{"id":2382,"date":"2021-11-14T21:15:46","date_gmt":"2021-11-14T21:15:46","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=2382"},"modified":"2023-11-24T18:36:41","modified_gmt":"2023-11-24T18:36:41","slug":"orinoco-capitulo-de-una-historia-de-este-rio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/orinoco-capitulo-de-una-historia-de-este-rio\/","title":{"rendered":"Manoa, la Golden City"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez<\/h4>\n<p>En el siglo XVI el rumor sobre la existencia del Dorado se extend\u00eda a trav\u00e9s de los mares en los pa\u00edses m\u00e1s distantes. Los ge\u00f3grafos discut\u00edan y trazaban mapas en los cuales aquella regi\u00f3n aparece se\u00f1alada con una mancha misteriosa. Una regi\u00f3n perdida entre el mar de selvas, pero cubierta, afirmaban, de ciudades mucho m\u00e1s opulentas que las del Per\u00fa. La ciudad imperial es Manoa, la Golden City, sobre el lago Parima, al sur, en la parte superior del r\u00edo. Se inclinaban a situarla entre el Amazonas y el Orinoco, y en una forma m\u00e1s precisa en medio de las monta\u00f1as de Paracaima, o en las que forman el sistema de la Parima. Existe all\u00ed el lago Amucu o Parima, casi seco en verano y cuyas aguas se desbordan en la estaci\u00f3n de las lluvias. En su descripci\u00f3n de la Guayana Brit\u00e1nica (1840) sir Robert Schomburgk dice que la estructura geol\u00f3gica de las grandes sabanas encerradas entre las espesas selvas del Esequibo y las monta\u00f1as de Taripona, Cunnucucu, Carawaini y Mocahaji, deja escasa duda de que fue el lecho de un mar interior, cuyas aguas, por una de esas cat\u00e1strofes de las cuales los tiempos m\u00e1s recientes ofrecen ejemplos, rompieron sus barreras y se abrieron paso hacia el Atl\u00e1ntico. Tambi\u00e9n sir Everard Im Thurm, quien ascendi\u00f3 al Roraima, el punto m\u00e1s alto de las monta\u00f1as de Paracaima y traz\u00f3 una l\u00ednea verde en la roja superficie de rocas para memoria de su ascensi\u00f3n, nos hace ver, cuando el sol ahuyenta las nieblas de aquellas monta\u00f1as, una ciudad coronada de torres. Cuando a mediados del siglo pasado el bot\u00e1nico Ricard Spruce trataba de organizar en R\u00edo Negro, con la ayuda de don Roberto D\u00edaz, una expedici\u00f3n a las cabeceras del Orinoco, muchos deseaban unirse convencidos de que El Dorado existe en las fuentes de aquel r\u00edo.<\/p>\n<p>En el mapa trazado por sir Walter Raleigh o Guaterral (Gualterio), como dec\u00edan los espa\u00f1oles, y el cual se halla en el Museo Brit\u00e1nico, el lago Parima est\u00e1 situado en el interior del pa\u00eds, un lago salado de doscientas leguas de largo, semejante al mar Caspio, y a sus orillas est\u00e1 Manoa con sus torres de oro. El Dorado hab\u00eda de estar siempre a orillas de alg\u00fan lago. Con motivo del litigio de l\u00edmites de Guayana entre Venezuela y Gran Breta\u00f1a, centenares de mapas fueron exhumados en los principales archivos y bibliotecas de Europa y Am\u00e9rica. La Comisi\u00f3n nombrada el 1? de enero de 1896 por el Presidente de Estados Unidos, a fin de conocer con exactitud los derechos de ambas partes en la regi\u00f3n disputada, estudi\u00f3 m\u00e1s de trescientos mapas. Mapas con leyendas latinas trazados e iluminados en Venecia, en Roma, en Amsterdam, en Mil\u00e1n, Londres, Colonia y Leipzig, en Madrid, Par\u00eds y Viena como ese de Mercator (Gerhard) dibujado en 1538, y el de Ortellius, ge\u00f3grafo holand\u00e9s, en 1598, hasta la T\u00e1bula N\u00e1utica de Halley (1700) y el Atlas Mar\u00edtimo de Mount y Page (1728) y el del padre Jos\u00e9 Gumilla (1741) y el de Juan de la Cruz de Olmedilla Madrid (1775), usado por Humboldt en su viaje, hasta el mapa f\u00edsico y pol\u00edtico de Codazzi, editado en Par\u00eds (1840) y el que lleva el nombre de Francisco Michelena y Rojas (1857). En el mapa de Blaeuw (1635 o 1640) publicado en el Blue Book, la regi\u00f3n del Dorado abarca casi todo el territorio Amazonas-Orinoco. Este mapa se\u00f1ala tambi\u00e9n a Manoa, en el Lago Parima. Los sabios del siglo pasado hablaban de este disparate ecogr\u00e1fico, Fantas\u00edas, errores de ge\u00f3-grafos alemanes, franceses, espa\u00f1oles, italianos, ingleses, portugueses. La Rep\u00fablica tambi\u00e9n proscribe los mitos. Sus mapas son claros y precisos y sus sabios carecen de imaginaci\u00f3n, de esas intuiciones que rasgan los velos encubridores de la verdad. Peto en el Almirantazgo brit\u00e1nico y en el Ministerio de Negocios Extranjeros siguen pensando en El Dorado durante el litigio. En Londres se trazan mapas que explican el viaje de Raleigh hacia El Dorado, hacia Parima, siempre hacia el Sur, hacia Manoa. Hay entre otros el del propio sir Robert Schomburgk para ilustrar el itinerario de Raleigh desde Trinidad al Bajo Orinoco. Schomburgk utiliz\u00f3 en este trabajo el mapa de Codazzi. Desde el tratado con los holandeses en 1814 por el cual Inglaterra adquiere su porci\u00f3n de Guayana, El Dorado queda definitivamente incluido en el Calendario de Papeles Coloniales y Dom\u00e9sticos del Estado existentes en el Almirantazgo.<\/p>\n<p>Durante las sesiones del tribunal de arbitraje reunido en Par\u00eds el a\u00f1o 1899 para fallar en la controversia de l\u00edmites de Venezuela con la Guayana brit\u00e1nica, abogados y jueces discutieron largamente sobre El Dorado. Fue preciso determinar la situaci\u00f3n del \u201cm\u00edtico lago\u201d y la direcci\u00f3n general de viento que permit\u00eda a los \u201cnav\u00edos holandeses remontar la corriente en el inmenso territorio llamado \u201cThe Wild Coast\u201d, entre el Orinoco y el Esequibo. S. Mallet Prevost, abogado por Venezuela, al demostrar los efectos pr\u00e1cticos de la creencia en El Dorado, de su influencia en el descubrimiento y conquista de la regi\u00f3n, declara que sir Richard Webster, abogado de Su Majestad, equivocaba la posici\u00f3n del Dorado. Webster afectaba desprecio por tales leyendas. Sin embargo, al referirse a cierto lugar misterioso llamado ARINDA en el Esequibo y a los r\u00edos Potaro, Rupunumi y Siparuni frecuentados por los holandeses, se interrumpi\u00f3 de pronto: \u201cNo necesito, no quiero entrar ahora en detalles\u201d. Y cuando se\u00f1al\u00f3 en el mapa de Visscher la vieja l\u00ednea Sans\u00f3n, cierto l\u00edmite trazado del sureste hacia el norte del lago Parima, una sorda angustia los oprim\u00eda. Apenas lord Russell se inclin\u00f3 para decir: \u201cNo veo ah\u00ed a Santo Tom\u00e1s\u201d. Sir Richard tampoco alcanzaba a distinguir la vieja ciudad en aquel mapa.<\/p>\n<p>Raleigh cre\u00eda que la regi\u00f3n o imperio de Guayana estaba destinada a la naci\u00f3n inglesa. As\u00ed lo confirma en su viaje y descubrimiento. (<em>Descubrimiento del grande, hermoso y rico imperio de Guayana con una relaci\u00f3n de la grande y \u00e1urea ciudad de Manoa, y de las provincias de Emeria, Armaia, Amapa\u00eda, y otros pa\u00edses y de sus r\u00edos, efectuado el a\u00f1o 1595, y el cual dedica al almirante Charles Howard y al canciller sir Robert Cecil<\/em>). La pol\u00edtica colonial de Raleigh se inspira en Guayana. Por Guayana o El Dorado, Raleigh lucha, trabaja y pierde la vida. La sombra de la \u201cTorre de Londres se proyecta en toda esta aventura, al final de la cual le aguarda el cadalso. Viene a ser Guayana como una pasi\u00f3n de Raleigh. Durante largos a\u00f1os se le ve activar por todos los medios su libertad para lanzarse a una nueva expedici\u00f3n. Quiere demostrar que la empresa es honorable, provechosa y barata. Su razonamiento &#8211; era muy simple. Si Espa\u00f1a, de una pobre monarqu\u00eda como eta se hab\u00eda convertido en gran potencia, Inglaterra hallar\u00eda mayores recursos en Guayana, la cual seg\u00fan Raleigh, pose\u00eda m\u00e1s oro que el resto del Nuevo Mundo. Ense\u00f1\u00f3 a los indios las grandezas de Elisabeth, la gran cacica, con m\u00e1s caciques en su poder que \u00e1rboles en una de aquellas islas del Orinoco, y distribuy\u00f3 entre ellos monedas de veinte chelines que ten\u00edan grabadas le efigie de Su Graciosa Majestad, y les asegur\u00f3 que era enviado por ella para libertarlos de la tiran\u00eda de los espa\u00f1oles. Su plan consist\u00eda en llevar indios a Inglaterra y casarlos con inglesas. Raleigh no cesa de alabar la belleza de esta raza. El pa\u00eds ser\u00eda colonizado en dos a\u00f1os y habr\u00eda en Londres una Casa de Contrataci\u00f3n como la de Sevilla.<\/p>\n<p>No se sabe hasta qu\u00e9 punto los indios creyeron en tales promesas. Estaban ya muy escarmentados en su trato con los blancos o cristianos. A Leonardo Berr\u00edo, enviado por el propio Raleigh poco despu\u00e9s de 5u primera expedici\u00f3n, los indios preguntaron por el gran jefe blanco, El gran jefe blanco se hallaba en prisi\u00f3n, en la sombr\u00eda Torre, dedicado a pre: parar su el\u00edxir de Guayana o \u201cGreat Cordial\u201d, y a escribir la Historia del Mundo que no lleg\u00f3 a destruir, como se dice. Escrib\u00eda tambi\u00e9n su Discurso acerca de la invenci\u00f3n de los buques, el cual dedicaba a su amigo el Pr\u00edncipe de Gales. Elisabeth muere el 24 de marzo de 1603. Se acus\u00f3 a Raleigh de conspiraci\u00f3n y de complicidad con Espa\u00f1a y fue condenado a muerte. La ejecuci\u00f3n se fij\u00f3 para el 13 de diciembre de aquel a\u00f1o, pero a \u00faltima hora el rey la suspendi\u00f3. No deb\u00eda efectuarse sino quince a\u00f1os m\u00e1s tarde. El el\u00edxir de Guayana conten\u00eda entre otros ingredientes carne de v\u00edbora, \u201cmineral unicornio\u201d, semillas y ra\u00edces maceradas en esp\u00edritu de vino y mezcladas luego con perlas, coral rojo, cuerno de venado, \u00e1mbar gris, almizcle y otras materias. Luego entrar\u00eda tambi\u00e9n su propia sangre. El famoso cordial, bueno contra todos los males, menos contra el veneno, seg\u00fan aseguraba Raleigh, fue aplicado a los labios del pr\u00edncipe de Gales, moribundo. El pr\u00edncipe muri\u00f3. Crey\u00f3se por lo mismo que hab\u00eda muerto envenenado. En 1616 Raleigh obtuvo al fin permiso para organizar su expedici\u00f3n. Sale de Plymouth el 12 de junio de 1617 con catorce buques que hac\u00edan un total de 1.215 toneladas y cerca de mil hombres. Su propio buque de 440 toneladas se llama \u201cDestiny\u201d. Al llegar a las Bocas del Orinoco, Raleigh cae gravemente enfermo. Su hijo muere en el asalto a Santo Tom\u00e1s de Guayana, de cara al enemigo. El fin era, pues, la muerte de su hijo y el fracaso de sus sue\u00f1os. El mundo para \u00e9l ya no ten\u00eda objeto. Un crep\u00fasculo magn\u00edfico ca\u00eda sobre el Delta y las sombras de la noche no dejaban ver sus l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>EL SECRETO DEL DORADO<\/p>\n<p>El Dorado se esfumaba ante los ojos del hombre blanco. Algunos se devolvieron a punto de alcanzarlo. Otros pasaron junto a \u00e9l sin verlo, cegados acaso por su mismo fulgor. Busc\u00e1banlo en todas partes. Se esfumaba en la niebla de las cordilleras y de los r\u00edos. Felipe de Hutten y sus soldados alcanzaron a ver la ciudad desde una altura, a la puesta del sol. Una ciudad tan extensa que sus t\u00e9rminos se perd\u00edan en lontananza. Si acaso alguno penetr\u00f3 en las calles de Manoa, fue como esclavo. Le pusieron una venda en los ojos. As\u00ed ocurri\u00f3 a Juan Mart\u00ednez, maestro de municiones de Diego de Ordaz. Mart\u00ednez declar\u00f3 categ\u00f3ricamente haber entrado en la ciudad. Moribundo, entreg\u00f3 a los frailes que rodeaban su lecho una relaci\u00f3n exacta de su aventura y unas calabazas llenas de oro labrado. Las \u00faltimas palabras del extra\u00f1o relato se confundieron con las preces de los agonizantes recitadas por los frailes, una tarde tranquila, refrescada por la brisa que llegaba del mar y hac\u00eda oscilar la llama de los cirios. Un prisionero del capit\u00e1n Amyas Preston en la toma de Caracas, y quien luego muri\u00f3 en el buque de \u00e9ste, sobreviviente de la expedici\u00f3n de Pedro Hern\u00e1ndez de Zerpa, refer\u00eda haber o\u00eddo a don Antonio de Berr\u00edo hablar de los platos de oro labrado y espadas de Guayana, guarnecidas de oro y otras rarezas enviadas al rey de Espa\u00f1a. El propio Berr\u00edo contaba que el r\u00edo Amapaia es prodigiosamente rico en oro. Los habitantes de esta regi\u00f3n con quienes guerre\u00f3, una vez concluida la paz entre ellos, le presentaron im\u00e1genes de oro fino y platos labrados del mismo metal, como no se ven en Italia, Espa\u00f1a y en los Pa\u00edses Bajos. Raleigh, sin embargo, con cien \u201cgentlemen\u201d, soldados, remeros y gente de toda suerte, no pudo llegar a la gran ciudad debido al crecimiento de los r\u00edos y a la tardanza de Preston, empleado en la toma y saqueo de Caracas en aquel a\u00f1o de 1595. A no haber mediado esta circunstancia, Raleigh se hubiera aventurado hasta Manoa, o al menos apoderado de muchas ciudades y aldeas.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Raleigh, la famosa relaci\u00f3n de Juan Mart\u00ednez se hallaba en la canciller\u00eda de Puerto Rico y don Antonio de Berr\u00edo pose\u00eda una copia. Mientras Diego de Ordaz se hallaba en Morequito, m\u00e1s tarde puerto de San Miguel, Mart\u00ednez incurri\u00f3 en su enojo y fue condenado a muerte \u2014sabido es la arrogancia y severidad con que Ordaz trataba a sus soldados\u2014, pero favorecido por unos compa\u00f1eros pudo escapar en una canoa sin vituallas de ninguna especie, s\u00f3lo con sus armas. Cierta tarde fue recogido exhausto por unos \u201cguayanas\u201d, quienes sin haber visto nunca un hombre blanco, se llevaron a Mart\u00ednez de ciudad en ciudad hasta la propia Manoa. Mart\u00ednez entr\u00f3 en la ciudad con los ojos vendados, a la hora del mediod\u00eda. Caminaron hasta la tarde, y al d\u00eda siguiente a la puesta del sol llegaron al palacio del se\u00f1or de aquella tierra. Vivi\u00f3 siete meses en Manoa, pero no pudo conocer el pa\u00eds. Al cabo de este tiempo el Emperador de Guayana le pregunt\u00f3 si deseaba volverse o quer\u00eda m\u00e1s bien permanecer en su compa\u00f1\u00eda. Mart\u00ednez prefiri\u00f3 regresar y el monarca lo despach\u00f3 en compa\u00f1\u00eda de varios indios a quienes orden\u00f3 conducirlo a las orillas del Orinoco. En el mapa de Nicol\u00e1s Sans\u00f3n, el Orinoco est\u00e1 separado de las tierras de El Dorado. En el de Hondius aparece dividido por la cresta de una cadena de monta\u00f1as. Los indios que acompa\u00f1aban a Mart\u00ednez llevaban tanto oro como pod\u00edan y el cual le dieron al despedirse. Cuando lleg\u00f3 a la otra orilla, los comarcanos lo despojaron de sus tesoros, pues estaban en guerra con el se\u00f1or de Guayana, dej\u00e1ndole apenas aquellas dos calabazas de cuentas de oro labrado que los \u201corinocos\u201d supusieron estar llenas de bebidas y alimentos. Mart\u00ednez pudo volver a Trinidad en una canoa y de all\u00ed pas\u00f3 a Margarita y luego a San Juan de Puerto Rico donde permaneci\u00f3 largo tiempo en espera de volver a Espa\u00f1a, y donde muri\u00f3. En cambio Milton ciego vio la ciudad de Manoa con los ojos del esp\u00edritu como dicen que quiz\u00e1 la vio Ad\u00e1n cuando el Arc\u00e1ngel Miguel le mostr\u00f3 todos los reinos del mundo, y entre ellos los de Moctezuma, Ataliba y El Dorado, \u201cTierras a\u00fan sin saquear, cuya gran ciudad los hijos de Geryon, llaman El Dorado\u201d (<em>El Para\u00edso Perdido<\/em>).<\/p>\n<p>La tempestad dispersaba las flotas en el mar, y la fiebre, los murci\u00e9lagos y las flechas daban cuenta de las expediciones. Los caciques se\u00f1alaban siempre en direcci\u00f3n de las m\u00e1s impenetrables monta\u00f1as. El hombre blanco introdujo en el Nuevo Mundo la superstici\u00f3n del oro. Y acaso en las ciudades de El Dorado hay algo m\u00e1s que oro. Acaso sus tesoros son de otra naturaleza, fuera del alcance de nuestros groseros sentidos. En el Nuevo Mundo el oro era un metal que se labraba con fines art\u00edsticos y religiosos. Los templos m\u00e1s ricos estaban cubiertos de oro. Pero el oro no era condici\u00f3n indispensable de vida. El blanco, al contrario, buscaba oro en primer t\u00e9rmino, El mismo Evangelio era pretexto para obtener el oro. En lo sucesivo toda la existencia estar\u00eda subordinada al \u00eddolo. Pero El Dorado fue preservado. Los usureros de distantes ciudades no pudieron pesar el oro de Manoa en sus balanzas como hicieron con el que adornaba el Templo del Sol. Las huellas del hombre blanco se perdieron en el camino del Dorado como las huellas de los portadores de arcilla en el sendero del tapir. La senda que va de un extremo a otro del cielo. La v\u00eda l\u00e1ctea. El Dorado se esfumaba siempre. No pod\u00edan verlo. Todav\u00eda hoy se desvanece ante los que exploran desde sus aviones el misterio de las tierras desconocidas.<\/p>\n<p>EL VIAJE DE RALEIGH<\/p>\n<p>Sir Walter Raleigh public\u00f3 la relaci\u00f3n de su viaje en 1596. Sali\u00f3 de Plymouth el jueves seis de febrero de 1595 con cinco buques y algunos botes y regres\u00f3 siete meses despu\u00e9s, sin perder un hombre. Un a\u00f1o antes el Capit\u00e1n Jacobo Whiddon explor\u00f3 el Delta por su orden. Tambi\u00e9n lo precedi\u00f3 Robert Dudley, quien recogi\u00f3 en Canarias noticias del Dorado. Dudley abandon\u00f3 Trinidad poco antes de la llegada de Raleigh. En Tenerife se detiene para aguardar el \u201cLion&#8217;s Whelp\u201d y al Capit\u00e1n Amyas Preston y el resto de su flota. Siguieron luego a Trinidad sin m\u00e1s espera, en el propio buque de Raleigh y un peque\u00f1o barco del capit\u00e1n Cross. El 22 de marzo anclaron en Punta Curiar\u00e1n que los espa\u00f1oles llamaban Punta de Gallo. Llegado a Puerto de los Espa\u00f1oles o Puerto \u00abEspa\u00f1a supo Raleigh por un cacique conocido de Whiddon la fuerza efectiva de los espa\u00f1oles y el nombre del Gobernador que lo era don Antonio de Berr\u00edo, a quien supon\u00edan muerto. Algunos espa\u00f1oles vinieron a reun\u00edrseles. Esta gente no probaba vino hac\u00eda tiempo. Se alegraron en gran manera con los ingleses a quienes ponderaron las riquezas de Guayana. Raleigh permaneci\u00f3 en Punta de Gallo para vengar la traici\u00f3n que el gobernador Berr\u00edo hab\u00eda hecho a ocho hombres de Whiddon cuando estuvieron en viaje de reconocimiento. Berr\u00edo les prepar\u00f3 una emboscada invit\u00e1ndolos a matar un ciervo y asegur\u00f3 despu\u00e9s a Whiddon que hab\u00eda hecho provisi\u00f3n de agua y le\u00f1a en la mayor seguridad. Supo al mismo tiempo por un cacique que el Gobernador hab\u00eda pedido refuerzo a Cuman\u00e1 y Margarita. Los caciques de la isla acud\u00edan a ver a Raleigh, no obstante la prohibici\u00f3n de Berr\u00edo, y d\u00e1banle cuenta de las crueldades cometidas con ellos. Se hallaban reducidos a esclavitud y sometidos a diversos tormentos. Pero todo esto serv\u00eda a los designios de Raleigh. Envi\u00f3 al capit\u00e1n Caulfield con sesenta soldados, seguidos por \u00e9l mismo y tom\u00f3 la ciudad de San Jos\u00e9, capital de la isla. Berr\u00edo cay\u00f3 prisionero. A petici\u00f3n de los indios, Raleigh entreg\u00f3 la ciudad al fuego. El mismo d\u00eda llegaron los capitanes Giddfor y Keymis a quienes hab\u00eda perdido de vista desde las costas de Espa\u00f1a.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"alignnone wp-image-2387\" src=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/2N61tyyncFaFVtpM8rCsJzDgecVMtkz4jpzBsszXjhqan9p4oQLummcXLnV4u8hXhi4mZubJReoeboxeeatYqzXCEzVcqz5s8DFAcUP9pG1dY8MXRZR5ZzhKjWxmWBHZXtjyR86JGszn-300x261.jpg\" alt=\"\" width=\"682\" height=\"593\" srcset=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/2N61tyyncFaFVtpM8rCsJzDgecVMtkz4jpzBsszXjhqan9p4oQLummcXLnV4u8hXhi4mZubJReoeboxeeatYqzXCEzVcqz5s8DFAcUP9pG1dY8MXRZR5ZzhKjWxmWBHZXtjyR86JGszn-300x261.jpg 300w, https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/2N61tyyncFaFVtpM8rCsJzDgecVMtkz4jpzBsszXjhqan9p4oQLummcXLnV4u8hXhi4mZubJReoeboxeeatYqzXCEzVcqz5s8DFAcUP9pG1dY8MXRZR5ZzhKjWxmWBHZXtjyR86JGszn.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 682px) 100vw, 682px\" \/><\/p>\n<p>Los informes de Whiddon acerca de la tierra que pensaban descubrir no resultaron del todo exactos. En vez de cuatrocientas millas el pa\u00eds estaba a seiscientas millas inglesas m\u00e1s all\u00e1 del mar. De estas seiscientas atraves\u00f3 cuatrocientas, el pa\u00eds poblado de tantas naciones, entre ellas la de mujeres belicosas que moran al sur del r\u00edo y usan piedras que sirven de amuletos contra la tristeza. Dej\u00f3 los barcos anclados en el mar y en una galera, un lanch\u00f3n y un bote del \u201cLion&#8217;s Whelp\u201d llev\u00f3 cien hombres y vituallas para un mes, las cuales con la lluvia y el sol se volvieron tan pestilentes que nunca \u2014afirma\u2014 prisi\u00f3n alguna en Inglaterra podr\u00eda encontrarse tan hedionda y desagradable, especialmente para \u00e9l, acostumbrado a otro g\u00e9nero de vida. Despu\u00e9s de diversas tentativas para entrar en el Orinoco, resolvi\u00f3 ir con los botes en los cuales meti\u00f3 sesenta entrar en el Orinoco, resolvi\u00f3 ir con los botes en los cuales meti\u00f3 sesenta hombres. Veinte en el bote del \u201cLior&#8217;s Whelp\u201d. El capit\u00e1n Giddford llevaba en su chalana al patr\u00f3n o atraez Eduardo Porter. Con el capit\u00e1n Caulfield iba un primo de Raleigh, John Greenville, su sobrino John Gilbert y los capitanes Whiddon, Keymis, Edward Hanckork, Farey, Jerome Ferar, Anthony Wells, William Connock, el alf\u00e9rez Hughes y cerca de cincuenta m\u00e1s.<\/p>\n<p>Ten\u00edan tanto mar que cruzar como distancia hay entre Dover y Calais. De piloto llevaba a un indio \u201caruaco\u201d que hab\u00edan tomado al salir del Barema, un r\u00edo al sur del Orinoco, e iba a vender casabe a Margarita. El indio no supo conducirlos y se hallaron perdidos en aquel laberinto de r\u00edos \u201cdonde uno cruza al otro muchas veces y son semejantes uno al otro\u201d, y multitud de islas cubiertas de \u00e1rboles. La galera encall\u00f3 y creyeron terminado el descubrimiento. A la ma\u00f1ana siguiente despu\u00e9s de lanzado el lastre volvieron a flote. Un r\u00edo y otro r\u00edo y sus ramales. Hallaron al fin un r\u00edo bello y puro como no hab\u00edan visto nunca, el Amana. Pero el flujo del mar dej\u00f3los y se vieron obligados a remar contra la corriente. Cada d\u00eda pasaban por nuevos ramales del r\u00edo. Ca\u00edan unos al este y otros al oeste del Amana. El calor era sofocante. Remaban sin descanso y las compa\u00f1\u00edas estaban cerca de la desesperaci\u00f3n. Promet\u00edan a los pilotos concluir el pr\u00f3ximo d\u00eda. Raleigh sent\u00edase acariciado por una paz dulc\u00edsima. Bajaba la noche en medio de los grandes \u00e1rboles. Raleigh pensaba en la gran ciudad de Manoa, sobre la cual ca\u00eda ahora la luz de aquellas magn\u00edficas estrellas. Pensaba ofrecerle aquella tierra a su reina como quien ofrece una joya. Entonces recobrar\u00eda su gracia y volver\u00eda a ostentar en la guardia de alabarderos su armadura de plata adornada de piedras preciosas y sus zapatos que val\u00edan por s\u00ed solos muchas piezas de oro. Pensaba en sus pipas con bolas de plata que imitaban los otros cortesanos. En aquel mundo isabelino de pompa y fantas\u00eda.<\/p>\n<p>Berr\u00edo \u2014a quien describe liberal y valiente\u2014 entreten\u00eda a Raleigh con el relato de las expediciones espa\u00f1olas: el viaje de don Pedro de Urs\u00faa quien ven\u00eda del Per\u00fa con sus mara\u00f1ones; los de Diego de Ordaz, Jer\u00f3nimo de Ortal, Antonio Sede\u00f1o, Pedro Hern\u00e1ndez de Zerpa, de cuya expedici\u00f3n de trescientos soldados s\u00f3lo volvieron diez y ocho, y la del propio Berr\u00edo cuando baj\u00f3 por el Meta desde el Nuevo Reino hasta alcanzar las Bocas del Orinoco y Trinidad. Refer\u00edales Berr\u00edo las costumbres de aquellos guayanas, grandes bebedores. En sus festines se untaban el cuerpo con cierto b\u00e1lsamo llamado Curca, sobre el cual soplaban luego un polvillo de oro. Les hablaba de las estatuas que adornaban sus palacios y de sus escudos y armaduras de plata y oro. Multitud de p\u00e1jaros con todos los colotes del iris volaban sobre los matorrales, y los ingleses abat\u00edan muchos con sus escopetas. Cuando Raleigh manifest\u00f3 a Berr\u00edo que su prop\u00f3sito era continuar viaje hasta el propio pa\u00eds de Guayana, fue \u00e9ste acometido de gran melancol\u00eda y trat\u00f3 de disuadirlo de su intento. Quiso mostrarle las muchas miserias que le aguardaban. El invierno estaba cercano. Los r\u00edos comenzaban a crecer y los se\u00f1ores del pa\u00eds hab\u00edan resuelto no tratar ya con cristianos, ya que \u00e9stos por el oro trataban de conquistarlos, Huir\u00edan al verlos y quemar\u00edan sus ciudades.<\/p>\n<p>Un indio viejo les asegur\u00f3 que si entraban en un ramal del lado derecho llegar\u00edan a una ciudad aruaca donde hallar\u00edan pescado y vino del pa\u00eds. Se alegr\u00f3 Raleigh de este discurso. Tom\u00f3 el lanch\u00f3n y ocho mosqueteros, la barquilla del capit\u00e1n Giddford y la del capit\u00e1n Caulfield. Remaron tres horas sin ver indicio de vivienda y preguntaron al viejo d\u00f3nde estaba la ciudad: \u201cUn poco m\u00e1s all\u00e1\u201d. A la puesta del sol comenzaron a sospechar que los traicionaba. Determinaron colgarlo, pero las necesidades de que estaban ah\u00edtos los salvaron. Estaba oscuro como boca de lobo, el r\u00edo comenzaba a estrecharse. Las ramas de los \u00e1rboles colgaban de tal manera que se vieron obligados a cortarlas con las espadas. El indio dec\u00eda que la ciudad se encontraba m\u00e1s all\u00e1. La hallaron en efecto, con poca gente. El \u201clord\u201d del lugar hab\u00eda salido y se hallaba a muchas millas de jornada para comprar mujeres a los can\u00edbales. En la casa de este cacique hallaron pan, pescado y vino del pa\u00eds. Volvieron al d\u00eda siguiente a la galera con aquellos comestibles. Supieron luego que aquellos indios hab\u00edan tra\u00eddo m\u00e1s de treinta mujeres, l\u00e1minas de oro y gran cantidad de piezas de algod\u00f3n, entre mantas y vestidos. Ve\u00edan bosques inmensos, gran n\u00famero de caimanes. Un negro que llevaban consigo y acostumbraba nadar, fue cogido por un saurio y devorado a la vista de todos. Un viento norte los empujaba hacia el t\u00edo Orinoco. Cierta ma\u00f1ana les ocurri\u00f3 una aventura que los alegr\u00f3 en gran manera. Toparon con cuatro canoas que bajaban el r\u00edo. Algunos de los que iban en estas canoas huyeron a los bosques. Otros permanecieron tranquilos. Iban con ellos tres espa\u00f1oles conocedores de la ruta de su gobernador en Trinidad. Llevaban un cargamento de excelente pan. Nada en el mundo pod\u00eda ser m\u00e1s bienvenido. Los hombres gritaron: \u201cLet us go on, we care not how far\u201d y se pusieron a perseguir a los que hu\u00edan. As\u00ed resonaban estas primeras voces inglesas en los bosques del Orinoco. Raleigh ofreci\u00f3 quinientas libras al soldado que hiciera presos a los fugitivos, pero la persecuci\u00f3n result\u00f3 in\u00fatil.<\/p>\n<p>Mientras era hu\u00e9sped del cacique Toparimaca vio Raleigh a la esposa de un cacique forastero, \u201ctan favorecida o atractiva\u201d, como rara vez hab\u00eda visto otra en su vida. \u201cDe buena estatura, ojos negros, formas opulentas y cabellos tan largos como ella\u201d, muy parecida a cierta \u201clady\u201d en Inglaterra, que si no fuera por el color hubiera jurado ser la misma. Orinoco arriba vio un pa\u00eds con las orillas del r\u00edo y las rocas de un azul met\u00e1lico, y un pa\u00eds de campi\u00f1as te\u00f1idas de rojo. Vio islas m\u00e1s grandes que la de Wight. Vio ciudades con jardines sobre una colina y lagunas abundantes en pescado como esa de Taporimaca, Arowacai. Vio merc\u00e1dos de mujeres donde \u00e9stas se adquir\u00edan por dos o tres hachas como en Acamacari y poblaciones de gente muy vieja, tan vieja que pod\u00edan verse los nervios y tendones bajo su piel. Vio \u00e1rboles de copa anch\u00edsima llamados samanes. Vio una monta\u00f1a color de oro y otra de cristal parecida a una torre perdida en las nubes y de la cual se desprend\u00eda un r\u00edo con terrible clamor, como si mil campanas tocasen a un tiempo. Vio un r\u00edo de aguas rojas del cual se puede beber a mediod\u00eda, nunca de ma\u00f1ana, ni en la noche. Vio tantos r\u00edos que resolvi\u00f3 dejarlos para describirlos luego, a fin de no ser fastidioso. Vio los saltos del Caron\u00ed desprenderse con tanta furia que al caer el agua forma como una columna de humo elev\u00e1ndose sobre una ciudad. El Caron\u00ed es ancho \u2014dice\u2014 como el T\u00e1mesis en Woolwich. Nunca vio Raleigh m\u00e1s bello pa\u00eds. Aqu\u00ed y all\u00e1 se elevaban graciosas colinas. Unas verdes campi\u00f1as, sin arbustos, de arena dura, buenas para andar a pie y a caballo. Cruzaban los venados en cada sendero. La mancha blanca y roja de las garzas inm\u00f3viles sobre el r\u00edo y muchedumbre de p\u00e1jaros que cantaban al atardecer melod\u00edas infinitas. Una fresca brisa soplaba del este. M\u00e1s all\u00e1 del Caron\u00ed est\u00e1 el r\u00edo \u00c1toica y despu\u00e9s el r\u00edo Caura. Es aqu\u00ed donde Releigh sit\u00faa los pueblos o naciones que denomina los Exwaipanoma, con los ojos en los hombros entre los cuales les nacen largos cabellos y la boca en medio del pecho. Estos Ewaipanoma son los m\u00e1s fuertes del pa\u00eds. Usan arcos, flechas y macanas m\u00e1s grandes que las de cualquier otro \u201cguayana\u201d. Gente formidable, pero sin cabeza. Otelo, el Moro de Venecia, habla de estos hombres cuya cabeza les nace bajo los hombros.<\/p>\n<p><em>\u201cThe Antropopbagi and men wbose heads. <\/em><\/p>\n<p><em>Do grow beneath tbeir shoulders\u201d. <\/em><\/p>\n<p><em>(Otbello. Acto 1, Esc. UT).<\/em><\/p>\n<p>En Morequito, Topiawari, rey de Aromala, meditaba en el gran trastorno que presenciaba al final de sus d\u00edas. Los astros no hab\u00edan mentido en sus predicciones. De los espa\u00f1oles ten\u00eda muchos agravios. Varios de los suyos hab\u00edan muerto a sus manos. Este hombre cuya visita le anunciaban era blanco, pero de otra naci\u00f3n. Topiawari se dispuso a ir a su encuentro. Era viejo, viejo de ciento diez a\u00f1os. Su andar lento y majestuoso. Era hijo del r\u00edo. Todos los suyos lo eran. Topiawari se dirigi\u00f3 al encuentro de Raleigh. Lleg\u00f3 al atardecer, antes de la luna, \u201ccon muchos comarcanos y provisiones, despu\u00e9s de andar a pie catorce millas inglesas. Raleigh hizo levantar una tienda para honrar al viejo rey. Tom\u00f3 asiento y Raleigh frente a \u00e9l. Sus p\u00e1rpados ca\u00edan pesadamente. Ten\u00eda ante s\u00ed al hombre blanco de quien le hablaban hac\u00eda tiempo. Raleigh le habl\u00f3 de la grandeza de su pa\u00eds y de su reina, y comenz\u00f3 a sondearlo en lo tocante al pa\u00eds de los \u201cguayanas\u201d. Topiawari habl\u00f3 entonces de su raza y de sus guerras hasta la invasi\u00f3n de los cristianos. A\u00f1adi\u00f3 que deseaba regresar a su casa, pues sent\u00edase d\u00e9bil y enfermo, llamado por la muerte, y 2 su vuelta lo complacer\u00eda. Raleigh insist\u00eda en saber del Dorado. Topiawari enmudeci\u00f3. Luego se levant\u00f3 para partir dejando a Raleigh admirado de su discreci\u00f3n y buen discurso. La luna surgi\u00f3 entonces de los montes lejanos. Raleigh ve\u00eda en torno suyo.<\/p>\n<p>Hubiera podido entrar a saco en aquel pa\u00eds, pero lo consideraba impol\u00edtico. Deseaba parecer distinto de los espa\u00f1oles. A su regreso Raleigh toc\u00f3 de nuevo en Morequito. Ya Topiawari hab\u00eda meditado su respuesta. Raleigh le manifest\u00f3 que conoc\u00eda su situaci\u00f3n entre los espa\u00f1oles y los \u201cepuremei\u201d, sus enemigos, y pidi\u00f3le le indicase los pasa- jes m\u00e1s f\u00e1ciles para entrar en las \u00e1ureas tierras de Guayana. Topiawari consider\u00f3 que Raleigh no estaba en capacidad de ir a Manoa. No ten\u00eda fuerzas suficientes. No podr\u00eda invadir sin la ayuda de todas las naciones vecinas a fin de asegurar el avituallamiento. Ni dentro de un a\u00f1o lo cre\u00eda posible. Record\u00f3 la derrota sufrida por trescientos espa\u00f1oles en la sabana de Macureguari, un poco m\u00e1s all\u00e1 de sus fronteras. Los indios prendieron la paja seca y los blancos se vieron envueltos en llamas por todos lados. Pod\u00eda dejar con \u00e9l cincuenta hombres hasta su vuelta para organizar el avituallamiento. Raleigh no los ten\u00eda, ni pod\u00eda dejarlos sin vituallas y p\u00f3lvora suficiente. Berr\u00edo hab\u00eda pedido refuerzos a Espa\u00f1a y Nueva Granada y tambi\u00e9n a Caracas y Valencia. Entonces Topiawati le pidi\u00f3 que olvidase su pa\u00eds, al menos durante un tiempo, pues los \u201cepuremei\u201d lo invadir\u00edan y los espa\u00f1oles pensaban matarlo como hab\u00edan hecho con su sobrino Morequito. Despu\u00e9s de esto le dijo a su hijo que Raleigh deseaba llevarlo a Inglaterra. En cambio Raleigh les dej\u00f3 a Francis Sparrow, sirviente de Giddford, quien estaba deseoso de quedarse, y a un muchacho de nombre Hugh Goodwin para que aprendiese la lengua. Sparrow dej\u00f3 una relaci\u00f3n, la cual se encuentra en <em>\u201cPurchas, His Pilgrimes\u201d<\/em> (Samuel Purchas, V. XVI). Hecho prisionero por los espa\u00f1oles fue remitido a Espa\u00f1a y despu\u00e9s de larga cautividad pudo volver a Inglaterra en 1602. Su relato est\u00e1 lleno de datos geogr\u00e1ficos. Entre otras cosas refiere que compr\u00f3 ocho mujeres de diez y ocho a\u00f1os por un cuchillo que le cost\u00f3 en Inglaterra medio penique, Efectu\u00f3 esta compra en un sitio llamado Cumalaha, al sur del Orinoco. Sparrow dio esas mujeres a otros indios a petici\u00f3n de Warituc, hija del cacique de Morequito. Refiere tambi\u00e9n que ciertas piedras, las cuales tom\u00f3 por perlas, eran topacios.<\/p>\n<p>La historia de Goodwin es diferente. Cuando el Gobernador cle Cuman\u00e1 inform\u00f3 al rey de Espa\u00f1a la captura de Sparrow, asegur\u00f3 que Goodwin hab\u00eda sido devorado por un tigre. La historia, dicen, fue inventada por los indios para salvarlo. Raleigh lo hall\u00f3 vivo en 1617, durante su segunda expedici\u00f3n y apenas recordaba su propio idioma, Con la expedici\u00f3n de Harcourt, salida de Dartmouth el 23 de marzo de 1608, y compuesta por los buques \u201cLa Rosa\u201d, \u201cLa Paciencia\u201d y \u201cEl Sirio\u201d, volvieron a Guayana despu\u00e9s de trece a\u00f1os de ausencia los indios Mart\u00edn, hijo de Topiawari, Leonardo, el piloto \u201caruaco\u201d y Antonio Canabra, Anclaron en Morequito el 11 de mayo del mismo a\u00f1o. Los indios expresaron su inmensa alegr\u00eda, pues los cre\u00edan muertos hac\u00eda largo tiempo. Harcourt, despu\u00e9s de arengarlos y celebrar con ellos una especie de trato, despleg\u00f3 sus banderas, form\u00f3 sus hombres en compa\u00f1\u00eda y tom\u00f3 posesi\u00f3n del pa\u00eds. As\u00ed entraron en la ciudad de Mart\u00edn donde los habitantes sal\u00edan a las puertas para verlos. Otros indios \u201cguayaneses\u201d fueron a Londres como rehenes en el buque \u201cOlive Plant\u201d de 170 toneladas, al mando del capit\u00e1n Edward Huntley. Salieron el 2 de julio de 1604 con la expedici\u00f3n que traslad\u00f3 la colonia fundada por Charles Leigh a Wiapoco u Oyapaco. Topiawari y los dem\u00e1s indios entraron en Londres en el crep\u00fasculo de la edad isabelina cuando se publicaba Venus y Adonis y a los puertos ingleses llegaban los despojos de los galeones espa\u00f1oles, y se presentaban en honor de la reina aquellas mascaradas que el propio Shakespeare consideraba s\u00edmbolo de lo evanescente. M\u00fasica, luz, color, perfume, una atm\u00f3sfera voluptuosa. Topiawari sal\u00eda de un bosque con su arco y sus flechas, despu\u00e9s de una invocaci\u00f3n del dios de los r\u00edos, e iba a postrarse ante la reina en medio de mujeres de extraordinaria hermosura y de hombres magn\u00edficamente vestidos. Ante ella desfilaban caciques con brillante plumaje, guerreros indios con ramos, flechas y escudos de oro y plata y portadores de aves de raros colores, piedras tersas de diferente color y guirnaldas de flores, simbolizando todo las riquezas de Guayana. Se escuchaba una m\u00fasica invisible y deliciosa. Y avanzaba hacia \u00e9l una mujer p\u00e1lida como la estrella de la tarde, con una media luna en la cabeza, y le tocaba con una vara en la frente. Ten\u00eda los ojos azules como las monta\u00f1as lejanas. Y el r\u00edo era \u00e9l, Topiawari, y ten\u00eda sus mismos deseos y pensamientos. Y sent\u00eda dentro de s\u00ed aquel tumulto con que el Orinoco baja de la monta\u00f1a y\u00a0 nutrido del ansia de todos los r\u00edos corre hacia el mar. Y comprend\u00eda mejor los ecos que a trav\u00e9s de la inmensidad de los tiempos va dejando en el coraz\u00f3n de los hombres y en las selvas.<\/p>\n<p>LA HERENCIA DE ELISABETH<\/p>\n<p>Es interesante observar c\u00f3mo Inglaterra supo apreciar el legado de Raleigh, aunque la reina Elisabeth no lo consider\u00f3 digno de emplear un nav\u00edo ni un ducado. El conflicto de l\u00edmites de Guayana no es sino un cap\u00edtulo de esa larga historia. Gran Breta\u00f1a no desiste de su empresa y \u00e9sta prosigue \u2014de acuerdo con los medios de cada \u00e9poca\u2014 el esfuerzo de las primeras expediciones colonizadoras. Despu\u00e9s esas otras expediciones de voluntarios en la guerra de independencia, Luego la adquisici\u00f3n de una parte de Guayana a los holandeses. El env\u00edo de sir Robert Schomburgk para fijar los l\u00edmites de la posesi\u00f3n, a fin de poder discutirlos mejor despu\u00e9s de trazados, seg\u00fan manifestaba Lord Aberdeen al doctor Fortique en el a\u00f1o de 18413. \u201cUn tratado de l\u00edmites \u2014dec\u00eda el entonces primer Ministro de Su Majestad Brit\u00e1nica\u2014 ser\u00eda prematuro antes de concluirse la exploraci\u00f3n del terreno\u201d, Lord Aberdeen hablaba a Fortique de la necesidad de asegurar la libertad del r\u00edo, Esto es, que ning\u00fan territorio adyacente cayese en poder de otra potencia. S\u00f3lo Inglaterra, seg\u00fan Aberdeen, pod\u00eda asegurar esa libertad. La adquisici\u00f3n de Trinidad frente al Delta del Orinoco le depara una magn\u00edfica posici\u00f3n para dominar la entrada del r\u00edo. Cuando el bloqueo de las costas de Venezuela en 1902 los nav\u00edos ingleses se sit\u00faan en las Bocas del Orinoco en demostraci\u00f3n de reivindicar aquellas pretensiones. Luego sus ge\u00f3logos descubren que el lecho submarino entre la isla de Trinidad y la costa de Venezuela forma una misma zona extraordinariamente rica en petr\u00f3leo. Tambi\u00e9n deben mencionarse los tratados, los contratos de minas o compa\u00f1\u00edas mineras y las ulteriores colonizaciones.<\/p>\n<p>Lotd Aberdeen se\u00f1alaba asimismo, entre las condiciones para hacerle a Venezuela algunas concesiones de territorio, la de proteger contra toda opresi\u00f3n a las tribus de indios all\u00ed residentes. En esto ten\u00eda su raz\u00f3n. Por el tratado de Utrecht el Rey de Espa\u00f1a promet\u00eda a la reina de Gran Breta\u00f1a \u201cno ceder, ni hipotecar o transferir, ni de modo alguno enajenar de s\u00ed ni de la corona de Espa\u00f1a, las comarcas, dominios o territorios de Am\u00e9rica, o alguna de sus partes a favor de Francia ni de ninguna otra naci\u00f3n\u201d. El patrimonio deb\u00eda conservarse intacto, no s\u00f3lo para evitar el engrandecimiento de un rival, sino porque tan codiciadas comarcas pod\u00edan alg\u00fan d\u00eda pertenecer a la corona brit\u00e1nica, en virtud de esos mismos tratados con los abor\u00edgenes invoca: dos por Lord Salisbury, o bien con la mira de proteger a s\u00fabditos brit\u00e1nicos. Por el tratado de Miinster, celebrado anteriormente (alegato de la canciller\u00eda venezolana), se convino en que ambas partes \u2014holandeses y espa\u00f1oles\u2014 guardar\u00edan sus respectivas posesiones de pa\u00edses, plazas, fuertes y factor\u00edas en las Indias Orientales u Occidentales, La historia del litigio es un interminable destile de fantasmas, desde Col\u00f3n y Alonso de Ojeda y dem\u00e1s descubridores hasta los m\u00e1s ignorados colonos holandeses y espa\u00f1oles, El Papa Alejandro VI, el Emperador Carlos V y el Rey Felipe IV y Carlos 11 el hechizado, la Reina Ana de Gran Breta\u00f1a y el Rey Felipe V. Embajadores, ministros, piratas, negociantes, cronistas, misioneros. El decapitado sir Walter Raleigh, el poeta Juan de Laet, quien escrib\u00eda las proezas de holandeses y espa\u00f1oles, Acud\u00edan todos a dar testimonio a favor de Venezuela o de Gran Breta\u00f1a, seg\u00fan el caso.<\/p>\n<p>Las colonias inglesas de Guayana o la historia de las colonias inglesas en Guayana casi pierden en la lejan\u00eda del tiempo y de los libros los contornos, las l\u00edneas divisorias, y se convierten en un todo m\u00e1gico, misterioso, tico legendario, y sobre todo ingl\u00e9s. El oro es ingl\u00e9s y los mismos nombres de los p\u00e1jaros, de las monta\u00f1as y de los t\u00edos y de los villorrios y de los caciques se vuelven ingleses. Los \u201cmaquiritares\u201d usaban hasta hace poco a\u00f1os armas procedentes de f\u00e1bricas inglesas. Parece que hay una sola l\u00ednea desde esos primeros exploradores, \u2014Dudley, Widdon, Raleigh, Hatcourt, Leigh y Roe (Sir Thomas), despu\u00e9s embajador ante la Sublime Puerta\u2014 hasta esa otra trazada por Schomburgk, cuyo nombre se hizo entonces famoso. Schomburgk no s\u00f3lo traz\u00f3 esa l\u00ednea o frontera en el territorio sobre el cual Venezuela alegaba derechos, sino que tambi\u00e9n descubri\u00f3 la flor a la que dio el nombre de VICTORIA REGIS, Se ha conservado la fecha del descubrimiento en el r\u00edo Berbice: el 1% de enero de 1837. La iniciaci\u00f3n del largo reinado victoriano se adorna con esa flor de la tierra o colonia inglesa de Guayana, anuncio del gran litigio que lleva consigo. El ofrecimiento de Raleigh a la reina Elisabeth del imperio de Guayana, como un mundo destinado a ella, lo repiten luego los historiadores, poetas, pol\u00edticos, cortesanos, con alusiones a la Reina Victoria, llamada a recoger esa herencia. Mart\u00edn Hume le dedica su biograf\u00eda de Raleigh, al frente de la cual pone al ofrecimiento de Raleigh a su soberana con la s\u00faplica a Dios de que ponga en su coraz\u00f3n el designio de poseer aquella tierra. Las postrimer\u00edas del reinado se\u00f1alan tambi\u00e9n el fin de la controversia. La vieja reina anuncia en el Parlamento el 12 de febrero de 1896, que \u201cla peque\u00f1a diferencia surgida con Estados Unidos por causa de los l\u00edmites de Guayana y Venezuela ser\u00eda arreglada\u201d. De Lord Aberdeen a Salisbuty, de Fortique a Seijas, <em>se ha cumplido toda una etapa de penetraci\u00f3n inglesa. En esos largos a\u00f1os el gobierno brit\u00e1nico env\u00eda a poblar la Guayana y as\u00ed exhibir\u00e1 m\u00e1s tarde t\u00edtulos a la posesi\u00f3n de un inmenso territorio entre el Esequibo y el Orinoco<\/em>.<\/p>\n<p>Durante la controversia, la primitiva l\u00ednea Schomburgk se dilata, Cada a\u00f1o la superficie brit\u00e1nica en Guayana gana mayor n\u00famero de kil\u00f3metros cuadrados. Abarca en 1880 desde un punto en la Boca del Orinoco, al este de Punta Barima, hasta lo que lord Salisbury, el C\u00e9cil del siglo XIX, denomina \u201cel gran espinazo del distrito de Guayana\u201d, De las monta\u00f1as de Roraima a las de Paracaima. De este modo el Orinoco, el gran r\u00edo del Dorado, quedar\u00eda bajo el control de la bandera inglesa.<\/p>\n<p>Decididamente El Dorado estaba dentro de la \u00abl\u00ednea Schomburgk. Para contener las pretensiones inglesas el presidente Guzm\u00e1n Blanco hizo concesiones al norteamericano Cyrenius Fitzgerald de otra gran extensi\u00f3n de territorio entre el Delta y el Esequibo. Se constituy\u00f3 entonces la Compa\u00f1\u00eda MANOA, con fines, a lo que se aseguraba, de explotaci\u00f3n y de colonizaci\u00f3n. Cuando Gran Breta\u00f1a se enter\u00f3 de la existencia de esta Compa\u00f1\u00eda manifest\u00f3 gran recelo y desconfianza e hizo saber al Gobierno de Caracas que no permitir\u00eda la injerencia de tal Compa\u00f1\u00eda en el territorio disputado, Sus agentes recorrieron el Orinoco. Y pata mayor seguridad procedi\u00f3 a ocupar la regi\u00f3n que ten\u00eda por suya. La concesi\u00f3n Fitzgerald fue luego traspasada por el mismo Guzm\u00e1n Blanco a George Turnbull. El nuevo contrato celebr\u00f3se en Niza el 1\u00b0 de enero de 1896. Turnbull era s\u00fabdito ingl\u00e9s y enseguida hizo demostraciones de lealtad a su pa\u00eds. Comenz\u00f3 a negociar la venta de la concesi\u00f3n a las autoridades brit\u00e1nicas. Estados Unidos invoc\u00f3 entonces la Doctrina Monroe. Exig\u00eda el arbitraje como \u00fanico medio de resolver el conflicto. Inglaterra convino al fin en el arbitraje para complacer a Estados Unidos y darle raz\u00f3n en lo de su Doctrina Monroe, Pero a la postre se qued\u00f3 con gran parte del territorio en litigio. Tan pronto fue dictado el fallo por el tribunal de Par\u00eds, los ingleses adquirieron de Cyrenius Fitzgerald, quien lo hab\u00eda recabado despu\u00e9s de la ca\u00edda de Guzm\u00e1n Blanco, los derechos de la Compa\u00f1\u00eda MANOA por la cantidad de ciento cincuenta mil libras esterlinas. A cambio de la Doctrina Monroe, El Dorado qued\u00f3 en poder de Inglaterra.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/enrique-bernardo-nunez\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez En el siglo XVI el rumor sobre la existencia del Dorado se extend\u00eda a trav\u00e9s de los mares en los pa\u00edses m\u00e1s distantes. Los ge\u00f3grafos discut\u00edan y trazaban mapas en los cuales aquella regi\u00f3n aparece se\u00f1alada con una mancha misteriosa. 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