{"id":2594,"date":"2021-12-01T19:53:34","date_gmt":"2021-12-01T19:53:34","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=2594"},"modified":"2024-08-07T00:39:34","modified_gmt":"2024-08-07T00:39:34","slug":"delta-poetico-autoras-90","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/delta-poetico-autoras-90\/","title":{"rendered":"Delta po\u00e9tico de las autoras venezolanas de los 90"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\"><strong>Gregory Zambrano<\/strong><\/h4>\n<p><em>A Elena Vera y Julio Miranda, in memoriam<\/em><\/p>\n<p>La pretendida b\u00fasqueda de exteriorizaci\u00f3n, de conversacionalidad, de salida hacia la calle para encontrar en el entorno las trazas de una cotidianidad tantas veces postergada, fue quiz\u00e1 el elemento definitorio de la poes\u00eda venezolana de los ochenta. De la experiencia capitalina, los signos de disonancia no ocultaban ninguna met\u00e1fora para la sorpresa, los males menores de la gran ciudad, recogidos en la propuesta de dos grupos literarios: Tr\u00e1fico y Guaire.<\/p>\n<p>De esos grupos emergieron voces que marcaron con acento personal el quehacer po\u00e9tico de toda una d\u00e9cada y surgieron los poemarios quiz\u00e1s m\u00e1s celebrados de la poes\u00eda venezolana de los 80. De all\u00ed surgieron las propuestas que ven\u00edan de la noche y hacia la calle iban, y se regodeaban en las bondades literarias del m\u00e1s pestilente de los r\u00edos caraque\u00f1os.<\/p>\n<p>La po\u00e9tica del manifiesto arropa una conciencia que elude el intimismo de una tendencia mayoritaria de la poes\u00eda anterior. Se\u00f1ala el manifiesto de ese grupo: \u201cCon Tr\u00e1fico salimos del esencialismo, como hemos dicho, nos reconocemos en la historia: menos mal que nadie puede calificar de \u201cesencial\u201d el tr\u00e1fico; pasajeros, somos poetas de transici\u00f3n, como toda poes\u00eda es de transici\u00f3n, solo que algunos siguen aspirando a esa especie de galard\u00f3n que significa conquistar, con la palabra esencial, la salida de la historia, el supuesto hallazgo de la eternidad\u201d (Santaella, 1986: 74).<\/p>\n<p>Pero en ello, apenas una mujer se impuso con voz personal y atenta a la recuperaci\u00f3n e inserci\u00f3n de su tradici\u00f3n: Yolanda Pantin (n. 1954). Si bien es cierto que la experiencia de Tr\u00e1fico y Guaire, sancion\u00f3 un quehacer que se fue desgastando y diluyendo en un hacer c\u00edclico, lograron llevar la poes\u00eda hacia la ciudad a trav\u00e9s de recitales y permanecieron pr\u00e1cticamente imponiendo su hacer en otras regiones del pa\u00eds. Esto podr\u00eda ser tomado en cuenta como un indicio cierto de un peque\u00f1o canon que en mucho determin\u00f3 y hasta limit\u00f3 el eco de otras voces del pa\u00eds que no pasaron de un intento silencioso.<\/p>\n<p>Si bien es cierto que la divisi\u00f3n en d\u00e9cadas puede resultar un ejercicio de disecci\u00f3n que rompe el <em>continumm <\/em>hist\u00f3rico y pone en crisis el sentido procesual e hist\u00f3rico de una percepci\u00f3n de la cultura a partir de marcas del lenguaje, esta delimitaci\u00f3n puede ayudar de manera operativa a ver variables discursivas, formales y tem\u00e1ticas a manera de marco referencial amplio. En ese sentido, \u201cen los a\u00f1os ochenta se produjo no un cambio radical, pero s\u00ed una redefinici\u00f3n, una apertura, una ampliaci\u00f3n gradual de las concepciones po\u00e9ticas, de los proyectos creadores que subyac\u00edan e informaban -en el sentido de dar forma- la poes\u00eda anterior; redefinici\u00f3n que ha tenido como consecuencia la gama compleja de registros que exhibe la poes\u00eda venezolana desde los a\u00f1os noventa hasta comienzos de este segundo milenio\u201d (Isava, 2000:1).<\/p>\n<p>Esas rupturas pasan por una revisi\u00f3n y un deslinde de las po\u00e9ticas antecedentes; sobre todo imponen una mirada aunque sea de soslayo a la poes\u00eda en las d\u00e9cadas de los cuarenta y cincuenta, a\u00f1os en los que al decir de Leonidas Morales Toro, \u201cla poes\u00eda venezolana dominante era esencialmente anodina, oscilando entre un formalismo inocuo y el pintoresquismo folkl\u00f3rico, como correspond\u00eda a un mundo cultural cerrado sobre s\u00ed mismo, impermeable a los verdaderos problemas de la creaci\u00f3n y del pensamiento del mundo occidental moderno y contempor\u00e1neo\u201d (Morales Toro, 1999: 58), pero tambi\u00e9n est\u00e1n, la poes\u00eda comprometida de los sesenta, la reflexiva de los setenta, para dar paso a una poes\u00eda ir\u00f3nica, exteriorista y callejera de los ochenta, \u201cuna poes\u00eda que sigue buscando transmutar en cristalizaciones verbales un c\u00famulo de experiencias, que ahora, es cierto, se toman de un espacio m\u00e1s amplio del \u00abcampo de los posible\u00bb, como dir\u00eda P\u00edndaro [&#8230;] Para hablar s\u00f3lo de un aspecto, la intertextualidad a la que se entregan estos escritores es mucho m\u00e1s rica y compleja que la de sus antecesores, pues se ha ampliado el espacio de referencias de manera inaudita: no s\u00f3lo a la m\u00fasica popular, las telenovelas, los acontecimientos y locales cotidianos \u2015como podr\u00eda haberse esperado\u2015, sino al jazz, la m\u00fasica cl\u00e1sica, la historia y geograf\u00eda europeas, la mitolog\u00eda, la filosof\u00eda, la poes\u00eda cl\u00e1sica, adem\u00e1s de los tradicionales hitos de la poes\u00eda occidental que lejos de desaparecer se hacen ahora cuerpo en el poema (Isava, 2000, 1).<\/p>\n<p>Entre la transici\u00f3n de estas d\u00e9cadas, hay trazas que definen la praxis po\u00e9tica y su arraigo \u201cinstitucional\u201d, lo cual se manifiesta \u201ccon el gran n\u00famero de premios, promociones gubernamentales, cert\u00e1menes universitarios, y m\u00e1s que nada, una proliferaci\u00f3n tremenda de talleres literarios. Estos talleres enfatizan, por su naturaleza, una aproximaci\u00f3n casi mec\u00e1nica a la poes\u00eda. De ello que existe una preponderancia del poema corto, herm\u00e9tico y ret\u00f3rico, en el sentido de que est\u00e1 elaborado bajo una serie de par\u00e1metros pre-establecidos\u201d (William Mart\u00ednez, sd.)<\/p>\n<p>En los ochenta la marca principal estuvo acentuada en las propuestas de <em>Casa o Lobo <\/em>(1981), el libro inicial e inici\u00e1tico de Yolanda Pantin, donde el mundo de la infancia se asocia a lo fantasmal, a los misterios encubiertos de la casa y la construcci\u00f3n simb\u00f3lica del hogar materno, ya distante en la memoria. Esta propuesta se radicalizar\u00eda en otros poemarios de la autora, que aparecen al final de la d\u00e9cada: <em>La canci\u00f3n fr\u00eda <\/em>(1989), El <em>cielo de Par\u00eds <\/em>(1989) y <em>Poemas del escritor <\/em>(1989). O tambi\u00e9n en la propuesta de Mar\u00eda Auxiliadora \u00c1lvarez, en sus dos poemarios ya emblem\u00e1ticos <em>Cuerpo y Ca(z)a, <\/em>\u201cque se adentran, respectivamente, en la expresi\u00f3n de las alteraciones corporales\/ps\u00edquicas del embarazo, o de manera m\u00e1s general, del extra\u00f1amiento y el distanciamiento frente a lo otro en lo uno, y en la ruptura que se quiere zurcir con lo que es (aparente y parad\u00f3jicamente) m\u00e1s \u00edntimo: la casa, el amor, la madre, etc\u00e9tera\u201d. (Isava, 2000).<\/p>\n<p>Otra experiencia verbal semejante, que intensifica la exploraci\u00f3n del lenguaje como prolongaci\u00f3n del cuerpo, se encuentra en el poemario de Maritza Jim\u00e9nez, <em>Hago la muerte, <\/em>que explora en una forma extrema y concisa las implicaciones del aborto. Y tambi\u00e9n Reina Varela, con <em>Se\u00f1ales de humo <\/em>(1983) un poemario que registra con marcada iron\u00eda las labores predestinadas al hogar como recinto indisociable de la condici\u00f3n de mujer-esposa-compa\u00f1era. Menci\u00f3n aparte merecen las propuestas de Ana Nu\u00f1o, Mhar\u00eda V\u00e1zquez, Laura Cracco, Patricia Guzm\u00e1n y Sonia Gonz\u00e1lez, entre otras.<\/p>\n<p><strong>La transici\u00f3n antol\u00f3gica de entre d\u00e9cadas:<\/strong><\/p>\n<p>Los noventas se abren a un abanico de nombres y temas por dem\u00e1s extenso, en el que se convocan unas voces, no ya bajo la impactante cacer\u00eda del colectivo, propuesta que subyace en el sentido gregario de Tr\u00e1fico, por ejemplo, y que en cierta medida invoca de manera solapada su proyecto ut\u00f3pico. Ahora son voces aisladas, pocas circunscritas de manera incidental a algunos grupos literarios (el de Calicanto, que dirig\u00eda Antonia Palacios y los ya consolidados del Centro de Estudios Latinoamericanos R\u00f3mulo Gallegos), as\u00ed como la exploraci\u00f3n de un pre-supuesto lector que ahora procura los espacios de encuentro que propician las llamadas editoriales alternativas.<\/p>\n<p>A riesgo de dejar vac\u00edos y omisiones en el registro, la d\u00e9cada de los noventa mostr\u00f3 el surgimiento de nuevas autoras. Lo que resulta llamativo, es una especie de desbordamiento, marcado por la aparici\u00f3n y consolidaci\u00f3n de nuevas autoras provenientes de diversas partes el pa\u00eds. Con esa caracter\u00edstica se rebasa un sino de pertenencia casi exclusiva al paradigma centralizado \u2013ejemplo del modelo administrativo del pa\u00eds\u2015 desde el cual se rige y dirige, como en una especia de tensi\u00f3n entre centro y periferia, la conformaci\u00f3n de un panorama que se pretende nacional. Las poetas que inician su publicaci\u00f3n en la \u00faltima d\u00e9cada del siglo XX son: Marta Kornblith (Lima, 1959-Caracas,1997), Mar\u00eda Antonieta Flores (Caracas, 1960), Man\u00f3n K\u00fcbler (Caracas, 1961), Mar\u00eda Teresa Ogliastri (Los Teques, 1952), Adriana Gibbs (Caracas, 1966), Margarita Arribas (Caracas, 1962), Beatriz Alicia Garc\u00eda (Caracas, 1966), Belkis Arredondo, Blanca Elena Pantin (Caracas, 1957), Julieta Le\u00f3n (Caracas, 1949), Sonia Chocr\u00f3n (Caracas, 1961), Bel\u00e9n Ojeda (Caracas, 1961), Beverly P\u00e9rez Rego (Canad\u00e1, 1957), Dina Piera Di Donato (Upata, 1958) y Moraima Guanipa (Maracaibo, 1961), entre otras, algunas de ellas hasta el presente autoras de un solo libro.<\/p>\n<p>Ser\u00eda quiz\u00e1s arriesgado sugerir un cat\u00e1logo est\u00e1tico de preferencias tem\u00e1ticas, y como este es un trabajo en proceso, me limitar\u00e9 a comentar brevemente algunas de las l\u00edneas principales que, a mi modo de ver, consolidan un hacer po\u00e9tico que intensifica las indagaciones de sus pares de los ochenta y concentran mucho de los cambios que desde las mentalidades finiseculares se intentaron transmutar en palabra, sensorializaci\u00f3n y toma de posici\u00f3n frente a la vida y sus correlatos. En ese sentido, hay una mirada tambi\u00e9n exteriorista que no pasa por alto, o por lo menos atisba la aceleraci\u00f3n de hechos hist\u00f3ricos, pol\u00edticos, sociales, cient\u00edficos, que le imprimieron una din\u00e1mica de rupturas al orden mundial de esos a\u00f1os, que Miguel Marcotrigiano sintetiza en su balance po\u00e9tico de los 90:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">A\u00f1os \u00b490: reunificaci\u00f3n de las dos Alemanias, gracias al debilitamiento de la antigua Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica; pasa a ocupar las p\u00e1ginas manchadas de la Historia lo que en un tiempo fue la Guerra Fr\u00eda; disoluci\u00f3n del bloque socialista; la Comunidad Econ\u00f3mica Europea da paso a la Uni\u00f3n Europea; estalla la guerra en Yugoslavia, y Eslovenia se proclama independiente; mientras algunas regiones se negaban a cambiar su sistema pol\u00edtico, otras en cambio disfrutaban de nuevos aires pol\u00edtico-sociales; finaliza en Chile la dictadura de Augusto Pinochet; en Panam\u00e1, Noriega se rinde ante las tropas estadounidenses; Irak invade Kuwait y los Estados Unidos de Am\u00e9rica desatan la operaci\u00f3n Tormenta del Desierto; asistimos a la primera guerra televisada y los medios juegan un importante papel en este escenario; Bill Clinton gana las elecciones presidenciales de Estados Unidos y es reelegido en las siguientes elecciones; un africano, por vez primera, es nombrado Secretario General de la ONU (Butros Gali) y Nelson Mandela es electo presidente de Sud\u00e1frica; en la ciudad de Los \u00c1ngeles se desatan grandes disturbios raciales a consecuencia de un video en el que la polic\u00eda apalea a un ciudadano negro; Rigoberta Mench\u00fa recibe el Premio Nobel de la Paz; soldados americanos tratan de corregir la situaci\u00f3n de guerra civil en Somalia; en el continente europeo se observa una evidente inclinaci\u00f3n del electorado hacia los partidos de izquierda, a excepci\u00f3n de Espa\u00f1a; Olimp\u00edadas en Barcelona y Exposici\u00f3n Universal de Sevilla; nacimiento de Dolly, generada a partir del genoma de una c\u00e9lula de oveja adulta, que inicia el camino de la clonaci\u00f3n de seres vivos; el proceso judicial que Baltasar Garz\u00f3n emprende en contra del general Pinochet, parece marcar un hito importante en lo referente a la impunidad por delitos contra los derechos humanos\u2026 Estos y otros sucesos acaec\u00edan en el mundo, se\u00f1alando, directa o indirectamente, pautas de vida que afectan al creador en cualquier rinc\u00f3n del planeta (Marcotrigiano, 2002: 15-16).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Las voces de los noventa:\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>Debemos al talento y al sentido de la historia con que Julio Miranda intuy\u00f3 y construy\u00f3 sus perspectivas panor\u00e1micas de la literatura venezolana, y especialmente de su poes\u00eda, a su labor de ant\u00f3logo debemos la mejor y m\u00e1s ordenada vitrina de las poetas venezolanas de entre d\u00e9cadas, <em>Poes\u00eda en el espejo <\/em>(1995). Esta antolog\u00eda, re\u00fane a las autoras m\u00e1s representativas de la que el mismo autor denomina \u201cla nueva l\u00edrica femenina venezolana\u201d, y que re\u00fane voces encabalgadas entre 1970 y 1994. De las autoras que comenzaron a publicar su obra en la d\u00e9cada de los 90, se antologa a Man\u00f3n K\u00fcbler, Lourdes Sifontes, Margarita Arribas, Sonia Gonz\u00e1lez y Jacqueline Goldberg.<\/p>\n<p>De estas autoras y de las otras que se mencionaron antes, podr\u00edamos entresacar unas cuantas l\u00edneas tem\u00e1ticas que proponen un distanciamiento de las po\u00e9ticas anteriores y que, en vista de la met\u00e1fora fluvial que da t\u00edtulo a estas notas, mana un delta tem\u00e1tico que voy a mencionar r\u00e1pidamente para luego quedarme con algunos ejemplos, o mejor, proponer una muestra que represente esas b\u00fasquedas y expresiones:<\/p>\n<p>La voz interior, que se desprende de la escritura como terapia que culmina con una preparaci\u00f3n para la muerte volitiva, est\u00e1 en la poes\u00eda de Marta Kornblith (Lima, 1959-Caracas, 1997) autora de <em>Oraciones para un Dios ausente <\/em>(1995), <em>Sesi\u00f3n de endodoncia <\/em>(1997) y <em>El perdedor se lo lleva todo <\/em>(1997).<\/p>\n<p>Leamos un fragmento de su poema de su primer libro:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Me dices que te hable sobre mi vida<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Yo te propongo un poema sobre la locura<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Me propones una frase para desarrollar un poema <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Poema es momento presente, lo que me ocupa <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Me dices que me ponga en el lugar<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>de la que me hubiera gustado ser <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Yo te digo que una actriz de cine<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>famosa para vivir y ser amada por miles <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>que es como volar por encima de una playa<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>y saber que aquella gente me mira y me llama <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Eso es morir<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>O suicidarse<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Vagar como un fantasma ausente<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>en la conciencia de miles sin cuerpo ni cara <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Para verlo tomar palco entre miles estupefactos <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>y llamarme<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Suelo volar como una paloma herida <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>en una playa interminable<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>y dejar rastros de sangre ante el tin tin ausente <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>de tu tel\u00e9fono<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>llamarte es confrontarme con la realidad inexorable <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>de un fracaso.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Es s\u00f3lo un ejemplo, y como bien dice Miguel Marcotrigiano Luna en <em>Las voces de la hidra. La poes\u00eda venezolana de los a\u00f1os \u00b490<\/em>: \u201cLa poes\u00eda de Martha Kornblith naci\u00f3 y qued\u00f3 condenada en los noventa. Su muerte impidi\u00f3 ver qu\u00e9 nuevos derroteros daba para seguir su escritura. La existencia como peso, como culpa; el lenguaje como \u00fanica forma de exorcizar a los fantasmas. Su vida all\u00ed, tendida, expuesta a la mirada de otros, quedar\u00e1 para siempre en la memoria de quienes apreciamos, aunque ya lejos en el tiempo, el valor de la palabra, el poder que \u00e9sta tiene para construir, pero tambi\u00e9n para destruir\u201d (Marcotrigiano, 2002, 39). Asimismo, producto de esa interioridad, pero con un fuerte arraigo en la condici\u00f3n mujer- maternidad, la poes\u00eda de Carmen Verde Arocha propone una b\u00fasqueda que comparte destrezas del lenguaje aprendidas de su tradici\u00f3n inmediata y refuerza las nuevas, exterioristas y urbanas, de la coyuntura hist\u00f3rica m\u00e1s pr\u00f3xima. Veamos dos ejemplos:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>El miedo es felicidad\/ Aunque sea est\u00e9ril\/ En un campo que perdemos cada noche\/ Los a\u00f1os vienen a la memoria\/ En el deseo de un hijo\/ Que exalta el insomnio\/ En este sue\u00f1o que me a\u00edsla o me expulsa\/ Hacia el viento\/ Tenue\/ Sin ruido\/ Cerca de la lluvia\/ Adversos mendigos de las rocas\/ No hay m\u00e1s hojas en los recuerdos\/ Si lo que anhelo es fertilidad\/ En las tierras del amor<\/em> (Carmen Verde Arocha, 1994, 21)<\/p>\n<p>Y este otro, que muestra lo m\u00e1s urbano y exteriorista:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>Despierto\/ en el rinc\u00f3n de una plaza\/ llena de mendigos\/ prostitutas\/ viajeros\/ locos\/ buhoneros\/ ni\u00f1os\/ que venden boletos\/ y escucho los autos\/ los ruidos de las motocicletas\/ y el quejido de los hombres\/ en otras s\u00e1banas\/ en otros puertos\/ en otras ciudades\/ En el cielo\/ ellos juegan ajedrez\/ desnuda me elevo\/ a cambio de un sudario\/ que guarda una infancia perversa\/ falta una sonrisa confortable\/ Completar el tablero<\/em>. (Carmen Verde Arocha, 1994, 30-31).<\/p>\n<p>El cuerpo, llevado a un escenario extremo de significaci\u00f3n, donde la exposici\u00f3n de la desnudez, del deseo, con abierto \u00e9nfasis en el cuerpo de la otra, es una propuesta singular de la voz po\u00e9tica, un canto al amor homosexual llevado a su m\u00e1xima expresi\u00f3n tem\u00e1tica (caso como el de Alejando Salas en <em>Erotia<\/em>), es el de <em>Olympia <\/em>(1992) de Man\u00f3n K\u00fcbler, en el cual reconoce Julio Miranda \u201cel canto m\u00e1s desgarrado e intenso de amor homosexual de toda nuestra literatura\u201d (Miranda: 199, 279).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>hagamos usted y yo un largo viaje por la casa de los vivos. de esos ejemplares que, bien conservados, preguntan de usted y de m\u00ed. hagamos un alto en el recorrido sobre su cama para sabernos vivas, que somos la parte parecida a las tormentosas rayas de la noche, las que no vemos, las que no probaremos nunca. deme usted la parte de su cuerpo, esa orilla que nadie conoce, ni siquiera las intimidades de su ba\u00f1o ni los pudores discretos de su espejo. quiero acostarme con usted a esta hora para saber que la tengo debajo de una mano, las rodillas en su ri\u00f1\u00f3n, su espalda repartida <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">(Man\u00f3n K\u00fcbler, <em>Olympia<\/em>)<\/p>\n<p>En el divagar, en la expresi\u00f3n circular, el deseo tiene un desplazamiento que se regodea en la contemplaci\u00f3n, o en la imposibilidad, como tratando de flanquear las murallas de la otra, ya sin rodeos:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>IV<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>Supongo que este aventurado ascenso de hoy por las inveteradas paredes de la euforia ha de conducirme prontamente a un abismo indescriptible. digamos que eso no tiene importancia en la medida que podamos, usted y yo, malograr la criatura de la falta, como ha de hacerse en las mejores poes\u00edas germanas, donde la indolencia pasa a ser forma de duda y de tragedia para el m\u00e1s inmune de los hombres. lamento ser tan angustiosamente moral y pretender que para tocar uno s\u00f3lo de sus senos tenga que decirle tanto.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">(Man\u00f3n K\u00fcbler, <em>Olympia<\/em>)<\/p>\n<p>La m\u00e1scara, la identidad oculta, la voz de la otredad, son tambi\u00e9n marcas presentes en algunas de las autoras m\u00e1s destacadas de la poes\u00eda venezolana de esta d\u00e9cada. Ya al filo de la misma, Alicia Torres, en su poemario <em>Fatal <\/em>(1989), establece una serie de voces que sirven de pretexto para indagar en su tradici\u00f3n y en otra mayor, la occidental desde la cual se recuperan voces de mujeres: \u201cCamila\u201d, \u201cMagdalena\u201d, \u201cCirce\u201d, \u201cSalom\u00e9\u201d, \u201cHelena\u201d, \u201cIfigenia\u201d, \u201cPen\u00e9lope\u201d, \u201cLas Mujeres de Atenas\u201d, etc., son una forma de asumirse en esa tradici\u00f3n recuperando las marcas culturales plenas de imaginaci\u00f3n y reescritura, como por ejemplo en el poema \u201cCamila\u201d, historia que ha trasladado su signo f\u00e1ctico para convertirse tambi\u00e9n en mito de los amantes:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>\u201cCamila\u201d<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 180px; text-align: right;\">Iluminada por el rel\u00e1mpago nacido del vuelo de un p\u00e1jaro, Camila O\u2019Gorman huye con un sacerdote, su amante, en1848.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: right;\"><em>\u00a0<\/em>Enrique Molina<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>No es de se\u00f1oras esta<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>pasi\u00f3n desenfrenada<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>No est\u00e1 permitido robar pastores as\u00ed<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>pero ven sin m\u00e1s amado<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>al campanario<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>cuando descuelgue la noche y santifica esta arritmia que me muerde<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>bajo la enagua de bramante<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>Desp\u00f3jate t\u00fa de esa negrura que cubre todo<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>lo h\u00famedo que mi boca reclama D\u00e9jala que repose<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>como un lago de agua turbia a nuestros pies<\/em><\/p>\n<p>De esta voz recuperada en la tradici\u00f3n, otras, como la de Mar\u00eda Teresa Ogliastri en <em>Cola de Plata <\/em>(1994), indagan en una exploraci\u00f3n de m\u00e1scara que raya en lo ins\u00f3lito, por ejemplo, en la personificaci\u00f3n de un cet\u00e1ceo:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>\u201cLa fuente\u201d<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Inspiro <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>sumerjo<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>emerjo de nuevo <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>espiro<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>vac\u00edo los pulmones<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>soplo de agua salada me descarga.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Un ballenero observa mi fuente y piensa: <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>\u201c\u00a1<\/em><em>Cad\u00e1veres blancos enterrados en el aire!\u201d <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Enfila su arp\u00f3n de plata,<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>espero tranquila. <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Hoy no cantar\u00e9, <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>no huir\u00e9,<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>s\u00f3lo flotar\u00e9<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>y si no acierta<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>me quedar\u00e9 varada, <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>encallar\u00e9 en la arena, <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>con mi piel seca al sol <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>sobre tierra extra\u00f1a <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>desollada no sentir\u00e9.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>\u201cUna ballena suicida\u201d<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>dir\u00e1n los ni\u00f1os corriendo hasta la playa<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>-dulce cortejo-<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>tratando de trepar esta masa exhausta <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>cubierta de guijarros.<\/em><\/p>\n<p>Y desde esta imagen se construye todo un universo simb\u00f3lico que repasa lo urbano, lo amoroso, lo vivencial, desde la perspectiva autorial de un yo confesional muy particular:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>\u201cAmantes\u201d:<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>Me he apareado con muchos animales\/ no siempre de mi especie.\/ Una vez un le\u00f3n de mar\/ al sur de Nueva Zelanda\/ me cortej\u00f3 y quiso incorporarme\/ a la docena de hembras de su har\u00e9n.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>\u00a1No fue posible entender tantos dialectos!\/ Una horrible foca elefante\/ abri\u00f3 su prob\u00f3scide hinchable y bram\u00f3\/ sonoramente antes de comenzar a luchar\/ por m\u00ed con su adversario.\/<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>Esa foca muri\u00f3 joven.\/Una ballena gris me enamor\u00f3\/ a orillas de California<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>nadamos largos trechos\/ golpeando aleta con aleta en el retozo\/ fue el despertar lo semejante.\/\u00a1Me abandon\u00f3 por una morsa!\/Cuando ya sucumb\u00eda brot\u00f3 de las aguas<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>un hermoso delf\u00edn\/ aprendimos cronometrados\/ a romper la superficie el uno\/lanzado\/ sobre el otro en un abrazo de aletas\/ hocicos y chirridos de gozo.\/<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>Se fue tras la madre en el invierno.\/Los manat\u00edes y dugongos\/ jam\u00e1s mostraron inter\u00e9s\/ son vacas marinas que s\u00f3lo saben comer.\/Una espantosa orca\/ espi\u00f3 largos a\u00f1os mi sue\u00f1o\/ hasta sorprenderme con un resoplido\/ nauseabundo.\/Casi logra silenciarme para siempre.\/\u00a1Y ni hablar del tibur\u00f3n\/ ese es un depredador\/ de quien nunca me ocup\u00e9!<\/em><\/p>\n<p>Otra vertiente en la obra de Mar\u00eda Teresa Ogliastri, tiene asideros en la misma tradici\u00f3n que parcialmente recupera Alicia Torres; la b\u00fasqueda en las fuentes del mito y de la literatura griega cl\u00e1sica. Veamos como ejemplo este otro poema de su libro <em>Nosotros los inmortales <\/em>(2002)<em>:<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">\u00a0\u201cUn rapsoda en Nueva York\u201d<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">A esta gente no le interesa la historia del valiente Aquiles ni se conmueven cuando interpreto la muerte de Patroclo. Me gustar\u00eda narrarles la Biblia de los griegos, contarles la prodigiosa lucha de muchos h\u00e9roes inmortales, pero es tal la algarab\u00eda que me invade el desaliento y me refugio en el templo. Saint Patricks acordonada por la polic\u00eda mece las tres torres sobre la Quinta Avenida. Afuera, en la puerta que da la First Street, hombres con aretes y mujeres acuerpadas reparten panfletos que dicen: \u201cLesbian and Gays are Gods Children\u201d, mientras John O\u2019Connor lee la homil\u00eda en contra de abortos y engendros. Las carrozas inician el carnaval dejando apenas escuchar al coro que canta \u201cHoly, Holy\u201d. Los de afuera est\u00e1n realmente enojados, John O\u2019Connor no cede ni trata de calmarlos, su cara bizarra empu\u00f1a la espada ante blasfemos y herejes. Execrados del noble recinto, asustados, en el miedo, a las puertas de Saint Patricks gritan: \u201cNo Popes, no Priest\u201d, mientras los Timbales del New York Band estremecen las caderas al son de ritmos soul y latinos. Creen que mi t\u00fanica es un disfraz, me empujan y se burlan de mi canto. \u00bfAcaso no saben de mi fama? Me pregunto qu\u00e9 hago en esta ciudad tan lejos de la \u00cdtaca de mis sue\u00f1os. Hasta aqu\u00ed llega la voz del navegante cuya tumba es el mar.<\/p>\n<p>El enmascaramiento parece ser una de las constantes m\u00e1s arraigadas en las poetas de los noventa, es a veces una secuencia que atraviesa diversas propuestas unitarias en las autoras de obra breve, pero tambi\u00e9n en las de obra m\u00e1s amplia y consolidada, como la de Mar\u00eda Antonieta Flores, autora de siete poemarios en la d\u00e9cada de los noventa y que por razones de espacio no comentar\u00e9 en esta oportunidad.<\/p>\n<p>En relaci\u00f3n con la estrategia del enmascaramiento, la poes\u00eda de Ver\u00f3nica Jaff\u00e9, ofrece un terreno f\u00e9rtil y muestra quiz\u00e1s con mayor claridad ese recurso de ya larga tradici\u00f3n. El juego de m\u00e1scaras que ocultan a un hablante a veces demasiado comprometida con la realidad o con su tradici\u00f3n. As\u00ed, en <em>El arte de la p\u00e9rdida <\/em>(1991) y <em>El largo viaje a casa <\/em>(1994), se entremezcla un universo significativo que se reduce a algunas claves que se reiteran y son profundizadas: recreaci\u00f3n del mundo de la infancia con una fuerte presencia femenina en la familia, miedo al nazismo, el erotismo y la condici\u00f3n de extranjeridad, son una forma de m\u00e1scara que se sustenta en el exotismo de muchos paisajes y distancias. Veamos un ejemplo de cada libro:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>\u201cUn fragmento del di\u00e1logo entre Ulises y Circe\u201d <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>\u201c\u00a1Hasta cu\u00e1ndo<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>amada m\u00eda, me torturas<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>con tus ojos inocentes,<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>con tus manos bondadosas del dolor,<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>es extra\u00f1o en demas\u00eda!\u201d<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>\u201c\u00a1No, querido, no me entiendes! Puedes irte.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>Nuestra isla es la antesala del olvido, <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>en el Hades te aguardan<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>los mortales.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>Lo ignoras:<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>largos a\u00f1os me ayudaste<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>a intuir la sombra.\u201d<\/em><\/p>\n<p>Tambi\u00e9n est\u00e1 presente una velada recurrencia al tema del amor homosexual como una forma de plenitud, o como una forma de salvaci\u00f3n, la presencia de esos elementos amorosos se ajusta a la convergencia de los espacios velados y el lenguaje pleno del ocultamiento ante los ojos de los dem\u00e1s:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>\u201cAutopista N\u00ba 95, Direcci\u00f3n Sur, New Jersey\u201d:<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>La poeta holandesa extenuada <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>del paseo por la quinta avenida <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>se acomoda en el asiento<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>del peque\u00f1o autom\u00f3vil y concluye <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>de esta forma la historia<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>de sus relaciones amorosas. <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>\u201cArrullar a una extra\u00f1a en brazos, <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>susurrar canciones al o\u00eddo, <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>murmurar halagos y promesas<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>siempre tiene&#8230; un resultado inevitable.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>Cuando la mujer despierta<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>y parte en direcci\u00f3n a otros brazos, <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>los murmullos, los susurros<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>se atragantan en la boca,<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>y la lengua, antes puente y senda,<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>y sabor de cuerpo, s\u00f3lo logra proferir <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>los consabidos sapos y culebras.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>Sapos y culebras son entonces<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>parte sustancial de los amores, los extra\u00f1os. <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>Podr\u00eda hablarse, pues, in strictu senso,<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>de una zoolog\u00eda del cuerpo y las palabras\u201d.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>(El largo viaje a casa)<\/em><\/p>\n<p>Adriana Gibbs, es una de las nuevas voces que van perfilando un decir directo, el esfuerzo expresivo se deja ver no ya en los discursos velados, en clave, sino m\u00e1s bien en una exteriorizaci\u00f3n directa, fulminante, una mirada sin velos que va de lo emotivo a lo sensorial, en un lenguaje llano, limpio, despojado de artificios ret\u00f3ricos:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>\u201cBlue station\u201d<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>No cantar\u00e9 batallas ni grandes amores. <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Tampoco nombrar\u00e9 al joven que d\u00edas atr\u00e1s <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>pudo hacerme temblar con s\u00f3lo mirarme.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>No hablar\u00e9 del dibujo de una ni\u00f1a <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>en mi cuaderno de notas<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>ni prestar\u00e9 atenci\u00f3n al lector de \u00daltimas Noticias, <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>sentado junto a una mujer que lee revistas de moda.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Hoy no me detendr\u00e9<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>ante la muerte de un estudiante <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>a manos de un pa\u00eds<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 120px;\"><em>\u00ednfimo pa\u00eds.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Hoy no puedo ser<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Ni siquiera un buenos d\u00edas. <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Como quien sale de un t\u00fanel <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>para ver la ciudad que espera <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>voy extra\u00f1ando el asombro <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>de los primeros besos<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>la bestia suelta en la urbe.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>De Ca\u00f1o Amarillo a Santa Paula se funda<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>mi m\u00e1s triste estaci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p>O el tratamiento ir\u00f3nico de una condici\u00f3n marcada por la lectura ochentera de la mujer y la soledad como un binomio, por ejemplo, en aquel \u201cVitral de mujer sola\u201d, con el que Yolanda Pantin establec\u00eda pr\u00e1cticamente un mapa de reconocimiento, ahora Adriana Gibbs, lo toma por la v\u00eda ir\u00f3nica:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>\u201cSolitudine\u201d<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Nunca supe<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>A qu\u00e9 se refer\u00eda cuando me dijo<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Usted no es mujer de andar sola.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>\u00a0Hoy,<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Sentada a la mesa<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>De aquellas palabras,<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Sigo sin entender esta soledad.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>(Adriana Gibbs, Parece oto\u00f1o, 1993, 9)<\/em><\/p>\n<p>Otra vertiente que apenas apunto aqu\u00ed es la de la recuperaci\u00f3n de los signos de la infancia, el lenguaje, las vivencias, como en una especie de tiempo detenido, recuperaci\u00f3n no s\u00f3lo memor\u00edstica sino tambi\u00e9n existencial: los elementos son las mu\u00f1ecas, los l\u00e1pices, el cuaderno de la escuela, en fin. De este universo est\u00e1n colmados los libros de Margarita Arribas <em>Para borrar a una ni\u00f1a <\/em>(1991), Beatriz Alicia Garc\u00eda, <em>Matarileriler\u00f3n <\/em>(1999), y tambi\u00e9n <em>P\u00farpura <\/em>(1998), de Sonia Chocr\u00f3n. Dos ejemplos:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Soy la primera de la fila tras de m\u00ed<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>treinta mandilones blancos<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>se forman<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Mi brazo se extiende in\u00fatil todas las ma\u00f1anas<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>tratando de tomar distancia<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>(Margarita Arribas, Para borra a una ni\u00f1a, 1991)<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>III<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Mi infancia huele a leche <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>en las ma\u00f1anas<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>a loci\u00f3n de afeitar de pap\u00e1 bello <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>a monedas para la merienda.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Sabe a sangre de quijada rota<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>a ni\u00f1ita disciplinada y estudiosa <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>sabe a mocos y a chupetas<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>a mar salada y tierra h\u00fameda.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>En las noches huele a pan<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>a mam\u00e1 cansada<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>sabe a beso de pap\u00e1 oficinista <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>tambi\u00e9n cansado y casado.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>En las noches de mi infancia <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>hay ni\u00f1as congeladas de fr\u00edo <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>magos y pr\u00edncipes azules<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>milenarias historias \u00e1rabes hay miedos<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>excusas perfectas<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>para meterse en la cama de pap\u00e1 bello.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Hay como un silencio<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>la reverencia hacia lo enorme lo inabarcable<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>el cielo de mi infancia.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>(Beatriz Alicia Garc\u00eda, Matarileriler\u00f3n, 1999)<\/em><\/p>\n<p>En el otro extremo, la poes\u00eda de Blanca Elena Pantin, heredera en parte de esa poes\u00eda de los ochenta que se construye en el choque verbal frente a las estructuras de la ciudad, su voz recoge el andar cotidiano, vertiginoso por la urbe, por los conglomerados, el supermercado y el vac\u00edo existencial. Sus dos poemarios publicados, <em>Poemas del tr\u00f3pico <\/em>(1993) y <em>El ojo de la orca <\/em>(1997), dan cuenta indistintamente de unos motivos que se recubren con el signo inevitable del desasosiego. Su poes\u00eda se sostiene sobre la indefensi\u00f3n, la soledad, la resignaci\u00f3n:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>\u201cLa ciudad de las aguas\u201d<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Conozco sus manchas, el verde de los hongos y el musgo <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>la hiedra de las casas<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>la peste negra<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Nada me es desconocido de esta ciudad <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>He sido testigo de cr\u00edmenes<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>de estafas<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>de amores incipientes y confesiones <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Yo he vivido all\u00ed el invierno<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>S\u00e9 del horror y la belleza de la ciudad de las aguas <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Yo me contemplo: nada me puede ser ocultado <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>(Blanca Elena Pantin, Poemas del tr\u00f3pico, 1993)<\/em><\/p>\n<p>Y tambi\u00e9n sobre esa soledad que roza las fronteras a veces indescriptibles de la depresi\u00f3n. La gran ciudad, la soledad, los millones de soledades:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Hay en el cielo<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>una tristeza del alma y el cuerpo<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>algo de \u00edngrimo y desvalido que nos toca <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>y nos hace hu\u00e9rfanos<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>\u00c1rbol solo de estepas <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>y oc\u00e9anos<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Solos<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>As\u00ed nos sentimos<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>interpretados por la lluvia que no cesa <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Y es lluvia<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>diluvio y lluvia<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>de infancia de d\u00edas de colegio <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>cuando pens\u00e1bamos la casa <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>y tristeza de amores vividos <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>y amigos que no est\u00e1n<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>y de un pa\u00eds que es otro <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>donde no nos reconocemos <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Yo llamo a eso depresi\u00f3n<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>y me dejo<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>(Blanca Elena Pantin, El ojo de la orca, 1997)<\/em><\/p>\n<p>Otras experiencias se nutren de exploraciones un tanto ins\u00f3litas dentro de un panorama que en parte se apega al referente, a los libros, a lo vivencial como intimidad, que concatena el cuerpo y el deseo como formas de mirarse en el espejo. Lenguaje que parodia veces la autorreflexividad. En el caso de esa poes\u00eda que se dispara hacia otros derroteros tem\u00e1ticos y formales, est\u00e1 la obra de Beverly P\u00e9rez Rego, especialmente con <em>Artes del vidrio <\/em>(1992) y <em>Libro de cetrer\u00eda <\/em>(1994), y tambi\u00e9n Sonia Chocr\u00f3n (Caracas, 1961) con <em>Toledana <\/em>(1992), donde recupera \u201clas formas propias del siglo XIII, en donde ambienta la an\u00e9cdota que recorre el libro. Un itinerario sentimental por las relaciones amorosas entre Raquel, jud\u00eda, y Alfonso VIII. Dicho discurso evidencia una particularidad esencial, gracias a la mezcla de las formas indicadas con la ret\u00f3rica literaria espa\u00f1ola del siglo XVII y el vocabulario contempor\u00e1neo\u201d (Marcotrigiano, 2002: 253) el libro plantea m\u00e1s que lo formal y lexical, una concepci\u00f3n del mundo afianzada en el ideal hisp\u00e1nico de la Edad Media, son libros sin definitiva adscripci\u00f3n a lo que pudi\u00e9ramos considerar su tradici\u00f3n cultural:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>No me est\u00e1 dado amarte as\u00ed <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>pues a los ojos de mi pueblo <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>gentil eres<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Es en contra de la ley \u2015dicen\u2015<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>allegarme y conocerte<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Y sin embargo cu\u00e1nto crece mi raz\u00f3n casta <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>y se hincha mi alma sin mancilla <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Ennoblezco en tu compa\u00f1a y troco<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>en hija pr\u00f3diga de mi raza<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>* * *<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>A veces ya muy noche<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>creo ver al amor como a la muerte <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Juntos entran en el lecho blanco<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>y en duelo guerrean sus dominios <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Se lamentan palpitan<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>y exhalan el \u00faltimo suspiro <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>cuando llega la hora del \u00e9xtasis<\/em><\/p>\n<p>Tendr\u00edamos algunas otras autoras y propuestas tem\u00e1ticas qu\u00e9 comentar, pero ya es necesario ir cerrando las cotas de este panorama. Las editoriales llamadas alternativas, de escaso tiraje y de circulaci\u00f3n restringida, casi que, de mano en mano, posibilita, sin embargo, el contacto entre las nuevas experiencias po\u00e9ticas y los lectores, pero falta mucho por hacer.<\/p>\n<p>Lamentablemente, la poes\u00eda venezolana y la literatura de nuestro pa\u00eds en general, adolece de una eficiente red de edici\u00f3n y distribuci\u00f3n que permita poner en sinton\u00eda las nuevas voces con las de la tradici\u00f3n, y ayude a conquistar lectores; por eso resulta siempre parcial un ejercicio de acercamiento, m\u00e1s a\u00fan, esta lectura movida tambi\u00e9n por gustos personales, que he querido compartir con ustedes. Llego al final de este delta tem\u00e1tico pues, como dice la canci\u00f3n, hasta aqu\u00ed me trajo el r\u00edo.<\/p>\n<p><strong>REFERENCIAS BIBLIOGR\u00c1FICAS<\/strong><\/p>\n<p>Isava, Luis Miguel, \u201cRelectura de la poes\u00eda de los ochenta\u201d Verbigracia, <em>El Universal <\/em>(Caracas), n\u00fam. 54, 13 de mayo de 2000.<\/p>\n<p>Marcotrigiano, Miguel, <em>Las voces de la hidra. La poes\u00eda venezolana de los a\u00f1os 90<\/em>, M\u00e9rida, Ediciones Mucuglifo-UCAB, 2002.<\/p>\n<p>Mart\u00ednez, William, \u201cDe la calle a la casa editorial: lo m\u00e1s reciente de la poes\u00eda venezolana en los a\u00f1os ochenta\u201d. <a href=\"http:\/\/www.calpoly.edu\/~wwmartin\/calle.html\">http:\/\/www.calpoly.edu\/~wwmartin\/calle.html<\/a><\/p>\n<p>Morales Toro, Leonidas, <em>Ensayo cr\u00edtico-bibliogr\u00e1fico sobre Poes\u00eda venezolana contempor\u00e1nea (D\u00e9cadas del 50 y del 60<\/em>), Santiago de Chile, Universidad de Chile, 1999.<\/p>\n<p>Miranda, Julio, <em>Poes\u00eda en el espejo. Estudio y antolog\u00eda de la nueva l\u00edtica femenina venezolana (1970-1994), <\/em>Caracas, Fundarte, 1995.<\/p>\n<p>Santaella, Juan Carlos, Manifiestos <em>literarios venezolano, <\/em>Caracas, La Casa de Bello, 1986.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/gregroy-zambrano\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n<h6>*Pubicado en: Gregory Zambrano (Comp.), <em>Mujer: escritura, imaginario y sociedad en Am\u00e9rica Latina<\/em>, M\u00e9rida, Universidad de Los Andes, Direcci\u00f3n de Cultura, Red Alfa, 2004, pp. 231- 251.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gregory Zambrano A Elena Vera y Julio Miranda, in memoriam La pretendida b\u00fasqueda de exteriorizaci\u00f3n, de conversacionalidad, de salida hacia la calle para encontrar en el entorno las trazas de una cotidianidad tantas veces postergada, fue quiz\u00e1 el elemento definitorio de la poes\u00eda venezolana de los ochenta. 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