{"id":2554,"date":"2021-11-25T23:40:49","date_gmt":"2021-11-25T23:40:49","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=2554"},"modified":"2023-11-24T18:36:11","modified_gmt":"2023-11-24T18:36:11","slug":"veinte-anos-no-es-nada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/veinte-anos-no-es-nada\/","title":{"rendered":"Veinte a\u00f1os no es nada. Notas sobre narrativa venezolana del 90 y el 80"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Juan Carlos M\u00e9ndez Gu\u00e9dez<\/h4>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>al recuerdo de Julio Miranda,<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>siempre amigo, por sus juellas en la nieve<\/em><\/p>\n<p>Durante 1993 y 1994 se concentraron buena parte de las sorpresas que parecieron insinuar la irrupci\u00f3n de un nuevo conglomerado de voces en el universo de la narrativa venezolana. En 1993 Israel Centeno obtiene con su primer libro: \u00abCALLETANIA\u00bb el PREMIO CONAC DE NARRATIVA , Nelson Gonz\u00e1lez Leal ganaba el CONCURSO DE CUENTOS DE EL NACIONAL\u00a0<strong>(1)<\/strong>, y al a\u00f1o siguiente, este destacado premio reca\u00eda otra vez en un autor de los 90<strong>(2<\/strong>) como es Luis Felipe Castillo. Es importante destacar que otro nov\u00edsimo, Marco Tulio Socorro, obten\u00eda en 1994 el Premio Municipal de Narrativa del Distrito Federal, y en 1992, Ricardo Azuaje ganaba el FUNDARTE de Narrativa, abriendo un c\u00edrculo de expectativas cuyo cierre todav\u00eda es hoy bastante difuso.<\/p>\n<p>Centeno, Castillo, y Socorro contaban para la fecha en que obtuvieron estos reconocimientos con apenas un libro publicado, y s\u00f3lo recientemente Nelson Gonz\u00e1lez Leal ha visto publicado su volumen de narraciones UNA PISTA SUTIL (1997). De tal manera que puede afirmarse que con ellos surg\u00eda en las letras venezolanas la punta de un iceberg, la se\u00f1al m\u00ednima de un proceso que como insinu\u00e1bamos en el p\u00e1rrafo anterior, se encuentra en plena gestaci\u00f3n y crecimiento.<\/p>\n<p>En tal sentido, es necesario recordar que pese a la desconfianza que inevitablemente despiertan los premios literarios, una de las se\u00f1ales m\u00e1s obvias de las transformaciones ocurridas durante la d\u00e9cada de los sesenta fue la concentraci\u00f3n de distintos galardones en un grupo determinado de escritores que con el tiempo perfilaron varios de los momentos m\u00e1s luminosos de la historia literaria venezolana. En ese particular, Maritza Jim\u00e9nez afirma:<\/p>\n<p>\u00bb Ya casi finalizando la d\u00e9cada (del sesenta), los integrantes de esta n\u00f3mina heterog\u00e9nea de autores<strong>(3)<\/strong>, empiezan a destacar en las premiaciones nacionales, reflejando el desplazamiento generacional que se opera a partir de este per\u00edodo. Jos\u00e9 Balza recibe el municipal de prosa, por MARZO ANTERIOR; el Pocaterra de Narrativa, corresponde a Rodolfo Izaguirre por ALACRANES, con menci\u00f3n para Adriano Gonz\u00e1lez Le\u00f3n. El Pocaterra de Poes\u00eda corresponde a Francisco P\u00e9rez Perdomo por LOS VENENOS FIELES, pero tambi\u00e9n son mencionados los poemarios de Jes\u00fas Sanoja Hern\u00e1ndez y Rafael Cadenas.\u00bb\u00a0<strong>(4)<\/strong><\/p>\n<p>\u00abDesplazamiento generacional\u00bb, este es el t\u00e9rmino clave que nos interesa resaltar pues los a\u00f1os 1993 y 1994 parecieran ser el escenario de un proceso similar al que relata Maritza Jim\u00e9nez, por lo menos en cuanto a la aparici\u00f3n de nuevos nombres dentro del panorama de la narrativa venezolana.<\/p>\n<p>Si dejamos fuera por unos instantes las valoraciones literarias, en la que por fortuna los premios no tienen un peso verdaderamente s\u00f3lido, estos dos a\u00f1os desplegaron al menos la evidencia de que un nuevo coro de voces comenzaba a reclamar un espacio propio en el universo de la cuent\u00edstica y la novel\u00edstica del pa\u00eds.<strong>(5)<\/strong><\/p>\n<p><strong>AQUELLOS A\u00d1OS 80<\/strong><\/p>\n<p>Pero son las obras aparecidas durante esta d\u00e9cada y la d\u00e9cada anterior las que pretenden ser el foco de atenci\u00f3n de estas p\u00e1ginas. Dando por sentado que nuevas voces pretenden inscribirse en el flujo de la narrativa venezolana m\u00e1s reciente, resulta necesario aproximarse a ellas como un todo, para atisbar las se\u00f1ales de identidad que puedan ofrecernos y entender as\u00ed la geograf\u00eda de los mundos textuales que nos proponen.<\/p>\n<p>Ya desde su nacimiento esta tarea puede resultar temeraria o est\u00e9ril para buena parte de la cr\u00edtica venezolana pues como bien apunta Antonio L\u00f3pez Ortega:<\/p>\n<p>\u00bb Para nadie es un secreto que la cr\u00edtica ha sido amplia a la hora de acoger los signos de la d\u00e9cada convulsa- nos referimos evidentemente a los a\u00f1os 60- y no as\u00ed a la hora de encarar estudios sobre obras publicadas posteriormente&#8230; Las buenas conciencias dir\u00e1n que la mariposa no puede acercarse a la fogata puesto que se consume en su revoloteo; que es m\u00e1s seguro sobrevolar las cenizas para delinear con exactitud la intensidad del fuego.\u00bb<strong>(6)<\/strong><\/p>\n<p>El problema tambi\u00e9n puede ser entendido con m\u00e1s crudeza. Cierto sector de los escritores de esa d\u00e9cada convulsa dominan el panorama acad\u00e9mico y cultural del pa\u00eds por lo cual los discursos de la disidencia de aquel tiempo son ahora \u00abdiscursos oficiales\u00bb, historias preestablecidas de la literatura nacional en la que todo proceso, todo esplendor, parece condensarse y obtener sus \u00fanicas explicaciones tan s\u00f3lo a partir de los a\u00f1os sesenta.<\/p>\n<p>Sin embargo, es hora de intentar establecer panoramas iniciales que dialoguen (asumiendo esa carga de contradicci\u00f3n y coincidencia que posee todo di\u00e1logo) con los que ya han ido formulando Ver\u00f3nica Jaff\u00e9 en EL RELATO IMPOSIBLE (1991); Mar\u00eda Celina N\u00fa\u00f1ez en DEL REALISMO A LA PARODIA (1997); y las antolog\u00edas RECUENTO de Luis Barrera Linares (1994); EL GESTO DE NARRAR de Julio Miranda (1998); NARRADORES VENEZOLANOS DE LOS NOVENTA de Nelson Gonz\u00e1lez Leal (in\u00e9dito); y la serie ensayos referidos al tema, vertidos en distintas revistas especializadas\u00a0<strong>(7)<\/strong>\u00a0. Trabajos todos en los que con diversas perspectivas se clarifica el paisaje de la narrativa venezolana m\u00e1s reciente al tiempo que se abren hendijas para la comprensi\u00f3n futura de su funcionamiento como conjunto.<\/p>\n<p>Plantea Barrera Linares y el equipo de investigadores que prepar\u00f3 la antolog\u00eda RECUENTO, una forma de clasificaci\u00f3n del cuento venezolano que creemos nosotros puede extenderse al corpus de la novela sin mayores traumas. Seg\u00fan ese criterio taxon\u00f3mico, nuestra narrativa se encuentra recorrida por una serie de l\u00edneas expresivas que van desde la narraci\u00f3n mim\u00e9tica y exteriorista, hasta llegar a una posici\u00f3n antag\u00f3nica de narrativa de orden l\u00edrico, con tendencia al despliegue metaf\u00f3rico y simb\u00f3lico<strong>(8)<\/strong>. A partir de este criterio, Barrera Linares plantea un desglosamiento de tendencias que oscilan entre estos extremos y en el que los narradores venezolanos aparecen divididos en: Textores, Surrealeros, Palabreros y Anecdoteros. Bas\u00e1ndonos en esta clasificaci\u00f3n, pero a un mismo tiempo vincul\u00e1ndola con la propuesta por Nelson Gonz\u00e1lez Leal en su in\u00e9dita NARRATIVA VENEZOLANA DE LOS NOVENTA diremos que son tres las grandes corrientes de la narrativa \u00faltima en Venezuela: una de tipo textualista, en la que tiene fundamental peso lo formal, lo ling\u00fc\u00edstico, y que estar\u00eda encabezada por Oswaldo Trejo; otra de tipo anecd\u00f3tico, en la que los recursos ficcionales y estructurales propios de la contemporaneidad son puestos al servicio del desarrollo de la esencialidad de las acciones, liderada por Eduardo Liendo; y una de atm\u00f3sferas muy trabajadas e indagaciones psicol\u00f3gicas prol\u00edficas, ajustadas en una obsesi\u00f3n por la composici\u00f3n del eje espacio-temporal, dominada por Jos\u00e9 Balza.<\/p>\n<p>Pero mientras la obra de Trejo sostuvo (mas no ampli\u00f3) el valor de sus riesgos durante los ochenta, Balza y Liendo alzanzaron en este tiempo su esplendor como narradores. De all\u00ed que la d\u00e9cada est\u00e9 signada por ambos, pues es en esta fecha cuando desde perspectivas antag\u00f3nicas de abordar el relato, los dos ofrecen en sus obras las se\u00f1ales expl\u00edcitas de la madurez. Si bien Balza publica MARZO ANTERIOR en 1965 y Liendo edita EL MAGO DE LA CARA DE VIDRIO en 1973, las novelas de mayor consistencia que ambos nos han ofrecido hasta la fecha aparecen en este per\u00edodo. En 1982 Balza publica PERCUSI\u00d3N y en 1985 Liendo saca a la calle su obra LOS PLATOS DEL DIABLO.<\/p>\n<p>PERCUSI\u00d3N es una brillante pieza novel\u00edstica construida con base en las obsesiones b\u00e1sicas que marcan la totalidad de la obra balziana: el desdoblamiento, la metamorfosis, la manipulaci\u00f3n del tiempo y del espacio novelesco, la metaforizaci\u00f3n del paisaje. Escrita con prosa cargada de lirismo y hondura simb\u00f3lica, en esta novela atisbamos un personaje que emprende la aventura del viaje para intentar el olvido de su vida anterior. Ciudades, paisajes, encuentros y desencuentros amorosos, se acumulan sobre este hombre dot\u00e1ndolo de una infinita capacidad del recuerdo en la que todos los hechos ocurren en el presente<strong>(9)<\/strong>. De all\u00ed que para el personaje central de esta obra sea posible fundirse con su propia imagen juvenil pues, ante el prodigio de una memoria tan feroz, la linealidad del tiempo queda anulada.<\/p>\n<p>En LOS PLATOS DEL DIABLO, Eduardo Liendo abandona el tono humor\u00edstico y tragic\u00f3mico de varias de sus obras anteriores para hurgar en los fantasmas de la \u00bb esterilidad creadora\u00bb. A partir de una historia criminal en la que se encuentran implicados dos escritores asistimos a la exploraci\u00f3n de espacios infernales del alma humana: la envidia, el deseo, el asesinato, la suplantaci\u00f3n. En ese particular, resultan muy ajustadas las observaciones que realiza Jos\u00e9 Napole\u00f3n Oropeza:<\/p>\n<p>\u00bb En esta novela, Liendo&#8230; se propone indagar el tema de la existencia de un escritor plagiario, empleando el tema del plagio, de la impostura como una excusa para anudar distintos temas. Se impone una estructura en los que coinciden el punto de vista policial, la prosa conceptual, reflexiva, sobre el hecho literario&#8230; Una novela que crea su propio universo, su propio ritmo y que, sin duda alguna, se\u00f1ala un buen momento en el arte narrativo en nuestro pa\u00eds.\u00bb<strong>(10)<\/strong><\/p>\n<p>Sin embargo, ser\u00eda incorrecto afirmar que Balza y Liendo ejercen magisterio sobre los creadores de esta d\u00e9cada pues si bien se les reconoce el valor de su trabajo ya para este momento se vive en la narrativa venezolana un proceso que se acentuar\u00e1 a principios de los noventa: la desaparici\u00f3n de la revistas literarias; la ausencia de pol\u00e9micas; la tendencia al invidualismo de los autores frente a los proyectos grupales.<strong>(11)<\/strong><\/p>\n<p>Pudiese pensarse que la din\u00e1mica de las vanguardias, con su ejercicio de destrucci\u00f3n de lo viejo por lo nuevo, con su toma de posici\u00f3n a favor de unos autores frente otros, sufr\u00eda importantes resquebrajamientos.<\/p>\n<p>Otro de los escritores que en rigor no comienzan a publicar en los ochenta pero que despliegan parte fundamental de su obra en estos a\u00f1os es Denzil Romero. A su segundo libro de cuentos, INFUNDIOS (1981), le siguieron una serie de novelas de voz muy personal en las que se combinan el gusto por la reinvenci\u00f3n de lo hist\u00f3rico y el recargamiento ling\u00fc\u00edstico: LA TRAGEDIA DEL GENERAL\u00cdSIMO (1983); GRAND TOUR (1987); LA ESPOSA DEL DOCTOR THORNE (1988), son el inicio de una obra novel\u00edstica de gran ambici\u00f3n y amplitud.<\/p>\n<p>Una voz femenina irrumpe y destaca en este panorama: Milagros Mata Gil. Sus dos novelas: LA CASA EN LLAMAS (1989) y MEMORIAS DE UNA ANTIGUA PRIMAVERA (1989) obtienen importantes premios nacionales e internacionales y nos muestran un tipo de escritura basada en la exploraci\u00f3n del mito y la memoria mediante una estructura de fragmentos que se complace en la utilizaci\u00f3n de un lenguaje de po\u00e9ticas resonancias.<\/p>\n<p>Pero s\u00ed hay un rasgo digno de destacar en los ochenta es que frente al tallerismo de la d\u00e9cada anterior, a la literatura quimicamente pura, se levanta una tendencia que Luis Barrera Linares (uno de sus cultores) vincula con la \u00f3rbita expresiva de Jos\u00e9 Rafael Pocaterra:<\/p>\n<p>\u00bb Independientemente de las otras tendencias que conviven en nuestro medio literario, un n\u00famero importante de los narradores de este a\u00f1o -con los cuales me identifico- tiene como prop\u00f3sito bastante afianzado el prop\u00f3sito de ironizar a costa incluso de la propia literatura. La parodia es un rasgo singularizador (de esta narrativa)&#8230; Parodia que incluye t\u00f3picos tan diversos como los esquemas de la cr\u00edtica literaria, la literatura como presunta arte de salvaci\u00f3n, la escritura ideol\u00f3gica y expresamente comprometida.. parodia del temor hacia los llamados lugares comunes&#8230;\u00bb<strong>(12)<\/strong><\/p>\n<p>Fruto de esta tentativa es el propio trabajo narrativo de Barrera Linares. EN EL BAR LA VIDA ES M\u00c1S SABROSA (1980); BEBERES DE UN CIUDADANO (1985); PARA ESCRIBIR DESDE ALICIA (1990) PARTO DE CABALLEROS (1991); CUENTOS DE HUMOR, DE LOCURA Y DE SUERTE (1992). Obras cargadas de sentido par\u00f3dico, de incursiones en una est\u00e9tica de la obviedad, el lenguaje de este narrador se ha ido adelgazando en cada uno de sus libros hasta llegar a una esencialidad expositiva en la que la carne anecd\u00f3tica tiene cada vez mayor relevancia.<\/p>\n<p>Por su parte, Igor Delgado Senior posee una escritura estructurada en clave de humor, muchas veces de corte pol\u00edtico, y arma sus relatos con una expresi\u00f3n llena de juegos verbales, tal y como se aprecia en RELATOS DE TROPICALIA (1985); SEXO SENTIDO Y OTROS CUENTOS (1988) y SUBAM\u00c9RICA (1992).<\/p>\n<p>Evocando la oralidad del barrio marginal caraque\u00f1o, Angel Gustavo Infante public\u00f3 CERR\u00cdCOLAS (1987), una incursi\u00f3n en la opacidad y el horror festivo de un mundo de seres sin esperanzas, de seres socialmente excluidos. Con posterioridad, en 1992, aparece su novela: YO SOY LA RUMBA, inmersa en una tendencia colectiva surgida en estos a\u00f1os, la novela de tema musical, tendencia de la que tambi\u00e9n participaron Jos\u00e9 Napole\u00f3n Oropeza con ENTRE EL ORO Y LA CARNE (1989) y el propio Eduardo Liendo con SI YO FUERA PEDRO INFANTE (1989).<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Napole\u00f3n Oropeza, a quien le debemos un brillante estudio sobre la novel\u00edstica venezolana: PARA FIJAR UN ROSTRO (1984), public\u00f3 en estos tiempos junto a la ya citada novela, otras narraciones: LAS HOJAS M\u00c1S \u00c1SPERAS (1982) EL BOSQUE DE LOS ELEGIDOS (1986), caracterizadas por su proposici\u00f3n l\u00edrica, y posteriormente entreg\u00f3 el volumen de cuentos: LA GUERRA DE LOS CARACOLES (1991).<\/p>\n<p>Caso curioso es el de Julio Miranda (recientemente fallecido), quien despu\u00e9s de ejercitarse durante a\u00f1os en la poes\u00eda, el ensayo y la cr\u00edtica, public\u00f3 una novela breve impecable: CASA DE CUBA (1990). En ella, presenciamos las intrigas, las conexiones, las similitudes y rechazos que se establecen entre el grupo de cubanos pro y anticastristas que conviven en Par\u00eds durante los a\u00f1os sesenta. Fruto de su pluma son tambi\u00e9n los libros EL GUARDI\u00c1N DEL MUSEO (1992); SOBREVIVIENTES (1993); y LUNA DE ITALIA (1996), y ha dejado in\u00e9dita al momento de su muerte la novela UNA CIUDAD CON NOMBRE DE MUJER (Premio de Novela de la Bienal Mariano Pic\u00f3n Salas 1997).<\/p>\n<p>Pero es imposible cerrar este veloz paseo sin mencionar a Armando Jos\u00e9 Sequera, Gabriel Jim\u00e9nez Em\u00e1n, e Iliana G\u00f3mez Berbesi pues la narrativa de los tres est\u00e1 signada por el uso del cuento breve, uno de los elementos fundamentales de las d\u00e9cadas del setenta y del ochenta<strong>(13)<\/strong>\u00a0. En el caso de Sequera, durante este tiempo public\u00f3 t\u00edtulos caracterizados por la b\u00fasqueda de lo oral, de un humor corrosivo, como son: CUATRO EXTREMOS DE UNA SOGA (1980); EL OTRO SALCHICHA (1985); CUANDO SE ME PASE LA MUERTE (1987). Jim\u00e9nez Em\u00e1n, sac\u00f3 a la luz LOS 1001 CUENTOS DE UNA L\u00cdNEA (1981); RELATOS DE OTRO MUNDO (1988). Por su parte, Iliana G\u00f3mez Berbesi entreg\u00f3 un par de hermosos vol\u00famenes de cuentos, CONFIDENCIAS DEL CARTAB\u00d3N (1981) y SECUENCIAS DE UN HILO PERDIDO (1982), sumi\u00e9ndose luego en un prolongado silencio interrumpido en 1990 por EXTRA\u00d1OS VIANDANTES.<\/p>\n<p>De esta forma, es posible notar que la d\u00e9cada del ochenta ofrece en un sentido el desarrollo y \u00ablos frutos de la madurez\u00bb de autores que ven\u00edan publicando quince o veinte a\u00f1os atr\u00e1s, pero de igual modo, en estos a\u00f1os vemos debilitarse la literatura experimentalista, nacida de los talleres del setenta, en la que el privilegio de lo formal y la diluci\u00f3n de los referentes inmediatos cre\u00f3 verdaderos criptogramas no siempre sostenidos con el grado de riesgo y lirismo presentes en Oswaldo Trejo, padre de esta manera radical de trabajar el relato.<\/p>\n<p>Por este motivo, el ingreso en lo anecd\u00f3tico es una de las se\u00f1ales definitorias de la d\u00e9cada, se\u00f1al que pareciera trascender las fronteras venezolanas, si tomamos en consideraci\u00f3n las observaciones que Gonzalo Navajas realiza en torno a la novela espa\u00f1ola de esos tiempos:<\/p>\n<p>\u00bb &#8230;la ruptura de las jerarqu\u00edas filos\u00f3ficas y est\u00e9ticas ha hecho que la prevalencia de los componentes formales de la obra sobre los sem\u00e1nticos&#8230; deje de tener vigencia&#8230; En ficci\u00f3n nos hallamos, por tanto, en un momento de reposesi\u00f3n de la composici\u00f3n integrativa y, con ella, de la an\u00e9cdota. Ese recobramiento no equivale a un movimiento regresivo hacia modos pasados que han sido ciertamente superados. Es mas bien una reconsideraci\u00f3n de modulaciones semiol\u00f3gicas que, a partir de la revisi\u00f3n siguen teniendo un valor incontestable&#8230;\u00bb\u00a0<strong>(14)<\/strong><\/p>\n<p>Pero esta revalorizaci\u00f3n de lo anecd\u00f3tico no impidi\u00f3 que en algunos casos subsistieran otras caracter\u00edsticas formales de la d\u00e9cada anterior como fueron: el texto de tipo l\u00edrico, la preponderancia de lo verbal, creando un escenario m\u00faltiple en el que quiz\u00e1s pod\u00eda vislumbrarse la disgregaci\u00f3n polif\u00f3nica que ofrecer\u00e1n las voces narrativas del noventa.<\/p>\n<p><strong>ESTOS A\u00d1OS NOVENTA<\/strong><\/p>\n<p>As\u00ed c\u00f3mo los sesenta estuvieron marcados por la lucha pol\u00edtica, por las guerrillas de orientaci\u00f3n marxista que proliferaron a lo largo y ancho del pa\u00eds, por las discusiones de los intelectuales en cuanto al compromiso del artista frente a las exigencias de su historia, los noventa tambi\u00e9n nacen marcados por signos muy particulares de emergencia social. Ya no se trata de una casta intelectual emprendiendo la lucha armada en nombre de un colectivo que no necesariamente se sinti\u00f3 representado por la revoluci\u00f3n que pretend\u00eda salvarlo; se trata ahora de un colectivo sin direcci\u00f3n que se lanza a las calles en una revuelta popular frente a la cual los escritores venezolanos no tuvieron ninguna respuesta, ninguna actitud inmediata que los liberara de la perplejidad.<\/p>\n<p>El 27 de febrero de 1989, las protestas de un grupo de personas por el aumento del transporte desembocan en una violent\u00edsima rebeli\u00f3n popular que arras\u00f3 comercios enteros y paraliza las principales ciudades de Venezuela. La respuesta militar del gobierno de Carlos Andr\u00e9s P\u00e9rez: desmedida, incoherente, y tard\u00eda, provoca una masacre en la que se calcula extra-oficialmente mueren dos mil personas<strong>(15).<\/strong>\u00a0As\u00ed fenecen los fl\u00e1ccidos a\u00f1os ochenta: en medio de devaluaciones del bol\u00edvar; crisis econ\u00f3mica, esc\u00e1ndalos de corrupci\u00f3n pol\u00edtica. As\u00ed nacen los noventa: marcados a fuego por la conmoci\u00f3n social y la desesperanza. En aquellos d\u00edas finales de febrero del 89 desaparec\u00eda una Venezuela marcada por el esplendor petrolero y nac\u00eda otra cuyo rostro es a\u00fan difuso; y es dentro del escenario establecido por este nuevo pa\u00eds, donde se desarrollan dos rebeliones c\u00edvico-militares dirigidas por la oficialidad media y respaldadas con una curiosa simpat\u00eda popular.<strong>(16)<\/strong><\/p>\n<p>Aplastados estos alzamientos en 1992, Venezuela retom\u00f3 un rumbo incierto dentro del cual pervive todav\u00eda, y esa atm\u00f3sfera presencia la irrupci\u00f3n de nuevas voces narrativas marcadas por la pluralidad de propuestas est\u00e9ticas. En ese sentido, si como afirma L\u00e1zaro \u00c1lvarez los sesenta venezolanos son \u00abuna generaci\u00f3n decisiva\u00bb pues a partir de hechos hist\u00f3ricos cruciales los escritores de este tiempo inauguraron una cosmovisi\u00f3n del mundo\u00a0<strong>(17)<\/strong>, es posible sospechar que los escritores del noventa, ya marcados por hechos hist\u00f3ricos de gran relevancia, al menos est\u00e9n intentando estructurar visiones particulares de lo real que los justifiquen frente a una lengua como el castellano en donde la narrativa hecha en Venezuela no tiene todav\u00eda el lugar que le corresponde.<\/p>\n<p>Las teor\u00edas se deshacen frente a los hechos inmediatos y s\u00f3lo el tiempo podr\u00e1 dictar sentencia, pero ya hay indicios, libros, propuestas, atisbos, que nos permiten reconocer al menos la intenci\u00f3n de un grupo de autores por consolidar una narrativa vigorosa, en la que la realidad sufre diversas formas de intervenci\u00f3n y metamorfosis.<\/p>\n<p>Frente a la ret\u00f3rica del cuento breve que termin\u00f3 por imponerse en las dos d\u00e9cadas anteriores, los noventa parecieran proponer nuevos formatos. Pocos libros importantes de estos a\u00f1os se sostienen sobre el texto corto, y por el contrario pareciera que una \u00e9pica del fracaso estuviese imponiendo nuevas longitudes narrativas. Obras como JUANA LA ROJA Y OCTAVIO EL SABRIO de Ricardo Azuaje (1991); S\u00d3LO UN SHORT STOP de Luis Felipe Castillo (1993); INCISIONES (1995) de Juan Calzadilla Arreaza; BARBIE (1995) de Slavko Zupcic, hablan de una posible predilecci\u00f3n generacional por las dimensiones de la novela corta. Ya no es tiempo de recogimiento o de intimismos como pudieron ser los tiempos posteriores a la derrota guerrillera del sesenta; estamos ahora frente a una paulatina expansi\u00f3n del hecho narrativo en la que si bien se mantiene a grandes rasgos la intenci\u00f3n de un tono menor, es decir, de un tono apegado a \u00ab&#8230;las historias menores, insignificantes, cotidianas, intrascendentes&#8230; un saludable ejercicio de depuraci\u00f3n en el que se ha ido a las herramientas elementales de la narraci\u00f3n por encima de selvas adjetivantes y neobarroquismos en boga\u00bb<strong>(18),<\/strong>\u00a0pareciera estarse gestando un florecimiento de g\u00e9neros de mayor amplitud en detrimento de los ejercicios de brevedad y concisi\u00f3n de la d\u00e9cada pasada.<\/p>\n<p>Pero este tipo de hip\u00f3tesis se enfrentan a una realidad compleja y polimorfa, y libros como CALENDARIOS (1990) y NATURALEZAS MENORES (1991) de Antonio L\u00f3pez Ortega, trabajan un tipo de narraci\u00f3n en ocasiones brev\u00edsima, narraci\u00f3n que puede ser mini-ensayo, anotaci\u00f3n l\u00edrica, pre-texto, y que contradicen en su esencialidad el movimiento de expansi\u00f3n que acot\u00e1bamos. Y es que los noventa no tienen uniformidad expresiva, no poseen grandes l\u00edneas comunes de trabajo. Junto a la sobriedad y el psicologismo de los cuentos que nos entrega Rubi Guerra en EL MAR INVISIBLE (1990), se contraponen los ejercicios de tradici\u00f3n vanguardista, las parodias del humor surreal, y el lenguaje escatol\u00f3gico que propone Armando Luigi en su novela LA CRISIS DE LA MODERNIDAD (1997). Frente al lirismo y a la serenidad expositiva con que Marco Tulio Socorro refleja el mundo rural en A VUELO DE \u00c1NGEL (1993) descubrimos el cinismo y la mirada jocosamente urbana de Jos\u00e9 Roberto Duque en SALSA Y CONTROL (1996). Al lado de la densidad pros\u00edstica y el rigor borgiano del LIBRO DE ANIMALES (1994) de Wilfredo Machado encontramos el humor cotidiano, el delicioso manejo de las acciones llevado a cabo por Ricardo Azuaje en VISTE DE VERDE NUESTRA SOMBRA (1993). Separado de la temporalidad inmediata que rese\u00f1a I LOVE K-PUCHA de Jes\u00fas Puerta (1994), atisbamos la recuperaci\u00f3n de la narrativa historicista en EL BLUES DE LA CABRA MOCHA (1995) de Mariano Nava. Contrapuesta a la exploraci\u00f3n de la afectividad y lo par\u00f3dico en TEXTOSTERONA (1995) de Jos\u00e9 Luis Palacios, ubicamos el discurso de lo policial en LUNA ROJA (1994) de Luis Felipe Castillo. Colocado junto a la perfecci\u00f3n expositiva y el retrato de las situaciones que exhibe EL BORRADOR (1994) de Federico Vega, encontramos a Dina Piera di Donato y las densas atm\u00f3sferas suprarreales de su libro NOCHE CON NIEVE Y AMANTES (1992). Enfrentada a la dureza de lo cotidiano que pervive en ALEMANES (1997) de Fernando Cifuentes, distinguimos el ludismo de lo fant\u00e1stico urbano en LEERSE LOS GATOS de Juan Carlos Chirinos (1997). Y junto a la irreverente revisi\u00f3n de la Venezuela contempor\u00e1nea que ofrece Boris Izaguirre en AZUL PETR\u00d3LEO (1998), reconocemos el ejercicio de la brevedad expositiva de Alberto Quero en DORSO (1997).<\/p>\n<p>Otro elemento interesante de destacar es c\u00f3mo el universo de influencias de estos nov\u00edsimos narradores pareciera desvincularse casi totalmente de la literatura venezolana del sesenta, o por lo menos de la literatura del sesenta m\u00e1s divulgada hasta la actualidad por la cr\u00edtica e incluso por los programas educativos. En ese particular, se observa la reivindicaci\u00f3n de autores como Renato Rodr\u00edguez y sus libros: AL SUR DEL ECUANIL (1963); y LA NOCHE ESCUECE (1985), textos ajenos a la grandilocuencia, a la impostaci\u00f3n, y cercanos en ocasiones a la picaresca, y a la espontaneidad expositiva; del ya citado Jos\u00e9 Balza, quien es un elemento de vinculaci\u00f3n entre muchos nov\u00edsimos, por la combinaci\u00f3n de rigor estructural y reflexi\u00f3n imaginaria en torno al pa\u00eds que ofrecen varias de sus novelas m\u00e1s recientes como MEDIANOCHE EN VIDEO: 1\/5 (1989) o DESPU\u00c9S CARACAS (1995), o del venezolano-yugoslavo Salvador Prasel con su magn\u00edfica y a\u00fan no bien reconocida novela M\u00c1XIMA CULPA (1976). Menci\u00f3n aparte merece la alta valoraci\u00f3n que realizan estos escritores del cuentista de los a\u00f1os cuarenta Gustavo D\u00edaz Sol\u00eds, quien representa para muchos de ellos un maestro por el rigor verbal y la milim\u00e9trica exactitud compositiva de sus textos.<\/p>\n<p>En ese sentido, Nelson Gonz\u00e1lez Leal\u00a0<strong>(19)<\/strong>\u00a0considera que los noventa y los finales de los ochenta han roto la articulaci\u00f3n del esqueleto narrativo propuesto por autores como el ya fallecido Oswaldo Trejo (y su af\u00e1n textual); por Gonz\u00e1lez Le\u00f3n (y su af\u00e1n accional socio-hist\u00f3rico); y por el propio Balza ( y su af\u00e1n psicologista), hasta intentar una conciliaci\u00f3n de todos estos vectores expresivos pues:<\/p>\n<p>\u00abLo que se busca es construir un cuerpo homog\u00e9neo en donde los dos niveles referenciales de la obra narrativa: historia y lenguaje, contengan igual peso. Lo importante, para la actual narrativa venezolana parece ser la actitud cierta de contar con la mayor limpieza e intensidad posible, sin descuidar las virtudes propias del ludrismo ling\u00fc\u00edstico.\u00bb<strong>(20)<\/strong><\/p>\n<p>Si bien el panorama es demasiado diverso como para aceptar esta afirmaci\u00f3n sin al menos un m\u00ednimo margen de dudas, quiz\u00e1s podamos aceptar provisionalmente su criterio. Sobre todo porque pareciera que nuevas influencias parecen haber marcado a los nuevos narradores, seccionando a medias el cord\u00f3n umbilical que los vincula con la literatura venezolana y relacion\u00e1ndolos con mayor intensidad a creadores \u00abtraducidos\u00bb de otras lenguas como son Raymond Carver, Bernardo Atxaga, Antonio Tabucchi; y con escritores de lengua castellana como Alfredo Bryce Echenique, Juan Villoro y Mempo Giardinelli, escritores que en su gran mayor\u00eda parecieran intentar el equilibrio del lenguaje y la historia al que se refiere Gonz\u00e1lez Leal.<\/p>\n<p><strong>EL NUEVO MILENIO<\/strong><\/p>\n<p>Los noventa a\u00fan no concluyen pero en ellos ya han ocurrido hechos (libros) de significaci\u00f3n para el contexto venezolano y en algunos casos para el hispanohablante. Uno de ellos, el regreso a la novel\u00edstica de Carlos Noguera con JUEGOS BAJO LA LUNA (1994), premiad\u00edsima\u00a0<strong>(21)<\/strong>\u00a0y brillante novela que nos permiti\u00f3 apreciar en toda su magnitud a un escritor cuyo silencio llevaba quince a\u00f1os de ejercicio.<\/p>\n<p>De igual forma, nos revel\u00f3 a Ednodio Quintero -famoso por sus cuentos fant\u00e1sticos y brev\u00edsimos en la d\u00e9cada del setenta- como un novelista de l\u00edrico aliento, en un proceso que Silda Cordoliani describe como:<\/p>\n<p>\u00abParquedad de escritura, econom\u00eda de elementos inicial que ha devenido con el ejercicio del oficio en una novel\u00edstica que, sin abandonar los recursos espec\u00edficos de lo fant\u00e1stico, apunta hacia un discurrir delirante de la conciencia.\u00bb<strong>(22)<\/strong><\/p>\n<p>Fruto de esta expansi\u00f3n expresiva son los libros LA DANZA DEL JAGUAR (1991); LA BAILARINA DE KACHGAR (1991) y EL REY DE LAS RATAS (1994), libros todos en los que con impecable escritura el mundo transcurre bajo el v\u00e9rtigo de sus significaciones y sus misterios.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n vimos en estos a\u00f1os la irrupci\u00f3n de Ana Teresa Torres, quien ofreci\u00f3 dos novelas que tuvieron gran \u00e9xito de p\u00fablico: EL EXILIO EN EL TIEMPO (1990) y DO\u00d1A IN\u00c9S CONTRA EL OLVIDO (1993), retratos de la historia venezolana desde la perspectiva de la mujer. Por su parte, Stefan\u00eda Mosca present\u00f3 LA \u00daLTIMA CENA (1991), texto en el que recrea lo que pudiese ser una constante tem\u00e1tica de estos \u00faltimos a\u00f1os: la reinvenci\u00f3n del mundo de los inmigrantes a trav\u00e9s de la voz de sus hijos. B\u00e1rbara Piano, quien contaba con un excelente volumen de cuentos: EL PA\u00cdS DE LA PRIMERA VEZ (1987), tambi\u00e9n agrega su particular visi\u00f3n a este universo con EL GUSTO DEL OLVIDO (1994), y dos a\u00f1os atr\u00e1s Miguel Gomes dedicaba un volumen de cuentos, LA CUEVA DE ALTAMIRA, a las aventuras y desventuras de los espa\u00f1oles, portugueses e italianos que atenazados por la penuria econ\u00f3mica viajaron masivamente a Venezuela en los a\u00f1os 50.<\/p>\n<p>Otros libros dignos de rese\u00f1ar: Humberto Mata entreg\u00f3 un espl\u00e9ndido volumen de narraciones TORO TORO (1991), Silda Cordoliani ofreci\u00f3 su primer libro de cuentos BABILONIA (1993). Tambi\u00e9n en 1994 Adriano Gonz\u00e1lez regresa a la narrativa con VIEJO, una novela con la que intenta ocupar de nuevo el espacio de honor que tuvo en los a\u00f1os sesenta cuando su obra PA\u00cdS PORT\u00c1TIL recibi\u00f3 el premio Biblioteca Breve.<\/p>\n<p>La d\u00e9cada a\u00fan se extiende como un camino lleno de dudas y promesas. Sin embargo, varios de los autores que comienzan a proyectarse en estos a\u00f1os ya han escrito obras verdaderamente importantes sobre las que es necesario insistir. Con CALLETANIA (1992), Israel Centeno entreg\u00f3 una de las mejores novelas de nuestra historia literaria. A partir de personajes vinculados a una izquierda nost\u00e1lgica, y de un narrador protagonista que busca en los precipicios del alcohol y la sexualidad una forma de trascendencia, apreciamos una ajustada e impecable pieza narrativa. Tambi\u00e9n a Centeno se le deben otras excelentes novelas: HILO DE COMETA (1996) de intenci\u00f3n l\u00edrica, de atm\u00f3sferas difuminadas en las que atisbamos el encuentro de un adolescente con la experiencia del dolor y el deseo; y EXILIO EN BOWERY (1998), texto en el que Centeno explora una est\u00e9tica de c\u00f3mic, y desarrolla un discurso m\u00edtico-novelesco caracterizado por su carga par\u00f3dica; Slavko Zupcic sorprendi\u00f3 con BARBIE (1995), una novela breve en la que el discurso amoroso es sometido a una feroz parodia, llena de perversidad, humor negro y misoginia, y en la que pueden atisbarse ecos de CRIMEN, la obra de Agust\u00edn Espinosa, y de PAISAJES DESPU\u00c9S DE LA BATALLA de Juan Goytisolo. Ya para cerrar este inventario, es necesario acotar que pocos autores logran combinar con tanta destreza la hondura y la sencillez expositiva que Ricardo Azuaje exhibe en sus tres novelas: JUANA LA ROJA Y OCTAVIO EL SABRIO (1991) y VISTE DE VERDE NUESTRA SOMBRA (1993); LA EXPULSI\u00d3N DEL PARA\u00cdSO (1998). Pocas p\u00e1ginas necesita este autor de prosa \u00e1gil para escarbar con vigor en la afectividad atormentada de sus personajes; hombres y mujeres avasallados por la historia individual y colectiva que los envuelve.<\/p>\n<p>En todo caso, es importante entender estos libros como el boceto, como la energ\u00eda potencial de unas voces que quiz\u00e1s s\u00f3lo en el siglo XXI alcancen su verdadera afinaci\u00f3n, su sonoridad m\u00e1s honda y precisa. Un siglo XXI en el que estas voces deber\u00e1n asentarse como la base de un imaginario, de un tejido ficcional que ambicione trascender las fronteras venezolanas y participar del espacio posible que ofrece el idioma castellano como totalidad geogr\u00e1fica y espiritual.<\/p>\n<p><strong>NOTAS:<\/strong><\/p>\n<ol>\n<li>Concurso de cuentos m\u00e1s importante de Venezuela. En muchas ocasiones ha significado el descubrimiento de autores fundamentales para la historia literaria del pa\u00eds.<\/li>\n<li>Llamamos narradores de los noventa a aquellos escritores cuya obra mayoritariamente ha sido publicada a lo largo de esta d\u00e9cada.<\/li>\n<li>Se refiere a los escritores que irrumpen en esos a\u00f1os sesenta dentro del panorama literario venezolano.<\/li>\n<li>Maritza JIM\u00c9NEZ,<strong>La revista Cal y la literatura venezolana del sesenta<\/strong>. Tesis de Grado de la Universidad Sim\u00f3n Bol\u00edvar, pp. 114.<\/li>\n<li>Los autores de este grupo de narradores del 90 han obtenido en estos a\u00f1os otro premios de prestigio como la Bienal Pocaterra (Slavko Zupcic y Luis Felipe Castillo): la Bienal de Guayana (Israel Centeno con menci\u00f3n de honor para Dina Piera Di Donato y Slavko Zupcic); el FUNDARTE de Narrativa (Juan Calzadilla Arreaza); el concurso de cuentos de la Sociedad de Autores y Compositores de Venezuela ( Jos\u00e9 Roberto Duque).<\/li>\n<li>Antonio L\u00d3PEZ ORTEGA,<strong>El camino de la alteridad<\/strong>, Editorial Fundarte, Caracas, 1995. pp. 67-68.<\/li>\n<li>Luis BARRERA LINARES, \u00abOficio y marginalidad: tres d\u00e9cadas de narrativa venezolana\u00bb en Revista ESTUDIOS, a\u00f1o 1. Caracas, enero-junio 1993. pp. 131-147; Silda CORDOLIANI, \u00abPanor\u00e1mica de la narrativa venezolana\u00bb. en revista QUIMERA. n\u00ba 125-126. s\/f. Barcelona; Beatriz GONZ\u00c1LEZ. \u00abNarrativa 80: discurso populista e imaginario social\u00bb, en LETRAS, 47, Instituto Pedag\u00f3gico. Centro de Investigaciones Andr\u00e9s Bello, Caracas, 1990; Antonio L\u00d3PEZ ORTEGA XXXX, Revista QUIMERA n\u00ba ?, Barcelona; Julio MIRANDA, \u00abEl cuento breve en Venezuela\u00bb en Cuadernos Hispanoamericanos, N\u00ba 555, Madrid, septiembre 1996.<br \/>\nJulio MIRANDA. \u00abNarrativa venezolana para el siglo XXI\u00bb. en Papel Literario de El Nacional. Caracas. 6-4-97.Jos\u00e9 Napole\u00f3n OROPEZA. \u00abNovelistas en busca del rostro de un pa\u00eds\u00bb en Revista FOLIOS, n\u00famero aniversario. Caracas. 1993. pp. 8-30.<\/li>\n<li>Luis BARRERA LINARES.<strong>Recuento<\/strong>, Fundarte, Caracas, 1994. pp. 8-11.<\/li>\n<li>Sobre las relaciones entre el protagonista de esta novela y el personaje principal del cuento \u00abFunes el memorioso\u00bb de Jorge Luis Borges ver Juan Carlos M\u00c9NDEZ GU\u00c9DEZ,<strong>La resurrecci\u00f3n de Scheerezade<\/strong>, Ediciones Solar, M\u00e9rida, Venezuela, 1993, pp. 31-38.<\/li>\n<li>Jos\u00e9 Napol\u00e9on OROPEZA, op.cit p.16.<\/li>\n<li>Es digno de destacar que TR\u00c1FICO y GUAIRE, los dos grupos literarios de mayor resonancia en esos a\u00f1os, se encontraban integrados exclusivamente por poetas.<\/li>\n<li>Luis BARRERA LINARES, en \u00abOficio y marginalidad: tres d\u00e9cadas de narrativa venezolana\u00bb, Revista ESTUDIOS, a\u00f1o 1, n\u00ba 1, Caracas, enero-junio, 1993, p. 140.<\/li>\n<li>ver Julio MIRANDA, en \u00abCuadernos Hispanoamericanos\u00bb, n\u00ba 555, Madrid, septiembre de 1996.<\/li>\n<li>Gonzalo NAVAJAS,<strong>M\u00e1s all\u00e1 de la posmodernidad: est\u00e9tica de la novela y nuevo cine espa\u00f1oles<\/strong>, Eub, Barcelona, Espa\u00f1a, 1996, p. 146.<\/li>\n<li>Al respecto puede leerse:<br \/>\nVarios autores,<strong>El d\u00eda que bajaron los cerros<\/strong>, Ediciones de El Nacional, Caracas, 1989.<\/li>\n<li>El l\u00edder de estas asonadas, el ex- Teniente Coronel Hugo Ch\u00e1vez, alcanz\u00f3 en diciembre de 1998 la Presidencia de la Rep\u00fablica con aproximadamente el 56 % de los votos.<br \/>\nSobre los alzamientos militares dirigidos por este oficial puede consultarse:<br \/>\nAlberto ARVELO,<strong>En defensa de los insurrectos<\/strong>, Caracas, 1992; J.A. COVA,<strong>27 N<\/strong>, Fuentes editores, Caracas, 1992; Hern\u00e1n GRUBER ODREMAN,\u00a0<strong>Antecedentes hist\u00f3ricos de la insurrecci\u00f3n militar del 27 n<\/strong>, Centauro Editores, 3 ra edici\u00f3n, Caracas, 1996; Jos\u00e9 MACHILLANDA,\u00a0<strong>Cinismo pol\u00edtico y golpes de estado<\/strong>, Centauro Editores, Caracas, 1993; William OJEDA,\u00a0<strong>Las verdades del 27 N<\/strong>, Fuentes editores, Caracas, 1993; Alberto QUIROZ CORRADI,\u00a0<strong>El golpe<\/strong>, Caracas, 1992; Angel RODR\u00cdGUEZ VALDEZ,<strong>\u00a0<\/strong><strong>Los Rostros del golpe<\/strong>, Alfadil, Caracas, 1992; Gustavo TARRE BRICE\u00d1O,\u00a0<strong>El espejo roto<\/strong>, Edit. Panapo, Caracas, 1994; Varios autores,\u00a0<strong>Maisanta en caballo de hierro<\/strong>, Edit. Fuentes, Caracas, 1992; Varios autores,\u00a0<strong>El 4 F, por ahora<\/strong>, Fuentes editores, Caracas 1992; Angela ZAGO,\u00a0<strong>La rebeli\u00f3n de los \u00e1ngeles<\/strong>, Fuentes editores, Caracas, 1992.<\/li>\n<li>L\u00e1zaro \u00c1LVAREZ: \u00abDe la exaltaci\u00f3n a la desilusi\u00f3n: perfiles de la poes\u00eda en Venezuela\u00bb. En revista<strong>Cuadernos del Ateneo de La Laguna<\/strong>, La Laguna, Espa\u00f1a, N\u00ba 4, 1998, p.39.<\/li>\n<li>Antonio, L\u00d3PEZ ORTEGA,<strong>El camino de la alteridad<\/strong>, Fundarte, Caracas. P. 30.<\/li>\n<li>Nelson GONZ\u00c1LEZ LEAL,<strong>Narradores venezolanos de los noventa<\/strong>, Antolog\u00eda in\u00e9dita.<\/li>\n<li>Nelson GONZ\u00c1LEZ LEAL, Op. cit.<\/li>\n<li>JUEGOS BAJO LA LUNA recibi\u00f3 el Premio de novela de la Bienal de M\u00e9rida 1993; el Premio Municipal de Narrativa del D.F 1994; el Premio CONAC de Narrativa 1994, y fue finalista del Premio Internacional de Novela R\u00f3mulo Gallegos 1995, ganado por Javier Mar\u00edas con su obra MA\u00d1ANA EN LA BATALLA PIENSA EN M\u00cd.<\/li>\n<li>Silda CORDOLIANI, en \u00bb Panor\u00e1mica de narrativa venezolana\u00bb, Revista QUIMERA, n\u00ba 125-126, Barcelona, Espa\u00f1a, p. 50.<\/li>\n<\/ol>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Juan Carlos M\u00e9ndez Gu\u00e9dez al recuerdo de Julio Miranda, siempre amigo, por sus juellas en la nieve Durante 1993 y 1994 se concentraron buena parte de las sorpresas que parecieron insinuar la irrupci\u00f3n de un nuevo conglomerado de voces en el universo de la narrativa venezolana. 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