{"id":18828,"date":"2026-10-14T17:07:32","date_gmt":"2026-10-14T21:37:32","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=18828"},"modified":"2026-10-14T17:19:08","modified_gmt":"2026-10-14T21:49:08","slug":"los-fantasmas-de-otto-muller","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/los-fantasmas-de-otto-muller\/","title":{"rendered":"Los fantasmas de Otto M\u00fcller"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Miguel \u00c1ngel Latouche<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>I. La muerte de Otto M\u00fcller<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El tel\u00e9fono son\u00f3 ya entrada la tarde; la taza de t\u00e9 estaba humeando frente a m\u00ed. Era mi madre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Tu abuelo ha muerto \u2014dijo como quien apura un trago.<\/p>\n\n\n\n<p>El celular se hizo pesado mientras yo trataba de sostenerla desde los 6.500 kil\u00f3metros que nos separaban. Hab\u00edan pasado varios a\u00f1os desde la \u00faltima vez que estuve en casa; el recuerdo de su abrazo se hab\u00eda hecho tenue como piel envejecida. Durante una eternidad nos acompa\u00f1amos en un pacto de silencio que ninguno se atrev\u00eda a romper.&nbsp; Sostuve el tel\u00e9fono con fuerza inconsciente hasta que mi mano empez\u00f3 a agarrotarse.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Que descanse en paz \u2014dije con una voz que no me pertenec\u00eda, intentando que aquellas palabras no me desbordaran.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Am\u00e9n \u2014respondi\u00f3 mam\u00e1 con un hilo de voz que antecedi\u00f3 un nuevo silencio.<\/p>\n\n\n\n<p>Me sostuve de la mesa para contener el v\u00e9rtigo que me caus\u00f3 la noticia. Pensar en el abuelo me ayud\u00f3 a mantener la conciencia. Me lo imagin\u00e9 en la biblioteca con sus pantuflas elegantes y aquella bata de pa\u00f1o ingl\u00e9s que sol\u00eda usar en casa y que siempre me result\u00f3 excesiva para el tr\u00f3pico.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Cu\u00e9ntame c\u00f3mo pas\u00f3 \u2014dije quedo.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi madre contuvo los sollozos y me dio los detalles. Hab\u00edan pasado apenas unas pocas horas. El abuelo simplemente se derrumb\u00f3, vencido por la enfermedad. Con esfuerzo ahogu\u00e9 el lamento que intentaba escaparse por mi garganta; no me atrev\u00ed a llorar.&nbsp; Tom\u00e9 un sorbo de t\u00e9; el l\u00edquido ten\u00eda una aridez densa que me dificult\u00f3 tragarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Cuando mi padre nos abandon\u00f3, el viejo se puso al frente. Termin\u00f3 cri\u00e1ndome junto a mi madre y se convirti\u00f3 en la figura masculina m\u00e1s importante de mi historia. Cerr\u00e9 los ojos y trat\u00e9 de ubicar los rasgos de su rostro. Era in\u00fatil, en medio de la conmoci\u00f3n su cara se hab\u00eda liquidificado, como si fuera una mancha de pintura corri\u00e9ndose sobre un lienzo. El lienzo era yo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Us\u00e9 una servilleta que ten\u00eda a la mano para secarme un par de l\u00e1grimas que cayeron sin previo aviso por mis mejillas. Sin saber por qu\u00e9, repar\u00e9 en aquel trozo de papel rugoso. Era amarilla, parecida a las de las fiestas infantiles; ten\u00eda restos de la torta de chocolate que com\u00eda antes de la llamada y que ahora hab\u00eda adquirido un color marr\u00f3n sucio parecido al de la mierda.<\/p>\n\n\n\n<p>Alguien abri\u00f3 la puerta del local, dejando entrar una r\u00e1faga de aire fr\u00edo que hiri\u00f3 mi rostro y me sac\u00f3 de mis cavilaciones. Levant\u00e9 la vista temiendo que los que me rodeaban hubieran percibido mi peque\u00f1o drama personal; me alivi\u00f3 ver que todos se ocupaban de sus propios asuntos. Siempre fue f\u00e1cil pasar desapercibido en esta ciudad. Afuera rug\u00eda un viento g\u00e9lido que, por alguna raz\u00f3n, me result\u00f3 entonces m\u00e1s perceptible. Mam\u00e1 me hablaba de manera cari\u00f1osa, aferr\u00e1ndose a m\u00ed a trav\u00e9s de las palabras. Su voz c\u00e1lida era lo \u00fanico que me reconfortaba.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pap\u00e1 se fue y siento que me han cortado un brazo \u2014me dijo en medio de su angustia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No hay m\u00e1s remedio que ser fuertes. Usa los m\u00edos si te hacen falta. \u2014Eran palabras vac\u00edas, pero fue lo \u00fanico que se me ocurri\u00f3 decir para consolarla.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ojal\u00e1 estuvieras aqu\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 te puedo decir? Si pudiera tomar\u00eda un avi\u00f3n ahora mismo. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Lo s\u00e9, no te preocupes, es lo que pasa cuando los hijos crecen. Una siente que los pierde un poco.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mam\u00e1, no me has perdido; adelantar\u00e9 mis vacaciones o pedir\u00e9 un permiso. Ir\u00e9 pronto, te lo prometo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Te comprendo. No es un reclamo, es solo un desahogo. T\u00fa eres el \u00fanico hombre que me queda \u2014dijo compungida.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;\u2014\u00bfCrees que deba llamar a mis t\u00edas y darles el p\u00e9same? \u2014le pregunt\u00e9, evitando que ella se derrumbara arrastr\u00e1ndome consigo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No. No creo que haga falta; te llamar\u00e9 durante el velorio y as\u00ed aprovechas y hablas con ellas. Entre la familia no se dan p\u00e9sames, uno solo se acompa\u00f1a \u2014me aleccion\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Me alegra que est\u00e9s acompa\u00f1ada.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, pero sabes que entre mujeres siempre es todo m\u00e1s emocional. A veces mis hermanas me aturden. Hablar contigo me hace bien. Todo esto ha sido muy doloroso y ninguna sabe muy bien c\u00f3mo continuar.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El abuelo y yo hab\u00edamos vivido rodeados de mujeres. \u00c9l tuvo tres hijas y mis t\u00edas solo tuvieron hembras. Yo soy el \u00fanico var\u00f3n. Nuestra relaci\u00f3n fue rugosa y cercana. De alguna manera nos refugi\u00e1bamos el uno en el otro, construyendo un basti\u00f3n en contra de la fuerza avasallante de lo femenino. Mi madre y mis t\u00edas aceptaban esa camarader\u00eda con resignaci\u00f3n y mis primas con cierto malestar culposo que les costaba ocultar. Yo inclu\u00eda aquellas asperezas entre las p\u00e9rdidas que empezaba a contabilizar.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Nunca hemos hablado de la enfermedad del abuelo \u2014le solt\u00e9 a mi madre como si ella tuviera la culpa de aquella circunstancia\u2014. Sab\u00eda que no estaba bien, pero su muerte me parece repentina.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014T\u00fa nunca preguntaste y yo no quise preocuparte \u2014acot\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Has debido decirme \u2014dije con severidad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Trat\u00e9 de protegerte.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No soy un ni\u00f1o \u2014respond\u00ed resentido.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Lo s\u00e9, pero yo soy tu madre y es mi trabajo. Adem\u00e1s, t\u00fa est\u00e1s demasiado lejos y no hab\u00eda nada que pudieras hacer.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Si me lo hubieras advertido, hubiera podido despedirme.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Javier, hijo, la muerte nunca puede advertirse, solo sucede \u2014se\u00f1al\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego me coment\u00f3 de lo mucho que ten\u00edan por delante: cosas que recoger, papeles que revisar, documentos patrimoniales, entre miles de otros asuntos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Tu abuelo era muy quisquilloso; hay un mont\u00f3n de cosas que solo \u00e9l conoc\u00eda y nos ha tocado reconstruir todo como si fuera un rompecabezas.<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, la vida del abuelo estaba cargada de piezas en ausencia de figuras de referencia. De su vida en Europa solo sab\u00edamos lo que nos hab\u00eda contado, que era poco. Hab\u00eda sido partisano. Luch\u00f3 contra los nazis y mat\u00f3 a alguno. No le gustaba hablar de ello, dec\u00eda que eso pertenec\u00eda al pasado y que \u00e9l hab\u00eda dejado Europa para vivir el presente. Jam\u00e1s regres\u00f3 a Austria y, en cuanto tuvo la oportunidad, adquiri\u00f3 la nacionalidad venezolana. Nunca indagu\u00e9 lo que hab\u00eda detr\u00e1s de aquella negativa a contar su historia; supuse que no quer\u00eda lidiar con lo que hab\u00eda dejado atr\u00e1s. Jam\u00e1s me imagin\u00e9 la existencia de un secreto tan determinante como el que con el tiempo llegar\u00eda a descubrir.<\/p>\n\n\n\n<p>El abuelo era un tipo singular. Era alto y elegante, ten\u00eda la voz ronca y profunda de quien estaba acostumbrado a dar \u00f3rdenes. Hablaba con un acento germ\u00e1nico que nunca lo abandon\u00f3. Era cari\u00f1oso pero tosco; solo se dulcificaba con las damas, a quienes trataba con delicadeza domesticada.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Aprovecha el d\u00eda \u2014me dijo cuando puso en mis manos un ejemplar de <em>la vida breve<\/em> de S\u00e9neca, que a\u00fan me acompa\u00f1a\u2014. Nunca dejes que entre el pensar y el hacer te salgan canas.<\/p>\n\n\n\n<p>Fue mi primera lecci\u00f3n de estoicismo. El abuelo no cre\u00eda en las disertaciones largas, sino en la voluntad que se mantiene en pie hasta el desplome. Mostraba, no dictaba c\u00e1tedra.<\/p>\n\n\n\n<p>Por alguna raz\u00f3n, la muerte suele venir acompa\u00f1ada de memorias que no hacen m\u00e1s que profundizar las ausencias. Reflexion\u00e9 mientras las im\u00e1genes se agolpaban en mi cabeza. Me lo imaginaba luchando por mantenerse en pie.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo buscaba palabras para mantener viva aquella conversaci\u00f3n en la que mi madre parec\u00eda desvanecerse. En el fondo de una rocola antigua sonaba la voz de Norah Jones; interpretaba la conocida \u00abDon\u2019t Know Why\u00bb y yo decid\u00ed que se trataba de un homenaje al abuelo. Respir\u00e9 antes de continuar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Duele que se haya ido \u2014dije finalmente.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, siempre es doloroso que se vayan los nuestros.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ahora toca aceptarlo y tratar de continuar \u2014apunt\u00e9 tratando de simular que todo estaba bien. La verdad es que ten\u00eda un miedo extra\u00f1o que poco a poco se fue convirtiendo en desolaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Te quiero. Dios te bendiga. Hablemos m\u00e1s tarde \u2014dijo mi madre con la voz quebrada antes de cortar la llamada. Yo me qued\u00e9 est\u00e1tico en la silla en medio de un tiempo que se hab\u00eda detenido. El t\u00e9 estaba fr\u00edo y ahora me parec\u00eda insuficiente. Ped\u00ed un whisky seco que me beb\u00ed de un trago a la salud del fallecido; sin dudas, aquel era un mal momento para estar lejos.<\/p>\n\n\n\n<p>Me pas\u00f3 como a muchos, vine a Canad\u00e1 a estudiar y termin\u00e9 qued\u00e1ndome. Fue algo que simplemente sucedi\u00f3. Supongo que pertenezco a la primera oleada de una di\u00e1spora que al final termin\u00f3 inundando al mundo. Han pasado cinco a\u00f1os y todav\u00eda no me acostumbro al invierno y a las particularidades de la convivencia, a ciertas sutilezas de la cultura. Migrar siempre nos coloca frente a otra dimensi\u00f3n de lo humano.<\/p>\n\n\n\n<p>El camarero me trajo otro trago. Esta vez lo sabore\u00e9 con lentitud, sintiendo sus matices. Me distraje detallando el lugar. Era un bar musical donde a veces daban conciertos. El estilo vintage y las fotograf\u00edas ic\u00f3nicas parec\u00edan ahora detenidos en el tiempo. Me hab\u00eda sentado en una barra larga que se encontraba rodeada de peque\u00f1as mesas de madera y tel\u00e9fonos de baquelita. Todo all\u00ed me recordaba al abuelo.<\/p>\n\n\n\n<p>Beb\u00ed un poco y le dese\u00e9 buen viaje. Frente a m\u00ed hab\u00eda una fotograf\u00eda de Carlos Gardel; iba de sombrero y llevaba una bandana al cuello. Me levant\u00e9 por impulso y me aproxim\u00e9 a la rocola; precisaba un tango, busqu\u00e9 hasta que encontr\u00e9 el que necesitaba:&nbsp; Adi\u00f3s Nonino.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras Piazzolla dejaba correr la nostalgia en el bandone\u00f3n, record\u00e9 nuestras discusiones filos\u00f3ficas; el viejo le\u00eda a Nietzsche, yo prefer\u00eda a Foucault y a Habermas. Nos enfrasc\u00e1bamos hasta alcanzar los puntos de inflexi\u00f3n y solo nos deten\u00edamos cuando todo estaba a punto de romperse. La verdad, siempre comprendimos la necesidad de hacernos concesiones.<\/p>\n\n\n\n<p>Decid\u00ed abandonar el lugar cuando los recuerdos empezaron a pesar demasiado. Afuera me recibi\u00f3 la ventisca. Hab\u00eda nevado y las calles empezaban a cubrirse del velo invernal. Disfrutaba caminar sobre la nieve reciente; me gusta aplastarla y dejar mis huellas marcadas durante el instante ef\u00edmero que les tomaba desaparecer, esta vez lo hac\u00eda cabizbajo. Sub\u00ed el cierre de mi chaqueta y saqu\u00e9 los guantes del bolso justo cuando mis dedos empezaban a entumecerse. En medio de la helada pens\u00e9 en el mar de Higuerote. Mis paseos con el abuelo adquirieron entonces una nueva dimensi\u00f3n. Llegu\u00e9 a casa despu\u00e9s de tomar el metro y comprar algunas cosas en el supermercado. Mientras me quitaba la ropa h\u00fameda y entraba en calor, pens\u00e9 que entre la vida y la muerte siempre quedan demasiadas cosas por decir. Me sent\u00e9 en un sill\u00f3n y revis\u00e9 algunas fotograf\u00edas viejas. El abuelo termin\u00f3 perdiendo la memoria y yo me aferraba a nuestras peque\u00f1as historias como si me fuera la vida en ello.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/miguel-angel-latouche\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Miguel \u00c1ngel Latouche I. La muerte de Otto M\u00fcller El tel\u00e9fono son\u00f3 ya entrada la tarde; la taza de t\u00e9 estaba humeando frente a m\u00ed. Era mi madre. \u2014Tu abuelo ha muerto \u2014dijo como quien apura un trago. El celular se hizo pesado mientras yo trataba de sostenerla desde los 6.500 kil\u00f3metros que nos separaban. 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