{"id":2481,"date":"2021-11-20T22:09:56","date_gmt":"2021-11-20T22:09:56","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=2481"},"modified":"2023-11-24T18:36:25","modified_gmt":"2023-11-24T18:36:25","slug":"dos-cuentos-de-oscar-guaramato","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-oscar-guaramato\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de \u00d3scar Guaramato"},"content":{"rendered":"<h4>Biograf\u00eda de un escarabajo<\/h4>\n<p>El escarabajo dio los \u00faltimos toques a la bola de esti\u00e9rcol, alis\u00f3 una que otra m\u00ednima hilacha saliente del fresco amasijo e inici\u00f3 con ella su regreso al albergue.<\/p>\n<p>Se le ve\u00eda salvar los obst\u00e1culos con sumo cuidado, aferradas las tenazas delanteras a la carga, h\u00fameda a\u00fan, por sobre hojas y pedruscos, rumbo a la cueva que se abr\u00eda dos metros m\u00e1s all\u00e1 del verdoso mont\u00f3n de esti\u00e9rcol.<\/p>\n<p>Rastreaba la brisa un olor a or\u00e9gano.<\/p>\n<p>Bajo el arco de una ra\u00edz seca afinaba sus cr\u00f3talos una serpiente oscura.<\/p>\n<p>Hac\u00eda un calor de horno en el interior de la cueva, y la blanda arenilla del piso mostraba las huellas que dejaran los dentados brazos del cargador, cuando sali\u00f3 de nuevo por otra raci\u00f3n.<\/p>\n<p>A veces, el marchar torpe atropellaba las plantas que empezaban a nacer en el estercolero, un manojo de hierba de un palmo escaso, en mitad de su ruta, significaba un calculado rodeo y un volver a enfilar hacia las verdes tortas olorosas.<\/p>\n<p>Esto, cuando el campo mostraba relativa soledad, pues viv\u00eda en terrenos sombreados por un gran \u00e1rbol y con frecuencia ven\u00edan hasta all\u00ed gentes y caballos. Sab\u00eda que los intrusos pisaban con gran fuerza y aplastaban sin misericordia reto\u00f1os nacientes y peque\u00f1os seres.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s resultaban m\u00e1s temibles los hombres.<\/p>\n<p>Los caballos se contentaban con relinchar y hacer temblar la tierra bajo el peso de sus cascos, y se marchaban luego, dejando el campo esterado de buena comida. Pero los hombres llegaban silenciosamente, tomaban un peque\u00f1o escarabajo y \u00a1clic!, lo destripaban entre sus largos dedos; o bien, como si jugasen, desprend\u00edan patas y \u00e9litros con lenta crueldad, hasta dejar el cuerpo como una nuez arrugada.<\/p>\n<p>Eran ellos quienes apagaban el clamor de las cigarras y dispersaban con sa\u00f1a, la ronda matinal de las lib\u00e9lulas.<\/p>\n<p>De ah\u00ed que conociese el sonido de las pisadas cercanas y adoptada aquella inmovilidad de hueco cascar\u00f3n de \u00e9bano, plegadas las patas bajo la cabeza, quietos los artejos, momificado de temor su cuerpecillo ante la presencia de los grandes seres.<\/p>\n<p>Aquella ma\u00f1ana, cuando fabricaba su segunda bola de inmundicia, presinti\u00f3 el desagradable encuentro. Primero la serpiente, desapareciendo entre las sepultadas ra\u00edces del \u00e1rbol, y luego las voces golpeando el alto viento: una de oscuros contornos de agua subterr\u00e1nea, otra delgada, como canci\u00f3n de lluvia.<\/p>\n<p>Arriba se agit\u00f3 la voz oscura:<\/p>\n<p>\u2013Esta ser\u00e1 la \u00fanica soluci\u00f3n, Maritza.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Terrible soluci\u00f3n!<\/p>\n<p>Cerca del escarabajo \u2013quiero carb\u00f3n bru\u00f1ido\u2013 se hab\u00eda encendido la llama musical de un grillo.<\/p>\n<p>Ahora volv\u00eda la voz de hilo de lluvia:<\/p>\n<p>\u2013Anoche lo sent\u00ed moverse. Desear\u00eda ser como las labradoras para tenerlo libremente y cuidarlo\u2026<\/p>\n<p>Y el viento ennegrecido:<\/p>\n<p>\u2013Somos diferentes, Maritza, t\u00fa lo sabes; tenemos nuestras normas sociales, nuestros deberes que cumplir\u2026<\/p>\n<p>\u2013Y\u2026 \u00bfentonces?<\/p>\n<p>La voz ca\u00eda en gotas temblorosas.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1El aborto, Maritza, es la \u00fanica soluci\u00f3n!<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Abortar!<\/p>\n<p>La blanca voz parec\u00eda diluirse en el tamiz del aire.<\/p>\n<p>Parpadeaba a\u00fan la llama musical del grillo cuando pisadas y sombras se alejaron.<\/p>\n<p>Toda la noche trabaj\u00f3 el escarabajo. Hab\u00eda que separar aquellas rudas adherencias estercor\u00e1ceas y fabricar un fino material, el m\u00e1s blando y fresco, la cuna pereiforme para el hijo.<\/p>\n<p>Y de sus patas sali\u00f3 al fin, moldeada y pulida como una gran perla de arcilla, el edred\u00f3n cremoso para el huevo.<\/p>\n<p>Cuando la obra estuvo concluida, sell\u00f3 con tierra la madriguera y escal\u00f3 la salida hacia el amanecer.<\/p>\n<p>Ol\u00eda a sol.<\/p>\n<p>Sobre el musgo se alarg\u00f3 la sombra del hombre.<\/p>\n<p>La voz, hoja seca, cay\u00f3 despu\u00e9s.<\/p>\n<p>\u2013Aqu\u00ed lo podemos enterrar, Maritza.<\/p>\n<p>Y empez\u00f3 a cavar fuertemente. El hierro sacud\u00eda la tierra y desgarraba delgadas ra\u00edces. Cada golpe era un temblar de hierbas y un d\u00e9bil gemir de tallos triturados.<\/p>\n<p>La otra voz se hac\u00eda blanda, se empeque\u00f1ec\u00eda como un ovillo sedoso:<\/p>\n<p>\u2013\u00a1De prisa, que alguien puede vernos!<\/p>\n<p>Junto a ellos, jadeante, rondaba el viento.<\/p>\n<p>Transcurri\u00f3 una lunaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Visti\u00f3 la nube su cendal de invierno, y, por la ruta vertical del aire, baj\u00f3 la bruma en su corcel de fr\u00edo.<\/p>\n<p>Sobre la tierra, redondeado como una gran ubre verde, madura de lluvia, el \u00e1rbol.<\/p>\n<p>Y sobre el \u00e1rbol, el sol, que era un terroso gavil\u00e1n dormido.<\/p>\n<p>Fueron d\u00edas dif\u00edciles para el escarabajo.<\/p>\n<p>El agua que humillaba las camp\u00e1nulas hab\u00eda licuado todo el esti\u00e9rcol diseminado en las cercan\u00edas de la madriguera, y exist\u00eda la amenaza de morir ahogado cuando la corriente pon\u00eda su cristalino parpadear al ojo de las cuevas. Ahora ven\u00edan cantando peque\u00f1os y turbios arroyuelos por los antiguos senderos de las bestias.<\/p>\n<p>Rechoncho, mojado de barro, sali\u00f3 una ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>Caminaba a reculones, agobiado por el peso de la pera arcillosa donde el hijo ya agitaba su impaciencia de ba\u00f1arse en luz.<\/p>\n<p>S\u00f3lo las hormigas lo vieron marchar.<\/p>\n<p>Penosamente hab\u00eda logrado escalar la cuesta mohosa de aquella piedra, cuando sinti\u00f3 la voz, la negra voz del hombre.<\/p>\n<p>\u2013Lo ves, Maritza: una alfombra verde lo cubre todo\u2026<\/p>\n<p>\u2013\u00a1S\u00ed, todo, hasta nuestro error!<\/p>\n<p>El escarabajo paraliz\u00f3 sus movimientos.<\/p>\n<p>\u2013Una imprudencia, solamente. Olvid\u00e9mosla.<\/p>\n<p>\u2013Si yo hubiese sido labradora y pobre\u2026<\/p>\n<p>\u2013Basta ya: pronto nos casaremos\u2026 Ese d\u00eda te regalar\u00e9 un collar de oro, sus cuentas ser\u00e1n tan grandes como\u2026<\/p>\n<p>El hombre miraba a su alrededor buscando algo para establecer comparaci\u00f3n y luego se inclin\u00f3 para terminar la frase:<\/p>\n<p>\u2013\u2026\u00a1como este escarabajo!<\/p>\n<p>Lo ten\u00eda sobre la palma de la mano, halagando su sonrisa breve.<\/p>\n<p>Ella trenz\u00f3 por un instante su canci\u00f3n de lluvia:<\/p>\n<p>\u2013Bota eso y b\u00e9same, \u00bfquieres?<\/p>\n<p>\u2013Fue entonces cuando el escarabajo se sinti\u00f3 caer.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde, hormigas hambrientas cargaron con sus miembros destrozados.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 gran red de caminos distintos le ofrec\u00eda la tierra a su regreso!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4>La ni\u00f1a vegetal<\/h4>\n<p>Su vida, su peque\u00f1a vida, dorm\u00eda en un alv\u00e9olo de menta y azafr\u00e1n. Y hubo una noche en que el estambre se rasg\u00f3 sin ruido y \u00e9l brot\u00f3 a la superficie, tembloroso, como una verde pupila de reptil.<\/p>\n<p>Al amanecer, estaba all\u00ed, sobre la tierra, sosteniendo a duras penas su mamila de sol.<\/p>\n<p>A su lado flu\u00eda el olor \u00e1cido de la hojarasca humedecida. Cercanos, los pedruzcos azules hac\u00edan vibrar su coraz\u00f3n de grill, y m\u00e1s all\u00e1, amarillo, morados, pardos, brotaban de un ribazo los hongos gordezuelos.<\/p>\n<p>Los saltamontes y las ramas vieron c\u00f3mo la brisa rastrera empez\u00f3 a doblar su d\u00e9bil tallo, empe\u00f1ada en que \u00e9l afincara bajo el musgo blando los rosados y lisos hilllos de sus pies.<\/p>\n<p>Como su nacimiento hab\u00eda ocurrido as\u00ed, prodigiosamente simple, hubo de conservar todo ese d\u00eda sus pa\u00f1ales de menta y azafr\u00e1n.<\/p>\n<p>Una vez, un jaguar asustado estuvo a punto de triturarle. Sinti\u00f3 la opresi\u00f3n \u00e1spera de la garra y se vio aplastado, vuelto un ovillo entre sus propias hojas, manchada en sangre verde la breve vestidura. Pero no muri\u00f3. Sin embargo, pasaron muchos soles para que recobrase su posici\u00f3n vertical, y le naci\u00f3 aquella prematura joroba, que a\u00f1os m\u00e1s tarde luc\u00eda su bifurcado follaje.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s fue el luchar contra la voracidad de los lagartos; el achicarse ante el alud sin cont\u00e9n, turbio de muerte; el soportar los d\u00edas color de cal y la brisa caliente lami\u00e9ndole el costado.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, la verde cabellera, creci\u00e9ndole.<\/p>\n<p>Pero antes hubo de resistir el empuje de los vientos y las sacudidas de las tempestades.<\/p>\n<p>Antes sinti\u00f3 el mordisco de la sed y vio amarillear sus hojas y adelgazar sus ramas afiebradas.<\/p>\n<p>Antes conoci\u00f3 de cerca la furia del fuego, que hac\u00eda hervir en rojo y crepitar la savia de los otros y convert\u00eda en dispersos y negros pedazos los troncos centenarios.<\/p>\n<p>Antes, mucho antes de sentirse altano gigante en el paisaje, su suerte oscil\u00f3 entre el ser desmembrado y volverse vara de pescador o ahumado sost\u00e9n de techumbre, o quedar en carne de fogata y al final s\u00f3lo una ruta gris al paso de las lluvias.<\/p>\n<p>Pero no muri\u00f3.<\/p>\n<p>\u00bfMuere acaso el \u00e1rbol? La mano bondadosa del invierno puso nidos y flores en sus brazos. El viento \u2014pastor de nubarrones\u2014 dio fuerza y crecimiento a sus ra\u00edces, y la tierra exprimi\u00f3 para \u00e9l lo m\u00e1s jugoso y fresco de su entra\u00f1a.<\/p>\n<p>Ahora pod\u00eda detener la brisa entre sus ramas fuertes, y mirar cara a cara a la monta\u00f1a, y balancear su enorme copa sobre las copas empeque\u00f1ecidas que estaban a sus pies.<\/p>\n<p>Su piel ten\u00eda el color del cuerno del venado, y adentro sent\u00eda palpitar, duro y amargo, el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n el coronel Francisco Mart\u00ednez de Le\u00f3n cumpli\u00f3 el mandato familiar. La \u00fanica salida que encontr\u00f3 para saldar sus deudas fue aquella de hipotecar la hacienda, y posteriormente, su venta a una compa\u00f1\u00eda urbanizadora. Pero conserv\u00f3 la casa y un \u00e1rea espaciosa que centraba el \u00e1rbol. Y cuando a su vez le toc\u00f3 partir definitivamente, llam\u00f3 a sus dos \u00fanicos hijos y les hizo igual recomendaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014 Ustedes seguir\u00e1n cobrando mi pensi\u00f3n militar. Es poco dinero, pero con ello vivir\u00e1n hasta que se abran caminos por s\u00ed solos. Eso, y la casa, es todo cuanto dejo.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1ntas cigarras lloraron aquel d\u00eda sobre la sien del \u00e1rbol?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Era como una blonda catedral. Y Elba, junto a su sombra compa\u00f1era. Y sus manos crearon para su goce banderines y flores de papel, lecho de hojas para el sue\u00f1o de sus cocuyos y escondrijos de p\u00e9talos y tallos para la boda de sus mariposas.<\/p>\n<p>Muchas veces, \u00e9l hubo de convertirse en toldo para su casa de mu\u00f1ecas. O rasgar para ella los colores m\u00e1s puros de sus p\u00e1jaros. O vestir su verde m\u00e1s muevo. O lucir en su pecho de gigante, cuando abril llegaba, grandes orqu\u00eddeas blancas.<\/p>\n<p>Y eran tres a\u00f1os de encierro, Tres a\u00f1os de negro raso. Dos, por su padre, el coronel; uno por el hermano menor, mujeriego y borracho, que pag\u00f3 con la vida una apuesta a los dados, ganada, por cierto, pero con malas artes<\/p>\n<p>Y eran tres a\u00f1os de ventanas ciegas y un mar de soledad sin litorales.<\/p>\n<p>Una noche de su vig\u00e9simo abril, d\u00edole la t\u00eda, cortando el sonsonete del rosario:<\/p>\n<p>\u2014Elba, mijita, \u00bft\u00fa bo piensas casarte? Ver\u00e1s que estoy m\u00e1s achacosa y m\u00e1s alejada de este mundo. Que si no fuera por ti, lo \u00fanico que me ata a esta casa, tiempo har\u00eda ya de mi reclusi\u00f3n en el ancianato de las monjitas<\/p>\n<p>\u2014Pero, t\u00eda, \u00a1si a\u00fan no tengo novio!<\/p>\n<p>\u2014Ya vendr\u00e1, hija m\u00eda, ya vendr\u00e1<\/p>\n<p>Ella lo presinti\u00f3 al domingo siguiente, a la salida de la misa de diez.<\/p>\n<p>El hombre ol\u00eda a savia y, al pasar a su lado, musit\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014 \u00a1Te sienta muy bien el negro, Elba Mart\u00ednez de Le\u00f3n!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Y al otro domingo:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfTe acompa\u00f1o?<\/p>\n<p>La voz del hombre \u2014miel de naranjas sobre sus manos\u2014 la persegu\u00eda ahora por la calle empedrada, junto al sol y al aire y su sonrisa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Era la hora-sue\u00f1o de la abeja.<\/p>\n<p>Ya la noche exprim\u00eda sus oscuros sobre el \u00e1rbol.<\/p>\n<p>Duendes sin pies ni manos, viscosos, alados, bat\u00edan en la penumbra cadenas y cencerros.<\/p>\n<p>Tres brujas conversaban en las ramas del \u00e1rbol:<\/p>\n<p>\u2014Ahora que la ni\u00f1a duerme, le daremos zumo de manzana ardiente.<\/p>\n<p>\u2014Nada le har\u00e1 el zumo de vuestra manzana. \u00bfNo le veis los ojos, verdes, vegetales?<\/p>\n<p>\u2014Rociaremos pelos de macho cabr\u00edo entre sus dos senos.<\/p>\n<p>\u2014Y echaremos hiel de v\u00edbora en su sexo, para que grite por las madrugadas&#8230;<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Callaos, que la ni\u00f1a duerme!<\/p>\n<p>\u2014Y le dejaremos por almohada un tulip\u00e1n de fuego.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Callaos, que despierta el \u00e1rbol!<\/p>\n<p>\u2014&#8230;.y en su sangre pondremos cien ara\u00f1as negras, para que devoren su rosal de sue\u00f1os!<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Callaos, que la luna viene!<\/p>\n<p>Tres escobas verdes peinaron la crin del aire.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Elba, por Dios, despierta!<\/p>\n<p>Y la t\u00eda le ayud\u00f3 a levantarse de la ra\u00edz donde se hab\u00eda acostado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Y otro domingo. Y otra vez la voz:<\/p>\n<p>\u2014 \u00a1Qu\u00e9 blanca te ves, qu\u00e9 blanca, Elba Mart\u00ednez de Le\u00f3n!<\/p>\n<p>El hombre caminaba a su lado cuando doblaron la esquina.<\/p>\n<p>\u2014 Todas las tardes paso frente a tu caso, s\u00f3lo por verte, lejano, al pie del \u00e1rbol. Todas las tardes&#8230;<\/p>\n<p>Elba nada dijo. El hombre sigui\u00f3 a su lado, hasta cuando ella empuj\u00f3 la verja y entr\u00f3.<\/p>\n<p>Se adivinaba que en los yerbazales el verano encend\u00eda sus \u00faltimos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Era la hora tersa de los cr\u00f3talos.<\/p>\n<p>Ya la noche hab\u00eda inflado su velamen de sombras y oscuras carabelas anclaban en el aire.<\/p>\n<p>Bajo el \u00e1rbol \u2014lebrel dormido, lirio seco-\u2014, el silencio<\/p>\n<p>Sobre el \u00e1rbol, tres escobas de a\u00f1il y tres brujas hablando<\/p>\n<p>\u2014 Yo traje para la ni\u00f1a un clavel amargo.<\/p>\n<p>\u2014Yo, una uva salada, como una l\u00e1grima.<\/p>\n<p>\u2014Yo, un pa\u00f1uelo de nardos para su grito.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00bfSer\u00eda verde o azul la aureola del espino?<\/p>\n<p>Entonces lleg\u00f3 la cuarta voz.<\/p>\n<p>\u2014&#8230;y he rondado tu casa, todas los tardes.<\/p>\n<p>El hombre ol\u00eda a savia, y besaba dulcemente.<\/p>\n<p>Ella era, apenas, un blando tulip\u00e1n entre sus brazos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 del territorio de la hormiga, se o\u00eda crujir el sexo de los \u00e1rboles.<\/p>\n<p>La t\u00eda miraba los incensarios y pensaba que el humo era una lib\u00e9lula gris.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEstaba ba\u00f1ada en sangre?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, padre.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY hablaba con alguien a quien sus ojos no pudieron ver?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, padre.<\/p>\n<p>\u2014En los casos raros que plante\u00f3 mi grey, jam\u00e1s present\u00f3se dilema como \u00e9ste<\/p>\n<p>\u2014\u00bfVio Sangre, en verdad?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, padre. Tengo all\u00e1 guardada su enagua de seda, manchada en el centro, que, si bien miramos, habr\u00eda de cubrirle partes que el pudor me impide decir.<\/p>\n<p>\u2014Siete padrenuestros, siete avemar\u00edas, es la penitencia. \u00a1Ah!, y cortad el \u00e1rbol, que ha sido el causante de todos los males que a la casa afligen.<\/p>\n<p>En bandeja de plata estaban los ojos glaucos de Santa Luc\u00eda. Pero la t\u00eda pensaba que estos no eran ojos, sino mariposas dormidas, o peque\u00f1os caracoles donde nac\u00eda la luz de los vitales.<\/p>\n<p>Y esa noche \u2014como sol\u00eda hacerlo en las posadas, desde la primera, cuando ocurri\u00f3 el extra\u00f1o caso\u2014 no dej\u00f3 el cirio encendido al pie del \u00e1rbol. Cumplida la penitencia, s\u00f3lo faltaba conseguir los hombres y las hachas.<\/p>\n<p>Con la ma\u00f1ana estaban all\u00ed. Dejaron sobre el musgo los rollos de cuerdas y las pesadas herramientas y se sentaron al borde de lo sombra. Uno de ellos mordisqueaba un tallo de hierba. El otro se hurgaba los dientes con la punta de su navaja.<\/p>\n<p>\u2014Yo he visto la luz, grande, azulosa&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Es se\u00f1al de entierro y, por lo azul, es oro lo que hay.<\/p>\n<p>\u2014Y la luz caminaba.<\/p>\n<p>\u2014Es oro enterrado: \u00a1monedas y joyas!<\/p>\n<p>\u2014 \u00a1Bien! \u2014 el hombre arroj\u00f3 lejos de s\u00ed el tallo triturado, y mir\u00f3 a lo alto\u2014. \u00bfEmpezamos? Primero hemos de cortar las ramas m\u00e1s gruesas, luego bajar y descubrir las ra\u00edces y asertar el tronco.<\/p>\n<p>El otro dobl\u00f3 la navaja y sonri\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Podr\u00edamos cavar antes y buscar lo que la llama anuncia<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY si la vieja pregunta?<\/p>\n<p>\u2014Le diremos que es parte de muestro oficio.<\/p>\n<p>El sol mord\u00eda la cola de las nubes altas.<\/p>\n<p>A medida que el acerado picotear se hac\u00eda m\u00e1s hondo, la tierra mostraba una nueva franja h\u00fameda, porosa, negra.<\/p>\n<p>Las horas cabriolaban en el cristal del d\u00eda.<\/p>\n<p>Los hombres examinaban las concavidades abiertas y volv\u00edan al hollar sin tino y al sudar sin cuento, mientras el \u00e1rbol soltaba de la tierra, una a una, sus fuertes ataduras.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfNada?<\/p>\n<p>\u2014Nada.<\/p>\n<p>Y otra ra\u00edz surg\u00eda, desnuda, ante sus ojos.<\/p>\n<p>Al fin se marcharon, defraudados. Llevaban sobre los hombros las herramientas, las cuerdas arrolladas. Y el atardecer.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Era la hora tibia de los b\u00fahos.<\/p>\n<p>La noche hab\u00eda tra\u00eddo sus negros algodones y la brisa del sur sus \u00e1nforas de plata.<\/p>\n<p>Bajo el \u00e1rbol \u2014manzana herida, ala rota\u2014, la tierra.<\/p>\n<p>Sobre el \u00e1rbol, tres escobas de a\u00f1il y tres brujas llorando.<\/p>\n<p>\u2014A la medianoche, cuando la luna llegue, se ir\u00e1 el \u00e1rbol.<\/p>\n<p>\u2014Ma\u00f1ana empezar\u00e1 su vida horizontal, \u00a1su segunda vida!<\/p>\n<p>\u2014A la medianoche vendr\u00e1n los cuatro vientos: el que empuja veleros por las sendas del mar; el que vive en los bosques y tiene pies de musgo; el que afila en los p\u00e1ramos sus espuelas de fr\u00edo, y el que se esconde en los caminos solos para robarle el sol a los caballos&#8230;<\/p>\n<p>\u2014&#8230;.\u00a1y entre los cuatro lo acostar\u00e1n sobre la tierra!<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Callaos, que la ni\u00f1a llega! Y la luna vendr\u00e1 a la medianoche, con su lucero y su brazal de lluvia.<\/p>\n<p>\u2014&#8230;y sus leves sandalias de albahaca.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Callaos, que la ni\u00f1a sue\u00f1a!<\/p>\n<p>\u00bfSer\u00eda gris o azul la madrugada?<\/p>\n<p>Entonces lleg\u00f3 la cuarta voz:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Elba, por Dios, despierta!<\/p>\n<p>Por los altos senderos de la noche llegaban en tropel los cuatro vientos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El sol durmi\u00f3 en las barbas del mendigo.<\/p>\n<p>En los caminos alete\u00f3 el invierno. Un buey de pana abandon\u00f3 el molino.<\/p>\n<p>Y el \u00e1rbol no muri\u00f3.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tuvo alero frutal la golondrina, mantel de arroz el palomar en bruma y azahares de sal tuvo la ola.<\/p>\n<p>Y el \u00e1rbol no muri\u00f3.<\/p>\n<p>Y volvi\u00f3 a su barraca el alfarero, y al telar la hilandera, y al tranquilo pacer torn\u00f3 el ganado.<\/p>\n<p>Y el \u00e1rbol no muri\u00f3.<\/p>\n<p>Y un d\u00eda, un claro d\u00eda, regres\u00f3 a la casa.<\/p>\n<p>Nueve lunas hab\u00eda madurado el calendario y Elba Mart\u00ednez de Le\u00f3n \u2014de menta y azafr\u00e1n reci\u00e9n vestida\u2014 pari\u00f3 una ni\u00f1a.<\/p>\n<p>\u00c9l entr\u00f3 t\u00edmidamente en la sala familiar, y ella, al mirarle su nuevo traje rosa, exclam\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Dios m\u00edo, \u00a1qu\u00e9 bella cuna!<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/oscar-guaramato\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Biograf\u00eda de un escarabajo El escarabajo dio los \u00faltimos toques a la bola de esti\u00e9rcol, alis\u00f3 una que otra m\u00ednima hilacha saliente del fresco amasijo e inici\u00f3 con ella su regreso al albergue. Se le ve\u00eda salvar los obst\u00e1culos con sumo cuidado, aferradas las tenazas delanteras a la carga, h\u00fameda a\u00fan, por sobre hojas y [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":2482,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[33,3,43],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2481"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2481"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2481\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6324,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2481\/revisions\/6324"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2482"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2481"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2481"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2481"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}