{"id":18869,"date":"2026-11-05T09:17:01","date_gmt":"2026-11-05T13:47:01","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=18869"},"modified":"2026-11-05T09:17:02","modified_gmt":"2026-11-05T13:47:02","slug":"las-hojas-mas-asperas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/las-hojas-mas-asperas\/","title":{"rendered":"Las hojas m\u00e1s \u00e1speras"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Jos\u00e9 Napole\u00f3n Oropeza<\/h4>\n\n\n\n<p>\u2026pero a mis espaldas se encuentra el r\u00edo lleno de boras y peque\u00f1as canoas. Siento que haya ocurrido tarde mi descubrimiento y hallazgo del Puerto. El recuerdo tal vez sea menos doloroso a medida que logre destruir lo que a\u00fan permanece en m\u00ed. Ha muerto todo aquello, es la verdad, y no ser\u00e1 Eduardo quien pueda hacer algo por evitar el fracaso que comienza implacablemente a dibujarse. Tal vez el fracaso no ha sido culpa m\u00eda ni tuya: simplemente todo eso est\u00e1 sostenido en tu interior y nada m\u00e1s, aunque sepa que es imposible borrar definitivamente a Puerto Nutrias, aun cuando ha hecho el empe\u00f1o por olvidarse de lo que las palabras encierran para \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>No cree que haya otro modo de liberarse de ese pasado que ahora lo sostiene y forma parte de todas sus man\u00edas y obsesiones, aunque de repente se empe\u00f1e en borrarlo o tal vez en ir hasta Puerto Nutrias a buscar lo que ya nunca jam\u00e1s podr\u00e1 hallar entre las ruinas: apenas boras y uno que otro antiguo compa\u00f1ero de tertulia de sus padres que, al verlo, reconocen en su rostro qui\u00e9nes son sus ascendientes y a la vez comienzan a contarle viejas historias transformadas m\u00e1s tarde en su imaginaci\u00f3n, en un empe\u00f1o todav\u00eda m\u00e1s incomprensible de hacer de Puerto Nutrias lo que ya no es: como si ese pasado glorioso todav\u00eda existiera, como si sin \u00e9l no se sintiese realizado, tal vez porque no quiere pensar en el mal que pudiera causarle el vivir apegado a esa memoria.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Cu\u00e1ntas veces no ha deseado salir de esa trampa en la que a cada instante cae! Se siente a veces volc\u00e1ndose sobre s\u00ed mismo como si ahora no podr\u00e1 encontrar otro comienzo. Tal vez el hecho de volver a Puerto Nutrias en compa\u00f1\u00eda de Pedro Riera, Lidia y su hermano Jos\u00e9 Napole\u00f3n Oropeza, no sea sino otra forma de seducci\u00f3n: tal vez la suerte (\u00bfquiso decir la muerte?) haya ordenado ese contacto y estando todos juntos all\u00ed, casi sin quererlo no es ya posible que volvamos atr\u00e1s. Quiz\u00e1 lo que menos entend\u00eda era la presencia de su hermano Jos\u00e9 Napole\u00f3n en Puerto Nutrias, a quien hab\u00eda invitado much\u00edsimas veces (en aquellos a\u00f1os Oropeza estaba interesado en la fotograf\u00eda y tal vez sin quererlo le hab\u00eda hablado tanto de las im\u00e1genes fascinantes que podr\u00eda captar en Puerto Nutrias que Jos\u00e9 Napole\u00f3n seguramente habr\u00eda ido a all\u00e1 en busca de un tesoro o un reino que quiz\u00e1 nunca lograr\u00eda ver), como si se tratara de buscar una especie de apoyo en su hermano pale\u00f3grafo, aunque sab\u00eda que Oropeza andaba en otra l\u00ednea de trabajo muy diferente a la suya, muy aburrida para la manera de ver Eduardo la literatura.<\/p>\n\n\n\n<p>Jos\u00e9 Napole\u00f3n Oropeza estaba interesado en elaborar una especie de reportaje novelado, partiendo de una serie de documentos que hab\u00eda transcrito del castellano antiguo y eso a Eduardo le resultaba un fiasco: para \u00e9l lo importante era la posibilidad de inventar a cada instante: crear un espacio caleidosc\u00f3pico apoyado en un lenguaje tan resbaladizo como la imagen que se desea fijar. Eduardo sufre por todo lo que no fue, por lo que vive en s\u00ed y que pertenece al lado donde cualquier cosa puede nuevamente ocurrir, como si de repente tambi\u00e9n Puerto Nutrias dependiese en gran medida de la idea que \u00e9l se hubiese creado.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 visto desde la perspectiva del ni\u00f1o que fue, todas esas calles, todas esas casas, eran tan distintas; mucho m\u00e1s grandes, casi infinitas, tal vez, al punto que es casi imposible ahora confrontar las dos visiones, mucho menos unirlas y crear un ser, un ser extraordinario y nuevo dada su sed por lo excesivo. Ahora que piensa y medita, sentado a orillas del mismo r\u00edo Apure, puede comenzar a hacer cualquier cosa por detener el derrumbe, igual como los pocos moradores de Puerto Nutrias del presente, colocan enormes palos en las paredes del frente de sus casas para as\u00ed evitar que se desplomen: la del viejo Juan Marenco, la casa de Pedro Seijas, tu casa de infancia desde donde pudieras lanzarte ahora a la vida como si hubieras vivido algo.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre la niebla buscas refugio para tu torpeza y te ves atascado en el barro sobre el veloc\u00edpedo, seguido por Juanita, la iguana amaestrada en que tanto Jon\u00e1s cre\u00eda: camina desnudo en la memoria y a \u00e9l no podr\u00e1 culp\u00e1rsele de nada. Quiz\u00e1 fue un juguete m\u00e1s y no vale la pena desgarrarse. Puede que liber\u00e1ndose de aquel ni\u00f1o atascado en el barro no se consiga nada. El ni\u00f1o ten\u00eda su veloc\u00edpedo. Detr\u00e1s Juanita, la iguana, y el pobre Kas\u00e1n, olfateando sus pasos y agitando la cola, siguiendo al autob\u00fas. Sab\u00eda que aquello no era un sue\u00f1o: no lo fue.<\/p>\n\n\n\n<p>Kas\u00e1n era lo \u00fanico que el ni\u00f1o recordaba bien. Lo recordaba como una p\u00e9rdida inevitable al salir de Puerto Nutrias, casi inmediatamente despu\u00e9s de la ca\u00edda de P\u00e9rez Jim\u00e9nez. No les quedaba otra opci\u00f3n sino marcharse lejos de Puerto Nutrias o ser\u00edan ahorcados tu abuela, tus t\u00edos, el Kas\u00e1n, Juanita la iguana. Jon\u00e1s no entend\u00eda nada de aquello: de P\u00e9rez Jim\u00e9nez s\u00f3lo recordaba haber visto su retrato en botones ovalados que la maestra distribu\u00eda a cada uno de los alumnos en la escuela. Hab\u00eda escuchado su nombre en un disco que sonaba mucho en la rockola del bar de Rosa Amaya (\u00abGeneral Marcos P\u00e9rez Jim\u00e9nez \/ Presidente Constitucional\u00bb\/), el mismo disco que aquella madrugada del 23 de Enero, seg\u00fan contaba la t\u00eda Carmen, Paz Castellanos hab\u00eda hecho a\u00f1icos despu\u00e9s de sacarlo de la inmensa rockola.<\/p>\n\n\n\n<p>Nunca Jon\u00e1s hab\u00eda visto tanta gente reunida en la placita del pueblo, gente que gritaba muera P\u00e9rez Jim\u00e9nez, muera el dictador, mueran los Oropeza, esbirros de la seguridad, sin que lograse entender lo que significaba la palabra esbirro, ni qu\u00e9 ten\u00edan que ver sus t\u00edos los Oropezas con P\u00e9rez Jim\u00e9nez. Paz Castellanos, Juan Salazar, Cruz Verde y muchos que Jon\u00e1s hab\u00eda visto conversando amigablemente con su t\u00edo Julio, vociferaban al frente de la casa de sus t\u00edos y abuelos. El estaba ah\u00ed montado en su veloc\u00edpedo, seguido por Kas\u00e1n y no pod\u00eda comprender nada de nada. Segu\u00eda pensando que aquello ser\u00eda una de las fiestas que en casa de sus abuelos se organizaba para los militares y diputados que, semanalmente, ven\u00edan de Barinas al pueblo a extasiarse ante la vista del Puerto de lluvias y sequ\u00edas con gentes que caminan debajo de la tierra, tal vez para huir de ese r\u00edo sin orillas, el Apure que sab\u00eda internarse en todas las casas, siendo \u00e9l mismo una casa m\u00e1s, el centro de una casa sin ventanas.<\/p>\n\n\n\n<p>Eduardo sabe ahora que no puede hacer met\u00e1foras con El Ni\u00f1o que mira detenidamente con perplejidad. Como si Eduardo estuviera jugando con la vida y pidiese que aboliera todo sentimiento. Tal vez lo que ahora deber\u00eda reprocharse ser\u00eda la insistencia en subrayar emociones y en no estar juntando nada como \u00e9l lo deseara: no ha salido de eso y quiz\u00e1 no saldr\u00e1 nunca. Sin embargo, tantea en la oscuridad. All\u00ed est\u00e1n todav\u00eda anclados los viejos esqueletos de los barcos que en el pueblo la gente llamaba Las Tres Mar\u00edas y algunos los tres santos burdeles a donde entraban los hombres en busca de las mujeres que Lola Bi\u00e1n hab\u00eda tra\u00eddo de Colombia. Algunas seg\u00fan Lola se hab\u00edan acostado con el propio General. Eran, las m\u00e1s caras, las que cobraban altas sumas por sus servicios, garantizadas como estaban por serias recomendaciones firmadas por los Edecanes del General de que sus servicios eran excelentes.<\/p>\n\n\n\n<p>Nada se o\u00eda por las noches en el espeso silencio del pueblo: s\u00f3lo la m\u00fasica de las tres rockolas con que estaban equipados cada uno de los barcos. El que m\u00e1s llamaba la atenci\u00f3n de Jon\u00e1s era el Mar\u00eda Leonor, quiz\u00e1 porque era el barco m\u00e1s grande, siempre iluminado, tan parecido a las luces del parque de atracciones que anualmente visitaba a Puerto Nutrias, cuando las festividades de la Candelaria. C\u00f3mo deseaba estar grande para entrar una vez al Mar\u00eda Leonor y verlo por dentro y saber c\u00f3mo eran los ba\u00f1os y los cuartos. Si era cierto que el ni\u00f1o que all\u00e1 entrase se convert\u00eda en iguana, como le hab\u00eda dicho la t\u00eda Carmen cada vez que \u00e9l le preguntaba c\u00f3mo ser\u00eda por dentro el Mar\u00eda Leonor. \u00bfSer\u00eda cierto?<\/p>\n\n\n\n<p>Todas las historias que Pedro Seijas contaba sobre las muchachas que desaparec\u00edan en Puerto de Nutrias ten\u00edan en cierta forma que ver con uno de aquellos barcos anclados ah\u00ed: nadie recordaba por qu\u00e9 exacta raz\u00f3n. Algunos contaban que el Leonor era un barco ingl\u00e9s que hab\u00eda llegado a Puerto Nutrias en \u00e9poca en que el comercio con la piel de nutrias era floreciente en el pueblo. A\u00fan no hab\u00eda comenzado el comercio con las plumas de las corocoras y todo el mundo viv\u00eda de los perros de agua que cazaba a la espera del barco ingl\u00e9s que llegaba puntualmente cada tres meses, trayendo al Puerto mercanc\u00eda de Europa, cosas nunca vistas en Puerto Nutrias: tejidos, extra\u00f1os collares, prendas de fantas\u00eda y sobre todo whisky, el whisky m\u00e1s fino producido en Escocia iba directo de las bodegas del barco a la casa de los Oropeza, para entonces el mayor misterio en Puerto Nutrias.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquella enorme casa era una especie de im\u00e1n alrededor del cual se tej\u00edan las historias m\u00e1s inveros\u00edmiles que se o\u00edan en el pueblo. All\u00ed se dec\u00eda que estaba escondido el \u00fanico hijo var\u00f3n del General, y que en ese mismo caser\u00f3n \u00e9l hab\u00eda desflorado a Linda Parra, la miss Venezuela que \u00e9l toda la vida hab\u00eda codiciado y a la cual hab\u00eda premiado tray\u00e9ndola al er\u00f3tico Puerto donde \u00e9l pasaba la Semana Santa cada a\u00f1o. El mejor regalo que pod\u00eda hacerle el Presidente de la Rep\u00fablica a Puerto Nutrias era escoger como sitio de desfloraci\u00f3n de sus v\u00edrgenes al Puerto. Cada vez que se anunciaba su visita, los moradores, sin saber por qu\u00e9 eran obligados a pintar los frentes de sus casas y la luz el\u00e9ctrica se prolongaba toda la noche: era la mejor se\u00f1al de que el General despachaba desde la casa de los Oropeza en Puerto Nutrias, casa que poco a poco se fue convirtiendo en un museo lleno de medallas y condecoraciones otorgadas por el General a las familias pudientes de Puerto Nutrias, como dec\u00eda la t\u00eda Rosal\u00eda orgullosa siempre de los militares, tan orgullosa de que su familia estuviera siempre rodeada de hombre de cachucha y rev\u00f3lver al cinto y sobre todo de que toda su familia hubiese sido condecorada por el General cada vez que ven\u00eda a Puerto Nutrias y le era organizada en su honor una serie de danzas.<\/p>\n\n\n\n<p>La t\u00eda Rosal\u00eda se las arreglaba durante todo el a\u00f1o para tener listo el n\u00famero que las muchachas m\u00e1s bellas del pueblo bailar\u00edan para el General, al acorde de la banda del Estado Barinas que se trasladaba junto con el Batall\u00f3n General P\u00e1ez mientras estuviese all\u00ed el General. Todo el grupo de ni\u00f1as trataba de lucirse y de ser la mejor bailarina pues una de ellas ser\u00eda escogida por el General y llevada a Caracas en caso de que el Presidente considerara que durante la semana la joven hab\u00eda llenado sus aspiraciones. Ella ser\u00eda montada en el helic\u00f3ptero privado, llamado por la gente la vaca sagrada sin que \u00e9l supiera exactamente por qu\u00e9 le dec\u00edan Vaca; \u00bfser\u00eda porque de verdad ten\u00eda forma de vaca?<\/p>\n\n\n\n<p>Como todos los ni\u00f1os de la escuela, \u00e9l ten\u00eda que participar anualmente en el desfile escolar que daba el recibimiento al General, en el improvisado aeropuerto del pueblo, muy cerca del cementerio, cerca tambi\u00e9n de las entradas a la Cueva del Loro, una de cuyas entradas conduc\u00eda, a trav\u00e9s de un pasadizo secreto, a la casa de los Oropeza. A Jon\u00e1s le gustaba andar por all\u00ed tal vez por un deseo inexplicable de acercarse a los muertos que all\u00ed deambulaban, envueltos en s\u00e1banas blancas, en trajes vaporosos y con una l\u00e1mpara de keros\u00e9n entre las manos. De entre todos los muertos al que m\u00e1s le gustaba contemplar era precisamente a Pedro Seijas el mago, llamado por algunos Miguel Aro, pues se dec\u00eda que hab\u00eda muerto sobre un rin y otras veces que Miguel Aro no estaba muerto sino que deambulaba por las calles del pueblo con la cabeza entre sus manos, mostrando el clavo de diez pulgadas con que le hab\u00edan atravesado el cr\u00e1neo para obligarlo a delatar d\u00f3nde estaba escondido Pedro Seijas, qui\u00e9n es \u00e9l, qui\u00e9n es el verdadero Pedro Seijas, si era verdad que pod\u00eda hacerse invisible con s\u00f3lo pensarlo. Al principio lo obligaron a estar dos horas en el rin. Entonces le parec\u00eda inofensivo aquel rin que tal vez no era tan peligroso como se dec\u00eda pero poco a poco aquello fue al comienzo hojillas en la carne y luego cuchillo y luego sierra gigante mientras el sudor se iba mezclando con la sangre. Sudor y sangre ca\u00eda sobre el rin que iba enterr\u00e1ndose en su carne mientras el hombre se mira sin cesar hacia cualquier parte, tratando de olvidar el resto, la circunstancia real que atravesaba, como si alguna simple abstracci\u00f3n pudiese ayudarlo a evadir el dolor.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde afuera, alguien grita viva la democracia muera P\u00e9rez Jim\u00e9nez y aquella palabra libertad que Jon\u00e1s recuerda haberla o\u00eddo por primera vez cuando tambi\u00e9n descubri\u00f3 lo que significaba la palabra dif\u00edcil. A su o\u00eddo aquello de dif\u00edcil estaba asociado a la visita de Alejandrina, Manuelita y Coromoto Campos a su t\u00eda Carmen en Puerto Nutrias. Ellas ven\u00edan de Barinas con ganas de conocer el brazo del Apure que inundaba a Puerto Nutrias, o\u00edr de cerca todas las historias que se dec\u00edan en Barinas acerca de un pueblo en cuya mitad siempre era de noche y en la otra mitad siempre era de d\u00eda. No hab\u00eda posibilidad de dormir si usted vive en el Puerto de Nutrias que est\u00e1 arriba, pero si usted baja al otro Puerto Nutrias y camina debajo de las aguas, debajo de la tierra, entonces no tiene otra posibilidad sino vivir la noche en un instante eterno en que tampoco puede dormirse nunca y est\u00e1n gritando entonces la palabra que aprendi\u00f3 de esas mujeres, cuando descansando en verano quieren conocer el otro Puerto Nutrias y no encuentran sino canoas sepultadas en el fango, hundidas en el pantano, cubiertas por algas, esas algas que ahora casi ocultan las tres velas, como si de pronto todo aquel pasado hubiese quedado all\u00e1, envuelto entre los pantanos que estiran, lentamente, sus ramas los tres barcos lo \u00fanico que quedase para atestiguar alg\u00fan pasado que vierte sus aguas en zonas pantanosas y estancadas, donde apenas si unos cuantos p\u00e1jaros beben agua ahora.<\/p>\n\n\n\n<p>Esos gritos, esos chillidos, se apagan poco a poco y hay en el pueblo una especie de barca rota, volteada de lado donde alguien lleg\u00f3 y se tom\u00f3 una foto para indicar luego en el reverso de la fotograf\u00eda: Puerto Nutrias Barco Leonor. Pero el barco ya no existe y al centro del recuerdo quedan s\u00f3lo unas tablas recordando aquello que fue proa. Pero tampoco los gritos que Jon\u00e1s oy\u00f3 aquella ma\u00f1ana, como la gente toda de Puerto Nutrias, congregada en la plaza se volc\u00f3 hacia la zona de burdeles y luego m\u00e1s tarde hacia la casa de los Oropeza llevando antorchas en sus manos y gritando aquella palabra que a su o\u00eddo produc\u00eda una extra\u00f1a sensaci\u00f3n, la misma que le caus\u00f3 la palabra dif\u00edcil al o\u00edrla de labios de su t\u00eda Carmen. Es dif\u00edcil sacar esas canoas de all\u00ed Jon\u00e1s no comprend\u00eda nada. Para \u00e9l, para Juanita y para Pedro Seijas, el cazador y domador de caimanes que pod\u00eda desaparecerse con s\u00f3lo rezar un credo al rev\u00e9s, no exist\u00eda jam\u00e1s eso de los imposibles. Tal vez Dios no entraba en cosmogon\u00eda pero, sin embargo, Jon\u00e1s gustaba de estar orillas de aquella resaca que pod\u00eda transmutarse seg\u00fan sus deseos, con s\u00f3lo cerrar un ojo y fuertemente anhelar cualquier cosa. Pero ahora se estaban llevando el carro de madera donde mont\u00f3 su infancia y no pod\u00eda aspirar a conservarlo: tener su veloc\u00edpedo. La turba que penetraba a la casa de los Oropeza s\u00f3lo quer\u00eda saciar su sed con algo y, a machetazos, iban destruyendo muebles, quebrando los cuadros que colgaban de las paredes; enormes fotos del General que adornaban todas las habitaciones de la casa fueron convertidas en a\u00f1icos; apenas si quedaban los trocitos de vidrios y pedazos de fotos chamuscadas. Carlos Camar\u00f3n y Juan Salazar trataban de calmar a la turba improvisando algunos discursos en los que hablaban de la libertad. El ni\u00f1o estaba acurrucado junto a la t\u00eda Carmen, temblando de miedo.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquella ma\u00f1ana muy temprano, al amanecer, hab\u00eda llegado Luis Napole\u00f3n, su padre, con la noticia de que un tal P\u00e9rez Jim\u00e9nez hab\u00eda ca\u00eddo y hab\u00eda que levantarse r\u00e1pido y recoger las cosas, nos vamos del Puerto tenemos que dejar a Puerto Nutrias pronto; hay que vestirse, hay que quemar todo y llevarse s\u00f3lo las cosas necesarias, hay que huir, hay que salir del Puerto, hay que dejarlo. El ni\u00f1o no esperaba realmente esa tijera sobre sus cosas, sobre sus cuadernos y las fotos que la t\u00eda Carmen le tom\u00f3 vestido de militar, all\u00ed donde aparec\u00eda con la cristina y los pantalones de la banda. La t\u00eda Carmen no quiso creerle a su cu\u00f1ado. Seguramente no era otra cosa que otras de sus invenciones, otras de sus borracheras. Luis Napole\u00f3n ten\u00eda fama de ser el m\u00e1s mentiroso entre los Oropeza, sobre todo porque jam\u00e1s estaba en su juicio como dec\u00eda la abuela L\u00e1zara: siempre borracho, se daba vuelta hacia sus d\u00edas y sin remedio no hab\u00eda quien lo sacara de una perenne borrachera. Quiz\u00e1 aquello era verdad y dec\u00eda por primera vez algo muy importante. Pero nadie quiso creerle y la t\u00eda Carmen apenas si se desperez\u00f3 llev\u00e1ndose las manos a la boca y bostezando hondo:<\/p>\n\n\n\n<p>-Pero, \u00bfqu\u00e9 hora es? -dijo enseguida, sent\u00e1ndose en la cama.<\/p>\n\n\n\n<p>-Son las 4 de la ma\u00f1ana. Julio llam\u00f3 desde Barinas al tel\u00e9grafo, comunic\u00e1ndole a Bartolito que nos prepar\u00e1ramos. Hay que dejar el pueblo lo m\u00e1s pronto posible.<\/p>\n\n\n\n<p>-Yo no. Yo no tengo por qu\u00e9 dejarlo, yo no soy Oropeza. Yo soy Gonz\u00e1lez. Yo soy Carmen Gonz\u00e1lez. Yo no dejo a Puerto Nutrias.<\/p>\n\n\n\n<p>-Pero eres mi cu\u00f1ada, eres la hermana de Mar\u00eda La Real y Mar\u00eda La Real est\u00e1 casada conmigo, \u00bfo es que no lo recuerdas?<\/p>\n\n\n\n<p>-Mar\u00eda La Real hace mucho tiempo que dej\u00f3 este pueblo por tus borracheras -respondi\u00f3 la t\u00eda Carmen secamente, y ech\u00e1ndose a la cama de nuevo trat\u00f3 de seguir durmiendo. <\/p>\n\n\n\n<p>-Co\u00f1o, Carmen \u00a1p\u00e9inate! Tenemos que llevarnos lo muchachos lejos de este pueblo. Ac\u00e1 correr\u00e1n peligro. Tu sabes ellos tambi\u00e9n eran gobierno.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1Qu\u00e9 bolas tienes t\u00fa! \u00bfQu\u00e9 van a saber mis sobrinos de gobierno? Yo me quedar\u00e9 ac\u00e1 con ellos, como lo he hecho hasta ahora, cuidando de mis sobrinos hasta que Mar\u00eda La Real, regrese. Ella tiene que regresar un d\u00eda cualquiera. Ella no est\u00e1 muerta. Ella regresar\u00e1 un d\u00eda, cruzar\u00e1 esa puerta y abrazar\u00e1 a sus hijos y toda esa pesadilla de su desaparici\u00f3n terminar\u00e1. A m\u00ed no me pesan mis sobrinos. Yo me queda ac\u00e1. Ya no tengo por qu\u00e9 seguir detr\u00e1s de los Oropeza. Yo soy Gonz\u00e1lez y ellos son Gonz\u00e1lez tambi\u00e9n. Nosotros no tenemos cuenta con nadie. Nosotros no somos pol\u00edticos. Mis hermanos son adecos, contrarios a ustedes, pero yo no. Ni tampoco Chepa. Ella vive de su enfermer\u00eda y yo de mis bordados. V\u00e1yanse ustedes si quieren. Nosotros no dejamos Puerto Nutrias.<\/p>\n\n\n\n<p>-Mar\u00eda La Real no volver\u00e1. Mar\u00eda La Real es una puta que me dej\u00f3 para irse a vivir en un burdel que est\u00e1 en Ciudad Bol\u00edvar. Yo me llevo a mis hijos. \u00a1Esta verga se acab\u00f3!<\/p>\n\n\n\n<p>-Una cosa es lo que t\u00fa digas y otra que yo te entregue a mis sobrinos. Puedes decir de Mar\u00eda La Real lo que te d\u00e9 la gana. Yo s\u00e9 d\u00f3nde est\u00e1 ella. Pero no voy a dec\u00edrtelo a ti. Yo s\u00e9 que ella volver\u00e1. Por ahora, no puede, porque se fue obstinada de ti. Y ahora vete a tu casa y d\u00e9jame dormir\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>La t\u00eda Carmen hal\u00f3 la s\u00e1bana y se arrop\u00f3 de pies a cabeza. No quiso seguir discutiendo. Jon\u00e1s fingi\u00f3 que dorm\u00eda. Su padre se acerc\u00f3 a la cama y luego a la de Annedys, a la de Idalmis y a la de Johnny, el hermanito menor. Jon\u00e1s ten\u00eda miedo de que su padre se llevara a Johnny y \u00e9l no pudiese evitarlo. Si lo intentaba, como otras veces lo hab\u00eda hecho, \u00e9l despertar\u00eda a la t\u00eda Carmen r\u00e1pidamente. Luis Napole\u00f3n se sent\u00f3 afuera en el pretil, tal vez para husmear algo. Regres\u00f3 al cuarto impregnado de un pesado olor a aguardiente claro, a ca\u00f1a amarga, a ese olor tan fuerte de la ca\u00f1a de az\u00facar, cuando de dulce adquiere sabor \u00e1cido y amargo.<\/p>\n\n\n\n<p>Sab\u00eda Jon\u00e1s que su padre hab\u00eda estado bebiendo toda la noche, amontonando peque\u00f1as botellas a su lado, botellas que el propio Jon\u00e1s recog\u00eda para vender en la bodega a cambio de metras o algunos dulces, caramelos que ven\u00edan envueltos en papel de aluminio con figuritas de abejas dibujadas en el primer envoltorio y que \u00e9l guardaba en diferentes cajitas, creando diferentes colecciones de aquellos papeles, que mostrar\u00eda a Annedys, a Idalmis y a su prima Mari\u00e1ngeles.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/jose-napoleon-oropeza\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Napole\u00f3n Oropeza \u2026pero a mis espaldas se encuentra el r\u00edo lleno de boras y peque\u00f1as canoas. Siento que haya ocurrido tarde mi descubrimiento y hallazgo del Puerto. El recuerdo tal vez sea menos doloroso a medida que logre destruir lo que a\u00fan permanece en m\u00ed. Ha muerto todo aquello, es la verdad, y no [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":18870,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18869"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=18869"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18869\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":18871,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18869\/revisions\/18871"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/18870"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=18869"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=18869"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=18869"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}