{"id":18408,"date":"2026-03-16T17:07:05","date_gmt":"2026-03-16T21:37:05","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=18408"},"modified":"2026-03-16T17:07:06","modified_gmt":"2026-03-16T21:37:06","slug":"cronicas-de-la-rotunda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cronicas-de-la-rotunda\/","title":{"rendered":"Cr\u00f3nicas de \u00abLa Rotunda\u00bb"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Jos\u00e9 Rafael Pocaterra<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>Los \u00abjoropos\u00bb de Nereo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Nereo tiene un \u00abpredilecto\u00bb. Un predilecto para atormentar. A todo trabajo penoso o sucio llama:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Garci\u00edta!<\/p>\n\n\n\n<p>Es un chicuelo de catorce a\u00f1os, de nombre Jos\u00e9 Mar\u00eda Garc\u00eda, natural de Guarenas. Era empleado mandadero de la botica de Los Amadores, propiedad del se\u00f1or Pedro Bastardo; fue a llevar una nota para traer unas medicinas del mayor de dicha farmacia; en la esquina del Conde, al pasar frente a la casa del se\u00f1or Antonio Pimentel, notando que sal\u00eda humo de una de las ventanas, se detuvo. Sobrevino una explosi\u00f3n; varios fragmentos de cristal le hirieron en el vientre y en las manos; corri\u00f3 gente, y un gendarme le detuvo, le meti\u00f3 en un coche, le condujo a la polic\u00eda; de ah\u00ed al hospital, y cuatro d\u00edas despu\u00e9s, enfermo a\u00fan de las heridas, le trajeron otra vez al Cuartel de Polic\u00eda, y de aqu\u00ed, a La Rotunda, donde se le puso a tormento para que declarase si era \u00e9l, enviado por el se\u00f1or Bastardo, quien hab\u00eda arrojado la bomba; como negara, proclamando su inocencia, le colgaron por los pies, le aplicaron luego un tortol en el est\u00f3mago, le dieron de palos. No pudieron lograr del infeliz muchacho otra cosa que la protesta de su inocencia. Un tiempo le tuvieron con dos pares de grillos; ahora est\u00e1 de ordenanza en el presidio. Y desde esa fecha, 16 de septiembre de 1914, a las siete de la noche, que tuvo la desgracia de pasar en el instante en que estallaba una bomba frente a la casa de Pimentel, hasta ahora, el desdichado chico sobrellevaba una existencia precaria, enfermo e idiotizado.<\/p>\n\n\n\n<p>Pimentel pertenece al entourage del general G\u00f3mez, su compadre, su socio, hasta el otro d\u00eda secretario general o ministro de Hacienda\u2026 Es millonario, poderoso, feliz\u2026 Sus amigos dicen que no tiene mal coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Garci\u00edta, en cambio, se venga del destino desafiando la c\u00f3lera de Nereo. Este le ha dado palizas terribles porque les mete comida suya o de otros a los que est\u00e1n sitiados por hambre m\u00e1s severamente, \u00abLos militares\u00bb, o sea, la serie de calabozos de los oficiales del 38 al 29. Cuando Nereo salta sobre \u00e9l y con el \u00abclub\u00bb le aporrea b\u00e1rbaramente, el heroico ni\u00f1o, l\u00edvido e indefenso, le escupe a la cara:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Pegue, Nereo! \u00a1H\u00e1rtese pegando!<\/p>\n\n\n\n<p>Y no son las voces airadas de los presos, ni las imprecaciones que salen de todos los calabozos, sino la fatiga de golpear lo que detiene al fin al verdugo. El ni\u00f1o, recogido, contra\u00eddo bajo la lluvia de porrazos, se cruza de brazos con los ojos \u00e1ridos de odio y a\u00fan le desaf\u00eda:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Pegue\u2026! \u00a1Pegue m\u00e1s!<\/p>\n\n\n\n<p>Al que apodan El Loquito, un muchacho Mej\u00eda, de profesi\u00f3n farmac\u00e9utico, ya le han dejado de mano\u2026 Flaco, desorbitado, haciendo esas tristes e inmundas cosas que hacen los locos con una expresi\u00f3n de ausencia que aleja toda burla y toda c\u00f3lera, no obstante hemos de presenciar c\u00f3mo Nereo le da de palos; y cuando ciertas noches est\u00e1 excitado por el cuarto creciente y habla tonter\u00edas, para obligarle a estar callado Nereo le pone un acial\u2026 Vosotros, j\u00f3venes barbilindos de Las Gradillas; vosotros, padres de familia de Caracas y del interior, que est\u00e1is \u00abeducando bien\u00bb a vuestros hijos y pase\u00e1is de un extremo a otro de la tierra del miedo por una carretera que han hecho el dolor y el despotismo, \u00bfno sab\u00e9is lo que es un acial? <\/p>\n\n\n\n<p>Muy sencillo: se le pasa al hombre loco que no resiste una cuerda por la cabeza en forma de aro, a \u00e9sta, de un lado, se le introduce una varilla para hacer el torzal\u2026 V\u00e1sele dando vuelta hasta que la cuerda sobre el cerebelo y sobre las comisuras de la boca abierta hace tal presi\u00f3n que inmoviliza los maxilares, la lengua queda, abajo, naturalmente, bien tenida por la cuerda tensa; y como al acialado se le atan previamente las manos, ulula, gru\u00f1e, se tuerce hasta que cae al suelo desesperado, llorando sin sollozos porque el acial no permite otra manifestaci\u00f3n que un ronquido. En los ojos de la v\u00edctima hay una angustia de bestia apu\u00f1alada. <\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfVerdad que ser\u00eda terrible y regocijado ponerles aciales a los senadores y a los diputados de estos \u00faltimos congresos?<\/p>\n\n\n\n<p>En todo caso, ya veis, el loco Mej\u00eda vivi\u00f3 unos d\u00edas as\u00ed. Muri\u00f3 tirado en un rinc\u00f3n, entre trapos y excrementos. A Nereo no le dejaba dormir el angustioso mon\u00f3logo del loco; le silenci\u00f3 con un acial, y fuimos entonces nosotros los que no pod\u00edamos dormir. Al fin le sacaron aquella otra ma\u00f1ana, cosido en un trapo.<\/p>\n\n\n\n<p> A poco de sacar el cad\u00e1ver los ordenanzas por el mismo hueco o buz\u00f3n por donde nos meten a todos y por el que pasan la comida, Nereo toma un arpa y se instala en el pasadizo de entrada\u2026 Sus manos diestras recorren el cordaje: vibra un \u00abjoropo\u00bb c\u00e1lido, otros compases desfallecen y se agrupan, como huidos en una escala tr\u00e9mula, mientras que irrumpen los graves del \u00abescobillado\u00bb\u2026 Luego, un valse\u2026 Luego, una tonada. El verso se afirma y se desenvuelve\u2026 Despu\u00e9s, Alma Llanera; al fin, una canci\u00f3n quejumbrosa y mulata<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Darwin y la teor\u00eda de la selecci\u00f3n<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Hoy observ\u00e9 mirando al patio que Ir\u00fa, mientras lavaba unas ropas cerca de la pila, le ech\u00f3 garra a una paloma que por all\u00ed picoteaba. Fue a las dos de la tarde. Nadie, excepto yo, se ha dado cuenta seguramente. El animalito desapareci\u00f3 bajo el mont\u00f3n de ropas como un rel\u00e1mpago\u2026 Y luego, cazurro, Ir\u00fa ech\u00f3 a andar para su calabozo y baj\u00f3 su cortina De all\u00e1 le oigo canturrear unos compases de joropo:<\/p>\n\n\n\n<p><em>No me diga m\u00e1s compadre<br>que el muchacho se muri\u00f3,<br>vamos a encajar la jacha<br>\u00a1que eso lo perdona Dios!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La boca se me hace agua. \u00a1La hartada de paloma que va a darse Ir\u00fa! Le refiero a mi compa\u00f1ero lo que acabo de ver. Le insin\u00fao que si echamos boronas junto a la cortina las palomas vendr\u00e1n, y habituadas as\u00ed, un buen d\u00eda saco la mano\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Y las plumas, \u00bfd\u00f3nde botamos las plumas? <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pues en el \u00abpollino\u00bb, debajo, todos los d\u00edas un poquito, como hicimos con la tierra de los huecos del \u00abtel\u00e9fono\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Le brilla a Juliac en los ojos una chispa de malicia. Tambi\u00e9n su boca luce rebosada y h\u00fameda\u2026 Baja luego la testa calva; est\u00e1 as\u00ed un rato. Parece que se tratara del cuadrado de la hipotenusa. Al fin, surge meditaci\u00f3n transfigurado, asc\u00e9tico, insobornable:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1No; nos comemos una paloma de Medina y Medina nos devora a nosotros!<\/p>\n\n\n\n<p>La idea no me abandona. Y paso horas enteras echando migajas cerca del ruedo y d\u00e1ndoles confianza\u2026 En el pilar de enfrente hay dos casares. El matrimonio del lado exterior de la cornisa es m\u00e1s moderno que el otro: la hembra es gris com\u00fan; el macho es todo tornasolado y con la garganta de acerina. Por las ma\u00f1anas se despiojan, se arrullan, h\u00e1cense un amor apresurado al cual la hembra dif\u00edcilmente accede en un torbellino de plumitas, y se van para los techos, para Caracas, para el sol. Regresan por las tardes, toman su agua, picoteando aqu\u00ed o all\u00e1 y rec\u00f3gense a dormir, fatigados, despegados, como un matrimonio de la clase obrera que regresa a La Pastora en su tranv\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>En la faz que mira a la izquierda anida un palomo blanco, con tres salpicaduras de chocolate en las alas\u2026 Dir\u00edase que usa mon\u00f3culo y toma en grande la vida amorosa\u2026 Y digo anida \u00e9l porque cada dos o tres d\u00edas cambia de hembra, \u00a1y qu\u00e9 hembras se trae el bandolero! Palomitas pitimin\u00ed, pizpiretas, que apenas tienen cuerpo para soportarle las acometidas; lindas colombas de buche hermoso como mujeres de treinta a\u00f1os, doncellitas albas que le expulgan y le adormecen, y le apuran y le excitan, hasta que a la cuarta o quinta \u00abreprise\u00bb el don Juan de la Cornisa escapa al techo y all\u00e1 salta de teja en teja, como un se\u00f1or fino pasando un charco, detr\u00e1s de otra solterita adventicia\u2026 Pero no me enga\u00f1a\u2026 Aquello es por el \u00abqu\u00e9 dir\u00e1n\u00bb, por \u00abquedar bien\u00bb con la exigente que le observa agazapadita en el nido, esper\u00e1ndolo que llegue con renovadas energ\u00edas\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s all\u00e1, bajo los canales, hay un matrimonio que se lleva mal. Ella se instala en lo mejor del nidal; \u00a1le atiza cada aletazo al marido! Y \u00e9ste \u2014como en la vida social de especies superiores\u2014 se conforma con que no se le vaya ostensiblemente de picos pardos o de alas abiertas con otro. Y el pobrecillo duerme casi sobre una pata, guardando el equilibrio\u2026 Del lado derecho del pilar otra tragedia dom\u00e9stica: la paloma se va y est\u00e1 d\u00edas por ah\u00ed, por la azotea y otros pilares, de vacaciones\u2026 El esposo espera que el hogar la llame. Y s\u00f3lo est\u00e1n tranquilos cuando un par de pichones de pico voraz y cuellos de tripa la retienen por el instinto ma ternal y bajo la paternidad putativa del pl\u00e1cido \u00abcocu\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>No hay que suponer pueril esta observaci\u00f3n atenta en el dom\u00e9stico de las palomas\u2026 Como compensaci\u00f3n social, he aqu\u00ed que en el mismo vecindario, en el pilar inmediato, aloja una desgraciada cuyo marido se hace despiojar por todas las palomas casadas y viudas del palomar. Porque entre los animales no existe el tipo de la solterona. El celibato s\u00f3lo es masculino y voluntario. La hembra, bonita o fea, apenas empluma y vuela metros ya tiene encima a su amante. Desde este punto de vista, la organizaci\u00f3n colombina es altamente moral. Lo que yo no s\u00e9 es de d\u00f3nde han sacado eso de la inocencia de la paloma. \u00a1Bestezuela m\u00e1s sensual y refinada \u2014m\u00e1s ego\u00edstas los machos y m\u00e1s\u2026 abandonadas las hembras\u2014 no creo que exista! Un mono casero resulta un San Luis Gonzaga.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos estos matrimonios son desconfiados, inquietos, volantones. Me comen las migas, y cuando la sombra de mi mano se desliza tras de la cortina, echan a volar desvergonzadamente para sus amores o para sus ba\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>La pila central, con estos calores, es un balneario: una orla de plumaje, una pompa de alas\u2026 Revolando se humedecen las patitas martirizadas por cabellos humanos, hieren el cristal tibio del agua con el pico vivaz y se coronan de roc\u00edo. Algunos machos, urgidos, cubren sus compa\u00f1eras y las de sus amigos, de un modo brutal y perentorio en plena playa. Hay ri\u00f1as enconadas, hay injusticias sociales: maridos acobardados, consortes infieles que les ponen en rid\u00edculo de un modo alado\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Mi v\u00edctima ya la tengo vista. Es precisamente la de enfrente. La pareja m\u00e1s burguesa, m\u00e1s tranquila, m\u00e1s ordenada, m\u00e1s amante. Son fecund\u00edsimos, como las gentes humildes que se acuestan temprano. El ya viene con el buche lleno de mijo para los pichones y pleno de arrullos para la madre. Que es fe\u00faca, de un blanco sucio, la pechuga ca\u00edda, con la santa fealdad y la carencia de morbidez de la madre frecuente. Con todo y ser tan leal \u2014el otro d\u00eda, estando sola, repeli\u00f3 a aletazos y pico a un palomo atrevido del vecindario, que los hay que se aventuran en ausencia de los maridos\u2014, y, sin embargo, \u00a1oh verg\u00fcenza de nuestro sexo m\u00e1sculo! Aunque no tengo gran cosa que reprocharle al marido de aquella santa\u2026 paloma, ya le he pillado en corcovos y medias vueltas y tornasolear de buche y brinquito de vejete \u00e1gil con la de la canal, cuyo marido duerme sobre una pata\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el palomo de la honrada no es mala persona. Est\u00e1 robusto, bien cuidado, y se toma confianzas junto a mi cortina\u2026 Yo saco la mano, y \u00e9l no se aleja mucho. El otro d\u00eda vino y me pic\u00f3 en la palma. No es mala persona. Est\u00e1 gordo. Se me pone que la buena, la honrada, la casta esposa, la excelente madre, se va a quedar viuda si no me vienen fondos. <\/p>\n\n\n\n<p>El mundo es as\u00ed. La teor\u00eda de Darwin nunca fue m\u00e1s exacta. Yo soy de la especie selectiva, de la que debe vivir a expensas de otra. Y eso que tengo grillos y mi v\u00edctima tiene alas\u2026 De aqu\u00ed pueden deducirse dos principios alternos: uno biol\u00f3gico, el otro\u2026 con arroz. Juliac observa mis idas y venidas insidiosas a la cortina, mis largas asechanzas. De repente exclama:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Decididamente, tienen raz\u00f3n los antrop\u00f3logos: \u00a1la raza m\u00e1s cruel es la blanca!<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No, doctor: la raza m\u00e1s cruel ser\u00e1 siempre la que tenga m\u00e1s hambre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El \u00abjefe \u00fanico\u00bb y el \u00abcojo \u00fanico\u00bb<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Un preso de La Rotunda o del patio \u2014as\u00ed se llama el recinto que divide las dos erg\u00e1stulas\u2014 viene cerca y da la hora en un pedazo de hierro all\u00ed colgado. Ning\u00fan amante, ni a\u00fan el mismo Trist\u00e1n de Breta\u00f1a, ni Hero aguardando a Leandro en la noche, midi\u00f3 jam\u00e1s el tiempo con la ansiedad exacta con que un preso mide la exacta marcha de las horas\u2026 Me habit\u00fao a ir adormeciendo el tiempo inacabable con pensamientos ajenos a cuanto me rodea\u2026 Permanezco tendido en la tabla, con los ojos clavados en el techo o en los muros leporinos acribillados de tachas oscuras de apuntaciones a u\u00f1a, de escrituras torpes, o diestras con un pedazo de ladrillo o con un menguado l\u00e1piz. Cerca de los pies, en la pared, \u00abClaro Campo\u00bb \u2014un guyan\u00e9s que falleci\u00f3 aqu\u00ed, sobre este madero\u2014. M\u00e1s all\u00e1, una nota de comidas: \u00ab2 panes, 1 queso, tres pa- pelones\u00bb, y firma \u00abAureliano Robles\u00bb. Este general falleci\u00f3 tambi\u00e9n en el 41, como el teniente coronel Carlos Garc\u00eda Carvallo. Arriba, a un extremo, una nota grabada con algo punzante en el calizo: \u00abLeopoldo Ortega Lima\u2026\u00bb \u00bfEs que muri\u00f3 aqu\u00ed? Nadie sabe. Le conoc\u00ed mucho: un joven de talento, hijo mayor del general Leopoldo Ortega. Su madre, mujer de rara energ\u00eda e inteligencia, enviud\u00f3 joven. Era hija del general Evaristo Lima, sobrina del centauro Luis Loreto. Y su hijo mayor, apenas adolescente, la esperanza de su viudez, aqu\u00ed se lo mataron a hambre, a maltratos. Hay unos cuantos pensamientos amargos y desolados, ciertas estrofas de Jos\u00e9 de Diego, borrosas, que \u00e9l o alg\u00fan otro copi\u00f3 en el muro. M\u00e1s all\u00e1, como un volante editorial, el anuncio de un libro que sin duda pens\u00f3 escribir: \u00abLa Rotunda por dentro\u00bb\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>De todos aquellos letreros, y aquellas notas y aquellos escupitajos sanguinolentos se desprende, \u00edntegra, una historia: la historia de la bestialidad andina, la tremenda epopeya de las agon\u00edas silenciosas, de las hambres y de las torturas. Todos estos calabozos est\u00e1n impregnados de tuberculosis. Entre los presos se notan ya los se\u00f1alados por la enfermedad que no perdona.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1El pobre coronel Am\u00e9rico Spinetti, cuya voz ahogada y atiplada escucho a ratos! Le he visto marchar, exang\u00fce, l\u00edvido, con los hombros enflaquecidos; los v\u00e9rtices de sus pulmones casi perforan la pobre blusa\u2026 A un ordenanza llamado Ram\u00f3n Isidro Rend\u00f3n le han tenido que dejar de lado. Pasa las horas tendido en el suelo aguardando la muerte\u2026 A su lado, V\u00edctor Caricote, que parece una momia, acoge con ira y con maldiciones la proximidad de caer, derrengado, aniquilado. La forma intestinal de la tuberculosis es la que suele presentarse en los \u00faltimos d\u00edas\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Por las tardes, despu\u00e9s que pasa \u00abel rancho\u00bb \u2014los potes inmundos de granos picados flotando en salmuera, y que los ordenanzas introducen por debajo de las cortinas bajo el ojo inquisidor de Nereo\u2014, vuelvo a mi observatorio\u2026 He cambiado algunas palabras con Nereo. Al irse, una voz sigilosa me llama de la celda de al lado\u2026 <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQui\u00e9n?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Soy yo\u2026 Lucas Manzano\u2026 \u00a1\u00abGonfal\u00f3n\u00bb!<\/p>\n\n\n\n<p>Me sorprende verle all\u00ed. El, tan metido con M\u00e1rquez Bustillos, tan amigo de todos los del Gobierno. Me dice que un \u00abchisme\u00bb de alguno le hizo \u00abrodar\u00bb; que tiene all\u00ed d\u00edas y que me reconoci\u00f3 la voz\u2026 Le aflige la idea de su mujer, de sus hijitas. Pero no deja de bromear a costa del hambre y de las penas que estamos pasando. Con una pasmosa vivacidad me informa de \u00abqui\u00e9nes nos quedan por la derecha\u00bb: Torres Abandero, el doctor Juan Jos\u00e9 Abreu, el doctor Juliac; m\u00e1s all\u00e1, en el 48, \u00faltima celda junto a la escalera, bajo una doble cortina de mantas clavadas, est\u00e1 el doctor Aquiles Iturbe. A los oficiales de la derecha les tienen sitiados por hambre.<\/p>\n\n\n\n<p>Sigilosamente nos vamos poniendo en contacto de celda en celda\u2026 Es un vasto c\u00edrculo de sorpresas. Algunos no comen, otros est\u00e1n enfermos, unos cuantos \u00abno se quieren comunicar\u00bb por temor de \u00abcomprometerse\u00bb. Y de seguidas, ayudado por mis vecinos y por los ordenanzas, identifico a casi todos los presos que cruzan el patio o se instalan a las puertas de sus celdas\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Aquel, erguido con la barbilla aguda y las canas airadas, que contempla el cielo pensativamente, es el doctor Francisco de Paula Reyes, una v\u00edctima propiciatoria que han golpeado los m\u00e1s crueles dolores estando preso. Es la tercera o cuarta vez que le encarcelan. Cada puesta en libertad es para que vaya junto al f\u00e9retro de alg\u00fan hijo muerto. Ese otro, moreno, flaco, de grueso bigote gris y aire fr\u00edo y reservado, es Reyes Moncayo. Miguel Delgado Chalbaud, sentado en un banquito, habla con N\u00e9stor Luis P\u00e9rez, que parece de cera: sus orejas est\u00e1n transparentes, su breve silueta se pierde en la holgada blusa.\u00bfEs este mismo el hombre en\u00e9rgico, vivaz e inquieto con quien yo conspiraba en 1912?<\/p>\n\n\n\n<p>Pasa Ram\u00f3n P\u00e1rraga; hace mucho ruido al andar, porque los grillos son livianos. Tiene paral\u00edtica una pierna y ponerle hierros es otra crueldad est\u00fapida. Un algo de locura revelan sus enormes ojos negros. Cada grupo parece tener sus horas de salir al patio. Con la tarde van llegando al c\u00f3nclave. Dij\u00e9rase, sin embargo, que hoy se han puesto de acuerdo para que los veamos a todos, en una especie de muda salutaci\u00f3n. Reconozco a Ferm\u00edn Huizi, a Rafael Ricardo Revenga, al coronel Ponte Urbaneja, a don Pancho Rivero Saldivia, socarr\u00f3n y amable, con su vieja malicia que nos arranca carcajadas por su manera sard\u00f3nica de contestar los desplantes de Nereo. <\/p>\n\n\n\n<p>Norberto Borges \u2014tambi\u00e9n engrillado\u2014 arrastra dif\u00edcilmente su pierna inv\u00e1lida metiendo un ruido terrible. Est\u00e1 casi sordo, enflaquecido y envejecido. El paral\u00edtico P\u00e1rraga y el cojo Borges son los dos exponentes de una sola crueldad vil, con la circunstancia de que el alcaide Medina tiene una pata de palo. Y ni siquiera por la solidaridad de la misma desgracia se apiada de estos dos hombres. A menos que la l\u00f3gica del alcaide Medina sea la de aquel oficial mexicano de Zapata que, yendo en camilla con un balazo, junto con otros tantos heridos, al volver del s\u00edncope, ech\u00f3 mano al rev\u00f3lver y les cay\u00f3 a tiros a los otros heridos:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Hijos de la chingada! \u00a1Aqu\u00ed no hay m\u00e1s herido que yo!<\/p>\n\n\n\n<p>Medina se habr\u00e1 dicho: \u00ab\u00a1Aqu\u00ed no hay m\u00e1s cojo que yo!\u00bb<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/pocaterra-jose-rafael\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">Fragmentos tomados de: <a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/memorias-de-un-venezolano-de-la-decadencia-tomo-ii\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Memorias de un venezolano de la decadencia (tomo II)<\/a><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Rafael Pocaterra Los \u00abjoropos\u00bb de Nereo Nereo tiene un \u00abpredilecto\u00bb. Un predilecto para atormentar. A todo trabajo penoso o sucio llama: \u2014\u00a1Garci\u00edta! Es un chicuelo de catorce a\u00f1os, de nombre Jos\u00e9 Mar\u00eda Garc\u00eda, natural de Guarenas. 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