{"id":2624,"date":"2021-12-04T19:33:13","date_gmt":"2021-12-04T19:33:13","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=2624"},"modified":"2023-11-24T18:35:55","modified_gmt":"2023-11-24T18:35:55","slug":"julieta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/julieta\/","title":{"rendered":"Julieta"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Jos\u00e9 Urriola<\/h4>\n<p>De Julieta me gustaba precisamente eso mismo que tanto me preocupaba de ella, su profunda melancol\u00eda. Esa manera de arrastrar los pies al caminar, como si le pesara el alma. Esos ojos brillantes y acuosos como quien se prepara para largar el llanto. Esa translucidez de las carnes que permit\u00eda que se le asomaran siempre desde abajo las venas azuladas. Esa palidez ros\u00e1cea y fr\u00eda de sus labios y sus pezones.<\/p>\n<p>Hab\u00eda algo luminoso tambi\u00e9n en esa nostalgia de Julieta, un resplandor c\u00e1lido en medio de la gelidez, eran sus destellos \u2013dir\u00eda que frecuentes o casi constantes\u2013 de fino humor. En esos momentos en que Julieta aventuraba una sonrisa y te invitaba a la risa con sus ocurrencias, la melancol\u00eda se convert\u00eda dulcemente en saudade. Daban ganas mortales de abrazarla, de no soltarla nunca, de com\u00e9rsela a besos. En esa nostalgia sabrosa y entra\u00f1able uno quer\u00eda habitar, volverse colono, sentar las bases para construir el hogar. La casa, el arraigo, el anhelado refugio, estaba con Julieta y donde quiera que estuviera Julieta.<\/p>\n<p>Yo estaba convencido de que con Julieta me pasar\u00eda la vida entera. Est\u00e1bamos destinados a las arrugas y la flacidez de las carnes, al deterioro del cuerpo y a la progresiva p\u00e9rdida de facultades mentales; pero lo har\u00edamos juntos, en simult\u00e1neo, lo que era suficiente b\u00e1lsamo para lo otro. La \u00fanica manera de alejarme de esa mujer, siempre lo tuve claro, era que ella decidiera echarme, que fuera ella quien tomara la iniciativa al dejar de quererme. De no llegar a ocurrir semejante atrocidad, no hubiera existido jam\u00e1s fuerza en este mundo ni en ning\u00fan otro que me obligara a vivir bajo el yugo de su ausencia. Porque una vida sin Julieta, despu\u00e9s de haberla tenido, no era otra cosa que una muerte prolongada, cr\u00f3nica, despiadada, detenida en la m\u00e1s cruel de las pausas.<\/p>\n<p>Uno se enamora de una mujer como Julieta por las mismas razones de quien se inmola con su adoraci\u00f3n por los fados o de quien se desgarra sabroso por un cante jondo con mucho duende. O por lo mismo que alguien se regodea en las densas penumbras del Disintegration de The Cure o de quien se enamora de las letras incomprensibles pero que atinan como dardos disparados directo al alma con la voz de Liz Fraser y sus Cocteau Twins. Hay un placer enorme y seductor en pasarla ligeramente mal. En ponerse triste y cultivar esa tristeza sin tener muchas razones para estarlo ni saber tampoco por qu\u00e9 se est\u00e1 tan triste. Ya lo sab\u00eda y lo describi\u00f3 mejor Baudelaire con su espl\u00edn, ese personaje que se paseaba sin rumbo por las g\u00e9lidas calles de Par\u00eds, tosiendo un poco, tap\u00e1ndose la boca con afectaci\u00f3n, mirando de soslayo el pa\u00f1uelo salpicado de gotitas de sangre, ir por la vida con una fantasmal nobleza, as\u00ed como quien sufre de una elegante pulmon\u00eda, de una sublime mononucleosis que le tiene el bazo convertido en una bolsa transl\u00facida de papel cebolla. La decadencia, en su justa hibridaci\u00f3n con la delicadeza, resulta poderosamente magn\u00e9tica.<\/p>\n<p>Pero, a las cosas por su nombre, la verdad es que uno se enamora de una mujer triste porque sabe, lo intuye, que coge bien. Hay como una energ\u00eda sexual emanada de esa tristeza, una gana prodigiosa que florece en medio del desierto por gastarse hasta el \u00faltimo cartucho en cada polvo. Las mujeres tristes son amantes de alto y profundo riesgo, pues el sexo bruto, sucio y sin censuras lo saben administrar dosificadamente entre los gestos m\u00e1s aut\u00e9nticos de ternura y devastadora intimidad. Esa mujer te echa la cogida de tu vida no solamente para hacerte adicto a ella sino porque te quiere enamorar. Quiere dejarte marcado con sus fluidos, que sean para ti un el\u00edxir de vida sin el cual no puedes ya existir, de la misma manera en que quiere dejarte una marca en el alma: nadie jam\u00e1s te va a querer as\u00ed de duro y de franco y con todo como yo. Sobre esa doble inyecci\u00f3n de toxinas prodigiosamente adictivas, una que se dispara al bajo vientre al mismo tiempo que la otra se inocula en el pecho y la memoria, se levanta nuestra devoci\u00f3n por la mujer triste. He all\u00ed la clave del profundo e indisoluble enganchamiento por ellas.<\/p>\n<p>As\u00ed que yo ca\u00ed rendido a los pies de Julieta voluntariamente, pero tambi\u00e9n porque no ten\u00eda otra opci\u00f3n. Yo estaba obligado a enamorarme de esa mujer porque de lo contrario me mor\u00eda de incompetencia. Como quien sabe que existen otras opciones de muerte, que algunas son m\u00e1s inocuas y llevaderas, pero la tuya, la que te toca, la que realmente le va como un guante a la persona que eres, es esta lenta y dolorosa y desgarrada que se llama Julieta. Pobre diablo aquel que no sepa encontrar su propio infierno. O el que lo haya tenido enfrente, a plena disposici\u00f3n, y no se haya dignado a internarse en su inframundo. Yo con Julieta descend\u00ed a mi averno particular, aterrorizado y muerto de gozo a la vez. Para que me hiciera profundamente feliz en su mar de melancol\u00eda. Para que me hiciera la existencia un t\u00fanel infinito pero dulcemente iluminado con antorchas. Para que me llevara al filo de la muerte en cada orgasmo. Para que perdiera el aliento al vaciarme en ella, pero para recuperarlo inmediatamente despu\u00e9s en una desesperada bocanada de ox\u00edgeno, como el neonato que respira por primera vez. Para que me hiciera sentir aut\u00e9nticamente est\u00fapido y rid\u00edculo con sus silencios y sus miradas, pero al mismo tiempo profundamente l\u00facido y orgulloso por el simple hecho de haberme hecho digno de la compa\u00f1\u00eda de semejante mujer.<\/p>\n<p>Hay gente que no conoce jam\u00e1s al amor de su vida. Se pasean por este mundo saltando de amor tibio en amor tibio, de relaci\u00f3n superficial a otra m\u00e1s f\u00fatil. Hay gente que s\u00ed llega a conocerlo, pero bajo la sombra tit\u00e1nica y demoledora del amor imposible. As\u00ed que, aunque haya terminado mal, o quiz\u00e1 ni siquiera se sepa c\u00f3mo acabar\u00e1, uno debe sentirse afortunado de haber conocido al amor de su vida. De haber tenido un romance con el amor de su vida. Cuando sea un anciano v\u00edctima del Alzheimer y hable de cosas que a nadie le importen y a nadie le signifiquen mientras me limpian las escaras y me cambien los pa\u00f1ales, contar\u00e9 sobre Julieta y sobre los cinco a\u00f1os que estuvimos juntos.<\/p>\n<p>Ojal\u00e1 sea capaz de obviar en ese entonces el detalle de su muerte. Ojal\u00e1 no se me escape en medio del delirio senil que Julieta hab\u00eda muerto siete a\u00f1os antes de que la conociera. Que all\u00ed la encontraron sin vida, sin explicarse nunca la causa de su muerte, tirada en el piso de un ba\u00f1o de la misma universidad donde me la top\u00e9 a\u00f1os despu\u00e9s, aquel d\u00eda de 1991 mientras su presencia deambulaba por los pasillos oscuros del quinto piso de la Universidad Cat\u00f3lica Andr\u00e9s Bello, en Caracas. D\u00eda en el que Julieta simplemente se arrastr\u00f3 hacia m\u00ed, se me instal\u00f3 a un lado y me mir\u00f3 con esos ojos de una melancol\u00eda insondable como proveniente de otro espacio. Luego se fue conmigo a casa y nunca m\u00e1s me abandon\u00f3, ni de noche ni de d\u00eda, hasta que una ma\u00f1ana de 1995 no amaneci\u00f3 a mi lado. No estaba. Hab\u00eda tomado la decisi\u00f3n de dejarme de querer. No s\u00e9 cu\u00e1n absurdo o atinado sea esto de decir que un fantasma se esfum\u00f3 para nunca m\u00e1s saber de su existencia. O que un amor imaginario te haya dejado de querer.<\/p>\n<p><strong>(Extracto de la novela in\u00e9dita \u201cFantasm\u00e1quina\u201d \/ Jos\u00e9 Urriola 2021)<\/strong><\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/jose-urriola-una-semblanza-de-su-vida\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n<h6>*Cr\u00e9dito de la fotograf\u00eda: Gecza\u00edn Tovar Andueza<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Urriola De Julieta me gustaba precisamente eso mismo que tanto me preocupaba de ella, su profunda melancol\u00eda. Esa manera de arrastrar los pies al caminar, como si le pesara el alma. Esos ojos brillantes y acuosos como quien se prepara para largar el llanto. 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