{"id":18444,"date":"2026-03-25T14:39:02","date_gmt":"2026-03-25T19:09:02","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=18444"},"modified":"2026-03-25T14:53:24","modified_gmt":"2026-03-25T19:23:24","slug":"valencia-la-de-pocaterra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/valencia-la-de-pocaterra\/","title":{"rendered":"Valencia, la de Pocaterra"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Rafael Victorino Mu\u00f1oz<\/h4>\n\n\n\n<p>Comencemos por revisar una parte del itinerario vital de Jos\u00e9 Rafael Pocaterra, m\u00e1s espec\u00edficamente su trayecto inicial, hasta el a\u00f1o 1922 que es cuando aparecen sus <em>Cuentos grotescos <\/em>(por razones que m\u00e1s adelante espero que se comprendan). Seg\u00fan la versi\u00f3n m\u00e1s aceptada, nuestro personaje naci\u00f3 el 18 de diciembre de 1889, en el inmueble ubicado en el cruce de lo que hoy d\u00eda se llaman las calles Anzo\u00e1tegui y Colombia, a unas cuantas cuadras de aqu\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>En 1907 lo encontramos a\u00fan en la ciudad, colaborando en&nbsp;<em>Ca\u00edn<\/em>, un peri\u00f3dico que, seg\u00fan la mayor\u00eda de sus bi\u00f3grafos, se identificaba como opositor al gobierno de Cipriano Castro; por la publicaci\u00f3n de unas listas en las que se propon\u00edan candidatos p\u00fablicos, lista conformada por presos pol\u00edticos, los esbirros le <em>ponen el ojo<\/em> al peri\u00f3dico y Pocaterra es encarcelado, primero en el Castillo de Puerto Cabello y luego en el de San Carlos (Maracaibo).<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed permanece por un a\u00f1o. Al salir no se reinstala en Valencia, sino que en 1909 est\u00e1 en la capital, ejerciendo funciones como Secretario del ministro de Obras P\u00fablicas. Al a\u00f1o siguiente acompa\u00f1a a la ciudad de Calabozo a dicho personaje, quien hab\u00eda sido designado presidente del estado Gu\u00e1rico. Estando en el llano nuestro autor escribe <em>El doctor Beb\u00e9 <\/em>(su novela <em>valenciana<\/em>).<\/p>\n\n\n\n<p>En 1912 vuelve a Caracas; escribe <em>Vidas oscuras<\/em>, pero se traslada a Maracaibo en 1914, para asumir el cargo como intendente de tierras bald\u00edas. Segu\u00eda alejado de Valencia y as\u00ed estar\u00eda por mucho tiempo, al menos f\u00edsicamente. En el Zulia, Pocaterra comienza a colaborar para <em>El Fon\u00f3grafo<\/em>, donde aparecen algunos relatos con el subt\u00edtulo de \u201cCuentos grotescos\u201d. Tambi\u00e9n escribe su novela <em>zuliana<\/em>:\u201cTierra del sol amada\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Sigue deambulando en nuestra geograf\u00eda, ya que en 1918 est\u00e1 otra vez en Caracas, colaborando con diversos peri\u00f3dicos (<em>El Universal<\/em>,&nbsp;<em>El Nuevo Diario<\/em> y&nbsp;<em>Pitorreos<\/em>)yconspirando, ahora s\u00ed m\u00e1s en serio. Comenzando el a\u00f1o 1919 es recluido en La Rotunda. Durante este confinamiento produce la mayor parte de sus&nbsp;<em>Memorias de un venezolano de la decadencia<\/em>, otros cuentos grotescos as\u00ed como la novela&nbsp;<em>La casa de los Abila.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Permanece Pocaterra en prisi\u00f3n hasta 1922. Al salir en libertad contin\u00faa un tiempo en Caracas, pero luego se autoexilia y se va a Nueva York, y de all\u00ed a Montreal. Parece curioso que haya escogido el camino del exilio justo cuando publica la que se puede considerar su obra cumbre: <em>Los cuentos grotescos<\/em>. Aunque ya sabemos c\u00f3mo era el momento pol\u00edtico de Venezuela bajo G\u00f3mez. No hab\u00eda mucho para escoger.<\/p>\n\n\n\n<p>Regresa despu\u00e9s de cierto tiempo, en 1938, como senador por el estado Carabobo ante el congreso nacional; luego ocupa un Ministerio y la presidencia de su estado natal. Pocaterra fallece en Montreal en 1955; poco tiempo antes vino a ver, por \u00faltima vez, a despedirse acaso, de su ciudad, con motivo del cuarto centenario, cuando pronunci\u00f3 aquel emotivo discurso cuyo t\u00edtulo parafraseamos hoy: <em>Valencia, la de Venezuela<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Como hemos podido ver, es corto el tiempo que vivi\u00f3 aqu\u00ed en la ciudad. De hecho, si consideramos que naci\u00f3 en 1889 y fue encarcelado pr\u00e1cticamente al cumplir los 18, pero que uno comienza a ver m\u00e1s o menos el mundo a los cinco a\u00f1os, fue poco m\u00e1s de una d\u00e9cada, una docena de a\u00f1os, la de su experiencia en estas tierras, previa a las obras que hoy queremos comentar: entre 1895 y 1907.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 nos centramos en estos a\u00f1os? Porque las obras donde menciona a Valencia o habla m\u00e1s de ella fueron cercanas o posteriores: <em>El doctor Beb\u00e9<\/em> escrita en 1911-12, los <em>Cuentos grotescos<\/em> publicados en 1922\u2026 Sin embargo, debemos hacer la salvedad de que varios de estos relatos se escribieron en la c\u00e1rcel (como dijimos), o en otros momentos. Por ejemplo, <em>Panchito Mandefu\u00e1<\/em> es de 1915, y el espacio en el que se desarrolla la historia es Caracas, donde se observa un problema que creo que todav\u00eda no ten\u00edamos aqu\u00ed en Valencia para ese entonces: el tr\u00e1fico.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, \u00bfc\u00f3mo era Valencia, la de ese tiempo, la de Pocaterra? Veamos algunos datos:<\/p>\n\n\n\n<ul>\n<li>Seg\u00fan el censo m\u00e1s cercano para la fecha (1891), la poblaci\u00f3n del estado Carabobo era de 160.000 habitantes. Y como en esos tiempos el crecimiento poblacional era poco (por distintas variables como guerras, epidemias, etc.), suponemos que no ser\u00eda muy diferente una d\u00e9cada m\u00e1s tarde.<\/li>\n\n\n\n<li>En cuanto a la ciudad, la constante hist\u00f3rica era de un 37% del total del estado, lo que nos permite suponer una Valencia de poco m\u00e1s de 60.000 almas.<\/li>\n\n\n\n<li>En su crecimiento, ya la ciudad hab\u00eda rebasado la cuadr\u00edcula original, hacia el norte por Camoruco, en el sur hacia Santa Rosa.<\/li>\n\n\n\n<li>El ferrocarril que conectaba con el Puerto funcionaba desde 1888 y con Caracas desde 1894.<\/li>\n\n\n\n<li>Se contaba con servicios de tranv\u00eda desde 1900; este se hizo el\u00e9ctrico en 1915; tambi\u00e9n hab\u00eda tel\u00e9grafo, tel\u00e9fono, entre otros.<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p>Para efectos de continuar con nuestro relato, voy a hacer una partici\u00f3n, un poco bastante arbitraria, dejando por un lado las obras que est\u00e1n o pueden estar ambientadas en la capital de Carabobo. En primer lugar, tenemos las novelas, de las cuales la \u00fanica que transcurre casi totalmente en Valencia es<em> Pol\u00edtica feminista o El doctor Beb\u00e9. <\/em>Aunque una parte, casi al final, es en Puerto Cabello.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego est\u00e1n los <em>Cuentos grotescos<\/em>. Y aun dentro de estos caben distinciones. Para efectos pr\u00e1cticos, haremos una subdivisi\u00f3n, arbitraria pero necesaria:<\/p>\n\n\n\n<ul>\n<li>S\u00f3lo hay unos pocos relatos expl\u00edcitamente \u201cvalencianos\u201d, como <em>La bruja,<\/em> <em>La mista<\/em>, el recordado <em>Matasantos<\/em>, <em>Los come-muertos<\/em>, que mencionan sitios espec\u00edficos de la capital carabobe\u00f1a;<\/li>\n\n\n\n<li>Aunque <em>El rosal de la cascabel <\/em>es m\u00e1s una par\u00e1bola que un cuento<em>, Su se\u00f1or\u00eda el visitador<\/em> es un poco anterior a la vida de Pocaterra y <em>Patria la mestiza <\/em>transcurre en las afueras, hacia Barrera, en la v\u00eda al Campo de Carabobo.<\/li>\n\n\n\n<li>Luego tenemos los cuentos que son <em>caraque\u00f1os, <\/em>como el mencionado <em>Panchito Mandefu\u00e1, Bast\u00f3n pu\u00f1o de oro, <\/em>entre otros.<\/li>\n\n\n\n<li>Tambi\u00e9n nos encontramos con historias que transcurren en otras localidades o lugares: <em>La ciudad muerta <\/em>presumiblemente en el llano<em>; El chubasco<\/em>, en una embarcaci\u00f3n en el lago de Maracaibo donde est\u00e1n dos personajes: un coriano y un zuliano.<\/li>\n\n\n\n<li>Por \u00faltimo, los relatos que no tienen una clara referencia o alusi\u00f3n a lugar, como <em>La llave<\/em>, <em>La I latina, Orop\u00e9ndola, Mefist\u00f3feles, <\/em>entre otros. De algunos de estos, sin embargo, sospecho que sean \u201cvalencianos\u201d.<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p>Entonces, ya vimos c\u00f3mo era demogr\u00e1ficamente esa Valencia de los tiempos de Pocaterra. Ahora la conoceremos un poco m\u00e1s, a trav\u00e9s de la lectura de los <em>Cuentos grotescos <\/em>y de la novela <em>El doctor Beb\u00e9<\/em>, sobre todo en esta \u00faltima, ya que en los cuentos el autor se detiene un poco menos en los espacios y se concentra m\u00e1s en los hechos. Haciendo una categorizaci\u00f3n, a la manera de los etn\u00f3grafos, nos encontramos con un conjunto de informaciones bastante interesantes que nos permiten ver la vida cultural, espiritual, pol\u00edtica y hasta sentimental de aquella ciudad algo pueblerina, que se asomaba t\u00edmidamente al siglo XX.<\/p>\n\n\n\n<p>Comenzamos este viaje al pasado de nuestra ciudad, a trav\u00e9s de la pluma de Pocaterra, diciendo que a principios de 1900 Valencia era una ciudad muy tranquila, con poca vida nocturna. El primer p\u00e1rrafo de <em>El doctor Beb\u00e9 <\/em>se encarga de enfatizarlo: \u201cEn Valencia no se halla qu\u00e9 hacer de noche\u201d. Coincide en este dictamen nuestro autor con el juicio de Luisa Gal\u00edndez, quien sosten\u00eda que la capital carabobe\u00f1a era una ciudad <em>nuevera<\/em>, queriendo dar a entender que todo mor\u00eda a las nueve.<\/p>\n\n\n\n<p>Precisamente a esa hora deambulaba el personaje principal, Pepito: <em>cuando en la torre da el l\u00e1nguido doble de las nueve por el descanso de las benditas \u00e1nimas, las calles rectas de la ciudad adormecida apenas recogen el eco de un paso apurado<\/em> (p. 5). Recordemos que, por contraste, para la \u00e9poca Caracas ten\u00eda ya una \u201crutilante\u201d vida nocturna, gracias al alumbrado p\u00fablico y al establecimiento de unos cuantos lugares, de la buena y de la mala vida, tal como refieren, entre otros autores, como P\u00edo Gil en <em>El cabito<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, las fuentes de entretenimiento de los j\u00f3venes tal vez no difer\u00edan demasiado de lo que ser\u00eda un pueblo, un pueblo grande: ir al r\u00edo, <em>tirando \u201cpancotas\u201d en el pozo del Jabillo; <\/em>y para los m\u00e1s grandes, ir<em> en procesi\u00f3n desde el sitio del Socorro hasta el Morro<\/em> (p. 11). Y aunque ya hab\u00eda cinemat\u00f3grafo, el repertorio de proyecciones al parecer era preferentemente piadoso (sobre esto volveremos luego).<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, ahora tambi\u00e9n estaba la novedad de pasear por la avenida de Camoruco los domingos (p. 13). Algo que se hac\u00eda, pienso yo, un poco a imitaci\u00f3n de la Caracas guzmancista, que desfilaba por el paseo hom\u00f3nimo del gobernante; y a su vez esta lo hab\u00eda tomado del Par\u00eds del tercer imperio. O sea, \u00e9ramos como una copia de la copia de la idea (con permiso de Octavio Paz, quien compuso la frase).<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, en aquella Valencia de Pocaterra los domingos <em>una larga hilera de coches desfilaba por la avenida <\/em>(p. 43); no hace falta decir cu\u00e1l, pues era pr\u00e1cticamente la \u00fanica digna de menci\u00f3n. Por cierto, es oportuno se\u00f1alar cierto sesgo clasista o de distinci\u00f3n el hecho de hacer este paseo en carruaje o a caballo; aunque no se dice de manera expl\u00edcita, lo de andar a pie no ser\u00eda muy bien visto, raz\u00f3n por la cual el personaje, Pepito, deb\u00eda a los cocheros una buena cantidad, para poder presumir de su estatus.<\/p>\n\n\n\n<p>No ser\u00eda de extra\u00f1ar que, en una ciudad con tan pocas fuentes de entretenimiento, donde <em>las amistades se hacen consuetudinarias<\/em> y perduran como por obligaci\u00f3n o resignaci\u00f3n, la llegada del Doctor Beb\u00e9, el presidente del estado Carabobo designado por Cipriano Castro, haya sido un acontecimiento que saca del tedio a la ciudad y al que acude buena parte de la poblaci\u00f3n: <em>toda la Valencia social<\/em>, seg\u00fan un improvisado reportero de la \u00e9poca, que figura como personaje en la novela.<\/p>\n\n\n\n<p>Adicionalmente, en este aspecto de la socializaci\u00f3n o m\u00e1s bien de propiciar espacios de socializaci\u00f3n, todav\u00eda la religi\u00f3n jugaba un papel determinante, mucho m\u00e1s que ahora, sin que con esta afirmaci\u00f3n neguemos del todo su importancia actual. Pero creo que Pocaterra no la miraba con buenos ojos; si bien no era declaradamente antirreligioso o ateo, s\u00ed parec\u00eda bastante antidogm\u00e1tico. En no pocas ocasiones se expresa con sorna, al presentar a los creyentes o la manera como estos experimentan las verdades de la fe; como cuando describe, en <em>El doctor Beb\u00e9<\/em>, una versi\u00f3n cinematogr\u00e1fica de la pasi\u00f3n de Cristo:<\/p>\n\n\n\n<p>La pel\u00edcula contristaba los \u00e1nimos: un Jes\u00fas flaco como un arenque, atado a la columna, recib\u00eda latigazos, imitados tras la tela con golpes dados en un caj\u00f3n. La sonoridad de carnes de Nuestro Se\u00f1or causaba profunda l\u00e1stima y pon\u00eda odios en aquellos corazones cristianos\u2026 Algunas l\u00e1grimas acudieron a los corazones de las mujeres\u2026 (p. 33).<\/p>\n\n\n\n<p>Le daban un lanzazo, se mor\u00eda, surgiendo luego en apoteosis complicada sobre nubes de algod\u00f3n\u2026 (p. 34).<\/p>\n\n\n\n<p>El mismo tono mantiene para referirse a los prelados de la iglesia; as\u00ed dice, describiendo a un sacerdote: <em>el abdomen se hinchaba violentamente bajo la bata blanca\u2026 al trasluz, las piernas cristalinas sosten\u00edan su hinchaz\u00f3n como dos estacas miserables<\/em>.De igual modo procede con los creyentes, que rayan en la ingenuidad o caen en la desmesura. En <em>Su Se\u00f1or\u00eda el visitador<\/em>, novicias, monjas, sacerdotes, son vilmente enga\u00f1ados por la labia de un ladr\u00f3n refinado que se hace pasar por cardenal.<\/p>\n\n\n\n<p>Recordamos el cuento de <em>Matasantos <\/em>en el que el personaje en su delirio acaba con las im\u00e1genes de yeso de la iglesia de San Blas. Es en este relato donde m\u00e1s se prodiga en la s\u00e1tira; as\u00ed describe el mencionado <em>templo de barrio<\/em>: \u201ces una iglesia churrigueresca, fabricada a retazos, con dos torrecitas techadas de zinc, que rematan en una pi\u00f1a sin estilo alguno en la fachada, abriendo la nave central bajo una estatua del Santo, deste\u00f1ida en su hornacina y que se est\u00e1, ben\u00e9volo, con la nariz de piedra comida por a\u00f1os\u2026\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Siguiendo con el relato, luego del suceso en el que el matasantos destruye las im\u00e1genes, pululan por la ciudad fabulaciones de la m\u00e1s diversa \u00edndole: \u201ca una viejita de El Tejal se le apareci\u00f3 el esp\u00edritu de un sobrino pol\u00edtico y le dijo que Valencia estaba maldita, porque iba a pasar una cosa muy grande. Dos d\u00edas antes cay\u00f3 un rayo en el monolito y en la m\u00e1quina del reloj de la Torre, parada de pronto en las cinco y cuarto, \u00a1a la hora misma en que se descubri\u00f3 el crimen, se encontr\u00f3 una lechuza muerta\u2026!\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Aprovecho la oportunidad en que hablamos de este relato para aclarar una confusi\u00f3n hist\u00f3rica. He escuchado varias veces a algunos habitantes de San Blas decir con orgullo que ellos son \u201cmorre\u00f1os\u201d y \u201cmatasantos\u201d. Lo primero es indudable, indiscutible; sin embargo, lo segundo no se ajusta a los hechos contados en el relato: el Matasantos ven\u00eda de \u201cm\u00e1s all\u00e1 de Flor Amarillo\u201d; y cuando en medio de los disturbios en que se enfrenta una turbamulta variopinta, los de Flor Amarilla son acogidos con una rechifla: Matasantos, Matasantos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora, tengo para m\u00ed que Pocaterra se burla m\u00e1s de las personas o de ciertas formas particulares de la devoci\u00f3n, cercanas a la superstici\u00f3n, antes que de las escrituras. En algunas de las cartas hiperb\u00f3reas me parece que tiene una postura ambivalente con respecto a las religiones: por un lado, critica a la iglesia cat\u00f3lica y a los altos cargos dentro de esta, porque le parece que son muy benevolentes con los d\u00e9spotas; y tambi\u00e9n fustiga a la beater\u00eda; por la otra, simpatiza en momentos con alg\u00fan cura de parroquia que ha sido v\u00edctima de injusticias (Arria y Mu\u00f1oz, 2010). Pero, definitivamente, no ve en la religi\u00f3n la soluci\u00f3n a nuestros problemas.<\/p>\n\n\n\n<p>Tampoco parece verla en la educaci\u00f3n, por lo menos no en el estado actual de cosas para su momento y\/o en la ciudad de Valencia. Este tema que ya hab\u00eda sido tratado en <em>La I latina<\/em>, aparece en otros pasajes de su obra y en otros cuentos. Por ejemplo, en <em>La mista <\/em>presenta un panorama nada alentador sobre la instrucci\u00f3n p\u00fablica; al parecer en los tiempos de Castro no se hab\u00edan tomado a\u00fan muy en serio el decreto de Guzm\u00e1n Blanco. Y ni la cantidad de escuelas, ni la condici\u00f3n de las mismas o aun los sueldos de los docentes daban para pensar en que aquella fuera una educaci\u00f3n de calidad.<\/p>\n\n\n\n<p>De hecho, el protagonista de <em>La mista <\/em>se encontraba en una situaci\u00f3n m\u00e1s que lamentable, viviendo al fiado y cayendo a la larga en la locura, cansado de esperar quijotescamente una soluci\u00f3n que viniera en forma de un cargo y de una escuela mixta. Esta situaci\u00f3n tambi\u00e9n la vemos en un personaje, m\u00e1s que secundario, casi an\u00f3nimo de <em>El doctor Beb\u00e9: <\/em>el maestro Verd\u00fa, respecto al cual Pepito exclamaba, grit\u00e1ndole a la madre: <em>\u00bft\u00fa crees que yo soy Verd\u00fa, para vivir con quince pesos?, <\/em>con lo cual daba a entender que los maestros estaban en un escal\u00f3n m\u00e1s bajo que los secretarios de oficina p\u00fablica, como Pepito, que ganaban 40 pesos.<\/p>\n\n\n\n<p>Volviendo al tema de la avenida de Camoruco y el urbanismo, su apertura y uso como espacio de socializaci\u00f3n y sosiego hab\u00eda permitido ir ampliando la zona de la ciudad donde habitaban las personas pudientes, alej\u00e1ndose estas cada vez m\u00e1s del centro; lo cual es mucho m\u00e1s notorio en nuestros d\u00edas, donde las zonas exclusivas se ubican hacia la periferia, aunque tambi\u00e9n hay una periferia otra, por as\u00ed decirlo.<\/p>\n\n\n\n<p>En este sentido, hasta las proximidades de lo que fuera la estaci\u00f3n del ferrocarril, lo que hoy d\u00eda es la universidad de Carabobo, aun vemos esas casonas se\u00f1oriales de la \u00e9poca. Un poco m\u00e1s al norte, hacia la zona que conocemos como la Ceiba, vivir\u00eda Pepito (personaje de <em>El doctor Beb\u00e9<\/em>) junto con su cu\u00f1ada y con su esposa, una vez casado. En esta periferia de la periferia, pese a la aparente mejora en cuanto estatus habitacional para el personaje, llevar\u00eda m\u00e1s bien como una existencia pastoril. (Por cierto, de esa zona tengo un conocimiento de primera mano debido a que fue donde transcurri\u00f3 la infancia de mi abuelo.)<\/p>\n\n\n\n<p>Siguiendo con el tema de los bordes, los cuentos <em>Los come-muertos <\/em>y<em> La casa bruja <\/em>est\u00e1n ubicados tambi\u00e9n en espacios marginales de la ciudad, en el sentido que se le da al t\u00e9rmino tradicionalmente en sociolog\u00eda, es decir, al margen en cuanto al trazado urbano, lo cual significa muchas veces al margen en cuanto a la econ\u00f3mico, debido tambi\u00e9n al hecho de estar fuera del disfrute de los servicios p\u00fablicos b\u00e1sicos.<\/p>\n\n\n\n<p>En<em> Los come-muertos <\/em>encontramos una de las primeras menciones de los migrantes europeos, en este caso italianos, dentro de la ficci\u00f3n breve en Venezuela (debe haber otras, seguramente, pero no vienen al caso). Es parad\u00f3jico, sin embargo, que de esa \u00e9poca sea la primera <em>Ley de Extranjeros<\/em>, promulgada por Cipriano Castro en 1903, la cual surgi\u00f3 en respuesta al bloqueo. Esta ley ten\u00eda m\u00e1s bien por objeto controlar las actividades de los extranjeros en el pa\u00eds. Tal vez ello favorec\u00eda a que vivieran algunos de ellos en mala situaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan el cuento de Pocaterra, los <em>italianos que com\u00edan muertos<\/em> viv\u00edan pared de por medio con el cementerio de Morillo, en los terrenos donde hoy d\u00eda es el Palacio de Justicia y sus alrededores. Seg\u00fan Jenny de Tallenay, quien visit\u00f3 nuestra ciudad en los tiempos del guzmancismo, al parecer, cuando los familiares de los difuntos no hab\u00edan pagado la cuota correspondiente, era costumbre sacar a estos de sus tumbas y amontonarlos en una zona cualquiera, entre el cementerio y el cerro cercano, que es la fila de Guacamaya, en la zona conocida como el Calvario:<\/p>\n\n\n\n<p>Una torre bastante espaciosa a lo alto de la cual llevaba una escalera de caracol, llam\u00f3 nuestra atenci\u00f3n. Subimos por ella y cu\u00e1l no fue nuestro horror cuando legamos a una estrecha plataforma, al constatar que todo el interior de este edificio circular estaba tan lleno de osamentas confundidas de tal modo que lo colmaban casi enteramente. Cr\u00e1neos desnudos surg\u00edan aqu\u00ed y all\u00e1 en este l\u00fagubre amontonamiento de desechos humanos (De Tallenay, 1954).<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que presumo, atando cabos de estas distintas fuentes, es que los italianos del cuento no tendr\u00edan un oficio muy digno que digamos. Tal vez se dedicar\u00edan a recuperar la ropa a\u00fan en estado de ser usada por alg\u00fan vivo, ya que a los difuntos no les har\u00eda tanta falta. De all\u00ed el apodo que los ni\u00f1os daban en el cuento a los italianos, pues en cierto modo com\u00edan a expensas de los muertos. Yo nac\u00ed y me cri\u00e9 por esa zona, y cuando era ni\u00f1o todav\u00eda circulaban algunas leyendas sobre ese camposanto. En alguna ocasi\u00f3n escuch\u00e9 en las historias familiares la expresi\u00f3n <em>el cementerio de las cabecitas<\/em>; lo que me lleva a suponer que eso era lo que abundaba por all\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>En el caso del cuento de <em>La casa de la bruja<\/em>, se menciona otro lugar en el borde de la ciudad de Valencia, \u201cpor las colinas de Agua Blanca\u201d. Yo vivo ahora hacia esa zona, cerca de donde hoy d\u00eda est\u00e1 el Aquarium, y muchas veces me he preguntado si todav\u00eda existir\u00e1 o d\u00f3nde est\u00e1 o estaba exactamente la casa de la bruja. Cre\u00ed haberla encontrado, pues una casa que quedaba cerca del cruce de la avenida Anzo\u00e1tegui con Navas Sp\u00ednola, ten\u00eda las caracter\u00edsticas de la descrita en el cuento, y no est\u00e1 lejos de la monta\u00f1a. Lamentablemente no conservo foto y la casa ya no existe.<\/p>\n\n\n\n<p>Pese a todo esto que hemos venido viendo, Valencia la de Pocaterra era una ciudad que comenzaba a mostrar signos de modernizaci\u00f3n, por lo menos en cuanto a tecnolog\u00eda se refiere. Ya hablamos del tema del ferrocarril y del tranv\u00eda. Presumimos que el que se se\u00f1ala en el Doctor Beb\u00e9 no era el tranv\u00eda el\u00e9ctrico todav\u00eda, pues este llega a la ciudad en 1915; la fecha de nombramiento de Samuel Ni\u00f1o como presidente del estado fue 1907 y la escritura de la novela es de 1911-1912, seg\u00fan coloca el mismo autor al final.<\/p>\n\n\n\n<p>Todav\u00eda no hab\u00eda autom\u00f3viles o por lo menos no los menciona Pocaterra. La gente se movilizaba a pie o a caballo, en carreta o tranv\u00eda. Pero s\u00ed hab\u00eda tel\u00e9fono. Y al igual que sucedi\u00f3 con el surgimiento del celular para nosotros, en fechas m\u00e1s recientes, el invento de Graham Bell marc\u00f3 en un primer momento una distinci\u00f3n social. Las Belzares, personajes de la novela <em>El doctor Beb\u00e9<\/em>, ten\u00edan tel\u00e9fono, gracias a su vinculaci\u00f3n afectiva con el presidente del estado. Y pese a que lo usaban indiscriminadamente (<em>los primeros d\u00edas el transmisor no ten\u00eda descanso<\/em>), no les serv\u00eda para comunicarse con sus amigas o familiares (presumimos que estos no ten\u00edan tel\u00e9fono), sino que: <em>Ya era Bella que solicitaba en las tiendas telas absurdas\u2026 Algunas veces Misia Justina, con voz atronadora que se o\u00eda en el vecindario, solicitaba en las quincallas \u201ccalleras para hombre\u201d <\/em>(p. 70).<\/p>\n\n\n\n<p>Siguiendo con los medios de comunicaci\u00f3n, un detalle curioso, que me llama bastante la atenci\u00f3n, es que los personajes de <em>El Doctor Beb\u00e9 <\/em>parec\u00edan preferir leer los peri\u00f3dicos de Caracas, para estar al d\u00eda. Una vez llega a mencionar Pocaterra un peri\u00f3dico local: <em>Ca\u00edn<\/em>, conel cual trabaj\u00f3. Sin embargo, s\u00f3lo dice que una hoja de este diario se usaba para envolver una botella (p. 85), como burl\u00e1ndose de s\u00ed mismo o de la prensa local.<\/p>\n\n\n\n<p>Dec\u00edamos que la Valencia de Pocaterra comenzaba a mostrar signos de modernizaci\u00f3n tecnol\u00f3gica, pero no en otros sentidos. No creo estar descubriendo nada nuevo, ni ofendiendo a nadie, si digo que hab\u00eda una clara diferenciaci\u00f3n de roles de acuerdo con los g\u00e9neros. En <em>El doctor Beb\u00e9 <\/em>y en varios de los cuentos grotescos, las mujeres tejen, bordan o tocan piano en sus casas; van a bailes o a misa; Misia Ana Josefa era <em>celadora<\/em> de la Anunciaci\u00f3n. Pero no ten\u00edan trabajos remunerados. En tanto que los cocheros, dependientes de tiendas, empleados p\u00fablicos, son hombres. Por fortuna, los tiempos ya son otros.<\/p>\n\n\n\n<p>Este tema me permite encadenar con otro, que no era solo propio de ese tiempo, pues a\u00fan no ha dejado de ser el nuestro; y es el asunto de las conexiones con los organismos del Estado, o m\u00e1s bien con los que ocupan cargos en dichos organismos, como una posibilidad de acceder a una mejora econ\u00f3mica; adem\u00e1s, est\u00e1 el hecho de que ocupar esos puestos, aunque no se tuviera o se tenga ning\u00fan m\u00e9rito, los hac\u00eda y hace parecer mejores a tales personajes, aunque no lo fueran ni lo sean. Tal vez en este y otros aspectos antes mencionados, la Valencia de Pocaterra a\u00fan sigue siendo un poco la nuestra.<\/p>\n\n\n\n<p>En cualquier caso, como siempre decimos los perpetradores de ficciones, <em>cualquier parecido con la realidad<\/em>\u2026 Este es apenas el esbozo de un retrato de Valencia; una Valencia beata, aburrida pero con ganas de salir del marasmo, orgullosa y sin embargo siempre dispuesta a dejarse embaucar por el primer encantador de serpientes; y es un retrato entrevisto a trav\u00e9s de los libros de Pocaterra. Mejor dicho, esta es su visi\u00f3n de la ciudad, escrita desde el recuerdo, desde la a\u00f1oranza, tal vez desde el acaso.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Arria, P. y Mu\u00f1oz, V. (2010). Jos\u00e9 Rafael Pocaterra ante la condici\u00f3n humana. Esp\u00e9culo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid. Disponible: https:\/\/www.biblioteca.org.ar\/libros\/151456.pdf<\/p>\n\n\n\n<p>Balza, J. (1996). El cuento venezolano. Caracas: Universidad Central de Venezuela.<\/p>\n\n\n\n<p>Corominas, J.&nbsp; (1976). Diccionario etimol\u00f3gico de la lengua castellana. Madrid: Gredos.<\/p>\n\n\n\n<p>De Tallenay, J. (1954). Recuerdos de Venezuela. Caracas: Ediciones del Ministerio de Educaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Jim\u00e9nez E., G. (1989). Relatos venezolanos del siglo XX. Caracas: Biblioteca Ayacucho.<\/p>\n\n\n\n<p>Meneses, G. (1955). Antolog\u00eda del cuento venezolano. Caracas, Monte \u00c1vila.<\/p>\n\n\n\n<p>Pocaterra, J.R. (1956). Obras selectas. Madrid: Edime.<\/p>\n\n\n\n<p>Pocaterra, J.R. (varios a\u00f1os). Cuentos Grotescos. Caracas: Monte \u00c1vila. <\/p>\n\n\n\n<p>Uslar Pietri, A. (1995). Letras y hombres de Venezuela. Caracas: Monte \u00c1vila.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/rafael-victorino-munoz\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">Publicado en: Revista Estudios Culturales, 17(33), enero-junio 2024. Imagen: puente Morillo, grabado de <a href=\"https:\/\/www.facebook.com\/Fritz.Kuper?__tn__=-UC*F\">Fritz K\u00fcper<\/a>. <\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rafael Victorino Mu\u00f1oz Comencemos por revisar una parte del itinerario vital de Jos\u00e9 Rafael Pocaterra, m\u00e1s espec\u00edficamente su trayecto inicial, hasta el a\u00f1o 1922 que es cuando aparecen sus Cuentos grotescos (por razones que m\u00e1s adelante espero que se comprendan). Seg\u00fan la versi\u00f3n m\u00e1s aceptada, nuestro personaje naci\u00f3 el 18 de diciembre de 1889, en [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":18448,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18444"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=18444"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18444\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":18445,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18444\/revisions\/18445"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/18448"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=18444"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=18444"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=18444"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}