{"id":18795,"date":"2026-09-05T14:19:53","date_gmt":"2026-09-05T18:49:53","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=18795"},"modified":"2026-09-05T14:19:54","modified_gmt":"2026-09-05T18:49:54","slug":"el-lienzo-de-wittgenstein","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/el-lienzo-de-wittgenstein\/","title":{"rendered":"El lienzo de Wittgenstein"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Francisco Camps Sinza<\/h4>\n\n\n\n<p>PARA DECIR PAP\u00c1 SON DOS GOLPES SECOS EN LA RODILLA IZQUIERDA, record\u00f3 Justina sonando los zarpazos en su cabeza. El doble de golpes, m\u00e1s suaves, sobre la rodilla derecha era mam\u00e1, y pens\u00f3: \u00bfHermano? \u00bfC\u00f3mo nos llamamos a nosotros? Quise decirle esto a Gael pero el chico estaba absorto mirando el cielo azul seco y las pesta\u00f1as al aire como mariposas extra\u00f1as, zambullido en la evoluci\u00f3n de sus pensamientos. Ante el azote del viento, Gael hund\u00eda sus manos como si navegara esa masa invisible y tibia. Al arribo del abuelo, sus pasos furtivos poblando toda la casa, de este a oeste, un toque delicado de labios, de arriba abajo, como si nos persign\u00e1ramos, para advertir su proximidad a la sala. Su pan\u00f3ptico era la hamaca, observando tanto como nosotros: los ojos avellana se posaban con delicadeza y cansancio a trav\u00e9s de los hilachos podridos. Parec\u00eda haber visto todo antes como si el futuro fuese un mapa prof\u00e9tico le\u00eddo hace tanto, desprovisto de originalidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando aprendimos a distinguir el sonido de lluvia del agua estancada dejamos de hablar. Al principio el abuelo se preocup\u00f3. \u00abEstos carricitos andan en algo\u00bb, dec\u00eda, pero como constat\u00f3 que no mov\u00edamos un alfiler aprovechaba el resto de las tardes para dormir. Se despertaba poco antes de la llegada de mam\u00e1, frisando las seis, cuando el cielo azul mudaba su velo a viol\u00e1ceo. Mam\u00e1 siempre estaba afuera: sal\u00eda en la ma\u00f1anita a\u00fan a oscuras, Gael durmiendo y yo desperez\u00e1ndome en el pasillo de las habitaciones despidi\u00e9ndola a lo lejos; ella a las carreras inundaba el pasillo de crema albaricoque y perfume, taconeando hasta la salida y lanzando besos hasta dar el portazo final. A ella no le preocup\u00f3 nuestra costumbre taciturna. En la mayor\u00eda de los casos llegaba tan cansada que parec\u00eda conocer de cabo a rabo nuestras reglas y ser una alumna del primer nivel de nuestro sistema. Nuestra tarea diaria era, en lo posible, hacer todo bien: Gael arreglaba las camas, yo limpiaba los cuartos y la sala, y si el abuelo olvidaba fregar los  trastes lo resolv\u00edamos con piedra, papel o tijeras. Esto escind\u00eda a mam\u00e1 de gritar, llamarnos la atenci\u00f3n por alg\u00fan reguero y esperar una respuesta b\u00e1sica.<\/p>\n\n\n\n<p>Los s\u00e1bados y domingos lo pasamos con pap\u00e1. Un asunto sencillo: en su casa, mucho m\u00e1s grande y lujosa, Gael jugaba videojuegos. Las ma\u00f1anas, luego del desayuno, tostadas, cereal, zumo de naranja y\/o yogurt, Gael prend\u00eda el Play: Gran Turismo, Boxeo, B\u00e9isbol, siempre con Al\u00ed, Dur\u00e1n, Seattle con Griffey Jr., bot\u00e1ndola de jonr\u00f3n, y esos autos ruidosos poblando la habitaci\u00f3n como si estuvi\u00e9semos en alg\u00fan circuito europeo. Mientras, yo le\u00eda bajo la casta\u00f1a, meci\u00e9ndose arriba, tumbada en la silla de sus ra\u00edces. Una tarde dominical Gael rasg\u00f3 sus palmas con dos dedos desde el mueble de la sala \u2014como podr\u00e1n inferir, esto es se\u00f1al de amenaza\u2014, y una melena ceniza se acercaba desde lejos. Se agacha, besa a Gael y sus labios se mueven muy r\u00e1pido sin dejar de asomar una sonrisa amplia, blanca. Una ni\u00f1a, peque\u00f1a como Gael, secunda a la mujer: sostiene un perrito prieto de ojos nerviosos. Ella no se mueve. Es una versi\u00f3n peque\u00f1a de aquella dama: nariz respingada, piel tostada, altiva, hombros rectos y ojos secos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pap\u00e1 entra con unas bolsas. Va a la cocina como un espectro, abre la puerta y me llama: \u00abJusti, Justi, ven nena\u00bb. Vuelve con ellos, se detiene detr\u00e1s de la mujer que no para de hablar.  Pap\u00e1 me observa, la mujer tambi\u00e9n. La chica acaricia al perrito y Gael ve el autom\u00f3vil detenido a mitad de la carrera.<\/p>\n\n\n\n<p>Marilyn y Virginia. Madre e hija. Treinta y pocos y siete a\u00f1os, respectivamente. Aman el violeta y aguamarina. Se combinan el color de sus u\u00f1as, pintadas con estrellas fosforescentes, con las sandalias y el bolso \u2014la ni\u00f1a vio mis u\u00f1as carcomidas, cuarteadas, con los punticos blancos, c\u00famulo de mentiras\u2014. Fifi me ladr\u00f3: no parece gustarle mi cabello enmara\u00f1ado. Pap\u00e1 esboz\u00f3 una sonrisa t\u00edmida. Gael dio por finalizado el juego, todos los dem\u00e1s llegaron a la meta. Odiaba perder. \u00abJuega tranquilo\u00bb, dijo Marilyn. Su voz me gustaba, aunque sea chillona, desinhibida. \u00bfAlg\u00fan d\u00eda dejar\u00eda de hablar como mam\u00e1? Tambi\u00e9n me gustan sus labios cubiertos de carm\u00edn con destreza: ser\u00eda la boca sellada m\u00e1s linda. Por alguna extra\u00f1a raz\u00f3n los adultos desconf\u00edan del lenguaje. S\u00f3lo unos pocos lo saben. \u00abSon t\u00edmidos\u00bb, dijo pap\u00e1. \u00abSon ni\u00f1os\u00bb, dijo ella mostrando nuevamente su dentadura perfecta.<\/p>\n\n\n\n<p>Al cabo de un rato pap\u00e1 invita a Marilyn a la cocina: abrir\u00e1 su mejor botella de vino, embriagaran la sala de chistes y risas, voces estridentes, luego el cl\u00e1sico \u00abya volvemos\u00bb olvidando decir \u00abno hagan nada\u00bb, salen en su camioneta y, en un par de horas, pap\u00e1 vuelve solo, extasiado, trae comida china o pizza, dice un par de cosas en la mesa y se despide con un beso antes de dormir. Eso ha sucedido con la morena de pelo aindiado largu\u00edsimo, la pelirroja odiosa y con Mari\u00e1n o Marina, aquella reportera de rostro p\u00e1lido hermoso.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquella noche fue distinta. Cenamos juntos. Virginia rechaz\u00f3 la carne y verduras. \u00abEsa ni\u00f1a es as\u00ed, malaboca\u00bb, rieron. La ni\u00f1a con la bemba hinchada golpeteando la mesa con la rodilla. \u00abVirginia, comp\u00f3rtate\u00bb. Pap\u00e1 habl\u00f3 de sus negocios y viajes. China. Turqu\u00eda. Su extrav\u00edo en un mercado de Estambul. La luz pr\u00edstina en el invierno de Varsovia. \u00abEse fr\u00edo hijoeputa\u00bb, aunque esa vez cambi\u00f3 la palabra por demonio \u2014 que extra\u00f1amente Virginia hab\u00eda predicho con su golpeteo a la mesa\u2014. Gael, como siempre, fue el primero en terminar de comer y pararse de la mesa con una leve inclinaci\u00f3n. \u00ab\u00a1Ay, qu\u00e9 galante!\u00bb, dijo la mujer. Virginia lo sigui\u00f3. Tom\u00f3 a Fifi del piso. Com\u00eda unas galletas y ambos, Gael y Virginia, se sentaron en el mueble de la sala. Pap\u00e1 habl\u00f3 de mam\u00e1. Trece a\u00f1os de matrimonio. \u00abNos casamos cuando ella estaba hinchada de esta nena\u00bb. Me pic\u00f3 el ojo \u2014esto es, en nuestro sistema, arrepentimiento\u2014. Marilyn me sonr\u00edo. Volvi\u00f3 sobre pap\u00e1. Las verduras y la carne se enfriaban en el plato, y su mirada iba del vino a los labios gruesos de pap\u00e1, su mirada despreocupada y triunfante, adem\u00e1s de su melena a lo Elvis. Marilyn habl\u00f3 de su ex como si fuese un amigo \u00edntimo de nosotros. Miguel esto, Miguel aquello.<\/p>\n\n\n\n<p>Su colecci\u00f3n de carros. El desd\u00e9n por la madre de ella, y su trato fr\u00edo con la chiquilla. \u00abLa ni\u00f1a siempre vuelve m\u00e1s triste\u00bb. Para cuando iba a comenzar a llorar, me fui a la sala. Gael sosten\u00eda a Fifi. Ladr\u00f3 desenfrenado al verme. \u00ab\u00a1C\u00e1llate, Fifi!\u00bb, grit\u00f3 Marilyn. Virginia lo acariciaba. Algo le dec\u00eda a Gael al o\u00eddo, mir\u00e1ndome por el rabillo del ojo. Detesto eso, y en ese momento fui a decirle a pap\u00e1 que las verduras sab\u00edan a hojas disecadas, desabridas, lo opuesto a las de mam\u00e1, seguramente olvidando en su traj\u00edn si las sal\u00f3. Pap\u00e1 no entendi\u00f3 mis se\u00f1as. Gael s\u00ed lo hizo. No sonr\u00edo. Sus ojos eran secos, poblado de ra\u00edces bermejas. Solt\u00f3 al perro que deambul\u00f3 por toda la casa hasta orinar cerca del mueble. \u00abFifi, por dios, malo, malo\u00bb, dijo la ni\u00f1a. Carg\u00f3 al perro y le ofreci\u00f3 dos tanganas en el trasero. \u00ab\u00bfQu\u00e9 sucede?\u00bb, grita Marilyn desde la cocina, y la ni\u00f1a, \u00abnada, nada\u00bb, volviendo a decirle algo a Gael en el o\u00eddo. Toco mis hombros y el dedo \u00edndice lo llevo a mi mejilla izquierda. \u00c9l no responde a mi llamado. Vuelvo a hacerlo; nada. Me siento en el mueble, a su lado, toco mis o\u00eddos y mis pesta\u00f1as; nada. Su rostro perlado se avinagra cuando est\u00e1 molesto, y sus manos se entrelazan bajo sus muslos \u2014todav\u00eda nos debatimos si eso es \u00abodio\u00bb o \u00abdesasosiego\u00bb\u2014. Cesaron de escucharse voces en la cocina. Dos dedos sobre la frente apuntando el cielo. Gael sigui\u00f3 absorto. Virginia sonri\u00f3 como si lo hubiese entendido. Ella hizo un par de se\u00f1as incoherentes, insignificantes y Gael pel\u00f3 sus dientes, se acerc\u00f3 a su oreja a soplarla, le gusta ella, y la ni\u00f1a acarici\u00f3 su cuello dos veces, una vez, luego el silencio de su mano sombreando el pecho.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pap\u00e1 \u2014hice se\u00f1as en la cocina mientras \u00e9l besaba grotescamente a Marilyn\u2014: Gael te odia. <\/p>\n\n\n\n<p>Pens\u00e9 que me iba a salir mal, pero mi hermano entendi\u00f3 perfectamente todo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfA qu\u00e9 juegan? \u2014Pregunt\u00f3 pap\u00e1 con su brazo de collar sobre Marilyn\u2014. Nunca los entiendo.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo mismo pregunt\u00f3 Gael: \u00bfA qu\u00e9 juegas?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014D\u00e9jala, seguro es divertido \u2014dijo Marilyn\u2014. \u00bfVerdad, tesoro?<\/p>\n\n\n\n<p>Y Virginia fue a responderle a su mam\u00e1 con las mismas se\u00f1as sin prop\u00f3sito: tambi\u00e9n la odiaba, o eso cre\u00ed por la severidad de su rostro \u2014sus ojitos se hab\u00edan colorado, al igual que sus mejillas, la naricita, y por la empu\u00f1adura de sus manos quer\u00eda descuartizarla, o era yo la que proyectaba esa imagen.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo se volvi\u00f3, de repente, una torrencial necesidad de decir cosas. Vinieron los dimes y diretes \u2014en se\u00f1as\u2014 de la ni\u00f1a y los m\u00edos \u2014como dos chiquillas que detienen en la sala, abochornadas, frente a la familia y sus amigos  para que compitan cantando mientras mecen sus cabellos\u2014 hasta que Gael grit\u00f3 a pulm\u00f3n limpio.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pap\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 sucede? \u00bfPor qu\u00e9 gritas? \u2014dijo pap\u00e1 saliendo de la cocina.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mam\u00e1 te enga\u00f1\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9 dices eso? Juega con las ni\u00f1as y comp\u00f3rtate \u2014dijo pap\u00e1 col\u00e9rico y volvi\u00f3 a sentarse al lado de Marilyn, a tomar y llenar las copas de vino.<\/p>\n\n\n\n<p>Pap\u00e1 estaba en alguno de sus viajes. Tal vez China o Vietnam. Mam\u00e1 llegaba del trabajo, como siempre, frisando la noche y nos recib\u00eda a besos.<\/p>\n\n\n\n<p>Una de esas tarde-noche Gael ten\u00eda fiebre. Acostado en la cama, el abuelo le pon\u00eda compresas de agua fr\u00eda, y cuando se qued\u00f3 dormido, yo segu\u00ed haci\u00e9ndolo. No le bajaba la temperatura. Para animarlo le dec\u00eda que estar\u00eda bien. En alg\u00fan momento vas a expulsar fuego, dije, como un drag\u00f3n. A golpe de las nueve, luego de hacerle un sanguche con jam\u00f3n y queso amarillo, el cual se enfr\u00edo sobre la mesita, llega un auto lujoso, blanco. Se estaciona frente a la casa. Hac\u00eda viento. Los arboles se mec\u00edan sin parar y una ramita acariciaba la ventana del cuarto. Gael se levant\u00f3 de la cama.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Acu\u00e9state \u2014dije susurrando.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No \u2014respondi\u00f3 pegadito a la ventana. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Bueno, pero ve y apaga la luz.<\/p>\n\n\n\n<p>Quedamos iluminados con los destellos de la calle. Entre el follaje del cedro vimos a mam\u00e1 abrir la puerta del auto lujoso, asomar su muslo desnudo y bronceado, adem\u00e1s del tac\u00f3n negro, y a trav\u00e9s del parabrisas, difuso, se acerc\u00f3 para besar al acompa\u00f1ante espectral.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Gael \u2014dije observando sus ojos con ra\u00edces bermejas, e hice una cruz en mis labios.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Francisco Camps Sinza PARA DECIR PAP\u00c1 SON DOS GOLPES SECOS EN LA RODILLA IZQUIERDA, record\u00f3 Justina sonando los zarpazos en su cabeza. El doble de golpes, m\u00e1s suaves, sobre la rodilla derecha era mam\u00e1, y pens\u00f3: \u00bfHermano? \u00bfC\u00f3mo nos llamamos a nosotros? 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