{"id":2612,"date":"2021-12-01T22:04:38","date_gmt":"2021-12-01T22:04:38","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=2612"},"modified":"2023-11-24T18:36:09","modified_gmt":"2023-11-24T18:36:09","slug":"dos-cuentos-de-eduardo-cobos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-eduardo-cobos\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Eduardo Cobos"},"content":{"rendered":"<h4>Hacia la media noche<\/h4>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>A Melanie Cross<\/em><\/p>\n<p>A la Ceni Blixen la minifalda le qued\u00f3 pintada, y le pareci\u00f3 que estaba sin uso. Se mir\u00f3 al espejo como diez veces, acarici\u00e1ndose las nalgas de vez en cuando. Su hermanastra Clementina le dijo que se probara unas medias negras, que ten\u00eda por ah\u00ed. Estaban rotas, justo en la entrepierna. La Blixen pens\u00f3 que no importaba, porque pese a lo corto de la minifalda no se iba a notar, a no ser, claro, que se agachara bruscamente y le quedara todo al aire. Prob\u00f3 de nuevo ante el espejo, mir\u00e1ndose detenidamente, se gust\u00f3 como hac\u00eda mucho tiempo que no se gustaba. Cuando sali\u00f3 de su min\u00fascula pieza, la mirada de las tres hermanastras se posaron en su culo; no pudieron disimular la envidia. No es que ellas fueran mucho m\u00e1s feas: se sabe que no hay mujer que la sea, s\u00f3lo las hay mal arregladas que no sacan provecho de lo mucho o poco que tienen; todo el mundo as\u00ed lo dice. Pero las proporciones de la Ceni eran casi exageradas, le dijo, bajito, la Clementina a la Juana. Lo mejor era dejarla en la casa, no vaya a ser que la confundan con una ramera en la fiesta, aleg\u00f3 la mayor Ludovina Helena. A la Ceni la cara se le enrojeci\u00f3 de furia y corri\u00f3 taconeando a la cocina, a hablar con su madrastra. La se\u00f1ora compar\u00f3 a las cuatro. Sentenci\u00f3 que era mejor que su hijastra fuera m\u00e1s adelante a otra fiesta, adem\u00e1s, s\u00f3lo ten\u00eda quince a\u00f1os y en esa pinta no pod\u00eda salir ahora a la calle, as\u00ed que si quer\u00eda seguir llorando, mejor se fuera a su pieza, porque a esa fiesta, no iba, y se acab\u00f3. La Ceni dio un portazo. Poco a poco fue perdiendo el llanto. Son\u00f3 el timbre e imagin\u00f3 a Hugo, Paco y Luis besando a sus respectivas en el umbral de la puerta. Escuch\u00f3 con rabia esas malditas risas y los autos alejarse hacia la fiesta. La madrastra se encerr\u00f3 a ver TV en el dormitorio; lo de costumbre, la telenovela de las nueve y todo eso. Vieja est\u00fapida, s\u00f3lo una ignorante puede ver esa porquer\u00eda, se dijo. Sali\u00f3 por la ventana a llamar por tel\u00e9fono al Chalo, compa\u00f1ero de colegio, pretendiente perenne y, entre otras cosas, due\u00f1o de una moto. Lo encontr\u00f3 en su casa, le dijo que la pasara buscando para salir a dar una vuelta, como otras veces lo hab\u00edan hecho. A la media hora se encontraron en la esquina. El Chalo casi se volvi\u00f3 loco al verle las tremendas piernas y el culo, sin embargo, nada de tetas. Por supuesto no dijo nada, \u00e9l hab\u00eda sido siempre un caballero y no pensaba dejar de serlo por el momento. Se acomod\u00f3 abrazando por la cintura al Chalo, \u00e9ste sinti\u00f3 un estremecimiento en algunas partes del cuerpo y el olor penetrante del perfume. Se dijo que la Ceni andaba en algo, algo raro. Le pregunt\u00f3 ad\u00f3nde iban a pasear. Ella se acerc\u00f3 al o\u00eddo para que escuchara mejor, a Tobalaba con Providencia, le susurr\u00f3, all\u00ed me voy a encontrar con mis hermanastras, es una fiesta de gente con billete. El Chalo, ante todo, resolvi\u00f3 seguir siendo un caballero, lo cort\u00e9s no quita lo valiente, se argument\u00f3. Iban m\u00e1s o menos a cincuenta y cinco, que era lo m\u00e1ximo que daba la Yamaha 80. El ruido era irritante para los transe\u00fantes, pero ellos se sent\u00edan felices, aunque por diferentes razones, ella iba a su fiesta de sociedad y \u00e9l llevaba a su amada apoyada en el cuerpo. El Chalo comenz\u00f3 a inquietarse y lo de caballero casi lo manda por el traste. Pese a la tentaci\u00f3n, se conform\u00f3 con correrle mano por las piernas, cosa que la Ceni no rehus\u00f3, ella quit\u00f3 las manos de la cintura de \u00e9ste para ponerlas casi en su entrepierna, por si acaso. As\u00ed se fueron por las calles durante m\u00e1s o menos cuarenta minutos, lugares que conoc\u00edan, la avenida Matta y la Bandera, cosas cotidianas, hasta que llegaron al lugar de la fiesta. La verdad es que era un lugar elegante. A la Ceni se le ilumin\u00f3 la cara. Casi ni se despide del Chalo, se devolvi\u00f3 a besarle la mejilla muy cerca de la boca, y la vio alejarse moviendo todo, como nunca, con suma gracia le pareci\u00f3. Sin duda, ese alejarse al Chalo le servir\u00eda de material de apoyo por muchas sesiones, hasta qui\u00e9n sabe, ocurriera un milagro y lo quisiera de otra forma, como algunas mujeres quieren a sus hombres. En la entrada le pidieron que se identificara. Dijo su nombre y el de sus hermanastras, preguntando si hab\u00edan llegado. El tipo, que ella encontr\u00f3 super elegant\u00edsimo, le pas\u00f3 una m\u00e1scara. Para qu\u00e9 es esto, dijo, prob\u00e1ndosela. Es una m\u00e1scara que sirve para cubrirse el rostro, rezong\u00f3 el portero, esta fiesta es de disfraces. Ah, entiendo, dijo la Ceni. Aunque no entend\u00eda nada, igualmente se la puso, no quer\u00eda pasar como una desubicada. Desde la escalera la fiesta se ve\u00eda harto buena. Esta era la primera fiesta de la Blixen, pero se sent\u00eda como pez en el agua. A lo lejos, en el jard\u00edn, divis\u00f3 a sus tres hermanastras, que se re\u00edan con Hugo, Paco y Luis, de una manera escandalosa, le pareci\u00f3. Sin embargo, ya no les guardaba ning\u00fan tipo de rencor. Se fue acercando a ellas, sin quitarse la m\u00e1scara, al estar a unos metros, se sent\u00f3 al lado de un se\u00f1or, que bien podr\u00eda haber sido su padre o aun mayor. De inmediato le produjo confianza y se puso a conversar con \u00e9l. Le cont\u00f3 que hasta los diez a\u00f1os fue hija \u00fanica, su padre, de origen dan\u00e9s, de all\u00ed su apellido Blixen, hab\u00eda tenido fama de gran industrial. Se trasladaron a este extra\u00f1o pa\u00eds, cuando \u00e9l se cas\u00f3 por segunda vez con una se\u00f1ora que ten\u00eda tres hijas, las que est\u00e1n all\u00ed, las ve. Pero Von Blixen se muri\u00f3, despu\u00e9s de un largo tormento, hasta vomitaba verde. Mi madrastra siempre estuvo con \u00e9l, personalmente le preparaba las comidas. La se\u00f1ora hered\u00f3 casi todo lo que mi padre ten\u00eda, me dej\u00f3 a m\u00ed la casa donde vivimos todas, pero s\u00f3lo puedo heredar a los dieciocho, dijo la Ceni poniendo cara de circunstancias, cosa que no se vio por la m\u00e1scara. Anselmo, que era el nombre del se\u00f1or, de inmediato se acord\u00f3 de Traci Lords, una artista porno-adolescente, una <em>teenagers<\/em> en la jerga de esos videos, hac\u00eda \u00bfcu\u00e1ntos a\u00f1os?, el tiempo pasa volando entre sus intersticios, se dijo con cierta melancol\u00eda po\u00e9tica. A Anselmo pese a su reiterada oposici\u00f3n a las grandes empresas, se hab\u00eda convertido en un traficante de renombre internacional, entre los m\u00e1s \u00edntimos le llamaban el Pr\u00edncipe. Y se encontraba all\u00ed con el \u00fanico fin de conseguir, de forma an\u00f3nima, una mujer lugare\u00f1a, que fuera sumamente joven. As\u00ed que las cosas para \u00e9l se presentaban de perillas, claro si todo continuaba por el curso que se ofrec\u00eda. La Ceni se encamin\u00f3 hacia donde conversaban sus hermanastras, \u00e9stas al parecer no la reconoc\u00edan con su m\u00e1scara. Al verla de pie, Anselmo se sinti\u00f3 estimulado por sus atributos y no pudo despegar los ojos de su minifalda, nada de tetas, se dijo, no importa. M\u00e1s que una conversaci\u00f3n, lo que se escuchaba eran las risas sobre cualquier cosa. Hugo, Paco y Luis sufr\u00edan todav\u00eda de miedo esc\u00e9nico. Este mal lo hab\u00edan adquirido en la infancia, ya que su t\u00edo los hab\u00eda obligado a trabajar indiscriminadamente en el mundo del espect\u00e1culo, de all\u00ed el trauma. Hugo, que siempre hab\u00eda sido el m\u00e1s chistoso, no desaprovechaba cualquier oportunidad para desprestigiar al t\u00edo, que enloqueci\u00f3 por los millones de su protector, el muy asqueroso, agreg\u00f3 Luis. S\u00ed, continu\u00f3 Hugo, poco antes de morir en Baltimore, alucinando en un callej\u00f3n, ten\u00eda la barriga blanca llena de cortes, intentos de suicidio, claro. Todos se rieron, pero la Ceni no entendi\u00f3 nada. Despu\u00e9s volvi\u00f3 a conversar con Anselmo, que ya se le hab\u00eda puesto dura. En el patio las parejas estaban encontrando donde hacerlo. La m\u00fasica comenzaba a ponerse m\u00e1s animada. Desde el exterior como invitados especiales rug\u00edan los instrumentos del grupo Divididos: Es la \u00e9poca de la boludez, se escuchaba en el ambiente. Y los que bailaban hac\u00edan el coro. La Ceni empez\u00f3 a sentirse m\u00e1s libre y le abri\u00f3 el cierrecler a Anselmo, que se lo agradeci\u00f3 con una caricia en las orejas, meti\u00e9ndole los dedos como un tirabuz\u00f3n. Se le condujo, como tantas veces ha pasado en otras ocasiones, hacia el miembro erecto, pero de pronto Anselmo se sinti\u00f3 cohibido, y quiso llevarla donde no los vieran, despu\u00e9s de todo podr\u00eda haber sido su hija, se recrimin\u00f3. Entre las matas la Ceni se comport\u00f3 como una verdadera adulta, cosa que no dej\u00f3 de sorprender a Anselmo, que hasta el momento la ten\u00eda como una primeriza. La succi\u00f3n comenz\u00f3 a tener los efectos esperados y el Pr\u00edncipe le dijo que parara; ten\u00eda problemas de precocidad. Se desplazaron al estacionamiento, al auto descapotable envidia de muchos, all\u00ed Anselmo palp\u00f3 el culo virgen de la Ceni, la coloc\u00f3 mirando hacia el cap\u00f3, se baj\u00f3 los pantalones hasta las rodillas e intent\u00f3 introducirse, pero no ced\u00eda para nada, en el intento casi se le va el impulso \u00fanico, pens\u00f3 en guardarlo para la otra v\u00eda, en un susurro le dijo que se voltease, y comenz\u00f3 a succionar de nuevo. Rompi\u00f3 el himen sin saberlo, esa experiencia nunca la hab\u00eda tenido, s\u00f3lo se dio cuenta que algo extra\u00f1o pasaba cuando la sangre le embadurn\u00f3 la entrepierna. Despu\u00e9s sac\u00f3 un Gitanes del bolsillo y lo prendi\u00f3 con un zippo reci\u00e9n ganado a un tipo del cartel de Cali en una apuesta de pool. Se sinti\u00f3 poderoso. La Ceni yac\u00eda en el asiento sin comprender nada totalmente, s\u00f3lo la sospecha de ya dejar de ser ni\u00f1a. Como pudo fue ordenando sus ropas, sali\u00f3 del auto y Anselmo la llam\u00f3 para darle unos billetes verdes, que ella no conoc\u00eda. Los coloc\u00f3 entre el calz\u00f3n y la media negra rota. Era cerca de media noche, a lo lejos el ambiente se llenaba con las primeras campanadas, ten\u00eda que llegar a casa, porque present\u00eda que algo le podr\u00eda ocurrir. Al irse camin\u00f3 a la calle, se encontr\u00f3 con el Chalo, que la esperaba, se subi\u00f3 a la moto. Despu\u00e9s enrumbaron camino a la casa, que en alg\u00fan momento ser\u00eda suya.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"alignnone  wp-image-2614\" src=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Rengo-198x300.jpg\" alt=\"\" width=\"501\" height=\"759\" srcset=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Rengo-198x300.jpg 198w, https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Rengo.jpg 594w\" sizes=\"(max-width: 501px) 100vw, 501px\" \/><\/p>\n<p><strong>El Rengo y la Flaca <\/strong><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><strong>\u00a0<\/strong><em>a Mar\u00eda Fabiola \u00c1lvarez<\/em><\/p>\n<p>Nos est\u00e1bamos quedando en una casa en el Barrio Norte, en la calle Beruti, a dos cuadras de la avenida Santa Fe. Adem\u00e1s de nosotros los chilenos, y una pareja de uruguayos, viv\u00edan un rengo y una exputa. Ellos eran pareja. Y se quer\u00edan. Como otras veces, \u00e9l la hab\u00eda sacado del puter\u00edo y todo eso. La relaci\u00f3n de ambos se me parec\u00eda a una novela de Onetti. Aquella casa la regentaba Le\u00f3n, un uruguayo descendiente de armenios, anarquista como sus padres y, tal vez, como sus abuelos. La idea de una Comuna lo seduc\u00eda, para gobernarla, claro. Para ese fin se hab\u00eda tomado, hac\u00eda dos a\u00f1os, la casa donde est\u00e1bamos. Sin duda la conquista de la casa era uno de los pocos actos heroicos de sus veintid\u00f3s a\u00f1os, porque hablaba much\u00edsimo del d\u00eda en que se hab\u00eda apoderado de ella. Se le pod\u00eda seguir la corriente con facilidad, siempre se conversaba de un socialismo no autoritario y toda esa cuesti\u00f3n que uno manejaba con t\u00e9rminos grandilocuentes, definitivos. Llegu\u00e9 a ese lugar por un amigo chileno que, como yo, trataba de guarecerse del maldito invierno porte\u00f1o. Una vez instalado hice correr la noticia r\u00e1pidamente entre los m\u00e1s cercanos. En unas semanas la casa fue ocupada poco a poco. Beruti se llen\u00f3 de nosotros, con nuestra lamentina dictatorial y toda esa mierda. Sin poder evitarlo Le\u00f3n ya ten\u00eda a siete chilenos por todos lados, hablando desaforadamente un idiolecto incomprensible para \u00e9l y su pareja de nariz chueca. Nuestras intenciones se encontraban muy lejanas de su pretendida Comuna. Al advertir la invasi\u00f3n, ya era demasiado tarde para echarnos. En Buenos Aires todo el mundo nos ten\u00eda compasi\u00f3n por lo que pasaba al otro lado de la cordillera. Nos dej\u00e1bamos tratar como exiliados o algo parecido, y sac\u00e1bamos provecho de ello. Me iba, por ejemplo, al centro cultural San Mart\u00edn donde exhib\u00edan pel\u00edculas de algunos cineastas que me interesaban, y me quedaba al lado de la boleter\u00eda a pedir plata para la entrada. Siempre dec\u00eda: mire compadre soy chileno y me gustar\u00eda ver tal pel\u00edcula como lo vas a hacer ahora t\u00fa, no quisieras ser solidario conmigo; nadie se negaba, est\u00e1bamos de moda, y hay que decirlo, despreciaba, siendo que yo era m\u00e1s o menos lo mismo, a esa clase peque\u00f1oburguesa porte\u00f1a.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n de la Flaca y el Rengo comenz\u00f3 a interesarme y me hice medio amigo de ellos. El Rengo sin duda ten\u00eda astucia, o por lo menos pose\u00eda un sentido del cinismo, que fui aprendiendo a mi pesar, debo decirlo, despu\u00e9s y no gracias a \u00e9l. Se preparaba d\u00edas antes mirando la prensa, buscando el evento. Cuando hab\u00eda estreno en el Col\u00f3n se iba con su mejor traje, ten\u00eda varios, los mandaba a limpiar, tarea que hice algunas veces; no le gustaba salir a la calle, le costaba moverse, pero la verdad es que ten\u00eda mucha verg\u00fcenza, pese a su cinismo la timidez y sus complejos a veces lo dejaban indefenso. Se paraba a la salida del teatro apoy\u00e1ndose en las muletas relucientes, estiraba la mano haciendo un esfuerzo incre\u00edble por recoger los australes que le ofrec\u00edan. Reun\u00eda un dineral en esas incursiones, sin embargo carec\u00eda de ambici\u00f3n; sal\u00eda cada una o dos veces al mes. A m\u00ed no me importaba lo que hiciera la gente con sus vidas, por eso tampoco entend\u00eda su idea de las cosas, s\u00f3lo estaba all\u00ed como podr\u00eda haber estado en cualquier otro lugar dejando que todo se desplomara de improviso; desde que hab\u00eda salido de Santiago todo me parec\u00eda sin importancia, que de alguna forma algo irremediablemente estaba roto. El Rengo era de ideas fascistas, ten\u00eda a su cuesta una militancia en el peronismo de ultraderecha, en sus tiempos, me dec\u00eda, cuando todav\u00eda contaba con las dos piernas, cuando quemaban iglesias y todo se confund\u00eda. Pero como ahora, le dec\u00eda. No se le pod\u00eda convencer de que el presente era m\u00e1s dif\u00edcil, o parecido, como siempre. Viv\u00eda en el pasado, en el tiempo de sus dos piernas. Me parec\u00eda extra\u00f1o que un mendigo fuera fascista, nunca hab\u00eda conocido a alguien pobre y que creyera en Mussolini, como si todav\u00eda el Duce estuviera vivo e increpara a las masas ofendidas. En esos d\u00edas el equipo de f\u00fatbol de Argentina ten\u00eda posibilidades en el Mundial. La selecci\u00f3n se las tendr\u00eda que ver con Inglaterra, las expectativas por lo de la Guerra de Las Malvinas se manten\u00eda a flor de piel y de seguro era algo que cobrarse. Los excombatientes hac\u00edan su agosto mostrando calamidades por el Obelisco. Debo decir que todo eso me parec\u00eda repugnante, pero sab\u00eda c\u00f3mo hab\u00edan sido las cosas, gente un poco mayor que yo estaban mutiladas, s\u00f3lo pensar en los Gurkas daba para tener compasi\u00f3n y miedo. Los locos en la guerra hab\u00edan salido mal parados y el Rengo no dejaba de hablar de esa especie de patriotismo. Antes del partido fui invitado varias veces a su maloliente cuarto. En la pared compart\u00edan espacio el mism\u00edsimo Mussolini, Per\u00f3n y Maradona con la albiceleste. Uno de esos d\u00edas me mostr\u00f3 el dinero, dijo por fin c\u00f3mo lo consegu\u00eda. No le cre\u00ed al principio, pero all\u00ed ten\u00eda ese manojo de australes para desenga\u00f1ar al m\u00e1s ingenuo. Lo cont\u00e9 porque \u00e9l lo pidi\u00f3. Guard\u00e1te diez, dijo, vos sos el \u00fanico que no le causo asco en esta casa. Vos me gust\u00e1s chileno, dec\u00eda. La Flaca se acerc\u00f3 bes\u00e1ndome en la mejilla. Tom\u00e1los, che, no se\u00e1s imb\u00e9cil, compr\u00e1te un poco de marihuana, yo s\u00e9 c\u00f3mo les gusta esa mierda, los he visto fumando, y compr\u00e1te un poco de comida, est\u00e1s muy flaco.<\/p>\n<p>El d\u00eda del partido estuve con ellos, me mandaron a comprar dos pollos fritos y varias botellas de vino. Nos emborrachamos de pronto y el Rengo quer\u00eda contarme su historia, a la Flaca no le pareci\u00f3 y se par\u00f3 para irse. Ella ya hab\u00eda escuchado la historia demasiadas veces, y grit\u00f3 al salir del cuarto que el Rengo siempre contaba la misma porquer\u00eda y que se aprovechaba de m\u00ed. Desde la puerta se devolvi\u00f3 a darme un beso, intent\u00f3 poner sus labios en mi boca, cosa que esquiv\u00e9 pero no mucho. Meti\u00f3 la lengua, me dio un empuj\u00f3n que hizo que cay\u00e9ramos en la alfombra, ella insisti\u00f3 lanz\u00e1ndose encima. Me dej\u00e9 hacer hasta que el Rengo puso orden. Le grit\u00f3 que me dejara tranquilo, que yo s\u00f3lo era un pibe, que podr\u00eda ser su hijo. Ella me pas\u00f3 una vez m\u00e1s la lengua por la boca, se par\u00f3 y se fue. El Rengo cont\u00f3 lo suyo: hijo de italianos, sicilianos de Palermo, un apellido Scotado, o algo por el estilo. El padre del Rengo, Anselmo Scotado, era Alcalde de un pueblito. Su familia se hab\u00eda comprometido con el Duce. La Segunda Guerra casi no los hab\u00eda tocado hasta que apresaron unos supuestos comunistas, esper\u00f3 a que vinieran a buscar a los traidores de la gran utop\u00eda fascista. Pero el ej\u00e9rcito no aparec\u00eda y lo m\u00e1s probable es que no llegara nunca. Scotado se vio en un dilema. Por primera vez ten\u00eda el poder en sus manos, s\u00f3lo quer\u00eda \u00f3rdenes para\u00a0 ejecutar a los comunistas. Fue a conversar con el padre Antonio, p\u00e1rroco del pueblo, le dijo que tuviera paciencia, que hablara con los comunistas, que encontrara pruebas, para ver si realmente lo eran. De nada le sirvi\u00f3 el consejo del Padre. Sigui\u00f3 con su idea. Y es as\u00ed que Scotado, un fascista tranquilo, se convirti\u00f3 en asesino. Incluso en el pelot\u00f3n estaba disparando \u00e9l, un tipo tranquilo, que se hab\u00eda apasionado: todos lo hemos hecho alguna vez en la vida, se disculpaba el Rengo. Al llegar los aliados lincharon al Alcalde como a un perro, como a Mussolini, che. La madre lleg\u00f3 a Argentina con sus hijos y porque estaban algunos parientes. El Rengo trabaj\u00f3 desde peque\u00f1o en lo que fuera, creci\u00f3 buscando una venganza imprecisa para la muerte de su padre. Se adiestr\u00f3 con paramilitares de no se qui\u00e9n y sin querer estaba acuchillando a gente que s\u00f3lo hab\u00eda conocido por fotograf\u00edas inciertas y que volv\u00eda a ver en el diario, a los d\u00edas. Ellos quer\u00edan acabar con el pa\u00eds, me dec\u00eda. Pero la venganza lo andaba rondando. Lo agarraron a la salida de la casa y le dieron duro; golpes que todav\u00eda recordaba en algunos sue\u00f1os. Al finalizar le dispararon en la pierna derecha y desde entonces era el Rengo. El partido de f\u00fatbol hab\u00eda sido tomado por los argentinos como un ajuste de cuentas, incluso el presidente Alfons\u00edn dec\u00eda en el noticiario del mediod\u00eda, pero tambi\u00e9n sin mucho \u00e9nfasis, que todo s\u00f3lo era una contienda deportiva, que no deb\u00eda pasar de ah\u00ed. No hab\u00eda remedio, las paredes estaban repletas de consignas contra los ingleses y, como buen pueblo vencido, cualquier haza\u00f1a despu\u00e9s de la derrota es un triunfo incuestionable. En aquellos d\u00edas se muri\u00f3 Borges, le\u00ed en uno de los titulares del diario que se hab\u00eda muerto el Maradona de las letras; as\u00ed estaban las cosas. La Flaca volvi\u00f3 m\u00e1s borracha a apoderarse de la escena, con botellas de vino debajo del hombro en una bolsa pl\u00e1stica y m\u00e1s comida. Seguimos bebiendo el Termidor de mesa y comiendo como unos cerdos. El famoso partido lleg\u00f3. El himno argentino y el ingl\u00e9s. Yo a esa altura no me interesaba por lo que estaba pasando, pero la pareja no dejaba de gritar a cada arremetida de los compatriotas. Me fui del cuarto del Rengo y recorr\u00ed los pasillos. En el resto de la casa no estaba nadie. Me demor\u00e9 unos veinte minutos en el ba\u00f1o, de all\u00ed se escuchaban los gritos de los edificios cercanos. Al volver segu\u00eda el partido en la tele. Argentina hab\u00eda metido un gol con la mano de dios y con Maradona a los ingleses, dec\u00eda el locutor, que deb\u00eda pensar por todo el pa\u00eds. El Rengo y la Flaca estaban metidos en la cama contentos y acurrucados. Me ofrecieron un poco m\u00e1s de vino que acept\u00e9. Y fue la primera vez que le vi la pierna cortada al Rengo, un pedazo de carne delgada se mov\u00eda en una de las piernas del calzoncillo. El Rengo se dio cuenta que lo miraba, movi\u00f3 varias veces el mu\u00f1\u00f3n. En el centro hab\u00eda unas grietas carnosas que deb\u00edan ser las cicatrices que terminaban en arrugas, \u00e9stas daban al centro de una especie de tronco. Me sent\u00ed por primera vez amigo de \u00e9l, o algo parecido que da la borrachera. Empezaron a gemir detr\u00e1s de m\u00ed, sin importarles que yo estuviera presente y que Argentina definitivamente venciera a los ingleses. Apagu\u00e9 el televisor, agarr\u00e9 una botella de vino sin abrir y cerr\u00e9 la puerta con cuidado, como si estuvieran durmiendo. Cuando se acab\u00f3 el Termidor, me fui por las calles camino al r\u00edo de La Plata esquivando la celebraci\u00f3n del triunfo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hacia la media noche A Melanie Cross A la Ceni Blixen la minifalda le qued\u00f3 pintada, y le pareci\u00f3 que estaba sin uso. Se mir\u00f3 al espejo como diez veces, acarici\u00e1ndose las nalgas de vez en cuando. Su hermanastra Clementina le dijo que se probara unas medias negras, que ten\u00eda por ah\u00ed. 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