{"id":2025,"date":"2021-10-21T22:57:20","date_gmt":"2021-10-21T22:57:20","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=2025"},"modified":"2023-11-24T18:37:00","modified_gmt":"2023-11-24T18:37:00","slug":"clasicos-y-romanticos-ensayistas-literarios-venezolanos-del-siglo-xix","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/clasicos-y-romanticos-ensayistas-literarios-venezolanos-del-siglo-xix\/","title":{"rendered":"Cl\u00e1sicos y rom\u00e1nticos. Ensayistas literarios venezolanos del siglo XIX"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Gabriel Jim\u00e9nez Em\u00e1n<\/h4>\n<p>Durante la Colonia, el incipiente panorama literario venezolano estuvo dominado por la presencia de los llamados Cronistas de Indias, provenientes de Europa, quienes llevaron a sus obras, de la manera m\u00e1s fantasiosa, las descripciones acerca del Nuevo mundo. A primera vista se trataba de un lenguaje que presentaba, bajo la forma de una relaci\u00f3n minuciosa y objetiva de la geograf\u00eda las costumbres de los pobladores de Am\u00e9rica, pero pronto se advierte que esa mirada se encuentra tamizada por el asombro del cronista, al servicio de cualquiera de las Coronas europeas, a medida que se adentraba en el <em>Orbis Novo<\/em>. Se halla tamizada, digo, por varios conceptos derivados de la Edad media, entre los que se encuentra el de <em>Mirabilia<\/em>, dominado por la visi\u00f3n de un conjunto de cosas y objetos que dan origen a un universo peculiar, que poco tiene que ver con categor\u00edas filos\u00f3ficas o religiosas, sino m\u00e1s bien con una idea est\u00e9tica integrada por met\u00e1foras visuales o por im\u00e1genes que tienden a decantar dentro de los orbes sensoriales.<\/p>\n<p><em>Mirabilia <\/em>es un elemento del arte medieval que genera el concepto de lo maravilloso, muy distinto del <em>Miraculum <\/em>cristiano. La sed por lo fant\u00e1stico y lo maravilloso fue calmada por los hombres del medioevo dirigiendo sus ojos a fuentes ajenas a la <em>Biblia<\/em>, fundamentalmente a la antig\u00fcedad cl\u00e1sica y a la cultura Oriental. Tal concepto fue adoptado por el Occidente medieval, que admira tanto a las <em>mirabilias <\/em>musulmanas. Las formas isl\u00e1micas de la arquitectura, por ejemplo, se mezclan a la escenograf\u00eda g\u00f3tica y a los temas decorativos de <em>El Cor\u00e1n<\/em>. Las piedras preciosas, los barcos alados, la vegetaci\u00f3n zoomorfa y la naturaleza animada nos hablan claramente acerca del valor de subversi\u00f3n de los \u00f3rdenes naturales que posee lo maravilloso. Esta es una de las razones que explican, entre otras, que dichas cr\u00f3nicas alcancen el nivel de una literatura art\u00edstica, la cual superaba muchas veces a las obras escritas en la pen\u00ednsula ib\u00e9rica.<\/p>\n<p>Dentro de la rica variedad de obras que tratan sobre Venezuela, resaltan ante todo las obras de Jos\u00e9 Oviedo y Ba\u00f1os (1671-1738), cuya infancia transcurri\u00f3 entre Lima y Caracas. Su obra <em>Historia de la conquista y poblaci\u00f3n de la Provincia de Venezuela <\/em>(1723) es probablemente el primer trabajo org\u00e1nico publicado sobre nuestro pa\u00eds. Fue editado en Madrid y mereci\u00f3 sucesivas ediciones. Tambi\u00e9n Jos\u00e9 Luis de Cisneros redact\u00f3 una <em>D<\/em><em>e<\/em><em>s<\/em><em>c<\/em><em>r<\/em><em>i<\/em><em>p<\/em><em>c<\/em><em>i<\/em><em>\u00f3<\/em><em>n<\/em> <em>e<\/em><em>x<\/em><em>a<\/em><em>c<\/em><em>t<\/em><em>a<\/em> <em>d<\/em><em>e<\/em> <em>l<\/em><em>a<\/em> <em>P<\/em><em>r<\/em><em>o<\/em><em>v<\/em><em>i<\/em><em>n<\/em><em>c<\/em><em>i<\/em><em>a<\/em> <em>d<\/em><em>e<\/em> <em>V<\/em><em>e<\/em><em>n<\/em><em>e<\/em><em>z<\/em><em>u<\/em><em>e<\/em><em>l<\/em><em>a <\/em>(1764), donde se advierte un expreso af\u00e1n patri\u00f3tico que hace pensar que su autor pudo haber nacido en Venezuela, aunque hasta ahora se desconocen los lugares exactos de su nacimiento y muerte. Otras dos obras muy citadas dentro de la bibliograf\u00eda sobre Venezuela son referidas a la regi\u00f3n de Guayana: <em>El Orinoco Ilustrado y defendido <\/em>(1745) del padre Joseph Gumilla; y dentro de la lengua inglesa el excepcional <em>Discovery of Guiana <\/em>(1597) de Sir Walter Raleigh. Estas obras ofrecen un completo testimonio de esta tradici\u00f3n de \u201cViajeros Ilustrados\u201d tan magistralmente consolidada por Alexander Von Humboldt, el m\u00e1s grande ge\u00f3grafo de su \u00e9poca, que tantas veces se refiri\u00f3 a la tierra venezolana en su monumental <em>Viaje por las regiones equinocciales del Nuevo <\/em><em>Continente, <\/em>realizado en compa\u00f1\u00eda de Aim\u00e9 Bonpland entre 1799 y 1804.<\/p>\n<p>Sin embargo, estos cronistas no pod\u00edan calibrar a cabalidad el universo religioso y social de las sociedades ind\u00edgenas que iban observando. Casi siempre lo hac\u00edan desde una perspectiva prejuiciada por el eurocentrismo, la actitud colonizadora y el catolicismo. Tales sociedades ind\u00edgenas no estaban interesadas en crear una cultura literaria o letrada, sino en construir una cosmovisi\u00f3n que les acercara a la naturaleza, les ayudara a comprender su relaci\u00f3n con el paisaje y los fen\u00f3menos naturales del medio ambiente. No necesitaron apoyarse en la escritura para desarrollar su peculiar sentido del lenguaje, mejor expresado por ellos en la lengua oral. Con todo, muchos cronistas pudieron arrojar una mirada por lo menos piadosa, sensible, y en algunos casos opuesta al pensamiento de la Corona espa\u00f1ola. De hecho, no ha sido sino a trav\u00e9s de investigaciones contempor\u00e1neas, que se han vindicando las lenguas ind\u00edgenas, para acercarlas a un contexto occidental.<\/p>\n<p><strong>Un poema de Olmedo y la g\u00e9nesis de nuestra cr\u00edtica<\/strong><\/p>\n<p>Hubo que esperar el comienzo del siglo XIX para que la literatura como tal se estuviese en- rumbando hacia terrenos m\u00e1s o menos firmes en los poemas juveniles de Andr\u00e9s Bello como \u201c<em>El Anauco\u201d <\/em>(1800), \u201c<em>A la vacuna\u201d <\/em>(1808) y \u201c<em>A la nave\u201d <\/em>(1808), los cuales podr\u00edan considerarse las primeras obras literarias escritas por un venezolano, en un doble sentido: cronol\u00f3gico y de conciencia est\u00e9tica. Luego Bello, en su <em>Alocuci\u00f3n a la poes\u00eda <\/em>(1823) y <em>A la agricultura de la zona <\/em><em>t\u00f3rrida <\/em>(1826) decantar\u00eda su tono neocl\u00e1sico, aunque si vamos a conferir m\u00e9ritos cronol\u00f3gicos al ejercicio literario, tal vez deber\u00edamos comenzar por la traducci\u00f3n que Sim\u00f3n Rodr\u00edguez realiz\u00f3 de la novela <em>Atala <\/em>del escritor franc\u00e9s Chateaubriand. En lo que respecta al tema espec\u00edfico del ensayo cr\u00edtico, habr\u00eda que darle la tutor\u00eda a Sim\u00f3n Bol\u00edvar, cuando en 1825 redacta dos cartas a Jos\u00e9 Joaqu\u00edn Olmedo, con motivo de haberle enviado este \u00faltimo su poema \u201cLa victoria de Jun\u00edn\u201d, dado a conocer probablemente en 1823. Bol\u00edvar le escribe:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>Si yo fuese tan bueno y usted no fuese tan poeta, me avanzar\u00eda a creer que usted hab\u00eda querido hacer <\/em><em>una parodia de La Il\u00edada con los h\u00e9roes de nuestra pobre farsa. Mas no: no lo creo. Usted es poeta y sabe <\/em><em>bien, tanto como Bonaparte, que de lo heroico a lo rid\u00edculo no hay m\u00e1s que un paso, y que manolo y el Cid son hermanos, aunque hijos de distintos padres. Un americano leer\u00e1 el poema de usted como un canto de Homero, y un espa\u00f1ol lo leer\u00e1 como un canto del Facistol de Boileau (Sim\u00f3n Bol\u00edvar. \u201cCarta a Don Jos\u00e9 Joaqu\u00edn Olmedo\u201d Fechada en Cuzco el 12 de julio de 1825, Obras Completas, 176-178).<\/em><\/p>\n<p>Bello public\u00f3 por primera vez su juicio sobre este poema en <em>La Biblioteca Americana <\/em>en 1823, bajo el t\u00edtulo \u201cNoticia sobre la victoria de Jun\u00edn\u201d, y fue ampliado en 1826 en <em>El Repertorio Ameri<\/em><em>cano. <\/em>Se infiere entonces que Bello no hab\u00eda le\u00eddo a\u00fan la carta que remite Bol\u00edvar a Olmedo en 1825, pues no hizo ni siquiera una referencia tangencial a \u00e9sta. El juicio de Bello contrasta con el de Bol\u00edvar por su mesura y, aun cuando mantiene varias reservas en relaci\u00f3n a la estructura del poema y a la heterogeneidad de su tono, resalta en el mismo su armon\u00eda, su dicci\u00f3n y su entusiasmo. Sin embargo anota: \u201cNo sabemos si hubiera sido conveniente reducir las dimensiones de este bello edificio a menor escala, porque no es natural a los movimientos vehementes del alma, que solos autorizan las libertades de la oda, el durar largo tiempo\u201d (Andr\u00e9s Bello, \u201cNoticia de la Victoria de Jun\u00edn. Canto a Bol\u00edvar, por Jos\u00e9 Joaqu\u00edn Olmedo\u201d, 267).<\/p>\n<p>En la cr\u00edtica de Bol\u00edvar, por contraparte, apenas si se pueden captar unos pocos juicios favorables. Sin embargo, hay que reconocer que la acuciosidad de Bol\u00edvar es mayor, por lo cual debemos aceptar su texto como de mayor relevancia para los fines de este trabajo. Vale la pena destacar, adem\u00e1s, las dos vertientes cr\u00edticas de este poema, que probablemente inauguran el ensayo literario en Venezuela en sentido estricto, representativas de las dos tendencias predominantes de entonces, encarnadas en el temperamento rom\u00e1ntico de Sim\u00f3n Bol\u00edvar y en el mesurado clasicismo de Andr\u00e9s Bello.<\/p>\n<p>Sim\u00f3n Rodr\u00edguez tiene una presencia innegable en la educaci\u00f3n literaria de Bol\u00edvar, y espec\u00edficamente en esta respuesta del Libertador a Olmedo. Bol\u00edvar se hallaba acompa\u00f1ado entonces en El Cuzco por Sim\u00f3n Rodr\u00edguez, y con toda probabilidad acudi\u00f3 a la erudici\u00f3n literaria de su maestro para tejer su atrevida carta a Olmedo. Adem\u00e1s, me parece que funciona bien como homenaje al maestro, si pensamos en un fragmento de <em>La forma que se da al discurso <\/em>(1826) donde se advierte de manera clara el propio discurso de Rodr\u00edguez, en el cual maneja varias de sus ideas centrales en lo que concierne al escritor y al lector. Sobre el lector anota este l\u00facido pensamiento: \u201cEl t\u00edtulo de lector no se despacha en las Universidades \/ cada uno lo compra por lo que cuesta el Libro \/ pero \/ sea cual fuere el grado de Sensibilidad y el h\u00e1bito de pensar \/ el autor espera no haber perdido, del todo, sus esfuerzos.\u201d (Sim\u00f3n Rodr\u00edguez, \u201cLa forma que se da al discurso\u201d, <em>Obras completas<\/em>).<\/p>\n<p>Si consideramos que la literatura forma parte esencial de la educaci\u00f3n \u2013como era el ideal del humanismo renacentista y deber\u00eda ser en buena parte ahora\u2013 entonces debemos tomar en cuenta la figura de Sim\u00f3n Rodr\u00edguez, principal\u00edsima en el proceso de formaci\u00f3n de nuestras sociedades americanas, que hubieron de tomarle en cuenta en todo momento para mirar dentro del esp\u00edritu que se iba conformando en cada uno de sus pueblos. M\u00e1s que un escritor, Sim\u00f3n Rodr\u00edguez fue un \u201cexperimentador\u201d (la experiencia le brindaba todos los recursos para transformar la propia experiencia en si misma); as\u00ed, en este sentido podr\u00edamos verlo como a un ensayista, si nos atenemos a la acepci\u00f3n experimental que implica el t\u00e9rmino <em>ensayo <\/em>(aunque ahora abunden nuevos dogmas que quieren alejarlo de la <em>cr\u00edtica<\/em>, es decir, del ejercicio del criterio), la cual termin\u00f3 por definir la vocaci\u00f3n human\u00edstica del maestro del Libertador.<\/p>\n<p><strong>Cl\u00e1sicos y rom\u00e1nticos: dos caras de una lucha<\/strong><\/p>\n<p>Para la fecha de la muerte de Bol\u00edvar (1830) el pa\u00eds a\u00fan se encontraba asolado por los efectos de la guerra y por la desintegraci\u00f3n pol\u00edtica que signific\u00f3 la ruptura con Colombia y el fracaso del ideal grancolombiano. Venezuela se halla entonces en una situaci\u00f3n dominada por la miseria, donde no se perciben ni siquiera los exiguos frutos de la agricultura y mucho menos unos signos que permitan vislumbrar el funcionamiento de una econom\u00eda. Jos\u00e9 Antonio P\u00e1ez es entonces el m\u00e1ximo comandante militar de Venezuela con capacidad de convocar a un grupo representativo de civiles, militares y empresarios. Algunos de ellos eran personalidades reputadas y se reun\u00edan a debatir sobre temas comerciales, pol\u00edticos y art\u00edsticos. Es as\u00ed como nace la llamada <em>Sociedad Econ\u00f3mica de Amigos del Pa\u00eds<\/em>, la cual no hace sino confirmar el estado de deterioro en que se encuentra la naci\u00f3n. Esta <em>Sociedad <\/em>es la que decide pr\u00e1cticamente toda la actividad comercial y cultural, incluyendo las c\u00e1tedras universitarias y las imprentas. Pueden dirigir la opini\u00f3n a trav\u00e9s de la prensa y para sus propios intereses, lo cual determinar\u00eda una diferencia de proyectos para el ideal com\u00fan, del que paulatinamente la <em>Sociedad <\/em>va distanci\u00e1ndose. Tal <em>Sociedad <\/em>no es tan amiga del pa\u00eds como parece. El gobierno de P\u00e1ez sirve de modelo perfecto para esta tendencia comercial y econ\u00f3mica hasta el a\u00f1o 1835. Luego del alzamiento contra el l\u00edder civil Jos\u00e9 mar\u00eda Vargas en ese mismo a\u00f1o, P\u00e1ez vuelve al poder otra vez en 1839 y permanece gobernando hasta 1843, cuando le sucede en el poder el general Carlos Soublette, lo cual no hace sino confirmar la aguda crisis del poder civil y el fracaso de los proyectos econ\u00f3micos que ven\u00edan tratando de realizarse hasta ese momento. Situaci\u00f3n que entroniza a Jos\u00e9 Tadeo Monagas en el poder y hace claudicar cualquier tentativa de consolidar un pensamiento nacional. Este fen\u00f3meno engendra su contraparte: la reflexi\u00f3n heterog\u00e9nea y diversa acerca de lo que deber\u00eda ser el pa\u00eds en todos sus \u00f3rdenes.<\/p>\n<p>Evidentemente, quienes tuvieron la oportunidad de efectuar esta reflexi\u00f3n fueron las mentes despiertas a los diversos fen\u00f3menos internacionales, que incid\u00edan en el plano pol\u00edtico y econ\u00f3mico de la naciente \u201cClase pensante\u201d, identificada para entonces con los c\u00edrculos universitarios, de letrados o autodidactas, quienes fueron conformando poco a poco lo que bien pudiera llamarse un pensamiento nacional, el cual se vio penetrado principalmente por la bipolaridad del esquema Liberales\/Conservadores. En \u00e9l se destacan los ribetes del pensamiento peninsular, o por el contrario se percib\u00eda una reacci\u00f3n contra cualquier exotismo espa\u00f1ol o franc\u00e9s, en aras de un nacionalismo excluyente. Ello marcar\u00eda, a la postre, el movimiento naturalista o criollista en la literatura a finales de ese siglo XIX y de principios del siglo XX.<\/p>\n<p>Gobernantes \u00a0y \u00a0l\u00edderes \u00a0como \u00a0Antonio \u00a0Leocadio \u00a0guzm\u00e1n, \u00a0Jos\u00e9 \u00a0Mar\u00eda \u00a0Vargas, \u00a0Tom\u00e1s \u00a0Lander \u00a0y Santos Michelena (este \u00faltimo un pionero de la ciencia econ\u00f3mica), ofrecen diagn\u00f3sticos, proyectos e ideas donde pueden basarse los primeros esbozos acerca del trabajo, la sociedad, la econom\u00eda y las leyes. Pero no son s\u00f3lo los dirigentes pol\u00edticos quienes asumen estos roles; tambi\u00e9n son los escritores, poetas y novelistas quienes se lanzan a la palestra a hacer sus aportes a trav\u00e9s de los peri\u00f3dicos y el ejercicio diplom\u00e1tico. Por supuesto, para entonces la palabra \u201cescritor\u201d no ten\u00eda un significado de independencia profesional, ni siquiera se consideraba un oficio. La imagen del escritor estaba m\u00e1s relacionada con la del letrado, es decir, con la figura del humanista cl\u00e1sico de la Europa de la Ilustraci\u00f3n, que luego genera su ant\u00edtesis: la del poeta rom\u00e1ntico al modo de Lord Byron. Tomando en cuenta estos par\u00e1metros se le ha llamado a Bello \u201cel Goethe de Am\u00e9rica\u201d, mientras que a Byron se le identific\u00f3 con el esp\u00edritu aventurero de Sim\u00f3n Bol\u00edvar.<\/p>\n<p>En un per\u00edodo posterior del Clasicismo y el Romanticismo, tenemos que la sobriedad acad\u00e9mica de un Rafael Mar\u00eda Baralt contrasta, por ejemplo, con la beligerancia pol\u00e9mica de un Juan Vicente Gonz\u00e1lez. Pero esencialmente estos hombres no estaban empe\u00f1ados en ser escritores, sino en definir los sentidos de nacionalidad de un pa\u00eds, en caracterizar sus instituciones sociales y sus normas jur\u00eddicas y administrativas. Los casos de Ferm\u00edn Toro y Cecilio Acosta son elocuentes en este sentido. Ambos poseen un evidente vuelo literario, pero son resueltamente discretos en el momento de mostrarlo. Si deciden publicar una pieza literaria, lo hacen en tono menor y como disculp\u00e1ndose con el lector. Existen diferencias notables entre ellos: Toro fue un autor m\u00e1s prolijo literariamente y m\u00e1s arriesgado que Acosta. Por esta raz\u00f3n me ocupar\u00e9 m\u00e1s adelante, y por separado, de cada uno de ellos, comenzando por los de la generaci\u00f3n de los nacidos a principios del siglo diecinueve, como Juan Vicente Gonz\u00e1lez, Rafael Mar\u00eda Baralt, Felipe Larraz\u00e1bal y Cecilio Acosta, pero haciendo hincapi\u00e9, naturalmente, en su obra de literatos, bas\u00e1ndome en las dos tendencias medulares que he utilizado para presentar este trabajo.<\/p>\n<p>Evidentemente, existen matices en cada uno de los autores que los inclinan m\u00e1s hacia determinada tendencia. En los a\u00f1os finales del siglo estudiado, la tendencia rom\u00e1ntica y la cl\u00e1sica declinan como tales para dar paso a la cr\u00f3nica de costumbres, al cuadro local con tintes criollistas. Sin embargo, el tono cl\u00e1sico se mantiene cuando se trata de hacer estudios literarios o filol\u00f3gicos. Entran aqu\u00ed autores tan dispares como Ar\u00edstides Rojas, Amenodoro Urdaneta o marco Antonio Saluzzo, de una generaci\u00f3n que podr\u00eda llamarse intermedia, y despu\u00e9s, al final del siglo, autores como Julio Calca\u00f1o y Felipe Tejera difer\u00edan ya de poetas como Juan Antonio P\u00e9rez Bonalde. En este caso, es ilustrativa la pol\u00e9mica sostenida entre tejera y P\u00e9rez Bonalde, a prop\u00f3sito de las funciones religiosas y \u00e9ticas en la poes\u00eda, donde Calca\u00f1o particip\u00f3 tangencial- mente. Ya sabemos que P\u00e9rez Bonalde representa el gran repunte del romanticismo venezolano en lo que se refiere a poes\u00eda, es \u00e9l quien da un vuelco a las estructuras formales de nuestra l\u00edrica, para se\u00f1alar el mejor momento de nuestro neorromanticismo, con ecos de un simbolismo que hab\u00eda heredado de autores como Edgar Allan Poe y Heinrich Heine, m\u00e1s que de un Romanticismo a la espa\u00f1ola.<\/p>\n<p>P\u00e9rez Bonalde se muestra en desacuerdo con los juicios anotados por Tejera en sus <em>P<\/em><em>e<\/em><em>r<\/em><em>f<\/em><em>i<\/em><em>l<\/em><em>e<\/em><em>s<\/em> <em>v<\/em><em>e<\/em><em>nezolanos, <\/em>en una pol\u00e9mica que comentar\u00e9 m\u00e1s adelante. Ya al final del siglo se impone el pensamiento positivista reflejado en las obras de Manuel Fombona Palacio, Jos\u00e9 gil Fortoul y Luis L\u00f3pez M\u00e9ndez. El caso de L\u00f3pez M\u00e9ndez ilustra, mejor que ninguno, la vitalidad del positivismo, en una breve existencia de 28 a\u00f1os que no alcanz\u00f3 a cruzar la barrera del siglo venidero.<\/p>\n<p><strong>El periodismo y la gram\u00e1tica en los albores del siglo XIX<\/strong><\/p>\n<p>Un autor que prefigur\u00f3 el periodismo y los estudios de la lengua en Venezuela fue Jos\u00e9 Luis Ramos (1785-1849), contempor\u00e1neo de Sim\u00f3n Rodr\u00edguez (1771-1854) y Sim\u00f3n Bol\u00edvar (1783- 1830). Al trabajar como redactor en <em>El correo del Orinoco <\/em>en 1822, Ramos ya est\u00e1 en el naci- miento de nuestro periodismo, y al fundar la revista <em>La Guirnalda <\/em>en 1839 est\u00e1 fundando la primera revista literaria venezolana. En peri\u00f3dicos public\u00f3 el <em>Silabario de la lengua espa\u00f1ola <\/em>y su famosa <em>Disertaci\u00f3n acerca del verso endecas\u00edlabo castellano<\/em>, en los cuales revela su amplia cultura cl\u00e1sica. Es un nombre que debe tomarse en cuenta cuando se estudia este per\u00edodo inicial, dominado por las figuras de Bello y Baralt.<\/p>\n<p>La figura de Andr\u00e9s Bello (1781-1865) aparece signando el horizonte cl\u00e1sico. Universalidad, esp\u00edritu ecumenista, dominio de los temas de la antig\u00fcedad grecolatina, sobriedad y concisi\u00f3n se hallan guiados por un arte de la mesura, de la armon\u00eda ling\u00fc\u00edstica. Adem\u00e1s, Bello fragu\u00f3 una inmensa obra de jurista, explor\u00f3 las leyes internas que rigen el funcionamiento del idioma y paut\u00f3 en Am\u00e9rica la primera <em>Gram\u00e1tica<\/em> (1847) del castellano. Todo ello lo convirti\u00f3 en un humanista de rango universal, que a trav\u00e9s de obstinados estudios en Londres, Francia y Chile, logra consumar uno de los aportes m\u00e1s significativos de toda la prosa hispanoamericana. En este sentido su prosa puede considerarse, con la de Rafael mar\u00eda Baralt (1810-1960), la m\u00e1s arm\u00f3nica y equilibrada que conozca la literatura venezolana del per\u00edodo neocl\u00e1sico.<\/p>\n<p>En el aparte estrictamente dedicado al ensayo literario, Bello aborda en sus ensayos literarios y cr\u00edticos escritos sobre el autor Alberto Lista y Arag\u00f3n, a los autores cl\u00e1sicos de la literatura europea. Otro ejemplo es el libro de P.F. Tissot, <em>Estudios<\/em> <em>sobr<\/em><em>e<\/em> <em>V<\/em><em>ir<\/em><em>gilio,<\/em> presentado en dos tomos y publicada en Par\u00eds en 1825, donde Bello aprovecha para remarcar su admiraci\u00f3n hacia el gran poeta latino. En ambos comentarios, Bello realiza una suerte de cr\u00edtica de la cr\u00edtica, con la me- sura y ponderaci\u00f3n que le caracterizan.<\/p>\n<p>Por su parte, Rafael mar\u00eda Baralt fue el otro polo del clasicismo en quien brill\u00f3 m\u00e1s el arte del estilo. En su prosa \u2013m\u00e1s que en su poes\u00eda\u2013 Baralt nos leg\u00f3 piezas que est\u00e1n consideradas hitos del castellano, especialmente su <em>Discurso de incorporaci\u00f3n a la Academia Espa\u00f1ola <\/em>(fue el primer miembro hispanoamericano en ingresar a esta instituci\u00f3n); una pieza que, aun cuando est\u00e1 centrada en hacer un alegato sobre la obra de Donoso Cort\u00e9s, roza conceptos vitales de la literatura castellana, aunque a veces el discurso se ve afectado por el purismo, u otros prejuicios latentes. En cambio, en el discurso pronunciado en Madrid en 1847 sobre <em>Chateaubriand y sus obras, <\/em>se ad- vierte un tono m\u00e1s libre, m\u00e1s inspirado: se permite culminar su discurso con palabras como: \u201cLa unidad en la diversidad es la ley del mundo, la ley de la inteligencia, y acaso tambi\u00e9n el secreto de la belleza de Dios\u201d (Rafael mar\u00eda Baralt, \u201cChateaubriand y sus obras\u201d, 162-178).<\/p>\n<p>Baralt llega a Espa\u00f1a en 1842, donde habr\u00eda de permanecer hasta su muerte en 1860. Cuenta 32 a\u00f1os y ya ha publicado el a\u00f1o anterior su monumental <em>Historia de Venezuela <\/em>en tres tomos. A la vez, cuestiona la orientaci\u00f3n renovadora de Andr\u00e9s Bello, y en ese proceso van a surgir el <em>Diccionario matriz de la lengua espa\u00f1ola <\/em>y el <em>Diccionario de Galicismos. <\/em>Combate la influencia francesa en la literatura, para internarse en la tendencia neocl\u00e1sica del castellano, muy visible en su <em>Historia de Venezuela<\/em>, tenida como un ejemplo elocuente de la prosa hist\u00f3rica, sin desperdicios verbales.<\/p>\n<p>Baralt prefiri\u00f3 en sus poemas los temas \u00e9picos, y es posible que esta tendencia a objetivar \u2013propia del historiador y del pensador\u2013 haya atildado a\u00fan m\u00e1s su expresi\u00f3n, llev\u00e1ndola a un estado de fr\u00eda limpidez. Fue un autor con una noci\u00f3n clara del \u201cestilo\u201d personal de cada escritor; acaso haya querido hacer suya hasta las \u00faltimas consecuencias la m\u00e1xima que nos dice que <em>el estilo es el hombre.<\/em><\/p>\n<p>S\u00f3lo desde un punto de vista documental ser\u00eda justo citar, a manera de dato, la figura de un editor muy importante de entonces, Valent\u00edn Espinal (1803-1866), impresor que jug\u00f3 un papel notable en su \u00e9poca. Hab\u00eda aprendido su arte en Caracas en el taller de Juan Guti\u00e9rrez D\u00edaz. Desde 1823 comienza a editar peri\u00f3dicos, revistas, libros, folletos y hojas sueltas. Edit\u00f3 el <em>Breve diccionario de sin\u00f3nimos de la lengua castellana <\/em>(1828) de Jos\u00e9 L\u00f3pez de la Huerta; el <em>Derecho de Jentes <\/em>(1837) de Andr\u00e9s Bello; el <em>Manual o compendio de cirug\u00eda <\/em>(1842) de Jos\u00e9 mar\u00eda Vargas; edit\u00f3 y prolog\u00f3 el <em>Almac\u00e9n de los ni\u00f1os <\/em>(1842) de madame Beaumont, elogiado por Agust\u00edn millares Carlo. Realiz\u00f3 estudios preliminares a varias ediciones de la <em>Gram\u00e1tica castellana <\/em>(1848) de Andr\u00e9s Bello. Espinal apoy\u00f3 la candidatura de Jos\u00e9 mar\u00eda Vargas a la Presidencia de la Rep\u00fablica y hubo de abandonar el pa\u00eds por motivos pol\u00edticos. En el exilio escribi\u00f3 su <em>Diario del desterrado <\/em>(1861-1863), documento esencial para la comprensi\u00f3n de su \u00e9poca. Viaj\u00f3 por Europa y regres\u00f3 a Caracas en 1863; aqu\u00ed escribe un informe importante sobre la educaci\u00f3n p\u00fablica en el pa\u00eds y un discurso dirigido a Jos\u00e9 Tadeo Monagas donde aboga por la amnist\u00eda y la paz, publicado con el t\u00edtulo de <em>E<\/em><em>l<\/em> <em>b<\/em><em>r<\/em><em>i<\/em><em>n<\/em><em>d<\/em><em>i<\/em><em>s<\/em> <em>d<\/em><em>e<\/em> <em>V<\/em><em>a<\/em><em>lent\u00edn Espinal en el banquete del 30 de abril de 1855. <\/em>Su labor de impresor y tip\u00f3grafo se extendi\u00f3 a varias generaciones y su obra como exegeta de Bello posee un valor innegable.<\/p>\n<p><strong>Juan Vicente Gonz\u00e1lez, rom\u00e1ntico y liberal<\/strong><\/p>\n<p><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"alignnone wp-image-2027\" src=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/06.-Juan-Vicente-Gonz\u00e1lez-300x227.jpg\" alt=\"\" width=\"348\" height=\"263\" srcset=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/06.-Juan-Vicente-Gonz\u00e1lez-300x227.jpg 300w, https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/06.-Juan-Vicente-Gonz\u00e1lez.jpg 618w\" sizes=\"(max-width: 348px) 100vw, 348px\" \/><\/p>\n<p>Durante la d\u00e9cada que parte de 1840, Antonio Leocadio guzm\u00e1n fund\u00f3, junto a Juan Vicente Gonz\u00e1lez (1810-1866), la <em>Sociedad Liberal de Caracas<\/em>. Colabora, como \u00e9l, en el peri\u00f3dico \u201cEl Venezolano\u201d, que sirvi\u00f3 de veh\u00edculo a las ideas del liberalismo. Luego Gonz\u00e1lez rompe con Guzm\u00e1n y enfila sus bater\u00edas contra \u00e9l. En una actitud de conservadurismo expresada de manera muy ambigua, a trav\u00e9s de lo que mariano Pic\u00f3n Salas llama \u201cun fervoroso catolicismo po\u00e9tico\u201d, sustituye la adusta teolog\u00eda de otros tiempos. Es tan ambigua la posici\u00f3n de Gonz\u00e1lez, que ello le hace decir a Pic\u00f3n Salas que \u00e9ste \u201cno tiene perspectiva, tiene espesor y profanidad, es un rom\u00e1ntico\u201d.<\/p>\n<p>Por el a\u00f1o 1840, Gonz\u00e1lez estaba colaborando con el peri\u00f3dico \u201cEl Venezolano\u201d, del cual se retira, una vez se define el programa de Guzm\u00e1n como instrumento de \u201cvulgarizar los rudimentos de la pol\u00edtica o de nivelar la democracia\u201d, como hab\u00eda dicho Gil Fortoul, lo cual choca con los cepos de su personalidad creadora, donde se perciben ecos grecolatinos y franceses, pero que tienen mucho de \u00e1gil y se prestan a los juegos audaces de la parodia. Con este mismo \u00edmpetu, Gonz\u00e1lez practica el periodismo y escribe los famosos editoriales de \u201cEl Heraldo\u201d, las cuales fundan, en cierto modo, nuestro nacionalismo literario, entendido \u00e9ste como un di\u00e1logo muy vivaz y siempre muy did\u00e1ctico con la historia reciente del pa\u00eds, tal como ocurre con la <em>Biograf\u00eda de Jos\u00e9 F\u00e9lix Ribas<\/em>, cr\u00f3nica con logros extraordinarios de prosa novelesca. Est\u00e1 presente en este libro el germen de lo que m\u00e1s tarde Tosta Garc\u00eda y Eduardo Blanco \u2013narradores \u00e9picos\u2013 aspirar\u00e1n en sus obras: cumplir la gesta heroica del pa\u00eds.<\/p>\n<p><strong>Cecilio Acosta y la pasi\u00f3n por la verdad<\/strong><\/p>\n<p><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"alignnone wp-image-2028\" src=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/fallecimiento-de-Cecilio-Acosta-300x192.jpg\" alt=\"\" width=\"345\" height=\"221\" srcset=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/fallecimiento-de-Cecilio-Acosta-300x192.jpg 300w, https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/fallecimiento-de-Cecilio-Acosta.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 345px) 100vw, 345px\" \/><\/p>\n<p>Cercano a Juan Vicente Gonz\u00e1lez por su modesta extracci\u00f3n social y por la serie de penurias materiales que sufri\u00f3, Cecilio Acosta (1818-1881) consign\u00f3 uno de los movimientos espirituales de Venezuela por excelencia. Tal excelencia va emparentada a la discreci\u00f3n, a un hacer en voz baja, a la realizaci\u00f3n de un ideal donde los conceptos de fe y religiosidad, aunados al sentimiento est\u00e9tico y literario, configuran uno de los caracteres donde mejor se define la nacionalidad. Esta nacionalidad nada tiene que ver con demag\u00f3gicos despliegues de nacionalismo, de enarbolar banderas en efem\u00e9rides patri\u00f3ticas. Tiene que ver, ante todo, con el compromiso hacia el dif\u00edcil tiempo que les toc\u00f3 vivir a estos humanistas, a quienes no vacilamos en calificar de h\u00e9roes civiles. \u00bfCon qu\u00e9 elementos podr\u00eda refundirse un esp\u00edritu de preservaci\u00f3n en el pa\u00eds, si no tomamos en cuenta el trazo n\u00edtido y fiel a un ideal, de las vidas de estos h\u00e9roes civiles?<\/p>\n<p>Con Cecilio Acosta se cierra una elipse, en el siglo XIX, de ciertos s\u00edmbolos de humanidad y compromiso. Se sabe que Acosta compuso versos \u201ca manera de pasatiempo\u201d; su elecci\u00f3n primordial se dirigi\u00f3 a los acontecimientos pol\u00edticos, econ\u00f3micos y legislativos, aunque sin olvidar su natural disposici\u00f3n a las letras. En un discurso suyo pronunciado en 1869 \u2013al concluir un certamen literario celebrado en el Senado, y promovido por la Escuela de Bellas Artes de Ca- racas\u2013 dice Acosta, contestando a la Real Academia Espa\u00f1ola por haberle nombrado miembro de esa instituci\u00f3n:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>Las letras lo son todo. Las letras viajan, son la luz que inunda en un instante el espacio y lo colora, la arista que lleva el grano de la idea y que es arrebatada por el viento de las edades, para llevar a todas partes germen, \u00e1rbol, flor, frutos. Las letras crean: Homero ha dado origen a mundos que \u00e9l no so\u00f1\u00f3 y que hoy ruedan en el vac\u00edo de la gloria (\u2026) \u00bfQu\u00e9 queda de Roma? \u2013Sus libros. \u00bfQu\u00e9 de la Edad media?<\/em><em> \u2013Sus cr\u00f3nicas. \u00bfQu\u00e9 del siglo XV? \u2013El Renacimiento. \u00bfQu\u00e9 de la edad horrible de C\u00e9sar Borgia? \u2013Maquiavelo. \u00bfQu\u00e9 de la Italia humillada del siglo XVI? \u2013Ariosto y Tasso (Acosta 1982).<\/em><\/p>\n<p>En 1831, cuando la familia Acosta llega a Caracas, el joven debe someterse desde entonces a la carest\u00eda material, en una de las \u00e9pocas m\u00e1s agitadas de la historia de Venezuela. Pero su f\u00e9rrea vocaci\u00f3n por lo justo y lo digno le forjan el temple. Ya Nariano Fortique hab\u00eda aconsejado al joven Cecilio, orient\u00e1ndolo en lo concerniente a religiosidad. En sus cartas, conversaciones, art\u00edculos de prensa, en peri\u00f3dicos como \u201cLa \u00c9poca\u201d y \u201cEl Centinela de la Patria\u201d (1847) hace de sus escritos una suerte de c\u00e1tedra diaria o de \u201clibro del pueblo\u201d, como una vez lo llam\u00f3 \u00e9l mismo. Se ocup\u00f3 entonces de que sus ideas fuesen claras, precisas, que revelaran algo al dif\u00edcil momento hist\u00f3rico de entonces. Aunque marginado de los gobernantes de su tiempo, el presidente Guzm\u00e1n Blanco lo llama en 1872 a formar parte de la Comisi\u00f3n Codificadora, pero sin ser valorado a\u00fan en su justa dimensi\u00f3n. Acosta termina por aislarse en su casa. Jos\u00e9 Mart\u00ed le conoci\u00f3 y le admir\u00f3, de tal modo percibi\u00f3 en \u00e9l las aspiraciones de Venezuela.<\/p>\n<p>Una de las piezas epistolares m\u00e1s importantes del siglo XIX la constituye <em>Cosas sabidas y por saberse <\/em>(1856), donde Acosta analiza la situaci\u00f3n de Venezuela, contextualiz\u00e1ndola en el plano internacional, v\u00e1lida en buena parte para el momento actual:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>Si el hombre no est\u00e1 en contacto con el hombre, y la humanidad con la naturaleza, su patrimonio y su regalo, la felicidad p\u00fablica es una esperanza que se sue\u00f1a, pero no una realidad que se posee. En la so<\/em><em>ciedad no importa tanto el n\u00famero que se cuenta, cuando el n\u00famero que tiene la capacidad y los medios <\/em><em>para el trabajo (\u2026) La luz va y viene, la vida es derecho, la palabra v\u00ednculo de uni\u00f3n, todas las almas se <\/em><em>hacen una sola alma, todos los pensamientos un solo pensamiento. (Acosta 1908-1909).<\/em><\/p>\n<p>Con similar claridad nos habla de los partidos pol\u00edticos. Muchos de los vicios que se\u00f1ala entonces en ellos son perfectamente aplicables a los de hoy d\u00eda:<\/p>\n<p><em>Estas observaciones generales, nacidas de la propia ley del desenvolvimiento y de la marcha del mundo social, fue menester hacerles preceder a la materia de los partidos pol\u00edticos que encabeza este art\u00edculo, <\/em><em>porque no deja de ser com\u00fan en ellos, mayormente en algunas partes de nuestra querida Am\u00e9rica, el abuso que hacen de su triunfo y preponderancia algunas veces, y otras su posici\u00f3n, su n\u00famero o la <\/em><em>perversi\u00f3n de las ideas en las multitudes (Acosta 1982).<\/em><\/p>\n<p>Con bastante frecuencia se le hizo saber a Cecilio Acosta que el ejercicio de la poes\u00eda no era bien visto en un hombre de leyes, ponderado y l\u00f3gico. Sin embargo, en el discurso que el escritor pronunci\u00f3 al concluir el certamen antes mencionado, conocido con el t\u00edtulo de <em>Las letras lo son todo, <\/em>Acosta realiza una admirable defensa de la literatura. Otro ejemplo de ensayo brillante de Acosta es su trabajo titulado <em>Influencia del elemento hist\u00f3rico y pol\u00edtico en la literatura dram\u00e1tica y en la novela. <\/em>No han sido muy frecuentes en la literatura venezolana las alusiones a la producci\u00f3n dram\u00e1tica; esta referencia de Acosta resulta una de las m\u00e1s completas que se hayan realizado: encontramos aqu\u00ed referencias al teatro espa\u00f1ol y franc\u00e9s, amenamente entretejidas. En lo que toca a novela, son profusas las referencias a Cervantes, Walter Scott y Luis V\u00e9lez de Guevara.<\/p>\n<p><strong>Tendencias dominantes en las \u00faltimas d\u00e9cadas del siglo XIX<\/strong><\/p>\n<p>Si hacemos hincapi\u00e9 en tendencias, vemos c\u00f3mo en un autor como Felipe Larraz\u00e1bal (1816- 1873), se observa una inclinaci\u00f3n al humanismo, expresada en su obra musical y literaria. Tanto en art\u00edculos, ensayos o estudios, Larraz\u00e1bal revela un claro dominio de los temas cl\u00e1sicos y una predilecci\u00f3n por los autores anglosajones. En su ensayo sobre John Milton se aproxima con especial lucidez no s\u00f3lo a la obra del gran poeta ingl\u00e9s, sino que contextualiza con destreza a diferentes autores coet\u00e1neos de Milton, y los relaciona con los procesos hist\u00f3ricos del siglo XVII, en un texto que funciona perfectamente dentro del \u00e1mbito de la semblanza, de un estilo que armoniza personalidad y escritura, biograf\u00eda y poes\u00eda. Habr\u00e1 que tomar en cuenta tales estudios de Larraz\u00e1bal sobre los autores ingleses para poder percatarse de su inmensa cultura literaria, la cual con seguridad le ayud\u00f3 a finar mejor su temple de m\u00fasico culto.<\/p>\n<p>El caso de Amenodoro Urdaneta (1829-1905) es completamente distinto. En \u00e9l la preocupaci\u00f3n est\u00e9tica est\u00e1 por momentos subsumida en consideraciones religiosas, como puede observarse en sus tratados sobre la fe y sobre la revoluci\u00f3n religiosa de Castelar. Efectos m\u00e1s liberados de esta influencia logra en sus libros dirigidos a los ni\u00f1os, donde confiere un car\u00e1cter did\u00e1ctico de importancia a la lectura infantil. Tambi\u00e9n se preocup\u00f3 por los aspectos formales de la gram\u00e1tica; pero su contribuci\u00f3n m\u00e1s importante en el campo del ensayo cr\u00edtico es sin duda <em>Cervantes y la cr\u00edtica <\/em>(1877), un libro at\u00edpico en el panorama interpretativo de su tiempo; primero por su exhaustividad y luego por el extraordinario talante de su prosa en el momento de tratar a un autor tan complejo como Cervantes. No hab\u00eda aparecido hasta entonces en la literatura venezolana un estudio tan ambicioso en sus dimensiones formales como \u00e9ste de Urdaneta, ni de tanta perspicacia en el momento de abordar a un autor tan universal.<\/p>\n<p>En cambio, la preocupaci\u00f3n formal de marco Antonio Saluzzo (1834-1912) parece ser la literatura hebrea \u2013a la que dedic\u00f3 dos libros panor\u00e1micos\u2013 aunque su prosa toma mejores caminos cuando aborda autores griegos y latinos de la antig\u00fcedad cl\u00e1sica. Su libro <em>Los tres m\u00e1ximos <\/em><em>oradores griegos <\/em>(1897) as\u00ed lo demuestra, especialmente en el cap\u00edtulo dedicado a Pericles. Pero tambi\u00e9n era capaz de considerar a los autores venezolanos, escribiendo sobre <em>Venezuela heroica, <\/em>la c\u00e9lebre gesta de nuestro Eduardo Blanco. En su libro <em>Estudios literarios <\/em>van incluidos varios ensayos sobre autores nacionales.<\/p>\n<p>Esta tendencia a historiar las literaturas extranjeras era muy propia del ensayo cr\u00edtico de entonces, que recib\u00eda el influjo del enciclopedismo franc\u00e9s \u2013como ocurre por ejemplo con Enrique Tejera\u2013 y al parecer dotaba de cierta reputaci\u00f3n a sus autores, adem\u00e1s de servir como referencia en escuelas y en los incipientes centros de estudio de la \u00e9poca. En el <em>Manual de literatura <\/em>(1891) y en la <em>Historia<\/em> <em>de<\/em> <em>la<\/em> <em>literatura<\/em> <em>espa\u00f1ola<\/em> (1915) de Felipe tejera (1846-1924), puede advertirse este sesgo, el cual llev\u00f3 quiz\u00e1 a extremos en sus <em>Perfiles venezolanos <\/em>(1881), obra que tantos opositores tuvo, por adaptarse a una forma reducida y en muchos momentos simplista acerca de los autores que trataba. El primer detractor de <em>Perfiles venezolanos <\/em>fue el poeta Juan Antonio P\u00e9rez Bonalde, quien lo consideraba pomposo, altisonante y parcializado hacia la tendencia criollista, de un nacionalismo desusado, donde adem\u00e1s se asoma el hecho de que el escritor \u201cdebe\u201d acercarse a la religiosidad o a Dios para lograr un eco trascendente, cuesti\u00f3n que molest\u00f3 a P\u00e9rez Bonalde, quien abogaba por una poes\u00eda esc\u00e9ptica, por dem\u00e1s tan propia de los poetas rom\u00e1nticos franceses y alemanes de entonces, principalmente de Heinrich Heine, a quien P\u00e9rez Bonalde tradujo y admir\u00f3 tanto.<\/p>\n<p>Este nuevo romanticismo representado por P\u00e9rez Bonalde constituy\u00f3 a la vez uno de los rasgos de la modernidad, y termin\u00f3 por darle la raz\u00f3n a \u00e9ste en la disputa con Tejera. El cr\u00edtico Julio Planchart cree que ambos escritores incurrieron en deslices personales y terminaron por olvidar el tema central de la discusi\u00f3n, que era el de la religiosidad y de las tendencias cient\u00edficas modernas, cuando se acercan al fen\u00f3meno po\u00e9tico. Llegaron a puntos tan col\u00e9ricos, que tejera termin\u00f3 por aplazar su proyecto de escribir otros dos tomos de <em>Perfiles venezolanos, <\/em>cuya utilidad referencial, ciertamente, pudo haber sido dudosa. El escritor colombiano miguel Antonio Caro particip\u00f3 en la pol\u00e9mica, buscando pretextos para desarrollar sus ideas personales acerca de la religiosidad y el idealismo en el arte, llegando a afirmar en una ocasi\u00f3n que \u201ctodo ideal en s\u00ed mismo es superior a la materia, y supone en quien lo concibe una tendencia ascendente, una aspiraci\u00f3n a lo infinito\u201d, tal como cita Planchart (miguel Antonio Caro, citado por Julio Planchart en la obra <em>Temas cr\u00edticos<\/em>; la primera edici\u00f3n de este libro data de 1948)<em>. <\/em>En cierto modo, Caro ayud\u00f3 a neutralizar la discusi\u00f3n entre los dos escritores venezolanos.<\/p>\n<p>Manuel Fombona Palacio (1857-1903) combin\u00f3 sus preocupaciones por las leyes con las preocupaciones literarias; fue due\u00f1o de una especial sensibilidad para acercarse a cada g\u00e9nero en particular; en poes\u00eda se aproxima a los autores neocl\u00e1sicos y tambi\u00e9n investiga en sus ensayos de interpretaci\u00f3n a los escritores espa\u00f1oles y americanos del clasicismo. En sus <em>Discursos <\/em>se puede percibir esta pasi\u00f3n que llega incluso hasta escritores de la antig\u00fcedad, como Homero, para acercarse luego a escritores hispanoamericanos.<\/p>\n<p><strong>Tendencias positivistas<\/strong><\/p>\n<p><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-medium wp-image-2031\" src=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/Lisandro-Alvarado-CorreodeLara-1-1280x720-300x169.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"169\" srcset=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/Lisandro-Alvarado-CorreodeLara-1-1280x720-300x169.jpg 300w, https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/Lisandro-Alvarado-CorreodeLara-1-1280x720-768x432.jpg 768w, https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/Lisandro-Alvarado-CorreodeLara-1-1280x720-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/Lisandro-Alvarado-CorreodeLara-1-1280x720.jpg 1280w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/p>\n<p>En escritores como Lisandro Alvarado (1858-1929), tenemos un ejemplo de la actitud del positivismo, cuando se observan la naturaleza y los fen\u00f3menos del lenguaje, y se investiga sobre el folklore y la antropolog\u00eda; aun cuando en una primera instancia es emp\u00edrico, intenta ser despu\u00e9s objetivo, en la medida en que se vale de un m\u00e9todo m\u00e1s cient\u00edfico para demostrar una teor\u00eda. En la valoraci\u00f3n del fen\u00f3meno literario, Alvarado se vale del \u201colfato\u201d del humanismo, para acercar- se a autores de todas las tendencias y \u00e9pocas. Otros trabajos de Alvarado sobre Cecilio Acosta y Carlos Borges merecen el calificativo de magn\u00edficos, pues condensan con agudeza y sin ninguna ret\u00f3rica el esp\u00edritu de estos dos grandes humanistas.<\/p>\n<p>En las postrimer\u00edas del siglo XIX la tendencia positivista comienza a afirmarse con fuerza en escritores como gil Fortoul, Luis L\u00f3pez M\u00e9ndez y C\u00e9sar Zumeta. En una glosa que realiza sobre \u201cUn discurso del Dr. Eduardo Calca\u00f1o\u201d, Luis L\u00f3pez M\u00e9ndez ataca sin ambages el estilo acad\u00e9mico de Calca\u00f1o, quien de paso se escuda en ideas religiosas para la poes\u00eda, y en hacerlas pasar por trascendentes. De la misma forma, va contra el estilo de los diccionarios, como el del publicado en Par\u00eds por J. Domingo Cort\u00e9s, donde \u00e9ste afirma que Jos\u00e9 Antonio Calca\u00f1o es <em>\u201cel poeta l\u00edrico <\/em><em>que m\u00e1s ha descollado en Venezuela\u201d<\/em>, pasando a compararlo con otros poetas venezolanos como miguel S\u00e1nchez Pesquera, Jacinto Guti\u00e9rrez Coll y Juan Antonio P\u00e9rez Bonalde. Asimismo, le dedica juicios atinados a la obra de Juan Vicente Gonz\u00e1lez como prosista.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 gil Fortoul (1861-1943), historiador por antonomasia, posee tambi\u00e9n tino para el juicio literario, como lo demuestra en el pr\u00f3logo al libro de cuentos <em>La balada de los muertos <\/em>de Luis L\u00f3pez M\u00e9ndez. Aqu\u00ed se esmera por ilustrar la notable trayectoria de este escritor venezolano que, con solo 28 a\u00f1os de edad, logr\u00f3 forjar una interesante obra de ficci\u00f3n, una clara conciencia cr\u00edtica para mirar la literatura de su tiempo, y adem\u00e1s de ello llevar a cabo una carrera diplom\u00e1tica brillante, a la par de una obra de reflexi\u00f3n pol\u00edtica que hab\u00eda comenzado desde su participaci\u00f3n en la famosa <em>Sociedad de Amigos del Saber<\/em>, en 1883.<\/p>\n<p>Gil Fortoul se sit\u00faa en la inc\u00f3moda frontera del siglo XIX y del XX, abocado ante todo a historiar, pero con un innegable sentido para observar las distintas manifestaciones de la cultura y el pensamiento. Su obra, como la de Julio Calca\u00f1o y C\u00e9sar Zumeta, busca mejor ubicaci\u00f3n en los albores del siglo XX, aunque manteniendo con el siglo XIX un di\u00e1logo natural.<\/p>\n<p>En 1903, la revista <em>El Cojo Ilustrado <\/em>abri\u00f3 un concurso literario en los g\u00e9neros de poes\u00eda, cuento y cr\u00edtica. Gil Fortoul envi\u00f3 un breve ensayo titulado \u201cLiteratura venezolana\u201d que result\u00f3 ganador del certamen en el \u00faltimo rengl\u00f3n, y es muy apropiado para ilustrar la tendencia valorativa del positivismo. En alguna parte de su escrito, gil Fortoul recalca, por ejemplo, su diferencia con Rufino Blanco Fombona en los siguientes t\u00e9rminos: \u201cCuando se trata de juzgar libros y escuelas, nuestros respectivos estilos literarios nos llevan por caminos diferentes\u201d (Jos\u00e9 gil Fortoul, \u201cLiteratura venezolana\u201d En: <em>El Cojo Ilustrado<\/em>, Caracas, 1903).<\/p>\n<p>C\u00e9sar Zumeta (1863-1955) y Julio Calca\u00f1o (1840-1918) tambi\u00e9n pueden considerarse escrito- res del siglo XX, pues en \u00e9ste alcanzaron su madurez expresiva. Zumeta se dedic\u00f3 m\u00e1s a la re- flexi\u00f3n hist\u00f3rica y pol\u00edtica, y pudiera decirse que es el pensador m\u00e1s notable acerca de los temas que ata\u00f1en al destino hist\u00f3rico de los pueblos americanos, como puede estimarse en su libro <em>El <\/em><em>continente enfermo <\/em>(1899); su reflexi\u00f3n sobre este particular se contin\u00faa en obras como <em>La ley del cabestro <\/em>(1902). Pero el contexto hist\u00f3rico de estas obras es el del siglo anterior. Ya avanzado el siglo XX, sus obras comienzan a adquirir connotaciones diferentes, como las observables en <em>Las potencias y su intervenci\u00f3n en Hispanoam\u00e9rica <\/em>(1963) y <em>Tiempo de Am\u00e9rica y Europa <\/em>(1962). Seg\u00fan Pic\u00f3n Salas, la personalidad de Zumeta \u201cabri\u00f3 camino al movimiento modernista, al cosmopolitismo y a la preocupaci\u00f3n art\u00edstica que se observar\u00e1 en nuestra literatura despu\u00e9s del a\u00f1o 1890\u201d (mariano Pic\u00f3n Salas, \u201cProceso del pensamiento venezolano\u201d. En: Gabriel Jim\u00e9nez Em\u00e1n: 379- 390), cuesti\u00f3n visible en un libro suyo publicado en el \u00faltimo a\u00f1o del siglo XIX, <em>Escrituras y <\/em><em>lecturas, <\/em>en el cual trata autores como Leopardi y los hermanos Goncourt.<\/p>\n<p>Un art\u00edculo cr\u00edtico de Luis L\u00f3pez M\u00e9ndez sobre Juan Vicente Gonz\u00e1lez, publicado en 1866, es un ejemplo elocuente de c\u00f3mo se va alejando el sesgo impresionista de la apreciaci\u00f3n literaria, para entrar en un terreno m\u00e1s firme de la valoraci\u00f3n objetiva de una obra, donde L\u00f3pez M\u00e9ndez se atreve a calificar las poes\u00edas de Gonz\u00e1lez de \u201cpobres y descuidadas\u201d, mientras que cuando entra a hablar sobre obras de tema religioso \u2013como el <em>Jesucristo <\/em>de Ernesto Ren\u00e1n\u2013 se sit\u00faa en un punto muy preciso. Observa tambi\u00e9n en Gonz\u00e1lez, cuando habla de Leopardi, que imita a Lamartine cuando usa calificativos como el de \u201cfealdad resplandeciente\u201d. No olvidemos tampoco las consideraciones de L\u00f3pez M\u00e9ndez sobre el <em>Discurso <\/em>de Eduardo Calca\u00f1o, al que acusa de poseer \u201cun cuerpo en que s\u00f3lo se alberga el esp\u00edritu del pasado\u201d (Luis L\u00f3pez M\u00e9ndez 1892). Todo ello bastar\u00eda para encauzar la obra cr\u00edtica de L\u00f3pez M\u00e9ndez hacia un horizonte de modernidad.<\/p>\n<p>M\u00e1s afincada en la tradici\u00f3n literaria y ling\u00fc\u00edstica est\u00e1 la obra de Julio Calca\u00f1o, quien public\u00f3 su importante estudio <em>El castellano en Venezuela <\/em>en 1897 y una <em>Rese\u00f1a hist\u00f3rica de la literatura <\/em><em>venezolana<\/em> para un compendio titulado <em>La<\/em> <em>Am\u00e9rica<\/em> <em>literaria<\/em> en 1888. Tambi\u00e9n public\u00f3 cuentos y novelas al iniciarse el siglo XX, pero sus aportes principales se encuentran en la prosa de interpretaci\u00f3n, detectables en su ensayo <em>Tres poetas pesimistas del siglo XIX, <\/em>donde da muestras evidentes de un conocimiento profundo del tema del pesimismo en Byron, Shelley y Leopardi. El ensayo dedicado a Shelley es probablemente el m\u00e1s completo de cuantos se hayan escrito en Venezuela sobre el mayor poeta del romanticismo ingl\u00e9s, y valora de manera admirable \u2013hist\u00f3rica, est\u00e9tica y vital\u2013 una sensibilidad clave para entender a carta cabal las prefiguraciones del romanticismo en el esp\u00edritu moderno de nuestros tiempos.<\/p>\n<p><strong>Entrada al siglo XX<\/strong><\/p>\n<p>En los primeros ensayos escritos en el siglo XX en Venezuela, se puede percibir ya una nueva voluntad de interpretaci\u00f3n presente sobre todo en autores del modernismo como Manuel D\u00edaz Rodr\u00edguez, Pedro Emilio Coll y Rufino Blanco Fombona, y en otras tendencias americanistas representadas en autores como Pedro C\u00e9sar Dominici, Santiago Key-Ayala y Luis Correa. Y luego, en una acepci\u00f3n m\u00e1s moderna, tenemos los intentos de cr\u00edtica sistem\u00e1tica de Julio Planchart y el desenfado y la lucidez de Jes\u00fas Semprum, quien le dio un giro al ensayo cr\u00edtico desde la forma breve. En fin, ya hemos entrado al siglo XX, aunque siempre arrojando una nueva mirada hacia el siglo precedente.<\/p>\n<p>El ensayo en todas sus vertientes \u2013literario, hist\u00f3rico, pol\u00edtico\u2013 fue la forma m\u00e1s lograda, en el siglo XIX, de expresar las preocupaciones sociales e intelectuales de Venezuela en tiempos de una definici\u00f3n nacional extremadamente dif\u00edcil, que nos ha sido legada, hoy por hoy, como una manera de abrirnos hacia una vasta reflexi\u00f3n, una meditaci\u00f3n donde no pueden estar ausentes los fen\u00f3menos de la historia y de la cultura. Y en el centro de ellos, como un puente que une a dos grandes r\u00edos, el di\u00e1logo infinito de la literatura.<\/p>\n<p><strong>Bibliograf\u00eda<\/strong><\/p>\n<p>Acosta, Cecilio (1908-1909): <em>Obras. <\/em>Caracas: Empresa El Cojo.<\/p>\n<p><u>\u00a0<\/u><u>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/u> (1982): \u201cLas letras lo son todo\u201d. <em>Obras completas. <\/em>Caracas: La Casa de Bello, tomo 2.<\/p>\n<p><u>\u00a0<\/u><u>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/u> (1982): \u201cCosas sabidas y por saberse\u201d. <em>Obras completas. <\/em>Caracas: La Casa de Bello, tomo 2.<\/p>\n<p>Baralt, \u00a0Rafael \u00a0mar\u00eda \u00a0(1963): \u00a0\u201cChateaubriand \u00a0y \u00a0sus \u00a0obras\u201d \u00a0En: \u00a0<em>Rafael \u00a0Mar\u00eda \u00a0Baralt, \u00a0<\/em>Caracas: Colecci\u00f3n Cl\u00e1sicos Venezolanos de la Academia Nacional de la Lengua: 162-178.<\/p>\n<p>Bello, Andr\u00e9s (1985): <em>Obra literaria. <\/em>Caracas: Fundaci\u00f3n Biblioteca Ayacucho.<\/p>\n<p>Bol\u00edvar, Sim\u00f3n (1992): <em>Obras completas<\/em>. Madrid: Maveco de Ediciones, vol. III.<\/p>\n<p>Blanco\u00a0 \u00a0Fombona, \u00a0Rufino \u00a0(1903\/1957): \u00a0\u201cLiteratura \u00a0venezolana\u201d. \u00a0<em>El \u00a0Cojo \u00a0Ilustrado. \u00a0<\/em>Caracas, 1903. Incluido tambi\u00e9n en el libro <em>P\u00e1ginas de ayer. <\/em>Caracas: ministerio de Educaci\u00f3n, 1957.<\/p>\n<p>Gil Fortoul, Jos\u00e9 (1903): \u201cLiteratura venezolana\u201d, en: <em>El Cojo Ilustrado. <\/em>Caracas.<\/p>\n<p>Jim\u00e9nez Em\u00e1n, Gabriel (1988-1991): <em>El<\/em> <em>ensayo<\/em> <em>literario en Venezuela. <\/em>Compilaci\u00f3n, pr\u00f3logo y notas de Gabriel Jim\u00e9nez Em\u00e1n. Caracas: Ediciones La Casa de Bello, Colecci\u00f3n Zona t\u00f3rrida.<\/p>\n<p>L\u00f3pez M\u00e9ndez, Luis (1892): <em>Mosaico de pol\u00edtica y literatura. <\/em>Liverpool: Philip, Son &amp; Nephew, South Castle Street.<\/p>\n<p>Pic\u00f3n Salas, Mariano (1921): \u201cPr\u00f3logo\u201d a <em>P\u00e1ginas escogidas <\/em>de Juan Vicente Gonz\u00e1lez. Caracas: Manrique &amp; Ram\u00edrez \u00c1ngel Editores.<\/p>\n<p>Planchart, Julio (1941\/1984): \u201cFelipe tejera\u201d, diciembre de 1941. Incluido en el libro <em>Cr\u00edticos<\/em> <em>venezolanos (desde Bol\u00edvar a Jes\u00fas Semprum). <\/em>Pr\u00f3logo de Pedro grases. Caracas: Fundaci\u00f3n de Promoci\u00f3n cultural de Venezuela, 1984.<\/p>\n<p>Planchart, Julio (1972): <em>T<\/em><em>emas<\/em> <em>cr\u00edticos<\/em>. Caracas: Ediciones de la Presidencia de la Rep\u00fablica.<\/p>\n<p>Rodr\u00edguez, Sim\u00f3n (1981): <em>Obras completas, <\/em>Caracas: Universidad Nacional Experimental Sim\u00f3n Rodr\u00edguez.<\/p>\n<h6>*Fuente: Revista Nuestra Am\u00e9rica. Agosto-diciembre 2007. Pp. 75-92.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gabriel Jim\u00e9nez Em\u00e1n Durante la Colonia, el incipiente panorama literario venezolano estuvo dominado por la presencia de los llamados Cronistas de Indias, provenientes de Europa, quienes llevaron a sus obras, de la manera m\u00e1s fantasiosa, las descripciones acerca del Nuevo mundo. 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