{"id":1943,"date":"2021-10-19T00:15:40","date_gmt":"2021-10-19T00:15:40","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=1943"},"modified":"2023-11-24T18:37:13","modified_gmt":"2023-11-24T18:37:13","slug":"la-critica-literaria-en-venezuela-decalogo-para-el-suicidio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-critica-literaria-en-venezuela-decalogo-para-el-suicidio\/","title":{"rendered":"La cr\u00edtica literaria en Venezuela: Dec\u00e1logo para el suicidio"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Luis Barrera Linares<\/h4>\n<p><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n puede negar que, sin distingo de espacio ni tiempo, la cr\u00edtica literaria es la cenicienta de la literatura? Suelen verla con ojeriza no solamente los ejecutantes de los otros \u201cg\u00e9neros\u201d, sino tambi\u00e9n algunos de sus propios art\u00edfices. Nada menos podemos esperar entonces de los lectores no comprometidos. Esta situaci\u00f3n aparece muy bien detallada en el volumen compilado por Paul Hernadi (1981, <em>What is criticism?<\/em>). De all\u00ed podr\u00edamos referir algunos trabajos fundamentales que tocan este extra\u00f1o t\u00f3pico de autonegaci\u00f3n. Me refiero, por ejemplo, a los art\u00edculos de Wayne Boo- th y mary Louise Pratt. A partir de ambos podemos deducir dos aspectos fundamentales: uno, que dentro de la cr\u00edtica de la cr\u00edtica (metacr\u00edtica, criticultura o criticolog\u00eda) hay de por s\u00ed una inmensa confusi\u00f3n a la hora de definir lo que es esta supuesta disciplina. Curiosa particularidad de un campo de estudio dif\u00edcil de ser delimitado y concretamente definido por sus propios cultores. El segundo aspecto se deriva de \u00e9ste: la misma criticultura suele negar la existencia de teor\u00edas espec\u00edficas que expliquen su objeto de estudio. Y, como sugiere Juan Luis Alborg (1991), posiblemente ello se debe a la diversidad de orientaciones y metodolog\u00edas que la caracterizan. Se trata de un \u00e1rea que en todas las literaturas se ha desarrollado de manera subsidiaria. Recoge m\u00e9todos, orientaciones y procedimientos inherentes a diversas ciencias sociales como la ling\u00fc\u00edstica, la sociolog\u00eda, la psicolog\u00eda, la antropolog\u00eda, la historia y la filosof\u00eda, para s\u00f3lo mencionar seis. Opera entonces como una amalgama metodol\u00f3gica que dificulta su exacta ubicaci\u00f3n y complica las definiciones taxativas. Lo \u00fanico que parece estar claro es su prop\u00f3sito general: desarticular y explicar o difundir desde diversas perspectivas las obras literarias, sin que su existencia pueda dejarse fuera de la literatura. Menuda complicaci\u00f3n epist\u00e9mica. Esto, para referir de entrada el asunto abstracto de la disciplina como tal, si es que le vale la noci\u00f3n de \u201cdisciplina\u201d al momento de categorizarla. En suma, un campo de estudio interdisciplinario que de hecho existe y siempre ha contribuido a comprender los fen\u00f3menos propios de la literatura, se practica desde que aqu\u00e9lla existe, tiene una historia y un proceso, pero, vaya paradoja, ha sido consecuentemente negado como tal.<\/p>\n<p>De dicha situaci\u00f3n abstracta se deriva otra mucho m\u00e1s concreta. Dentro de lo que se denomina un diasistema literario espec\u00edfico (conjunto de obras ubicado en un lapso y un espacio particular), es casi un lugar com\u00fan que la praxis espec\u00edfica de los estudios cr\u00edticos tambi\u00e9n suela ser vista por lo menos como sospechosa. Porque para los otros escritores, no s\u00f3lo no existe la cr\u00edtica, tampoco existen los cr\u00edticos. Ha padecido entonces lo que algunos tecn\u00f3logos denominar\u00edan una \u201cfalla de origen\u201d. Mas, ello no ha mermado en lo absoluto su evoluci\u00f3n y adaptaci\u00f3n a los diferentes contextos. Asumo entonces que de hecho la cr\u00edtica literaria es una realidad y he anotado estas primeras impresiones para que el lector conozca las espinosas y parad\u00f3jicas premisas que la gu\u00edan.<\/p>\n<p>Dentro de ese confuso y difuso panorama se mueven las ideas que aspiro a desarrollar en este art\u00edculo. Y me propongo hablar espec\u00edficamente de la cr\u00edtica literaria venezolana en particular.<\/p>\n<p><strong>La cr\u00edtica en Venezuela<\/strong><\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 tendr\u00eda que ser diferente la situaci\u00f3n descrita arriba cuando hablamos de nuestro continente? Si alg\u00fan componente de la literatura hispanoamericana ha atravesado por el proceso de \u201ccrisis-enfermedad-muerte-enterramiento-resurrecci\u00f3n\u201d ha sido precisamente la cr\u00edtica literaria. Aparte del rechazo casi natural de todo lo que tiene que ver con la teor\u00eda (inevitablemente vinculada a lo \u201cacad\u00e9mico\u201d), cada cierto tiempo se anuncian, en nuestros pa\u00edses, sus \u201cestados depresivos\u201d, sus condiciones patol\u00f3gicas recurrentes, su situaci\u00f3n de enferma terminal o, lo m\u00e1s grave y recurrente, su inexistencia. Y, como en otros lugares, esa condici\u00f3n parece venirle del hecho seg\u00fan el cual no se le considera parte de la literatura. Se le mira y se le incluye pero desde la periferia de lo estrictamente \u201cliterario\u201d. Esto ocurre bajo el supuesto subyacente de que los g\u00e9neros literarios cl\u00e1sicos (novela, cuento, ensayo, poes\u00eda, dramaturgia\u2026) no desaparecen sino que se modifican y se van adaptando a nuevas condiciones contextuales, se mimetizan de acuerdo con exigencias hist\u00f3ricas, est\u00e9ticas, formales. De acuerdo con eso, la llamada \u201cliteratura de creaci\u00f3n\u201d cambia, la cr\u00edtica no tiene por qu\u00e9 hacerlo. Falso principio, como veremos m\u00e1s adelante.<\/p>\n<p>Como muy concreto ejemplo venezolano de esta situaci\u00f3n, y para entrar en el tema, no puedo dejar de referir un breve y bastante conocido ensayo de Arturo Uslar Pietri (1990) precisamente intitulado \u201cLa muerte de la cr\u00edtica\u201d. Seg\u00fan ese autor \u201cPodr\u00edamos decir que ante el mundo cambiado y cambiante de nuestros d\u00edas [la cr\u00edtica] ha desaparecido, porque ya no puede existir la funci\u00f3n que ella pretende llenar.\u201d (p. 111). \u00a0M\u00e1s adelante Uslar califica a quienes ejercen el oficio de cr\u00edticos de \u201centom\u00f3logos de las letras\u201d y argumenta que \u201cSu sitio lo ha venido a llenar, acaso con m\u00e1s sinceridad y fruto, el partidario y el ep\u00edgono\u201d (ib\u00eddem). Casi un decreto como los tantos a que nos acostumbr\u00f3 Uslar Pietri. De acuerdo con eso, cada escritor, cada obra, cada movimiento, tendr\u00eda as\u00ed sus \u201cep\u00edgonos\u201d, una manera culta de denominar a adulantes, ac\u00f3litos y otras especies afines, que para nada comparto. Un cr\u00edtico es un cr\u00edtico y un ep\u00edgono es otra cosa diferente. Pero m\u00e1s all\u00e1 de premisas como \u00e9sa, la cr\u00edtica literaria latinoamericana (y, por supuesto, la venezolana) sigui\u00f3 su rumbo, como si no fuera con ella aquello que la condenaba al camposanto. Esa vez lo dijo Uslar, pero ha sido una condena sucesiva y repetida a lo largo del proceso literario nacional (cf. Barrera Linares, 2000). Y as\u00ed ocurri\u00f3 porque su sepulturero de esa ocasi\u00f3n evidenciaba un muy limitado y restrictivo concepto de lo que la cr\u00edtica es como instituci\u00f3n literaria. Lo mismo podr\u00eda decir de los \u201cep\u00edgonos\u201d uslarianos anteriores y posteriores. Porque no ha sido Uslar ni el primero ni el \u00faltimo. Como ya dije, similar idea ha deambulado como un fantasma acusador por toda la historia de la literatura venezolana. Y la cr\u00edtica sigue all\u00ed, a veces golpeada pero inc\u00f3lume, levant\u00e1ndose despu\u00e9s de cada zarpazo y reforzando su vitalidad.<\/p>\n<p>La cr\u00edtica no es rese\u00f1a ocasional, no es sesuda y densa monograf\u00eda sobre obras y\/o autores, no es discurso especializado y a veces ininteligible estudio acad\u00e9mico, no es comentario oportunista, no es gusto y\/o disgusto hacia autores y obras. Es todo eso en conjunto. Y adem\u00e1s es tan cambiante y mim\u00e9tica como el resto de la literatura. Sean \u00e9sas mis premisas de aqu\u00ed en adelante.<\/p>\n<p>En lo que sigue me voy a referir de modo muy general a la cr\u00edtica literaria de mi pa\u00eds. Referir\u00e9 primero lo que considero una de sus pol\u00e9micas fundaciones de comienzos del siglo XX, para precisar luego algunas ideas que intentan mostrar mi particular visi\u00f3n de su proceso, sus variables, su din\u00e1mica y su desarrollo en el contexto nacional<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>.<\/p>\n<p>Comienzo entonces dejando muy claro que, a mi modesto juicio, yerran quienes, casi desde los inicios de nuestra literatura, y consecuentes con el ideario descrito en los p\u00e1rrafos iniciales, no se cansan de negar tradici\u00f3n y peso espec\u00edfico a la cr\u00edtica literaria nacional. Son notorios y muy loables los esfuerzos que desde finales del siglo XIX hasta mediados del XX hicieran estudiosos como Julio Calca\u00f1o, Gonzalo Pic\u00f3n Febres, Jes\u00fas Semprum y Julio Planchart. Y aludo apenas a esos cuatro para comenzar con nombres fundacionales. Si bien algunos de ellos no dedicaron sus esfuerzos exclusivamente a la literatura<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a> y su proceso, su historia, su devenir, al menos dejaron testimonios cr\u00edticos que mucho han servido para entender la \u201cformaci\u00f3n y proceso de la literatura venezolana\u201d, como titular\u00eda mariano Pic\u00f3n Salas (1940) su principal estudio cr\u00edtico sobre nuestro acontecer literario. \u00bfPor qu\u00e9 fundadores? \u00bfNo hay otros? Pues s\u00ed que los hay y muy importantes. S\u00f3lo que esta cuarteta me servir\u00e1 para ilustrar el preludio de lo que aqu\u00ed quiero exponer en la segunda parte. Aludir\u00e9 primero a esos comienzos para postular luego lo que ha sido mi dec\u00e1logo principista como narrador y cr\u00edtico preocupado por la literatura de mi pa\u00eds. Y en cada secci\u00f3n del dec\u00e1logo insertar\u00e9 mis muy personales consideraciones al respecto de cada t\u00f3pico planteado.<\/p>\n<p><strong>Un volumen cr\u00edtico imprescindible: pol\u00e9mica fundacional<\/strong><\/p>\n<p>A Julio Calca\u00f1o (1840-1918) debemos un enjundioso compendio intitulado Parnaso venezolano (Caracas, tipograf\u00eda El Cojo, 1982), aparte de otros trabajos dispersos recogidos despu\u00e9s conjunta- mente con \u00e9se en el volumen Cr\u00edtica literaria (Caracas, Presidencia de la Rep\u00fablica, 1972). No por casualidad, el poeta Fernando Paz Castillo (1972: 14) reconoce la val\u00eda del trabajo cr\u00edtico de este autor, aunque llega a calificarlo de \u201chombre sabio y no justo\u201d. El criterio \u201ccalca\u00f1ista\u201d y los principios en que sustentaba la dedicaci\u00f3n a la labor cr\u00edtica se sintetizan muy bien en un pasaje que hemos extra\u00eddo de su trabajo referido a \u201cAlfredo Arvelo Larriva y su libro Sones y Canciones\u201d:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">\u2026no tengo predilecci\u00f3n por ninguna escuela literaria, ya que en todas cabe la belleza, condici\u00f3n primordial de la excelsitud en el arte, y sin la cual ninguna obra, ni cl\u00e1sica ni rom\u00e1ntica ni modernista merece parar la consideraci\u00f3n de ning\u00fan cr\u00edtico. (Calca\u00f1o, 1972: 330).<\/p>\n<p>Con base en esa especie de \u201cgrito de guerra\u201d, podr\u00edamos determinar sus niveles de \u201csabidur\u00eda\u201d y \u201cjusteza\u201d desde el momento en que rese\u00f1a la primera y m\u00e1s comprehensiva obra cr\u00edtica nacional, aquella que, con aciertos y errores, tuvo como loable prop\u00f3sito poner algo de orden en el concierto de la literatura venezolana del siglo XIX. me refiero a La literatura venezolana en el siglo XIX, de Gonzalo Pic\u00f3n Febres (1906). Desde la misma introducci\u00f3n de su rese\u00f1a de esa obra, Calca\u00f1o se dedica a desmontar lo que a su juicio ser\u00eda apenas un libro \u201cimpreso con nitidez y en excelente papel\u201d (1972: 215), pero \u201c\u2026deslustran el trabajo juicios err\u00f3neos y arbitrarios, carencia de doctrina bien entendida, apasionamientos injustificados, omisiones imperdonables de hechos hist\u00f3ricos y de obras, escritores y poetas notables, yerros gramaticales, vocablos im- propios que acaso s\u00f3lo se usan en su ciudad natal; y\u2026el empe\u00f1o de que se admiren median\u00edas y nulidades, encimando noveladores de leso entendimiento, prosistas inh\u00e1biles y cascabeleros, y poetas cript\u00f3gamos y an\u00f3nimos que debieran ser encubados\u201d (p. 217).<\/p>\n<p>Tan \u00a0contundentes \u00a0aseveraciones \u00a0corren \u00a0el \u00a0riesgo \u00a0de \u00a0perder \u00a0el \u00a0peso \u00a0que \u00a0les \u00a0asigna \u00a0el \u00a0cr\u00edtico \u00a0e insigne miembro fundador de la Academia Venezolana de la Lengua (1883) cuando en algunas partes de sus comentarios encontramos que, entre otras cosas, intenta defenderse a s\u00ed mismo de los juicios que Pic\u00f3n Febres hab\u00eda emitido acerca de dos fallidas novelas de su autor\u00eda (Blanca de Torrestela, 1868, y El Rey de Tebas, 1872). A la primera de ellas, Pic\u00f3n Febres la hab\u00eda catalogado en su trabajo como \u201cnovela de segunda mano\u201d (1906: 364), en cuanto que lo m\u00e1s benigno que expresara acerca de El Rey de Tebas era que es \u201cenmara\u00f1ada\u201d (p. 365), e igualmente de los cuentos del mismo autor opina que \u201cno tienen m\u00e1s valor que el del estilo\u201d (365).<\/p>\n<p>As\u00ed, desde lo que podemos delimitar como los comienzos muy pol\u00e9micos de nuestra cr\u00edtica literaria formal, los propios protagonistas comienzan a confundir sus roles de creadores y cr\u00edticos. Se desplegar\u00e1n de esa manera posturas ambiguas a partir de las cuales quienes ejercen la labor evaluativa de la literatura de creaci\u00f3n, se dedican paralelamente a \u201cdefender\u201d sus propias obras de los juicios que otros han emitido sobre ellas. Se argumenta y se reflexiona desde la trinchera de la cr\u00edtica pero con el prop\u00f3sito oculto de \u201cdefender\u201d la obra personal. Y esta actitud no ser\u00e1 ajena al proceso hist\u00f3rico de nuestra literatura, desde sus comienzos hasta bien avanzado el siglo XX (cf. Barrera Linares, 2000).<\/p>\n<p>M\u00e1s adelante, otro destacado cr\u00edtico de esta misma etapa (Jes\u00fas Semprum, 1882-1931), esgrimir\u00e1 un importante alegato a la hora de evaluar muy positivamente la obra general de Calca\u00f1o y contribuir con la defenestraci\u00f3n del volumen de Pic\u00f3n Febres:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">Cuando nuestra generaci\u00f3n lleg\u00f3 al campo literario con la inquietud alborozada del que presume realizar pronto grandes cosas, encontramos pocos edificios tan cabales como el que don Julio Calca\u00f1o hab\u00eda construido para la morada de su gloria. Si fuimos alguna vez irreverentes, culpa era de la sangre moza que nos ard\u00eda en las venas (Semprum, 1956: 61).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">\u2026el se\u00f1or Pic\u00f3n Febres es declamatorio, lleno de humos did\u00e1cticos, y frecuentemente sentimental y admonitor, como cuando repite con una constancia verdaderamente fatigosa, su homil\u00eda contra \u201cla conspiraci\u00f3n del silencio\u201d; que se urde en torno de no s\u00e9 qu\u00e9 literatos, seg\u00fan su decir (Semprum, 1956: 85).<\/p>\n<p>Queda muy claro entonces que desde esa \u00e9poca la cr\u00edtica literaria venezolana asume dos orientaciones encontradas: los \u201cpro-Pic\u00f3n Febres\u201d y los \u201canti-Pic\u00f3n Febres\u201d. M\u00e9rito indiscutible para ese autor y para un libro al que siempre he considerado la aut\u00e9ntica obra fundacional de nuestra cr\u00edtica literaria local. Y no tanto por sus contenidos o por sus juicios, que en realidad a veces pueden parecer poco \u201cobjetivos\u201d y quiz\u00e1s hasta motivados por relaciones personales. Lo que me hace considerarlo un pionero es su firme y evidente prop\u00f3sito de organizar la casi totalidad de un corpus que hasta ese momento s\u00f3lo hab\u00eda sido estudiado de modo parcial, incompleto y sesgado. En eso coincido plenamente con otro maestro de nuestra vapuleada cr\u00edtica nacional, Domingo Miliani (1972: 26), quien endosa a Pic\u00f3n Febres \u201c\u2026el sentido abarcador de los panoramas hechos a conciencia\u201d. Con fallas o sin ellas, su obra ser\u00e1 el primer intento por ordenar y sistematizar justo a principios del siglo XX, los cien a\u00f1os de literatura que lo hab\u00edan precedido. Eso, precisamente, lo convertir\u00e1 en el centro de gravedad de seguidores complacidos y adversarios descontentos.<\/p>\n<p>Y justo dentro de ese contexto de adhesi\u00f3n\/rechazo, aparece un cuarto participante cuya actitud lucir\u00e1 un poco m\u00e1s ponderada en relaci\u00f3n con aquel autor y su libro fundacional. \u00c9ste destaca aciertos y resalta fallas, al mismo tiempo que ser\u00e1 muy severo con la actitud de Semprum. Esa cuarta voz es la de otro de nuestras m\u00e1s reconocidos cr\u00edticos de la \u00e9poca, Julio Planchart (1885- 1948). Veamos el modo como \u00e9ste aborda los juicios de su colega:<\/p>\n<p>Semprum defendi\u00f3 el modernismo de las afirmaciones adversas de Pic\u00f3n Febres, no argumentando contra ellas sino elogiando la escuela. Dio de mano aqu\u00e9llas quiz\u00e1s por hallarlas inoperantes o por no gustarle teorizar. Acusa al escritor de que en su libro \u201cno se encuentra ni rastro de una teor\u00eda explicativa de nuestra historia literaria\u201d. A \u00e9l pudiera hac\u00e9rsele un reproche semejante en lo relativo al modernismo. (Planchart, 1972: 397-398).<\/p>\n<p>Podemos evidenciar con este cruce de juicios y respuestas la existencia de una confrontaci\u00f3n nacida a la luz del trabajo cr\u00edtico de un autor que se atreve a emitir valoraciones adversas al ambiente literario de la \u00e9poca. m\u00e1s all\u00e1 de las motivaciones de dicha situaci\u00f3n, no es aventurado inferir que con este proceso se iniciar\u00e1 una discusi\u00f3n sobre la cr\u00edtica venezolana y sus fundamentos. Esa discusi\u00f3n perdurar\u00e1 durante todo el siglo XX, aunque algunos narradores y poetas se hayan dedicado a la negaci\u00f3n de su existencia (cf. Barrera Linares, 2005).<\/p>\n<p>He querido retomar el retrato de un muy particular escenario surgido a partir de la publicaci\u00f3n de uno de los primeros y m\u00e1s importantes libros de cr\u00edtica editados y discutidos en Venezuela. Y a prop\u00f3sito he recordado tambi\u00e9n la participaci\u00f3n que, aparte del autor, en este evento tuvieron tres importantes estudiosos de nuestras letras, a quienes suelo ubicar en la primera fase formal de la historia de la cr\u00edtica literaria nacional (cf. Barrera Linares, 2000). Y podr\u00eda concluir aqu\u00ed que esa primera etapa se cierra con un nombre que tambi\u00e9n ser\u00e1 fundamental en el an\u00e1lisis de nuestro proceso cultural: mariano Pic\u00f3n Salas (1901-1965). La publicaci\u00f3n de su obra funda- mental, en 1940 (Formaci\u00f3n y proceso de la literatura venezolana) y su afinidad con Pic\u00f3n Febres en prop\u00f3sito y objetivos, permiten dibujar un ciclo cuyas positivas consecuencias se comenzar\u00e1n a percibir al iniciarse la quinta d\u00e9cada del siglo XX.<\/p>\n<p><strong>Desde la segunda fase o etapa hasta el presente<\/strong><\/p>\n<p>Pic\u00f3n Febres y Pic\u00f3n Salas, cada uno en su momento, sistematizaron entonces los cimientos de una tradici\u00f3n que se vincular\u00eda luego con la investigaci\u00f3n cr\u00edtica desde las aulas universitarias. Aqu\u00ed es obligado recordar a tres autores ineludibles: \u00c1ngel Rosenblat (1902-1984), Ulrich Leo (1890-1964) y Edoardo Crema (1892-1974). Los tres llegados desde otras latitudes pero adoptados por nosotros como propios. Si alg\u00fan aporte se les debe reconocer, entre los muchos que hicieron, es que facilitaron tres aspectos muy importantes para el desarrollo futuro de nuestra cr\u00edtica. Primero, la vinculaci\u00f3n entre investigaci\u00f3n literaria y academia universitaria (labor ejercida desde la docencia, principalmente en dos instituciones: El Instituto Pedag\u00f3gico Nacional y la Universidad Central de Venezuela). Segundo, la necesidad de asumir la cr\u00edtica como actividad conectada con los formalismos de la teor\u00eda literaria. Tercero, la instauraci\u00f3n de \u201cescuelas\u201d cr\u00edticas constituidas por un discipulado que garantizara la continuidad del trabajo. Dentro de tal discipulado, puedo destacar algunos nombres: Domingo Miliani, Orlando Araujo, Pedro Pablo Barnola, Oscar Sambrano Urdaneta, Pedro D\u00edaz Seijas, Alexis M\u00e1rquez Rodr\u00edguez, Manuel Berm\u00fadez, Argenis P\u00e9rez Huggins. Lo que los fundadores hab\u00edan hecho por intuici\u00f3n, se formaliza en esta segunda etapa en la que el lenguaje de la cr\u00edtica literaria nacional se comienza a percibir impregnado de tecnicismos y l\u00e9xico propio de las disciplinas filol\u00f3gicas y estil\u00edsticas imperantes en esa \u00e9poca.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed hay que mencionar otro factor importante e innegable: con esta \u201ctecnificaci\u00f3n\u201d del discurso cr\u00edtico, se constri\u00f1e un poco el car\u00e1cter divulgativo de la cr\u00edtica local, se comienzan a desarrollar los lenguajes especializados y se genera un distanciamiento entre los textos que producen los investigadores y el gran p\u00fablico. Los cen\u00e1culos cr\u00edticos se concentrar\u00e1n as\u00ed en los ambientes universitarios y dicha situaci\u00f3n generar\u00e1 una nueva confrontaci\u00f3n que no ha cesado hasta hoy: la cr\u00edtica acad\u00e9mica (especializada, muy contaminada de l\u00e9xico disciplinar, metodol\u00f3gicamente ajustada a corrientes espec\u00edficas de pensamiento, dirigida a sectores particulares de lectores), frente a la cr\u00edtica de divulgaci\u00f3n (informativa, dirigida al gran p\u00fablico, m\u00e1s laxa en su vocabulario y menos atada a rigores metodol\u00f3gicos espec\u00edficos)<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a>. En ese contexto, he planteado en un trabajo precedente la existencia de dos per\u00edodos o etapas posteriores: el \u201cmodelo formalista semi\u00f3tico\u201d y el \u201cmodelo contextual semiol\u00f3gico\u201d. Si bien el primero se deriv\u00f3 de las orientaciones de aquellos promotores de la segunda etapa, el modelo contextual semiol\u00f3gico ser\u00eda una \u201cevoluci\u00f3n\u201d a su vez originada por las ense\u00f1anzas del discipulado y se ha prolongado hasta la actualidad. Hoy, en lo que consideramos una cuarta etapa, podemos hablar de la existencia de una generaci\u00f3n de cr\u00edticos y cr\u00edticas que, a partir de los a\u00f1os setenta del siglo anterior, desarrolla su trabajo b\u00e1sicamente desde los centros de investigaci\u00f3n de las universidades. Sigue la cr\u00edtica universitaria distanciada de la divulgaci\u00f3n general, pero ha ganado en profesionalizaci\u00f3n y ha convertido el estudio de la literatura en una verdadera disciplina agrupada dentro de las llamadas \u201cciencias sociales\u201d. La vastedad de los productos impide su referenciaci\u00f3n en un art\u00edculo tan breve como \u00e9ste, pero podr\u00eda ser calculada a partir de la vasta informaci\u00f3n contenida en lo que ha sido el m\u00e1s reciente intento dedicado a esta labor de inventariar la cr\u00edtica literaria venezolana: el volumen Naci\u00f3n y Literatura (2006), en el que Carlos Pacheco, Beatriz Gonz\u00e1lez y este servidor hemos intentado acoplarnos con el prop\u00f3sito que motiv\u00f3 a autores de recuentos, panoramas, historias y estudios integrales precedentes como Pic\u00f3n Febres (1906), Pic\u00f3n Salas (1940), Araujo (1972), Liscano (1973), medina (1993): inventariar y presentar lo que ha sido la literatura venezolana desde el mismo proceso de la colonizaci\u00f3n hasta iniciado el siglo XXI. Casi sesenta de nuestros m\u00e1s reconocidos cr\u00edticos e investigadores contempor\u00e1neos se dan cita en ese volumen para dejar testimonio del proceso de nuestra literatura.<\/p>\n<p>Aclarado de esa manera sucinta el contexto hist\u00f3rico de lo que han sido las fases o etapas de nuestra cr\u00edtica literaria, paso a detallar las motivaciones que han orientado mi trabajo personal dentro de ese proceso. Para ello, resumo en diez apartes lo que considero las premisas funda- mentales que me han servido de base para participar desde mi perspectiva de narrador y cr\u00edtico, sin menoscabar ninguna de ambas funciones y desempe\u00f1\u00e1ndolas con la intenci\u00f3n de equilibrio que supongo impone cada una.<\/p>\n<blockquote><p>&#8230;la cr\u00edtica literaria es quiz\u00e1s la m\u00e1s d\u00e9bil e inestable de las funciones de la escritura, porque, como es natural, todos los escritores de otros g\u00e9neros la desean fervientemente para que considere y analice las \u201cobras de creaci\u00f3n\u201d, pero tambi\u00e9n se pasan la vida censur\u00e1ndola<\/p><\/blockquote>\n<p><strong>Oficio de suicidas: dec\u00e1logo cr\u00edtico sobre la cr\u00edtica<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a><\/strong><\/p>\n<ol>\n<li>Al menos en Venezuela, la cr\u00edtica literaria es quiz\u00e1s la m\u00e1s d\u00e9bil e inestable de las funciones de la escritura, porque, como es natural, todos los escritores de otros g\u00e9neros la desean fervientemente para que considere y analice las \u201cobras de creaci\u00f3n\u201d, pero tambi\u00e9n se pasan la vida censur\u00e1ndola (sobre todo si no les es favorable) y achac\u00e1ndole las culpas de cuanto desaguisado acompa\u00f1a al resto de la literatura. Con mi maestro y colega, Alexis M\u00e1rquez Rodr\u00edguez, a la cr\u00edtica la considero literatura de reflexi\u00f3n. Y parafraseo las palabras de otro admirado maestro y cr\u00edtico profesional, Manuel Berm\u00fadez (cuando se refiere a la Academia de la Lengua), la cr\u00edtica literaria es como la nobleza, son muchos los que la censuran expl\u00edcitamente pero tambi\u00e9n la procuran impl\u00edcitamente para sus libros. Incluso quienes se han pasado la vida objetando a la llamada cr\u00edtica acad\u00e9mica, viven ansiosos porque sus obras ingresen en esos espacios de discusi\u00f3n. Tienen clara conciencia de que en Latinoam\u00e9rica en general, la academia es un camino posible para la consagraci\u00f3n de las obras literarias y por ello les interesa mucho que sus obras formen parte de las asignaturas de la escuela b\u00e1sica, el bachillerato y la universidad.<\/li>\n<li>El inventario venezolano de los cr\u00edticos literarios suele ser bastante cerrado, limitado, finito. Digamos que por cada cien escritores de otros g\u00e9neros, hay uno o dos cr\u00edticos. me refiero al trabajo cr\u00edtico profesional, no al dilentatismo ocasional en la prensa o a la rese\u00f1a circunstancial acerca de una u otra publicaci\u00f3n. Pero ejercer profesionalmente el oficio de la cr\u00edtica literaria en Venezuela pasa a constituir a veces una labor casi suicida: igual que reza la frase manida de las teleseries estadounidenses, todo lo que digas puede \u201cser utilizado en tu contra\u201d. Y tambi\u00e9n lo que no digas, que es m\u00e1s grave. Te juzgan tus colegas escritores por leerlos y tratar de ser equilibrado en tus juicios e igual te condena el resto por no tomarlos en cuenta. Y esto, sin mencionar que la mayor\u00eda de los poetas, narradores y \u201censayistas puros\u201d no suelen considerar que el cr\u00edtico literario sea propiamente un escritor. A veces lo consideran como alguien \u201cal servicio\u201d de la llamada \u201cescritura de creaci\u00f3n\u201d.<\/li>\n<li>Para que la \u201csociedad literaria\u201d te acepte como cr\u00edtico, debes pasar primero por unos cuantos tragos amargos, entre los que podr\u00eda mencionar, por ejemplo, nulo intento de desacralizar a los escritores sacralizados por ciertas huestes locales, aceptaci\u00f3n sumisa \u2013y sin ning\u00fan tipo de duda\u2013 de cualquier alabanza ciega que la cr\u00edtica precedente haya hecho de alg\u00fan t\u00f3tem nacional o for\u00e1neo, o simplemente callar cuando disientas de la opini\u00f3n de alguien con mayor peso \u201cancestral\u201d que el tuyo. De all\u00ed que, en el campo de la narrativa, algunos intentos por hacer planteamientos divergentes sobre ciertos autores locales (R\u00f3mulo gallegos, Guillermo Meneses, Arturo Uslar Pietri, teresa de la Parra, Jos\u00e9 Balza, Pedro Emilio Coll, Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez, etc.) se hayan frustrado en su prop\u00f3sito, debiendo esperar alg\u00fan tiempo para ser \u201caceptados\u201d por la sociedad literaria. Un antecedente notorio de esta situaci\u00f3n lo he referido arriba al aludir a la pol\u00e9mica generada por la publicaci\u00f3n del volumen de Pic\u00f3n Febres (1906). V\u00e9anse las reacciones de Julio Calca\u00f1o y Jes\u00fas Semprum arriba mencionadas.<\/li>\n<li>Como alguna vez sugiriera Oscar Rodr\u00edguez Ortiz (1987), al cr\u00edtico literario nacional se le exige pr\u00e1cticamente todo: amplia cultura, estudios interminables, lectura total, acierto recurrente, alto nivel de comprensi\u00f3n y disposici\u00f3n permanente hacia quienes piensan que la cr\u00edtica es una actividad dedicada a la \u201cprestaci\u00f3n de servicios\u201d al resto de los escritores. No suele exig\u00edrsele tanto a aquellos que se dedican a otros g\u00e9neros<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">[5]<\/a>. \u201cNosotros hacemos nuestro trabajo, que los cr\u00edticos hagan el suyo\u201d. Es una expresi\u00f3n que, palabras m\u00e1s, palabras menos, se ha repetido casi id\u00e9ntica a lo largo de la historia de nuestra literatura. Pero casi siempre esperando que se haga s\u00f3lo cr\u00edtica laudatoria y superficial, que no indague demasiado en asuntos formales y estil\u00edsticos.<\/li>\n<li>Desde la consolidaci\u00f3n de lo que arriba hemos delimitado como la tercera y cuarta etapas o fases de la cr\u00edtica literaria venezolana, la tradici\u00f3n nacional ha diferenciado muy malintencionadamente entre cr\u00edticos \u201cacad\u00e9micos\u201d y cr\u00edticos \u201cno acad\u00e9micos\u201d. Desde los predios ajenos a la universidad o a la academia en general, casi siempre hay un desprecio extra\u00f1o y curioso hacia los primeros: \u201cCazadores de gazapos que se amuchiguan en densa turbamulta, creyendo de buena fe que con se\u00f1alar alg\u00fan dislate o desliz ya han realizado un acto que los enviste con el sacerdocio de la cr\u00edtica\u201d como dec\u00eda Jes\u00fas Semprum (1956: 331), uno de los grandes nombres de nuestra cr\u00edtica no acad\u00e9mica, que adem\u00e1s se daba el lujo de confundir a los cr\u00edticos acad\u00e9micos con elementales \u201cpolic\u00edas del lenguaje\u201d. Curiosamente, uno de los m\u00e1s fervientes \u201cpolic\u00edas del lenguaje\u201d que hemos tenido en nuestra historia fue precisamente el acad\u00e9mico Julio Calca\u00f1o<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">[6]<\/a>, a quien, como hemos visto arriba, el propio Semprum defendi\u00f3 con rigor ante los juicios adversos de Gonzalo Pic\u00f3n Febres. Con los supuestos cr\u00edticos \u201cno acad\u00e9micos\u201d se suele ser m\u00e1s benevolente, a veces incluso se les llega a considerar como escritores de otros g\u00e9neros que se atreven a incursionar en cierta cr\u00edtica espont\u00e1nea e informal, m\u00e1s comentarista que argumentativa. Aparte de que, como hemos visto, la llamada cr\u00edtica acad\u00e9mica profesional tiene una tradici\u00f3n mucho m\u00e1s reciente. El oficio cr\u00edtico con peso y repercusi\u00f3n p\u00fablica anterior a los a\u00f1os cincuenta del siglo XX venezolano era ejercido por escritores provenientes de \u00e1reas como el derecho, el periodismo, la ingenier\u00eda, la medicina, la pol\u00edtica y la milicia. Con excepciones notables, por supuesto, como las de mariano Pic\u00f3n Salas, Edoardo Crema y Pedro Pablo Barnola (1908-1986), para s\u00f3lo citar tres hitos. Y c\u00f3mo dudar que de ese per\u00edodo quedaron grandes nombres c\u00e9lebres para la historia de la cr\u00edtica nacional (Jes\u00fas Semprum, Julio Planchart, gonzalo Pic\u00f3n Febres, Rafael Angarita Arvelo, Edoardo Crema, Pedro Pablo Barnola). Con los sesenta del siglo XX se inicia un proceso de identificaci\u00f3n entre el estudioso universitario de la literatura y el desempe\u00f1o de la cr\u00edtica literaria. Y tambi\u00e9n en ese per\u00edodo se inicia la diferencia (no exenta de matices ideol\u00f3gicos) entre quienes hacen cr\u00edtica dentro y fuera de la academia. Aqu\u00ed no puedo obviar el nombre del maestro Domingo Miliani (1934-2002) como uno de nuestros grandes pilares dentro de la cr\u00edtica profesional universitaria que se fortalece en Venezuela desde comienzos de los a\u00f1os setenta del siglo XX.<\/li>\n<li>C\u00f3mo dudar que, principalmente desde el oficio de la cr\u00edtica acad\u00e9mica, ha habido quienes confundieron las opciones que ofrece el oficio (rese\u00f1a divulgativa, monograf\u00eda acad\u00e9mica, art\u00edculo especializado, etc.) y trasladaron al terreno de la difusi\u00f3n masiva sesudos y complicados an\u00e1lisis que, antes que promover la obra de los otros escritores, lograron hacer de aquello un templo de intrincadas variables que nada dicen al lector convencional, aunque logren complacer a un peque\u00f1o s\u00e9quito de especialistas en el \u00e1rea. Este hecho ha puesto en evidencia la inutilidad de cierta cr\u00edtica literaria: aquella que no tiene conciencia de los destinatarios a quienes va dirigida, que no siempre son (o al menos no siempre deber\u00edan ser) los c\u00edrculos acad\u00e9micos (estudiantes, profesores, investigadores). A ese respecto el maestro de la cr\u00edtica literaria espa\u00f1ola Juan Luis Alborg imagina sarc\u00e1sticamente la escritura de un nuevo Quijote que, \u201caplastado por la recia balumba de t\u00e9cnicas y teor\u00edas que hab\u00eda pretendido absorber y digerir\u2026 enloquece leyendo las caballer\u00edas de la cr\u00edtica contempor\u00e1nea\u201d (1991:10).<\/li>\n<li>A juicio de algunos escritores, la cr\u00edtica no es parte del mundo de la literatura; la ven m\u00e1s bien como un complemento necesario, mas no integrado. Por lo menos, no institucionalmente. La tradici\u00f3n venezolana de los Premios Nacionales de Literatura cuenta, por ejemplo, con muy pocos cr\u00edticos en su inventario (creo que Pedro grases, cr\u00edtico venezolano de origen catal\u00e1n, 1909-2004, es una isla excepcional en esa lista y es muy posible que se le haya otorgado m\u00e1s bien en su condici\u00f3n de bibli\u00f3grafo y obseso investigador de la obra de Andr\u00e9s Bello). Adem\u00e1s, salvo el Premio municipal de Investigaci\u00f3n Literaria (auspiciado por la Alcald\u00eda de la capital del pa\u00eds), no hay cert\u00e1menes nacionales o internacionales dedicados exclusivamente a la promoci\u00f3n de la cr\u00edtica literaria, como s\u00ed los hay dedicados a la novela, la poes\u00eda y el ensayo<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">[7]<\/a>. Como digna excepci\u00f3n, en las actuales bases de los Premios Nacionales de Cultura, existe la posibilidad de que el Premio Nacional de Humanidades pueda ser otorgado a un cr\u00edtico. En el art\u00edculo N\u00ba 18 de dichas bases se especifica que el referido galard\u00f3n deba ser otorgado a quienes hayan \u201cdesarrollado su obra escrita de creaci\u00f3n en el campo de la investigaci\u00f3n, reflexi\u00f3n o cr\u00edtica\u201d. (Cursivas a\u00f1adidas, cf. <a href=\"http:\/\/www.conac.gov.ve\/documentos)\">http:\/\/www.conac.gov.ve\/documentos).<\/a><\/li>\n<li>Buena parte de nuestros grandes cr\u00edticos son catalogados (o se consideran a s\u00ed mismos) como \u201censayistas\u201d. Es cierto que hay una extra\u00f1a y difusa frontera formal y funcional entre la cr\u00edtica y el ensayo como formatos propios de la literatura, pero el mundo literario latinoamericano ve con mejores ojos al segundo. Y esto se percibe mucho m\u00e1s en el espacio venezolano. Una, la cr\u00edtica, es casi apreciada como un \u201cg\u00e9nero bajo\u201d (Bajt\u00edn, 1989, \u201cdial\u00f3gico\u201d), en tanto el otro implica una especie de alcurnia (\u201cmonol\u00f3gica\u201d) que, al parecer, lo hace m\u00e1s apetecible. El escritor que se inicia en la cr\u00edtica prefiere ser catalogado como ensayista. La calificaci\u00f3n de alguien como cr\u00edtico puede resultar perturbadora: \u201cun\u00e1nimes envidiosos\u201d los denomin\u00f3 alguna vez el admirado y muy reconocido narrador y poeta Sael Ib\u00e1\u00f1ez<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\">[8]<\/a>.<\/li>\n<li>No es tan sencillo desempe\u00f1arse como cr\u00edtico o cr\u00edtica en un espacio donde el escritor de otros g\u00e9neros insiste recurrentemente en negar la existencia del oficio. Y cuando la acepta como una actividad literaria m\u00e1s, la desea \u00fanicamente a su estricto favor y la percibe como subsidiaria. M\u00e1s adjetiva que sustantiva. Es reacio a ratificarla si no lo favorece y no pocas veces algunos exigen o que te conviertas en su cr\u00edtico personal o que s\u00f3lo seas promotor del grupo con el que se siente identificado. De all\u00ed que alguna vez yo haya considerado a la cr\u00edtica literaria como una \u201cfamilia suicida\u201d.<\/li>\n<li>Pero aun dentro de ese difuso y confuso panorama, es obvio que la cr\u00edtica literaria ha logrado no s\u00f3lo permanecer sino tambi\u00e9n evolucionar de acuerdo con las circunstancias y los contextos. Digamos que, ya para este inicio del siglo XXI, la situaci\u00f3n general de la cr\u00edtica literaria nacional ha comenzado a clarificarse y volverse m\u00e1s interesante y productiva, con lo que parece haber contribuido el advenimiento de la Internet. Por diversas razones, y como en muchas otras actividades culturales, la red ha facilitado la democratizaci\u00f3n del oficio cr\u00edtico profesional. Tambi\u00e9n all\u00ed hay cr\u00edtica acad\u00e9mica recalcitrante y comentarios de inter\u00e9s divulgativo y de diversa naturaleza. Como en cualquier otro aspecto del universo ling\u00fc\u00edstico, la red contiene y acepta de todo. Sin embargo, en el caso de quienes desean ejercer la cr\u00edtica como oficio responsable, existe la oportunidad de hacerlo sin m\u00e1s limitaciones que las que ofrece el propio sistema. Cualquiera con acceso al mundo virtual puede ahora suplir la funci\u00f3n del cr\u00edtico tradicional. Y esto ha sido favorable para que la cr\u00edtica opere liberada de ciertas censuras t\u00e1citas o expl\u00edcitas, grupales o institucionales. De hecho Internet est\u00e1 permitiendo el desarrollo de algunas perspectivas cr\u00edticas muy interesantes, aunque, hasta ahora, tambi\u00e9n favorece el anonimato, a trav\u00e9s de la \u201cbloguescritura\u201d, por ejemplo<a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\">[9]<\/a>. Adem\u00e1s, algunos cr\u00edticos tradicionales parecieran negarse al ingreso a esta novedosa herramienta que, si bien a veces resulta vol\u00e1til y muy pasajera, nada podremos hacer para detener su avance y su penetrante nivel de influencia en las comunidades literarias, incluidas por supuesto, las comunidades literarias virtuales. Este medio seguramente modificar\u00e1 las relaciones entre los cr\u00edticos y los lectores, y ampliar\u00e1 las posibilidades de un discurso cr\u00edtico m\u00e1s libre para manifestarse (en todos los sentidos), menos comprometido y con un mejor sentido de integraci\u00f3n entre lo estrictamente acad\u00e9mico y lo divulgativo.<\/li>\n<\/ol>\n<p><strong>Conclusiones<\/strong><\/p>\n<p>Pierre Bourdieu ha se\u00f1alado que \u201cen el \u00e1mbito del an\u00e1lisis literario&#8230; no hay cr\u00edtico, hoy en d\u00eda, que no se otorgue un nombre de guerra en -ismo, -ico o -log\u00eda\u201d (1995: 269-270). De tal modo que hay momentos en que nos aferramos con adicci\u00f3n a tendencias o movimientos para sentirnos m\u00e1s fuertes, apoyados por la sapiencia de quienes encabezan la orientaci\u00f3n te\u00f3rica o metodol\u00f3gica que seguimos (\u201cla marca de f\u00e1brica\u201d dice \u00e9l). Y yo a\u00f1adir\u00eda que posiblemente eso nos hace pensar que estamos revolucionando el oficio de la cr\u00edtica, desde la atalaya te\u00f3rica de otros u otras. En tal sentido, podr\u00eda haber (hay) cr\u00edticos que se autopostulen como \u201cpostmodernistas foucaultianos\u201d, \u201cestructuralistas psicoanal\u00edticos\u201d o \u201cnarrat\u00f3logos gennettianos\u201d, para mencionar s\u00f3lo tres posibilidades. Interesante planteamiento que en el caso venezolano se relaciona con lo que arriba hemos agrupado bajo el r\u00f3tulo general de \u201ccr\u00edtica acad\u00e9mica\u201d. En realidad, nada diferente es esta situaci\u00f3n de lo que ha sido en etapas anteriores, pero al parecer fue reforzada de manera notoria a partir de los a\u00f1os setenta del siglo XX. mas tampoco se trata de una actitud censurable ni negativa. En \u00e9poca de especializaciones casi aberrantes, el an\u00e1lisis literario no ten\u00eda por qu\u00e9 ser la excepci\u00f3n. Lo que s\u00ed podemos derivar de esa idea es la necesaria diferenciaci\u00f3n que debemos hacer entre el \u201cnombre de guerra\u201d o \u201cmarca de f\u00e1brica\u201d que nos caracterice (a partir de nuestra formaci\u00f3n acad\u00e9mica, por ejemplo), el discurso cr\u00edtico que producimos y el modo como debemos divulgarlo de acuerdo con los destinatarios a quienes deseamos llegar. Se precisa entonces la necesidad de diferenciar lo que la cr\u00edtica es en sus diferentes modalidades.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed he dejado de lado esa posibilidad de la afiliaci\u00f3n a escuelas te\u00f3ricas o tendencias formales, a las que de verdad no he sido ajeno en otras oportunidades, principalmente motivado por mi (de)formaci\u00f3n en ling\u00fc\u00edstica. Pero ahora he intentado no suscribirme a ning\u00fan movimiento en particular. m\u00e1s bien he tratado de mostrar un determinado \u201cestado del arte\u201d, desde mis muy particulares puntos de vista y opiniones acerca del fen\u00f3meno analizado: la cr\u00edtica literaria venezolana. Y para ello he partido de una situaci\u00f3n muy concreta a la que he supuesto como el punto de arranque de nuestra cr\u00edtica literaria formal y sistem\u00e1tica: la pol\u00e9mica sobre el libro de Gonzalo Pic\u00f3n Febres (1906).<\/p>\n<p>Lo dem\u00e1s ha sido una consideraci\u00f3n del fen\u00f3meno de la cr\u00edtica literaria nacional, a partir de una serie de ideas que he reunido en un dec\u00e1logo. He intentado caracterizar en cada secci\u00f3n del mismo lo que considero los rasgos b\u00e1sicos de nuestra cr\u00edtica, deteni\u00e9ndome en sus cuatro fases hist\u00f3ricas principales. Cada fase representar\u00eda una tendencia y, finalmente, el conjunto ha desembocado en lo que es el trabajo cr\u00edtico hiperespecializado de nuestra \u00e9poca actual. Ese alto nivel de hiperespecializaci\u00f3n (sobre todo, l\u00e9xica y metodol\u00f3gica) ha conducido a un distancia- miento entre la evaluaci\u00f3n divulgativa de la literatura y los grupos de lectores no acad\u00e9micos.<\/p>\n<p>De all\u00ed ha derivado a su vez una consecuencia inevitable, pero igualmente inocultable: el con- finamiento de la cr\u00edtica venezolana profesional a los espacios acad\u00e9micos y su escasa praxis en los medios de divulgaci\u00f3n ha servido para ratificar la creencia seg\u00fan la cual el oficio cr\u00edtico es inexistente o al menos muy escaso en la Venezuela contempor\u00e1nea. Y, aunque esto no sea cierto, puesto que \u2013como creo haber esbozado\u2013 tambi\u00e9n es posible detectar una historia patente de la cr\u00edtica literaria nacional, desde inicios del siglo XX hasta el presente, s\u00ed ha sido \u00fatil para sustentar una situaci\u00f3n de descreencia en la cr\u00edtica y de negaci\u00f3n recurrente por parte de los escritores.<\/p>\n<p>La \u00faltima y m\u00e1s interesante situaci\u00f3n relacionada con la pr\u00e1ctica de la cr\u00edtica literaria en Venezuela ha comenzado a generarse a partir de p\u00e1ginas virtuales (blogs o bit\u00e1coras). Y, aparte de la ventaja que da el poder hacer cr\u00edtica equilibrada sin consecuencias que puedan recaer sobre el cr\u00edtico, ha surgido una posibilidad de distanciamiento entre \u00e9ste y los autores a quienes comenta. Los escritores que tanto han clamado por la cr\u00edtica, habr\u00e1n de aceptar que \u00e9sta opere sin amarres de censura previa ni sujeta a grupos o preferencias. Dicha posibilidad promete un desarrollo interesante para fortalecer el oficio de evaluar la literatura con equilibrio. Pero igual tiene sus peligros. Ha facilitado la labor de los suicidas del pasado desde dos perspectivas contrapuestas: un sano, responsable y hasta objetivo anonimato (o, si se quiere, seudonimato) o una reprochable y deshonesta actitud de retaliaci\u00f3n. Esto vale para los cr\u00edticos y para sus destinatarios, los lectores, no importa su condici\u00f3n. Las consecuencias de esta nueva e interesante situaci\u00f3n las sabremos despu\u00e9s. Cu\u00e1n interesante hubiera sido apreciar por este medio el desarrollo de la pol\u00e9mica que gener\u00f3 el libro de Gonzalo Pic\u00f3n Febres.<\/p>\n<p><strong>Bibliograf\u00eda<\/strong><\/p>\n<p>Alborg, J.L. (1991): Sobre cr\u00edtica y cr\u00edticos. Historia de la literatura espa\u00f1ola. Madrid: Gredos.<\/p>\n<p>Araujo, O. (1972): Narrativa venezolana contempor\u00e1nea. Caracas: tiempo Nuevo.<\/p>\n<p>Bajt\u00edn, M. (1989): La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento: El contexto de Fran\u00e7ois Rabelais. Madrid: Alianza Editorial.<\/p>\n<p>Barrera Linares, L. (2000): \u201cAproximaci\u00f3n discursiva a la cr\u00edtica literaria venezolana\u201d. An\u00e1lisis cr\u00edtico del discurso. Caracas: Universidad Cat\u00f3lica Andr\u00e9s Bello: 13-80.<\/p>\n<p>Barrera Linares, L. (2005): La negaci\u00f3n del rostro. Apuntes para una egoteca de la narrativa masculina venezolana. Caracas: Monte \u00c1vila.<\/p>\n<p>Bourdieu, P. (1995): Las reglas del arte. Barcelona: Anagrama.<\/p>\n<p>Calca\u00f1o, J. (1897\/ 1950): El castellano de Venezuela. Estudio cr\u00edtico. Caracas: Ministerio de Educaci\u00f3n, Biblioteca Venezolana de Cultura.<\/p>\n<p>Calca\u00f1o, J. (1972): Cr\u00edtica literaria. Caracas: Presidencia de la Rep\u00fablica.<\/p>\n<p>Consejo Nacional de la Cultura (2006): \u201cPremios Nacionales de Cultura 2004\/2005. Convocatoria\u201d. Disponible en <a href=\"http:\/\/www.conac.gov.ve\/\">http:\/\/www.conac.gov.ve <\/a>[consulta: 24 de enero de 2006].<\/p>\n<p>Gonz\u00e1lez, D. (1997): \u201cSael Ib\u00e1\u00f1ez: cuando cabalgo sobre la escritura siento que lo hago con absoluta libertad\u201d [entrevista]. Ateneo, 5. Revista de Literatura y Arte del Ateneo de Los Teques: 14-19. Los teques, Venezuela.<\/p>\n<p>Hernadi, P. (1981): What is criticism?. Bloomington: Indiana University Press.<\/p>\n<p>Liscano, J. (1973): Panorama de la literatura venezolana actual. Caracas: Publicaciones espa\u00f1olas.<\/p>\n<p>Mart\u00ednez, A. (1995): Metacr\u00edtica. Problemas de historia de la cr\u00edtica literaria en Hispanoam\u00e9rica y Brasil. M\u00e9rida (Venezuela): Universidad de los Andes.<\/p>\n<p>Medina, J. R. (1993): Noventa a\u00f1os de literatura venezolana. Caracas: monte \u00c1vila.<\/p>\n<p>Miliani, D. (1972): \u201cGonzalo Pic\u00f3n Febres\u201d. En La literatura venezolana en el siglo XIX. Pr\u00f3logo. Caracas: Presidencia de la Rep\u00fablica: 9-33.<\/p>\n<p>Pacheco, C., Barrera Linares, L. y Gonz\u00e1lez S., B. (compiladores, 2006): Naci\u00f3n y Literatura. Itinerarios de la palabra escrita en la cultura venezolana. Caracas: Fundaci\u00f3n Bigott.<\/p>\n<p>Paz Castillo, F. (1972): \u201cJulio Calca\u00f1o\u201d. En Julio Calca\u00f1o (1972). Pr\u00f3logo. Cr\u00edtica literaria. Caracas: Presidencia de la Rep\u00fablica: 11-25.<\/p>\n<p>Pic\u00f3n Febres, g. (1906 \/ 1972): La literatura venezolana en el siglo diez y nueve. Caracas: Presidencia de la Rep\u00fablica.<\/p>\n<p>Pic\u00f3n Salas, M. (1940): Formaci\u00f3n y proceso de la literatura venezolana. Caracas: Editorial Cecilio Acosta.<\/p>\n<p>Planchart, J. (1972): Temas cr\u00edticos. Caracas: Presidencia de la Rep\u00fablica.<\/p>\n<p>Rodr\u00edguez Ortiz, O. (1987): Venezuela en seis ensayos. Caracas: Monte \u00c1vila Editores.<\/p>\n<p>Semprum, J. (1956): Cr\u00edtica literaria. Caracas: Ediciones Villegas.<\/p>\n<p>Uslar Pietri, A. (1990): \u201cLa muerte de la cr\u00edtica\u201d. Cuarenta ensayos. Caracas: Monte \u00c1vila: 107-112.<\/p>\n<p>NOTAS<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> Como tambi\u00e9n es mim\u00e9tica y cambiante, la discusi\u00f3n que sobre la cr\u00edtica y los cr\u00edticos se vive recurrentemente en el \u00e1mbito hispano, me permito referir aqu\u00ed dos trabajos que remiten a otros espacios: Alborg (1991) y Mart\u00ednez (1995). Aunque por motivos muy particulares elude a Espa\u00f1a y su cr\u00edtica, particularmente ameno, profundo y amplio es el paseo de Juan Luis Alborg por las escuelas, tendencias y autores representativos de la cr\u00edtica y sus oscilaciones te\u00f3ricas. El trabajo de Mart\u00ednez toca exclusivamente lo latinoamericano.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> Julio Calca\u00f1o fue militar de alto rango, Gonzalo Pic\u00f3n Febres, abogado, Jes\u00fas Semprum, m\u00e9dico y Julio Planchart, el m\u00e1s cercano al mundo literario por su actividad principal, se desempe\u00f1\u00f3 como profesor de Literatura e Historia y geograf\u00eda. Todos, sin embargo, dejaron una notable obra literaria y filol\u00f3gica y, gracias a sus trabajos cr\u00edticos, hemos podido definir una primera y muy importante fase de la cr\u00edtica literaria venezolana.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> Este t\u00f3pico lo he desarrollado ampliamente en la primera parte de mi libro An\u00e1lisis cr\u00edtico del discurso (2000).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> En un trabajo precedente (\u201cLa cr\u00edtica literaria: oficio despreciado, beneficio procurado\u201d, por aparecer en una compilaci\u00f3n de Carlos Sandoval para la editorial BID &amp; and Co editor), habl\u00e9 de un novenario de razones, aqu\u00ed lo ampl\u00edo a \u201cdec\u00e1logo\u201d, al tiempo que actualizo y expando mis ideas al respecto.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a> \u201cA los inventores de ficciones narrativas o po\u00e9ticas se les perdonan sus baches, las limitaciones de sus bagajes o la duda entre reflejar o construir universos. Al cr\u00edtico le toca responder lo que otros intelectuales no pueden o no quieren: para eso est\u00e1n. Se dice, en r\u00e9plica, que su funci\u00f3n es igualmente plantear problemas que justifiquen su ret\u00f3rica de interrogantes sin soluci\u00f3n y tanto trabajo como leer, releer y, tanto riesgo como escribir. En ning\u00fan caso las horas de dedicaci\u00f3n lo salvan. \u00a1El pa\u00eds clama por un poco de esperanza! \u00a1Que critiquen, pero que sean constructivos!\u201d (Rodr\u00edguez Ortiz, 1987: 3).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a> Posiblemente se trate del m\u00e1s \u201cpurista\u201d de los acad\u00e9micos venezolanos en la historia de nuestra literatura. Sus ideas al respecto quedaron muy claras en su conocido libro El castellano de Venezuela. Estudio cr\u00edtico (1897). Basten las palabras siguientes como m\u00ednima muestra de su actitud ante el lenguaje y su juicio sobre alguna literatura local: \u201c\u2026jam\u00e1s tuve el intento de escribir este libro, a pesar de la incuria y el abandono de gran n\u00famero de nuestros escritores en lo relativo a la conservaci\u00f3n de la pureza del lenguaje heredado de nuestros mayores\u201d. (1950: XXXIII).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\">[7]<\/a> Como ejemplos de cert\u00e1menes internacionales para otros g\u00e9neros, puedo referir el Premio Internacional de Novela R\u00f3mulo gallegos, los Premios Internacionales de Poes\u00eda \u201cV\u00edctor Valera mora\u201d y \u201cJuan Antonio P\u00e9rez Bonalde\u201d, el Premio Internacional de ensayo mariano Pic\u00f3n Salas.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\">[8]<\/a> Si se nos ocurriera pensar que el escritor es producto de la simple formaci\u00f3n y mucha cultura, los m\u00e1s grandes hacedores de ficci\u00f3n ser\u00edan los cr\u00edticos literarios: esos un\u00e1nimes envidiosos, por lo general del acto creador. (Sael Ib\u00e1\u00f1ez, 1997: 15, cf. Gonz\u00e1lez, 1997)<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\">[9]<\/a> En el actual caso venezolano, baste con abrir la secci\u00f3n \u201cblogs literarios\u201d de la p\u00e1gina <a href=\"http:\/\/www.ficcionbreve.org\/\">www.ficcionbreve.org, <\/a>en la que se da cuenta de buena parte de las bit\u00e1coras en las que suelen aparecer escritos de cr\u00edtica literaria no especializada. Entre los m\u00e1s recientes y dedicados exclusivamente a la labor cr\u00edtica de difusi\u00f3n destaca en estos tiempos <a href=\"http:\/\/aperdomoca\/\">http:\/\/aperdomoca.blogspot.com<\/a>. Una aventura cr\u00edtica muy interesante, aunque amparada en el recurso del nickname tan frecuente en ese tipo de comunicaci\u00f3n contempor\u00e1nea.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/luis-barrera-linares\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n<h6>*Tomado de: Revista Nuestra Am\u00e9rica n\u00ba4, Agosto &#8211; Diciembre 2007; pp. 93 &#8211; 109<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Luis Barrera Linares Introducci\u00f3n \u00bfQui\u00e9n puede negar que, sin distingo de espacio ni tiempo, la cr\u00edtica literaria es la cenicienta de la literatura? Suelen verla con ojeriza no solamente los ejecutantes de los otros \u201cg\u00e9neros\u201d, sino tambi\u00e9n algunos de sus propios art\u00edfices. Nada menos podemos esperar entonces de los lectores no comprometidos. Esta situaci\u00f3n aparece [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":4257,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[44,3],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1943"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1943"}],"version-history":[{"count":7,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1943\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4259,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1943\/revisions\/4259"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4257"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1943"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1943"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1943"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}