{"id":18812,"date":"2026-09-23T16:24:28","date_gmt":"2026-09-23T20:54:28","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=18812"},"modified":"2026-09-23T16:24:29","modified_gmt":"2026-09-23T20:54:29","slug":"rayuela-novela-lirica-y-caleidoscopica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/rayuela-novela-lirica-y-caleidoscopica\/","title":{"rendered":"Rayuela, novela l\u00edrica y caleidosc\u00f3pica"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><strong>Gabriel Jim\u00e9nez Em\u00e1n<\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p><strong>Novelas en el tiempo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Si damos una mirada al desenvolvimiento de la forma literaria denominada <em>novela<\/em> hallamos que, en su proceso hist\u00f3rico, son escasos los hitos donde se proponen verdaderas innovaciones dentro de un canon poco propenso a las rupturas; m\u00e1s s\u00ed dado a un desarrollo lineal de los hechos, donde observamos que los novelistas prefieren una narraci\u00f3n secuencial o una relaci\u00f3n directa de los hechos, sea \u00e9sta realista o verista; mientras en sagas de tipo fant\u00e1stico la novela deriva hacia espacios enigm\u00e1ticos o sombr\u00edos, siniestros o de imaginaci\u00f3n cient\u00edfica, dando origen a historias g\u00f3ticas o ins\u00f3litas, mientras las narraciones barrocas dan espacio a realidades hist\u00f3ricas o factuales, consolidando as\u00ed la forma de la novela en el siglo diecinueve. Si <em>Don Quijote de la Mancha<\/em> funda la novela llamada moderna en el siglo diecisiete, despu\u00e9s, durante el dieciocho, se preparan los dispositivos para hacerla florecer en el siglo diecinueve, &#8211;el verdadero siglo de la novela-mientras en el veinte se experimenta mediante narraciones entrecortadas y abruptas, modos abiertos e interpolados cuya m\u00e1xima expresi\u00f3n ser\u00eda el <em>Ulysses<\/em> (1922) de James Joyce, y otros cl\u00e1sicos modernos de su tiempo como <em>La monta\u00f1a m\u00e1gica<\/em> (1924) de Thomas Mann; <em>El Lobo estepario<\/em> (1927) de Herman Hesse; <em>En busca del tiempo perdido <\/em>de Marcel Proust (1908-1922) y <em>Orlando<\/em> (1928) de Virginia Woolf, para s\u00f3lo citar algunas de los m\u00e1s conocidos.<\/p>\n\n\n\n<p>En Am\u00e9rica, estos hallazgos vendr\u00edan marcados por autores como William Faulkner y Ernest Hemingway, sobre todo por el Faulkner de <em>El sonido y la furia <\/em>(1929); en fin, ya el esp\u00edritu de la innovaci\u00f3n novel\u00edstica estaba encendido; tanto en Europa como en Am\u00e9rica se ven\u00eda propagando a lo largo del continente americano en nuevas propuestas narrativas vanguardistas como la de Vicente Huidobro en su novela <em>M\u00edo Cid Campeador <\/em>(1929), alejada de los m\u00e9todos tradicionales de contar, contempor\u00e1neos del importante fen\u00f3meno de las llamadas novelas de la tierra, especialmente en M\u00e9xico, Ecuador, Colombia y Venezuela en obras como <em>La vor\u00e1gine<\/em> (1924) de Jos\u00e9 Eustasio Rivera y <em>Do\u00f1a B\u00e1rbara<\/em> (1929) de R\u00f3mulo Gallegos, las cuales fundar\u00edan una tradici\u00f3n aparte.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La aparici\u00f3n de <em>Rayuela<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Ya a mediados del siglo XX surge una novela escrita por un argentino nacido en un municipio de Bruselas (B\u00e9lgica) y educado entre el viejo y el nuevo continente: Julio Cort\u00e1zar (1914- 1984), nacionalizado argentino-franc\u00e9s quien da cuenta, a lo largo de su obra, de los conflictos y hallazgos de su tiempo y los expresa por v\u00edas muy distintas a las ya conocidas, cuyo trabajo es testimonio vital de una cabal voluntad de expresi\u00f3n y experimentaci\u00f3n, declarando posiciones ideol\u00f3gicas muy concretas a lo largo de su vida, a trav\u00e9s de un carisma personal en el momento de verter sus ideas y opiniones, a la par de realizar cr\u00edticas al mundo capitalista.<\/p>\n\n\n\n<p>Al comienzo de los a\u00f1os sesentas se publica su obra <em>Rayuela<\/em> (1963), considerada novedosa debido a su planteamiento formal, y por la densidad vivencial e intelectual de sus personajes. De seguidas, intentar\u00e9 un breve ensayo de acercamiento a esta obra. En efecto, <em>Rayuela<\/em> asume procedimientos originales asociados a la mejor tradici\u00f3n vanguardista europea y latinoamericana, algunos de cuyos emblemas pueden observarse, como ya se\u00f1alamos, en el <em>Ulises <\/em>(1922) de Joyce y en otros autores como los ya enumerados, surgidos muchos de ellos entre las dos guerras mundiales, y de sus respectivas resonancias en diversos campos del arte, la literatura y la filosof\u00eda, dando origen a corrientes tan notables como el surrealismo, futurismo, dada\u00edsmo y cubismo, las cuales ejercer\u00edan influjo decisivo en la cultura de Latinoam\u00e9rica.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Algunos rasgos de la novela<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Intentar\u00e9 ahora realizar un bosquejo de algunos rasgos de <em>Rayuela<\/em>, precedidos de algunos par\u00e1metros. Primero deteng\u00e1monos en su estructura: se trata de una obra l\u00fadica, l\u00edrica y experimental, abierta y sin cap\u00edtulos en sucesi\u00f3n temporal. Su autor opta por la narraci\u00f3n interrupta, convencido quiz\u00e1 de que la vida no transcurre de manera sucesivo-lineal como la de la novela decimon\u00f3nica, empleando cap\u00edtulos homog\u00e9neos o compactos.&nbsp; Si bien lo observamos, el tiempo de los siglos XX y XXI no transcurre sucesivo sino fragmentario, intervenido por situaciones azarosas, producidas de manera simult\u00e1nea en el tiempo y el espacio, dimensiones comprimidas entre s\u00ed: sus secuencias se desenvuelven a la manera del cauce de un r\u00edo; as\u00ed, por ejemplo, el <em>Ulises<\/em> de Joyce transcurre todo en un solo d\u00eda y se cumple en el espacio de una sola ciudad (Dubl\u00edn). Asimismo, la odisea de Julio Cort\u00e1zar en <em>Rayuela <\/em>se cumple entre Paris y Buenos Aires, en medio de fogonazos de memoria que retrotraen a sus protagonistas a estos espacios; van y&nbsp; vienen zigzagueantes, desmembrando el tiempo lineal y convirti\u00e9ndolo en algo segmentado, quebrado, poco ajustado al reloj; m\u00e1s bien al modo de tablero movible, con pistas azarosas, tal ocurrir\u00eda en una rayuela infantil, juego de ni\u00f1os viajando de la tierra al cielo y del cielo a la tierra, cumpliendo eslabones azarosos antes de llegar a la c\u00faspide, para luego devolverse a tierra firme.<\/p>\n\n\n\n<p>Los personajes principales de esta obra son Horacio Oliveira, escritor argentino de mediana edad que en Paris busca respuestas al sentido de su vida, en medio de situaciones existenciales extremas. Horacio es de temperamento ensimismado y severamente cr\u00edtico, aislado y apartado. Es amante compa\u00f1ero de Luc\u00eda, la Maga, uruguaya hermosa y espont\u00e1nea, mujer libre y bohemia alejada de los racionalismos intelectuales de Oliveira.<\/p>\n\n\n\n<p>Por su parte, Manolo Traveler es amigo de Oliveira a tal grado que semeja a un doble suyo, aunque menos disperso; funcionar\u00eda como una suerte de complemento de Oliveira, fil\u00f3sofo absorto.<\/p>\n\n\n\n<p>Talita es la esposa de Traveler y labora con \u00e9l en un circo y en una casa de salud mental; ejercen ambos un influjo positivo en Horacio Oliveira. Por su parte, est\u00e1n Morelli y Ossip Gregorovius y el beb\u00e9 Rocamadour.&nbsp; Las ideas est\u00e9ticas de Morelli sobre literatura ejercen mucho influjo sobre el grupo; Gregorovius es miembro en Paris del Club de la Serpiente; todos ellos admiradores de La Maga, gran presencia femenina de la novela. Todos forman parte de este grupo de amigos idealizados por la pluma de un narrador que hace encarnar en ellos diversas expectativas, desaciertos e intuiciones en este grupo de personas de alto vuelo, seres excepcionales y fascinantes.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Estructura y contextos de la obra<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En lo tocante a la estructura de la obra, &#8211;tal indica su t\u00edtulo&#8211; se tratar\u00eda de un libro damero, tablero o plataforma con gu\u00eda de instrucciones de uso (incluyendo en ello cap\u00edtulos prescindibles) y cadencias de jazz; en efecto, un azar constante atraviesa sus p\u00e1ginas y un desborde de experiencias y sensaciones encontradas la recorren de cabo a rabo, y convierten a Cort\u00e1zar en uno de los escritores latinoamericanos mel\u00f3manos del jazz (tambi\u00e9n da muestras de ello en su libro <em>La vuelta al d\u00eda en ochenta mundos<\/em>), a la par de ser uno de los fecundos animadores de la Revoluci\u00f3n cubana y conferencista prolijo del legado progresista de Am\u00e9rica Latina, en cuanto continente forjador de una posibilidad de cambios societarios sustanciales.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal irradiaci\u00f3n evolutiva e imaginativa del sujeto en <em>Rayuela<\/em> se asume emp\u00e1tica, y a su autor due\u00f1o de una t\u00e9cnica con amplios recursos formales, puestos al servicio de una causa, la cual asume una radical innovaci\u00f3n narrativa adoptando procedimientos originales; derivaciones ingeniosas e inusitadas de materiales diversos, a trav\u00e9s de los cuales busca sacar al lector de las casillas convencionales de percepci\u00f3n para introducirlo en nuevos territorios, donde diversas realidades quedan subsumidas en zonas de lo imaginario puro y, en el caso particular de<em> Rayuela<\/em>, en una suerte de metaf\u00edsica de lo cotidiano con toques po\u00e9tico-musicales, conducidos por una intuici\u00f3n prodigiosa.<\/p>\n\n\n\n<p>A trav\u00e9s de ellos palpamos ciertas frecuencias po\u00e9tico-filos\u00f3ficas y un cierto existencialismo a lo Camus, basado en lo cotidiano y virando siempre hacia lo extra\u00f1o o lo intuido. Hasta la d\u00e9cada de los sesentas en el pasado siglo no hab\u00eda le\u00eddo yo una obra latinoamericana<em> verdaderamente<\/em> urbana \u2013a excepci\u00f3n quiz\u00e1 de algunas novelas de Salvador Garmendia&#8211; encabezadas por <em>Los peque\u00f1os seres<\/em> (1958) y <em>Los habitantes<\/em> (1961), las cuales asumen narrar por primera vez la urbe de Caracas desde su entra\u00f1a de vac\u00edo, soledad o tedio. Y otra novela a la cual considero pieza maestra de esa realidad caleidosc\u00f3pica de lo urbano-venezolano que es <em>Pa\u00eds port\u00e1til<\/em> (1968) de Adriano Gonz\u00e1lez Le\u00f3n, obra que da cuenta de la compleja realidad pol\u00edtico-social de la Venezuela de los a\u00f1os sesentas, utilizando recursos interpolados de tiempo \/ espacio que nos permiten valorar nuestra narrativa desde \u00e1ngulos formales m\u00e1s exigentes y menos dependientes de las formas can\u00f3nicas.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta irradiaci\u00f3n evolutiva de las novelas experimentales en busca de la empat\u00eda de un sujeto confidente, se ubica en este tipo de novelas-caleidoscopio al modo <em>Rayuela,<\/em> cuya b\u00fasqueda de pulsi\u00f3n \u00edntima asume Julio Cort\u00e1zar mediante una visi\u00f3n distinta del arte de narrar, apelando a un sentimiento y un proyecto de renovaci\u00f3n constante en su obra, sujeto sensible asumiendo una radical innovaci\u00f3n de procedimientos, a trav\u00e9s de mezclas ingeniosas e inusitadas de materiales diversos. Todo ello en busca de sacar al lector de sus casillas convencionales, e introducirlo en territorios inusuales donde la realidad queda subsumida&nbsp; en lo imaginario, tanto en sus numerosos libros de cuentos como en el texto-caleidoscopio de <em>Rayuela<\/em>, obra urdida desde una suerte de metaf\u00edsica de lo cotidiano, empapada de m\u00fasica de jazz y de un existencialismo te\u00f1ido de absurdo; o por lo menos, \u00e9sta es la atm\u00f3sfera aqu\u00ed presente; lo cual no significa que esta sea la un\u00edvoca interpretaci\u00f3n admitida; por lo contrario, la obra se crece a&nbsp; trav\u00e9s de la simultaneidad cognitiva de cada lector: extra\u00f1eza, desajuste, juego de perplejidades girando siempre hacia lo extra-ordinario: ingrediente de lo urbano presente en el l\u00edmite del vac\u00edo, y al mismo tiempo dado a la alucinaci\u00f3n jazz\u00edstica del azar objetivo, con descargas po\u00e9ticas de cap\u00edtulos entrecortados, guiados por un radar distinto&nbsp; a lo ya conocido.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Cap\u00edtulo inicial<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>1<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00bfEncontrar\u00eda a la Maga? Tantas veces me hab\u00eda bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el r\u00edo me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscrib\u00eda en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural cruzar la calle, subir los pelda\u00f1os del puente, entrar en sudelgada cintura y acercarme a la Maga que sonre\u00eda sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dent\u00edfrico.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Pero ella no estar\u00eda ahora en el puente. Su fina cara de transl\u00facida piel se asomar\u00eda a viejos portales en el ghetto del Marais, quiz\u00e1 estuviera charlando con una vendedora de papas fritas o comiendo una salchicha caliente en el boulevard de S\u00e9bastopol. De todas maneras sub\u00ed hasta el puente, y la Maga no estaba. Ahora la Maga no estaba en mi camino, y aunque conoc\u00edamos nuestros domicilios, cada hueco de nuestras dos habitaciones de falsos estudiantes en Par\u00eds, cada tarjeta postal abriendo una ventanita Braque o Ghirlandaio o Max Ernst contra las molduras baratas y los papeles chillones, aun as\u00ed no nos buscar\u00edamos en nuestras casas. Prefer\u00edamos encontrarnos en el puente, en la terraza de un caf\u00e9, en un cine-club o agachados junto a un gato en cualquier patio del barrio latino. And\u00e1bamos sin buscarnos pero sabiendo que and\u00e1bamos para encontrarnos. Oh Maga, en cada mujer parecida a vos se agolpaba como un silencio ensordecedor, una pausa filosa y cristalina que acababa por derrumbarse tristemente, como un paraguas mojado que se cierra.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Justamente un paraguas, Maga, te acordar\u00edas quiz\u00e1 de aquel paraguas viejo que sacrificamos en un barranco del Parc Montsouris, un atardecer helado de marzo. Lo tiramos porque lo hab\u00edas encontrado en la Place de la Concorde, ya un poco roto, y lo usaste much\u00edsimo, sobre todo para meterlo en las costillas de la gente en el metro y en los autobuses, siempre torpe y distra\u00edda y pensando en p\u00e1jaros pintos o en un dibujito que hac\u00edan dos moscas en el techo del coche, y aquella tarde cay\u00f3 un chaparr\u00f3n y vos quisiste abrir orgullosatu paraguas cuando entr\u00e1bamos en el parque, y en tu mano se arm\u00f3 una cat\u00e1strofe de rel\u00e1mpagos fr\u00edos y nubes negras, jirones de tela destrozada cayendo entre destellos de varillas desencajadas, y nos re\u00edamos como locos mientras nos empap\u00e1bamos, pensando que un paraguas encontrado en una plaza deb\u00eda morir dignamente en un parque, no pod\u00eda entrar en el ciclo innoble del tacho de basura o del cord\u00f3n de la vereda; entonces yo lo arroll\u00e9 lo mejor posible, lo llevamos hasta lo alto del parque, cerca del puentecito sobre el ferrocarril, y desde all\u00ed lo tir\u00e9 con todas mis fuerzas al fondo de la barranca de c\u00e9sped mojado mientras vos profer\u00edas un grito donde vagamente cre\u00ed reconocer una imprecaci\u00f3n de walkyria. Y en el fondo del barranco se hundi\u00f3 como un barco que sucumbe al agua verde, al agua verde y procelosa, a la mer qui est plus f\u00e9lonesse en \u00e9t\u00e9 qu\u2019en hiver, a la ola p\u00e9rfida, Maga, seg\u00fan enumeraciones que detallamos largo rato, enamorados de Joinville y del parque, abrazados y semejantes a \u00e1rboles mojados o a actores de cine de alguna p\u00e9sima pel\u00edcula h\u00fangara. Y qued\u00f3 entre el pasto, m\u00ednimo y negro, como un insecto pisoteado. Y no se mov\u00eda, ninguno de sus resortes se estiraba como antes. Terminado. Se acab\u00f3. Oh Maga, y no est\u00e1bamos contentos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00bfQu\u00e9 ven\u00eda yo a hacer al Pont des Arts? Me parece que ese jueves de diciembre ten\u00eda pensado cruzar a la orilla derecha y beber vino en el cafecito de la rue des Lombards donde madame L\u00e9onie me mira la palma de la mano y me anuncia viajes y sorpresas. Nunca te llev\u00e9 a que madame L\u00e9onie te mirara la palma de la mano, a lo mejor tuve miedo de que leyera en tu mano<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>alguna verdad sobre m\u00ed, porque fuiste siempre un espejo terrible, una espantosa m\u00e1quina de repeticiones, y lo que llamamos amarnos fue quiz\u00e1 que yo estaba de pie delante de vos, con una flor amarilla en la mano, y vos sosten\u00edas dos velas verdes y el tiempo soplaba contra nuestras caras una lenta lluvia de renuncias y despedidas y tickets de metro. De manera que nunca te llev\u00e9 a que madame L\u00e9onie, Maga; y s\u00e9, porque me lo dijiste, que a vos no te gustaba que yo te viese entrar en la peque\u00f1a librer\u00eda de la rue de Verneuil, donde un anciano agobiado hace miles de fichas y sabe todo lo que puede saberse sobre historiograf\u00eda. Ibas all\u00ed a jugar con un gato, y el viejo te dejaba entrar y no te hac\u00eda preguntas, contento de que \u00e1 veces le alcanzaras alg\u00fan libro de los estantes m\u00e1s altos. Y te calentabas en su estufa de gran ca\u00f1o negro y no te gustaba que yo supiera que ibas a ponerte al lado de esa estufa. Pero todo esto hab\u00eda que decirlo en su momento, s\u00f3lo que era dif\u00edcil precisar el momento de una cosa, y a\u00fan ahora, acodado en el puente, viendo pasar una pinaza color borravino, hermos\u00edsima como una gran cucaracha reluciente de limpieza, con una mujer de delantal blanco que colgaba ropa en un alambre de la proa, mirando sus ventanillas pintadas de verde con cortinas Hansel y Gretel, a\u00fan ahora, Maga, me preguntaba si este rodeo ten\u00eda sentido, ya que para llegar a la rue des Lombards me hubiera convenido m\u00e1s cruzar el Pont Saint-Michel y el Pont au Change. Pero si hubieras estado ah\u00ed esa noche, como tantas otras veces, yo habr\u00eda sabido que el rodeo ten\u00eda un sentido, y ahora en cambio envilec\u00eda mi fracaso llam\u00e1ndolo rodeo. Era cuesti\u00f3n, despu\u00e9s de subirme el cuello de la canadiense, de seguir por los muelles hasta entrar en esa zona de grandes tiendas que se acaba en el Ch\u00e1telet, pasar bajo la sombra violeta de la Tour Saint-Jacques y subir por mi calle pensando en que no te hab\u00eda encontrado y en madame L\u00e9onie.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>S\u00e9 que un d\u00eda llegu\u00e9 a Par\u00eds, s\u00e9 que estuve un tiempo viviendo de prestado, haciendo lo que otros hacen y viendo lo que otros ven. S\u00e9 que sal\u00edas de un caf\u00e9 de la rue du Cherche-Midi y que nos hablamos. Esa tarde todo anduvo mal, porque mis costumbres argentinas me prohib\u00edan cruzar continuamente de una vereda a otra para mirar las cosas m\u00e1s insignificantes en las vitrinas apenas iluminadas de unas calles que ya no recuerdo. Entonces te segu\u00eda de mala gana, encontr\u00e1ndote petulante y malcriada, hasta que te cansaste de no estar cansada y nos metimos en un caf\u00e9 del Boul\u2019Mich\u2019 y de golpe, entre dos medialunas, me contaste un gran pedazo de tu vida C\u00f3mo pod\u00eda yo sospechar que aquello que parec\u00eda tan mentira era verdadero, un Figari con violetas de anochecer, con caras l\u00edvidas, con hambre y golpes en los rincones. M\u00e1s tarde te cre\u00ed, m\u00e1s tarde hubo razones, hubo madame L\u00e9onie que mir\u00e1ndome la mano que hab\u00eda dormido con tus senos me repiti\u00f3 casi tus mismas palabras. \u00abElla sufre en alguna parte. Siempre ha sufrido. Es muy alegre, adora el amarillo, su p\u00e1jaro es el mirlo, su hora la noche, su puente el Pont des Arts.\u00bb (Una pinaza color borravino, Maga, y por qu\u00e9 no nos habremos ido en ella cuando todav\u00eda era tiempo.)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Y mir\u00e1 que apenas nos conoc\u00edamos y ya la vida urd\u00eda lo necesario para desencontrarnos minuciosamente. Como no sab\u00edas disimular me di cuenta en seguida de que para verte como yo quer\u00eda era necesario empezar por cerrar los ojos, y entonces primero cosas como estrellas amarillas (movi\u00e9ndose en una jalea de terciopelo), luego saltos rojos del humor y de las horas, ingreso paulatino en un mundo-Maga que era la torpeza y la confusi\u00f3n pero tambi\u00e9n helechos con la firma de la ara\u00f1a Klee, el circo Mir\u00f3, los espejos de ceniza Vieira da Silva, un mundo donde te mov\u00edas como un caballo de ajedrez que se moviera como una torre que se moviera como un alfil. Y entonces en esos d\u00edas \u00edbamos a los cineclubs a ver pel\u00edculas mudas, porque yo con mi cultura, no es cierto, y vos pobrecita no entend\u00edas absolutamente nada de esa estridencia amarilla convulsa previa a tu nacimiento, esa emulsi\u00f3n estriada donde corr\u00edan los muertos; pero de repente pasaba por ah\u00ed Harold Lloyd y entonces te sacud\u00edas el agua del sue\u00f1o y al final te convenc\u00edas de que todo hab\u00eda estado muy bien, y que Pabst y que Fritz Lang. Me hartabas un poco con tu man\u00eda de perfecci\u00f3n, con tus zapatos rotos, con tu negativa a aceptar lo aceptable.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Com\u00edamos hamburgers en el Carrefour de l\u2019Od\u00e9on, y nos \u00edbamos en bicicleta a Montparnasse, a cualquier hotel, a cualquier almohada. Pero otras veces segu\u00edamos hasta la Porte d\u2019Orl\u00e9ans, conoc\u00edamos cada vez mejor la zona de terrenos bald\u00edos que hay m\u00e1s all\u00e1 del Boulevard Jourdan, donde a veces a medianoche se reun\u00edan los del Club de la Serpiente para hablar con un vidente ciego, paradoja estimulante. Dej\u00e1bamos las bicicletas en la calle y nos intern\u00e1bamos de a poco, par\u00e1ndonos a mirar el cielo porque \u00e9sa es una de las pocas zonas de Par\u00eds donde el cielo vale m\u00e1s que la tierra. Sentados en un mont\u00f3n de basuras fum\u00e1bamos un rato, y la Maga me acariciaba el pelo o canturreaba melod\u00edas ni siquiera inventadas, melopeas absurdas cortadas por suspiros o recuerdos. Yo aprovechaba para pensar en cosas in\u00fatiles, m\u00e9todo que hab\u00eda empezado a practicar a\u00f1os atr\u00e1s en un hospital y que cada vez me parec\u00eda m\u00e1s fecundo y necesario. Con un enorme esfuerzo, reuniendo im\u00e1genes auxiliares, pensando en olores y caras, consegu\u00eda extraer de la nada un par de zapatos marrones que hab\u00eda usado en Olavarr\u00eda en 1940. Ten\u00edan tacos de goma, suelas muy finas, y cuando llov\u00eda me entraba el agua hasta el alma. Con ese par de zapatos en la mano del recuerdo, el resto ven\u00eda solo: la cara de do\u00f1a Manuela, por ejemplo, o el poeta Ernesto Morroni. Pero los rechazaba porque el juego consist\u00eda en recobrar tan s\u00f3lo lo insignificante, lo inostentoso, lo perecido. Temblando de no ser capaz de acordarme, atacado por la polilla que propone la pr\u00f3rroga, imb\u00e9cil a fuerza de besar el tiempo, terminaba por ver al lado de los zapatos una latita de T\u00e9 Sol que mi madre me hab\u00eda dado en Buenos Aires. Y la cucharita para el t\u00e9, cuchara-ratonera donde las lauchitas negras se quemaban vivas en la taza de agua lanzando burbujas chirriantes. Convencido de que el recuerdo lo guarda todo y no solamente a las Albertinas y a las grandes efem\u00e9rides del coraz\u00f3n y los ri\u00f1ones, me obstinaba en reconstruir el contenido de mi mesa de trabajo en Floresta, la cara de una muchacha irrecordable llamada Gekrepten, la cantidad de plumas cucharita que hab\u00eda en mi caja de \u00fatiles de quinto grado, y acababa temblando de tal manera y desesper\u00e1ndome (porque nunca he podido acordarme de esas plumas cucharita, s\u00e9 que estaban en la caja de \u00fatiles, en un compartimento especial, pero no me acuerdo de cu\u00e1ntas eran ni puedo precisar el momento justo en que debieron ser dos o seis), hasta que la Maga, bes\u00e1ndome y ech\u00e1ndome en la cara el humo del cigarrillo y su aliento caliente, me recobraba y nos re\u00edamos, empez\u00e1bamos a andar de nuevo entre los montones de basura en busca de los del Club. Ya para entonces me hab\u00eda dado cuenta de que buscar era mi signo, emblema de los que salen de noche sin prop\u00f3sito fijo, raz\u00f3n de los matadores de br\u00fajulas. Con la Maga habl\u00e1bamos de pataf\u00edsica hasta cansarnos, porque a ella tambi\u00e9n le ocurr\u00eda (y nuestro encuentro era eso, y tantas cosas oscuras como el f\u00f3sforo) caer de continuo en las excepciones, verse metida en casillas que no eran las de la gente, y esto sin despreciar a nadie, sin creernos Maldorores en liquidaci\u00f3n ni Melmoths privilegiadamente errantes. No me parece que la luci\u00e9rnaga extraiga mayor suficiencia del hecho incontrovertible de que es una de las maravillas m\u00e1s fenomenales de este circo, y sin embargo basta suponerle una conciencia para comprender que cada vez que se le encandila la barriguita el bicho de luz debe sentir como una cosquilla de privilegio. De la misma manera a la Maga le encantaban los l\u00edos inveros\u00edmiles en que andaba metida siempre por causa del fracaso de las leyes en su vida. Era de las que rompen los puentes con s\u00f3lo cruzarlos, o se acuerdan llorando a gritos de haber visto en una vitrina el d\u00e9cimo de loter\u00eda que acaba de ganar cinco millones. Por mi parte ya me hab\u00eda acostumbrado a que me pasaran cosas modestamente excepcionales, y no encontraba demasiado horrible que al entrar en un cuarto a oscuras para recoger un \u00e1lbum de discos, sintiera bullir en la palma de la mano el cuerpo vivo de un ciempi\u00e9s gigante que hab\u00eda elegido dormir en el lomo del \u00e1lbum.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Eso, y encontrar grandes pelusas grises o verdes dentro de un paquete de cigarrillos, u o\u00edr el silbato de una locomotora exactamente en el momento y el tono necesarios para incorporarse ex officio a un pasaje de una sinfon\u00eda de Ludwig van, o entrar a una pissoti\u00e8re de la rue de M\u00e9dicis y ver a un hombre que orinaba aplicadamente hasta el momento en que, apart\u00e1ndose de su compartimento, giraba hacia m\u00ed y me mostraba, sosteni\u00e9ndolo en la palma de la mano como un objeto lit\u00fargico y precioso, un miembro de dimensiones y colores incre\u00edbles, y en el mismo instante darme cuenta de que ese hombre era exactamente igual a otro (aunque no era el otro) que veinticuatro horas antes, en la Salle de G\u00e9ographie, hab\u00eda disertado sobre t\u00f3tems y tab\u00faes, y hab\u00eda mostrado al p\u00fablico, sosteni\u00e9ndolos preciosamente en la palma de la mano, bastoncillos de marfil, plumas de p\u00e1jaro lira, monedas rituales, f\u00f3siles m\u00e1gicos, estrellas de mar, pescados secos, fotograf\u00edas de concubinas reales, ofrendas de cazadores, enormes escarabajos embalsamados que hac\u00edan temblar de asustada delicia a las infaltables se\u00f1oras.<\/em> (\u2026) (<em>Rayuela<\/em>, fragmento del cap\u00edtulo 1)<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Naturaleza l\u00edrica de la obra<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Teniendo en cuenta la naturaleza l\u00edrica de <em>Rayuela<\/em>, pudi\u00e9ramos esbozar un acercamiento solipsista a la psique de Cort\u00e1zar desde la infancia, cuando su padre se separa de la familia dejando al ni\u00f1o al cuidado de su madre y unas t\u00edas, en una casa&nbsp; del barrio Blanstein de Buenos Aires, donde se vio rodeado de presencias femeninas y de una gran biblioteca; ah\u00ed tuvo ocasi\u00f3n de disfrutar de lecturas, compuestas en su mayor\u00eda por autores cl\u00e1sicos de fantas\u00eda y horror como Julio Verne y Edgar Allan Poe, cl\u00e1sicos el primero de ciencia-ficci\u00f3n (uno de sus fundadores), y de horror, el segundo. Padeci\u00f3 Cort\u00e1zar desde joven de una enfermedad, el s\u00edndrome de Acromegalia, afecci\u00f3n entre cuyos rasgos figuran el hacer ver a los pacientes m\u00e1s j\u00f3venes, altos y desarrolladas sus extremidades, todo lo cual fue conformando en \u00e9l una personalidad at\u00edpica. M\u00e1s tarde, el joven Cort\u00e1zar se graduar\u00eda de maestro normalista en literatura y lenguaje y conocedor del ingl\u00e9s, el franc\u00e9s y de la literatura europea, y estas inclinaciones le permitir\u00edan luego dedicarse a la traducci\u00f3n profesional. Son harto conocidas sus versiones de los cuentos de Poe, de la novela breve <em>Narraci\u00f3n de Arthur Gordon Pym<\/em> y de sus ensayos literarios.<\/p>\n\n\n\n<p>En cierto modo, nuestro autor aprovecha el car\u00e1cter po\u00e9tico de su obra <em>Rayuela<\/em> para dibujar las personalidades \u00edntimas de algunos de estos personajes como La Maga, Oliveira y Morelli, los cuales le permiten incluir, en el tablero m\u00f3vil donde la obra discurre, poemas en prosa e invenciones verbales de palabras novedosas.&nbsp; Por ejemplo, cuando el escritor intenta, a trav\u00e9s de un poema en prosa, afincarse en el m\u00e1s puro lirismo para dibujar la boca de su amante:<\/p>\n\n\n\n<p><strong>7<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cToco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibuj\u00e1ndola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por m\u00ed para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonr\u00ede por debajo de la que mi mano te dibuja. Me miras, de cerca me miras, cada vez m\u00e1s de cerca y entonces jugamos al c\u00edclope, nos miramos cada vez m\u00e1s de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre s\u00ed, se superponen y los c\u00edclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordi\u00e9ndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuvi\u00e9ramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simult\u00e1neo del aliento, esa instant\u00e1nea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra m\u00ed como una luna en el agua.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n cuando el lenguaje desea reinventarse apoyado en la pasi\u00f3n er\u00f3tica, nuestro autor puede escribir un texto como el siguiente:<\/p>\n\n\n\n<p><em>68<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cApenas \u00e9l le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el cl\u00e9miso y ca\u00edan en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que \u00e9l procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y ten\u00eda que envulsionarse de cara al n\u00f3valo, sintiendo c\u00f3mo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas f\u00edlulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que \u00e9l aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramov\u00eda, de pronto era el clin\u00f3n, la esterfurosa convulcante de las m\u00e1tricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehum\u00edtica agopausa. \u00a1Evoh\u00e9! \u00a1Evoh\u00e9! Volposados en la cresta del murelio, se sent\u00edan balparamar, perlinos y m\u00e1rulos. Temblaba el troc, se venc\u00edan las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo p\u00ednice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el l\u00edmite de las gunfias.\u201d<\/em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Asimismo, cuando el centro de inspiraci\u00f3n de su prosa es la imagen de un beb\u00e9 como Rocamadour:<\/p>\n\n\n\n<p><em>32<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cBeb\u00e9 Rocamadour, beb\u00e9, mon beb\u00e9. Rocamadour : Rocamadour, ya s\u00e9 que es como un espejo. Est\u00e1s durmiendo o mir\u00e1ndote los pies. Yo aqu\u00ed sostengo un espejo y creo que sos vos. Pero no lo creo, te escribo porque no sabes leer. Si supieras no te escribir\u00eda o te escribir\u00eda cosas importantes. Alguna vez tendr\u00e9 que escribirte que te portes bien o que te abrigues. Parece incre\u00edble que alguna vez, Rocamadour. Ahora solamente te escribo en el espejo, de vez en cuando tengo que secarme el dedo porque se moja de l\u00e1grimas. \u00bf Por qu\u00e9, Rocamadour? No estoy triste, tu mam\u00e1 es una pavota, se me fue al fuego el borsch que hab\u00eda hecho para Horacio; vos sab\u00e9s qui\u00e9n es Horacio, Rocamadour, el se\u00f1or que el domingo te llev\u00f3 el conejito de terciopelo y que se aburr\u00eda mucho porque vos y yo nos est\u00e1bamos diciendo tantas cosas y \u00e9l quer\u00eda volver a Par\u00eds; entonces te pusiste a llorar y \u00e9l te mostr\u00f3 como el conejito mov\u00eda las orejas; en ese momento estaba hermoso, quiero decir Horacio, alg\u00fan d\u00eda comprender\u00e1s, Rocamadour. Rocamadour, es idiota llorar as\u00ed porque el borsch se ha ido al fuego. La pieza est\u00e1 llena de remolacha, Rocamadour, te divertir\u00edas si vieras los pedazos de remolacha y la crema, todo tirado por el suelo. Menos mal que cuando venga Horacio ya habr\u00e9 limpiado, pero primero ten\u00eda que escribirte, llorar as\u00ed es tonto, las cacerolas se ponen blandas, se ven como halos en los vidrios de la ventana, y ya no se oye cantar a la chica del piso de arriba que canta todo el d\u00eda Les amants du Havre. Cuando estemos juntos te lo contar\u00e9, ver\u00e1s. Puisque la terre est ronde, mon amour t\u2019en fais pas, mon amour, t\u2019en fais pas&#8230; Horacio la silba de noche cuando escribe o dibuja. A ti te gustar\u00eda, Rocamadour. A vos te gustar\u00eda, Horacio se pone furioso porque me gusta hablar de t\u00fa como Perico, pero en el Uruguay es distinto. Perico es el se\u00f1or que no te llev\u00f3 nada el otro d\u00eda pero que hablaba tanto de los ni\u00f1os y la alimentaci\u00f3n. Sabe muchas cosas, un d\u00eda le tendr\u00e1s mucho respeto, Rocamadour, y ser\u00e1s un tonto si le tienes respeto. Si le ten\u00e9s, si le ten\u00e9s respeto, Rocamadour.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Rocamadour, madame Ir\u00e8ne no est\u00e1 contenta de que seas tan lindo, tan alegre, tan llor\u00f3n y grit\u00f3n y me\u00f3n. Ella dice que todo est\u00e1 muy bien y que eres un ni\u00f1o encantador, pero mientras habla esconde las manos en los bolsillos del delantal como hacen algunos animales malignos, Rocamadour, y eso me da miedo. Cuando se lo dije a Horacio, se re\u00eda mucho, pero no se da cuenta de que yo lo siento, y que aunque no haya ning\u00fan animal maligno que esconde las manos, yo siento, no s\u00e9 lo que siento, no lo puedo explicar.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Rocamadour, si en tus ojitos pudiera leer lo que te ha pasado en esos quince d\u00edas, momento por momento. Me parece que voy a buscar otra nourrice aunque Horacio se ponga furioso y diga, pero a ti no te interesa lo que \u00e9l dice de m\u00ed. Otra nourrice que hable menos, no importa si dice que eres malo o que lloras de noche o que no quieres comer, no importa si cuando me lo dice yo siento que no es maligna, que me est\u00e1 diciendo algo que no puede da\u00f1arte. Todo es tan raro, Rocamadour, por ejemplo me gusta decir tu nombre y escribirlo, cada vez me parece que te toco la punta de la nariz y que te re\u00eds, en cambio madame Ir\u00e8ne no te llama nunca por tu nombre, dice l\u2019enfant, f\u00edjate, ni siquiera dice le gosse, dice l\u2019enfant, es como si se pusiera guantes de goma para hablar, a lo mejor los tiene puestos y por eso mete las manos en los bolsillos y dice que sos tan bueno y tan bonito.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Hay una cosa que se llama tiempo, Rocamadour, es como un bicho que anda y anda. No te puedo explicar porque eres tan chico, pero quiero decir que Horacio llegar\u00e1 en seguida. \u00bfLe dejo leer mi carta para que \u00e9l tambi\u00e9n te diga alguna cosa? No, yo tampoco querr\u00eda que nadie leyera una carta que es solamente para m\u00ed. Un gran secreto entre los dos, Rocamadour. Ya no lloro m\u00e1s, estoy contenta, pero es tan dif\u00edcil entender las cosas, necesito tanto tiempo para entender un poco eso que Horacio y los otros entienden en seguida, pero ellos que todo lo entienden tan bien no te pueden entender a ti y a m\u00ed, no entienden que yo no puedo tenerte conmigo, darte de comer y cambiarte los pa\u00f1ales, hacerte dormir o jugar, no entienden y en realidad no les importa, y a m\u00ed que tanto me importa solamente s\u00e9 que no te puedo tener conmigo, que es malo para los dos, que tengo que estar sola con Horacio, vivir con Horacio, qui\u00e9n sabe hasta cu\u00e1ndo ayud\u00e1ndolo a buscar lo que \u00e9l busca y que tambi\u00e9n buscar\u00e1s, Rocamadour, porque ser\u00e1s un hombre y tambi\u00e9n buscar\u00e1s como un gran tonto.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Es as\u00ed, Rocamadour: En Par\u00eds somos como hongos, crecemos en los pasamanos de las escaleras, en piezas oscuras donde huele a sebo, donde la gente hace todo el tiempo el amor y despu\u00e9s fr\u00ede huevos y pone discos de Vivaldi, enciende los cigarrillos y habla como Horacio y Gregorovius y Wong y yo, Rocamadour, y como Perico y Ronald y Babs, todos hacemos el amor y fre\u00edmos huevos y fumamos, ah, no puedes saber todo lo que fumamos, todo lo que hacemos el amor, parados, acostados, de rodillas, con las manos, con las bocas, llorando o cantando, y afuera hay de todo, las ventanas dan al aire y eso empieza con un gorri\u00f3n o una gotera, llueve much\u00edsimo aqu\u00ed, Rocamadour, mucho m\u00e1s que en el campo, y las cosas se herrumbran, las canaletas, las patas de las palomas, los alambres con que Horacio fabrica esculturas. Casi no tenemos ropa, nos arreglamos con tan poco, un buen abrigo, unos zapatos en lo que no entre el agua, somos muy sucios, todo el mundo es muy sucio y hermoso en Par\u00eds, Rocamadour, las camas huelen a noche y a sue\u00f1o pesado, debajo hay pelusas y libros, Horacio se duerme y el libro va a parar debajo de la cama, hay peleas terribles porque los libros no aparecen y Horacio cree que se los ha robado Ossip, hasta que un d\u00eda aparecen y nos re\u00edmos, y casi no hay sitio para poner nada, ni siquiera otro par de zapatos, Rocamadour, para poner una palangana en el suelo hay que sacar el tocadiscos, pero donde ponerlo si la mesa est\u00e1 llena de libros. Yo no te podr\u00eda tener aqu\u00ed, aunque seas tan peque\u00f1o no cabr\u00edas en ninguna parte, te golpear\u00edas contra las paredes. Cuando pienso en eso me pongo a llorar, Horacio no entiende, cree que soy mala, que hago mal en no traerte, aunque s\u00e9 que no te aguantar\u00eda mucho tiempo. Nadie se aguanta aqu\u00ed mucho tiempo, ni siquiera t\u00fa y yo, hay que vivir combati\u00e9ndose, es la ley, la \u00fanica manera que vale la pena pero duele, Rocamadour, y es sucio y amargo, a ti no te gustar\u00eda, t\u00fa que ves a veces los corderitos en el campo, o que oyes los p\u00e1jaros parados en la veleta de la casa. Horacio me trata de sentimental, me trata de materialista, me trata de todo porque no te traigo o porque quiero traerte, porque renuncio, porque quiero ir a verte, porque de golpe comprendo que no puedo ir, porque soy capaz de caminar una hora bajo el agua si en alg\u00fan barrio que no conozco pasan Potemkin y hay que verlo aunque se caiga el mundo, Rocamadour, porque el mundo ya no importa si uno no tiene fuerzas para seguir eligiendo algo verdadero, si uno se ordena como un caj\u00f3n de la c\u00f3moda y te pone a ti de un lado, el domingo del otro, el amor de la madre, el juguete nuevo, la gare de Montparnasse, el tren, la visita que hay que hacer. No me da la gana de ir, Rocamadour, y t\u00fa sabes que est\u00e1 bien y no est\u00e1s triste. Horacio tiene raz\u00f3n, no me importa nada de ti a veces, y creo que eso me lo agradecer\u00e1s un d\u00eda cuando comprendas, cuando veas que val\u00eda la pena que yo fuera como soy. Pero lloro lo mismo, Rocamadour, me equivoco, porque a lo mejor soy mala o estoy enferma o un poco idiota, no mucho, un poco pero eso es terrible, la sola idea me da c\u00f3licos, tengo completamente metidos para adentro los dedos de los pies, voy a reventar los zapatos si no me los saco, y te quiero tanto, Rocamadour, beb\u00e9 Rocamadour, dientecito de ajo, te quiero tanto, nariz de az\u00facar, arbolito, caballito de juguete&#8230;\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ***<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Caleidoscopio de formas&nbsp;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El aparente desajuste de<em> Rayuela<\/em> nos conduce a una suerte de deriva, la cual a su vez nos permite pasearnos por un texto con la libertad del caso, sin tener que quedarnos atrapados a mitad de camino entre cap\u00edtulos prolijos o extensamente descriptivos. Cort\u00e1zar teje una suerte de barroquismo postmoderno, como si Juan Sebasti\u00e1n Bach hubiese despertado en el siglo XX para o\u00edr con nosotros un concierto de Miles Davis mientras Erroll Garner se prepara al piano a articular matices rom\u00e1nticos, pero dando paso, de cuando en cuando, a la tesitura ondulante y sinuosa de un Bill Evans.<\/p>\n\n\n\n<p>Tratando de huir de la prosa burguesa, Cort\u00e1zar se refugia en los sonidos fluyentes en bares de carretera de New Orleans o Paris, o se mimetiza con el saxof\u00f3n del gato Barbieri o el bandone\u00f3n de Astor Piazolla. Es un novelista que nos libera de lo burgu\u00e9s y nos sume en los m\u00e1rgenes del fraseo del <em>bop<\/em> o del <em>cool<\/em>. Se despoja de pesados atuendos huyendo de lo erudito o el artificio, para zambullirse en los acordes secos de Satchmo, \u201cenorm\u00edsimo cronopio\u201d. Busca soporte en el pentagrama del jazz para dirigir su prosa hacia adelante o hacia atr\u00e1s, ir en zigzag sin pedir permiso al lector, y esa estructura abierta de la obra tambi\u00e9n nos muestra a un narrador l\u00fadico, azaroso, acorde con la sensibilidad cambiante de la gran urbe.<\/p>\n\n\n\n<p>Si alguien nos preguntara cual es la verdadera trama de <em>Rayuela<\/em> quiz\u00e1 no pudi\u00e9ramos contestarle de modo concreto: no hay un asunto o conflicto reconocible o preponderante; la trama de la narraci\u00f3n viaja entre los personajes, los conflictos vagan como barcos de papel entre cap\u00edtulos: habr\u00e1, en todo caso, cap\u00edtulos que no son ni m\u00e1s ni menos importantes que otros; hay poemas, recortes, collages cubistas, fragmentos, pensamientos, tramas&nbsp; desajustadas o nerviosas, pero todo ello va conform\u00e1ndose en un tablero donde el autor marcha en zigzag a lo largo de las p\u00e1ginas, hacia adelante y hacia atr\u00e1s, hacia al futuro y el pasado simult\u00e1neamente para hacernos ver que s\u00f3lo existe el presente, que en <em>Rayuela<\/em> el tiempo-hora se ha esfumado.<\/p>\n\n\n\n<p>La trama de la novela estar\u00eda, en todo caso, centrada en los conflictos interiores de los personajes; los asuntos de la misma no son unos m\u00e1s importantes que otros: el exilio, el amor, la desesperanza, el propio inquirir sobre el sentido de la vida. En vez de intrigas, hay dubitaciones; en lugar de secretos, hay incertidumbres. Por ejemplo, los encuentros con la Maga suelen convertirse en expectaciones, en esperas metaf\u00edsicas. Por ello quiz\u00e1 en el caso de <em>Rayuela<\/em> se trate de una anti-novela, de una obra que intercepta y descoloca, donde los tiempos y espacios se entrecruzan e inter-penetran, huyendo de los finales concluyentes. M\u00e1s bien hay en ella impulsos chispeantes, ocurrencias caprichosas donde se aboga por una ruptura de la rutina ret\u00f3rica capitular, donde lo ins\u00f3lito deslumbra con inesperadas fulguraciones.<\/p>\n\n\n\n<p>En cuanto al lenguaje de la obra, se perciben en \u00e9l jergas dialectales y glosas combinatorias que ven la literatura no como un canon sino a la manera de humanismo liberador, una suerte de antropolog\u00eda po\u00e9tica que tiene a la palabra como manifestaci\u00f3n central de lo humano. Elementos nucleares en <em>Rayuela <\/em>son la errancia on\u00edrica, lo fant\u00e1stico como elemento existencialista y a la propia novela como algo m\u00e1s all\u00e1 del objeto literario, m\u00e1s bien como acto de conciencia. En este sentido, habr\u00eda que considerar a <em>Rayuela<\/em> parte de esta m\u00e1xima implicaci\u00f3n; no como obra de personajes sino de personas, novela transustanciada por los sujetos que la modelan, tal lo se\u00f1ala el brillante cr\u00edtico Sa\u00fal Yurkievich. El acto de escribir ser\u00eda un v\u00ednculo entre mundo y persona; la novela como tal no ser\u00eda g\u00e9nero literario sino dispositivo para organizar el flujo err\u00e1tico de intuiciones y pensamientos. De hecho, en esta obra las discusiones intelectuales alternan con chistes, y juegos de palabras con elementos corrientes; todo ello permite que en alg\u00fan momento se la considerara una anti-novela, un \u201cmodelo para armar\u201d, cuya voluntad anduvo en la mente de Julio Cort\u00e1zar por un buen tiempo, hasta adquirir forma en su obra <em>62 modelo para armar<\/em> (1968) justo cinco a\u00f1os despu\u00e9s de <em>Rayuela,<\/em> perviviendo en obras miscel\u00e1neas como <em>\u00daltimo round<\/em> (1969) y la novela <em>Libro de Manuel <\/em>(1973) donde los relatos discontinuos siguen en pie.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La prosa del jazz<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Puede tenerse entonces a <em>Rayuela<\/em> como a una obra en clave de jazz \u2013como ya inferimos antes- en cuanto al elemento de la improvisaci\u00f3n, dando vueltas en torno a un tema central con variaciones y solos vocales e instrumentales; funciona bien si ahondamos un poco en su complejidad interna de armon\u00edas, ritmos y acordes de esta modalidad afroamericana&nbsp; dimanada de la ciudad de New Orleans y recogida en parte por <em>Rayuela,<\/em>&nbsp; ha sido objeto de reconocimiento constante por parte de Cort\u00e1zar <a href=\"#_ftn1\" id=\"_ftnref1\">[1]<\/a>. La capacidad de generar obras aleatorias a partir de un tema central, deriva en efecto sonoro de extensa duraci\u00f3n, formando parte de la naturaleza misma de esta modalidad musical. El tema da para mucho.<\/p>\n\n\n\n<p>Siguiendo otras posibilidades interpretativas de esta obra, podr\u00edamos considerar tambi\u00e9n una relacionada al hecho est\u00e9tico, aunque tal ingrediente en Cort\u00e1zar puede ser enga\u00f1oso si tomamos en cuenta la personalidad pol\u00edtica del autor, su ideolog\u00eda de izquierdas, la cual siempre resulta clara en cuanto se la asocia a la lucha de los pueblos latinoamericanos y a su emancipaci\u00f3n del capitalismo galopante, que ahora mismo recibe el calificativo de global. Su identificaci\u00f3n constante con la Revoluci\u00f3n cubana y la nicarag\u00fcense son dos de los ejemplos de los que Cort\u00e1zar siempre estuvo cerca, adem\u00e1s de sus importantes contribuciones a forjar grupos deliberantes en el Tribunal Russell para la Paz. En una de las reuniones de este Tribunal en Caracas tuve la ocasi\u00f3n de conocerle personalmente en 1976.<a href=\"#_ftn2\" id=\"_ftnref2\">[2]<\/a> Tambi\u00e9n en sus conocidas conferencias y encuentros con estudiantes dio muestras&nbsp; de este compromiso con las luchas de liberaci\u00f3n&nbsp; de Am\u00e9rica Latina. Recuerdo haberle o\u00eddo en Paris frente a un grupo de estudiantes cuando afirm\u00f3, al ser interpelado, que estaba, m\u00e1s que comprometido, casado con la literatura y la revoluci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Buscando nuevos rasgos definitorios en esta obra<em>,<\/em> hallamos a un libro donde se realiza un permanente cambio de paradigmas en la cultura en general, donde las expresiones art\u00edsticas, entre ellas la m\u00fasica, el cine y las artes pl\u00e1sticas viven en los a\u00f1os sesentas momentos de revoluci\u00f3n formal a la par de social, cuando el capitalismo a trav\u00e9s de sus groseras ambiciones deseaba (y un desea) someter a nuestros pa\u00edses, mediante intervenciones militares, a un siniestro orden mundial que empobrece a\u00fan m\u00e1s a nuestras econom\u00edas dependientes. Aqu\u00ed desear\u00eda remitir al lector a un art\u00edculo del propio Cort\u00e1zar titulado \u201cAcerca de Rayuela\u201d del a\u00f1o 1974 \u2013recogido despu\u00e9s en el volumen<em> Papeles inesperados,<\/em> donde su autor hace notar que <em>Rayuela <\/em>cuenta sobre todo con lectores j\u00f3venes, al expresar:<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u201c<em>Rayuela fue le\u00edda por incontables j\u00f3venes del mundo, muchos de los &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; cuales eran ya parte de esa lucha que yo vine a encontrar al final. Y mientras los \u201cviejos\u201d, los lectores l\u00f3gicos de ese libro escog\u00edan quedarse &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; al margen, los j\u00f3venes y Rayuela entraron en una especie de combate &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; amoroso, de amarga pugna fraterna y rencorosa al mismo tiempo, hicieron otro libro de ese libro que no les hab\u00eda estado conscientemente. Diez a\u00f1os despu\u00e9s, mientras yo me distancio poco a poco de Rayuela, infinitud de muchachos, aparentemente llamados a estar lejos de ella, se acercan a &nbsp; la tiza de sus casillas y lanzan el tejo en direcci\u00f3n al cielo. a ese Cielo, y eso es lo que nos une; ellos y yo le llamamos Revoluci\u00f3n\u201d.\u201d<a href=\"#_ftn3\" id=\"_ftnref3\"><strong>[3]<\/strong><\/a><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Tenemos entonces que existe una cierta zona de creaci\u00f3n donde los extremo se tocan, donde rebeli\u00f3n interior y revoluci\u00f3n social se unen. Y no ser\u00eda para menos, si observamos hoy por hoy (2026), cuando el mundo ha ido derivando hacia una cat\u00e1strofe macroecon\u00f3mica global, te\u00f1ida de desajustes naturales y guerras simult\u00e1neas entre Occidente y Medio Oriente, Estados Unidos, Rusia y Ucrania, Israel e Ir\u00e1n marcan pautas para aumentar sus respectivos poder\u00edos, los cuales pueden ser letales para el resto de la humanidad. La literatura, como el arte en general, siguen cumpliendo as\u00ed su funci\u00f3n transformadora, como fuerzas atemporales que son.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Rompecabezas y caleidoscopio<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Continuando el repaso de elementos visibles en <em>Rayuela<\/em>, insistimos en su forma de rompecabezas armado de partes separadas, contentivo a su vez de otras novelas; las diversas entonaciones ling\u00fc\u00edsticas o voces conformadoras de su estilo, mas no de un \u00fanico \u201cestilo\u201d al modo de los narradores decimon\u00f3nicos sino de los ecos de un lenguaje vertiginoso conformado por mon\u00f3logos, fluidos mentales inesperados con vueltas al pasado o flash-backs, &#8211;recurso que bien puede ser tomado del cine&#8211;; errancias de los personajes. El ensayista argentino Sa\u00fal Yurkievich ha visto en la literatura de Cort\u00e1zar elementos \u00f3rficos o cham\u00e1nicos (medi\u00famnicos), aunque fuera de toda religiosidad o culto, en&nbsp; una condici\u00f3n perceptiva&nbsp; que \u00e9l llama <em>traslumbre<\/em> (anhelante indagaci\u00f3n metaf\u00edsica) y dem\u00e1s deflaciones epif\u00e1nicas, tr\u00e1gicas o funestas <a href=\"#_ftn4\" id=\"_ftnref4\">[4]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que s\u00ed ha de recalcarse en esta obra \u2013a\u00fan en contra de los propios objetivos conscientes del autor&#8211; ser\u00eda la de estar fundando, en lengua castellana \u2013casi cien a\u00f1os despu\u00e9s\u2014 una nueva odisea y un nuevo Ulises que, a la manera del Leopold Bloom de Joyce en un solo d\u00eda por el centro de Dubl\u00edn, vive intensamente su vida acompa\u00f1ado de un grupo de amigos, donde fuerzas conscientes e inconscientes forman parte de una existencia que tambi\u00e9n es experimentada por los habitantes de las urbes europeas (en Cort\u00e1zar implica tambi\u00e9n a Buenos Aires), con todo lo que ello conlleva de complejidad cultural.<\/p>\n\n\n\n<p>L\u00facidas son las anotaciones del cr\u00edtico peruano C\u00e9sar Ferreira sobre esta obra, realizadas para la edici\u00f3n conmemorativa de sus cincuenta a\u00f1os:<\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/em><em>\u201c<\/em>Rayuela<em> marc\u00f3 toda una \u00e9poca para la novela latinoamericana que empezaba a escribirse en los a\u00f1os 60. La cr\u00edtica de entonces vio en ella una nueva forma de representar la realidad y, sobre todo, una nueva manera de entender el arte de la novela. Por ello, la novela de Cort\u00e1zar pronto fue catalogada de muchas maneras: una gran antinovela (heredera del mejor esp\u00edritu vanguardista), un &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; vasto collage compuesto de muchos fragmentos, una parodia del g\u00e9nero, una historia de amor imposible, una b\u00fasqueda de la trascendencia existencial, entre muchas otras posibilidades. Muy pronto, la historia de Horacio Oliveira se convirti\u00f3 en un referente obligado de la generaci\u00f3n del Boom, pues respond\u00eda muy bien al af\u00e1n experimental de ese grupo de escritores, as\u00ed como a su esp\u00edritu renovador. Y es que Rayuela es una novela que, fiel a los aires de cambio de los turbulentos a\u00f1os 60, parece cuestionar todo: la vida, el amor, la cultura y, para ser m\u00e1s concretos, el acto mismo de leer; todo ello se basa en una escritura que crea libre y azarosamente una realidad alternativa, un mundo sin ataduras que propicie una b\u00fasqueda metaf\u00edsica para sus protagonistas y que haga de la vida humana una aventura m\u00e1s llevadera y menos rutinaria. La interrogaci\u00f3n con que se abre la novela \u2014\u201c\u00bfEncontrar\u00eda a la Maga?\u201d\u2014 es en realidad una pregunta esencial, pues Oliveira y la Maga son los amantes que nunca se citan: m\u00e1s bien, son dos seres que juegan siempre al encuentro azaroso y tambi\u00e9n a los desencuentros, es decir, al amor y al desamor. Bien le\u00edda, Rayuela es un gran juego de improvisaci\u00f3n y creaci\u00f3n a la manera del jazz, ese arte tan admirado por Cort\u00e1zar; una manera de narrar en la que su \u00e1gil prosa se nutre de la pulsi\u00f3n del momento, de flujos y reflujos, pero, sobre todo, de la b\u00fasqueda de expresi\u00f3n m\u00e1s genuina del mundo interior de sus personajes.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cEse esp\u00edritu de improvisaci\u00f3n y de juego ya est\u00e1 presente en el \u201cTablero de direcci\u00f3n\u201d de la novela. Este nos dice que \u201cA su manera este libro es muchos libros, pero sobre todo es dos libros\u201d. Por ello, el autor nos propone leer su relato de varias maneras: de manera lineal hasta el cap\u00edtulo 56, dejando de lado el resto del libro; o empezando nuestra lectura por el cap\u00edtulo 73 y siguiendo el orden indicado al final de cada cap\u00edtulo hasta llegar a la \u00faltima p\u00e1gina del libro. Esto \u00faltimo obligar\u00eda al lector a saltar de un lado a otro como en el juego de la rayuela. As\u00ed, con la ayuda de un \u201clector c\u00f3mplice\u201d dispuesto a seguir esas instrucciones, la novela tendr\u00e1 muchas lecturas posibles. Sin embargo, si elegimos la segunda opci\u00f3n, pronto comprobaremos que el llamado \u00faltimo cap\u00edtulo es el 131, y que este nos remitir\u00e1 otra vez al 58 y este nuevamente al 131, haciendo de la lectura del texto un ejercicio infinito. Pero si Rayuela nos propone una lectura anclada en el azar, tambi\u00e9n es verdad que pone en entredicho la estructura tradicional de una novela. En principio, el relato parece tener una estructura tripartita: una primera parte intitulada \u201cDel lado de all\u00e1\u201d, que tiene lugar en Par\u00eds; la segunda, \u201cDel lado de ac\u00e1\u201d, que se desarrolla fundamentalmente en Buenos Aires; y los llamados \u201cCap\u00edtulos prescindibles\u201d, cuya lectura se puede dejar de lado enteramente, seg\u00fan indicaciones del autor, lo que convertir\u00eda las tres partes de la novela en dos. Esta estructura sugiere la idea de un viaje; un periplo continuo e improvisado que los protagonistas reiniciar\u00e1n nuevamente al terminar el viaje anterior. Todo ello, con el prop\u00f3sito de alcanzar el prometido \u201ccielo\u201d del juego de la rayuela (pero sin descartar, adem\u00e1s, arribar al \u201ccentro absoluto\u201d del Zen budista o la mandala hind\u00fa)<a href=\"#_ftn5\" id=\"_ftnref5\"><strong>[5]<\/strong><\/a>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Otros recursos que el lector ir\u00e1 identificando son el poder revelador de la imaginaci\u00f3n (la improvisaci\u00f3n espont\u00e1nea), la puesta en valor de los encuentros sorpresivos (<em>azar concurrente<\/em> lezamiano o <em>azar objetivo <\/em>bretoniano), el empleo de una escritura subliminal surgida de ese azar; una conciencia est\u00e9tica que permite fundamentar opciones par\u00f3dicas (encuentros sorprendentes o inesperados) y la yuxtaposici\u00f3n de estilos para ironizarlos y ponerlos al d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>En <em>Rayuela <\/em>la improvisaci\u00f3n musical ha sido aplicada&nbsp; a la literatura en una suerte de parodia del estilo que permite a su autor ir mucho m\u00e1s all\u00e1 (\u201cdel lado de all\u00e1\u201d) e incluso intentar aportaciones del <em>action painting<\/em> (informalismo pict\u00f3rico), pudieran citarse en un posible repertorio de t\u00e9cnicas empleadas por su autor en la construcci\u00f3n de un texto caleidosc\u00f3pico, el cual, con gran fuerza impacta a los lectores, sobre todo a los j\u00f3venes que siempre andan en busca de formas nuevas de percibir las obras de arte sin tener necesariamente que ignorar la tradici\u00f3n, para hallar en ellas un sinf\u00edn de situaciones, di\u00e1logos, ambientes, descripciones y situaciones extraordinarias desde un punto de vista filos\u00f3fico o pol\u00edtico, erigi\u00e9ndose en el tiempo como un verdadero cl\u00e1sico, como una obra abierta de texto caleidosc\u00f3pico y complejo, cuyo autor sign\u00f3 la literatura&nbsp; del siglo xx en Am\u00e9rica Latina, y ha continuado en el siglo actual se\u00f1alando caminos art\u00edsticos a trav\u00e9s de una obra que est\u00e1 muy lejos de extinguirse.<\/p>\n\n\n\n<p>Para mostrar m\u00ednimamente la capacidad hechizante de Julio Cort\u00e1zar en <em>Rayuela<\/em> pudiera seleccionarse cualquier fragmento o breve cap\u00edtulo del tablero de una obra donde se nos constata, en primer lugar, el poder memor\u00edstico de su prosa y los eficaces giros l\u00edricos de su mundo, que suelen virar hacia esos tonos evocadores campeando a lo largo de toda la narraci\u00f3n, cuando sus personajes convergen, conversan, aman, se despiden, se vuelven a encontrar, contemplan, leen o simplemente est\u00e1n all\u00ed, observando o compartiendo experiencias en esta suerte de libro-collage, de prosa ensamblaje que puede atraer hacia su centro, a la manera de imagen imantada, las m\u00e1s diversas experiencias cotidianas y pensamientos de un grupo de amigos que viven, meditan y aman.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Notas<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref1\" id=\"_ftn1\">[1]<\/a> El cuento de Cort\u00e1zar \u201cEl perseguidor\u201d, inspirado en la vida del gran saxofonista de jazz Charlie Parker, \u201cBird\u201d, es relato tenido como obra maestra del g\u00e9nero, y pertenece al volumen de cuentos <em>Las armas secretas <\/em>(1959).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref2\" id=\"_ftn2\">[2]<\/a> Gabriel Jim\u00e9nez Em\u00e1n, \u201cJulio Cort\u00e1zar: encuentro en Caracas\u201d&nbsp; En: <a href=\"https:\/\/panoramacultural.com.co\/literatura\/7667\/julio-cortazar-encuentro-en-caracas\">https:\/\/panoramacultural.com.co\/literatura\/7667\/julio-cortazar-encuentro-en-caracas<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref3\" id=\"_ftn3\">[3]<\/a> Julio Cort\u00e1zar, \u201cAcerca de Rayuela\u201d. En: Papeles inesperados, Edici\u00f3n de Aurora Bern\u00e1rdez y Carlos \u00c1lvarez Garriga, Editorial Alfaguara, M\u00e9xico, 2009, p\u00e1gs. 173-174.<\/p>\n\n\n\n<p>Gabriel Jim\u00e9nez Em\u00e1n, \u201cUltimas pistas de Julio Cort\u00e1zar\u201d, Art\u00edculo sobre el libro \u201cPapeles inesperados\u201d: <a href=\"https:\/\/letralia.com\/237\/articulo01.htm\">https:\/\/letralia.com\/237\/articulo01.htm<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref4\" id=\"_ftn4\">[4]<\/a> Sa\u00fal Yurkievich, \u201cJulio Cort\u00e1zar: sus bregas, sus logros, sus quimeras\u201d. Introducci\u00f3n general a Julio Cort\u00e1zar, <em>Obras Completas<\/em>, I, RBA- Instituto Cervantes, Impreso en Espa\u00f1a, 2005, 1232 p\u00e1gs.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><a id=\"_ftn5\" href=\"#_ftnref5\">[5]<\/a> C\u00e9sar Ferreira, Introducci\u00f3n a <em>Rayuela.<\/em> Edici\u00f3n conmemorativa. Julio Cort\u00e1zar. Barcelona; Alfaguara \/ Real Academia de la Lengua \/ Asociaci\u00f3n de Academias de la Lengua Espa\u00f1ola, 2019, 1.026 p\u00e1ginas.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/gabriel-jimenez-eman\/\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gabriel Jim\u00e9nez Em\u00e1n Novelas en el tiempo Si damos una mirada al desenvolvimiento de la forma literaria denominada novela hallamos que, en su proceso hist\u00f3rico, son escasos los hitos donde se proponen verdaderas innovaciones dentro de un canon poco propenso a las rupturas; m\u00e1s s\u00ed dado a un desarrollo lineal de los hechos, donde observamos [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":18813,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18812"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=18812"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18812\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":18814,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18812\/revisions\/18814"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/18813"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=18812"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=18812"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=18812"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}