{"id":18743,"date":"2026-08-04T16:29:47","date_gmt":"2026-08-04T20:59:47","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=18743"},"modified":"2026-08-04T16:29:51","modified_gmt":"2026-08-04T20:59:51","slug":"la-novela-en-venezuela","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-novela-en-venezuela\/","title":{"rendered":"La novela en Venezuela"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Salvador Garmendia<\/h4>\n\n\n\n<p>En la b\u00fasqueda de una referencia cronol\u00f3gica que sirviera como punto de partida al proceso de la novela venezolana, los cr\u00edticos e historiadores de nuestra literatura, han estado de acuerdo en atribuir a \u00abLos M\u00e1rtires\u00bb de Ferm\u00edn Toro (1842), el t\u00edtulo de primera novela nacional. El dato podr\u00eda establecerse dentro de una exactitud relativa. Otros ensayos narrativos, igualmente breves y ocasionales, pudieron aparecer en fechas anteriores, sin que su eventual descubrimiento e incorporaci\u00f3n \u0430 las bibliograf\u00edas existentes pueda sobre\u0440\u0430sar la simple curiosidad erudita. Toro mismo no fue en esencia un novelista. Humanista, hombre p\u00fablico, fil\u00f3sofo y polemista de singular influencia en su \u00e9poca, abord\u00f3 el terreno imaginativo del relato con escaso brillo y ausencia de concreci\u00f3n y m\u00e9todo.<\/p>\n\n\n\n<p>En el mismo sentido, tres intentos de novela de Jos\u00e9 Gil Fortoul, \u00abJuli\u00e1n\u00bb, \u00ab\u00bfIdilio?\u00bb y \u00abPasiones\u00bb (1888-1895), si bien vertebrados por cierta unidad tem\u00e1tica de procedencia naturalista que los acercan a una dimensi\u00f3n de novela r\u00edo, no bastan para atribuir al historiador e introductor de las ideas positivistas en Venezuela una consecuente preocupaci\u00f3n de narrador. La ficci\u00f3n, vista como un g\u00e9nero menor, fue puesta accesoria, divertimiento o simple recreaci\u00f3n literaria para nuestros m\u00e1s encumbrados escritores de mediados del siglo pasado.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, las formas m\u00e1s elementales del relato, cr\u00f3nica, costumbrismo, tradicionalismo, tuvieron en nuestro accidentado siglo XIX, \u00e9poca de grandes conmociones civiles y de ardientes debates en el terreno de las ideas, un despertar silvestre. Mientras numerosos folletines cuyos t\u00edtulos expresan la m\u00e1s elaborada truculencia, Blanca de Torrestella, La Exp\u00f3sita, Anaida, aparec\u00edan firmados por nombres de prestigio en el mundo de las letras, escritores dedicados con mayor empe\u00f1o al periodismo como Daniel Mendoza, Rafael Bol\u00edvar, Miguel M\u00e1rmol y otros, hac\u00edan presentir el nacimiento de una aut\u00e9ntica narrativa nacional en sus animados cuadros de costumbres plenos de agudeza, color y certera recreaci\u00f3n de ambientes. Dentro de este grupo de labor dispersa y accidentada, Tosta Garc\u00eda y Nicanor Bolet Peraza concretaron, con mayor riqueza de lenguaje y aliento creador, un g\u00e9nero esencialmente caraque\u00f1o de relato epis\u00f3dico, donde situaciones y personajes novelescos precisaban sus trazos dentro de un realismo localista mordaz y picaresco.<\/p>\n\n\n\n<p>Otra referencia de importancia para la historia de la novela nacional aparece en los extremos del siglo. En 1890, Manuel Vicente Romero Garc\u00eda, periodista, panfletario, pol\u00edtico, personaje de azarosa an\u00e9cdota, publica \u00abPeon\u00eda\u00bb, considerada en forma un\u00e1nime por los tratadistas como el primer ensayo formal de novela nativista. En \u00abPeon\u00eda\u00bb subsisten todos los defectos que mantienen la narrativa nacional en estado embrionario: indefinici\u00f3n del g\u00e9nero, mezcla arbitraria y desenfada de cr\u00f3nica, panfleto, oratoria y cuadro de costumbres; ausencia de un m\u00e9todo que permita encontrar un camino cierto entre el romanticismo id\u00edlico y exaltado y el naturalismo de primera mano crudo y verbal; \u0441\u0430rencia de un estilo y una idea formal capaz de hilar en forma coherente los elementos narrativos. Sin embargo, \u00abPeon\u00eda\u00bb parece armonizar por primera vez los prop\u00f3sitos de una literatura de paisajes, costumbres y personajes venezolanos que iba a desarrollarse con mayor aliento en la d\u00e9cada posterior.<\/p>\n\n\n\n<p>Cerrando el siglo (1899), Miguel Eduardo Pardo edita en Par\u00eds \u00abTodo un Pueblo\u00bb, novela de fuerte acento panfletario, donde asoma una tem\u00e1tica urbana opacada por la s\u00e1tira costumbrista y la diatriba social. En \u00abTodo un Pueblo\u00bb el pa\u00eds est\u00e1 visto desde afuera, desde la perspectiva europea, y nuestras realidades sociales son analizadas y juzgadas de acuerdo a esquemas ideol\u00f3gicos simplistas y a motivaciones personales de inconformismo y querella pol\u00edtica. En muchas novelas venezolanas ocurr\u00eda lo mismo despu\u00e9s: volver\u00e1 a aparecer el personaje que regresa al pa\u00eds desadaptado, inconforme, benigno o intransigente pero siempre apasionado teorizante, que viene a enjuiciar nuestros males at\u00e1vicos desde a altura de su experiencia europea.<\/p>\n\n\n\n<p>El siglo XX va a dar paso, en sus primeros 30 a\u00f1os, a un grupo de novelistas que aportar\u00e1n al g\u00e9nero mayor claridad y significaci\u00f3n. La literatura nacional recibe en estos a\u00f1os un aliento renovador. Deshaci\u00e9ndose de los agotados moldes rom\u00e1nticos, poetas y narradores propician un encuentro frontal con las nuevas corrientes literarias que estremecen el mundo europeo. Por un lado, la irrupci\u00f3n en los medios universitarios de las teor\u00edas positivistas y evolucionistas da entrada al naturalismo; por el otro, el estallido modernista, que surge como el primer movimiento literario americano, estimula la creaci\u00f3n y abre posibilidades alentadoras a la poes\u00eda y la prosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos revistas caraque\u00f1as canalizan esta avanzada general. \u00abEl Cojo Ilustrado\u00bb (1892-1915), de resonancias continentales, y \u00abCosm\u00f3polis\u00bb, fundada en 1894, donde un grupo de escritores j\u00f3venes se declaran abiertos a todas las corrientes del pensamiento universal.<\/p>\n\n\n\n<p>Llamado por el deslumbramiento modernista, D\u00edaz Rodr\u00edguez se define como prosista de estilo impecable en algunos relatos breves y dos novelas. \u00ab\u00cddolos Rotos\u00bb y \u00abSangre Patricia\u00bb (1901-1902). Sin abandonar el refinamiento estil\u00edstico (especie de coraza dorada que afirma el rechazo casi despectivo del escritor a una inmediatez agresiva y prosaica), D\u00edaz Rodr\u00edguez busc\u0430 la novela de tesis, te\u00f1ida de inconformismo individualista que har\u00e1 de sus h\u00e9roes idealistas fracasados y predicadores solitarios.<\/p>\n\n\n\n<p>Rufino Blanco Fombona participa intensamente en el movimiento modernista en Par\u00eds. Su nombre alcanza extraordinaria resonancia en la mitad del siglo, respaldado por una obra que abarca los m\u00e1s variados  g\u00e9neros, del ensayo hist\u00f3rico a la poes\u00eda y la novela. All\u00ed su actividad creadora es particularmente extensa y continuada: \u00abEl Hombre de Hierro\u00bb (1907), \u00abEl Hombre de Oro\u00bb (1914), \u00abLa M\u00e1scara Heroica\u00bb (1923), \u00abLa Mitra en la Mano\u00bb (1927), \u00abLa Bella y la Fiera\u00bb (1931), obras de diatriba social y pol\u00edtica donde prevalece, como en D\u00edaz Rodr\u00edguez, el individualismo inconformista, una visi\u00f3n acaso demasiado cruda y esquem\u00e1tica de nuestra realidad que va a encontrar salida en el libelo y la amarga denuncia social a veces correctora y moralista.<\/p>\n\n\n\n<p>En 1909, P\u00edo Gil, pseud\u00f3nimo del escritor Pedro Mar\u00eda Morantes, publica en Par\u00eds \u00abEl Cabito\u00bb. La acci\u00f3n tiene lugar en Caracas durante los a\u00f1os del gobierno de Cipriano Castro. Como novela urbana su alcance es limitado. La sociedad caraque\u00f1a que quiere representar con una objetividad llevada a lo grotesco por la pasi\u00f3n individual, queda reducida al \u00e1mbito de las intrigas palaciegas, los turbios cabildeos y las s\u00f3rdidas maquinaciones de alcoba. \u00abEl Cabito\u00bb deja para el juicio hist\u00f3rico su unidad de relato, el dibujo sarc\u00e1stico y descarnado de ciertos personajes incidentales y las virtudes de un realismo esquem\u00e1tico despojado de la exuberancia verbal y el pintoresquismo dominante en la \u00e9poca.<\/p>\n\n\n\n<p>Su contempor\u00e1neo Jos\u00e9 Rafael Pocaterra se acerca a una narrativa menos esquem\u00e1tica en sus prop\u00f3sitos y m\u00e1s vital en sus indagaciones humanas. Hechos y personajes se manifiestan con trazos fuertes, dentro de una concepci\u00f3n naturalista que compromete por igual forma y contenido: a la presentaci\u00f3n de una realidad desgarrada y sombr\u00eda corresponde una prosa de rudo e intencionado desali\u00f1o, desprovista de todo preciosismo. Pocaterra descubre sus mejores condiciones de narrador en el cuento. Sus primeras novelas (\u00abPol\u00edtica Feminista\u00bb \u0443 \u00abVidas Oscuras\u00bb (1916), \u00abTierra del Sol Amada\u00bb (1918), se resienten de una elaboraci\u00f3n apresurado y se resienten de los mismos defectos de inconsecuencia con el g\u00e9nero que hemos se\u00f1alado en sus antecesores inmediatos. Acaso su obra m\u00e1s ambiciosa y m\u00e1s lograda sea La Casa de los Abila\u00bb (1846), donde analiza un ciclo de la evoluci\u00f3n pol\u00edtica y social del pa\u00eds a trav\u00e9s de la vida de una familia caraque\u00f1a, desplegando una t\u00e9cnica m\u00e1s rigurosa, propensa a los grandes desarrollos.<\/p>\n\n\n\n<p>La pintura del ambiente rural y pueblerino, de personajes populares que se expresan en su propio lenguaje y afrontan las visisitudes ambientales, la descripci\u00f3n de paisajes y ambientes que no rehuye el detalle pintoresco y la exaltaci\u00f3n emocionada de lo vern\u00e1culo, el Criollismo, en suma, tuvo en Luis Manuel Urbaneja Achelpohl uno de sus m\u00e1s consecuentes seguidores. Aunque susdos \u00fanicas novelas \u00abEn Este Pa\u00eds\u00bb y \u00abLa Casa de las Cuatro Pencas\u00bb fueron publicadas entre 1920 y 1937, Urbaneja parte de la generaci\u00f3n de Cosm\u00f3polis y toma aliento dentro de la corriente criollista de comienzos de siglo, habiendo dispersado gran parte de su obra de cuentista en las revistas literarias de la \u00e9po\u0441\u0430.<\/p>\n\n\n\n<p>Caso realmente excepcional dentro del proceso de la novela nacional es Teresa de la Parra. \u00abIfigenia\u00bb (1924) y \u00abMemorias de Mam\u00e1 Blanca\u00bb (1929), son novelas que escapan por igual al esquema criollista y al libelo pol\u00edtico. Vali\u00e9ndose de una prosa animada, chispeante, rica en matices de aguda intuici\u00f3n narrativa, describe la vida de \u0421\u0430racas y sus alrededores con la visi\u00f3n desprejuiciada e ingenua, no desprovista de suave y amena iron\u00eda, de quien s\u00f3lo desea trasmitir experiencias y sensaciones. Es uno de los primeros testimonios de un mundo subjetivo e intimista que aparece en nuestra literatura narrativa.<\/p>\n\n\n\n<p>Un hecho de singulares proyecciones para la novela venezolana tiene lugar en estos primeros 30 a\u00f1os del siglo, y es la aparici\u00f3n de \u00abDo\u00f1a B\u00e1rbara\u00bb de R\u00f3mulo Gallegos publicada en Espa\u00f1a en 1929. Antes hab\u00edan aparecido dos novelas menores de nuestro primer narrador de resonancias universales: \u00abEl \u00daltimo Solar\u00bb (1920) y \u00abLa Tre\u0440\u0430dora\u00bb (1925). Con \u00abDo\u00f1a B\u00e1rbara\u00bb nuestra narrativa sale de la etapa program\u00e1tica del criollismo para alcanzar la aut\u00e9ntica magnitud del g\u00e9nero, tanto en la estructura formal plenamente concebida y ejecutada, como en la formulaci\u00f3n de un lenguaje propio y una tem\u00e1tica nacional reveladora y profunda. En Gallegos, el paisaje se libera de lo puramente ornamental y descriptivo y cobra un valor primordial de sorprendente intensidad y riqueza po\u00e9tica, como en los mejores ejemplos de la gran novela realista americana. Pero en Gallegos lo real se proyecta en el mito y se transforma en vastas concepciones simb\u00f3licas de ra\u00edz sociol\u00f3gic\u0430. El r\u00edo, la selva, la llanura, las fuerzas desatadas de la naturaleza y la vida animal; todo un mundo primitivo y salvaje de dimensiones m\u00edticas, es interpretado en un sentido aleg\u00f3rico de civilizaci\u00f3n y barbarie; he ah\u00ed las grandes motivaciones de la novela galleguiana que la sit\u00faan en un nivel de comprensi\u00f3n universal.<\/p>\n\n\n\n<p>Escapa a las limitaciones de este trabajo el examen aun somero de la obra de Gallegos. El solo tr\u00edptico fundamental de su creaci\u00f3n que comprende la llanura y la selva, \u00abDo\u00f1a B\u00e1rbara\u00bb, \u00abCantaclaro\u00bb (1934) \u0443 \u00abCanaima\u00bb (1935), exigir\u00eda las dimensiones de un ensayo. Comprendido dentro de una valoraci\u00f3n hist\u00f3rica, el trabajo de Gallegos representa el primer cuerpo de novela amplio y coherente que ofrece la narrativa nacional; las continuadas ediciones de sus obras y su traducci\u00f3n a numerosas lenguas, son el testimonio m\u00e1s claro de su universalidad y vigencia como hecho literario. Despu\u00e9s de \u00abCantaclaro\u00bb y \u00abCanaima\u00bb, Gallegos publica \u00abPobre Negro\u00bb (1937, \u201cEl Forastero\u00bb (1942), \u00abSobre la Misma Tierra\u00bb (1943) \u0443<br>\u00abLa Brizna de Paja en el Viento\u00bb (1952) cuya acci\u00f3n se desarrolla en La Habana en el ambiente de las luchas pol\u00edticas estudiantiles. La \u00faltima novela de Gallegos \u00abLa Brasa en el Pico del Cuervo\u00bb, ambientada dentro de la revoluci\u00f3n mejicana, permanece in\u00e9dita.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuevas corrientes de renovaci\u00f3n estimulan la creaci\u00f3n literaria en Venezuela a partir de los a\u00f1os 30. La literatura nacional conoce momentos de expectantes b\u00fasquedas en el camino de una expresi\u00f3n nacional definida, que a su vez se acerque a las corrientes m\u00e1s actuales y vigorosas del pensamiento est\u00e9tico; y si bien la novela tuvo en este per\u00edodo menos expansi\u00f3n que otros g\u00e9neros como el cuento y la poes\u00eda, un conjunto de obras narrativas de notable influencia afirma su lugar en la bibliograf\u00eda nacional. En 1931 aparece \u00abLas Lanzas Coloradas\u00bb de Arturo Uslar Pictri. La madurez de estilo y concepci\u00f3n de esta obra, su prosa plena de hallazgos dentro de un realismo \u00e1spero y trepidante que no desconoce el aliento \u00e9pico y dram\u00e1tico del tema hist\u00f3rico; la densa estructura del conjunto y la presencia de un trasfondo ideol\u00f3gico que no llega a desarticular el ritmo del relato, anuncian la presencia de un narrador de gran aliento.<\/p>\n\n\n\n<p>No obstante es 16 a\u00f1os despu\u00e9s en 1947 cuando Uslar Pietri reanuda su actividad de novelista con \u00abEl Camino del Dorado\u00bb; entre tanto, da a conocer numerosos cuentos de rica factura imaginativa y profundiza en su variada actividad de humanista y soci\u00f3logo. \u00abEl Camino del Dorado\u00bb responde con dificultad a la calificaci\u00f3n de novela. Es apenas una vasta cr\u00f3nica emocional de la alucinante aventura de Lope de Aguirre en tierra americana, y sus m\u00e9ritos se concentran en el depurado tratamiento estil\u00edstico. En los dos \u00faltimos a\u00f1os Uslar Pietri ha dado a conocer los dos primeros vol\u00famenes de una trilog\u00eda que bajo la denominaci\u00f3n de \u00abLaberinto de Fortuna\u00bb, se propone abarcar el proceso social y pol\u00edtico que comprende desde la caida de la dictadura gomecista hasta nuestros d\u00edas; nos referimos a \u00abUn Retrato en la Geograf\u00eda\u00bb y \u00abEstaci\u00f3n de M\u00e1scaras\u00bb. Para las exigencias de la novela moderna, ambas obras resultar\u00edan tiranizadas en exceso por las pautas del esquema previo, el rigor anal\u00edtico y la tesis. Los personajes vienen a ser representaciones de ideas dentro de una trama cuya funci\u00f3n se reduce a la demostraci\u00f3n de una tesis particular. <\/p>\n\n\n\n<p>En 1931, Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez llega al g\u00e9nero de ficci\u00f3n con \u00abCubagua\u00bb, relato hist\u00f3rico apasionante y rico de imaginaci\u00f3n, revelador de un l\u00facido prosista y narrador agudo e inquietante.  Con \u00abCanci\u00f3n de negros\u00bb (1934), Guillermo Meneses se da a conocer como el novelista quiz\u00e1s m\u00e1s logrado de su generaci\u00f3n. La influencia y proyecci\u00f3n de Meneses en la moderna narrativa venezolana es irrecusable. Sus t\u00edtulos posteriores, \u00abCampeones\u00bb (1939), \u00abEl Mestizo Jos\u00e9 Vargas\u00bb (1942), \u00abEl Falso Cuaderno de Narciso Espejo\u00bb (1952) y \u00abLa Misa de Arlequ\u00edn\u00bb (1962) lo afirman en el dominio cabal del g\u00e9nero y la exploraci\u00f3n de una tem\u00e1tica propia y vigorosa. Vali\u00e9ndose de un crudo y golpeante realismo no desprovisto de simbolog\u00eda po\u00e9tica, Meneses indaga en un mundo obsesionante y ritual donde la sordidez del suburbio, la superstici\u00f3n y el mito, el drama del fracaso y la auto anulaci\u00f3n, son reflejos de ingentes realidades sociales. Con la obra de Meneses, que ha alcanzado tambi\u00e9n hitos definitivos en el cuento, la novela venezolana toma ubicaci\u00f3n propia en la ficci\u00f3n moderna.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLa guaricha\u00bb (1934), es la obra inicial de Juli\u00e1n Padr\u00f3n y el arranque de una larga trayectoria de novelista nato. Siguiendo el camino de Gallegos, dentro de una estructura despejada y lineal aunque de moderado vigor estil\u00edstico, Padr\u00f3n ahonda en los problemas de la vida rural y da aliento a numerosos personajes con toques l\u00edricos y dram\u00e1ticos siempre honestos y claramente intencionados. \u00abMadrugada\u00bb (1939), \u00abClamor Campesino\u00bb (1944), \u00abPrimavera Nocturna\u00bb (1950) y \u00abEste Mundo Desolado\u00bb (1954), completan su bibliograf\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Novela testimonial cercana al reportaje es \u00abPuros Hombres\u00bb de Antonio Arr\u00e1iz (1938); cuadros de la vida carcelaria durante la dictadura de G\u00f3mez. El estilo directo, \u00e1spero, golpeante en su escueta crudeza, vigoriza esta primera obra de Arr\u00e1iz. En \u00abD\u00e1maso Vel\u00e1zquez\u00bb (1934), la pasi\u00f3n descriptiva absorbe al narrador. Una an\u00e9cdota que roza lo convencional sirve de pretexto para unir una serie de animadas estampas del paisaje y las faenas marineras de la Isla de Margarita. Su \u00faltimo trabajo, \u00abTodos Iban Desorientados\u00bb (1951), refleja las inquietudes juveniles de su generaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Cerrando d\u00e9cada del 30, Miguel Otero Silva publica \u00abFiebre\u00bb, novela reportaje que narra episodios de las luchas estudiantiles contra la dictadura de G\u00f3mez en 1929. Por su calidad de testimonio, su estilo directo y la agilidad y precisi\u00f3n del relato, la novela alcanz\u00f3 r\u00e1pida popularidad y ha merecido varias ediciones en diversas lenguas. Dedicado con preferencia a la poes\u00eda y el trabajo period\u00edstico, Otero Silva interrumpe su trabajo novel\u00edstico hasta 1955 cuando aparece \u00abCasas Muertas\u00bb y su continuaci\u00f3n \u00abOficina N\u00bb 1&#8243; en 1961. El tema social sigue siendo preocupaci\u00f3n esencial de este escritor poco inclinado a b\u00fasquedas formales. La Muerte de Honorio\u00bb (1963), su \u00faltima novela, analiza aspectos humanos y sociales en los a\u00f1os de la dictadura de P\u00e9rez Jim\u00e9nez.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abMene\u00bb de Ram\u00f3n D\u00edaz S\u00e1nchez (1936), \u00abnovela de la vida en la regi\u00f3n petrolera del Estado Zulia\u00bb, inicia una carrera de novelista que se prolonga en obras posteriores de ambiciosos prop\u00f3sitos: \u00abCumboto\u00bb (1950), \u00abCasandra\u00bb y \u00abBorburata\u00bb (1960). El realismo directo de \u00abMene\u00bb, la acertada recreaci\u00f3n de ambientes, el aliento primario y a veces brutal de ciertas escenas, cede con p\u00e9rdida de facultades narrativas en las obras siguientes. El historiador que es D\u00edaz S\u00e1nchez doblega al novelista imponiendo el dato hist\u00f3rico y las grandes reconstrucciones de \u00e9poca como valores predominantes del relato.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/salvador-garmendia\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Fragmento del trabajo publicado en la colecci\u00f3n Temas culturales venezolanos de la Oficina Central de Informaci\u00f3n (OCI, 1966)<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Salvador Garmendia En la b\u00fasqueda de una referencia cronol\u00f3gica que sirviera como punto de partida al proceso de la novela venezolana, los cr\u00edticos e historiadores de nuestra literatura, han estado de acuerdo en atribuir a \u00abLos M\u00e1rtires\u00bb de Ferm\u00edn Toro (1842), el t\u00edtulo de primera novela nacional. 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