u00f3 \u201cuna peque\u00f1a obra maestra\u201d; por su parte, C\u00e9sar Aira, en su <em>Diccionario de autores latinoamericanos<\/em> (2001: 363), afirma que \u201ceste cuento se volver\u00eda un cl\u00e1sico (\u2026); aunque realista, sus elementos de pasi\u00f3n y brujer\u00eda anticipan la obra madura del autor\u201d.<\/p>\n<p>Sin embargo, encuentro a menudo que la cr\u00edtica, sobre todo en Venezuela, ha buscado valorar este relato por el contexto m\u00e1s que por el texto por s\u00ed mismo, quiero decir, abundan las afirmaciones del tipo:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">La balandra represent\u00f3 un cambio significativo en la literatura venezolana, tanto por el mundo tematizado como por la novedad del punto de vista narrativo. A partir de este texto de Meneses encontramos ya los caracter\u00edsticos personajes impulsados por un ansia instintiva de poseer algo informe y maravilloso (Gerendas, 1995)<\/p>\n<p>En esta clase de afirmaciones no se considera a la narraci\u00f3n en s\u00ed, sino que se le atribuye valor por lo que le precede y no por lo que en el texto sucede. O bien, se trata de resaltar <em>La balandra<\/em> por lo que presagiar\u00eda en la narrativa posterior de Meneses (tal como sugiere el citado Aira, 2001).<\/p>\n<p>De verdad, no encuentro nada malo en afirmar que \u00e9ste el primer gran logro literario de Meneses como narrador no era demasiado diferente de un Pocaterra, salvo lo se\u00f1alado en el cap\u00edtulo anterior con respecto al tratamiento de la sexualidad. <em>La balandra <\/em>es un cuento m\u00e1s o menos costumbrista, m\u00e1s o menos paisajista, cuya trama transcurre, en buena parte, en un lupanar, y una de cuyos protagonistas es una prostituta, algo relativamente in\u00e9dito en nuestra literatura.<\/p>\n<p>Lasarte (1991) es de este parecer:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">\u201cLa balandra\u2026\u201d es un cuento representativo de esa particular vertiente del criollismo que domin\u00f3 la narrativa vanguardista venezolana al menos hasta los a\u00f1os cuarenta. La reflexi\u00f3n sobre la nacionalidad es la base sobre la que se asienta su intento (p. 13)<\/p>\n<p>Inclusive el mismo Meneses (citado por Lasarte, 1991) \u201ccuestionaba las f\u00f3rmulas del criollismo convencional\u201d y se\u00f1alaba, por otra parte, \u201cla necesaria empresa de reconstrucci\u00f3n que supone este nuevo criollismo\u201d. Parad\u00f3jicamente <em>La balandra <\/em>se constituye en un hito dif\u00edcil de superar, que marca la decadencia de esta tendencia costumbrista; la agota, pr\u00e1cticamente.<\/p>\n<p>Al margen de esta discusi\u00f3n, pienso que la calidad del texto va m\u00e1s all\u00e1 y no depende de; si alguien me dijera que el cuento lo escribi\u00f3 alguien a principios de este siglo XXI, no s\u00f3lo le creer\u00eda, sino que me seguir\u00eda pareciendo un cuento extraordinario. Las razones por las que digo esto \u00faltimo yo mismo las ignoro, como me sucede con muchos otros textos que me han parecido tambi\u00e9n excepcionales; s\u00f3lo s\u00e9 que <em>La balandra <\/em>tiene ese sino de lo indeleble, de lo que permanece en nuestra memoria a\u00fan a pesar de los a\u00f1os; tiene tambi\u00e9n esa cualidad de los grandes textos: a\u00fan a pesar de las erratas que podamos advertir, parecen a todas luces inmejorables, imperfectibles.<\/p>\n<p>La historia de <em>La balandra <\/em>acaso encuentra su continuidad en <em>La mano junto al muro<\/em>, y acaso tambi\u00e9n podr\u00eda encontrar all\u00ed su final. Si bien son afines en alg\u00fan momento, en <em>La balandra<\/em> la \u00f3ptica es ir\u00f3nica; en <em>La mano<\/em> se va a lo dram\u00e1tico. <em>La mano junto al muro<\/em>, considerado como \u201cel cuento por excelencia de la \u00e9poca contempor\u00e1nea en Venezuela\u201d (Lasarte, ob. Cit.), es una historia \u201centre policial, g\u00f3tico y experimento con el tiempo, en formato de rompecabezas\u201d (Aira, 2001), donde se \u201cincorpora discontinuidad al dise\u00f1o global de la narrativa\u201d (Guerrero, 1996).<\/p>\n<p>En este texto, se entrelazan, se encuentran o desencuentran, varias historias; b\u00e1sicamente: la historia de un castillo que se ha convertido en prost\u00edbulo; la de una prostituta a quien apodan <em>Bull shit<\/em>, una mujer cuyos recuerdos son vagos y difusos, como si viviera en perpetuo ensue\u00f1o; la historia de un crimen que acaso alguien trata de reconstruir; pero tambi\u00e9n hay una historia m\u00e1s: la historia del mismo texto, el contar sobre lo que se cuenta; recurso al cual Meneses volver\u00e1 a apelar, en <em>El falso cuaderno<\/em>, pero llev\u00e1ndolo a sus m\u00e1ximas consecuencias<em>. <\/em><\/p>\n<p><em>La mano junto al muro<\/em> puede ser le\u00eddo as\u00ed como un exigente compendio de temas y recursos ya empleados en textos anteriores pero llevados ahora al plano de una escritura que transgrede los l\u00edmites de una ficci\u00f3n realista. La prostituta, el puerto, la oscura intimidad de la alcoba, la expresi\u00f3n del deseo y la breve cr\u00f3nica de un sino tr\u00e1gico son, en efecto, rasgos que ya pertenecen a la obra menesiana, tanto o m\u00e1s que una prosa po\u00e9tica que gira constantemente sobre s\u00ed misma en reiteraciones y variaciones. (Guerrero, 1996: 86)<\/p>\n<p>Para Gerendas (1995), el tema de la escritura como invenci\u00f3n o como ficci\u00f3n, incluso el cuestionamiento de las mismas posibilidades de la escritura, se vincula org\u00e1nicamente con la idea central de la narrativa de Meneses. Se trata pues, de la reflexi\u00f3n, m\u00e1s bien, la interrogaci\u00f3n de la narraci\u00f3n sobre s\u00ed misma, discurso autorreflexivo \u00e9ste que ya estuvo presente en un relato anterior: <em>Tard\u00edo regreso a trav\u00e9s de un espejo<\/em>.<\/p>\n<p>En relaci\u00f3n con el discurso, Navarro (2005) se\u00f1ala que <em>La mano junto al muro<\/em>:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">\u2026 se desenvuelve como una historia conducida por una voz narradora \u00fanica que reconstruye la historia desde un pasado, integrando otras voces que aun situ\u00e1ndose en un nivel temporal distinto, remiten a un pret\u00e9rito que corresponde al del cuento ya contado, pero que vuelve a contarse. En ese juego, la voz conductora rescata palabras y gestos (\u2026). El resultado es la creaci\u00f3n de una polifon\u00eda en la conciencia del narrador, adem\u00e1s de un juego que en apariencia genera confusi\u00f3n de hablantes (p. XII)<\/p>\n<p>El narrador, m\u00e1s valdr\u00eda decir la voz, que nos lleva entre los vericuetos de <em>La mano junto al muro<\/em>, \u201cpor momentos parece saberlo todo pero (\u2026) deliberadamente restringe su campo focal\u201d (Guerrero, 1996). Se mueve entre la omnisciencia y la reticencia, entre \u201cla incertidumbre y la ambivalencia\u201d (Lasarte, 1991), con \u201cunos cambios de perspectiva que borran los linderos entre exterior e interior, entre lo que se dice y lo que se piensa, entre percepci\u00f3n y recuerdo\u201d (Guerrero, ob. Cit.). As\u00ed, todo lo que parece tener consistencia de realidad se desrealiza (Lasarte, ob. Cit.).<\/p>\n<p>Para este \u00faltimo autor citado, Meneses, al obrar de esa manera, plantea una total desconfianza en el realismo precedente, incluso con el de sus propios escritos, estableciendo una distancia que no volver\u00e1 a transitar: <em>La mano junto al muro <\/em>constituye un punto de no retorno en su trayectoria narrativa. A este cuento seguir\u00edan las novelas <em>El falso cuaderno de Narciso Espejo <\/em>y <em>La misa de Arlequ\u00edn<\/em>, urdidos bajo la misma premisa.<\/p>\n<p>Com\u00fanmente se reconoce que una de las mayores virtudes de<em> La mano junto al muro <\/em>consiste en cambiar el \u00e9nfasis hacia el discurso a costa del sacrificio de la historia. \u201cInclusive se ha negado la existencia de una trama, lo que permitir\u00eda hablar m\u00e1s de un anticuento que de un cuento\u201d (Navarro, 2005: XI). Aunque hay cr\u00edticos que se proponen <em>enderezar<\/em>, por decirlo de alg\u00fan modo, la an\u00e9cdota que se esconde detr\u00e1s; es el caso de Bueno (1990), quien intenta responder y responderse qu\u00e9 sucede exactamente en <em>La mano junto al muro<\/em>.<\/p>\n<p>Sea como fuere, la historia en s\u00ed, como dijimos antes, parece haber pasado a un segundo plano, es como si fuera un pretexto para llegar a algo m\u00e1s, a algo m\u00e1s denso, profundo, inasible, algo que s\u00f3lo puede ser explicado de manera indirecta. En este sentido, Lasarte (diez) considera que, en <em>La mano junto al muro<\/em>, \u201cla maquinaria narrativa hace que el relato policial se convierta por arte de escritura en una reflexi\u00f3n sobre la vida\u201d, tal como el propio Meneses (citado por Balza, 1981) en alguna ocasi\u00f3n se\u00f1al\u00f3:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>La mano junto al muro<\/em> ha querido decir a trav\u00e9s de un cuento, el escaso valor de la obra del hombre y de la vida humana misma; lo \u00fanico que parece existir perdurablemente es el tiempo que destruye castillos, seres, sue\u00f1os y los hace regresar hacia sus elementos primitivos\u2026 Este considerar como deleznable la vanidosa actividad humana es noci\u00f3n muy antigua\u2026 en ese relato, el tiempo [es] considerado tambi\u00e9n como imagen creada por el hombre y, por ello, tan in\u00fatil como las dem\u00e1s formas de la actividad humana- tan falso como el placer, tan corto como los siglos, tan lento como las palabras utilizadas para contar el gesto de una mano que desliza su agon\u00eda junto a un antiguo muro\u2026 Yo dije en ese cuento (como pude) el misterio del tiempo: un misterio que se muerde la cola y forma el Cero: la serpiente de la nada.<\/p>\n<p>As\u00ed como la prostituta y el puerto tienden un puente entre los dos relatos (<em>La balandra <\/em>y <em>La mano<\/em>), el espejo como motivo conecta a este \u00faltimo cuento con <em>El falso cuaderno<\/em>: \u201cla presencia del espejo como posibilidad de captar la imagen del ser y de devolver una representaci\u00f3n del yo y del mundo\u201d (Gerendas, 1995). As\u00ed, la escritura de Juan Ruiz, el primer narrador que aparece en <em>El falso cuaderno<\/em>, pretender\u00eda ser un espejo, pero es un espejo desfigurado intencionalmente: no se refleja \u00e9l tal cual es, sino que se refleja su otro yo, al cual aspira; no se refleja realmente c\u00f3mo es sino como le gustar\u00eda ser<\/p>\n<p>Biedermann (1993: 178) dice que \u201cm\u00e1s all\u00e1 de su mera funci\u00f3n, la importancia de los espejos deriva de la antigua creencia de que la imagen reflejada y el modelo real est\u00e1n unidos en una correspondencia m\u00e1gica\u201d. En este orden de ideas, las vidas de los personajes (la de Juan Ruiz, la Narciso, la de Vargas), en la medida que se van reflejando las unas en las otras, van construyendo un tejido secreto de correspondencias, como si fueran espejos, aunque no se sepa a ciencia cierta cu\u00e1l es el modelo, cu\u00e1l es la imagen, qu\u00e9 tanto se corresponden en realidad la percepci\u00f3n con los hechos.<\/p>\n<p>B\u00e1sicamente:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">\u2026 el falso cuaderno de narciso espejo se plantea como una autobiograf\u00eda\u2026 pero funciona cuestionando tanto la identidad <strong>por<\/strong> la escritura como la identidad <strong>de<\/strong> la escritura\u2026 denunciando al yo como instancia prepotente y al lenguaje en tanto instrumento falsificador de lo real (Corbal\u00f3n, 1992: 89)<\/p>\n<p>Y es que Juan Ruiz escribe la vida de otro como si fuera suya, o escribe la vida suya como si fuera otra, a manera de una preparaci\u00f3n para la muerte que ha de redimirlo al convertirlo en otro (Nu\u00f1o, 1991). Y del mismo modo que sucede con el personaje hom\u00f3nimo en el poema latino, Narciso muere de haberse visto, de haberse conocido; en este caso, el autor del cuaderno desaparece una vez que ha concluido su obra (Rivera, 1992: 72). Quiz\u00e1s quepa la duda al preguntarse si de verdad Juan Ruiz, en ese proceso de escritura, en ese proceso de construirse desde y a trav\u00e9s de la escritura, haya llegado a conocerse o haya seguido mintiendo y minti\u00e9ndose aun hasta el final, e incluso m\u00e1s all\u00e1 de su muerte.<\/p>\n<p>Por su parte, Gerendas (1993) considera que la imagen que en dicho texto, escrito por Juan Ruiz (que en la novela se nos presenta como el documento C), \u201cnos proporciona de [s\u00ed mismo] es la que corresponde a un personaje valioso\u2026 pero en los documentos D e I se muestra como un ser gris y mediocre\u201d; tales documentos son atribuibles a otros narradores dentro de la trama, sembrando duda y confusi\u00f3n. De tal suerte, el continuo ir y venir entre uno y otro narrador, entre una y otra versi\u00f3n de los hechos, en suma, este \u201ccontinuo desplazamiento entre grados de ficci\u00f3n, crea un laberinto inextricable\u201d (Aira, 2001), de cual regresamos con la vaga sensaci\u00f3n de que todo lo que nos rodea tambi\u00e9n es ficcional, apariencial.<\/p>\n<p>Existe, pues, en <em>El falso cuaderno<\/em>, \u201cla duda en torno a la validez de los recuerdos, porque cuando se recuerda, lo recordado cambia la experiencia vivida durante la recepci\u00f3n\u201d (Navarro, 2005). Esta misma duda la va sembrando a lo largo del texto, el autor o autores. Para Balza (1981) \u201cquien nos habla desde el <em>Narciso Espejo<\/em>, se vuelve a cada instante ir\u00f3nico, dudoso de lo contado: pero int\u00e9rprete fiel de los cambiantes reflejos\u201d (p. XI). As\u00ed, no cabe duda de que lo \u00fanico verdaderamente certero sea la duda misma, cartesianamente hablando. Bravo (1992) sostiene que la de Meneses es una literatura que reivindica lo falso y la incertidumbre.<\/p>\n<p>En el \u00e1mbito del discurso la primera, y acaso la mayor problem\u00e1tica, se plantea con respecto al sujeto enunciador: \u00bfqui\u00e9n enuncia? \u00bfQui\u00e9n narra? \u00bfQui\u00e9n escribe? Acaso el mismo lector. <em>El falso cuaderno <\/em>se plantea estas interrogantes y en mientras responde al mismo tiempo nos cuenta; es, pues, para decirlo con las palabras de Bravo (1992), un texto que se plantea como centro de su producci\u00f3n la raz\u00f3n de su est\u00e9tica, mostrando c\u00f3mo fue y c\u00f3mo ha sido el proceso mismo de la escritura.<\/p>\n<p>En este sentido, Navarro (2005) considera que Meneses fue \u201cquien primero escribi\u00f3, con toda la lucidez requerida, la primera novela venezolana que expresa en simultaneidad su proceso de construcci\u00f3n\u201d (p. XIX), prestando atenci\u00f3n al sistema de producci\u00f3n, al proceso mismo; como si un caminante, al tiempo que describe el paisaje que le circunda vaya describiendo todo el mecanismo de su caminar, qu\u00e9 m\u00fasculos entran en funcionamiento, o m\u00e1s aun, que vaya describiendo el mecanismo de funcionamiento de la voz que habla, c\u00f3mo se produce cada sonido, de suerte que termina olvidando lo que iba a decir.<\/p>\n<p>Meneses, en \u00e9sta su obra m\u00e1s ambiciosa, y la m\u00e1s lograda tambi\u00e9n, ha llevado hasta sus \u00faltimas consecuencias aquella premisa de Todorov (citado por Rivera, 1992), seg\u00fan la cual \u201ctoda obra, toda novela, cuenta, mediante la trama de los acontecimientos, la historia de su propia creaci\u00f3n, su propia historia\u201d, dejando as\u00ed de lado lo contado por el contar, lo contenido por el continente; confiando en el ojo, no en lo visto; confiando en la palabra, no en el referente; sin decidirse a decirlo todo, o algo, aplazamiento tras aplazamiento, como dice Balza (1981).<\/p>\n<p>Para Guerrero (1996), Meneses en <em>El falso cuaderno <\/em>busca indagar el sentido de su propia existencia, explorando las ambiguas relaciones entre ficci\u00f3n y enunciaci\u00f3n. Al respecto, este cr\u00edtico afirma: \u201cLo ficcional no est\u00e1 s\u00f3lo en el plano de los objetos imaginarios que la obra describe sino tambi\u00e9n (\u2026) en el terreno del acto de enunciaci\u00f3n que la constituye\u201d (p. 90); as\u00ed pues, es un ficci\u00f3n sobre la ficci\u00f3n, en la cual incluso se pone en duda que alguien de verdad cuente y se pone en duda lo que cuenta.<\/p>\n<p>De all\u00ed que pueda afirmarse que la \u201cnada hay menos impactante que, extraordinario o ex\u00f3tico que la cadena anecd\u00f3tica de Narciso Espejo. Vidas cotidianas, afanes religiosos y puritanos junto al alcoholismo y la prostituci\u00f3n; aspirantes a escritores, empleados de oficina, un crimen vulgar, suicidios\u201d (Balza, 1996: 278-79). Tal vez lo \u00fanico particular, lo \u00fanico extraordinario y verdadera y seguramente novelable, en un sentido tradicional, sea la nube amarilla que desencadena los acontecimientos al final.<\/p>\n<p>No obstante, Gerendas (1993) considera que hay por lo menos dos an\u00e9cdotas o dos n\u00facleos de acontecimientos en <em>El cuaderno<\/em>: la primera tiene que ver con la religi\u00f3n, la trasgresi\u00f3n y la indagaci\u00f3n sobre el sexo, con la iniciaci\u00f3n, con la infancia y juventud de los personajes (Juan Ruiz y Narciso); la segunda parte tiene que ver con la vida cotidiana de los mismos ya adultos, con la degradaci\u00f3n, decadencia y luego suicidio de uno de ellos, que es Juan Ruiz, y con los acontecimientos aparentemente desatados por la nube amarilla (el suicidio ya referido y el homicidio de un obrero).<\/p>\n<p>Pero esto, como ya se dijo, al parecer termina por ser secundario en la voluntad del autor. Para Rama (1992):<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">Meneses nos provey\u00f3 de lo que, en t\u00e9rminos de Paz, podr\u00edamos denominar como \u201cla novela en rotaci\u00f3n\u201d, aquella cuya materia pierde solidez al renunciar a una doctrina cerrada y segura y situarse sobre los desplazamientos del tiempo y del espacio, sobre los intersticios de la percepci\u00f3n, sobre la pluralidad de los emisores semejantes y distintos a la vez (p. 66).<\/p>\n<p>Curiosamente, al caminar sobre el borde, casi al filo mismo del vac\u00edo, sin perder pie, con <em>El falso cuaderno de Narciso Espejo<\/em> Meneses alcanza su plenitud literaria como autor y tambi\u00e9n la madurez de la novela venezolana (Balza, 1981).<\/p>\n<p><strong>\u00cdNDICE DE OBRAS CONSULTADAS<\/strong><\/p>\n<p>Aira, C. (2001). <strong>Diccionario de autores latinoamericanos<\/strong>. Buenos Aires: Emec\u00e9.<\/p>\n<p>Alboukrek, A. y Herrera, E. (2001). <strong>Diccionario de escritores hispanoamericanos (del siglo XVI al siglo XX)<\/strong>. M\u00e9xico: Larousse. 2da edici\u00f3n.<\/p>\n<p>Anderson Imbert, E. (1957). <strong>Historia de la literatura hispanoamericana<\/strong>. M\u00e9xico: Fondo de Cultura Econ\u00f3mica. 2da edici\u00f3n.<\/p>\n<p>Araujo, O. (1988). <strong>Narrativa venezolana contempor\u00e1nea<\/strong>. Caracas: Monte \u00c1vila.<\/p>\n<p>Balza, J. (1981). <em>Pr\u00f3logo<\/em> en Meneses, G. (1981), <strong>Espejos y disfraces<\/strong>. Caracas: Biblioteca Ayacucho.<\/p>\n<p>Balza, J. <em>Los cuadernos reversibles (la otra narrativa venezolana)<\/em>. En <strong>Literatura y cultura venezolanas<\/strong>. Caracas: La Casa de Bello.<\/p>\n<p>Biedermann, H. (1993). <strong>Diccionario de s\u00edmbolos<\/strong>. Barcelona: Paid\u00f3s.<\/p>\n<p>Borges, J. (1989). <strong>Obras completas<\/strong>. Barcelona: Emec\u00e9. Tomo II.<\/p>\n<p>Bravo, V. (1992). <em>Guillermo Meneses en la casa del espejo. <\/em>En Lasarte, J. y Achugar, H. (comps.), <strong>Guillermo Meneses ante la cr\u00edtica<\/strong>. Caracas: Monte \u00c1vila. Pp. 171-174.<\/p>\n<p>Bravo, V. (1986). <strong>Cuatro momentos de la literatura fant\u00e1stica en Venezuela<\/strong>. Caracas: CELARG.<\/p>\n<p>Bravo, V. (2006). <em>Transici\u00f3n y expectativas del medio siglo<\/em>. En Pacheco, C.; Barrera, L. y Gonz\u00e1lez, B. (comps.), <strong>Naci\u00f3n y literatura: itinerarios de la palabra escrita en la cultura venezolana<\/strong>. Caracas: Fundaci\u00f3n Bigott\/Banesco\/Equinoccio. Pp. 583-592.<\/p>\n<p>Bueno, R. (1992). <em>Para una lectura de \u201cLa mano junto al muro\u201d<\/em> En Lasarte, J. y Achugar, H. (comps.), <strong>Guillermo Meneses ante la cr\u00edtica<\/strong>. Caracas: Monte \u00c1vila. Pp. 165-169.<\/p>\n<p>Carrera, L. (s\/f). <strong>La prosa experimental de <em>El falso cuaderno de Narciso Espejo<\/em> de Guillermo Meneses.\u00a0 Metaficci\u00f3n y transtextualidad.<\/strong> Documento en l\u00ednea, disponible en http:\/\/www.ucab.edu.ve. Fecha de consulta: 19-06-2008<\/p>\n<p>Corbal\u00f3n, L. (1992). <em>Guillermo Meneses: lo otro como doble<\/em>. En Lasarte, J. y Achugar, H. (comps.), <strong>Guillermo Meneses ante la cr\u00edtica<\/strong>. Caracas: Monte \u00c1vila. Pp. 89-94.<\/p>\n<p>De N\u00f3brega, J. (2008). <strong>Salmos compulsivos por la ciudad<\/strong>. Editorial Letralia. Documento en l\u00ednea. Disponible en: http\/\/www.letralia.com. Fecha de consulta: 19-02-2008.<\/p>\n<p>D\u00edaz Seijas, P. (1986). <strong>Historia y antolog\u00eda de la literatura venezolana<\/strong>. Caracas: Ernesto Armitano.<\/p>\n<p>Fundaci\u00f3n Polar (1997). <strong>Diccionario de historia de Venezuela<\/strong>. Caracas: autor. Segunda edici\u00f3n.<\/p>\n<p>Gerendas, J. (1992). <em>Guillermo Meneses: la escritura y su puesta en escena<\/em>. En Lasarte, J. y Achugar, H. (comps.), <strong>Guillermo Meneses ante la cr\u00edtica<\/strong>. Caracas: Monte \u00c1vila. Pp. 149-152.<\/p>\n<p>Gerendas, J. (1995). <em>Guillermo Meneses<\/em> en <strong>Diccionario Enciclop\u00e9dico de las Letras de Am\u00e9rica Latina<\/strong>. Caracas: Biblioteca Ayacucho\/Monte \u00c1vila. Pp. 3105-109.<\/p>\n<p>Guerrero, G. (1996). <strong>Itinerarios<\/strong>. Caracas: Monte \u00c1vila.<\/p>\n<p>Instituto de Investigaciones Literarias \u201cGonzalo Pic\u00f3n Febres\u201d (1987). <strong>Diccionario general de la literatura venezolana. <\/strong>M\u00e9rida, Venezuela: Editorial Venezolana\/Consejo de Fomento\/Consejo de Publicaciones de la Universidad de los Andes.<\/p>\n<p>Lasarte, J. (2006). <em>Los aires del cambio: literatura y cultura entre 1908 y 1935<\/em>. En Pacheco, C.; Barrera, L. y Gonz\u00e1lez, B. (comps.), <strong>Naci\u00f3n y literatura: itinerarios de la palabra escrita en la cultura venezolana<\/strong>. Caracas: Fundaci\u00f3n Bigott\/Banesco\/Equinoccio. Pp. 379-406.<\/p>\n<p>Lasarte, J. (1992). <em>Guillermo Meneses: hacia una caracterizaci\u00f3n de su narrativa<\/em>. En Lasarte, J. y Achugar, H. (comps.), <strong>Guillermo Meneses ante la cr\u00edtica<\/strong>. Caracas: Monte \u00c1vila. Pp. 99-127.<\/p>\n<p>Lasarte, J. (1991) <em>Pr\u00f3logo <\/em>en Meneses, G. (1991) <strong>Diez cuentos<\/strong>. Caracas: Monte \u00c1vila.<\/p>\n<p>Lasarte, J. y Achugar, H. (1992.). <strong>Guillermo Meneses ante la cr\u00edtica <\/strong>(comps.). Caracas: Monte \u00c1vila.<\/p>\n<p>Liscano, J. (1995). <strong>Panorama de la literatura venezolana actual<\/strong>. Caracas: Alfadil.<\/p>\n<p>Mancera, A. (1958). <strong>Qui\u00e9nes narran y cuentan en Venezuela<\/strong>. Caracas- M\u00e9xico: Caribe.<\/p>\n<p>M\u00e1rquez, A. (1984). <em>Pr\u00f3logo <\/em>en Meneses, G. (1999), <strong>Campeones<\/strong>. Caracas: Monte \u00c1vila. S\u00e9ptima edici\u00f3n.<\/p>\n<p>Medina, J.R. (1969). <strong>50 a\u00f1os de literatura venezolana<\/strong>. Caracas: Monte \u00c1vila.<\/p>\n<p>Meneses, G. (1981). <strong>Espejos y disfraces<\/strong>. Caracas: Biblioteca Ayacucho.<\/p>\n<p>Meneses, G. (1991). <strong>Diez cuentos<\/strong>. Caracas: Monte \u00c1vila.<\/p>\n<p>Meneses, G. (1999). <strong>Campeones<\/strong>. Caracas: Monte \u00c1vila. S\u00e9ptima edici\u00f3n.<\/p>\n<p>Meneses, G. (2005)<strong>. La mano junto al muro\/El falso cuaderno de Narciso Espejo<\/strong>. Caracas: Monte \u00c1vila.<\/p>\n<p>Meneses, G. (varios a\u00f1os). <strong>Obras completas. <\/strong>Caracas: La Casa de Bello. Tomos III y IV.<\/p>\n<p>Navarro, A. (2005). <em>Pr\u00f3logo <\/em>en Meneses, G. (2005)<strong>. La mano junto al muro\/El falso cuaderno de Narciso Espejo<\/strong>. Caracas: Monte \u00c1vila.<\/p>\n<p>Nu\u00f1o, A. (1991). <em>Sobre Guillermo Meneses o el debate de la<\/em> <em>modernidad<\/em>. En Ortega, J. (comp.). <strong>Venezuela: fin de siglo<\/strong>. Caracas: La Casa de Bello. Pp. 109-113.<\/p>\n<p>Paz Castillo, F. (1994). <strong>Obras completas<\/strong>. Caracas: La Casa de Bello. Tomo V.<\/p>\n<p>Rama, A. (1992). <em>Guillermo Meneses, la novela en rotaci\u00f3n<\/em>. En Lasarte, J. y Achugar, H. (comps.), <strong>Guillermo Meneses ante la cr\u00edtica<\/strong>. Caracas: Monte \u00c1vila. Pp. 65-68.<\/p>\n<p>Rivas, R. y Garc\u00eda, G. (2006). <strong>Qui\u00e9nes escriben en Venezuela<\/strong>. Caracas.<\/p>\n<p>Rivera, F. (1992) <em>Los espejos de Guillermo Meneses. <\/em>En Lasarte, J. y Achugar, H. (comps.), <strong>Guillermo Meneses ante la cr\u00edtica<\/strong>. Caracas: Monte \u00c1vila. Pp. 69-73.<\/p>\n<p>Uslar Pietri, A. (1995). <strong>Letras y hombres de Venezuela<\/strong>. Caracas: Monte \u00c1vila.<\/p>\n<p>Zacklin, L. (1985). <strong>La narrativa de Guillermo Meneses<\/strong>. Caracas: Universidad Central de Venezuela.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rafael Victorino Mu\u00f1oz LA NARRATIVA DE MENESES Ya en 1930 nuestro autor hab\u00eda visto impresa una obra con su r\u00fabrica en la revista \u00c9lite; se trata del relato Juan del cine. 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