{"id":18579,"date":"2026-06-02T16:46:04","date_gmt":"2026-06-02T21:16:04","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=18579"},"modified":"2026-06-02T16:51:33","modified_gmt":"2026-06-02T21:21:33","slug":"la-intima-rebelion-de-teofilo-tortolero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-intima-rebelion-de-teofilo-tortolero\/","title":{"rendered":"La \u00edntima rebeli\u00f3n de Te\u00f3filo Tortolero"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><strong>Gabriel Jim\u00e9nez Em\u00e1n<\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p>A pesar del prestigio que la envuelve, &#8211;o a lo mejor por ello mismo\u2014la poes\u00eda casi nunca ha sido la forma literaria mejor comprendida o interpretada. En principio, se trata de una forma sintetizada de expresi\u00f3n verbal, con una tradici\u00f3n muy vasta y poco estudiada u observada por la cr\u00edtica, al menos en la \u00e9poca actual, donde casi no existen revistas ni publicaciones cr\u00edticas para ponerla en valor. En Venezuela contamos con una tradici\u00f3n po\u00e9tica escasamente valorada; lo visible es una proliferaci\u00f3n de textos de autores que en su mayor\u00eda ignoran o van a espaldas de esa tradici\u00f3n y en muchos casos, aun conviviendo con ella, ignoran a los autores relevantes. Hoy voy a ocuparme precisamente de uno de ellos: Te\u00f3filo Tortolero.<\/p>\n\n\n\n<p>Nacido en la ciudad capital del estado Carabobo, Valencia, en 1938, Tortolero estudi\u00f3 en el colegio Don Bosco de esa ciudad y continu\u00f3 Secundaria en el Instituto La Salle y el Liceo Pedro Gual. Dado siempre a la lectura, Tortolero estudia Derecho en la Universidad de Carabobo y frecuenta grupos literarios en Valencia como \u201cAzar-Rey\u201d entre 1968-69 y luego se vincula a actividades en la Universidad, donde asume funciones como Director de Cultura y cofundador de las revistas culturales \u201cPoes\u00eda\u201d y \u201cZona T\u00f3rrida\u201d. Sus poemas comienzan a conocerse en esos a\u00f1os hasta finales de la d\u00e9cada de los noventas, en uno de cuyos a\u00f1os fallece (1990) relativamente joven, dejando una familia: su esposa Livia Alonso y sus hijos Sergio, Livia Raquel y Rebeca. Vivi\u00f3 sus \u00faltimos a\u00f1os en la ciudad yaracuyana de Nirgua, donde forj\u00f3 buena parte de su obra y donde fue frecuentado por familiares y amigos. Entre los escritores amigos que le rodearon est\u00e1n Eugenio Montejo, J.M. Villarroel Paris, Alejandro Oliveros, Reynaldo P\u00e9rez-S\u00f3, Adhely Rivero, Jos\u00e9 Solanes, Rafael Humberto Ramos Giugni, Luis Alberto Angulo, Pedro T\u00e9llez y numerosos escritores carabobe\u00f1os, caraque\u00f1os y yaracuyanos entre los cuales me cuento.<\/p>\n\n\n\n<p>La obra de Tortolero pudiese estar asociada a una suerte de \u201cmalditismo\u201d debido su \u00e1spera visi\u00f3n del mundo inaugurada en la modernidad europea por un grupo de poetas franceses &nbsp;cuando crean el concepto de poetas malditos en la sociedad donde \u201cel capitalismo se come a los poetas por tajadas\u201d tal dec\u00eda Charles Baudelaire, c\u00e9lebre autor de <em>Las flores del mal<\/em> (1857) y como est\u00e1n descritos en el ensayo de Paul Verlaine <em>Los poetas malditos<\/em> (1884) donde hace referencia a algunos de ellos: Stephane Mallarm\u00e9,&nbsp; Tristan Corbiere, Villier de L\u2019isle Adam y Marceline Desbordes; en Estados Unidos fue inaugurada por Edgar Allan Poe (cuya obra completa fue vertida por Baudelaire al franc\u00e9s) tradici\u00f3n a la que se sumaron luego en el siglo XX poetas estadounidenses como Hart Crane, Allen Ginsberg y Charles Bukowski; en Venezuela inaugurada por Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre y El\u00edas David Curiel seguida por Luis Fernando \u00c1lvarez en la primera mitad del siglo y luego en la segunda mitad por Caupolic\u00e1n Ovalles, V\u00edctor Valera Mora, Jos\u00e9 Barroeta, Ludovico Silva y seguidores m\u00e1s j\u00f3venes como Eleazar Le\u00f3n, El\u00ed Galindo, Luis Sutherland, William Osuna y Gabriel Jim\u00e9nez Em\u00e1n. Tales poetas \u201cmalditos\u201d tienen poco que ver con el diablo, los demonios o el satanismo, m\u00e1s bien est\u00e1n negados a participar de los festines superficiales de la sociedad del consumo, los premios literarios y los escalafones sociales. En todo caso, Tortolero y otros tantos se suman a esta reacci\u00f3n y rechazan participar del canon de una poes\u00eda equilibrada o moldeada por formas cl\u00e1sicas y temas convencionales.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El temperamento o car\u00e1cter de Te\u00f3filo Tortolero fue siempre reservado y reconcentrado de hombre silencioso y parco, dado a la lectura y escritura; practicando \u00e9sta \u00faltima con mucho recato y disciplina. A los treinta y dos a\u00f1os publica su primer libro <strong><em>Demencia precoz<\/em><\/strong> (1968) en cuyo t\u00edtulo ya se anuncia una naturaleza mental trabajada al amparo de una imaginaci\u00f3n l\u00edrica indagadora de resultados est\u00e9ticos sustantivos, prefigurados por una serie de esencias constantes en su trabajo literario posterior. Desde un primer momento, se percibe una doble dislocaci\u00f3n del sino ps\u00edquico del poeta, un descalabro existencial hilado al verbo y estructurado en un mecanismo detonante, esto es, una ruptura interna que va a ser signo permanente de su poes\u00eda, advirti\u00e9ndolo desde un principio en su trabajo inicial mediante los subt\u00edtulos de \u201cArs\u00e9nicos\u201d, esto es, elementos letales impregnando su voz:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Mi hermana se ha quedado<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>mirando por mi \u00fanico ojo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>o:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Alguien se quiere llevar mi inocencia<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Reza para que no suceda.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Se observa en su obra un Yo en permanente b\u00fasqueda de refugio en el seno familiar, en la paz de un pueblo o espacio peque\u00f1o:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Se fue la pesta\u00f1a (madre)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>hijo cierra esa lluvia<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>que la mano no era sino pasto muerto.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>A medida que el libro transcurre entre lluvias y praderas, se va anunciando una \u201cca\u00edda\u201d:<\/p>\n\n\n\n<p><em>No somos \u00e1ngeles<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>aunque recemos en el comedor<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>con el hocico del animal sagrado.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La alusi\u00f3n al elemento demencial nos remite a un espacio de dislocaci\u00f3n mental o sensorial como parte sustantiva de la visi\u00f3n de nuestro poeta; no s\u00f3lo en este libro, pues va a ir en aumento en registros a lo largo de toda su obra, visionada bajo m\u00faltiples aspectos y efectos a lo largo del presente escrito: la ca\u00edda en el tiempo, el fracaso, la amargura, la ansiedad, el vac\u00edo, la angustia existencial y el dolor por los padres o familiares idos: elementos constantes en el mundo de Tortolero hasta el punto en que parecen moldear la mente del autor-lector en una sola, tal iremos insinuando en el decurso de este trabajo. Tales sentimientos o presentimientos, a su vez, est\u00e1n urdidos a trav\u00e9s de una forma dotada de elementos musicales que funcionan a la manera de transmisores verbales: Brahms, compositores rom\u00e1nticos, sonatas, m\u00fasicas nocturnales, sones tradicionales parecen apoderarse de los instantes emocionales, cuando el poeta es presa de la angustia o la desesperaci\u00f3n: <em>Es terrible la llama en la ca\u00edda<\/em>, nos dice: <em>\u201cMe aproxim\u00e9 al trono funerario (\u2026) Sus patas de b\u00e1lsamo se desplomaban \/ en el lago derecho (\u2026)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>O en estos versos:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Hoy es diluvio. Ya est\u00e1n con nosotros<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>los p\u00e1jaros gritando<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>clavando sus picos en al Arca&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Se produce, as\u00ed, la primera alusi\u00f3n a \u201cla \u00faltima tierra\u201d: all\u00ed donde se hallan la casa, la infancia, la tierra prometida o la muerte:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Si volviera con el ala ca\u00edda en la mejilla<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>nos dice, y m\u00e1s abajo:<\/p>\n\n\n\n<p><em>He terminado<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>mi garganta est\u00e1 seca<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>al detenerse los blancos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>en la sala de m\u00e1quinas<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En tal punto, el poeta comienza a conformar un mundo y un lenguaje (un idiolecto) propios, fundamentado en dos espacios iniciales: la tierra (la infancia, la casa, la familia) y las ca\u00eddas an\u00edmicas (la angustia, el vac\u00edo, la soledad) y ello le permite ir estructurando un mundo propio usando im\u00e1genes contrastantes que, a momentos, golpean fuertemente la sensibilidad del lector. Justamente, a partir de la secci\u00f3n \u201cCa\u00eddas\u201d el poeta ya posee un perfil claro del mundo por recorrer.<\/p>\n\n\n\n<p>La segunda parte de este libro, \u201cOtros poemas\u201d Tortolero la ocupa con textos dedicados a poetas y amigos suyos recreados en \u00e1mbitos de otros pa\u00edses, pero sin desatender la tierra originaria.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Sufre la madre y sufre como el gallo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>t\u00ed\u00e9ndese en el patio de n\u00e1car<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Son numerosos los elementos dispuestos por Tortolero en la construcci\u00f3n de su mundo po\u00e9tico, el cual seguir\u00e1 nutriendo con creces en los siguientes libros.<\/p>\n\n\n\n<p>En <strong><em>Las drogas silvestres<\/em><\/strong> (1972) el poeta se acerca a los grandes espacios, a los vastos paisajes tanto externos como internos. Se trata de una suerte de trasgresi\u00f3n anunciada en el propio t\u00e9rmino \u201cdroga\u201d en su acepci\u00f3n de viaje interior, de experimentaci\u00f3n alucinatoria frente a estos paisajes, a trav\u00e9s de un arte combinatorio complejo. Se trata de una suerte de <em>fatum<\/em> humano frente a la naturaleza, expresado mediante desgarramientos en favor de im\u00e1genes contundentes, radicales, que le permiten escribir versos como:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Hacia riberas deslumbrantes<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>hendidas por ensue\u00f1os, corrientes marinas<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>camina tu quemadura y tu perfume blanco<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>En un segundo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>All\u00ed donde la copa entraba de cuenca<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>has o\u00eddo gritar la luz<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En este libro el paisaje lo arropa todo; lo \u201csilvestre\u201d, justamente, alude a ese elemento puro constitutivo de un paisaje que se va transformando permanentemente hacia afuera y hacia adentro, se va gestando a la manera de un organismo vivo, mientras es aprehendido por el observador \u2013en este caso el poeta-demiurgo-&nbsp; quien a su vez posee la capacidad de transformarlo en su interior an\u00edmico, y de someterlo&nbsp; a las perturbadoras \u201cleyes\u201d humanas; o mejor dicho, a la visi\u00f3n del <em>homo sapiens<\/em> o humano sapiente que intenta &nbsp;aprehender la naturaleza con palabras; en este caso vocablos cargados de significados sonoros, pl\u00e1sticos, sensoriales y mentales que terminan&nbsp; conformando \u201cideas\u201d; en el caso de la poes\u00eda, su objeto no ser\u00eda \u201cconocer\u201d o comprender como objetivo central, sino indicar lugares o momentos donde ese lenguaje se ha desenvuelto,&nbsp; y aspira seguir en su prop\u00f3sito cuando se aproxima al mundo desde distintos \u00e1mbitos sensitivos o cognitivos. Por ejemplo, cuando dice:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Morir en aguas brillantes y profundas<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>donde el sol no se aplaca<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>y en su ant\u00edpoda exclama:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00a1Oh! \u00a1Salvaje duna!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Se pudiera decir que en este libro Tortolero asume la construcci\u00f3n de una po\u00e9tica de lo terrible, de la naturaleza implacable de la conciencia humana:<\/p>\n\n\n\n<p><em>A tu ca\u00edda te fragmentas<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>igual que un fantasma<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed la presencia humana queda reducida frente al paisaje cumpliendo un ciclo temporal, tocado casi siempre por un h\u00e1lito tr\u00e1gico, por la voz de un ser que aguarda su propia ca\u00edda o se fragmenta como si estuviese acechado por presencias tenebrosas; se trata en verdad de la ca\u00edda del ser, en el tiempo o el espacio:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Yo te busco en un salto al vac\u00edo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Pero este elemento radical puede girar en el instante de apreciar la belleza de una presencia natural cuando escribe:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Un girasol ha temblado en el mundo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Una flor fugaz deja su huella en el inmenso universo terreno, efectuando un ligero temblor, pudiendo incluso llegar hasta el estremecimiento de un espacio que lo abarca todo, donde la imagen de un caballo, por ejemplo, es suficiente para contener en s\u00ed toda la belleza animal:<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Cuadra<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Todo lo que chirr\u00eda fue una vez la casa del caballo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>y en el lugar donde muri\u00f3 breve<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>los estribos colgados tras la puerta<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>apenas recuerdan su venida a este mundo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Desconocido<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>semejante al barro trotado en las patas<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>cuadros rasgu\u00f1os de sus moscas<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>el alma fue apoyando<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>entr\u00e9 a dejar la despeinada cabeza<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>resignadamente<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>los ojos ambulantes<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>sobre las puntas del camino<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>y enloquecerlos en el aire<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>visitado por fantasmas de caballos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>O cuando realiza su regreso al bosque quieto de los p\u00e1jaros, buscando un refugio.&nbsp; La naturaleza, en este libro, le ofrece al poeta un espacio de retiro, donde \u201clas ma\u00f1anas asomadas a mi casa\u201d le permiten decir: \u201ccon estos ojos me describo y me lloro\u201d y donde el eros ejecuta sus metamorfosis y entonces puede volverse una c\u00fapula o una cesta que lleva pensamientos y drogas silvestres, para celebrar la exaltaci\u00f3n de la Naturaleza, la cual, a su vez, constituye una suerte de fatum, de fatalidad:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Tu frente lleva pensamientos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>y drogas silvestres<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>en una cesta y una c\u00fapula.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>(\u2026)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>En el patio de julio recuerdo la quietud<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>de otra casa donde un pote vac\u00edo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>recuerda el vano amor<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Sin olvidar el uso de un tono tr\u00e1gico que le es inmanente, Te\u00f3filo Tortolero va en busca de revelaciones naturales, presencias an\u00edmicas o espacios para \u201corganizar\u201d afectos en medio de tribulaciones individuales muy particulares, digamos, las cuales le obligan a crear una impronta verbal propia, un sello personal para una escritura identificable en los \u00e1mbitos sociales de entonces, convulsos desde el punto de vista pol\u00edtico, y desde la perspectiva de una identidad cultural propia, que ven\u00eda fragu\u00e1ndose desde los inicios de nuestra historia republicana, cuando se intent\u00f3 rescatar la dignidad de un pa\u00eds asediado por dictaduras militares o visiones pol\u00edticas ineficaces.<\/p>\n\n\n\n<p>Te\u00f3filo Tortolero construye, as\u00ed, libro a libro, lo que pudi\u00e9ramos llamar una po\u00e9tica de lo terrible, desenvuelta en el meollo de un presente implacable que se hace visible mediante la presencia de una <em>herida<\/em> que nos hace vivir y nos recuerda, a cada instante, lo terrible de la condici\u00f3n humana:<\/p>\n\n\n\n<p><em>A tu ca\u00edda te fragmentas<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>igual que un fantasma<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed la presencia humana queda reducida a un m\u00ednimo de espacio en el paisaje, cumpliendo un sino tr\u00e1gico de naturaleza temporal que, mientras se desploma, se va fragmentando en varios entes \u2013para emplear la jerga filos\u00f3fica\u2014 aplicada en este caso al ejercicio de la poes\u00eda como uno de los \u201cm\u00e9todos\u201d de comprensi\u00f3n del ser, a la manera de hermen\u00e9utica.<\/p>\n\n\n\n<p>Al ingresar a esta l\u00edrica im\u00e1genes de tipo cristiano, sus asuntos se van complejizando, al apuntar hacia otros niveles de percepci\u00f3n, dado que la filosof\u00eda cristiana, con sus impl\u00edcitos elementos de culpa, redenci\u00f3n o sacrificio toman posesi\u00f3n del espacio po\u00e9tico y lo van saturando, sobre todo al aparecer las figuras del padre o la madre, construyendo una gran ausencia dirigida a crear espacios de consuelo, abnegaci\u00f3n, belleza pura. En este caso, la imagen del padre siembra un nuevo \u00e1mbito tr\u00e1gico de angustia; mientras el de la madre comparece a escena brindando im\u00e1genes ms frescas, copando el \u201cmaternal vac\u00edo\u201d. Citamos varios ejemplos:<\/p>\n\n\n\n<p><strong>XV<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Sabes t\u00fa<\/p>\n\n\n\n<p>qui\u00e9n apura el asiento de mi vaso<\/p>\n\n\n\n<p>cada vez que un dedo<\/p>\n\n\n\n<p>roza mis hombros<\/p>\n\n\n\n<p>pidiendo que le siga al cuarto<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfd\u00f3nde nunca te encuentro?<\/p>\n\n\n\n<p>La fatalidad de un paisaje atemporal, casi puro, se despoja tambi\u00e9n de las tribulaciones del tiempo:<\/p>\n\n\n\n<p><strong>XIX<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Pen\u00faltimas aguas os invoco<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>olas en viaje hacia la ventana<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>que se consume entre la fogata del silencio<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>inviernos so\u00f1ados<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>siempre frente a un mismo patio donde secan la ropa<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Apenas hendido por el frotar de las gaviotas<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>regreso al bosque quieto de los p\u00e1jaros<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En <strong><em>55 poemas<\/em><\/strong>(1981), reaparecen los elementos naturales asociados a los padres &#8211;en las medidas antes referidas&#8211;: la fatalidad espacial del paisaje encarnada en la madre, en la ca\u00edda en el tiempo o en la imagen paterna. En el texto de \u201cAgua parda\u201d, por ejemplo, puede estar identificado con una creciente de agua revuelta con fango (agua parda) como queda expresada en el verso<\/p>\n\n\n\n<p><em>P\u00e1lpito en los ojos de los jazmineros<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>escuch\u00e9 el agua parda con su trueno<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Agua que puede surgir acompa\u00f1ada de un tronar o de un barrido, el agua \u201crompiendo m\u00e1s el coraz\u00f3n\u201d donde el sentir se desliza entre patios musgosos y el mar implora, es decir, el paisaje no da tregua; la desmesura que aturde y el animal soleado, las alegr\u00edas lejanas: todas ellas contribuyen a la construcci\u00f3n de esta leve canci\u00f3n en agosto, confluyentes hacia un poema inici\u00e1tico y conjugante: \u201c\u00c1breme el r\u00edo brillante\u201d, le ruega. Ventanas, golondrinas, cigarras: todos estos elementos se conjugan de cara al debido tratamiento de la naturaleza, como puede observarse en el poema \u201cOh radas murmurando\u201d:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Un poema aletea en tus ojos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>un poema se recrea en los labios<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>intenso<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>lleno de claridad como una fiesta<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>y bajo la seca luz de julio<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>viene a tenderse<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>viene a vivir<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En estos casos, objetos art\u00edsticos como el poema pasan a ser objetos cargados de claridad, en una celebraci\u00f3n que es tambi\u00e9n una <em>verdad<\/em> convidada a una festividad natural o a ser part\u00edcipe de un enjambre de sentires o pensares: el agua entre las sombras, el sonido, la luz, el sudor, la pereza, la soledad, los guijarros y las ostras: todo parece concurrir hacia ese escenario dram\u00e1tico donde Tortolero nos extiende una cautelosa invitaci\u00f3n. Veamos c\u00f3mo amalgama olores y sensaciones:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Ha venido el desaforado olor del cielo por nosotros.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En este caso, el \u201cdesaforado olor\u201d es una expresi\u00f3n casi violenta para hallarse adjudicada al cielo. Otros ejemplos son: \u201cla cigarra aturde y escarba\u201d, \u201cMe despe\u00f1o por la gracia y la desgracia\u201d no hacen sino corroborar la presencia de tales elementos agitados o tormentosos en la l\u00edrica de Tortolero.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pero donde estos signos se encuentran m\u00e1s intensamente plasmados es en los poemas dedicados a la figura del padre, donde conviven varias de las claves tr\u00e1gicas &#8211;de donde surge buena parte de la visi\u00f3n angustiosa de la obra de Tortolero\u2014la cual, a mi entender, inaugura una nueva veta en una extensa tradici\u00f3n de la poes\u00eda de nuestro pa\u00eds, dando lugar a un espacio donde el propio poeta anticipa su muerte.&nbsp; Algunos ejemplos de ello son:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Padre, ati\u00e9ndeme que soy tronco y ra\u00edz de tu patio.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>(\u2026)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Padre que hizo posible la turbulencia<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>(\u2026)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Padre que ha ca\u00eddo sobre un bast\u00f3n que no manda<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>(\u2026)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>El coraje que dio alimento a tanto sue\u00f1o<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>como nos dimos t\u00fa y yo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>en nuestras silenciosas osamentas<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>(\u2026)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Cada ca\u00edda anuncia la pr\u00f3xima<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Pero tambi\u00e9n existe el di\u00e1logo con elementos naturales, como una simple flor:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Te llevo en espinas de rosas<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>sacudidas desde el cielo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>un trago a tu honor<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>flor alegre<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>la m\u00e1s punzada que recibe mi carne<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>ahora<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>cuando beso la \u00faltima tierra.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Pudi\u00e9ramos decir que esta atm\u00f3sfera tr\u00e1gica va impregnando y escalando a medida que avanzan los textos de estos<em> <strong>55 poemas<\/strong><\/em>, y acerc\u00e1ndose cada vez m\u00e1s a espacios de dolor, como cementerios y tumbas: <em>Nidal de cruces hechas \/ por manos ausentes<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Este crescendo, adem\u00e1s de cubrir los espacios internos de la casa, sus patios, jardines, cementerios y al propio hecho po\u00e9tico como tal, es presentado como un fen\u00f3meno tr\u00e1gico en s\u00ed mismo, haci\u00e9ndose blanco de dardos amargos, atravesando \u201ctu herida en llamas\u201d, en su alusi\u00f3n permanente al dolor y la angustia.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n est\u00e1n las alusiones a presencias tenebrosas donde alcanza su cenit el sentimiento de orfandad, de \u00edntima tragedia del ser donde convergen \u2013como ya anotamos&#8211; Naturaleza y Esp\u00edritu, ser y vac\u00edo, canto celebratorio y desilusi\u00f3n. Pudiera afirmarse que hay una convergencia importante que hace posible esta expresi\u00f3n en varios de nuestros poetas de principios del siglo XX, desde algunos de los fundadores de nuestra primera y segunda modernidad esc\u00e9ptica, como son los casos de Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre, El\u00edas David Curiel y luego Luis Fernando \u00c1lvarez.<\/p>\n\n\n\n<p>El libro va desenvolviendo su n\u00facleo tr\u00e1gico a medida que transcurren los d\u00edas y se acerca la muerte. All\u00ed est\u00e1 el recuerdo de su padre y est\u00e1 tambi\u00e9n la depresi\u00f3n y la tristeza, el camposanto con sus cruces y un aire terroso respirando sobre ellos, ese \u201caire que no cesa de parir moribundos\u201d. Se trata aqu\u00ed, en efecto, de una po\u00e9tica que no se detiene en producir este tipo de \u00e1mbitos, profiriendo sus alaridos amargos y llegando al extremo de generar im\u00e1genes radicales del tipo: <em>por tu herida en llamas.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Estas atm\u00f3sferas tenebrosas alcanzan su cenit creando, a trav\u00e9s de un sentimiento de orfandad, un \u00edntimo cl\u00edmax ontol\u00f3gico desde donde emergen carencias y vac\u00edos, entes creados por desilusiones \u00edntimas. Dir\u00edase que la vitalidad de esta poes\u00eda dimana del ser y de un espacio de reflexi\u00f3n siempre en busca de una imagen que le permita sobre-vivir o sub-vivir entre los pliegues de la realidad.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Pero ya no estaban mis pupilas<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>en mi Ser<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>dice, mientras aguarda la llegada de un p\u00e1jaro: un gorri\u00f3n cuyo canto y presencia le permiten sobrevivir a la ca\u00edda, volviendo por momentos a los acertijos de la propia existencia.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Repite la palabra alcanforado<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>que no existe y es sin embargo tan querida<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>a la hora de donar la cabeza<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; que va en los sue\u00f1os<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>por la potestad de una nota dulce&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>y a la vez aterradora<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En la l\u00edrica de Tortolero cohabitan presencias naturales y mentales, fuerzas destructivas y edificantes que van tejiendo, capa sobre capa y a trav\u00e9s de un procedimiento sutil, las distintas interrogantes que asedian al Yo y a la conciencia, en un proceso que tiene mucho de cognitivo, de filos\u00f3fico.&nbsp; Debido a ello me he atrevido a hablar aqu\u00ed de drama ontol\u00f3gico, de una ruptura ps\u00edquica profunda. En este sentido, la l\u00edrica de Tortolero se erige desde una visi\u00f3n pesimista del Ser; el cual, de tanto en tanto sube, escala colores o sonidos o lugares plenos en busca de una claridad terrena, donde el paisaje le aguarda para recibirle en su seno.<\/p>\n\n\n\n<p>En <strong><em>Parfuma jaguaro<\/em><\/strong> (1984) la figura de un jaguar asciende como presencia simb\u00f3lica de lo animal, seguida de una \u201cEleg\u00eda\u201d en tres estancias:<em> Soy la mirada de la resurrecci\u00f3n<\/em>, dice. Y al confesar esto, encarna \u00e9l mismo la posibilidad de re-encarnar en el alma animal para asumir as\u00ed las distintas identidades que se desprenden de esa naturaleza; de ah\u00ed tambi\u00e9n la permanente alusi\u00f3n a la criatura animal que habita de modo permanente en el ser humano, con posibilidades de liarse a los elementos de Madre Natura, como en efecto acaece en este libro; tal detalle es justamente el posibilitador de la interacci\u00f3n de la mirada animal al seno de la realidad, y al seno mismo del lenguaje:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Coraz\u00f3n trucha saltando entre tus dedos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>(\u2026)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Sobre la muralla china los amantes<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>fueron aqu\u00ed aprisionados por la luna<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Es como si se estuviese escuchando la eleg\u00eda tr\u00e1gica de un amor negado, en tres estancias poem\u00e1ticas de una complejidad abismal. Tortolero ha construido una l\u00edrica a la par de original, provista de una hondura sin par en la poes\u00eda venezolana del siglo XX, si indagamos en sus fuentes principales. Digamos que su primer rasgo distintivo es la hondura existencial; el segundo un sello \u201csalvaje\u201d (l\u00e9ase \u201cnatural\u201d) desenvuelto a trav\u00e9s de un tono dram\u00e1tico con propensi\u00f3n a lo autodestructivo. Pero la tragedia de Tortolero no consiste en registrar accidentes o muertes repentinas: se trata de la tragedia de la especie, del fracaso natural al que est\u00e1 expuesta la condici\u00f3n humana desde su vertebramiento gen\u00e9sico de signo irreversible; es por ello que nos agobia por instantes. Asistimos a una suerte de desnudez de la especie, rodeada de signos, s\u00edmbolos animales y vegetales, y de los mismos sucesos de que est\u00e1 hecha le existencia. Es de observar, en el intra-lenguaje creado por el autor, c\u00f3mo se deslizan en \u00e9l sonoridades arcaicas, golpes verbales \u00e1speros a fin de referirnos la herida humana experimentada por el ser, lo cual registra una triple revelaci\u00f3n: del ser, de la conciencia natural-animal y de la cercan\u00eda (o lejan\u00eda) de los seres de su especie, que bien puedan atraer hacia el Yo angustia o felicidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Siguiendo una secuencia cronol\u00f3gica, nos encontramos con <strong><em>La \u00faltima tierra<\/em><\/strong> (1990), obra a\u00fan m\u00e1s herm\u00e9tica y sinuosa, donde un elemento como la luz no cumple solamente una funci\u00f3n purificadora&nbsp; sino que hace ver, a\u00fan m\u00e1s, el dolor o la tribulaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Ondeas en el sahumerio de mi sangre<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>(\u2026)<\/p>\n\n\n\n<p><em>Sigo en mi patio muerto<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>con sus lagartijas y grillos borrachos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>mirando el agua caer de mis ojos verdosos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>(\u2026)<\/p>\n\n\n\n<p><em>No tengo aroma conocido,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>ni lavanda, ni s\u00e1ndalo,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>talvez un pino de corta vida<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>jugando a vivir con la muerte.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Texto tremendamente fuerte, marcado por una carga dram\u00e1tica desoladora; aqu\u00ed los \u201cjuegos\u201d con la muerte pueden derivar en espacios abigarrados que no ofrecen escapatorias a quienes los leemos como actos de purificaci\u00f3n. Cuando el poeta se califica a s\u00ed mismo \u201c\u00faltimo\u201d ya nos est\u00e1 anunciando que se trata de una estaci\u00f3n postrera donde van a cumplirse no sus deseos, sino su destino; la aceptaci\u00f3n humilde de una tierra que sigue en movimiento y le incita no a hacerse m\u00e1s preguntas acerca de su destino, sino a aceptar designios o mandatos superiores. El poeta \u2013como un demiurgo arcaico de los poderes terrenales- acepta su fragilidad y su ca\u00edda en el tiempo, refundi\u00e9ndose al paisaje. Se halla en su tierra originaria que es tambi\u00e9n la \u00faltima, donde le espera nuevamente el dolor:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Al dolor, al dolor<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>al dolor repetido<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>de una casa de terrones<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>que agonizan de instante en instante.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Ah\u00ed tambi\u00e9n le espera la memoria del padre, expresada en una eleg\u00eda a su recuerdo (aparentemente se trata de un padre \u201cmuerto por propia mano\u201d: &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><em>que dolorosa y dura fue su muerte.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>(\u2026)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Adi\u00f3s, se\u00f1or de tanta majestad<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>ca\u00eddo por su propia mano<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>a la \u00faltima tierra.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n le canta a la luz:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Bajar\u00e9 a tu reposo,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>luz amante,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>luz pura.<\/em> <em>&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Este sentimiento de \u00faltimo destino implica varias im\u00e1genes complejas como: \u201cEn mi casa sola de aguas\u201d; \u201ccabellos de oscuros dolores\u201d, \u201ccad\u00e1ver inclinado de perfume\u201d, \u201cle ofrendo mi vida a mi muerte\u201d. &nbsp;En el poema intitulado \u201cUna puerta golpea\u201d nuestro poeta deja ver parte de su infancia transcurrida en una bodega ubicada cerca de unas maderas rotas, tablones apilados, una pared rugosa y \u201cunos alambres claveteados por el sue\u00f1o\u201d .<\/p>\n\n\n\n<p><em>Mi padre atravesando patios<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Conversando en su delirio con mi madre enferma.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>N\u00f3tese, en esta breve enumeraci\u00f3n, como el poeta pasa de una descripci\u00f3n de objetos a detallar un estado mental o de mala salud f\u00edsica. Aqu\u00ed la voz po\u00e9tica intenta aprehender el origen de una angustia vivencial profunda, en un espacio (una ferreter\u00eda) donde su vida transcurre en silencio, \u201c<em>atrapado en una red de metal y a mostradores tristes \/ rozados por las manos de inmigrantes chillones \/ alargados en su terco destino de morir \/ claveteando una mesa de fantasmas.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El poeta se mueve en espacios de memoria melanc\u00f3lica, experimentando sensaciones ambiguas: \u201cigual que un oboe\u201d, dice, compar\u00e1ndose al sonido de un instrumento de viento, o a trav\u00e9s de su s\u00edmil m\u00e1s fuerte:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Materia perdurable<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>la que arde en el aire de los ojos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>(\u2026)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>madera perdurable el dolor de saber que te ausentas<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>madera perdurable la casa que ocupaste<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>y abandonaste<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Luego la tierra se va como transfigurando y el universo \u00edntimo del poeta adquiere nuevas texturas expresivas:&nbsp; se acerca el fin de la nostalgia de la tierra y el poeta debe asumir otros roles.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Hoy asisto al taller de mis huesos astillados<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>y nobles en su encanto<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>he de llevarlos hasta su pura cuna<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>(\u2026)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Me ven salir de tabernas que no existen<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>en estas soledades que abrazan mis ojos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Varias de las im\u00e1genes de Te\u00f3filo Tortolero parecen surgir de su propia imaginaci\u00f3n doliente, como podemos observar en inn\u00fameros textos suyos: \u201cTener una pulper\u00eda\u201d \u201cFermosa ternura\u201d, \u201cGrisette\u201d,<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;En uno de ellos leemos:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Arroj\u00e9 mi vestido a la corriente<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>donde so\u00f1\u00e9 el cansancio de esperarte<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>sin embargo, llam\u00e9 a tus ojos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>me describo y me lloro en tu regazo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>pero siempre me siento abandonado.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>a la \u00faltima tierra.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n hay en Te\u00f3filo una clara alusi\u00f3n a la m\u00fasica, y referencias sustantivas a sonidos mel\u00f3dicos, sonatas, adagios, oboes, canciones. Al extremo, la figura del padre se yergue para dejar respirar y se transfieran sentidos y pensamientos, intuiciones y desasosiegos, im\u00e1genes de dolor o agon\u00eda sirven de asideros importantes para esta obra. Se cumplen entonces el mito y el ciclo del eterno retorno al paisaje agreste, presente en textos como \u201cEstaci\u00f3n alemana\u201d, \u201cA la cabra\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Este \u00faltimo dice:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Vi llegar el sol<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>a los ojos de la cabra miserable<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>al comenzar el deshielo de su mirada<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>de esos globos atentos al martirio<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Mientras por otro lado el padre y la madre van conjugando im\u00e1genes contrastantes surgidas tambi\u00e9n de un paisaje an\u00edmico:<\/p>\n\n\n\n<p><strong>A la sepulta<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Y al calor de un cortante azul<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>respiro en la humareda<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>brotado de las horas incendiadas<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>tu transparente mirada angustiosa.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En <strong><em>El libro de los cuartetos<\/em><\/strong> (1994) la expresi\u00f3n poem\u00e1tica se limita a la forma de cuatro versos, pero gana en musicalidad, en sonoridad, tal podemos apreciar en versos como:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Apenas leo en tus manos oficios y solsticios,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Fresca es la noche en que te nombro<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Te siento a pedazos eres templo a pedazos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Vas pudri\u00e9ndote en mi para\u00edso.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El demiurgo intenta hallar, en esta ocasi\u00f3n, un poco m\u00e1s de paz, de claridad e incluso de armon\u00eda aferr\u00e1ndose a ciertos signos de purificaci\u00f3n como la m\u00fasica. En el poema intitulado \u201cCanci\u00f3n\u201d no encontramos signos de luto o decepci\u00f3n, sino de alborozo o fertilidad:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Solo hay<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Los apamates regresando<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>de sus desmesurados espacios de amor<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>p\u00e1jaros eternales<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>aturdidos al fin de tantos cielos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>la noche cierra su gran libro de l\u00e1minas<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>abre los jazmineros y los grillos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Y as\u00ed contin\u00faan los ascensos y recorridos por riberas, hasta alcanzar estados de meditaci\u00f3n o reposo, descritos entre el paisaje, la naturaleza, los animales, la casa, los padres. De hecho, los \u00faltimos textos de Tortolero se encuentran inspirados en la figura materna.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Madre<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Todo se prende al final de una s\u00e1bana mojada<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>con tu sangre<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>y la cabellera negra<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>derramada frente al espejo:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>toda una vida<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>sosegada en las mejillas<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>doquiera tu decisi\u00f3n me arrojara<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>a tu placenta de regreso.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Este libro nos presenta el fen\u00f3meno del regreso como un reconocimiento an\u00edmico y como un encuentro consigo mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>En la secci\u00f3n titulada \u201cOtros poemas\u201d, textos como \u201cTren de sed\u201d o \u201cNous\u201d nos deslumbran mediante espl\u00e9ndidos desenvolvimientos l\u00edricos \u2013en cuyos fondos resuenan m\u00fasicas ancestrales&#8211; notas originarias traspasadas de enigmas:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Somos cuerpos amantes, somos hojas de agua, orqu\u00eddeas<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>pensamientos, casas sacadas de sus huesos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>amigos de una hormiga que vendi\u00f3 su alma a la quimera<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>somos una estrella gritada por un grano de oro<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>en un patio de amor,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>esbelta, damos ansia, perd\u00f3n de los rencores,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>somos Dios de un furtivo amor que no tiene mejilla.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Advertimos similar atm\u00f3sfera en el texto de \u201cAdagio en una calle sola\u201d y en otros como \u201cUna oquedad bastaba\u201d, \u201cEn el cielo rojo\u201d, \u201cLa vida es sue\u00f1o\u201d, \u201cNuestros d\u00edas\u201d, \u201cMarzo\u201d, \u201cEsto queda del d\u00eda\u201d, \u201cMi mam\u00e1 Andrea\u201d, \u201cMi padre\u201d, \u201cReverie\u201d y otros.<\/p>\n\n\n\n<p>Estos poemas postreros pueden ser vistos como despedidas de un mundo irisado de fulgores y resonancias, elementos familiares, presencias iluminadas por el recuerdo y provistas de un toque melanc\u00f3lico propio, en medio del cual puede advertirse una profunda reflexi\u00f3n&nbsp; acerca del existir humano, examinada mediante estancias contrastadas, penetradas de un h\u00e1lito tr\u00e1gico donde se describe una evidente ca\u00edda existencial, &#8211;como ya hemos anotado&#8211; el poeta-pensador se detiene en centros de iluminaci\u00f3n \u00edntima&nbsp; en busca de signos y elementos que lo rediman o sanen su psique rasgada, su tormento \u00edntimo, como si una especie de desgarradura estuviese dirigida a su saneamiento en su re-encuentro con la tierra, el aire, el agua, el mundo callado de los seres queridos.<\/p>\n\n\n\n<p>Una lectura detenida de su obra revela que dentro de su corpus l\u00edrico habitan presencias insospechadas, pulsiones abismales que nuestro bardo intenta apresar vali\u00e9ndose de contrastes opresivos, de un \u201ctete a tete\u201d del mundo interior con el exterior, de un desamparo cuyas huellas podr\u00e1n ser acaso borradas por el tiempo o por la cercan\u00eda casi dolorosa de un paisaje que le redime:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Estoy metido hasta el cuello del cielo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>dice, como si el cielo que le salva tambi\u00e9n le asfixiara. Y en otro poema escribe:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Era un sue\u00f1o del cambiante octubre<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>como si el mes en s\u00ed mismo poseyera parte de la conciencia humana. Y en este itinerario de contrastes, Tortolero nos hace ver reflejos de la gran paradoja humana, donde los mismos placeres terrenos se saborean como vinos amargos; donde las ventiscas nocturnales y las pulsiones er\u00f3ticas se han encontrado al final del camino, mediante una operaci\u00f3n de \u00edntima rebeli\u00f3n, ha sido sanada por una hermen\u00e9utica l\u00edrica de la contemplaci\u00f3n; pero esa operaci\u00f3n no es de manera alguna positiva o segura de s\u00ed misma: se entrega a los vaivenes del esp\u00edritu, al hambre de cielo o nube que sufre constantemente el ser, a la urgente presencia de los seres queridos o de los paisajes raigales que acudieron puntualmente a sus citas. En efecto, Te\u00f3filo fue hilando pacientemente una serie de im\u00e1genes contrastadas que le granjean una voz peculiar en la poes\u00eda venezolana y latinoamericana del siglo XX, y que ahora. en pleno siglo XXI, conserva a\u00fan su lozan\u00eda debido al incesante fuego interno que supo dominarla.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/gabriel-jimenez-eman\/\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Prefacio del libro <em>Te\u00f3filo Tortolero. Obra po\u00e9tica<\/em> (Ediciones F\u00e1bula\/Movimiento de escritores de Yaracuy)<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gabriel Jim\u00e9nez Em\u00e1n A pesar del prestigio que la envuelve, &#8211;o a lo mejor por ello mismo\u2014la poes\u00eda casi nunca ha sido la forma literaria mejor comprendida o interpretada. En principio, se trata de una forma sintetizada de expresi\u00f3n verbal, con una tradici\u00f3n muy vasta y poco estudiada u observada por la cr\u00edtica, al menos [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":18580,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18579"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=18579"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18579\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":18583,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18579\/revisions\/18583"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/18580"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=18579"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=18579"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=18579"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}