{"id":1931,"date":"2021-10-18T21:50:53","date_gmt":"2021-10-18T21:50:53","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=1931"},"modified":"2023-11-24T18:37:13","modified_gmt":"2023-11-24T18:37:13","slug":"la-historia-de-la-literatura-segun-juan-liscano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-historia-de-la-literatura-segun-juan-liscano\/","title":{"rendered":"\u201cPanorama de la literatura venezolana actual\u201d: La Historia de la Literatura seg\u00fan Juan Liscano"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Diego Rojas Ajmad<\/h4>\n<p><strong>I<\/strong><\/p>\n<p>De los tres \u00e1mbitos que conforman los estudios literarios, la teor\u00eda, la historia y la cr\u00edtica, los dos primeros han tenido escaso o nulo desarrollo en nuestro pa\u00eds. El valorar las obras literarias, al contrario, ha sido pr\u00e1ctica com\u00fan, tal como lo demuestra el trabajo <em>Bibliograf\u00eda de la cr\u00edtica literaria venezolana<\/em> 1847-1977, realizado por Roberto Lovera De Sola (1982), en el cual se registran 1.749 textos de cr\u00edtica literaria en un lapso de 130 a\u00f1os, ello sin contar los desperdigados por la prensa y las revistas, con lo cual este n\u00famero seguramente aumentar\u00eda exponencialmente. Sin embargo, la reflexi\u00f3n sobre los fundamentos de lo literario y la meditaci\u00f3n sobre sus periodizaciones no han encontrado en estas tierras sustento que las conviertan en tradici\u00f3n.<\/p>\n<p>En el caso particular de la historiograf\u00eda literaria en Venezuela su ejercicio ha estado signado por la escasez. As\u00ed lo afirma Rafael Arr\u00e1iz Lucca, quien se\u00f1ala: \u201cLas aproximaciones a la literatura venezolana con un prop\u00f3sito totalizante no abundan. (&#8230;) Escasean, pues, los que de un solo envi\u00f3n examinan el devenir hist\u00f3rico de nuestras letras\u201d (Arr\u00e1iz Lucca, 2009: 13). Es acertada esa afirmaci\u00f3n, pues desde 1906, a\u00f1o en el cual se inicia la historiograf\u00eda literaria en Venezuela, hasta el presente, se han elaborado s\u00f3lo seis trabajos que intentan organizar temporalmente el corpus de la literatura nacional, tal como podemos evidenciar en la siguiente tabla:<\/p>\n<table width=\"100%\">\n<tbody>\n<tr>\n<td width=\"16%\">A\u00f1o<\/td>\n<td width=\"26%\">Autor<\/td>\n<td width=\"56%\">T\u00edtulo<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td width=\"16%\">1906<\/td>\n<td width=\"26%\">Gonzalo Pic\u00f3n Febres<\/td>\n<td width=\"56%\">La literatura venezolana en el siglo diez y nueve<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td width=\"16%\">1940<\/td>\n<td width=\"26%\">Mariano Pic\u00f3n Salas<\/td>\n<td width=\"56%\">Formaci\u00f3n y proceso de la literatura venezolana<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td width=\"16%\">1948<\/td>\n<td width=\"26%\">Jos\u00e9 Barrios Mora<\/td>\n<td width=\"56%\">Compendio hist\u00f3rico de la literatura venezolana<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td width=\"16%\">1952<\/td>\n<td width=\"26%\">Pedro D\u00edaz Seijas<\/td>\n<td width=\"56%\">Historia y antolog\u00eda de la literatura venezolana<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td width=\"16%\">1969<\/td>\n<td width=\"26%\">Jos\u00e9 Ram\u00f3n Medina<\/td>\n<td width=\"56%\">Cincuenta a\u00f1os de literatura venezolana<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td width=\"16%\">1973<\/td>\n<td width=\"26%\">Juan Liscano<\/td>\n<td width=\"56%\">Panorama de la literatura venezolana actual<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<p>Se han excluido de esta lista a Jos\u00e9 Le\u00f3n Escalante, <em>Ideas sobre el movimiento literario actual en Venezuela<\/em>, de 1936; Manuel Garc\u00eda Hern\u00e1ndez, con su <em>Literatura venezolana contempor\u00e1nea<\/em>, de 1945; Arturo \u00daslar Pietri, <em>Letras y hombres de Venezuela<\/em>, de 1948; Mario Torrealba Lossi, Literatura venezolana, de 1954 y a Pedro Pablo Barnola, con <em>Altorrelieve de la literatura venezolana<\/em>, de 1970, y otras del mismo tenor, por cuanto estas obras no constituyen historias org\u00e1nicas completas. Aunque en algunas antolog\u00edas se mencionan a estas obras como \u201chistorias de la literatura venezolana\u201d, en realidad son compilaciones de art\u00edculos publicados previamente en la prensa, dedicados a un trabajo exeg\u00e9tico de autores y obras aislados y sin inter\u00e9s de b\u00fasqueda de or\u00edgenes y causas. El mismo Arturo \u00daslar Pietri, en la obra antes citada, dir\u00e1 enf\u00e1ticamente de su libro, afirmaci\u00f3n que puede ser aplicada al resto de las obras mencionadas:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">Est\u00e1n por eso lejos de ser una historia de la literatura venezolana. Para serlo les faltar\u00edan muchas cosas. Entre las m\u00e1s inexcusables: un recuento de la extensa y valiosa obra de los historiadores y ensayistas y un panorama de la poes\u00eda, sobre todo la de los \u00faltimos a\u00f1os, tan decidora y alta. A lo que m\u00e1s se acercan estas p\u00e1ginas es al esbozo de una cronolog\u00eda del esp\u00edritu venezolano, acompa\u00f1ada de una corta galer\u00eda de siluetas de los hombres en quienes encarna con torturada vocaci\u00f3n. (\u00daslar, 1995: 15).<\/p>\n<p>Seis son entonces las obras que han intentado construir el discurso de la historia de la literatura venezolana. Abre este escaso y luminoso corpus Gonzalo Pic\u00f3n Febres y culmina con Juan Liscano, inicio y cierre que se\u00f1alan un trayecto a\u00fan inconcluso.<\/p>\n<p><strong>II<\/strong><\/p>\n<p>Con La literatura venezolana en el siglo diez y nueve, libro de 1906 escrito por el meride\u00f1o Gonzalo Pic\u00f3n Febres (1860-1918), se inicia la pr\u00e1ctica de la historiograf\u00eda en Venezuela. Comparado con el registro de historias literarias de otros pa\u00edses latinoamericanos, la inauguraci\u00f3n de la historiograf\u00eda literaria en Venezuela es tard\u00eda. Esto se explica, en parte, por haber sido la Venezuela del siglo XIX escenario de continuas guerras que hac\u00edan m\u00e1s lenta la estabilizaci\u00f3n pol\u00edtica del Estado y por lo tanto imposible el ejercicio sosegado del recuento del ayer. Antes de \u00e9l, sin embargo, se hallan variadas muestras de una conciencia por el registro hist\u00f3rico, raz\u00f3n por la cual hace afirmar a la investigadora Mirla Alcib\u00edades:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">Sobre la historia literaria, el panorama aparece m\u00e1s desolado en punto a atenci\u00f3n recibida en fechas posteriores. Todav\u00eda hay quien sostenga que la Biblioteca de autores venezolanos (1875) de Jos\u00e9 Mar\u00eda Rojas, debe ser visto como el primer intento por organizar el corpus de nuestras letras nacionales. Desplazando la fecha algunas d\u00e9cadas despu\u00e9s, no falta quien vea en <em>La literatura venezolana en el siglo XIX<\/em> (1906) de Gonzalo Pic\u00f3n Febres la primera historia literaria producida en nuestro pa\u00eds.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">En mi opini\u00f3n, la cuesti\u00f3n referida a la historiograf\u00eda literaria venezolana debe correrse algunos a\u00f1os antes de los se\u00f1alados. Ve\u00edamos p\u00e1ginas atr\u00e1s la oferta del editor e impresor Valent\u00edn Espinal cuando, desde <em>Correo de Caracas<\/em> en 1839, se compromet\u00eda con una \u00abColecci\u00f3n de art\u00edculos originales venezolanos, in\u00e9ditos y publicados\u00bb. Creo que es la intenci\u00f3n historiogr\u00e1fica la que subyace en ese impreso (y en los que, con el mismo prop\u00f3sito de coleccionista, le sucedieron en el tiempo). Digo esto porque la importante existencia de un importante n\u00famero de impresos reunidos bajo la denominaci\u00f3n de Flores, Aguinaldos, Biblioteca o \u00c1lbum, es la muestra de que la idea de reunir, de juntar, producciones literarias como cuadros de costumbres, relatos y poemas, bajo un t\u00edtulo que daba cuenta del car\u00e1cter miscel\u00e1nico con el que se presentaba a sus lectores, dejan ver los afanes de evitar que esos materiales se perdieran en el f\u00e1rrago cotidiano de la prensa peri\u00f3dica. (Alcib\u00edades, 2007: XXV).<\/p>\n<p>Discrepamos de esta afirmaci\u00f3n. Si confundimos el ejercicio historiogr\u00e1fico con la mera relaci\u00f3n de autores y obras, o con la simple faena de la antologizaci\u00f3n, pudi\u00e9ramos llegar entonces a la afirmaci\u00f3n de que la pr\u00e1ctica historiogr\u00e1fica de la literatura venezolana se remonta a la \u00e9poca de la Conquista y la Colonia con los textos de Juan de Castellanos y Jos\u00e9 de Oviedo y Ba\u00f1os. Sin embargo, estas pr\u00e1cticas no pueden ser consideradas como textos historiogr\u00e1ficos propiamente dichos. Son en realidad cr\u00f3nicas, inventarios, listas de t\u00edtulos y autores ordenados cronol\u00f3gicamente. La Historia no debe ser confundida con la Cr\u00f3nica. \u00c9sta no es m\u00e1s que una relaci\u00f3n de hechos; aquella, una reflexi\u00f3n acerca de causas y consecuencias.<\/p>\n<p><strong>III<\/strong><\/p>\n<p>Si La literatura venezolana en el siglo XIX representa el alfa de la historiograf\u00eda literaria en Venezuela, nuestro omega est\u00e1 personificado por <em>Panorama de la literatura venezolana actual<\/em>, publicada en 1973 y escrita por el caraque\u00f1o Juan Liscano (1915-2001). En esa obra hallamos una reflexi\u00f3n que puede leerse casi como recuento testamentario del recorrido realizado por nuestra historiograf\u00eda literaria. Dice el autor:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">Se impone se\u00f1alar, sin embargo, que nuestro pa\u00eds es pobre en estudio de conjunto \u2013como el que estamos llevando a efecto-, de indagaciones en determinados aspectos, de valoraciones, de movimientos, etapas y l\u00edneas de desarrollo literario. No abundan libros dedicados a investigar la obra de un escritor o el proceso de nuestras letras. Y en los que existen, se elude el juicio sobre los movimientos m\u00e1s recientes. Esas carencias producen efectos negativos porque propician la ignorancia, el desconocimiento, la negaci\u00f3n arbitraria del pasado literario. (Liscano, 1973: 259).<\/p>\n<p>En la segunda edici\u00f3n del libro, realizada en 1995, Juan Liscano agrega un nuevo cap\u00edtulo titulado \u201c20 a\u00f1os despu\u00e9s\u201d, el cual inicia con estas palabras:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">Concluimos <em>Panorama de la literatura venezolana actual<\/em> en octubre de 1972. Las apreciaciones finales se\u00f1alaban que se carec\u00eda de toma de conciencia del proceso literario como unidad cultural determinada por circunstancias internas y externas, colectivas e individuales. Seguimos pensando lo mismo aunque reconozcamos que los estudios cr\u00edticos investigativos y especializados en este campo, han logrado mayor desarrollo metodol\u00f3gico con las corrientes semi\u00f3ticas y estructuralistas europeas de los \u00faltimos treinta a\u00f1os, no siempre para su bien, porque los m\u00e1s importantes trabajos carecen a\u00fan de visi\u00f3n de conjunto. Se estudia siempre a un determinado autor como si fuera producto solitario y excelso. Lo m\u00e1s confirmativo de esta apreciaci\u00f3n es que las nuevas promociones no han producido otro Panorama de nuestras letras. (p\u00e1g. 269).<\/p>\n<p>Como vemos, Liscano era partidario de una historia literaria m\u00e1s din\u00e1mica, que enlazara lo local, lo universal, lo biogr\u00e1fico, lo social y lo textual en una suerte de tejido sociocultural que cobijara a la totalidad del hecho literario. Quiz\u00e1s por ello subtitula el inicio de la introducci\u00f3n con la frase \u201crelatividad de la literatura\u201d, casi como queriendo con ello impregnar a los estudios literarios de las nuevas perspectivas que ya la ciencia exacta hab\u00eda asumido a\u00f1os atr\u00e1s, anhelando un \u201cgiro einsteiniano\u201d en los estudios de la literatura. Esta cr\u00edtica a los fundamentos metodol\u00f3gicos del ejercicio historiogr\u00e1fico, en la cual se alude a problemas como la objetividad de la labor cient\u00edfica, el punto de vista del investigador y la definici\u00f3n del objeto de estudio de la Historia, es constante en el pensamiento de Liscano, por lo que a\u00f1os despu\u00e9s podemos seguir encontrando este tipo de ideas, como las expresadas en un libro titulado <em>El horror por la historia<\/em> (1980):<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">Entonces el historiador se encuentra en condici\u00f3n de actor, incapaz, en realidad, de objetividad alguna. De modo que la metodolog\u00eda de las ciencias hist\u00f3ricas, en pleno proceso de formaci\u00f3n por lo dem\u00e1s, est\u00e1 constantemente en la necesidad de plantear de nuevo sus perspectivas las cuales enfocan un material mucho m\u00e1s parecido al viento, como dijo Bol\u00edvar de la revoluci\u00f3n, que a un objeto medible y concreto.(&#8230;).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">Mirar la historia pasada es como ver mapas locales, regionales, desligados de la visi\u00f3n continental y planetaria. Cuando se piensa en Grecia no se tiene simult\u00e1neamente la imagen de la vida en Persia, en ese mismo momento. No hay sincron\u00eda. Las historias de la remota antig\u00fcedad, inclusive en la llamada \u00e9poca hist\u00f3rica, parecen desarrollarse aisladamente y por eso el lector de hoy en d\u00eda que busca instruirse sobre Sumeria, China o Ir\u00e1n, tiene la impresi\u00f3n de que se trataba de mundos aislados y arm\u00f3nicos en ellos mismos, de solipsismos (p\u00e1g. 88 y 96).<\/p>\n<p>Si se juzga el m\u00e9todo o instrumento de observaci\u00f3n, el objeto observado ya no ser\u00e1 el esperado. Cuando en una Historia de la literatura se comienza por repensar los m\u00e9todos y fundamentos de la ciencia hist\u00f3rica, esto irremediablemente afecta los l\u00edmites que definen lo literario. As\u00ed, en Panorama de la literatura venezolana actual, Liscano expone sus concepciones de c\u00f3mo percibe lo literario, alejado de ideas ontol\u00f3gicas y esencialistas e inclinando m\u00e1s la balanza hacia una visi\u00f3n sociocultural, empirista:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">Los movimientos literarios no aparecen por generaci\u00f3n espont\u00e1nea ni siguen una l\u00ednea ascendente de progreso y desarrollo \u00f3ptimos. Por lo tanto, no nacen de la nada o del cerebro genial de un superdotado ni constituyen un vuelo del esp\u00edritu que se remonta cada vez m\u00e1s alto. Obedecen a procesos cuantitativos y cualitativos en que intervienen muchos factores, desde la capacidad creadora y la invenci\u00f3n del individuo estimulado por experiencias y hallazgos anteriores, es decir, por el pasado inmediato o remoto, hasta las presiones sociales m\u00e1s exteriores, las modas, las maneras, pasando por los sentimientos y la sensibilidad de la gente en un momento dado, las circunstancias hist\u00f3ricas, la solidaridad de generaci\u00f3n o de grupos, las afinidades intelectuales entre hombres de diversas edades, los est\u00edmulos, los adelantos tecnol\u00f3gicos, el llamado <em>environment<\/em> que, en nuestra \u00e9poca, tiene importancia determinante. (Liscano, 1995: 7).<\/p>\n<p>Es decir, se imagina el hecho literario no como una estructura l\u00edmpida, \u201ccomo pensaba Hegel, sino m\u00e1s bien se procede por ramificaciones cada vez m\u00e1s complejas y parecidas a haces de proyecciones y prolongaciones verbalistas. Se piensa por momentos en ciertos dise\u00f1os del universo propuesto por Teilhard de Chardin\u201d (Liscano, 1995: 7). Una visi\u00f3n m\u00e1s compleja de la literatura, m\u00e1s cerca a lo real, sujeta a los vaivenes del espacio y el tiempo.<\/p>\n<p>Sin embargo, y luego de semejante declaraci\u00f3n de principios, Liscano estructura los cap\u00edtulos de Panorama de la literatura venezolana actual de la siguiente manera:<\/p>\n<table>\n<tbody>\n<tr>\n<td>Cap\u00edtulo<\/td>\n<td>Tema<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td>I<\/td>\n<td>Antecedentes tem\u00e1ticos y ling\u00fc\u00edsticos<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td>II<\/td>\n<td>Tiempos del narrar actual venezolano<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td>III<\/td>\n<td>Medio siglo de poes\u00eda<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td>IV<\/td>\n<td>Ensayo. Biograf\u00eda. Cr\u00edtica<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td>V<\/td>\n<td>20 a\u00f1os despu\u00e9s<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<p>Aunque se percibe una pesada carga en la clasificaci\u00f3n por g\u00e9neros (narrativa, poes\u00eda y ensayo), el mismo autor es consciente de la inexactitud de esta clasificaci\u00f3n realizada a finales del siglo XX y confiesa:<\/p>\n<p>Vano empe\u00f1o, en nuestros d\u00edas, es querer delimitar los g\u00e9neros literarios como si se tratase de especies zool\u00f3gicas. En efecto, la poes\u00eda tiende a ser de pronto narrativa y prosaica, la narrativa po\u00e9tica y liberada del argumento. Asimismo el ensayo-cr\u00edtico, la cr\u00edtica-ensay\u00edstica, la biograf\u00eda-novelada, la novela-biogr\u00e1fica coexisten en este per\u00edodo convulsionado de la cultura y definido por Einstein, con su admirable modestia, como \u00e9poca de \u201eperfecci\u00f3n de los medios y confusi\u00f3n de los fines\u201f. (Liscano, 1995: 221).<\/p>\n<p>Hay en la obra de Liscano una innovaci\u00f3n metodol\u00f3gica con respecto a las historias literarias que le preceden. No se propone el autor una lista de autores y obras en relaci\u00f3n con una clasificaci\u00f3n hist\u00f3rica del itinerario pol\u00edtico del pa\u00eds. Liscano agrupa obras en relaci\u00f3n con temas y tendencias:<\/p>\n<p>Sin duda alguna, la literatura venezolana pierde mucho al compararla con niveles superiores. Y si a eso fu\u00e9semos, m\u00e1s valdr\u00eda quedarse en los niveles altos de lectura selecta que abocarse, como lo hacemos, a una tarea si bien patri\u00f3tica y de plausible fomento de intercomunicaci\u00f3n americana, tambi\u00e9n reductora, limitadora, localista y para colmo, seguramente propiciatoria de disgustos y reclamos, porque en general importa m\u00e1s al escritor saber si se nombr\u00f3 y c\u00f3mo o si se le omiti\u00f3, que el esfuerzo y el valor en s\u00ed de este tipo de trabajo. Aceptamos el riesgo, resueltos a preferir el delineamiento de tendencias, la exposici\u00f3n de tem\u00e1ticas y procedimientos, que la enumeraci\u00f3n y el registro de fechas y de nombres. Independientemente de nuestro gusto o disgusto, trataremos de situar las obras y los escritores estudiados, actores en este proceso narrativo en funci\u00f3n exclusiva de lo que se propon\u00edan, lograron o fallaron. Por lo tanto, este trabajo no refleja nuestra opini\u00f3n sobre la literatura venezolana (&#8230;) sino a su existir propio. Trataremos de comprender, precisar, difundir, establecer relaciones tem\u00e1ticas y formales con la \u00fanica finalidad de que en otros pa\u00edses, y en el nuestro tambi\u00e9n, se tenga una visi\u00f3n de conjunto de nuestras letras actuales. Por eso nuestra obra pecar\u00e1 por demasiado informativa. (Liscano, 1995: 26-27).<\/p>\n<p>A pesar de estos avances, se mantiene el criterio escriturario y can\u00f3nico en la concepci\u00f3n de literatura, obvi\u00e1ndose por lo tanto la literatura oral y folkl\u00f3rica del corpus utilizado. Esto resulta bastante curioso y contradictorio pues Juan Liscano fue el iniciador y promotor de los estudios sobre el Folklore en Venezuela. En <em>Panorama de la literatura venezolana actual<\/em> en ning\u00fan momento se cuestiona el canon oficial de lo literario; se obvia al humorismo y a las tradiciones folkl\u00f3ricas e ind\u00edgenas, pero se echa de menos, contradictoriamente, a la literatura er\u00f3tica. Nada m\u00e1s.<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p><em>Panorama de la literatura venezolana actual<\/em> de Juan Liscano se inscribe, por lo antes expuesto, en un modelo historiogr\u00e1fico empirista, que intenta concebir lo literario como un fen\u00f3meno cultural imbricado por m\u00faltiples factores, por infinidad de signos y territorios. Sus continuas exigencias por renovar las perspectivas de los estudios hist\u00f3ricos y la visi\u00f3n que tiene de la literatura, a\u00fan con sus limitaciones y carencias, dejan ver una idea integral del hecho literario, que no arguye generaciones ni movimientos ni se convierte en una farragosa lista de autores y obras. Por el contrario, la historia pensada desde la complejidad debe visibilizar la diversidad literaria, cuyas manifestaciones escritas y orales deben tener cabida en sus p\u00e1ginas. Ya Alberto Rodr\u00edguez Carucci hab\u00eda se\u00f1alado esta carencia:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">Se ha coordinado una pr\u00e1ctica falsamente unificadora y homogeneizante de la literatura nacional, controlada por un reduccionismo m\u00e1s o menos evidente, que termina cumpliendo la funci\u00f3n de segregar algunos componentes de la pluralidad literaria venezolana, cuyos recorridos a trav\u00e9s de la historia son complejos y quedan expresados en las tensiones y conflictos originados por la diversidad cultural y ling\u00fc\u00edstica del pa\u00eds. Con respecto a esto \u00faltimo, las treinta y cuatro lenguas ind\u00edgenas que existen paralelamente al castellano, constituyen una prueba contundente del multiling\u00fcismo y de la pluralidad cultural de una Venezuela que com\u00fanmente no registra esto como parte de su realidad cotidiana. (Rodr\u00edguez Carucci, 1988: 19).<\/p>\n<p>\u00bfD\u00f3nde est\u00e1n las historias literarias venezolanas que hacen las periodizaciones, que muestran los cambios y evoluciones y que ciernen g\u00e9neros acerca de la producci\u00f3n literaria de esas treinta y cuatro lenguas ind\u00edgenas? \u00bfD\u00f3nde las historias que registran las tradiciones y cantos populares, los chistes, las d\u00e9cimas de la Cruz de Mayo y las coplas del extenso llano venezolano? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1n las historias que, aun trabajando con el corpus can\u00f3nico de la literatura venezolana, logra entrever aristas que lo vinculen con la literatura del mundo? Eva Kushner propondr\u00e1 la alternativa a seguir: \u201cEn realidad, la renovaci\u00f3n de la historia literaria es posible precisamente a condici\u00f3n de postular la apertura del sistema descriptivo\u201d (Kushner, 1993: 139).<\/p>\n<p>Una historia compleja de la literatura venezolana exhibir\u00eda un criterio hist\u00f3rico din\u00e1mico, con el cual pueda percibirse el sentido activo de las expresiones literarias, sus matices y su espesor, relacionando la obra literaria con su contexto, s\u00ed, pero no encerrando el fen\u00f3meno literario, al decir de Bajtin, en la \u00fanica \u00e9poca de su creaci\u00f3n, corriendo el riesgo del reduccionismo o la taxidermia cultural:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">Las obras rompen los l\u00edmites de su tiempo, viven durante siglos, es decir, en un gran tiempo, y adem\u00e1s, con mucha frecuencia (trat\u00e1ndose de las grandes obras, siempre), esta vida resulta m\u00e1s intensa y plena que en su actualidad. Una obra literaria se manifiesta ante todo en la unidad diferenciada de la cultura de su \u00e9poca de creaci\u00f3n, pero no se puede encerrarla en esta \u00e9poca: su plenitud se manifiesta tan s\u00f3lo dentro del gran tiempo. Pero tampoco la cultura de una \u00e9poca por m\u00e1s alejada que est\u00e9 de nosotros en el tiempo, debe encerrarse en s\u00ed como algo prefigurado, totalmente concluido e irreversiblemente distanciado y muerto. La unidad de una cultura determinada es unidad abierta. (Bajtin, 1982: 350).<\/p>\n<p>Esta falsa idea de las historias literarias de ver las obras como signos anclados a su contexto, incapaces de trascender en el tiempo y que hace invisible, por ejemplo, las lecturas e influencias de una novela como Do\u00f1a B\u00e1rbara en las generaciones posteriores, son un s\u00edntoma de la perenne ausencia del lector en el desarrollo de la historiograf\u00eda.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">Ninguna historia de la literatura estar\u00eda completa si no tuviera en cuenta al destinatario del texto, es decir, la lectura, los lectores, los p\u00fablicos, la recepci\u00f3n (enfoques hermen\u00e9uticos, est\u00e9tica de la recepci\u00f3n, trabajos sociol\u00f3gicos sobre la lectura&#8230;). (Kushner, 1993: 143).<\/p>\n<p>Una historia compleja de la literatura venezolana se sabr\u00eda presa de las concepciones de la periodizaci\u00f3n, pues es imposible una historia sin la mediaci\u00f3n de marcos cronol\u00f3gicos sistematizables; la cronolog\u00eda es conditio sine qua non para la existencia de la historia. Sin embargo, la periodizaci\u00f3n de una historia literaria compleja deber\u00eda partir, aunque suene a verdad de Perogrullo, de los signos ofrecidos por el hecho literario mismo. Una propuesta de periodizaci\u00f3n debe ir al ritmo que brinden las obras, no que las obras sean las que deban adaptarse, cual cama de Procusto, a la medida de los periodos previamente establecidos:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">El historiador gana si procede inductivamente, es decir, si deja que la observaci\u00f3n y la descripci\u00f3n de los fen\u00f3menos preceda a la determinaci\u00f3n de los contornos de conjunto de un fen\u00f3meno en el tiempo y en el espacio y no que la siga. (Kushner, 1993: 133).<\/p>\n<p>Adicionalmente, una historia compleja de la literatura venezolana deber\u00eda problematizar acerca de la incesante relaci\u00f3n que casa los periodos literarios con los periodos pol\u00edticos y sociales. Por ello, cuando se habla de la Literatura Colonial o de la Colonia, de la Literatura de la Independencia, de la Literatura de la Primera Rep\u00fablica, de la Literatura de la Federaci\u00f3n, de la Literatura del Gomecismo o del PostGomecismo; se aplican categor\u00edas hist\u00f3ricas nacionales seguramente v\u00e1lidas, pero inexpresivas en el sentido literario, y en ninguna forma referidas a verdaderos per\u00edodos en el desarrollo de la literatura venezolana. (Carrera, 1984: 31).<\/p>\n<p>Como vimos, pensar las historias literarias radica en problematizar las nociones de literatura y el tipo de periodizaci\u00f3n a implementar, para lograr explicar as\u00ed el \u201cc\u00f3mo\u201d y el \u201cpor qu\u00e9\u201d de los cambios literarios. La tarea por venir est\u00e1 en:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">Habilitar otro concepto de <em>literatura nacional<\/em>, que permita restablecer el car\u00e1cter m\u00faltiple de las tradiciones y sistemas literarios en una literatura. Una historia literaria nacional que gane para s\u00ed la categor\u00eda de la pluralidad, es la condici\u00f3n b\u00e1sica para superar la imagen de falsa unidad homog\u00e9nea de las historias literarias. (Gonz\u00e1lez Stephan, 1985: 73).<\/p>\n<p>Juan Liscano hizo el \u00faltimo esfuerzo en ese sentido en el \u00e1mbito de la historiograf\u00eda literaria venezolana. Un esfuerzo con matices, con aciertos y debilidades, pero esfuerzo necesario para seguir con la labor, iniciada por Pic\u00f3n Febres, de entendernos a nosotros mismos. Toca tomar la antorcha y continuar el recorrido.<\/p>\n<p><strong>REFERENCIAS BIBLIOGR\u00c1FICAS<\/strong><\/p>\n<p>-Alcib\u00edades, Mirla (2007) Ensayos y pol\u00e9micas literarias venezolanas 1830-1869. Caracas: Casa Nacional de las Letras Andr\u00e9s Bello.<\/p>\n<p>-Arr\u00e1iz Lucca, Rafael (2009) Literatura venezolana del siglo XX. Caracas: Alfadil.<\/p>\n<p>-Bajtin, Mijail (1982) Est\u00e9tica de la creaci\u00f3n verbal. M\u00e9xico: Siglo XXI.<\/p>\n<p>-Barrios Mora, Jos\u00e9 (1950) Compendio hist\u00f3rico de la literatura venezolana. (2da. Ed.). Buenos Aires: Padilla y Roig.<\/p>\n<p>-Carrera, Gustavo Luis (1984) Imagen virtual. Signos literarios y aproximaciones cr\u00edticas. M\u00e9rida: ULA.<\/p>\n<p>-D\u00edaz Seijas, Pedro (1962) Historia y antolog\u00eda de la literatura venezolana. (4ta ed.). Madrid: Jaime Villegas.<\/p>\n<p>-Gonz\u00e1lez Stephan, Beatriz (1985) Contribuci\u00f3n al estudio de la historiograf\u00eda literaria en Hispanoam\u00e9rica. Caracas: Academia Nacional de la Historia.<\/p>\n<p>-Kushner, Eva (1993) \u201cArticulaci\u00f3n hist\u00f3rica de la literatura\u201d. En: Marc Angenot, Jean Bessi\u00e8re, DouweFokkema y Eva Kushner. Teor\u00eda literaria. M\u00e9xico: Siglo XXI.<\/p>\n<p>-Liscano, Juan (1995) Panorama de la literatura venezolana actual. Caracas: Alfadil.<\/p>\n<p>-Liscano, Juan (1980) El horror por la historia. Caracas: Ateneo de Caracas.<\/p>\n<p>-Lovera De Sola, Roberto (1982) Bibliograf\u00eda de la cr\u00edtica literaria venezolana 1847-1977. Caracas: Instituto Aut\u00f3nomo Biblioteca Nacional y de Servicios Bibliotecarios.<\/p>\n<p>-Medina, Jos\u00e9 Ram\u00f3n (1969) Cincuenta a\u00f1os de literatura venezolana (1918-1968). Caracas: Monte \u00c1vila.<\/p>\n<p>-Pic\u00f3n Febres, Gonzalo (1947) La literatura venezolana en el siglo diez y nueve (Ensayo de historia cr\u00edtica). 2da. Ed. Buenos Aires: Ayacucho.<\/p>\n<p>-Rodr\u00edguez Carucci, Alberto (1988) Literaturas prehisp\u00e1nicas e historia literaria en Hispanoam\u00e9rica (y otros estudios sobre literaturas marginadas). M\u00e9rida: Universidad de Los Andes.<\/p>\n<p>-\u00daslar Pietri, Arturo (1995) Letras y hombres de Venezuela. Caracas: Monte \u00c1vila.<\/p>\n<h6>*Tomado de: ACTUAL Investigaci\u00f3n .N\u00ba 74, a\u00f1o 46, n\u00ba 01 (2015). pp. 161-174.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Diego Rojas Ajmad I De los tres \u00e1mbitos que conforman los estudios literarios, la teor\u00eda, la historia y la cr\u00edtica, los dos primeros han tenido escaso o nulo desarrollo en nuestro pa\u00eds. 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