{"id":2014,"date":"2021-10-21T21:35:35","date_gmt":"2021-10-21T21:35:35","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=2014"},"modified":"2025-07-12T10:20:46","modified_gmt":"2025-07-12T14:50:46","slug":"el-cuento-venezolano-en-el-siglo-veinte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/el-cuento-venezolano-en-el-siglo-veinte\/","title":{"rendered":"El cuento venezolano en el siglo veinte: bases para su comprensi\u00f3n y estudio"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><strong>Steven Berm\u00fadez Ant\u00fanez\/Jes\u00fas Medina Fuenmayor<\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p><strong>La comprensi\u00f3n del cuento venezolano: desde el canon y otras enfermedades<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Q<\/em>ueremos iniciar este acercamiento a la comprensi\u00f3n del cuento venezolano (el cual basaremos, fundamentalmente, en el apoyo que nos brindar\u00e1 la construcci\u00f3n de una base de datos sobre los libros publicados durante el siglo veinte) guiados por el conocimiento previo del canon literario que entorno a este g\u00e9nero se conform\u00f3 en Venezuela durante el siglo pasado.<\/p>\n\n\n\n<p>El canon literario supone una relaci\u00f3n tensa de intereses, confrontados por distintas visiones sobre cu\u00e1les obras ser\u00edan las imprescindibles; o por lo menos, las m\u00e1s sobresalientes que recibir\u00edan una valoraci\u00f3n tal en una literatura determinada. Visto as\u00ed, recoge las muestras que merecen ser analizadas, le\u00eddas una y otra vez, antologadas, rese\u00f1adas y nunca olvidadas. En definitiva, el canon contiene las obras que son retenidas institucional e intencionalmente por algunos principios de selectividad (Zanetti, 2000: 229). H. R. Jauss (2000) considera el canon literario como el conjunto de obras magistrales de la literatura. En esta concepci\u00f3n de Jauss, el adjetivo \u00abmagistral\u00bb le incorpora una restricci\u00f3n casi perturbadora dado que tal \u00abmaestr\u00eda\u00bb ser\u00eda arriesgada para su determinaci\u00f3n. En el caso de los pa\u00edses latinoamericanos, muchas veces la cr\u00edtica encargada de promover estos \u00abejemplares modelos\u00bb ha incurrido en subjetivismos y, sin argumentos rigurosos, exalta unas obras en detrimento de otras. En el caso que nos ocupa (el cuento venezolano), su canon se conform\u00f3 a partir de nociones conceptuales y criterios heredados del siglo XIX. Esto a pesar de que el g\u00e9nero se desarrollar\u00eda realmente en el siglo XX<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>. As\u00ed encontramos que la noci\u00f3n de <em>movimientos o generaciones literarias <\/em>y la consecuente ordenaci\u00f3n cronol\u00f3gica de las obras por <em>ismos <\/em>(neoclasicismo, romanticismo, naturalismo, entre otros), fueron las pautas m\u00e1s comunes de la cr\u00edtica literaria venezolana a la hora de decidir qu\u00e9 y qui\u00e9n merec\u00eda ser elegido. Esta opci\u00f3n o alternativa metodol\u00f3gica qued\u00f3 consolidada y legitimada con el libro <em>La literatura venezolana en el siglo XIX, <\/em>de Gonzalo Pic\u00f3n Febres, publicado en 1906.<\/p>\n\n\n\n<p>En este sentido, el cuento venezolano es comprendido y clasificado, en su origen, a trav\u00e9s de la mirada de dos movimientos literarios claves en la historia de la literatura latinoamericana: el modernismo y el criollismo<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a>. No hay dudas de que la revista cultural <em>El Cojo Ilustrado<\/em><a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\"><strong>[3]<\/strong><\/a>&nbsp; fue un \u00f3rgano determinante en la divulgaci\u00f3n y circulaci\u00f3n p\u00fablica de los primeros cuentos venezolanos, los cuales correspond\u00edan a las caracter\u00edsticas de los movimientos antes mencionados, a pesar de quela l\u00ednea editorial de la revista estaba orientada, principalmente, hacia la divulgaci\u00f3n de la literatura venezolana modernista. De hecho, entre sus colaboradores figuran escritores ampliamente reconocidos dentro de las filas de esta corriente est\u00e9tica: Manuel D\u00edaz Rodr\u00edguez, Pedro Emilio Coll, entre otros.<\/p>\n\n\n\n<p>En el a\u00f1o 1896, esta revista promueve su primer concurso de cuentos, el cual ser\u00e1 decisivo para la consolidaci\u00f3n del g\u00e9nero en Venezuela. En uno de los n\u00fameros posteriores a la fecha de la divulgaci\u00f3n de la obra ganadora, se publicaron todos los cuentos participantes en el concurso. Este n\u00famero especial (antol\u00f3gico) estimul\u00f3 la creaci\u00f3n y publicaci\u00f3n de m\u00e1s cuentos, as\u00ed como un sostenido incremento en la participaci\u00f3n de obras en las ediciones posteriores. Precisamente, los ganadores y muchos de los finalistas de este primer concurso ser\u00edan nombres que se mantendr\u00edan vigentes en las antolog\u00edas del cuento venezolano, publicadas a lo largo del siglo XX. Entre estos, aparecen los de Rufino Blanco Fombona, Pedro Emilio Coll, Jos\u00e9 Rafael Pocaterra, Luis Manuel Urbaneja y Manuel D\u00edaz Rodr\u00edguez.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay que destacar, en este caso, que la difusi\u00f3n del g\u00e9nero estuvo soportada, en esta primera etapa, en la publicaci\u00f3n de cuentos individuales, en ejemplares sueltos, en muestras \u00fanicas y solitarias de un autor y no en libros que recogieran un conjunto de cuentos en el cual se pudiera determinar una propuesta est\u00e9tica consolidada al respecto.<\/p>\n\n\n\n<p>La primera antolog\u00eda del cuento venezolano de la que tenemos noticia se titula <em>Los mejores cuentos venezolanos<\/em>, cuyo compilador es Valent\u00edn de Pedro y su fecha de publicaci\u00f3n es 1923. En esta antolog\u00eda se re\u00fanen obras de los cuentistas anteriormente mencionados: D\u00edaz Rodr\u00edguez, Pocaterra, Urbaneja Achephol, Blanco Fombona y Coll. La mayor\u00eda de estos autores, para la fecha de esta antolog\u00eda, contaban con, por lo menos, un libro de cuentos publicado. Estos nombres persistir\u00e1n en textos antol\u00f3gicos posteriores<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a> como en la <em>Antolog\u00eda del cuento moderno venezolano <\/em>(1940), cuyos compiladores son Arturo Uslar Pietri y Juli\u00e1n Padr\u00f3n, o en la <em>Antolog\u00eda del cuento venezolano <\/em>(1955) que estuvo bajo la responsabilidad de Guillermo Meneses. Permanecer\u00e1n, todav\u00eda, en <em>Relatos venezolanos del siglo XX <\/em>(1989), selecci\u00f3n que estuvo a cargo de Gabriel Jim\u00e9nez Em\u00e1n, y llegar\u00e1n hasta una de las antolog\u00edas m\u00e1s recientes<em>, La vasta brevedad <\/em>(2010), compilaci\u00f3n efectuada por Antonio L\u00f3pez Ortega, Carlos Pacheco y Miguel G\u00f3mez.<\/p>\n\n\n\n<p>El concurso de cuentos de <em>El Cojo Ilustrado<\/em>, y su l\u00ednea editorial en relaci\u00f3n con la concepci\u00f3n del cuento como g\u00e9nero, no solo contribuyeron con la proliferaci\u00f3n de obras y nuevos escritores, sino que tambi\u00e9n propiciaron reflexiones y preocupaciones en torno a los temas y asuntos que se deben atender. En este sentido, estos primeros representantes del cuento venezolano definieron con su obra un estilo, unas preocupaciones y unas tem\u00e1ticas que se mantendr\u00edan en el imaginario cr\u00edtico por d\u00e9cadas.<\/p>\n\n\n\n<p>En la antolog\u00eda de Uslar Pietri y Juli\u00e1n Padr\u00f3n, los nombres de los cuentistas se ampl\u00edan considerablemente, sobre todo si se toma como contrastaci\u00f3n la antolog\u00eda de Valent\u00edn de Pedro. Los autores reunidos por Uslar y Padr\u00f3n son reagrupados por generaciones, las cuales est\u00e1n delimitadas por las distintas revistas que dieron difusi\u00f3n o le sirvieron de portavoz a sus obras entre los a\u00f1os de 1890 a 1935. As\u00ed tenemos que entre 1890 a 1910 los compiladores presentan los cuentistas cuya generaci\u00f3n public\u00f3, fundamentalmente, en las revistas <em>El Cojo Ilustrado <\/em>y <em>Cosm\u00f3polis<\/em>. La generaci\u00f3n siguiente parte de 1910 y se extiende hasta 1920, al amparo de otras dos revistas, <em>La Alborada <\/em>y <em>Sagitario<\/em>. En esta segunda generaci\u00f3n se destacan nombres que se sumar\u00e1n como parte del canon del cuento venezolano. Nos referimos especialmente a R\u00f3mulo Gallegos, Leoncio Mart\u00ednez y Julio Rosales. El grupo de cuentistas que va desde 1920 hasta 1925 se re\u00fane en torno a las revistas <em>Cultura venezolana <\/em>y <em>Actualidades<\/em>. Otros dos grupos de cuentistas reconocidos por los antologistas referidos son los aglutinados en <em>V\u00e1lvula <\/em>y <em>El ingenioso hidalgo<\/em>, en torno a 1929. El grupo de cuentistas vinculados con la <em>Revista Nacional<\/em>, <em>Elite <\/em>y la revista <em>Viernes <\/em>cierra la selecci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta propuesta antol\u00f3gica de Uslar Pietri y Juli\u00e1n Padr\u00f3n pone en evidencia la estrecha relaci\u00f3n que el cuento venezolano ha tenido, desde sus or\u00edgenes, con las publicaciones peri\u00f3dicas de \u00edndole cultural y literaria. Las publicaciones peri\u00f3dicas representaron el espacio propicio para el nacimiento y desarrollo del cuento en Venezuela, quiz\u00e1s por la inmediatez de su difusi\u00f3n, o por lo bien que se ajusta este g\u00e9nero a las exigencias de espacio o porque exist\u00edan pocas alternativas editoriales que aprovechar. Indiferentemente de la raz\u00f3n o las razones que estimularon este v\u00ednculo, los cuentistas publican con relativa rapidez y frecuencia, y sus textos se somet\u00edan al juicio p\u00fablico de forma inmediata. El intercambio entre p\u00fablico, cuentistas y cr\u00edticos era casi simult\u00e1neo, en un determinado n\u00famero de alguna de estas revistas pod\u00eda aparecer una cr\u00edtica sobre un cuento publicado en el n\u00famero anterior. Como dijimos antes, el dinamismo imprimido por esta relaci\u00f3n gener\u00f3 prematuramente (desde <em>El Cojo Ilustrado<\/em>) una matriz de opini\u00f3n sobre el rumbo tem\u00e1tico por el que deb\u00eda afanarse el cuento venezolano: lo nacional o <em>el alma venezolana en tierra venezolana<\/em>, para decirlo con palabras del mismo Uslar Pietri.<\/p>\n\n\n\n<p>La relaci\u00f3n tel\u00farica entre el hombre y la tierra, el hombre y las costumbres, la b\u00fasqueda del ser venezolano en su tortuosa historia, es pues, el tema que se consagra en esos primeros cincuenta a\u00f1os del cuento venezolano que van de 1890 a 1940. En este sentido, el modernismo y el criollismo se constitu\u00edan en las tendencias estil\u00edsticas que mejor respond\u00edan a esa necesidad, que mejor denunciaban el conflicto de los personajes con el entorno y que mejor se\u00f1alaban el retorcido mundo social que hac\u00eda exasperante la vida del hombre. Los nombres de Pedro Emilio Coll, Manuel D\u00edaz Rodr\u00edguez, Rufino Blanco Fombona, Luis Manuel Urbaneja Achelpoohl y Jos\u00e9 Rafael Pocaterra eran referencia obligada y modelo del g\u00e9nero para las futuras generaciones. A esos nombres se suman los de R\u00f3mulo Gallegos (quien se destaca m\u00e1s en la novela, pero sin dejar de tener importancia en la narrativa corta), Leoncio Mart\u00ednez, Julio Rosales, Alejandro Fern\u00e1ndez, Antonio Arr\u00e1iz, Blas Mill\u00e1n, Julio Garmendia, Ram\u00f3n D\u00edaz S\u00e1nchez, Arturo Uslar Pietri y Pablo Dom\u00ednguez.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta matriz cr\u00edtica producida a la sombra de las revistas culturales y literarias sigui\u00f3 evolucionando hacia nuevas exigencias. Los j\u00f3venes escritores para esa d\u00e9cada del 40 y cierto sector de la cr\u00edtica literaria comenzaban a rebelarse contra los escritores consagrados; exig\u00edan una renovaci\u00f3n del g\u00e9nero tanto en su tem\u00e1tica como en sus t\u00e9cnicas narrativas y estilos. Las palabras de Liscano, que ser\u00e1n recurrentes en otros cr\u00edticos como Miliani, Araujo y Barrera Linares, exponen claramente los argumentos por los cuales se hace necesaria una nueva narrativa corta:<\/p>\n\n\n\n<p>En 1944, en <em>El papel literario <\/em>de El Nacional, el que esto escribe apuntaba en relaci\u00f3n con la cuent\u00edstica nacional: \u201cUna falta de inventiva caracteriza a nuestros cuentistas\u2026Para ellos no existe la ciudad, ni el hombre, en su aspecto general, ni la intimidad, ni el yo, ni la fantas\u00eda, ni el sue\u00f1o, ni el subconciente. Explotaci\u00f3n latifundista y protesta desorientada. Eso era todo. Venezuela era un conuco que pertenec\u00eda a un hacendado malo y explotador. Ese criterio condenaba el cuento a una muerte lenta y aburrida\u201d. Aunque tengamos que reconocer lo parcial de esa cr\u00edtica que parec\u00eda olvidar Cuentos grotescos de Pocaterra, fundamentalmente urbanos; los de Gallegos, ajenos por completo al planteamiento agrarista; los ensayos de lirismo naturalista de Meneses (La balandra, Borrachera, Adolescencia, Luna, entre otros, son anteriores a 1944 y enfocan solamente situaciones psicol\u00f3gicas sexuales), la Tienda de mu\u00f1ecos de Garmendia, muchas producciones de Uslar Pietri y de Antonio Arr\u00e1iz; entre otros intentos narrativos diferentes al tema se\u00f1alado por nosotros, valga como excusa la abundancia realmente exhaustiva de relatos basados en la condici\u00f3n miserable del jornalero del campo y los abusos de los jefes civiles y de los hacendados (Liscano, 1995:66).<\/p>\n\n\n\n<p>Esta cita podemos escrutarla desde varias perspectivas. En primer lugar, las excepciones que menciona Liscano son precisamente algunos de los escritores que conforman el canon del cuento venezolano en sus primeras etapas. En segundo lugar, las tendencias renovadoras que Liscano exige para el cuento venezolano parecieran reclamar mayor lirismo, profundidad psicol\u00f3gica de los personajes, contextos urbanos para las historias, intimidad en el lenguaje y en las incidencias narradas. En estos elementos podemos apreciar, a grandes rasgos, las exigencias que se le har\u00e1 a la cuent\u00edstica venezolana a los largo de la d\u00e9cada del 40. As\u00ed mismo, no es casual que Liscano haga referencia a una publicaci\u00f3n suya en el peri\u00f3dico <em>El Nacional <\/em>precisamente en la d\u00e9cada del 40. Este peri\u00f3dico, al entender de Orlando Araujo (1988), propici\u00f3 una de las discusiones m\u00e1s controversiales entre generaciones de escritores. La controversia estuvo centrada en la necesidad de renovaci\u00f3n de la narrativa venezolana. Por un lado, escritores y cr\u00edticos consagrados como Uslar Pietri, Pic\u00f3n Salas y, curiosamente, el mismo Liscano, defienden, de los reclamos y exigencias de j\u00f3venes, la narrativa (en este caso espec\u00edfico se refer\u00edan a la novela) escrita hasta entonces. Escritores j\u00f3venes como Rodolfo Izaguirre, Adriano Gonz\u00e1lez Le\u00f3n, Guillermo Meneses ped\u00edan una renovaci\u00f3n urgente de la narraci\u00f3n venezolana. La exigencia no estaba en solicitar que otros hicieran el cambio, sino en defender las renovaciones que ellos mismos estaban proponiendo desde sus textos. Esta discusi\u00f3n, que transit\u00f3 la d\u00e9cada del 50 y parte del 60, defini\u00f3 una nueva matriz cr\u00edtica entre escritores y cr\u00edticos literarios que ve\u00edan la necesidad de renovaci\u00f3n del cuento venezolano. A nuestro entender, es importante tener esto presente dado que el peri\u00f3dico <em>El Nacional <\/em>promover\u00e1 un concurso de cuentos, para la segunda mitad del siglo XX, y este tendr\u00e1 el mismo alcance (y, evidentemente, mucho m\u00e1s) al obtenido en aquel certamen de cuentos promovido por <em>El Cojo Ilustrado <\/em>a finales del siglo XIX. La impronta del concurso de El Nacional ha sido tan determinante, que llegar\u00e1 a imponer hasta una <em>est\u00e9tica <\/em>en la escritura de cuentos en Venezuela. Una vez m\u00e1s contin\u00faa el cuento venezolano conformando su canon a la sombra de \u00f3rganos de difusi\u00f3n peri\u00f3dica (revistas y peri\u00f3dicos). Anteriormente ped\u00edamos tener presente esta nueva matriz generada en la d\u00e9cada del 40 sobre la necesidad de renovaci\u00f3n de la narrativa (cuento y novela) venezolana y los diferentes galardonados del concurso anual de <em>El Nacional<\/em><a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\"><strong>[5]<\/strong><\/a> se ajustaron, en su mayor\u00eda, a estas nuevas exigencias. Guillermo Meneses con <em>La mano junto al muro <\/em>es uno de los nombres que siempre saltan a la memoria; pero tambi\u00e9n podemos hacer referencia a las tres veces que ganara el narrador Antonio M\u00e1rquez Salas<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">[6]<\/a>, cuyo estilo presenta fragmentadas incidencias de historias inacabadas generando en el p\u00fablico com\u00fan, desconcierto y rechazo. Otros nombres se van sumando a la lista de cuentistas venezolanos que se acogen al llamado de \u00abrenovaci\u00f3n\u00bb tanto est\u00e9tica (formal) como tem\u00e1tica. All\u00ed podemos identificar a Oswaldo Trejo, Luis Britto Garc\u00eda, Alfredo Armas Alfonso, entre muchos otros. Tanto fue la inclinaci\u00f3n de premiar esta tendencia experimentalista por parte de los jurados sucesivos del concurso que, como advertimos m\u00e1s arriba, se estableci\u00f3 casi un <em>estilo <\/em>en los cuentos premiados por el jurado del concurso:<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1rquez Salas y Guaramato implantaron una escritura que lleg\u00f3 a constituir casi el estilo de El Nacional. Hubo quienes intentaron imitarlo para alcanzar el codiciado acceso a la fama. Las simultaneidades del tiempo, las frases reiteradas, ciertas modalidades en la implantaci\u00f3n de met\u00e1foras e im\u00e1genes minaron muchos relatos que terminaron por debilitar la escritura; fueron los momentos de letargo.<\/p>\n\n\n\n<p>La eufon\u00eda de la frase, casi verso, original en Guaramato, especialmente en la ni\u00f1a vegetal, en los imitadores produjo una prosa rimada e inconsciente\u201d (Miliani, 1992: 8)<\/p>\n\n\n\n<p>Esta tendencia al experimentalismo, consolidada plenamente en las d\u00e9cadas de los 60 y 70, fue ganando seguidores entre los j\u00f3venes escritores y los cr\u00edticos de literatura en Venezuela; a pesar de los retos a que obligaba, las limitaciones que impon\u00eda y de las respuestas generadas en el \u00abhorizonte de expectativas\u00bb del lector com\u00fan. Como ya lo hemos dicho, un sector de la cr\u00edtica literaria se enfrentaba a los abusos de esta tendencia y se\u00f1alaba con preocupaci\u00f3n sus consecuencias sobre el g\u00e9nero como tal. Ya para1950, en <em>El papel literario<\/em><a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\"><strong>[7]<\/strong><\/a> de <em>El Nacional <\/em>(13 de agosto), Arturo Uslar Pietri advert\u00eda sobre este asunto:<\/p>\n\n\n\n<p>Es evidente, por ejemplo, que en nuestros cuentos est\u00e1 predominando una peligrosa tendencia hacia una especie de impresionismo po\u00e9tico que se contenta principalmente con frases e im\u00e1genes. Es el cuento concebido como poema en prosa con gran olvido de todos sus otros elementos vitales. El resultado de todo esto es el desd\u00e9n de la acci\u00f3n y la consideraci\u00f3n de los personajes desde fuera como meros elementos decorativos de la composici\u00f3n. Si esto persiste podr\u00eda representar no solo un agotamiento, sino la desnaturalizaci\u00f3n del g\u00e9nero. Tambi\u00e9n hay que pensar que esos cuentos sin personajes, sin conflicto humano v\u00e1lido, sin acci\u00f3n, sostenido solamente sobre un juego de im\u00e1genes y de impresiones po\u00e9ticas, han de estar confinados a un m\u00ednimo p\u00fablico de literatos, sin poder llegar al p\u00fablico lector, con grave perjuicio para la cultura nacional y para la literatura nacional (Uslar, 1950: 14<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\">[8]<\/a>)<\/p>\n\n\n\n<p>La disputa se prolongar\u00e1 hasta finales de los 60, cuando emergen narradores que, sin renunciar al experimentalismo en las t\u00e9cnicas narrativas, retoman los otros elementos del cuento que Uslar Pietri se\u00f1alaba. Entre esos cuentistas destacan Laura Antillano, Adriano Gonz\u00e1lez Le\u00f3n, Ednodio Quintero, David Alizo, Rafael Z\u00e1rraga, Gustavo Luis Carrera y Antonieta Madrid.<\/p>\n\n\n\n<p>En este sentido, si tuvi\u00e9ramos que establecer algunos <em>criterios de selectividad<\/em>(los que hemos evidenciado) por los que, primordialmente, se han orientado los cr\u00edticos y los ant\u00f3logos para la conformaci\u00f3n de un canon del cuento venezolano durante el siglo veinte, abogar\u00edamos por se\u00f1alar a tres grandes grupos: primero, <em>los cuentistas y cuentos fundadores, <\/em>quienes que con el apoyo de las revistas <em>El Cojo Ilustrado <\/em>y <em>Cosm\u00f3polis <\/em>y con el modernismo y el criollismo como escudo y bandera, fueron sentando las bases de una propuesta de un mundo ficcional preocupado por los conflictos sociales y pol\u00edticos del entorno y con los que los personajes entraban en conflicto. El siguiente grupo los conformar\u00edan <em>los cuentistas y cuentos renovadores<\/em>, quienes se valieron de nuevas t\u00e9cnicas narrativas para redimensionar el acto de contar. Por \u00faltimo<em>, los cuentistas y cuentos conservadores-experimentalistas<\/em>, quienes sin renunciar a los elementos tradicionales y claves que definen el cuento como g\u00e9nero literario, se atreven a desordenarlos, a exprimirlos, a trastocarlos, a proponer otras alternativas o formas de mirar los hechos narrados<a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\">[9]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed encontramos que, frente a estos grupos de cuentistas y cuentos venezolanos, los compiladores de antolog\u00edas publicadas despu\u00e9s de 1950, se inclinan por el \u00e9nfasis de algunos de ellos. En una antolog\u00eda como <em>Ficci\u00f3n 67<\/em>, publicada en 1967, el criterio orientador se enmarca en el seguido para la escogencia del grupo de <em>los fundadores<\/em>. Los cuentos y los cuentistas se seleccionaron dado que, seg\u00fan el compilador, daban respuestas a las circunstancias hist\u00f3ricas en que viv\u00eda el escritor para ese entonces. As\u00ed lo deja taxativamente inscrito el prologuista del libro, Pedro Beroes:<\/p>\n\n\n\n<p>Los cinco relatos que este volumen recoge, de autores diferentes, temas distintos y t\u00e9cnicas diversas tienen, sin embargo, algo esencial en com\u00fan: su apasionada preocupaci\u00f3n por el hombre venezolano, en tanto hombre y en tanto ciudadano, lo que envuelve profunda preocupaci\u00f3n por su destino individual y social&#8230; (p\u00e1g. 20).<\/p>\n\n\n\n<p>En el libro se aparecen nombres contempor\u00e1neos como H\u00e9ctor Malav\u00e9 Mata, Gustavo Luis Carrera, Adriano Gonz\u00e1lez Le\u00f3n, Enrique Izaguirre y H\u00e9ctor Mujica. En <em>Narrativa venezolana contempor\u00e1nea <\/em>(1971) de la compilaci\u00f3n de Rafael Di Prisco, aparecen obras de DavidAlizo, Alfredo Armas Alfonso, Orlando Araujo, Jos\u00e9 Balza, Gustavo Luis Carrera, Gustavo D\u00edaz Sol\u00eds, Jos\u00e9 Fabbiani Ruiz. Otra compilaci\u00f3n es <em>Distracciones (Antolog\u00eda del relato venezolano 1960-1974) (1974) <\/em>de Humberto Mata, en la cual se presentan cuentos de David Alizo, Mariela \u00c1lvarez, Laura Antillano, Jos\u00e9 Balza, Luis Brito Garc\u00eda, Yolanda Capriles, Marina Castro, Jos\u00e9 Colmenares, H\u00e9ctor de Lima y Mary Guerrero. En <em>Antolog\u00eda personal del cuento venezolano <\/em>(1977), de Jos\u00e9 Fabbiani Ruiz, se decanta por muchos nombres de los ya mencionados en los libros anteriores: Guillermo Meneses, Humberto Rivas Mijares, Gustavo D\u00edaz Sol\u00eds, Oscar Guaramato, Antonio M\u00e1rquez Salas, Adriano Gonz\u00e1lez Le\u00f3n.En <em>El gesto de narrar <\/em>(1998), compilado por Julio Miranda, el criterio que centra el libro esla promoci\u00f3n de nuevos valores narrativos o narradores de los \u00faltimos a\u00f1os y casi todos los seleccionados se ajustan al \u00faltimo grupo. De all\u00ed su atenci\u00f3n sobre Mariela \u00c1lvarez, Ednodio Quintero, SaelIba\u00f1ez, Lidia Rebrij, Earle Herrera, Rub\u00ed Guerra, \u00c1ngel Gustavo Infante.<\/p>\n\n\n\n<p>Los textos antol\u00f3gicos referidos en los p\u00e1rrafos precedentes son apenas algunos que nos sirven de ejemplo, pero en el resto de las antolog\u00edas publicadas despu\u00e9s de la d\u00e9cada del 70, con \u00e9nfasis en cuentistas contempor\u00e1neos, repiten los mismos nombres, orientados, a nuestro modo de entender, en algunos de los criterios antes expuestos. La atenci\u00f3n sobre las producciones m\u00e1s contempor\u00e1neas permiti\u00f3 que antolog\u00edas generales como las de Mar\u00eda Pilar Puig (1994) depuraran los nombres del primer grupo, de los cuentistas fundadores. Aunque esta depuraci\u00f3n comienza realmente en la <em>Antolog\u00eda del cuento venezolano <\/em>(1955) de Guillermo Meneses. En ella, aparecen ya la primera generaci\u00f3n de renovadores del cuento, pero tambi\u00e9n aparecen los fundadores, solo que el n\u00famero de autores del grupo fundador se reduce, comienzan a omitirse o desestimarse ciertos autores. Como ejemplo citamos solo dos escritores que aparecen en las antolog\u00edas de Valent\u00edn de Pedro y de Uslar y Padr\u00f3n: Enrique Soublette y Alejandro Fern\u00e1ndez. Estos cuentistas no aparecen ya en la antolog\u00eda de Meneses, a pesar de que estaban incluidos en las dos antolog\u00edas anteriores. Se pudiera pensar que el criterio que orient\u00f3 su exclusi\u00f3n fuera que, con el tiempo, estos narradores publicaron poco y hab\u00eda necesidad de destacar otros nombres m\u00e1s importantes que iban surgiendo. Este argumento pareciera ser suficientemente s\u00f3lido hasta que encontramos que Meneses reitera el nombre de Leoncio Mart\u00ednez, por ejemplo, con el cuento <em>Marcucho, el modelo<\/em>, el cual se convertir\u00e1 en una opci\u00f3n reiterada de los antologistas. Si bien es cierto que Mart\u00ednez es una figura representativa de <em>Fantoches<\/em>, no es menos cierto que su narrativa fue tambi\u00e9n reducida. Podr\u00edamos citar tambi\u00e9n el caso de Gallegos, cuya obra novel\u00edstica es de mayor importancia que sus narraciones cortas. A nuestro entender, el fundamento m\u00e1s poderoso fue que la necesidad de abrir espacios a la nueva y renovada cuent\u00edstica venezolana obligaba a los antologistas a ir excluyendo a los narradores de la primera generaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Reconocemos que, en algunas antolog\u00edas (no podemos asegurar que sea en todas), tambi\u00e9n entran en tensi\u00f3n otros criterios de selectividad m\u00e1s particulares, como lo pueden ser el mayor o menor acercamiento afectivo de los cuentistas con el compilador, la hegemon\u00eda de la capital (los que publican en Caracas) frente a las otras ciudades de la provincia (los que publican en ciudades del interior), el gusto lector del compilador, las tem\u00e1ticas abordadas, el l\u00edmite de p\u00e1ginas disponibles para el libro, etc. Insistimos, aunque reconoci\u00e9ndolas, no atenderemos estas variables en este trabajo. Para finalizar este apartado solo nos quedar\u00eda llamar la atenci\u00f3n sobre un aspecto supranacional, pero que deber\u00eda provocar una interesante reflexi\u00f3n al respecto.<\/p>\n\n\n\n<p>Del mismo modo como dentro de nuestros pa\u00edses se han producido antolog\u00edas, monograf\u00edas y estudios espec\u00edficos sobre el cuento, tambi\u00e9n ha ocurrido lo propio en el nivel territorial macro de nuestros encuentros simb\u00f3licos: Hispanoam\u00e9rica o Latinoam\u00e9rica. Diversas y numerosas son las antolog\u00edas propuestas sobre el cuento hispanoamericano. Una r\u00e1pida revisi\u00f3n de algunas de estas antolog\u00edas nos muestra un hecho revelador sobre el canon en nuestro pa\u00eds: los compiladores suelen acoger en estas antolog\u00edas los mismos nombres una y otra vez, en detrimento de otros cuentistas y otros cuentos considerados por la misma cr\u00edtica interna como emblem\u00e1tico. Veamos:<\/p>\n\n\n\n<ol>\n<li>En la antolog\u00eda Cuentos hispanoamericanos (Chile: Editorial Universitaria), editada por Mario Rodr\u00edguez Fern\u00e1ndez (su primera edici\u00f3n fue en el a\u00f1o 1970 y la 27 en 2005, se selecciona a Arturo Uslar Pietri con su cuento Lluvia.<\/li>\n\n\n\n<li>En la antolog\u00eda de Ricardo Latcham,Antolog\u00eda del cuento hispanoamericano contempor\u00e1neo: 1910-1956, tambi\u00e9n el afortunado es Uslar Pietri.<\/li>\n\n\n\n<li>En Antolog\u00eda del cuento fant\u00e1stico hispanoamericano. Siglo XX (Santiago de Chile: Editorial Universitaria, 2006) con selecci\u00f3n y notas de \u00d3scar Hann, la opci\u00f3n vuelve a ser Arturo Uslar Pietri con su cuento La lluvia.<\/li>\n\n\n\n<li>En el libro de Fernando Burgos, Antolog\u00eda del cuento hispanoamericano (M\u00e9xico: Ed. Porr\u00faa, 1991), frente a la variedad y riqueza existente para la fecha de publicaci\u00f3n de la antolog\u00eda, extra\u00f1amente se opta por Teresa de la Parra, quien es reconocida por sus dos novelas (Ifigenia y Memorias de Mam\u00e1 Blanca) y no por libros de cuentos.<\/li>\n\n\n\n<li>En la antolog\u00eda denominada Cuentos Latinoamericanos (Santiago de Chile: Editorial Andr\u00e9s Bello, 1999), cuyo compilador es Fidel Sep\u00falveda y Lorena D\u00edaz, se insiste con Uslar Pietri con su cuento La lluvia.<\/li>\n\n\n\n<li>En el libro Primeros cuentos de diez maestros latinoamericanos(Barcelona: Planeta. 1975), de \u00c1ngel Rama,de nuevo Arturo Uslar Pietri, pero esta vez con el cuento Barrab\u00e1s.<\/li>\n\n\n\n<li>Por \u00faltimo, en una de las que puede considerarse antolog\u00edas m\u00e1s famosas del cuento hispanoamericano, la de Seymour Mentor, llamada El cuento hispanoamericano. Antolog\u00eda critico-hist\u00f3rica (Fondo de Cultura Econ\u00f3mica\/ primera edici\u00f3n en 1964, segunda edici\u00f3n 1980, tercera edici\u00f3n, corregida y aumentada, 1986, cuarta edici\u00f3n, 1991 y segunda reimpresi\u00f3n, 1992), opta otra vez por Arturo Uslar Pietri y el cuento \u201cLa lluvia\u201d, en la secci\u00f3n de \u00abCosmopolitismo\u00bb. Sin embargo, aparece un nuevo representante: el escritor Luis Britto Garc\u00eda en la secci\u00f3n denominada Feminismo y violencia 1970- 1980. Los cuentos seleccionados de Brito Garc\u00eda son Usted puede mejorar su memoria, Muerte de un rebelde, Grupo y El monopolio de la moda.<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>\u00bfAd\u00f3nde nos lleva esta breve inspecci\u00f3n? A un punto misterioso: Si bien es cierto que Arturo Uslar Pietri es un respetado y buen escritor de cuentos (m\u00e1s adelante se presentar\u00e1 alguna prueba al respecto), la cr\u00edtica interna suele apreciarlo dentro del grupo de <em>los fundadores<\/em>; esto es, los que han estado m\u00e1s animados en mantener las convenciones del g\u00e9nero. Sin embargo, un cuentista como Guillermo Meneses y un cuento como <em>La mano junto al muro <\/em>(al cual la cr\u00edtica suele reivindicar como el proponente de la verdadera renovaci\u00f3n en la cuent\u00edstica nacional), no aparecen en ninguna antolog\u00eda fuera del territo nativo. El mismo destino viven muchos otros como Antonio M\u00e1rquez Salas, Oscar Guaramato, Antonia y Lucila Palacios, Gustavo D\u00edaz Sol\u00eds, Alfredo Armas Alfonso, Adriano Gonz\u00e1lez L\u00e9on, Laura Antillano, Ednodio Quintero, Gabriel Jim\u00e9nez Em\u00e1n, o el mism\u00edsimo Salvador Garmendia. Creemos que merece alguna explicaci\u00f3n cr\u00edtica esta discrepancia entre los criterios de selectividad con que se construyen las antolog\u00edas nacionales y las supranacionales.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Escribir y publicar cuentos en Venezuela durante el siglo veinte<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Esta investigaci\u00f3n, en su anterior apartado, procur\u00f3 ofrecer las pautas cr\u00edticas y gnoseol\u00f3gicas sobre las que se han generado la interpretaci\u00f3n, la clasificaci\u00f3n y la construcci\u00f3n de un canon en torno al cuento venezolano. Se procur\u00f3 exponer las principales l\u00edneas de acci\u00f3n de las que se han valido, los que a esta labor se han dedicado, para ofrecer explicaciones plausibles sobre los autores y los cuentos considerados como <em>ejemplares<\/em>, <em>protot\u00edpicos <\/em>y, por tanto, merecedores representativos del cuento nacional. Esto fue guiado por el hecho de que han permanecido, d\u00e9cada tras d\u00e9cada, en el reservorio simb\u00f3lico-cr\u00edtico nacional a trav\u00e9s de su reinserci\u00f3n en antolog\u00edas y en su selecci\u00f3n para la cr\u00edtica. Toca, ahora, escrutar tal posici\u00f3n. Nos apoyaremos, para este trayecto, en la base de datos creada dentro del proyecto de investigaci\u00f3n <em>Fuentes para una historia del cuento hispanoamericano. Siglo XX<\/em>. A trav\u00e9s de ella hemos podido constatar, tal como se lo propone este proyecto, no solo \u00ablas evidencias\u00bb, sino tambi\u00e9n \u00ablas carencias y las necesidades\u00bb<a href=\"#_ftn10\" name=\"_ftnref10\">[10]<\/a> que se presentan sobre el corpus de libros de cuentos publicados durante el siglo veinte en Venezuela. Sin embargo, se hace perentorio dejar sentado antes algunas puntualizaciones al respecto.<\/p>\n\n\n\n<p>En ning\u00fan momento consideramos esta base de datos como exhaustiva y cerrada. En el caso de Venezuela, existen una serie de variables situacionales (de orden estructural) que impiden tal aspiraci\u00f3n. Por ejemplo, en el proceso de recolecci\u00f3n de datos, nos encontramos que el trabajo de resguardo del material bibliogr\u00e1fico sobre el cuento (antolog\u00edas, libros de cuentos, cr\u00edtica, etc.) est\u00e1 sumamente disperso, pero que adem\u00e1s, existe una desconexi\u00f3n entre lo que ofrece la Biblioteca Nacional (Caracas) y las bibliotecas regionales y universitarias. Esta desconexi\u00f3n ofrece un obst\u00e1culo para tener informaci\u00f3n precisa y ver\u00eddica sobre todo o casi todo lo que se ha publicado en el pa\u00eds sobre este g\u00e9nero. De ah\u00ed que debamos prevenir que los datos con los que elevaremos nuestro enjuiciamiento, son datos que se consideran inconclusos y provisionales. Tuvimos conocimiento de libros de cuentos que, al no poder corroborar ning\u00fan dato de su publicaci\u00f3n (fecha, editorial y lugar), nos vimos forzados a no considerarlos. Otros (unos diecisiete libros) que aun cuando nos falta alg\u00fan dato relevante (lugar de publicaci\u00f3n o editorial) decimos incluirlos con la esperanza de que en el transcurso del tiempo, esta informaci\u00f3n se subsane<a href=\"#_ftn11\" name=\"_ftnref11\">[11]<\/a>. Por ello se considerar\u00e1 como fundamento interpretativo lo siguiente: los libros alojados en la base de datos son solo los \u00abregistrados\u00bb gracias a la verificaci\u00f3n de su existencia. No descartamos la existencia de otros que todav\u00eda no alcanzamos a localizar en esta primera fase y que esperan por ser incorporados m\u00e1s adelante.<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de lo expuesto arriba, no deseamos que se produzca una fisura en la necesaria credibilidad con que el lector debe leer lo hasta ahora encontrado. Consideramos que lo alojado en esta base de datos ofrece unas muy confiables cifras en torno a la publicaci\u00f3n de libros de cuentos sobre este g\u00e9nero en nuestro pa\u00eds. Es oportuno advertir, adem\u00e1s, que dado que nuestro an\u00e1lisis tomar\u00e1 como base gnoseol\u00f3gica las cifras que nos proveen los libros registrados hasta ahora, deseamos que esto no sea asumido desde el prejuicio ante los testimonios \u00abnum\u00e9ricos\u00bb con que muchas veces se enfrenta la investigaci\u00f3n social en el \u00e1rea literaria. Por el contrario, estos datos duros pueden ofrecer lo que pueden ofrecer: una perspectiva real sobre la producci\u00f3n cuent\u00edstica venezolana durante todo el siglo anterior.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos gustar\u00eda dejar sentado el procedimiento examinador con que se abordar\u00e1n las cifras ac\u00e1 expuestas. Dado que el trabajo costoso ha estado concentrado en el acopio del testimonio bibliogr\u00e1fico, queremos presentar algunos <em>resultados en cifras junto con algunas hip\u00f3tesis <\/em>que se proponen en una relaci\u00f3n causal. Insistimos, son solo <em>hip\u00f3tesis <\/em>que merecer\u00edan la profundizaci\u00f3n y verificaci\u00f3n plena en trabajos posteriores que este corpus ya posibilita.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>El cuento venezolano en cifras\u2026<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Proponemos iniciar este recorrido a partir de una recurrencia interpretativa que parece haber estado presente en el imaginario de algunos estudiosos venezolanos por muchos a\u00f1os y que, precisamente, el presente trabajo de recolecci\u00f3n emp\u00edrica nos permite evaluar en su grado de plausibilidad. Esta recurrencia consiste en la insistencia de afirmar que Venezuela es un pa\u00eds que produce poetas y cuentistas en menoscabo de los novelistas. El investigador Rafael Di Prisco fue uno de los primeros en hacerlo al poner en la primera p\u00e1gina de su trabajo (uno de los trabajos iniciadores sobre cr\u00edtica del cuento venezolano) la siguiente afirmaci\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Venezuela es un pa\u00eds de cuentistas <\/em>(el destacado es nuestro). Uno de los m\u00e1s f\u00e9rtiles del Continente. Afirmaci\u00f3n que corre hecha v\u00e1lida por los c\u00edrculos autorizados de cr\u00edtica. Esta fertilidad cuent\u00edstica nos ha llevado a obtener obras fundamentales en la novela. De ah\u00ed que, tanto en uno como en el otro, poseemos ya maestros y modelos (Di Prisco, 1969:)<\/p>\n\n\n\n<p>La idea de que Venezuela sea un pa\u00eds de <em>cuentistas <\/em>deja sentada la profunda creencia de que este g\u00e9nero posee una impronta productiva dif\u00edcil de desestimar. En esa misma direcci\u00f3n se afinca el escritor Arturo Uslar Pietri, en 1940, cuando afirm\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>El temperamento art\u00edstico venezolano, en t\u00e9rminos generales, se asocia m\u00e1s a lo po\u00e9tico y a lo intuitivo. Por otra parte, raros son los escritores venezolanos a quienes el temperamento o la ocasi\u00f3n han permitido entregarse plenamente al paciente trabajo de investigaci\u00f3n, decantamiento y estructuraci\u00f3n que exige la novela. Estas consideraciones acaso contribuyen a explicar por qu\u00e9 tenemos tan grande y valiosa familia de cuentistas, junto a contados ejemplos de novelistas de primer orden (Uslar Pietri, 1940:6-7).<\/p>\n\n\n\n<p>Es cierto que esta tesis est\u00e1 limitada por las visiones bastante deterministas y absolutamente conclusivas con que Uslar Pietri nos acostumbr\u00f3 a presentar sus interpretaciones de la historia y la realidad venezolana. No obstante, no por ello deja de ser relevante. La misma visi\u00f3n ser\u00e1 retomada, muchos a\u00f1os m\u00e1s tarde pero, m\u00e1s tangencialmente, por el cr\u00edtico y escritor Orlando Araujo. Araujo le asigna a uno de los cap\u00edtulos de su libro el subt\u00edtulo de \u00abEl pa\u00eds de los cuentos\u00bb. Dice Araujo: \u00abEn el pa\u00eds de los cuentos se alarga demasiado un ensayo que pretenda hacerse exhaustivo\u00bb (p\u00e1g. 293). Por su parte, el escritor Ednodio Quintero surge como una voz recriminatoria, con lo cual se deja constancia de la insistencia de esta creencia a lo largo de nuestra historia cr\u00edtica:<\/p>\n\n\n\n<p>Algunos cr\u00edticos suelen afirmar con desparpajo que Venezuela es un pa\u00eds de cuentistas. Atribuyen tal predilecci\u00f3n de nuestros narradores a la prisa, cuando no a cierta incapacidad para embarcarse en proyectos de \u00ablargo aliento\u00bb. <em>Se trata de una verdad a medias, pues, con raras excepciones, los novelistas han escrito tambi\u00e9n cuentos. Y en realidad son pocos los casos de escritores dedicados exclusivamente al cuento<\/em>.&nbsp; (Quintero, 1994). (El destacado es nuestro).<\/p>\n\n\n\n<p>Hagamos un par\u00e9ntesis en el recorrido argumental que estamos desarrollando. Deteng\u00e1monos por un momento en el destacado hecho de la cita de Quintero. Ella nos servir\u00e1 como un primer ejemplo del beneficio que nos puede proporcionar la base de datos que ahora hemos armado como fuente para el estudio del cuento. Suponemos que la afirmaci\u00f3n hecha por Quintero se sostiene en su \u00abimpresi\u00f3n\u00bb m\u00e1s que en el hecho de que cuente con datos comprobatorios que la acrediten. Cuando Quintero asevera que son \u00ab\u2026 pocos los escritores dedicados exclusivamente al cuento\u00bb, \u00bfa cu\u00e1ntos se refiere con \u201cpocos\u201d?<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfCu\u00e1ntos son \u00abpocos\u00bb? La evidencia bibliogr\u00e1fica alojada en nuestra base de datos es un recurso con el que se puede verificar cuantitativamente (\u00a1eso s\u00ed!) dicha afirmaci\u00f3n. Comprob\u00e9moslo. Empecemos por saber cu\u00e1ntos escritores hemos podido registrar y la relaci\u00f3n hombre\/mujer (escritor\/escritora) presente entre nuestros escritores.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Gr\u00e1fico <strong>UNO<\/strong>: <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Escritores venezolanos con libros de cuentos publicados durante el siglo veinte.<\/em><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-table\"><table><tbody><tr><td><strong>Categor\u00eda<\/strong><\/td><td><strong>Frecuencia<\/strong><\/td><td><strong>Porcentaje (%)<\/strong><\/td><\/tr><tr><td>Hombres<\/td><td>342<\/td><td>85,07 %<\/td><\/tr><tr><td>Mujeres<\/td><td>67<\/td><td>14,93 %<\/td><\/tr><tr><td>TOTAL<\/td><td>409<\/td><td>100 %<\/td><\/tr><\/tbody><\/table><\/figure>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan nuestro registro, 342 hombres (escritores) y 67 mujeres (escritoras) publicaron, por lo menos, un libro de cuentos durante el siglo veinte. La desproporci\u00f3n en la relaci\u00f3n hombre\/mujer merecer\u00eda atenci\u00f3n y critica. As\u00ed como tambi\u00e9n el hecho de que no es sino hasta las tres \u00faltimas d\u00e9cadas (1970, 1980, 1990) cuando la presencia de escritoras se hace relevante y elevada en la contribuci\u00f3n de libros de cuentos en el pa\u00eds. En los primeros cincuenta a\u00f1os del siglo veinte, las mujeres (escritoras) aportaron nueve libros de cuentos; distribuidos de la siguiente manera: 1935=1, 1938=1, 1942 = 1, 1943 = 1, 1944 = 1, 1946 = 2, 1950 = 2. En los a\u00f1os anteriores a esta fecha no hemos encontrado publicaci\u00f3n alguna. Esta informaci\u00f3n nos revela que, a pesar de que ya en los mismos albores del siglo veinte contamos con una de las escritoras m\u00e1s importante del continente como lo fue Teresa de la Parra (1889-1936), la mujer venezolana experiment\u00f3 una lent\u00edsima participaci\u00f3n y consolidaci\u00f3n en el acervo literario nacional. El drama de <em>Ifigenia <\/em>(1924) es el drama de la mujer venezolana de comienzos del siglo veinte, herencia del siglo anterior. Suponemos, as\u00ed, que existe una relaci\u00f3n por indagar entre este hecho y la tambi\u00e9n lenta (aunque progresiva) lucha de la mujer venezolana por conquistar derechos civiles como su incorporaci\u00f3n a las universidades, su derecho al trabajo m\u00e1s all\u00e1 del dom\u00e9stico y el ejercicio del voto.<\/p>\n\n\n\n<p>Consideramos que, como en gran parte del continente, la mujer venezolana padeci\u00f3 de un alto grado de hostilidad social al momento de plantearse incursionar en actividades p\u00fablicas m\u00e1s all\u00e1 de las convencionalmente reconocidas como propias del g\u00e9nero. Un signo inequ\u00edvoco de esta lucha reflejada en la productividad de la escritura quiz\u00e1 puede reconocerse en la gran poeta zuliana Mar\u00eda Calca\u00f1o (1906-1956). Su pasi\u00f3n por la escritura y por ejercer su libertad individual le produjo una vida de sobresaltos y enfrentamientos con la sociedad de su momento. De todos modos, habr\u00eda que destacar que mientras la escritora venezolana, en estas primeras d\u00e9cadas, no parece interesarse por este g\u00e9nero, s\u00ed lo hace por la novela. El trabajo de compilaci\u00f3n realizado por Dimo e Hidalgo de Jes\u00fas (1995) nos informan de que desde los albores del siglo veinte, tenemos escritoras publicando novelas, como es el caso de Magdalena Seijas con <em>Ave sin nido <\/em>en 1903 y <em>Amor y fe <\/em>en 1904. O Rafaela Torrealba \u00c1lvarez con <em>M\u00e1rtires de la tiran\u00eda<\/em>. Todas ellas, y muchas otras, enterradas en el olvido de la cr\u00edtica debido a la presencia hegem\u00f3nica de Teresa de la Parra. De todos modos, el hecho mostrado por el gr\u00e1fico tambi\u00e9n puede ser causado por la construcci\u00f3n de lo que, Barrera Linares (2005) llama, una \u00abegoteca\u00bb de la narrativa masculina en Venezuela. Esto es, una narrativa y una cr\u00edtica literaria escrita por hombres, para los hombres y donde solo se interesa visibilizar a los hombres. Esta afirmaci\u00f3n no es descabellada. Por ejemplo, la antolog\u00eda del cuento venezolano realizada por Arturo Uslar Pietri y Juli\u00e1n Padr\u00f3n en el 1940, la de Guillermo Meneses en el 1955 o la de Rafael Ram\u00f3n Castellanos en 1978, ninguna incluye a escritoras. Confirma, o por lo menos, alimenta esta tesis la siguiente aseveraci\u00f3n: \u00abEn Venezuela, aunque la escritura de la mujer ha sido b\u00e1sicamente excluida del canon literario nacional, en los a\u00f1os m\u00e1s recientes han surgido valiosos estudios en torno a la literatura producida por mujeres\u2026\u00bb (Dimo e Hidalgo de Jes\u00fas, 1995: 8).<\/p>\n\n\n\n<p>Veamos ahora otro gr\u00e1fico.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Gr\u00e1fico <strong>DOS<\/strong>: <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Escritores venezolanos con cinco o m\u00e1s libros de cuentos publicados.<\/em><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image is-resized\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" width=\"300\" height=\"213\" src=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/Gr\u00e1fico-2-300x213.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2017\" style=\"aspect-ratio:1.408450704225352;width:559px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/Gr\u00e1fico-2-300x213.jpg 300w, https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/Gr\u00e1fico-2.jpg 382w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>El gr\u00e1fico <strong>DOS <\/strong>nos constata que apenas catorce escritores, durante todo el siglo veinte, publicaron cinco o m\u00e1s libros de cuentos. De ellos, dos sobresalen con especial notoriedad: Salvador Garmendia y Arturo Uslar Pietri. El primero con catorce libros de cuentos y el segundo con doce. Ambos, igualmente, potentes y sobresalientes exponentes del g\u00e9nero de la novela. De este selecto grupo, solo seis (Arturo Croce, Gustavo D\u00edaz Sol\u00eds, Alfredo Armas Alfonso, H\u00e9ctor Mujica, Gabriel Jim\u00e9nez Em\u00e1n e Igor Delgado Senior) pueden ser considerados cuentistas \u00abpuros\u00bb, en su sentido m\u00e1s estricto. Con lo cual, la apreciaci\u00f3n de Ednodio Quintero queda emp\u00edricamente soportada. Asimismo, n\u00f3tese que solo el nombre de una escritora (Laura Antillano) se incorpora a este productivo grupo. Y Laura Antillano tambi\u00e9n es una consumada novelista. En definitiva, a partir de ahora contamos con un acervo para determinar, m\u00e1s all\u00e1 de \u00abaproximaciones\u00bb o \u00abconjeturas\u00bb, el comportamiento preciso de este g\u00e9nero en nuestro pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora regresemos a la l\u00ednea argumental que est\u00e1bamos desarrollando anteriormente. Acogiendo o no la afirmaci\u00f3n de que Venezuela sea un \u00abpa\u00eds de cuentistas\u00bb (ya sea bajo su forma expl\u00edcita como la de Di Prisco y de Uslar Pietri, o su forma tangencial como la de Araujo o la vertiente reclamante de Quintero) esta recurrencia interpretativa resulta, de todos modos, de evidente presencia dentro del panorama de la cr\u00edtica literaria nacional. Es sobre esta misma insistencia que parte Barrera Linares para reprochar la falta de investigaciones met\u00f3dicas sobre un g\u00e9nero que, supuestamente, nos define literariamente. Por el contrario, en el caso de Venezuela, los estudios sobre la novela han sido privilegiados frente a los del cuento:<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de comenzar con la cronolog\u00eda del proceso hist\u00f3rico del cuento en Venezuela, es preciso recordar que en el \u00e1mbito latinoamericano nos hemos considerado un pa\u00eds de cuentistas, curiosa denominaci\u00f3n que no se corresponde con la valoraci\u00f3n socio-est\u00e9tica que de parte de cierta cr\u00edtica interesada tiene el cuento entre nosotros. La escasa preocupaci\u00f3n por el estudios sistem\u00e1tico de este g\u00e9nero constituye, por ejemplo, una contradicci\u00f3n a ese respecto (Barrera Linares, 2005: 120).<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando se afirma: \u00abVenezuela es un pa\u00eds de cuentistas\u00bb, definitivamente, se posibilitan interpretaciones que no se pueden eludir. Entre las m\u00e1s apremiantes, a nuestra consideraci\u00f3n, est\u00e1 la siguiente: \u00bftal aseveraci\u00f3n est\u00e1 dirigida hacia su valor cuantitativo o a su valor cualitativo? Vali\u00e9ndonos de las mismas palabras de Di Prisco (la \u00faltima parte de su afirmaci\u00f3n), consideramos adecuado pensar que ella est\u00e1 enmarcada dentro de ambas concepciones. Di Prisco, sin prueba alguna, pero con mucho entusiasmo, nos ofrece una sentencia que ameritar\u00eda mayor discusi\u00f3n y, sobre todo, mayores evidencias comprobatorias. Evalu\u00e9mosla desde all\u00ed, entonces.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Tabla y gr\u00e1fico <strong>TRES<\/strong>: <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Libros de cuentos publicados por d\u00e9cadas.<\/em><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-table\"><table><tbody><tr><td><strong>Categor\u00eda<\/strong><\/td><td><strong>Publicaciones<\/strong><\/td><\/tr><tr><td>1910<\/td><td>10<\/td><\/tr><tr><td>1920<\/td><td>13<\/td><\/tr><tr><td>1930<\/td><td>23<\/td><\/tr><tr><td>1940<\/td><td>33<\/td><\/tr><tr><td>1950<\/td><td>46<\/td><\/tr><tr><td>1960<\/td><td>61<\/td><\/tr><tr><td>1970<\/td><td>108<\/td><\/tr><tr><td>1980<\/td><td>137<\/td><\/tr><tr><td>1990<\/td><td>142<\/td><\/tr><tr><td>2000<\/td><td>187<\/td><\/tr><tr><td>Total<\/td><td><strong>760<\/strong><\/td><\/tr><\/tbody><\/table><\/figure>\n\n\n\n<p>La tabla y el gr\u00e1fico <strong>TRES <\/strong>muestran la cantidad de libros de cuentos publicados&nbsp; &nbsp;en Venezuela durante todo el siglo veinte, discriminados d\u00e9cada a d\u00e9cada. La cantidad hasta ahora <em>registrada <\/em>(por su comprobada existencia) suman 771 libros de cuentos en total. Las barras acumulan los libros publicados al final de las d\u00e9cadas. Los diez libros se\u00f1alados como publicados en la fecha correspondiente a la barra de 1910, comprenden la d\u00e9cada iniciada en 1900 y culminada en 1910, los trece libros que se ubican en la barra de 1920, incluyen la d\u00e9cada iniciada en 1911 y culminada en 1920; los veintitr\u00e9s libros ubicados en la de 1930, abarcan la d\u00e9cada comprendida desde 1921 y que cierra en 1930, y as\u00ed sucesivamente.<\/p>\n\n\n\n<p>No es accesorio retomar la idea de que el cuento como g\u00e9nero, aunque tuvo presencia y representantes en Venezuela durante las dos \u00faltimas d\u00e9cadas del siglo diecinueve (Sandoval, 2000), no es sino hasta entrado el siglo veinte cuando, de forma cierta, encontramos muestras representativas de este g\u00e9nero. No ya como un ejemplar disperso o aislado en una publicaci\u00f3n peri\u00f3dica determinada, sino una colecci\u00f3n en la que diferentes cuentos conviven en un libro y se ofrecen, as\u00ed, como una propuesta est\u00e9tica definida de un autor particular. En un libro de cuentos es donde el escritor puede dar cuenta de un proyecto o una madurez est\u00e9tica m\u00e1s estable. Visto as\u00ed, el gr\u00e1fico <strong>TRES <\/strong>ofrece una prueba de que es durante el siglo veinte cuando la producci\u00f3n de libros de cuentos logra germinar plenamente. Como se puede observar, en las tres primeras d\u00e9cadas, es decir, en esos primeros treinta a\u00f1os, se publican en nuestro pa\u00eds tan solo cuarenta y cuarentais\u00e9is libros de cuentos; lo que podr\u00eda estad\u00edsticamente interpretarse como un libro y medio de cuentos por a\u00f1o aproximadamente.<\/p>\n\n\n\n<p>No es posible desligar esta realidad del hecho de que estamos refiri\u00e9ndonos, precisamente, a los treinta a\u00f1os de dictadura gomecista. Este per\u00edodo signific\u00f3, para nuestros escritores, tener que salir del pa\u00eds y verse obligados a publicar fuera (caso de Uslar Pietri y su libro de cuentos <em>Barrab\u00e1s y otros relatos<\/em>) o verse perseguidos, amenazados o encarcelados (como el caso del escritor Rafael Pocaterra con <em>Memorias de un venezolano en la decadencia<\/em>). A esto habr\u00eda que sumar la seguar deficiente infraestructura editorial existente en el pais. Sin embargo, dado que la anterior interpretaci\u00f3n estad\u00edstica es peligrosamente enga\u00f1osa. Vale la pena fijarse bien en la progresi\u00f3n productiva que se presenta. El incremento en las publicaciones ocurre d\u00e9cada tras d\u00e9cada, sin detenci\u00f3n. Tiene especial significaci\u00f3n el acrecentamiento que se registra en los a\u00f1os comprendidos entre 1920 y 1930, el cual duplicar\u00e1 las dos d\u00e9cadas anteriores. Este incremento se produce en medio de la activaci\u00f3n de sendos movimientos literarios que se gestan y desarrollan entre ambos extremos. El primero, <em>la Generaci\u00f3n del 18<\/em>; el segundo, la llamada <em>Generaci\u00f3n del 28<\/em>. Es cierto que la llamada <em>Generaci\u00f3n del 18 <\/em>estuvo estimulada e integrada, en su mayor\u00eda, por poetas como Fernando Paz Castillo, Luis Enrique M\u00e1rmol, Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre, Andr\u00e9s Eloy Blanco, Jacinto Fombona Pachano, Luis Barrios Cruz, entre otros. Con ellos se apodera del ambiente literario nacional un halo de renovaci\u00f3n determinante a posteriori: \u00ab\u2026los escritores de la llamada \u201cGeneraci\u00f3n del 18\u201d marcan desde el punto de vista hist\u00f3rico, el inicio del cuestionamiento generalizado del modernismo y con su presencia comienzan a soplar en la literatura nacional los aires renovadores que fertilizan el tr\u00e1nsito a una nueva etapa\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Por su parte, la denominada <em>Generaci\u00f3n del 28 <\/em>tiene como epicentro detonante la aparici\u00f3n del \u00fanico n\u00famero de la revista <em>V\u00e1lvula <\/em>en enero de 1928. Aunque para algunos cr\u00edticos, el movimiento art\u00edstico-literario desprendido a partir de <em>V\u00e1lvula<\/em>, al igual que la generaci\u00f3n anterior, sea \u00ab(&#8230;) m\u00e1s poes\u00eda que narrativa\u00bb (Araujo:76), no es menos cierto que narradores claves (cuentistas y novelistas) tuvieron presencia en \u00e9l. Aqu\u00ed se apuntaron narradores como Nelson Himiob, Jos\u00e9 Salazar Dom\u00ednguez, Arturo Uslar Pietri o Carlos Eduardo Fr\u00edas, como una muestra indudable del influjo narrativo aportado.<\/p>\n\n\n\n<p>Verificamos que las tres d\u00e9cadas subsiguientes (40, 50 y 60) el incremento en las publicaciones contin\u00faa en su tendencia duplicadora. En estos per\u00edodos tambi\u00e9n se desarrollan en Venezuela grupos literarios de impacto. En 1939 har\u00e1 presencia el grupo <em>Viernes <\/em>con el poeta Vicente Gerbasi a la cabeza, pero tambi\u00e9n participaron Luis Fernando \u00c1lvarez, Jos\u00e9 Ram\u00f3n Heredia, etc. En <em>Viernes <\/em>igualmente se vieron involucrados cuentistas de la talla de Ram\u00f3n D\u00edaz S\u00e1nchez, Juli\u00e1n Padr\u00f3n y el mismo \u00c1ngel Miguel Queremel quien ofreciera un libro de relatos. Tanto este movimiento como los posteriores, nacieron amparados por proyectos editoriales de publicaciones peri\u00f3dicas. El \u00abgrupalismo\u00bb (Arr\u00e1iz Lucca, 2009:25) fue una constante a lo largo del siglo; lo cual queda refrendado en los trece manifiestos recogidos por Santaella (1992:50):<\/p>\n\n\n\n<p>Convocados por la necesidad de responder a las crisis c\u00edclicas del poder, estos grupos aglutinan a intelectuales de avanzadas que observan conductas similares: se mueven por v\u00edas alternas de la comunicaci\u00f3n, a contracorriente del discurso oficial, fundan revistas de circulaci\u00f3n restringida y, por fortuna, exceden (o niegan) en la pr\u00e1ctica escritural el programa inicialmente ofrecido.<\/p>\n\n\n\n<p>A nuestro parecer, este hecho se convierte en un aliciente muy significativo para que las d\u00e9cadas comprendidas entre 1940 a 1950 y de 1950 a 1960 hayan sido per\u00edodos de otro salto cuantitativo en la publicaci\u00f3n de libros de cuentos. En 1946 hace su aparici\u00f3n el grupo <em>Contrapunto<\/em>, con la generaci\u00f3n de escritores a quien se les atribuye otra renovaci\u00f3n decisiva en las letras venezolanas, sobre todo, en el cuento. Con el grupo <em>Contrapunto <\/em>se identificaron narradores; especialmente grandes cuentistas, como es el caso de Gustavo D\u00edaz Sol\u00eds, H\u00e9ctor Mujica, Andr\u00e9s Mari\u00f1o Palacios, Antonio M\u00e1rquez Salas, Oswaldo Trejo y Oscar Guaramato. As\u00ed lo rese\u00f1a Medina (1992:240):<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfCu\u00e1les son los prop\u00f3sitos est\u00e9ticos de <em>Contrapunto<\/em>? La inquietud intelectual no se conformaba pasivamente con la tradici\u00f3n y demandaba otros derroteros. Un preciso sentido de universalidad era evidente. Se intent\u00f3 tanto en poes\u00eda, como en la narrativa y el ensayo, conjugar las experiencias nacionales con lo m\u00e1s actual del pensamiento y de la actualidad de las letras contempor\u00e1neas\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Para la segunda mitad de la d\u00e9cada de los cincuenta, <em>Sardio <\/em>irrumpe con fuerza como un movimiento intelectual en oposici\u00f3n a la dictadura de Marcos P\u00e9rez Jim\u00e9nez (1952-1958). Sardio se presenta en esa fisura que produce el cansancio y dolor por la dictadura y la esperanza y el frenes\u00ed por la democracia.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre los a\u00f1os 1958 y 1961 publicaron ocho n\u00fameros de su revista hom\u00f3nima. En los a\u00f1os sesenta le tocar\u00e1 el turno a <em>El Techo de la Ballena<\/em>. Con este grupo se identifican dos grandes maestros del cuento venezolano: Adriano Gonz\u00e1lez Le\u00f3n y el gran Salvador Garmendia. De los a\u00f1os sesenta deben considerarse el grupo <em>En Haa <\/em>(1962), del cual formaron parte escritores como Jos\u00e9 Balza, Jorge Nunes o Carlos Noguera. Dado el testimonio que se arroja producto de la compilaci\u00f3n realizada, creemos, y esto debe ser le\u00eddo, insistimos, como \u00abhip\u00f3tesis\u00bb que amerita profundizaci\u00f3n, que es plausible leer una relaci\u00f3n causal determinante, en el caso de Venezuela, entre el incremento de la publicaci\u00f3n de libros de cuentos y los diferentes movimientos literarios que alrededor de ciertas publicaciones peri\u00f3dicas se desarrollaron desde principio del siglo en nuestro pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante las tres \u00faltimas d\u00e9cadas del siglo veinte, la publicaci\u00f3n de libros de cuentos presenta un crecimiento tan significativo y tan marcado, en relaci\u00f3n con d\u00e9cadas anteriores, que merece un an\u00e1lisis de todas las variables participantes y estimuladoras de este hecho. Veamos el gr\u00e1fico:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Gr\u00e1fico <strong>CUATRO<\/strong>: <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Per\u00edodos de mayor productividad en la publicaci\u00f3n de libros de cuentos:<\/em><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image is-resized\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" width=\"300\" height=\"149\" src=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/Gr\u00e1fico-4-300x149.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2019\" style=\"aspect-ratio:2.0134228187919465;width:564px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/Gr\u00e1fico-4-300x149.jpg 300w, https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/Gr\u00e1fico-4.jpg 456w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Apreciemos como los picos son alcanzados en los primeros a\u00f1os de la d\u00e9cada de los sesenta y en la d\u00e9cada de los noventa. Entre las variables causales sobre las que podemos apuntar, consideramos primordiales dos que, vistos a los lejos, muestran su interrelaci\u00f3n. Tomemos en consideraci\u00f3n que toda la primera mitad del siglo veinte, Venezuela padeci\u00f3 de una plataforma editorial inexistente o extremadamente precaria. Esta escasez queda retratada en la casi nulidad de publicaciones con que se pueden contar en los primeros veinte a\u00f1os del siglo, a pesar de que existi\u00f3 un movimiento literario persistente. Seg\u00fan el gr\u00e1fico arriba expuesto, esta tendencia fue mejorando muy levemente durante esos primeros cincuenta a\u00f1os. De all\u00ed que las publicaciones peri\u00f3dicas se constituyeran como un factor determinante para la difusi\u00f3n del g\u00e9nero. A pesar del manifiesto crecimiento experimentado en las publicaciones, no es sino hasta bien entrada la d\u00e9cada de los 70 cuando se vislumbra un cambio m\u00e1s que significativo. Esto fue as\u00ed, por un lado, por la creaci\u00f3n e impulso de pol\u00edticas estatales de diversas \u00edndoles (sobre todo la creaci\u00f3n de pol\u00edticas editoriales e instituciones promotoras de las expresiones art\u00edsticas) que se produce en el pa\u00eds. Todo ello estimulado por la bonanza de los precios del petr\u00f3leo. Entre las m\u00e1s importante habr\u00eda que considerar a la Fundaci\u00f3n para la Cultura y el Arte con su fondo Editorial (<em>Fundarte<\/em>, 1975), el Consejo Nacional para la Cultura (<em>Conac<\/em>, 1975) el Centro de Estudios Latinoamericanos \u00abR\u00f3mulo Gallegos\u00bb (<em>Celarg<\/em>, creado en 1974), Monte \u00c1vila (fundada en 1968), los Institutos de Cultura en los diferentes estados, la creaci\u00f3n de fondos editoriales en algunos Ateneos y en las universidades p\u00fablicas, etc. Todas estas instituciones generaron pol\u00edticas editoriales que vinieron a resarcir el retraso y la escasez de editoriales presentes en nuestro pa\u00eds durante todo el siglo.<\/p>\n\n\n\n<p>El otro aspecto de importante consideraci\u00f3n lo constituye la experiencia literaria que se gest\u00f3 en el pa\u00eds (con mayor o menor intensidad) a partir de la aparici\u00f3n y proliferaci\u00f3n del fen\u00f3meno del <em>taller literario<\/em>. Tal como afirma Varderi (Varderi, 1994):<\/p>\n\n\n\n<p>Las razones que motivaron la aparici\u00f3n de tales focos de encuentro, especialmente en la capital, tienen mucho que ver con la situaci\u00f3n general del panorama literario para aquel entonces, donde la generaci\u00f3n del 58, con contadas excepciones, se hab\u00eda asentado, ocupaba los cargos burocr\u00e1ticos del poder cultural, disfrutaba de eternas bolsas de trabajo a expensas del estado, o navegaba en las aguas et\u00edlicas de los bares ubicados en la populosa zona de Sabana Grande.<\/p>\n\n\n\n<p>Estos eran auspiciados por motivaciones espont\u00e1neas e individuales, pero hubo una cantidad de ellos muy significativa y duradera que fue amparada por la iniciativa gubernamental, frente a los cuales se pusieron reconocidos escritores del pa\u00eds. Como casos emblem\u00e1ticos se erigen el taller literario del <em>Celarg<\/em>, fundado en 1975 y dirigido nada m\u00e1s y nada menos por escritores de la talla de Leopoldo Zea, Domingo Miliani y Oswaldo Trejo. Otra pol\u00edtica p\u00fablica amparada por estas instituciones de estado (fundamentalmente por el <em>Conac<\/em>) consisti\u00f3 en ofrecer las denominadas \u00abBolsas de Trabajo\u00bb. Estas \u00abbolsas\u00bb consist\u00edan en la asignaci\u00f3n mensual de una ayuda econ\u00f3mica al escritor para que realizara un proyecto literario: la escritura de un libro (de alg\u00fan g\u00e9nero) o la atenci\u00f3n de alg\u00fan taller literario. En estos talleres no solo se ejercit\u00f3 el oficio de escribir sino que, una vez terminado el taller, los trabajos producidos eran sometidos a revisi\u00f3n hasta alcanzar una merecida aprobaci\u00f3n cr\u00edtica y luego se publicaban bajo la financiaci\u00f3n de la misma instituci\u00f3n o por alguna otra v\u00eda. La colecci\u00f3n <em>Voces Nuevas<\/em>, auspiciada por el <em>Celarg<\/em>, fue testimonio de esta tarea. No es de extra\u00f1ar, entonces, que en la biograf\u00eda de alg\u00fan escritor ahora consolidado y que haya publicado en las \u00faltimas d\u00e9cadas del siglo veinte, est\u00e9 presente su participaci\u00f3n de alg\u00fan taller literario. De todos modos, lo que s\u00ed queda comprobado es que al aumentar las oportunidades de publicaci\u00f3n (por las razones antes expuestas), aumentaron tambi\u00e9n la publicaci\u00f3n de libros de cuentos y de todos los dem\u00e1s g\u00e9neros. De all\u00ed que los a\u00f1os 70 y 80 evidencien el mayor auge.<\/p>\n\n\n\n<p>El mismo gr\u00e1fico nos muestra que en la d\u00e9cada de los ochenta acontece un descenso en las publicaciones. Coincidente, por dem\u00e1s, con sucesos econ\u00f3micos y sociales de gran impacto en la sociedad venezolana como lo fueron el <em>Viernes negro <\/em>de 1983, el <em>Caracazo <\/em>en febrero de 1989 y el intento de <em>Golpe de Estado <\/em>de 1992. Todos estos acontecimientos generaron un clima de inestabilidad social y pol\u00edtica que pareciera estar penetrando en lo que el gr\u00e1fico nos advierte.<\/p>\n\n\n\n<p>Otro dato relevante que se destaca a partir de los datos recogidos, es el relacionado con los lugares (ciudades) de Venezuela que han acumulado mayores \u00edndices de libros de cuentos publicados.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Gr\u00e1fico <strong>CINCO<\/strong>: <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Principales ciudades en que se editaron libros de cuentos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image is-resized\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" width=\"300\" height=\"172\" src=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/Gr\u00e1fico-5-300x172.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2020\" style=\"aspect-ratio:1.744186046511628;width:453px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/Gr\u00e1fico-5-300x172.jpg 300w, https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/Gr\u00e1fico-5.jpg 458w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>El gr\u00e1fico anterior expone una impresionante desproporci\u00f3n entre los lugares de edici\u00f3n de libros de cuentos en Venezuela. En \u00e9l aparece la ciudad de Caracas como el lugar de mayor (y mayor en mucha magnitud) con respecto a las cuatro ciudades con tambi\u00e9n presencia editora manifiesta: Maracaibo (46), M\u00e9rida (40), Valencia (17) y Barquisimeto (15). Esto nos hace comprobar la hegemon\u00eda editora que la ciudad de Caracas ha tenido con respecto al resto del pa\u00eds. La intensidad de la relaci\u00f3n <em>centro-periferia <\/em>es aqu\u00ed demoledora. Esta hegemon\u00eda se constata a trav\u00e9s de un estudio que realiza Alexis M\u00e1rquez Rodr\u00edguez (2003). M\u00e1rquez Rodr\u00edguez pretende rese\u00f1ar, en un primer momento, el recorrido y evoluci\u00f3n de las editoriales en Venezuela, pero todas las referencias que usa a modo de muestrario pertenecen al \u00e1mbito de la capital. Del mismo modo, dentro de la <em>periferia <\/em>tambi\u00e9n se reproduce el mismo esquema: las ciudades con mayores publicaciones son aquellas ciudades venezolanas que, despu\u00e9s de Caracas, obtienen los mayores beneficios socio-econ\u00f3micos y culturales.<\/p>\n\n\n\n<p>En las diferentes \u00e9pocas, en los diferentes momentos hist\u00f3ricos, en las diferentes etapas de la sociedad venezolana, Caracas siempre ha mantenido una hegemon\u00eda absoluta en cuanto a la capacidad y a las oportunidades de publicaci\u00f3n para los escritores. Esto, indudablemente, viene producido por muchos factores, entre ellos, unos reales y otros subjetivos. Entre los reales, no se puede desestimar el hecho de que en Caracas se localizan y se han localizado las sedes de las principales editoriales del pa\u00eds, como es el caso de Monte \u00c1vila, editorial estatal creada en 1968. Entre las subjetivas, creemos que ha existido una creencia admitida o no discutida, sobre que Caracas se aprecia como el espacio para la legitimaci\u00f3n literaria del pa\u00eds. Al respeto, la extensa cita de Orlando Araujo (1988: 50) que abajo reproducimos no deja dudas:<\/p>\n\n\n\n<p>La nuestra, como la generalidad de las literaturas nacionales de Hispanoamericana, es una literatura metropolitana. Se hace en Caracas, por escritores que residen en Caracas, o que residen en el interior y lanzan su red hacia Caracas. En literatura, como en econom\u00eda, hay una permanente migraci\u00f3n rural urbana. Del interior fluyen campesinos y escritores; los primeros, m\u00e1s t\u00edmidos, no se atreven a entrar y en todo caso no los dejar\u00edan, as\u00ed que se acomodan en las afueras, en el \u00e1rea de ranchos, forman el cintur\u00f3n de la miseria; los segundos ya se ha anunciado, vienen precedidos de un cuento, una novela, un poema, un algo de letras por delante que los lleva hasta la redacci\u00f3n de los peri\u00f3dicos, o hasta las oficinas de la cultura oficial. No hay una Venezuela literaria, sino una Caracas literaria.<\/p>\n\n\n\n<p>Reconocemos la acidez del enjuiciamiento arriba expuesto, pero no por ello deja de ser irrefutable. A\u00fan hoy, a pesar de los diversos proyectos editoriales regionales existentes (por ejemplo, la creaci\u00f3n del <em>Sistema Nacional de Imprentas) <\/em>a\u00fan Caracas se presenta como el foco nacional en que m\u00e1s abundan las oportunidades de edici\u00f3n con respecto al resto del pa\u00eds. Todav\u00eda hoy, ganar un premio literario o publicar en Caracas posee la garant\u00eda de una mayor difusi\u00f3n e impacto que hacerlo en otra regi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>No obstante, concordamos en que no ha existido en ninguna regi\u00f3n del pa\u00eds, ni en el siglo veinte, otro proyecto editorial que alcance las dimensiones de Monte \u00c1vila en Caracas. En las primeras d\u00e9cadas del siglo la labor editorial fue impulsada por editoriales peque\u00f1as como la Imprenta Bol\u00edvar, la Editorial \u00c9lite, El Cojo, La Tipograf\u00eda Vargas, la Asociaci\u00f3n de Escritores de Venezuela, la Editorial Edime, y muchas otras. Ellas se encargaron de esa labor difusora. Sin embargo, ninguna lleg\u00f3 ni ha llegado a tener el impulso que ha mantenido Monte \u00c1vila. Quiz\u00e1 pueda equip\u00e1rsele, en estos momentos, el proyecto de<em>El perro y la rana <\/em>y el <em>Sistema Nacional de Imprentas<\/em>, ambos proyectos estatales actuales y tambi\u00e9n con sedes centralizadas en Caracas. El primero fue fundado en 2006. El segundo ha sido planificado para que funcione en las principales ciudades del pa\u00eds, no obstante, su impacto editorial no est\u00e1 claro. Lo que ocurre es que estos proyectos editoriales han sido creados con prop\u00f3sitos y orientaciones muy distintos a las que han orientado a Monte \u00c1vila. La editorial <em>El perro y la rana <\/em>y el <em>Sistema Nacional de Imprentas <\/em>han publicado de todo y a todo el mundo porque sus pol\u00edticas editoriales, manifiesta por ellos mismos, son la promoci\u00f3n, la masificaci\u00f3n y la democratizaci\u00f3n del libro y la lectura. En el caso espec\u00edfico de la editorial <em>El perro y la rana<\/em>, aunque ha propiciado una significativa ampliaci\u00f3n para el acceso al libro y a la lectura, no ha evitado los cuestionamientos sobre la calidad de mucho de lo publicado. A pesar de esto \u00faltimo, desconocemos estudios serios que hayan validado la magnitud del acierto de tal reproche.<\/p>\n\n\n\n<p>Retomando al impacto de Monte \u00c1vila, afirma Alexis M\u00e1rquez Rodr\u00edguez (2003:90) \u00abEn cuanto a la producci\u00f3n nacional de libros, no hay duda que Monte \u00c1vila contribuy\u00f3 a darle un vigoroso impulso, al estimular la creaci\u00f3n literaria, tanto de los g\u00e9neros de imaginaci\u00f3n como los g\u00e9neros conceptuales\u2026\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>A modo de cierre\u2026<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Con este trabajo, hemos querido presentar algunas visiones que nos arroja contar con los datos ofrecidos por la base de datos aqu\u00ed promocionada. Como ya se ha advertido, en ning\u00fan momento se considera que las cifras mostradas sean conclusivas, exhaustivas o exactas. Muy por el contrario, aspiramos a revisarlas y perfeccionarlas continuamente. A pesar de ello, no dejamos de reconocer que lo mostrado en este primer acercamiento ya nos indica, indeclinablemente, <em>tendencias <\/em>dif\u00edciles de cambiar. No creemos reversible la <em>tendencia <\/em>manifiesta en cuanto a, que en Venezuela durante el siglo veinte, el porcentaje de escritoras en relaci\u00f3n con el de escritores (14, 93 % contra 85,07 %). Es decir, pensamos que no es plausible la posibilidad de que aparezcan libros de cuentos no registrados por medio de los cuales dicha proporci\u00f3n cambien significativamente y que, por lo tanto, se obligue una reinterpretaci\u00f3n de la hip\u00f3tesis. Lo mismo, aseguramos, ocurre con los dem\u00e1s datos. De todos modos, contar con esta base nos muestra que el canon sobre el cuento venezolano ha sido construido soportado m\u00e1s en muestras individuales de cuentos espec\u00edficos que sobre libros de cuentos que se ofrecen como propuestas est\u00e9tico-escriturales de un autor espec\u00edfico en una \u00e9poca determinada.<\/p>\n\n\n\n<p>El comportamiento del cuento en lo concerniente a su productividad real, estimula muchas lecturas, variadas interpretaciones y necesarias reinterpretaciones y puntuales revisiones en nuestra cr\u00edtica. Este recurso (contar con un repertorio pormenorizado) nos abre las puertas a ello. Por ejemplo, si retomamos el hecho ya aqu\u00ed advertido sobre la discrepancia encontrada en cuanto a la valoraci\u00f3n alt\u00edsima que le ha concedido la cr\u00edtica literaria nacional a un cuento como <em>La mano junto al muro <\/em>de Guillermo Meneses y su casi inexistente presencia en las antolog\u00edas hispanoamericanas, ser\u00eda importante comprobar qu\u00e9 ha pasado, por qu\u00e9 ha sido solo Arturo Uslar Pietri el persistente representante de este g\u00e9nero en el gusto antol\u00f3gico a nivel supranacional (hecho justificable en un momento de nuestra historiograf\u00eda literaria nacional, pero no de modo permanente) y no tantos otros con mejores logros al respecto. De igual modo, el hecho de que dos consagrados novelistas, a su vez, sean los m\u00e1s productivos en cuanto al cuento, merecer\u00eda la atenci\u00f3n en lo concerniente a determinar la relaci\u00f3n de dominio entre estos dos g\u00e9neros ejercidos por un mismo sujeto social y entre aquellos que s\u00ed son considerados cuentistas \u00abexclusivos\u00bb. No es menos interesante seguir penetrando y ahondando, con mayor perspicacia, en la relaci\u00f3n y las causas hist\u00f3ricas, sociales, pol\u00edticas y est\u00e9ticas que promovieron los cambios en cuanto a la productividad progresiva de la publicaci\u00f3n de libros de cuentos ocurrida durante el siglo.<\/p>\n\n\n\n<p>Los senderos que se abren son m\u00faltiples. Solo se solicita entusiasmo para recorrerlos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Referencias bibliogr\u00e1ficas<br><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>ARAUJO, Orlando (1988) <em>Narrativa venezolana contempor\u00e1nea<\/em>. Monte \u00c1vila Editores. 1ra. Edici\u00f3n. 1ra. Edici\u00f3n de M.A.<\/p>\n\n\n\n<p>ARR\u00c1IZ LUCCA, Rafael (2009) <em>Literatura venezolana del siglo XX<\/em>. Caracas: Editorial Alfa.<\/p>\n\n\n\n<p>BARRERA LINARES, Luis (1992) \u00abEstructura y funci\u00f3n est\u00e9tico-literaria del cuento venezolano actual\u00bb. En: <em>Teor\u00eda y praxis del cuento en Venezuela <\/em>(libro colectivo). Caracas: Monte \u00c1vila Editores.<\/p>\n\n\n\n<p>BARRERA LINARES, Luis (2005) <em>La negaci\u00f3n del rostro<\/em>. Caracas: Monte \u00c1vila Latinoamericana.<\/p>\n\n\n\n<p>DIMO, Edith y HIDALGO DE JES\u00daS, Amarilis (Compiladoras) (1996) <em>Escritura y desaf\u00edo. Narradoras venezolanas del siglo XX<\/em>. Caracas: Monte \u00c1vila Latinoamericana.<\/p>\n\n\n\n<p>JAUSS, Hans (2000) <em>La historia de la literatura como provocaci\u00f3n<\/em>. Barcelona: Ediciones Pen\u00ednsula.<\/p>\n\n\n\n<p>JIM\u00c9NEZ EM\u00c1N, Gabriel (1989) <em>Relatos venezolanos del siglo XX<\/em>. Caracas: Biblioteca Ayacucho.<\/p>\n\n\n\n<p>LISCANO, Juan (1995) <em>Panorama de la literatura venezolana actual<\/em>. Caracas: Alfadil Ediciones.<\/p>\n\n\n\n<p>L\u00d3PEZ ORTEGA, Antonio; PACHECO, Carlos; GOMES, Miguel (2010) <em>La vasta brevedad. Antolog\u00eda del cuento venezolano del siglo XX. Tomos I y II<\/em>. Caracas: Alfaguara. Editorial Santillana.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00c1RQUEZ RODR\u00cdGUEZ, Alexis (2003) \u00abLa funci\u00f3n editora de Monte \u00c1vila en el proceso de la literatura venezolana\u00bb. En: <em>Literatura venezolana hoy: historia nacional y presente urbano<\/em>. Caracas: Fondo Editorial de Humanidades y Educaci\u00f3n. Universidad Central de Venezuela. Reedici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>MEDINA, Jos\u00e9 Ram\u00f3n (1992) <em>Noventa a\u00f1os de literatura venezolana<\/em>. Caracas: Monte \u00c1vila Editores.<\/p>\n\n\n\n<p>MENESES, Guillermo (1955) <em>Antolog\u00eda del cuento venezolano<\/em>. Caracas: Ediciones del ministerio de Educaci\u00f3n. Direcci\u00f3n de Cultura y Bellas Artes.<\/p>\n\n\n\n<p>MILIANI, Domingo (1992) <em>Medio siglo de cuento <\/em>(Pr\u00f3logo de la publicaci\u00f3n antol\u00f3gica Narradores de El Nacional (1946-1992). Caracas: Monte \u00c1vila Editores Latinoamericana.<\/p>\n\n\n\n<p>PEDRO (de), Valent\u00edn (1979) <em>Los mejores cuentos venezolanos<\/em>. Barcelona: Editado por E. Victoria.<\/p>\n\n\n\n<p>PUIG, Mar\u00eda Pilar (1994) <em>Antolog\u00eda del cuento venezolano<\/em>. Caracas: Editorial Panapo.<\/p>\n\n\n\n<p>QUINTERO, Ednodio (1994) \u00abLa narrativa venezolana \u00bfuna isla flotante?\u00bb. En: Revista Iberoam\u00e9ricana. Vol. LX. N\u00fam. 166-167. Enero-junio. Pp. 141-153.<\/p>\n\n\n\n<p>RAMOS, El\u00edas (1979) <em>El cuento venezolano contempor\u00e1neo<\/em>. Madrid: Editorial Playor. Colecci\u00f3n Nueva Acholar.<\/p>\n\n\n\n<p>SANDOVAL, Carlos (2000) El <em>cuento fant\u00e1stico venezolano en el siglo XIX<\/em>. Comisi\u00f3n de Estudios de Postgrado de Humanidades y Educaci\u00f3n, Universidad Central de Venezuela.<\/p>\n\n\n\n<p>SANTAELLA, Juan Carlos (1992) <em>Manifiestos literarios venezolanos<\/em>. Caracas: Monte \u00c1vila Editores.<\/p>\n\n\n\n<p>USLAR PIETRI, Arturo y PADR\u00d3N, Juli\u00e1n (1940) <em>Antolog\u00eda del cuento moderno<\/em><em> venezolano (1895 \u2013 1935)<\/em>. Caracas: Biblioteca Venezolana de Cultura.<\/p>\n\n\n\n<p>USLAR PIETRI, Arturo (1940) \u00abEsquema de la evoluci\u00f3n del cuento venezolano\u00bb. Pr\u00f3logo a Arturo Uslar Pietri y Juli\u00e1n Padr\u00f3n. <em>Antolog\u00eda del cuento moderno venezolano<\/em>. Caracas: Biblioteca Venezolana de Cultura.<\/p>\n\n\n\n<p>VANDORPE, Yasmine (1996) \u00abSardio: Un compromiso art\u00edstico y pol\u00edtico\u00bb. En: <em>Voz y Escritura<\/em>. N\u00famero 6-7. M\u00e9rida: ULA. Pp. 26-39.<\/p>\n\n\n\n<p>VARDERI, Alejandro (1994) \u00abTalleres literarios en la formaci\u00f3n de la literatura del fin de siglo\u00bb. Revista Iberoamericana. Vol. LX. N\u00fam. 166-167. Enero-junio.<\/p>\n\n\n\n<p>ZANETTI, Susana (2000)\u00bf<em>Un canon necesario? Acerca del canon literario<\/em><em> latinoamericano. <\/em>En: Voz y Escritura. N\u00famero 10. Pp. 227-241.<\/p>\n\n\n\n<p>*Fuente: Inti: Revista de literatura hisp\u00e1nica Inti: Revista de literatura hisp\u00e1nica: No. 81, Article 15: https:\/\/digitalcommons.providence.edu\/inti\/vol1\/iss81\/15.<\/p>\n\n\n\n<p>NOTAS<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> \u201cCon anterioridad a los \u00faltimos a\u00f1os del siglo XIX, el cuento venezolano, hablando en t\u00e9rminos precisos, no exist\u00eda. Decimos esto porque lo que se escrib\u00eda en esta categor\u00eda de literatura \u2013 cuadros costumbristas, leyendas, tradiciones, narraciones de dif\u00edcil clasificaci\u00f3n \u2013 no llenaban los requisitos del g\u00e9nero tal como lo defin\u00eda Poe y otros estudiosos del asunto\u201d (Ramos, 1979: 10)<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> Al respecto, en la introducci\u00f3n de la primera antolog\u00eda del cuento venezolano de la que tenemos noticia y evidencia, publicada por primera vez en 1923, leemos esta interpretaci\u00f3n que sirvi\u00f3 como principio orientador de la cr\u00edtica literaria de la primera mitad del siglo XX: \u201cDe esta \u00e9poca, parten dos corrientes literarias distintas aunque paralelas, dos clases de escritores: los que ahondan sus manos en el suelo nativo para formar con su barro los personajes de sus obras; y los que tienden su esp\u00edritu como un campo abierto a la cultura extranjera y a la semilla del modernismo\u2026\u201d (De Pedro, 1979: VII).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> Esta fue la revista m\u00e1s importante que tuvo Venezuela a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Transit\u00f3 entre el 01 de enero de 1892 y el 01 de abril de 1915.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> Hay las excepciones como la <em>Antolog\u00eda del cuento venezolano <\/em>(1994) de Mar\u00eda Pilar Puig, en la cual, de los nombres mencionados, solo aparece Pedro Emilio Coll con el cuento <em>Opoponax.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a> Este concurso inici\u00f3 en 1946 y a\u00fan se mantiene vigente. Su importancia en el \u00e1mbito cultural venezolano es decisiva, \u00b4pues ha contado con galardonados y cuentistas participantes tanto venezolanos como extranjeros (residenciados en Venezuela) de significativa trascendencia en el tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a> Valga esta cita de Miliani (1992, 7 y 8): \u201cLa vocaci\u00f3n universalizante del grupo <em>Contrapunto <\/em>y la impronta de los maestros norteamericanos \u2013 Faulkner y Hemingway en especial \u2013 se hacen notar en un cuentista que obtuvo por tres veces (1947, 1952 y 1964) el m\u00e1ximo reconocimiento del concurso: Antonio M\u00e1rquez Salas. Su renombre de escritor nace con El hombre y su verde caballo. Sacudi\u00f3 por la novedad de su dise\u00f1o. Hubo rechazo en la recepci\u00f3n por parte de lectores cuya pupila estaba adaptada a la linealidad de la narraci\u00f3n tradicional. Como todo c\u00f3digo art\u00edstico emergente, aquellas t\u00e9cnicas en el arte de contar sorprendieron y hasta indujeron a una exclamaci\u00f3n negativa que se volvi\u00f3 lugar com\u00fan frente a cualquier ruptura de los modelos institucionalizados: <em>\u00a1eso no es cuento! <\/em>Cinco a\u00f1os despu\u00e9s, M\u00e1rquez Salas volvi\u00f3 a levantar asombros, indignaciones e iron\u00edas con su segundo triunfo. Alguien aludi\u00f3 al t\u00edtulo de su cuento premiado e hizo correr este comentario \u2013 <em>se llama as\u00ed porque hay que ser como Dios para entenderlo<\/em>. Nada diferente suceder\u00eda en a\u00f1os posteriores cuando otros j\u00f3venes innovadores exig\u00edan del lector una actitud m\u00e1s participativa en la decodificaci\u00f3n del texto\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\">[7]<\/a> Es el suplemento literario que ha acompa\u00f1ado al peri\u00f3dico <em>El Nacional <\/em>de Venezuela en la mayor parte de su historia.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\">[8]<\/a> Tomado de Miliani, 1992.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\">[9]<\/a> Esta interpretaci\u00f3n no es nuestra ni es nueva. Ya varios cr\u00edticos la han defendido. En nuestro caso, acogemos la clasificaci\u00f3n y explicaci\u00f3n propuesta por Barrera Linares (1992) en lo concerniente a la evoluci\u00f3n de las preocupaciones t\u00e9cnicos-tem\u00e1ticas del cuento. Creemos que, en cierto modo, esta clasificaci\u00f3n del cuento en tres etapas se extiende y ha presionado a los cr\u00edticos y a los antologistas en el establecimiento del canon mismo.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref10\" name=\"_ftn10\">[10]<\/a> Juana Mart\u00ednez, <em>Fuentes para una historia del cuento hispanoamericano. Siglo XX. <\/em>Actas del Congreso Internacional \u201cAm\u00e9rica Latina: La autonom\u00eda de una regi\u00f3n\u201d, organizado por el Consejo Espa\u00f1ol de Estudios Iberoamericanos (CEEIB) y la Facultad de Ciencias Pol\u00edticas y Sociolog\u00eda de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), celebrado en Madrid el 29 y 30 de noviembre de 2012. Editores: Heriberto Cairo Carou, Almudena Cabezas Gonz\u00e1lez, Tom\u00e1s Mallo Guti\u00e9rrez, Esther del Campo Garc\u00eda y Jos\u00e9 Carpio Mart\u00edn.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref11\" name=\"_ftn11\">[11]<\/a> Advertimos por ello que la discrepancia que se puedan identificar entre algunas cifras ac\u00e1 aportadas en los gr\u00e1ficos o tablas se produce por este motivo. Al no haber podido encontrar alguno de estos datos e integrarlos a la base de datos final, el proceso automatizado de contabilizaci\u00f3n no lo refleja dado que no cuenta con el <em>\u00edtem <\/em>correspondiente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Steven Berm\u00fadez Ant\u00fanez\/Jes\u00fas Medina Fuenmayor La comprensi\u00f3n del cuento venezolano: desde el canon y otras enfermedades Queremos iniciar este acercamiento a la comprensi\u00f3n del cuento venezolano (el cual basaremos, fundamentalmente, en el apoyo que nos brindar\u00e1 la construcci\u00f3n de una base de datos sobre los libros publicados durante el siglo veinte) guiados por el conocimiento [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":16706,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[44,3],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2014"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2014"}],"version-history":[{"count":7,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2014\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16709,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2014\/revisions\/16709"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/16706"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2014"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2014"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2014"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}