{"id":18438,"date":"2026-03-24T17:18:43","date_gmt":"2026-03-24T21:48:43","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=18438"},"modified":"2026-03-25T16:37:19","modified_gmt":"2026-03-25T21:07:19","slug":"en-primera-fragmentos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/en-primera-fragmentos\/","title":{"rendered":"En primera (fragmentos)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Ennio Tucci<\/h4>\n\n\n\n<p>La crisis comenz\u00f3 mucho antes de notarla y al darnos cuenta ya hab\u00edan pasado cuatro a\u00f1os. La pareja se qued\u00f3 sin espacio. La casa se nos llen\u00f3 de juguetes por la sala, la escalera, la terraza y el comedor. Ahora solo queda este auto chocado que viaja con nosotros, las deudas, una pila de recuerdos regados por todas partes y los libros, dos bibliotecas que deben separarse y dos hijas demasiado peque\u00f1as para entenderlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Estoy dejando toda mi vida atr\u00e1s y no dejo de pensar en las ni\u00f1as. Mi primera hija, Mercedes, hab\u00eda llegado con toda la preparaci\u00f3n necesaria. Desde la operaci\u00f3n de varicoceles hasta las tres lecturas del libro Qu\u00e9 esperar cuando se est\u00e1 esperando; pasando por el conteo de las contracciones entre la media noche y las siete de la ma\u00f1ana; los nervios propios de dos padres primerizos que quer\u00edan serlo; el m\u00e9dico que forz\u00f3 el nacimiento con una inyecci\u00f3n, adem\u00e1s se afan\u00f3 en terminar tan r\u00e1pido que le rompi\u00f3 la clav\u00edcula al nacer y no dijo nada.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed es, naci\u00f3 marcada por el dolor y nos dimos cuenta muy tarde, cuando una protuberancia esf\u00e9rica le sali\u00f3 bajo el cuello y gracias a una radiograf\u00eda encontramos explicaci\u00f3n a su llanto infinito, su insomnio, nuestro desvelo, su inapetencia a la teta despu\u00e9s del primer biber\u00f3n y la posterior mastitis cr\u00f3nica.<\/p>\n\n\n\n<p>Margarita, en cambio, lleg\u00f3 a toda velocidad. A las once de la noche comenzaron las contracciones y a la una y media de la madrugada ya hab\u00eda nacido. Desde entonces es apasionada y tiene deseos de ir m\u00e1s r\u00e1pido. Le gustan las emociones fuertes, dar volteretas, correr, ponerse de cabeza, saltar. Y adora a su hermana mayor. Siempre le lleva el tetero, pide m\u00e1s para su hermana y le hace cualquier favor que le pida. Una vez hasta la defendi\u00f3 de un ni\u00f1o m\u00e1s grande que ella y ni siquiera sab\u00eda hablar.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando Margarita ven\u00eda en camino compramos un volvaguito negro que se nos hizo como un tercer hijo. Un S\u00faper escarabajo negro que viaj\u00f3 con nosotros desde entonces y fue asistido por los malandros en dos ocasiones. La primera, un 24 de diciembre, justo frente a la casa nos rompieron la ventanilla triangular del conductor para robarnos la bater\u00eda, rompiendo candados y todo.<\/p>\n\n\n\n<p>La segunda, dos eneros m\u00e1s adelante, un grupo de vagos armados y borrachos encontr\u00f3 divertido romper la ventana del conductor y ponerlo en neutro para verlo rodar calle abajo. El carro se subi\u00f3 a la acera y se estrell\u00f3 contra la pared de un vecino dejando abierto el maletero del frente, sacaron la caja de herramientas y el gato hidr\u00e1ulico, cosas que esa misma ma\u00f1ana le estar\u00edan ofreciendo en venta a mi hermano menor en el barrio. Eso sucedi\u00f3 este a\u00f1o. As\u00ed que comenzamos juntos, reparando nuestros choques como reparando un coraz\u00f3n roto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p>Aquella ma\u00f1ana se contaban veinticuatro d\u00edas del primer apag\u00f3n general del pa\u00eds, primera promesa cumplida por un loquito que se proclam\u00f3 Presidente de la Rep\u00fablica en medio de una manifestaci\u00f3n a inicios de a\u00f1o. Cosas que solo pasan en Venezuela.<\/p>\n\n\n\n<p>Una semana antes hab\u00edamos firmado los papeles que disolv\u00edan todo y acordado el r\u00e9gimen de visitas, y hac\u00eda dos d\u00edas bajamos el motor y la caja al escarabajo para reparar la segunda, porque estaba pegada. En horas de la noche, la carga para viajar a M\u00e9rida con la primera parte de la mudanza estaba lista en la sala: una bicicleta, la computadora completa, dos impresoras, algo de papel y tintas; una prensa de madera, dos guillotinas, una l\u00e1mpara de mesa, dos maletas de ropa, un compresor y varias herramientas. El carrito deb\u00eda soportar todo y rodar bien por m\u00e1s de catorce horas.<\/p>\n\n\n\n<p>Hicimos una prueba en la tarde, para determinar el lugar correspondiente a cada cosa en el peque\u00f1o espacio de nuestro Volkswagen. El asiento trasero ir\u00eda en el techo, amarrado a la bicicleta para dar espacio a una especie de maletero interior que permitir\u00eda meter todo y dejar despejada la vista del parabrisas trasero.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquella noche tampoco hab\u00eda electricidad y nos retrasamos reparando el techo de la casa en medio de la oscurana. Yo era el conductor a cargo y deb\u00eda dormir, pero no pude pegar un ojo hasta entrada la medianoche; justo a las tres de la madrugada lleg\u00f3 la electricidad, nos pusimos en marcha a cargar el escarabajo con todo lo previsto y a cocinar algo para el camino.<\/p>\n\n\n\n<p>A las cinco de la madrugada ya estaba todo dentro del carro, incluyendo las botellas de gasolina y las arvejas con yuca. Quince minutos despu\u00e9s comenzamos a empujarlo hacia la calle. El arranque se hab\u00eda fundido dos d\u00edas antes en una vuelta de prueba, por lo que otra vez tendr\u00edamos que prenderlo empujado. Despu\u00e9s del segundo intento el motor estaba en marcha y pod\u00edamos salir.<\/p>\n\n\n\n<p>Me baj\u00e9 para abrazar a los negritos, quienes se quedar\u00edan cuidando la casa en condici\u00f3n de guardianes. Mam\u00e1 y yo deb\u00edamos atravesar m\u00e1s de mil kil\u00f3metros de carretera con una mudanza cuyo \u00fanico aval era una constancia que nos firm\u00f3 el consejo comunal detallando todo lo que llev\u00e1bamos.<\/p>\n\n\n\n<p>La primera hora transcurri\u00f3 sin inconvenientes, con las calles solitarias y oscuras, pudimos llenar el tanque de gasolina al salir de la ciudad, presentamos la constancia de mudanza a la primera alcabala y nos encomendamos a Dios haci\u00e9ndonos la se\u00f1al de la cruz.<\/p>\n\n\n\n<p>El tema de conversaci\u00f3n siempre fue el mismo durante la primera hora, todo rompimiento es dif\u00edcil y m\u00e1s cuando hay ni\u00f1os, hasta que un polic\u00eda nos hizo detener para preguntarnos la hora, una raz\u00f3n bastante impertinente en medio de la madrugada. Justo est\u00e1bamos saliendo de Sabaneta y pensamos que se enamorar\u00eda o pedir\u00eda \u00abpa\u2019l fresco\u00bb, como es tradici\u00f3n en el pa\u00eds. Solo nos pregunt\u00f3 la hora y para d\u00f3nde \u00edbamos; al escuchar que para M\u00e9rida, pel\u00f3 los ojos y dijo: \u00abnaguar\u00e1 de lejos\u00bb, y nos dej\u00f3 seguir.<\/p>\n\n\n\n<p>Deb\u00ed tom\u00e1rmelo con calma, pero se hizo presente mi habitual miedo a los uniformados, a quienes temo m\u00e1s que a los delincuentes, entonces empuj\u00e9 de m\u00e1s la palanca de cambios, la caja de velocidades traquete\u00f3 m\u00e1s fuerte que de costumbre y se qued\u00f3 pegada en primera sin posibilidad de sacarla.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa reparaci\u00f3n que hice d\u00edas atr\u00e1s con la ayuda de Bibi hab\u00eda sido justamente esa, despegar una velocidad. Algo muy sencillo, considerando que dos personas sin mayor experiencia pueden hacerlo bajando el peque\u00f1o motor y la caja de velocidades con la ayuda de un gato, abriendo la tapa del varillaje<br>y con un destornillador haciendo palanca para levantar el pasador de la primera, para luego cerrarlo y poner todo en su sitio. Yo recordaba todo el procedimiento y, si era necesario, tendr\u00eda que hacerlo yo mismo para ahorrar el dinero que no ten\u00eda. Bibi se hab\u00eda conformado con algunos kilos de harina y arroz en forma de pago, pero eso fue m\u00e1s por la confianza de ser los m\u00e1s flacos de la calle, quiz\u00e1s por los a\u00f1os que ten\u00edamos conoci\u00e9ndonos y tal vez un poco de solidaridad.<\/p>\n\n\n\n<p>Avanzamos pegados en primera, oficialmente accidentados en un carro de cuarenta y cinco a\u00f1os de antig\u00fcedad que se qued\u00f3 pegado al comienzo de un viaje que requiere por lo menos catorce horas. La decisi\u00f3n m\u00e1s sabia era dar vuelta y regresar, llevar el carro al mec\u00e1nico y repetir el procedimiento anterior para reparar correctamente el problema, pero en momentos as\u00ed uno no piensa bien las cosas y busca la forma de aferrarse al plan. La palanca estaba pegada en primera, pero el carro segu\u00eda andando.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquel viaje era una huida en defensa propia y estaba convencido de que no podr\u00eda ser de otra forma. Los meses anteriores transcurrieron entre descubrimientos dif\u00edciles de procesar en el fin de una relaci\u00f3n que dur\u00f3 quince a\u00f1os. Sumada a los cambios de rutina, una fila de rostros compungidos por lo sucedido y unos cuantos \u00abyo no quer\u00eda decirte, pero\u2026\u00bb, que en lugar de consolar hac\u00edan m\u00e1s grande el problema.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/ennio-tucci\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ennio Tucci La crisis comenz\u00f3 mucho antes de notarla y al darnos cuenta ya hab\u00edan pasado cuatro a\u00f1os. La pareja se qued\u00f3 sin espacio. 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