{"id":1909,"date":"2021-10-18T19:08:58","date_gmt":"2021-10-18T19:08:58","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=1909"},"modified":"2023-11-24T18:37:14","modified_gmt":"2023-11-24T18:37:14","slug":"en-medio-del-blanco-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/en-medio-del-blanco-2\/","title":{"rendered":"\u00abEn medio del blanco\u00bb, de Kira Kariakin"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\"><span class=\"byline\"><span class=\"author\">Alberto Hern\u00e1ndez<\/span><\/span><\/h4>\n<h3>1<\/h3>\n<p>El blanco se deshace de la luz y la convierte en movimiento. La poes\u00eda contiene la sombra y la libera. Luz y sombra se conjugan para hacer del poema un ensayo, una aventura donde tambi\u00e9n se re\u00fanen los misterios y la voz m\u00e1s \u00edntima de quien se arriesga a decir a trav\u00e9s de las im\u00e1genes.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/en-medio-del-blanco\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><em>En medio del blanco<\/em><\/a> (Oscar Todtmann Editores, Caracas, 2015) va m\u00e1s all\u00e1 del t\u00edtulo. Es el mismo blanco en el que la sombra, la penumbra, la oscuridad y la luz avisan de su presencia en el sonido que emerge de quien, con la mirada iluminada, enceguece, porque la poes\u00eda tambi\u00e9n es ceguera. O certeza.<\/p>\n<p>La certeza del blanco es su negaci\u00f3n. Mirar desde el blanco, desde la imbricaci\u00f3n de sus pulsiones, amerita saber de la ceguera, de una ceguera en la que tambi\u00e9n convergen todos los paisajes: los que se ocultan y los que le a\u00f1aden a la luz el contorno de las formas, el brillo de la voz y el timbre lejano de un canto, el del poema como recurrencia.<\/p>\n<p>La ceguera mira formas, las intuye, las crea, las reconstruye, las arma.<\/p>\n<p>En este libro de Kira Kariakin el lector se hace de y en muchas lecturas. Son muchos los intentos, los avances y los regresos, los impulsos verbales, la habituaci\u00f3n a un tipo de silencio:<\/p>\n<blockquote><p>hay d\u00edas en que s\u00f3lo quiero penumbra<br \/>\npara ocultarme en las ausencias<\/p><\/blockquote>\n<p>Quien habla se borra, se tacha en la sombra, \u201cese c\u00f3modo intermedio\u201d en el que el yo no quiere ser \u201cdescubierto\u201d. El blanco oculta, invisibiliza. Es sombra. El lector intenta descifrar \u201cen medio del blanco\u201d lo que la poeta quiere expresar.<\/p>\n<h3>2<\/h3>\n<p>\u00bfDesde qu\u00e9 perspectiva advertir que el poema es un cuerpo, una pregunta que se rompe, se deshace? Escribir un poema para desaparecer, en el que \u201cme guardo tras el cerco\u201d y aflorar despierta, asolada por<\/p>\n<blockquote><p>La enfermedad<br \/>\nleve<br \/>\nsuficiente<\/p><\/blockquote>\n<p>y preguntarse entre tantos declives: \u201c\u00bfqu\u00e9 hacer con la enfermedad?\u201d.<\/p>\n<p>De aquella idea del blanco, de la testaci\u00f3n de la suma de la luz, el cuerpo vivo, pero d\u00e9bil de quien escribe. El poema puede ser una enfermedad o parte de la cura. Y as\u00ed como hay poemas enfermos, hay poemas que se dejan enfermar para sanar, no el cuerpo, sino el significado del poema.<\/p>\n<p>Kariakin retoma el poema anterior y se hace cuerpo en la p\u00e1gina donde el blanco y una imagen de mujer dicen de su dolor:<\/p>\n<blockquote><p>Yazgo desnuda \/ me cubre una bata ligera \/ et\u00e9rea a los sentidos \/ el cuerpo me aprisiona \/ el doctor ausculta \/ interviene \/ trastea con instrumentos temibles \/ la entra\u00f1a indefensa \/ padezco anegada en dolor \/ este cuerpo fr\u00edo pudiera ser \/ el de una res en manos del carnicero \/ el de una mujer cualquiera en manos del inquisidor medieval \/ he extraviado mi sangre \/ agotado plegarias \/ el alma en fuga abandona \/ la materia concreta de mi humanidad.<\/p><\/blockquote>\n<p>\u00bfEs la muerte envuelta por el blanco? \u00bfEs blanca la muerte? \u00bfLa inconsciencia ocupa alg\u00fan lugar, un espacio lechoso en el que el cuerpo ya no es?<\/p>\n<p>Y el cuerpo contin\u00faa su queja, su blanco lamento, su latitud en la enfermedad:<\/p>\n<blockquote><p>bebo arena para mi vientre yermo<br \/>\nsoy una suma de escombros.<\/p><\/blockquote>\n<p>Y despu\u00e9s, aturdida por otras im\u00e1genes, la voz se congrega en:<\/p>\n<blockquote><p>aguardo el veneno<br \/>\nde la muerte exacta.<\/p><\/blockquote>\n<p>Este tema no se agota. Inflama la lectura, la precipita hacia otros \u00e1mbitos. La poes\u00eda ciega, pervierte la realidad, la deshace, la reinventa: es rebelde y arisca. El cuerpo ans\u00eda ser un poema pero no lo alcanza. El cuerpo se pudre. El poema renace o se olvida. El blanco, la intenci\u00f3n del t\u00edtulo y de algunos amagos, es una justificaci\u00f3n para alargar el tiempo.<\/p>\n<p>Reposa en la nata de las palabras. El referente est\u00e1 intacto. La intenci\u00f3n flamea en la p\u00e1gina. \u00bfEs blanca la p\u00e1gina o es s\u00f3lo una ilusi\u00f3n? \u00bfC\u00f3mo late el dolor en el poema: en la realidad?<\/p>\n<blockquote><p>Paseo en el silencio blanco<br \/>\nen la concavidad donde se juntan<br \/>\nla mudez y la sordera (\u2026)<br \/>\nme libero de la c\u00e1scara irrompible<br \/>\nen el vac\u00edo perfecto.<\/p><\/blockquote>\n<h3>3<\/h3>\n<p>Kira Kariakin se desdobla. Una po\u00e9tica la devuelve entera a su yo emergente: \u201cNo s\u00e9 escribir otros cantos \/ no s\u00e9 irradiar otros versos\u201d<\/p>\n<blockquote><p>(\u2026)<br \/>\nEl poema se revela<br \/>\npara decirme<br \/>\npara saber lo que debo<\/p>\n<p>pero me traiciona<br \/>\ncuando t\u00fa lo lees<br \/>\ny te ataja<br \/>\ny te invade<br \/>\ny entonces te dice<br \/>\ny entonces sabes<\/p>\n<p>que el poema vive solo.<\/p><\/blockquote>\n<p>Como un cuerpo vivo, como la carne de un cuerpo que se agita, tiembla silenciosamente. El poema respira, se mira en su propia cadencia, en el blanco de su luz, sin embargo, \u201caqu\u00ed en este espacio \/ s\u00f3lo est\u00e1 mi penumbra \/ y es que evito encandilarme \/ con falsas iluminaciones\u201d. De esa manera \u201crecobro mi g\u00e9nesis\u201d,<\/p>\n<blockquote><p>all\u00ed pervivo<br \/>\ndensa<br \/>\nen lo blanco<\/p>\n<p>(\u2026)<\/p>\n<p>borroneo los contornos<\/p>\n<p>(\u2026)<\/p>\n<p>me interrogo \/ en medio del blanco \/ de neblina incontestable.<\/p><\/blockquote>\n<p>La insistencia en ese fondo donde el blanco se oscurece, tacha, borra, elimina, aleja.<\/p>\n<p>Cuerpo y poema, uno solo: desde el dolor dejado atr\u00e1s, desde aquella impresi\u00f3n carnal, la voz de la poeta regresa para afirmarse:<\/p>\n<blockquote><p>soy la de hoy esto \/ ma\u00f1ana lo otro \/ soy la soga que no convence \/ el aro lleno \/ la senda ciega.<\/p><\/blockquote>\n<p>Im\u00e1genes que conducen a convertirse en reflejo. Cuerpo y poema: un solo atado de sentidos.<\/p>\n<blockquote><p>mi mirada rebota en el espejo<\/p>\n<p>(\u2026)<\/p>\n<p>ser\u00e1 que me condeno.<\/p><\/blockquote>\n<p>\u00bfHasta qu\u00e9 punto es posible hacerse poema en cuerpo vivo? Cada verso, cada soplo verbal se acomoda al blanco tantas veces reclamado, y ya al final, quien escribe confiesa:<\/p>\n<blockquote><p>Reconozco mis treguas \/ las pausas otorgadas \/ para simulaciones \/ las abandono \/ en conquista de ignorancias \/ y miedos \/ regreso a ellas \/ poseyendo s\u00f3lo el viaje (\u2026) mis huidas.<\/p><\/blockquote>\n<h3>4<\/h3>\n<p>El blanco, el fondo para reconstruir. Sin embargo, el blanco aturde, desvanece. Se desvanece en los colores y las formas. Se hace colores y formas. Se construye sobre las cosas. Se hace las cosas. El poema entra y sale del blanco. El cuerpo del poema, amasado por la poeta, tambi\u00e9n es cuerpo astillado, reparado. Y a pesar de que siempre regresa a sus \u00e1mbitos, no es paisaje.<\/p>\n<p>El cuerpo habla desde la p\u00e1gina, desde el blanco ansiado:<\/p>\n<blockquote><p>Tengo un hueco en el coraz\u00f3n \/ es seco y oscuro (\u2026) mi coraz\u00f3n \/ es tuerto de sentimiento (\u2026) yo vivo con un hueco ciego \/ en el pecho.<\/p><\/blockquote>\n<p>No pod\u00eda faltar en ese blanco intenso, la muerte, la nov\u00edsima muerte, la reci\u00e9n llegada, la esperada, la anunciada:<\/p>\n<blockquote><p>Mi d\u00eda es denso \/ est\u00e1 lleno de adioses \/ porque la muerte \/ se asoma sin pausas \/ es un veneno \/ la savia de la hiedra del insomnio \/ la piedra en el coraz\u00f3n de mis miedos.<\/p><\/blockquote>\n<p>El libro, el blanco que ciega e ilumina, termina en el cuerpo, es el cuerpo desde el inicio, desde todas las esperas y certezas:<\/p>\n<blockquote><p>Las piezas calzan \/ inexactas \/ no soy perfecta \/ construirme \/ s\u00f3lida \/ impecable \/ no es el punto \/ creo el rompecabezas \/ desarticulado \/ y me adivino \/ cada vez.<\/p><\/blockquote>\n<p>Entonces el poema, el que \u201ccalza\u201d inexactamente el cuerpo, el que oculta el blanco para que sea blanco, para que sea parte de un lugar, de un territorio dividido entre la luz y la sombra.<\/p>\n<p>La poes\u00eda no huye de la ceguera. Muchas veces ciega.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6>*Fuente: letralia.com. Publicado el 30-11-2015<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alberto Hern\u00e1ndez 1 El blanco se deshace de la luz y la convierte en movimiento. La poes\u00eda contiene la sombra y la libera. 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