{"id":18873,"date":"2026-11-05T09:32:20","date_gmt":"2026-11-05T14:02:20","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=18873"},"modified":"2026-11-05T09:35:56","modified_gmt":"2026-11-05T14:05:56","slug":"en-el-temblor-de-la-mirada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/en-el-temblor-de-la-mirada\/","title":{"rendered":"En el temblor de la mirada (selecci\u00f3n)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Arnaldo Jim\u00e9nez<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>EL&nbsp;PARECIDO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Ayer me detuve frente a una vitrina de juguetes atra\u00eddo por unos mu\u00f1ecos. Cuando muchacho, esa era mi obsesi\u00f3n. Permanec\u00eda largas horas mir\u00e1ndolos a trav\u00e9s de los cristales. Madre ten\u00eda que halarme casi a la fuerza para que yo pudiera soltarme de sus manos e irme. Muchas veces me dejaba, y yo era un mu\u00f1eco m\u00e1s que disfrutaba de las luces y la transparencia de las vidrieras.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Record\u00e9, casi de manera autom\u00e1tica, los mu\u00f1ecos que tuve, los cuales no eran, sin embargo, mis juguetes preferidos; a m\u00ed no me gustaba perder el tiempo moviendo soldados o sumergiendo buzos en los pipotes de agua; era m\u00e1s dado a correr, a perseguir a mis amiguitos siendo yo uno de los polic\u00edas y ellos los ladrones.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A los mu\u00f1ecos me fascinaba verlos detr\u00e1s de los vidrios mostradores: all\u00ed estaban en su verdadero hogar, reunidos, limpios y ordenados. Los que ten\u00eda en casa no eran mu\u00f1ecos, solo unos juguetes demasiados usados, sucios del traj\u00edn de los juegos, revolcados en el hogar, golpeados por la intimidad de los cuartos y los rincones. Para m\u00ed, los verdaderos mu\u00f1ecos estaban siempre en las jugueter\u00edas, luciendo sus trajes y sus pieles brillantes.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Desde el otro lado, yo imaginaba que los estaba alborotando, que junto con ellos me pon\u00eda a trepar los techos y a colgarme de las l\u00e1mparas. Les daba movimiento; ellos adquir\u00edan de pronto unas arterias que desconoc\u00edan y espetaban un exceso de vitalidad que los hac\u00eda volar por toda la vidriera que as\u00ed iba transform\u00e1ndose en un reposo de mar o un puente pintado de peligro. Siempre estaban como esperando a que yo me asomara y colocara las manos abiertas sobre los cristales para ellos sentir el soplo de vida que les hac\u00eda falta.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tambi\u00e9n record\u00e9 c\u00f3mo los comerciantes adornaban las vidrieras en las \u00e9pocas de carnaval y de diciembre. Los mu\u00f1ecos ve\u00edanse inmersos en un mar de papelillos&nbsp;multicolores, serpentinas caracoleando por el aire y unas cuantas m\u00e1scaras estrat\u00e9gicamente distribuidas. Siempre sonrientes, los mu\u00f1ecos no deseaban pisar la tierra exterior a las vidrieras. Pero yo sab\u00eda que eso no era posible y, antes de que fuesen cambiados o comprados, imaginaba que estaba junto a ellos disfrazando mi carne con sus pieles atemporales. En diciembre ocurr\u00eda otro tanto: algunos mu\u00f1ecos eran opacados por las im\u00e1genes intermitentes de los Reyes Magos o de San Nicol\u00e1s. Los mu\u00f1ecos all\u00ed, en sus vitrinas, me abrazaban y juntos camin\u00e1bamos esos largos senderos de tierra que se abr\u00edan paso hacia el cerro donde form\u00e1bamos parte de los que asistir\u00edamos al nacimiento del Salvador.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ayer, cuando me detuve frente a la vitrina, me distraje con la imagen arrugada de mi rostro reflejada en la superficie del cristal; al fondo estaban unos mu\u00f1ecos cuyas miradas y sonrisas me parecieron falsas. Los vi ah\u00ed encerrados, ajenos a las molestias del sol y del viento. Maquillados vanamente, con largas pesta\u00f1as y pupilas est\u00e1ticas. Otra vez cre\u00ed estar adentro, igual que ellos: fr\u00edo, p\u00e1lido, con una mirada sin destino. Luego me alej\u00e9 impresionado por el parecido que las vitrinas tienen con las urnas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>EN HONOR A DIOS<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El espejo le devolvi\u00f3 el mismo rostro; los surcos segu\u00edan conservando la memoria de la edad. A\u00fan respiraba el polvo del trasnocho y tanteaba las huellas de Dios en sus rezos. El tizne de la noche sobre sus p\u00e1rpados era imborrable; en vano arroj\u00f3 sobre ellos la abundante agua de la ma\u00f1ana. Mir\u00f3 la hora en su celular. Con su acostumbrada calma, cheque\u00f3 todo el atuendo que una noche antes acomod\u00f3 sobre la peinadora; al lado de la ropa, la Biblia abierta en Hechos. Tens\u00f3 las s\u00e1banas y sacudi\u00f3 las almohadas, cerr\u00f3 la ventana y decidi\u00f3 ducharse para espantarse el sue\u00f1o que a\u00fan ten\u00eda pegado a los ojos. Luego comenz\u00f3 a vestirse muy lento: calz\u00f3 los forros internos de su traje; encima, la camisa blanca de pu\u00f1os y cuello duros; sobre esta, un palt\u00f3 negro gamuzado que le hac\u00eda lucir elegante. El estuche de los lentes lo ajust\u00f3 en el costado derecho de su correa. Prepar\u00f3 el desayuno. Despu\u00e9s abandon\u00f3 el apartamento; una vez fuera del edificio, se desplaz\u00f3 por la acera persign\u00e1ndose y viendo hacia el cielo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Desde que su madre muri\u00f3, todos sus actos y pensamientos los comenz\u00f3 a considerar como humildes ofrendas a Dios; a\u00fan sus culpas y sus remordimientos, no poco frecuentes en sus rutinas. Desde ese mismo d\u00eda tambi\u00e9n se percat\u00f3 de lo d\u00e9bil que hab\u00eda sido su fe, de la carencia, en su vida, de un acto de amor que para \u00c9l no ofreciera un solo intersticio de duda. Es cierto que se dedic\u00f3 a su madre en cuerpo y alma, y la ayud\u00f3 a bien morir ofrend\u00e1ndole hermosos actos de amor: sacrific\u00f3 muchas horas de trabajo y, aunque su esposa no lo ha admitido, \u00e9l est\u00e1 seguro de que esa abnegaci\u00f3n por su madre fue la principal causa que los llev\u00f3 a divorciarse; sin embargo, \u00bfpor qu\u00e9 su madre, de bondad sin tachaduras, padeci\u00f3 los rigores de un c\u00e1ncer de es\u00f3fago que la postr\u00f3 hasta enmudecerla del dolor?, \u00bfpor qu\u00e9 Dios le retir\u00f3 su aliento vital a tan temprana edad? Arcadio vio c\u00f3mo ella fue perdiendo su aureola de alegr\u00eda, los recuerdos le pasaban por la sangre y en ese caudal se borraban por el paso de las sustancias qu\u00edmicas. \u00c9l se acostaba con ella y rezaba, quiz\u00e1s para que Dios no se sintiera ofendido por las recriminaciones. Despu\u00e9s le le\u00eda pasajes de la Biblia a su madre hasta que esta dormitaba escuchando el rumor, casi lejano, de la voz del hijo. Contrario a lo que \u00e9l mismo esperaba su fe se fortaleci\u00f3 con esa p\u00e9rdida, y desde entonces se acostumbr\u00f3 a visitar la iglesia m\u00e1s cercana y donar dinero para atender a personas que no ten\u00edan d\u00f3nde comer ni dormir. Los indigentes viv\u00edan agradeci\u00e9ndole tanta bondad, y le dec\u00edan que, con ellos, seres que casi besan la tierra, ya \u00e9l ten\u00eda el cielo ganado.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Caminaba lento, seguro de s\u00ed y, sin embargo, asaltado por un tropel de pensamientos que intentaban paralizarlo. Ese d\u00eda estaba dedicado plenamente a la divinidad y no habr\u00eda fuerza que le hiciera desistir de la decisi\u00f3n que tom\u00f3. La calle estaba poblada por el tr\u00e1fago y el bullicio de las personas que, como casi todos los d\u00edas, salen a la ciudad a marcar y remarcar sus acostumbradas rutas. Transe\u00fantes afanados en ir y venir, cruzaban aceras, saltaban peque\u00f1as charcas dejadas por la lluvia de la noche anterior y esperaban el paso peatonal con los gestos de los desesperados. \u00c9l los ve\u00eda encender sus figuras, convertirse en r\u00e1fagas y luego desaparecer, bien fuese al tomar taxis o bien al traspasar la curva de la esquina m\u00e1s cercana. Dentro de la iglesia lo estaban esperando el cura y un grupo de personas; afuera, varios mendigos estaban recostados de la pared de la cerca, uno de ellos era por completo extra\u00f1o, usaba un atuendo que no le pertenec\u00eda y cada cierto tiempo palpaba algo dentro del bolsillo de la chaqueta negra y sucia que llevaba puesta.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Arcadio caminaba lento, cavilando en la posibilidad de que el Padre fuese indiferente a sus obsequios de amor; tambi\u00e9n estaba seguro de que se fe ha pasado por grandes etapas de crisis, en las cuales se ha debilitado hasta casi desaparecer; pero hoy se siente vital, con toda su alma abierta hacia Dios. Se preguntaba por el alcance de su misericordia, si acaso tendr\u00eda los mismos l\u00edmites del albedr\u00edo. Se ajust\u00f3 la correa, cheque\u00f3 la hora en su celular, palp\u00f3 su pecho por encima de la camisa; all\u00ed colgaba la cadena con el crucifijo, lo extrajo y lo bes\u00f3 varias veces cerrando los ojos con gran entusiasmo; despu\u00e9s lo volvi\u00f3 a posar sobre sus latidos. Al fondo de la calle la parada ya estaba agolpada de personas, muchas de las cuales eran j\u00f3venes que escuchaban m\u00fasica con aud\u00edfonos, murmuraban sus asuntos o colocaban sus manos en visera para divisar el transporte p\u00fablico que estaban esperando. Detr\u00e1s, a escasos metros, una cerca amarillo p\u00e1lido con rejas lanceoladas negras custodiaba la hermosa fachada de la iglesia La Virgen Mar\u00eda<em>. <\/em>El cura se movi\u00f3 hacia la puertecilla de entrada, pues le llam\u00f3 la atenci\u00f3n el mendigo que segu\u00eda con su mano derecha introducida dentro del bolsillo de la chaqueta negra; cuando este vio al padre, sac\u00f3 la mano y pidi\u00f3, a otro mendigo, un f\u00f3sforo para encender un cigarro; ve\u00eda hacia la calle, arrugaba el entrecejo\u2026 La puerta de entrada estaba casi obstruida por los invitados. Dentro de la iglesia, en las paredes, hab\u00eda una serie de ventanas con vitrales que narraban las diferentes ca\u00eddas del Cristo Redentor; la Virgen con su misericordia colorida y su nimbo de bondad para conjurar otras realidades. Arcadio cre\u00eda descifrar sus gestos, sus prolongadas victorias sobre la muerte. Arriba, la cruz met\u00e1lica que destellaba en la c\u00fapula romp\u00eda el aire luc\u00edfero del amanecer.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sigui\u00f3 caminando; por su rostro bajaban algunos cordoncillos de sudor. Los secaba con un pa\u00f1uelo gris de franjas diamantinas jaspeado de agua de colonia. Comprob\u00f3 que no se&nbsp; afeit\u00f3 los bozos blancuzcos de su ment\u00f3n, un detalle que, sin embargo, casi no ten\u00eda importancia. Se cal\u00f3 los lentes oscuros para repeler el resplandor y tal vez lucir m\u00e1s elegante. P\u00e1jaros andaban revoloteando entre los \u00e1rboles que festoneaban la isleta separadora de la calle.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u201c\u00bfPor qu\u00e9 Dios no es m\u00e1s claro en sus se\u00f1ales, as\u00ed como yo lo he sido en mis acciones? \u00bfEn cu\u00e1les papeles se conjugan sus verbos? \u00bfPor qu\u00e9 no permite que le entendamos sin tantos secretos?\u201d \u2014pensaba\u2014, afirmando que, pese a todo, el Creador le hab\u00eda otorgado una hermosa familia: un hijo de nueve a\u00f1os que hoy deber\u00e1 recoger en la escuela, y de quien se siente muy orgulloso porque tiene un gran esp\u00edritu de solidaridad y de amor por el pr\u00f3jimo, tal como \u00e9l se lo ha ense\u00f1ado, una exesposa que se ha convertido en un \u00e1ngel que direcciona sus pasos y le conserva la paz en el coraz\u00f3n. Aunque est\u00e1n divorciados, ella siempre le lleva ramos de flores a quien fue su suegra, y vive pendiente de Arcadio, lleva su agenda de trabajo y muchas veces lo visita para atenuarle los estragos de la soledad.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La campana de la iglesia llam\u00f3 a los feligreses, algunas palomas golpearon sus vuelos y se alejaron; \u00e9l sonri\u00f3 con amabilidad y agradecimiento; frente a la iglesia, los mendigos se alegraron al verlo acercarse. El mendigo de chaqueta negra estaba terminando de consumir el cigarro, arroj\u00f3 el cabo y lo apag\u00f3 con uno de sus zapatos, volvi\u00f3 a introducir la mano en la chaqueta y dibuj\u00f3 una mueca leve e imprecisa. La ma\u00f1ana estaba limpia, las dispersas nubes presagiaban la continuidad del calor hasta horas de la tarde. Arcadio estaba llegando a la parada cuando recibi\u00f3 un mensaje en su celular: <em>recuerda buscar al ni\u00f1o hoy.<\/em> Guard\u00f3 el tel\u00e9fono, volte\u00f3 hacia la iglesia y se persign\u00f3 viendo la majestad de la cruz met\u00e1lica. Se acerc\u00f3 y se detuvo justo en el tumulto de personas; luego introdujo su mano por la camisa, a la altura de su pecho, y activ\u00f3 el mecanismo de la fuerte carga explosiva que tra\u00eda consigo. En honor a ti, Padre, murmur\u00f3 antes del estallido.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>EN EL FINAL<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Por m\u00e1s que aguzaba los o\u00eddos no lograba escuchar ninguna voz, ning\u00fan quejido que saliera de entre las ruinas y los cad\u00e1veres dispersos encajados en las piedras y destrozados contra las paredes y los pavimentos. Era el final de la humanidad, y \u00e9l caminaba buscando una se\u00f1al de vida. Durante la noche cayeron todos los cuerpos humillados por las bombas, al amanecer ya no quedaba nada sobre sus propios pies, ah\u00ed yac\u00edan las esperanzas y los animales acostumbr\u00e1ndose a sus esqueletos, lamiendo la tierra de muerte, dejando la mirada perdida entre las humaredas. \u00a1Qu\u00e9 gran estr\u00e9pito de estupidez!, \u00a1qu\u00e9 gran despojo de la t\u00e9cnica ahora envuelta entre sus propias carcasas sin calentar dentro ning\u00fan por venir!<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero \u00e9l no dejaba de buscar, aunque en ello perdiera su aliento, era posible que otra alma quedara viva y estuviese buscando tambi\u00e9n \u2014sin ninguna pista, sin ninguna se\u00f1al, ocupada en detener su muerte\u2014, alg\u00fan indicio de sangre dentro del cuerpo, una queja moribunda, los gritos de la desesperaci\u00f3n\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Todos los hechos se miraban los rostros en las lagunas sangu\u00edneas. Sus horrores dejaron de habitar las ciudades y ahora conformaban el \u00fanico mundo, silente, lleno de ruinas humeantes, distanciado del retorno. Tan extra\u00f1o el suelo, pensaba, lo caminaba como por primera vez, su conciencia se apegaba a los ripios y cascajos, acaso cre\u00eda que ellos ten\u00edan otra oportunidad para morir de manera diferente. Las l\u00e1grimas se evaporaban antes de llegar al suelo. Las piernas temblaban, la angustia reto\u00f1aba en sus ojos a cada instante; gritaba y lloraba lleno de espanto.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su coraje se abr\u00eda ante una galer\u00eda de seres exterminados. El aire asfixiaba; el calor entraba por sus fosas nasales y lo quemaba por dentro, solo pod\u00eda toser una y otra vez, detenerse y calmar la angustia, sosegar las arcadas. \u00a1C\u00f3mo deseaba un poco de agua! Tan siquiera un charco donde absorber la sustancia de la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Intu\u00eda una membrana de ni\u00f1ez volviendo a estirar sus c\u00e9lulas; present\u00eda una pareja primordial y necesaria para que el libre albedr\u00edo volviese a reinar con prop\u00f3sitos m\u00e1s nobles. \u00bfReflexionaba o deliraba? \u00c9l mismo no pod\u00eda saberlo. Segu\u00eda registrando, moviendo ruinas, gritando para que retornara una respuesta. Nada, lo moribundo no se quejaba, el trazado de la violencia en el cielo quem\u00f3 las aves de la redenci\u00f3n y carbonizadas se desplomaron a respirar el aroma del vac\u00edo. Registraba todas las superficies, con sus escasas fuerzas levantaba las paredes explotadas, averiguaba los parques casi evaporados, los amasijos de acero y lat\u00f3n que lograron sobrevivir a las explosiones fulminantes.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las fibras de la mortalidad rodaban por el suelo, todo sellado con las desgracias. El silencio temblando en las contorsiones de hierros y los asfaltos levantados y derruidos, nada ni nadie que saludara a un solitario. El insoportable hedor de los cad\u00e1veres, de los linajes que levantaron murallas y sembraron distancias, amenazaba con cubrirlo y doblegarlo. Todos los regimientos despedazados, los batallones desperdigados, fragmentados, licuados: \u00a1cu\u00e1ntos \u00f3rganos colgaban de varas que parec\u00edan lanzas met\u00e1licas! \u00a1Cu\u00e1ntos ojos fijaron en sus cristalinos est\u00e1ticos el asombro de las \u00faltimas embestidas de la maldad humana, ya sin el marco de las caras, desprovistos de la posibilidad de cerrarse!<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00bfAh\u00ed estaban las hojas de los libros sagrados iluminando la multitud de funerales sin campanas ni glorias; pleg\u00e1ndose a las p\u00fastulas como queriendo darles consuelo? Le parec\u00eda ver una puerta erguida abriendo hacia la nada, una puerta necesaria para la ilusi\u00f3n de la continuidad. El sol, sin embargo, sigui\u00f3 rodando por el cielo, rompiendo las cortezas de las nubes, dejando sus lingotes de oro sobre los \u00f3rganos putrefactos; mientras, el viento soplaba acariciando la devastaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las se\u00f1ales de las \u00faltimas plagas se perd\u00edan en las llamaradas sistem\u00e1ticas. No lograba intuir la presencia de un latido, alguien pidiendo el pan de la presencia. Solo el letrero de la tristeza mostraba sus c\u00f3digos crueles y oscuros. La realidad ard\u00eda y, segundo a segundo, resbalaba hacia los cortinajes de las sombras definitivas. Desesperado, huesudo, fam\u00e9lico, con los pulmones a punto de reventar; su piel casi humo; sus pies que apenas pod\u00edan sostenerlo, y con el resto del cuerpo tasajeado, sangrante, vagaba sin orden preciso, aumentando el llanto hasta la resignaci\u00f3n, gritaba mirando hacia el cielo, enrostrando tanta mudez.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Era el mismo escenario de otras guerras a las que ya estaba acostumbrado, pero este derrumbe hab\u00eda alcanzado tal magnitud que le desdibujaba todos los recuerdos y se impon\u00eda como la \u00fanica verdad. La sangre fosforescente manaba lenta por algunas alfombras de seres desmembrados, por todos los argumentos de la raz\u00f3n y del ego\u00edsmo que se mostraban radiantes en la sinonimia perfecta de sus triunfos. All\u00e1 las estrellas cayeron del cielo y luc\u00edan sus puntas quemadas y humeantes. \u00bfPor qu\u00e9 pretend\u00eda darles calor a las estatuas de las guerras, si sus pies flaqueaban sobre el exterminio?, \u00bfpor qu\u00e9 buscaba a los vivos entre los muertos si fue testigo de las grandes explosiones?<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se sent\u00f3 a descansar y a contemplar las edificaciones destrozadas; la naturaleza acabada, sin ropajes de hojas, despidi\u00e9ndose. La garganta seca, las palabras inutilizadas. Los excrementos ten\u00edan la dimensi\u00f3n del cuerpo humano. Haciendo un \u00faltimo esfuerzo, se levant\u00f3 y sigui\u00f3 registrando la fatiga de las ciudades que, ocultas en sus amasijos, aun parec\u00edan guardar la memoria de sus existencias. \u00bfDe qu\u00e9 otra manera pudo haber sido el destino?, \u00bfhacia qu\u00e9 otro abismo pudo haber transitado la fatalidad? En ocasiones sus brazos desfallec\u00edan de tanto levantar piedras y esperanzas muertas, de tanto agacharse para intentar escuchar las facciones de los alientos o tocar las ondas de las respiraciones. Las batallas ganaron, la insistencia del mal ocasion\u00f3 la derrota definitiva. Imagin\u00f3 que en el resto del territorio solo hab\u00eda millones de cad\u00e1veres vagando lentos sobre el mar. Los muertos enterraron a los muertos. Resignado a no encontrar ning\u00fan paso de vida, se sent\u00f3 sobre unas piedras y percibi\u00f3 una voz en el medio del aire que le dec\u00eda que lanzara su peso, que desechara los candelabros de oro y las siete estrellas guardadas en sus manos, y habiendo obedecido se elev\u00f3 a las alturas y sent\u00f3se nuevamente en el nicho obligatorio de la diestra del Padre.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/arnaldo-jimenez\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*<strong>Pertenecen al libro: <em>En el temblor de la mirada y otros cuentos extra\u00f1os<\/em>. Premio nacional de narrativa, Solar 2026<\/strong><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Arnaldo Jim\u00e9nez EL&nbsp;PARECIDO Ayer me detuve frente a una vitrina de juguetes atra\u00eddo por unos mu\u00f1ecos. Cuando muchacho, esa era mi obsesi\u00f3n. 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