{"id":2431,"date":"2021-11-16T23:25:38","date_gmt":"2021-11-16T23:25:38","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=2431"},"modified":"2023-11-24T18:36:26","modified_gmt":"2023-11-24T18:36:26","slug":"la-casa-lazara","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-casa-lazara\/","title":{"rendered":"La casa L\u00e1zara"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Rosauro Rosa Acosta<\/h4>\n<p>Era la \u00faltima casa de aquella calle tortuosa y silente que arrancaba desde la Salina y segu\u00eda culebreando la falda del cerro calvo y \u00e1spero, donde el atardecer se cubr\u00eda de tonalidades gris\u00e1ceas.<\/p>\n<p>Todav\u00eda a las seis de la tarde se pod\u00eda pasar por el frente de las ruinas de esta vivienda. Meter la mirada por entre los barrotes de madera del alto ventanal y contemplar las inmensas atarrayas que tejieron y tej\u00edan las ara\u00f1as en labor de muchos a\u00f1os. Detr\u00e1s de esas redes fin\u00edsimas emerg\u00edan fuertes y lozanas cepas de tunas y cardones que frenaban la mirada hacia m\u00e1s all\u00e1 de la sala espaciosa de la Casa.<\/p>\n<p>Uno sab\u00eda que esta vivienda ten\u00eda un patio invadido por la maleza y que como huy\u00e9ndole a las espinas crec\u00eda recto hacia el cielo un almendr\u00f3n de hojas tristes y rojizas, en cuyas ramas deten\u00edan su torpe vuelo los guaraguaos.<\/p>\n<p>Cuando ca\u00edan algunas gar\u00faas el almendr\u00f3n cuajaba sus frutos que ni los p\u00e1jaros -pesp\u00e9s, chulingas, chiros, guayamates &#8211; picoteaban.<\/p>\n<p>Ya al atardecer o cuando empezaba a te\u00f1ir la noche, desde lejos pod\u00edan observarse las bandadas de murci\u00e9lagos que sal\u00edan de esta casa por las roturas de las puertas, por los boquetes de las ventanas, por los techos derruidos, por los espacios del patio.<\/p>\n<p>Entonces era ya atrevimiento pasar por esa calle y mucho m\u00e1sacercarse al frente de la vivienda que fue de la acomodada familia Abreu.<\/p>\n<p>Ya en plena noche eran los ruidos extra\u00f1os del viento, de los aullidos de los gatos, del aletear de p\u00e1jaros agoreros y otros ecos dif\u00edciles de identificar, pero que todos juntos o aislados atemorizaban a los transe\u00fantes y a los vecinos m\u00e1s inmediatos.<\/p>\n<p>La nombraban la Casa L\u00e1zara y algunos pensaban que este nombre se deb\u00eda a las cicatrices que en las cornisas, en los encalados, en los rojizos ladrillos de las paredes hab\u00edan dejado los colmillos afilados del salitre a trav\u00e9s de los a\u00f1os, pero la raz\u00f3n del nombre era toda una triste historia.<\/p>\n<p>Anta\u00f1o, un navegante portugu\u00e9s arrib\u00f3 al puerto obligado por un vendaval que le arruin\u00f3 su barco. \u00c9l no quiso volver a su pa\u00eds y aqu\u00ed m\u00e1s tarde form\u00f3 familia con una hermosa y acaudalada vecina por la herencia del padre, quien fue propietario de buques de gran tonelaje que comerciaban con los puertos del Caribe y hasta se aventuraban en algunas ocasiones hasta los atracaderos europeos. Encarnaci\u00f3n Mej\u00edas era el nombre de la dama.<\/p>\n<p>Tres hijos procrearon. Juan Fernando el mayor, hered\u00f3 el amor por la navegaci\u00f3n, profesi\u00f3n del abuelo y del padre, y en la Escuela Naval de Lisboa obtuvo el t\u00edtulo de Piloto Mayor.<\/p>\n<p>Se hizo experto en las rutas de los mares de \u00c1frica y de la India y acrisol\u00f3 fortunas. Pero en un viaje hacia estos rumbos de la India lejana y misteriosa un hurac\u00e1n lo sepult\u00f3 junto con su nave en las profundidades del Oc\u00e9ano.<\/p>\n<p>La segunda de los hijos fue F\u00e1tima, bella muchacha, quien desde ni\u00f1a mostr\u00f3 gran inclinaci\u00f3n por la m\u00fasica y la pintura y la enviaron a estudiar arte en Francia.<\/p>\n<p>En la hermosa casa de los Abreu los visitantes admiraban varios cuadros que eran paisajes de las orillas del Sena y de bellas campesinas de las campi\u00f1as del R\u00f3dano y un retrato de su autora, la se\u00f1orita F\u00e1tima, que envi\u00f3 en los primeros a\u00f1os de su ausencia. Despu\u00e9s vagas noticias. Una de ellas, la \u00faltima por cierto, dec\u00eda que F\u00e1tima se hab\u00eda casado con un violinista ruso y se hab\u00eda residenciado en ui un lejano pueblo de Siberia.<\/p>\n<p>La menor se llamaba Marina. Era fina, delicada, de cuerpo flexible y profundos ojos negros. De voz musical, de sugestiva sonrisa. De voz pur\u00edsima para los c\u00e1nticos que entonaba en el coro de la peque\u00f1a iglesia en las misas dominicales.<\/p>\n<p>Bondadosa con los ni\u00f1os y los pobres, era muy querida en la comunidad. Su madre Do\u00f1a Encarnaci\u00f3n se opuso tenazmente a que fuese enviada a Europa para cursar estudios por el temor de que como sus dos hijos anteriores no regresara jam\u00e1s.<\/p>\n<p>Era, pues, Marina, el alma y coraz\u00f3n de la Casa de los Abreu. Cultivaba rosales, helechos y astromelias. Bordaba tapices. Aprend\u00eda, mediante m\u00e9todos tra\u00eddos de Espa\u00f1a, a pulsar la guitarra y a tocar el piano, aquel gran instrumento que de negro barniz ocupaba un gran espacio de la sala. Cortaba y cos\u00eda sus trajes, calcados de figurines franceses. I le\u00eda con placer novelas y poemarios, que tra\u00edan desde lejanos puertos los Capitanes de los buques de su padre, ya comandados por allegados a la familia, desde que al viejo Capit\u00e1n Luciano Abreu le afect\u00f3 la mitad del cuerpo una par\u00e1lisis repentina y estaba ahora ah\u00ed, en medio del corredor con los ojos desorbitados mirando fijo un trozo de sol que correteaba sobre los ladrillos r\u00fasticos y a\u00f1osos del piso.<\/p>\n<p>Se le notaba la tristeza que multiplicaba la soledad de la inmensa vivienda, vac\u00eda casi de voces y de pisadas humanas. A veces se le dibujaba una sonrisa cuando un p\u00e1jaro de rutilante plumaje se posaba sobre el guayabo del patio y celebraba con trinos el hallazgo de una fragante fruta amarilla.<\/p>\n<p>El viejo Abreu- quien fue navegante toda su vida- falleci\u00f3 en un amanecer de fuertes refriegas, oyendo la griter\u00eda de los marineros que en la playa cercana, realizaban maniobras para evitar que sus botes se estrellasen contra la escollera impulsados por las altas marejadas.<\/p>\n<p>Ten\u00eda las manos crispadas y tensos los m\u00fasculos faciales, como tratando de no desviar el tim\u00f3n de un barco de alto bordo. Parec\u00eda que quer\u00eda evitar el rumbo de la muerte.<\/p>\n<p>A1 viejo Abreu sigui\u00f3 en el viaje definitivo Do\u00f1a Encarnaci\u00f3n y la Casa de los Abreu se impregn\u00f3 de ese aroma de silencio y de muerte.<\/p>\n<p>Dos a\u00f1os despu\u00e9s de la muerte de sus padres, Marina empez\u00f3 a sentir manifestaciones extra\u00f1as en los dedos de sus manos. No sent\u00eda ni el fr\u00edo ni el calor de los objetos que tocaba. Cierta rigurosidad de color encarnado apareci\u00f3 en la punta de la nariz y manchas de igual color le cubrieron las mejillas.<\/p>\n<p>Un mediod\u00eda, despu\u00e9s de tomar el ba\u00f1o, descubri\u00f3, mediante el espejo de cuerpo entero de su espaciosa habitaci\u00f3n, una grieta larga debajo de un seno. Le saltaron las l\u00e1grimas y por m\u00e1s de una hora permaneci\u00f3 detenida frente al espejo como fuera del mundo.<\/p>\n<p>Desde ese d\u00eda empez\u00f3 a esconderse de las mujeres del servicio. No atendi\u00f3 m\u00e1s visitas. No se acerc\u00f3 m\u00e1s a las ventanas ni se mostraba a la luz de los patios. Se alej\u00f3 de la iglesia y silenci\u00f3 la guitarra y el piano. Los helechos, los rosales, las hortensias murieron por falta de riego.<\/p>\n<p>Empezaron a circular los rumores, los comentarios y hasta los chistes crueles. Las mujeres del servicio abandonaron la Casa y en ella empez\u00f3 a crecer el misterio alimentado por el profundo silencio que envolvi\u00f3 totalmente la amplia vivienda.<\/p>\n<p>Meses m\u00e1s tarde, en una ma\u00f1ana de tenue lluvia, el vecindario presenci\u00f3 la llegada a la Casa de los Abreu de un grupo de personas: el se\u00f1or Jefe Civil acompa\u00f1ado de dos polic\u00edas, el se\u00f1or Juez y su Secretario, un Inspector Sanitario y algo retardado el se\u00f1or Sacerdote.<\/p>\n<p>Uno de los polic\u00edas dio tres toques sobre la s\u00f3lida puerta. Nadie respondi\u00f3. Se repitieron los toques y el grito de \u00ab\u00a1Es la autoridad!\u00bb. El silencio fue de nuevo la respuesta. Entonces el Juez orden\u00f3: \u00ab\u00a1Procedan!\u00bb.<\/p>\n<p>Los fornidos polic\u00edas y el Jefe Civil empujaron con todas sus fuerzas y la puerta cedi\u00f3.<\/p>\n<p>Un vaho de suciedad y de abandono sali\u00f3 hacia la calle. En mitad del corredor recostada a un pilar, como ausente del mundo estaba Marina, cubierto el rostro con un pa\u00f1o azul. Nada dijo ante la presencia de las autoridades.<\/p>\n<p>Fue entonces cuando el Inspector Sanitario le comunic\u00f3 la triste disposici\u00f3n:<\/p>\n<p>\u2014Se\u00f1orita, en el puerto la espera un barco que la llevar\u00e1 a Cabo Blanco, recoja lo necesario para el viaje.<\/p>\n<p>Ella respondi\u00f3 entre llantos:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Vamos!.. Nada me llevo.<\/p>\n<p>En la calle, los vecinos le dijeron adi\u00f3s. Ella cabizbaja, marchaba a su destino.<\/p>\n<p>En la playa la recogieron en una peque\u00f1a lancha unos marineros del \u00abCisne\u00bb, la goleta de casco gris y ennegrecido velamen que ten\u00eda la ingrata misi\u00f3n de conducir al lejano leprocomio a los enfermos del contagioso mal de L\u00e1zaro.<\/p>\n<p>En la casa de los Abreu, el Juez cumpli\u00f3 el ritual de clausurar la vivienda: dos tablas en cruz clavaron en puertas y ventanas y ramas espinosas colocaron en la calzada para que nadie se acercase a ella.<\/p>\n<p>Desde ese instante nacieron sobre dicha casa las consejas, los misterios, las leyendas de bandadas de p\u00e1jaros nocturnos, de gritos misteriosos, que emanaban de patios y corredores, de murmullos de oraciones que arrancaba el viento de las habitaciones, de los aullidos de extra\u00f1os animales, de los sonidos de una m\u00fasica de funerales y de misas.<\/p>\n<p>Empezaron a multiplicarse los fantasmas, tanto diurnos como nocturnos, de llantos angustiosos en noches de luna llena y el nombre de la Casa L\u00e1zara reemplazo al de la Casa de los Abreu.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6>*Ilustraci\u00f3n: Paisaje de Agua Salud (Tejer\u00eda), \u00f3leo de Pedro Castrell\u00f3n Ni\u00f1o<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rosauro Rosa Acosta Era la \u00faltima casa de aquella calle tortuosa y silente que arrancaba desde la Salina y segu\u00eda culebreando la falda del cerro calvo y \u00e1spero, donde el atardecer se cubr\u00eda de tonalidades gris\u00e1ceas. 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