{"id":2502,"date":"2021-11-21T20:24:05","date_gmt":"2021-11-21T20:24:05","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=2502"},"modified":"2023-11-24T18:36:24","modified_gmt":"2023-11-24T18:36:24","slug":"dos-cuentos-de-krina-ber","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-krina-ber\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Krina Ber"},"content":{"rendered":"<h4><strong>El su\u00e9ter<\/strong><\/h4>\n<p>En\u00a0aquellos tiempos estaba de moda regalar a amigos y novios bufandas y su\u00e9teres tejidos por nosotras mismas. Llev\u00e1bamos nuestras labores a todas partes, hasta al cine, sin hablar del liceo donde tej\u00edamos en los recreos sentadas sobre los pupitres y, durante las clases, con las manos escondidas debajo de ellos. Tejer tranquiliza la mente, dicen. Puede ser una ocupaci\u00f3n terap\u00e9utica. Tambi\u00e9n puede ser una pasi\u00f3n. Lo fue para m\u00ed cuando estaba trabajando en aquel su\u00e9ter confeccionado con la lana m\u00e1s cara que hab\u00eda, gruesa y suave, color gris azulado matizado de verde como los ojos de aquel muchacho a quien iba a regalarlo. Se llamaba Uri.<\/p>\n<p>Mi amiga Sigal, la que sab\u00eda tejer mejor que yo, y, en general, sab\u00eda m\u00e1s que yo de todas las cosas de la vida, no me hab\u00eda ense\u00f1ado tan solo el punto de espiga y de arroz doble que mejoraban la textura del tejido; tambi\u00e9n me mostr\u00f3 c\u00f3mo incorporar en \u00e9l un hechizo amoroso para el destinatario de la labor. Siempre sent\u00ed algo m\u00e1gico en el proceso con el que el hilo, un simple hilo de lana, sale de un ovillo y se transforma en una bufanda o un su\u00e9ter: objeto que tiene forma, textura y sentido, surgido desde la nada por el mero efecto de enlace y continuidades. Pero la magia de Sigal iba m\u00e1s lejos. Se trataba de un punto secreto que hab\u00eda que anudar cada siete hileras al principio o al final de aquellas (donde quedar\u00eda oculto cerca de la costura), mientras se recitaba las palabras rituales con los ojos cerrados, invocando la imagen del amado para asegurar la eficacia del encantamiento. Un juego estupendo para las tardes de chismorreo, risas y confidencias entre dos buenas amigas.<\/p>\n<p>El punto m\u00e1gico se lo hab\u00eda ense\u00f1ado a Sigal la vieja jud\u00eda armenia que le\u00eda el futuro en la borra del caf\u00e9, en una de esas casas destartaladas que a\u00fan perviv\u00edan en la calle al borde del mar; y ambas lo practic\u00e1bamos en nuestras deliciosas tardes de hacer las tareas y tejer, en parte creyendo en \u00e9l y en parte pretendiendo que cre\u00edamos, para no estropear el hechizo. El resultado era infalible, aseguraba Sigal que ya lo hab\u00eda experimentado con sus dos empates previos al que se propon\u00eda conquistar al tejer su nuevo su\u00e9ter, mientras recitaba cada siete hileras las palabras del hechizo:<\/p>\n<p><em>bruja, soy bruja<\/em><\/p>\n<p><em>hilo y aguja<\/em><\/p>\n<p><em>y mi punto encantado<\/em><\/p>\n<p><em>te mantiene amarrado<\/em><\/p>\n<p>No eran exactamente \u00e9sas las palabras pero ten\u00edan la misma simpleza y la misma tonada de una copla infantil. Tal vez sea el momento para aclarar que las palabras eran en hebreo y que est\u00e1bamos en Israel, en la inimaginable lejan\u00eda de los a\u00f1os sesenta. Pero esa precisi\u00f3n no es relevante ya que esa historia podr\u00eda pasar en cualquier tiempo y lugar donde dos adolescentes tejen, canturrean, recitan encantamientos y se desternillan de risa. Yo le segu\u00eda el juego a Sigal. Sospechaba que la cosa le hab\u00eda funcionado porque nunca estuvo realmente enamorada de ninguno de esos novios y no conoc\u00eda la paralizante vulnerabilidad que me causaba Uri con la sola mirada de sus ojos grises cuando se posaban en m\u00ed. La atra\u00edan los chicos guapos y superiores \u2014seres simples lanzados hacia el \u00e9xito social como una flecha\u2014, los que eran objeto de deseo de todas pero sal\u00edan solo con aquellas que pose\u00edan los mismos atributos y, por ende, realzaban su propia popularidad. Uri no entraba en esa categor\u00eda: era m\u00e1s bien hura\u00f1o, sin vocaci\u00f3n de liderazgo, no formaba parte de ninguna organizaci\u00f3n juvenil y rehu\u00eda las fiestas. Hablaba poco, su mirada no transmit\u00eda seguridad en s\u00ed mismo sino una suerte de reflexiva ternura, y algunas veces lo hab\u00edamos pillado leyendo libros durante el recreo en un rinc\u00f3n apartado del patio. En realidad me fij\u00e9 en \u00e9l porque lo hab\u00eda pillado tambi\u00e9n mir\u00e1ndome como nunca nadie lo hab\u00eda hecho, y de pronto todas esas debilidades que lo desviaban del perfil de un novio ideal se volvieron tesoros ocultos. A mis diecis\u00e9is a\u00f1os, lo que sent\u00eda significaba estar enamorada aunque no s\u00e9 si de verdad amaba a ese chico: me enloquec\u00eda la capacidad rom\u00e1ntica que adivinaba en \u00e9l, mi conmoci\u00f3n se deb\u00eda al dulce veneno del reflejo. Contaba las hileras del tejido de siete en siete, cerraba los ojos y anudaba el punto encantado repitiendo bruja, soy bruja, hilo y aguja, pidiendo el \u00fanico deseo de existir en los ojos y en la mente de alguien que yo present\u00eda capaz, m\u00e1s que nadie en mi entorno juvenil, de sentir una verdadera pasi\u00f3n y saber expresarla. Enam\u00f3rate de m\u00ed, Uri, susurraba, presintiendo lo maravilloso que ser\u00eda eso. Y luego encontraba la mirada c\u00f3mplice de Sigal y ambas nos ech\u00e1bamos a re\u00edr como un par de posesas.<\/p>\n<p>El hechizo no fall\u00f3: el d\u00eda en que Uri se puso por primera vez el su\u00e9ter que tej\u00ed para \u00e9l me invit\u00f3 al cine. No recuerdo qu\u00e9 pel\u00edcula vimos, o en realidad, no vimos, ya que no dejamos de mirarnos a los ojos que brillaban en la oscuridad de la sala. A mitad de la funci\u00f3n tom\u00f3 mi mano y no la solt\u00f3 m\u00e1s hasta que nos separamos en la entrada de mi edificio. La noche siguiente me pidi\u00f3 el empate y le dije que s\u00ed. Nos besamos en un banco del parque cercano y fue la primera vez cuando la boca de un chico parec\u00eda cumplir las promesas de todos los besos que se daban \u2014generalmente al final\u2014 de las novelas y de las pel\u00edculas, ya que todas mis experiencias previas a esa hab\u00edan sido un desastre. Solo a Sigal le hab\u00eda revelado mi temor a ser fr\u00edgida, mi falta de respuesta y hasta el asco que me causaban esos alientos y salivas ajenas, esas lenguas-moluscos que pujaban por entrar a mi boca. Ya llegar\u00e1 tu pr\u00edncipe encantado, me promet\u00eda, gentil, condescendiente conmigo, ella, que a\u00fan era virgen pero estaba a kil\u00f3metros delante de m\u00ed en el camino de las experiencias sexuales.<\/p>\n<p>Y mi pr\u00edncipe lleg\u00f3. Sal\u00edamos cada d\u00eda despu\u00e9s de las clases, nos bes\u00e1bamos en otros bancos y en otros parques, habl\u00e1bamos sin cesar de nuestras circunstancias, de los estudios, de libros y pel\u00edculas, de la vida, de la muerte y del amor, y todos los temas ven\u00edan a encallar tarde o temprano en el milagro que era el nuestro. Fue mi primer amante \u2014con lo que de un salto dej\u00e9 atr\u00e1s a Sigal con toda su cautelosa experiencia\u2014 y no tengo duda de que en esa \u00e9poca estaba enamorado de m\u00ed. Y, sin embargo, al recordarlo no tengo la impresi\u00f3n de haberlo conocido realmente; era como si su verdadero ser permaneciera a resguardo de m\u00ed y de todos. Nunca encontr\u00e9 nada en esas profundidades inasibles que dejaba presentir su mirada. Tal vez no hab\u00eda nada que buscar, pero Uri ten\u00eda la peligrosa cualidad de permanecer esquivo y dejar que lo inventaras.<\/p>\n<p>Pas\u00f3 el mes de enero, y luego febrero. Nos envolv\u00edan las lluvias del invierno y mi novio no se quitaba el su\u00e9ter. Y mi punto encantado \/ te mantiene amarrado, canturreaba Sigal, mientras que yo, arropada en los brazos color gris azulado y textura arroz doble sonre\u00eda, segura de que el rid\u00edculo juego del tejido encantado nunca me hab\u00eda hecho falta. Uri y yo \u00e9ramos tan compatibles, tan dados a enamorarnos y tan hechizados por nosotros mismos que no pod\u00eda ser de otra manera.<\/p>\n<p>No obstante, todo ese embrujo se deshizo como un tejido de lana cuando se separan sus hilos. Vino el asueto de Pesaj. \u00c9l era hijo de divorciados y su madre, que viv\u00eda en Estados Unidos, aprovech\u00f3 para enviarle un pasaje para Filadelfia. Lo retuvo a su lado durante la larga huelga de profesores y maestros de secundaria que arranc\u00f3 despu\u00e9s, dejando a los alumnos colgados en el limbo en que casi perdimos el a\u00f1o. A finales de mayo se reanudaron las clases pero Uri no volvi\u00f3: su madre estaba enferma y tuvo que quedarse con ella. Luego vinieron las vacaciones de verano. Yo lo extra\u00f1aba de lejos, mientras las semanas se convert\u00edan en meses y sus cartas, al igual que las m\u00edas, se hac\u00edan escasas en una progresiva resignaci\u00f3n a lo inevitable. Nuestra separaci\u00f3n fue suave como la mirada de Uri que parec\u00eda acariciar las heridas en su reflexiva ternura.<\/p>\n<p>Tampoco volvi\u00f3 al inicio del nuevo a\u00f1o escolar, o eso fue lo que cre\u00ed. Y lo seguir\u00eda creyendo, olvid\u00e1ndome poco a poco de \u00e9l, si en la siguiente primavera no me hubiera topado con esa chica durante una excursi\u00f3n al Sur en la que participaban varios liceos. Era una flamante pelirroja que estudiaba en la secundaria Aliance, y no s\u00e9 si era hermosa, pero ciertamente especial: hab\u00eda algo en la extrema fragilidad de su silueta en contraste con el volumen de su larga cabellera ensortijada que atra\u00eda las miradas como un im\u00e1n. Y algo m\u00e1s atrajo la m\u00eda: hac\u00eda fr\u00edo al anochecer en la cuenca del Mar Muerto, y Liora \u2014a\u00fan no sab\u00eda que se llamaba as\u00ed\u2014 llevaba un su\u00e9ter color gris azulado que resaltaba el tono rojizo de sus rizos. Sus manos se perd\u00edan en las mangas, porque era un su\u00e9ter demasiado grande para ella, un su\u00e9ter de hombre, igual al que yo hab\u00eda tejido el a\u00f1o anterior para Uri.<\/p>\n<p>No: no era un su\u00e9ter igual. Era ese su\u00e9ter.<\/p>\n<p>Hasta ese momento nuestra lenta ruptura, nunca confirmada oficialmente, me hab\u00eda dejado la melanc\u00f3lica felicidad de haber vivido aquel romance mezclada con residuos del dolor, siempre pospuesto por los retos de lo cotidiano, y hasta un soterrado alivio de sentirme libre para seguir experimentando, ya que \u2014sin importar cu\u00e1nto lo hubiese querido\u2014 la idea de quedarme para siempre con el primer amor no cab\u00eda en mi visi\u00f3n de la vida. Pero ver el su\u00e9ter fue recibir una cuchillada directa al coraz\u00f3n que me despert\u00f3 a la realidad de un indecible sufrimiento. Azuzada por las dentelladas de los celos, segu\u00ed disimuladamente a la pelirroja hasta los predios donde acampaban los alumnos de Aliance. Y all\u00ed estaba mi novio \u2014\u00bfdeber\u00eda decir exnovio?\u2014 dedicado a armar una fogata. Se frotaba las manos por culpa del fr\u00edo y la chica se las cubri\u00f3 con las suyas dentro de las mangas de mi su\u00e9ter y se las llev\u00f3 a la boca para calentarlas con su aliento. Vi como \u00e9l apart\u00f3 el cabello rojizo de su rostro y la bes\u00f3. Vi \u2014o m\u00e1s bien pude imaginarme\u2014 c\u00f3mo la miraba, mientras las escenas del a\u00f1o anterior me asaltaban como una manada de lobos.<\/p>\n<p>Detenida a prudente distancia espi\u00e9 un rato a la pareja y segu\u00ed esa vez a Uri cuando se alej\u00f3 de los dem\u00e1s en busca de m\u00e1s ramas para la fogata. Mis gestos hab\u00edan adquirido la sinuosidad de una serpiente, de modo que solo repar\u00f3 en m\u00ed cuando le cort\u00e9 el camino. Me reconoci\u00f3 antes de que me quitara la capucha.<\/p>\n<p>\u2014Hola, Edna.<\/p>\n<p>No parec\u00eda sorprendido.<\/p>\n<p>\u2014As\u00ed que no est\u00e1s en Estados Unidos \u2014dije\u2014. Volviste. Est\u00e1s estudiando en Aliance.<\/p>\n<p>\u2014Ya lo ves.<\/p>\n<p>\u2014No sab\u00eda nada. Ni siquiera me avisaste.<\/p>\n<p>Tras un corto silencio, contest\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 te puedo decir?<\/p>\n<p>La respuesta universal de los cobardes cuando no queda ninguna forma de justificar lo injustificable, ninguna mentira posible. No estaba avergonzado, solo me miraba de esa manera suya y, lo que antes hab\u00eda para m\u00ed en esos ojos grises matizados de azul, ahora no estaba en ellos. Pod\u00eda conformarme \u2014ya me hab\u00eda conformado, de hecho\u2014 con la ausencia de Uri mientras medio planeta nos separara, pero tenerlo enfrente mir\u00e1ndome tan calmado y razonable era demasiado doloroso. Era insoportable. Las l\u00e1grimas se agolparon con gusto a sal en mi garganta y la enormidad de todo lo que podr\u00eda y deber\u00eda decirle me sofoc\u00f3 de modo tal, que solo pude pronunciar el reproche m\u00e1s irrelevante:<\/p>\n<p>\u2014Le diste mi su\u00e9ter a otra.<\/p>\n<p>Sonri\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Se llama Liora. Se lo prest\u00e9 porque hace fr\u00edo. \u00bfQui\u00e9n esperaba que hiciera fr\u00edo al borde del Mar Muerto?<\/p>\n<p>\u2014No debiste hacerlo, Uri. No puedes dar mi su\u00e9ter a nadie. Era un regalo de amor.<\/p>\n<p>Me sigui\u00f3 mirando con esa ternura dedicada al universo entero pero ya no a m\u00ed, y callaba como lo recordaba callar, como si cavilara en decirme o no la verdad. Resolvi\u00f3 que s\u00ed:<\/p>\n<p>\u2014Lo recuerdo. Era un regalo de amor, lo s\u00e9 muy bien. Por eso se lo di a Liora. Ahora la amo a ella.<\/p>\n<p>Gir\u00e9 sobre mis talones y hui. Me aniquil\u00f3 la brutal franqueza de sus palabras, la total seguridad con la que afirmaba sin muestras de culpa su derecho de amar o dejar de amar a quien le diera la real gana, la falta de cualquier lealtad moral con los sentimientos vividos y profesados antes de los actuales. Pero m\u00e1s que nada me afect\u00f3 lo que dijo del su\u00e9ter, mi regalo de amor: por eso se lo di a ella. Era diab\u00f3lico c\u00f3mo en pocas palabras separ\u00f3 el amor de mi persona pero no del objeto que le regal\u00e9, como si reconociese su poder de transmitirlo.<\/p>\n<p>Por eso se lo di a ella. Por eso. Por eso.<\/p>\n<p>Ser\u00eda largo de contar c\u00f3mo busqu\u00e9 a Sigal y le report\u00e9 lo sucedido, c\u00f3mo le pregunt\u00e9 si la vieja de la casa al borde del mar le hab\u00eda ense\u00f1ado otro hechizo; ser\u00eda largo de contar c\u00f3mo se burl\u00f3 de m\u00ed pero me prest\u00f3 la tijera que siempre llevaba en su bolsa de labor, porque Sigal no dej\u00f3 de tejer siquiera durante esos tres d\u00edas de excursi\u00f3n. No exist\u00eda otro hechizo, solo tocaba deshacer el primero, que me ten\u00eda atrapada aunque ya no a \u00e9l: por eso ella hab\u00eda recuperado hac\u00eda poco uno de sus su\u00e9teres de uno de sus exnovios y lo convirti\u00f3 de nuevo en ovillos de lana.<\/p>\n<p>Tampoco quiero describir la noche que pasamos al borde del Mar Muerto, y c\u00f3mo atraves\u00e9 la extensi\u00f3n de sombras entre los troncos deformes de los olivos hasta el campamento de Aliance donde figuras temblorosas asaban papas, hablaban y se re\u00edan en el aire perturbado por la fogata, y me mezcl\u00e9 con ellos al abrigo de mi capucha, forzando los ojos en el humo hasta ubicar la llamativa cabellera de Liora apoyada sobre el hombro de Uri; ni c\u00f3mo llegu\u00e9 a acercarme a ellos cuando del fuego ya solo quedaban las ascuas y los \u00faltimos excursionistas hab\u00edan dejado de cuchichear en sus sacos de dormir. Est\u00e1bamos en el sitio m\u00e1s bajo del planeta: el aire ten\u00eda peso, la mera oscuridad pesaba en su enga\u00f1oso silencio que nunca es tal en la naturaleza, pero all\u00ed la naturaleza se reduc\u00eda a la tierra seca bajo mis pies y a la terquedad torcida de los olivos. Yo sudaba aunque no hac\u00eda calor; el sudor era pura sal en mi boca y ard\u00eda en los ojos. El dolor de los celos tambi\u00e9n ard\u00eda; y tambi\u00e9n ten\u00eda peso. Sab\u00eda que \u00e9l no se despertar\u00eda: conoc\u00eda su sue\u00f1o. Ella pod\u00eda ser un problema. Dorm\u00eda de espaldas, el brazo izquierdo doblado bajo la nuca, y tan solo la d\u00e9bil luz de las estrellas destacaba sus largas pesta\u00f1as, la delicadeza de los p\u00e1rpados cerrados y del fino cuello echado hacia atr\u00e1s. Sent\u00ed el v\u00e9rtigo de las sombras mientras me inclinaba sobre ella con la tijera en la mano. Pero tal es el poder de cierta belleza que mi odio se deshizo en el deseo de su fragilidad, de ser como ella, de ser ella\u2026, en el incomprensible deseo de protegerla. No la odiaba; lo odiaba a \u00e9l. Deseaba que se muriera. Necesitaba deshacer el hechizo, quitarle el poder que ten\u00eda sobre m\u00ed, sobre nosotras dos.<\/p>\n<p>Mi su\u00e9ter era tan grande y holgado sobre el esbelto cuerpo de Liora que no tuve problema en introducir la punta de la tijera debajo de la manga cerca de la costura, empe\u00f1ada en cortar de un solo tajo (el coraje no me dio para m\u00e1s) el mayor n\u00famero de hileras posible y dos, tres o cuatro de mis puntos encantados, para destruirlos.<\/p>\n<p>Nadie despert\u00f3, nadie me vio, nadie supo lo que hice.<\/p>\n<p>No recuerdo casi nada de la empinada subida del d\u00eda siguiente camino a Ein Guedi, solo el p\u00e1nico y los gritos al ocurrir el accidente: un alumno de Aliance cay\u00f3 al barranco que ten\u00eda m\u00e1s de treinta metros en ese preciso lugar.<\/p>\n<p>Su novia pelirroja, en un estado de shock, repet\u00eda con los labios blancos que hab\u00eda sido culpa suya, porque \u00e9l le estaba ayudando a ella cuando resbal\u00f3\u2026 que le estaba ayudando a desenganchar el su\u00e9ter. Todav\u00eda lo llevaba amarrado alrededor de la cintura, gris azulado y roto, y arrugadas l\u00edneas de lana lo un\u00edan a la manga que colgaba, descosida por el tir\u00f3n sobre los hilos sueltos que el viento hab\u00eda desprendido del tejido y enredado en un cactus entre las rocas, apenas un paso o dos m\u00e1s all\u00e1 del sendero.<\/p>\n<p>Y eso es lo que queda en mis pesadillas. No es ella \u2014ya ni siquiera \u00e9l\u2014 sino el su\u00e9ter deshecho, y el peque\u00f1o \u00e1rbol endeble que ciertamente no era un olivo, y esa cicatriz fresca que llora un l\u00edquido vegetal en el sitio donde hab\u00eda estado la rama de la que se agarr\u00f3 Uri para liberar unos hilos de lana, atrapados entre las espinas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4><strong>Peque\u00f1os encargos<\/strong><\/h4>\n<p>La extraterrestre que habita en m\u00ed se manifiesta m\u00e1s por las ma\u00f1anas. Especialmente cuando tengo que salir de la casa, por ejemplo: para ir de compras. Tiene que ser ella, no yo, la que se pierde por los caminos de sobra conocidos y se queda pegada ante sem\u00e1foros descompuestos, ella es la que casi choca al estacionar y, al salir de su coche recorre el trozo de la acera que la separa de la ferreter\u00eda con pasitos inseguros, vulnerable cual tortuga privada de su caparaz\u00f3n.<\/p>\n<p>Nadie ha visto tornillos como los que ella busca. Pruebe en Torquemarca, le dicen, a dos cuadras de aqu\u00ed, deber\u00eda encontrar ese tipo de cosas en Torquemarca. Pero qu\u00e9 va. Tal vez en el Comercial Zelig detr\u00e1s de la segunda esquina\u2026 Y por qu\u00e9 la mandaron aqu\u00ed, nosotros vendemos piezas para m\u00e1quinas, nada de tornillos. Pruebe en el Zelig, a una cuadra, y si no, busque la ferreter\u00eda industrial Caurora, es muy f\u00e1cil, \u00bftiene carro? Okey. Entonces suba usted por la R\u00f3mulo Gallegos, luego baje por el Marqu\u00e9s, voltee a la derecha en Don Regal\u00f3n y all\u00ed mismito est\u00e1, detr\u00e1s de la cauchera, ojo que desde la calle casi no se ve.<\/p>\n<p>Cau\u2014ro\u2014ra. Se lo deletrean a la extra\u2014terrestre. Mala se\u00f1al.<\/p>\n<p>Las circunstancias imponen volver al carro pasando primero por el tal Zelig. Aferrada a la cartera que aprieto bajo el brazo, camino descascarada, transparente, atenta a no desgajarme por el roce con el gent\u00edo que emerge en oleadas de las dos bocas de la estaci\u00f3n Los Cortijos y pulula en la calle api\u00f1\u00e1ndose frente a los quioscos, botando envolturas de chucher\u00edas y vasitos de pl\u00e1stico en la cuneta y en los pipotes y a los pies de los \u00e1rboles que se suceden en la acera. A la izquierda panader\u00edas, pollo en brasa, un banco dos bancos Marimbo Viajes\u2014y\u2014Turismo celulares sal\u00f3n\u2014de\u2014belleza oferta\u2014u\u00f1as\u2014corte\u2014y\u2014secado. Electrodom\u00e9sticos. Dos por uno. Todo a nueve mil nueve\u2014nueve\u2014nueve. Camino en la cuerda floja entre la insignificancia del momento con sus rebajas y remates y la soberbia de existir: vamos, alguien se da cuenta de cu\u00e1ntos seres tuvieron que unirse con qui\u00e9n se unieron y parir a qui\u00e9n parieron para que yo exista y vaya a la ferreter\u00eda, \u2014y aqu\u00ed voy, hacia el Zelig\u2014 cu\u00e1ntas casualidades y barbaridades del destino, cu\u00e1nto empe\u00f1o en sobrevivir a las epidemias, las guerras y las hambrunas para que esa gente y yo coincidamos en esta calle \u2014y para qu\u00e9. Caminan y caminan, apurados para llegar a alguna parte con esa chispa divina que en ellos crepita, tiembla, languidece, pero s\u00f3lo los extraterrestres somos conscientes de esas cosas (menos mal, ya divis\u00e9 el letrero del Zelig en la esquina), ay, y los otros, los otros d\u00f3nde van, qu\u00e9 hacen despu\u00e9s, en otra parte \u2014procesan informes, venden, vociferan, secuestran, aman, ven la novela del cuatro \u2014 y qu\u00e9 importa, en fin, si tan s\u00f3lo me atraviesan y desaparecen: viejos, ni\u00f1os, muchachas de cintura esbelta y dulces labios gruesos, un hombre, dos hombres, blancos, marrones, vivos e incomprensibles bajo el sol como las palabras que emergen y se hunden en el bullicio general, y que ella cay\u00f3 completita, y que vaya usted donde Juan y que no joda y que mi hermana dijo, palabras\u2014peces que saltan pluc pluc entre voces y coches y me salpican, salpican, hasta que por fin alcanzo la esquina, el Zelig, aqu\u00ed voy, llegu\u00e9 \u2014uff, alivio: en la sombra de la tienda el volumen baja dr\u00e1sticamente, apenas traquetea el ventilador en el techo y un hombre con bigotito criollo grita por el celular para que todos nos enteremos de que \u00e9l habla ingl\u00e9s y necesita un invoice for this amount I told you..<\/p>\n<p>Estamos renovando el stock, explica el de la braga azul con la marca \u00abStanley\u00bb impresa en el pecho a un consumidor quien se est\u00e1 llevando tres hojas de papel de lija y se va satisfecho a la caja: es obvio que consigui\u00f3 lo que quer\u00eda. No va a ser as\u00ed de f\u00e1cil conmigo aunque traigo una muestra exacta de lo que busco, prueba fehaciente de que mi pedido es leg\u00edtimo y cuerdo, hago mi cola, melanc\u00f3lica, rumiando de antemano la derrota que se acerca inevitable (\u00bfpor qu\u00e9 siempre me mandan a comprar cosas imposibles de conseguir?) y efectivamente, llega, mientras el del bigote grita tap\u00e1ndose el o\u00eddo izquierdo you can fax it, no problem, pero aqu\u00ed yes tenemos un problem: esos tornillos Stanley nunca los hab\u00eda visto, \u2014y c\u00f3mo hubiese podido con los escasos a\u00f1os que tiene y a\u00fan menos que lleva en ese empleo \u2014 imag\u00ednense, un tornillo que se enrosca dentro de otro tornillo, macho y hembra con dos cabezas igualitas, objeto utilitario dotado de finura, clase, acero inoxidable y hasta poes\u00eda er\u00f3tica. Qu\u00e9 va, se\u00f1ora. Tal vez antes hab\u00eda tornillos as\u00ed (\u00bfantes de qu\u00e9? \u2014 callo), lo examina y al menos admite: bicho, qu\u00e9 ingenioso (dise\u00f1o\u2014callo\u2014 se llama di\u2014se\u2014\u00f1o). Qu\u00e9 pena que ya no se consiguen. \u00bfCu\u00e1ntos necesita? \u00bfOcho? \u00bfEn acero inoxidable? Tssss\u2026 Imag\u00ednese. Pero tengo un modelo standart, sin esa parte rara donde se enrosca, no es lo mismo, claro, pero por lo menos es del mismo di\u00e1metro \u00bfve? Cr\u00e9ame, con dos arandelas se llega al mismo largo, y si le serruche lo que le sobra por el otro lado de la tuerca, le garantizo que se ver\u00e1 igualito al suyo. F\u00edjese qu\u00e9 coincidencia: esta segueta modelo econ\u00f3mico est\u00e1 justamente en oferta, casi regalada, dice, y una fuerza c\u00f3smica me empuja a comprar su porquer\u00eda de tornillos y su serruchito inservible y si ya estamos aqu\u00ed, se\u00f1ores, por qu\u00e9 no un estante para el ba\u00f1o en alambre plastificado y una caja de herramientas que tambi\u00e9n est\u00e1n en oferta. Ay. Por qu\u00e9 siempre me pasa eso a m\u00ed. Ofertas. Ay, no, no debo rendirme, no debo desviarme ni un mil\u00edmetro de mi prop\u00f3sito porque se disolver\u00e1 el peso de mi identidad terrestre y quedar\u00e9 prendida en las aspas del ventilador en el techo de Zelig con la caja, el estante y la segueta, y la gente abajo gritando, llamando a los bomberos \u2014 no, gracias\u2014 y me aferro a mi tornillo, el propio, el \u00fanico, como ese griego que dijo dadme un tornillo de apoyo y yo tambi\u00e9n mover\u00e9 el mundo, yo, la despistada, yo, la que nunca consigo nada, \u00a1ja! Mi reino por un tornillo como dijo otro griego, correcci\u00f3n: era un celta, correcci\u00f3n: mi reino por ocho tornillos tipo macho\u2014y\u2014hembra con cabezas iguales \u00bfoy\u00f3? ocho tornillos que necesitamos para prensar tres laminas de madera encolada que forman las patas de una silla que sac\u00f3 el domingo un aprendiz de carpintero en Mariche porque se lo encarg\u00f3 su patr\u00f3n a quien le pidi\u00f3 el favor su amigo Felipe porque se lo pidi\u00f3 mi marido Fernando para ayudar a nuestro hijo Alan quien tuvo la idea de un taburete que se la oblig\u00f3 a parir un profesor demasiado exigente en su Instituto de Dise\u00f1o, un verdadero s\u00e1dico, y, f\u00edjese bien, en este particular momento de conjunci\u00f3n astral Felipe no le puede negar ese favor a mi marido \u2014 \u00bfo quiere que se lo diga en ingl\u00e9s?<\/p>\n<p>Imag\u00ednese.<\/p>\n<p>Hago la otra cola para pagar mi nueva caja de herramientas, dos docenas de tornillos tipo standart, tuercas y arandelas y la segueta que se dobla con tan s\u00f3lo mirarla \u2014 qui\u00e9n sabr\u00e1 si hay una mejor soluci\u00f3n\u2014 y abandono la tienda con la cabeza alta y la dignidad salvada: me resist\u00ed al estante de ba\u00f1o. La extra\u2014terrestre y su tornillo extraterrestre recuperan su carro intacto, se\u00f1ores \u2014ni chocado ni bloqueado ni se lo llev\u00f3 la gr\u00faa \u2014 all\u00ed mismo donde lo dejaron frente a la primera ferreter\u00eda, y junto con el carro la tibieza del caparaz\u00f3n, \u2014 al fin mi caparaz\u00f3n, el refugio y la m\u00fasica relajante, pero tambi\u00e9n, ay, los peligros intr\u00ednsecos de andar en coche: camiones enormes como unas monta\u00f1as, interminables autobuses, motorizados que saltan a la derecha y a la izquierda en r\u00e1fagas de humo y fragor. La v\u00eda termina sin avisar, diablos, por qu\u00e9 no pueden poner un letrero que diga\u00bbCalle Ciega\u00bb, o la ciega ser\u00e9 yo como siempre, pero ser\u00e1 el \u00faltimo error del d\u00eda, me lo juro y me concentro, no dejo que mi mente divague, me concentro como si fuera el \u00faltimo camino en el mundo y, aleluya, llego a la R\u00f3mulo Gallegos, el Marqu\u00e9s, Don Regal\u00f3n y derechito a la cauchera como un paquete de Federal Express. Desde luego la Cau\u2014ro\u2014ra est\u00e1 cerrada porque el medio d\u00eda lleg\u00f3 justo antes que yo\u2014 otro medio d\u00eda perdido en encargos fallidos como hacer valer las garant\u00edas de HP o de Xerox o buscar, siempre buscar: s\u00e9mola para un cusc\u00fas, naranjas California, polvo de curry con olor a curry, libros publicados en alg\u00fan a\u00f1o que no sea \u00e9ste, repuestos para mi Renault, plomeros, carpinteros, artesanos desaparecidos, productos barridos de la faz de la tierra por el avance incontenible de una que otra versi\u00f3n de la Historia, como esos tornillos de otros tiempos cuyo \u00faltimo testigo sobrevivi\u00f3 entre nuestros cachivaches.<\/p>\n<p>Esta misi\u00f3n termin\u00f3. Exit. Volver a la Caurora m\u00e1s tarde seria pura p\u00e9rdida de tiempo \u2014cr\u00e9anme, yo s\u00e9 de eso. Soy experta en perder el tiempo, sacerdotisa del tiempo perdido \u2014 basta con que piense en hacer algo y el tiempo se me pone rebelde, se encabrita, se desliza como un pescado, se arruga, se encoge y se escurre de entre mis dedos derechito a la papelera. Ahora mismo, deber\u00eda estar haciendo otras cosas en vez de agitar mis antenitas verdes espantando a los transe\u00fantes, miles de cosas \u00fatiles y urgentes, sin hablar de que podr\u00eda terminar alg\u00fan texto de los muchos que tambi\u00e9n se me escapan y giran en el vac\u00edo chocando contra las realidades inasibles \u2014pues al final, se\u00f1ores, las \u00fanicas asibles son una miseria, pura miseria de fragmentos tan irrefutables como veintid\u00f3s mil quinientos que cost\u00f3 aquello, o acidez estomacal\u2014tornillo o tort\u00edcolis\u2014tornillo o que\u2014se\u2014me\u2014rompi\u00f3\u2014la\u2014media, todas esas guebonadas que escribo en vez de escribir en serio: eructos de borrachera, vaso de leche y palabras<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/krina-ber\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El su\u00e9ter En\u00a0aquellos tiempos estaba de moda regalar a amigos y novios bufandas y su\u00e9teres tejidos por nosotras mismas. 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