{"id":18399,"date":"2026-03-16T15:47:45","date_gmt":"2026-03-16T20:17:45","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=18399"},"modified":"2026-03-16T15:53:48","modified_gmt":"2026-03-16T20:23:48","slug":"barcelona-fragmento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/barcelona-fragmento\/","title":{"rendered":"Barcelona (fragmento)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Alexander Vivas Misel<\/h4>\n\n\n\n<p>(I) CUERPOS J\u00d3VENES<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00a1PAFF! Me duele.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una sola bofetada basta para cegarme de odio hacia mi madre. Frunzo la boca mientras chispazos cortos de un aire caliente salen por mi nariz. Me encorvo. Mam\u00e1 aprieta sus pu\u00f1os en su vestido floreado, pareciera que lo quiere romper y suelta un estruendoso bramido, orden\u00e1ndome que la mire. Mis ojos se clavan en la pared grasienta pintada de un beige brillante, ardida por el resplandor del fuego de la cocina a gas, ardida como mi mejilla. Se me corta la respiraci\u00f3n y una l\u00e1grima, una miserable y malcriada l\u00e1grima, me traiciona y sale a pasear hasta llegar a mi boca. No desaprovecho la oportunidad y ordeno a mi lengua que la atrape, que se la coma, que la env\u00ede a mis v\u00edsceras para que por fin sea destruida por mi amarga bilis.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el televisor aparecen las im\u00e1genes mal sintonizadas de un hombre que muestra las suelas de sus zapatos desgastadas de tanto correr, y la espalda ensangrentada de un macho fornido cargando una res, desaguando el rojo vivo. Pap\u00e1 apaga el aparato. \u00a1PAFF! Otro golpe seco me espabila.<\/p>\n\n\n\n<p><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Oigo murmullos y un fino BIIIP, que se instala en mi o\u00eddo izquierdo. De pronto mis ojos se cruzan con los ojos encendidos de mam\u00e1. Ella esquiva mi mirada. En el fondo me entiende, solo est\u00e1 herida. Me habla dando pasos a mi lado, me habla pero no entiendo, mi mente ensordecida no reacciona y otra vez me cruza la cara. \u00a1PAFF! Esta vez la mano cae como la piedra amoladora de pap\u00e1. Pareciera que el aire pesado moviera las cosas de lugar y un silencio tenso nos invadiera, pero mis cuerdas vocales tambi\u00e9n me traicionan y sale sin permiso un grito, agudo y profundo. Siento mi mejilla hervir por el impacto, trato de levantarme de la silla y no puedo. Desde aqu\u00ed veo a mi padre y a mi hermana, paralizados, sin decir nada. Los dos sentados alrededor de la mesa de f\u00f3rmica de color verde p\u00e1lido y en las sillas del mismo material, muy a la moda en estos a\u00f1os ochenta.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A mi hermana, tres a\u00f1os m\u00e1s grande que yo, todo esto le importa un bledo: se lima las u\u00f1as y mira con el rabillo del ojo la escena. Ella siempre ha sido as\u00ed, es como el testimonio viviente de la historia de mi familia, nunca dice nada, siempre est\u00e1 callada, se escurre. Mi padre, muy reconciliador al ver que mi mam\u00e1 est\u00e1 fuera de s\u00ed, se interpone a la tercera cachetada, sujet\u00e1ndola por el brazo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00a1D\u00e9jalo ya tranquilo! \u00bfPor qu\u00e9 lo expulsaron del liceo? \u2014Pregunta insistente mi pap\u00e1, mirando fijo a mi vieja.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00bfPor qu\u00e9 va a ser? \u00a1Por no estudiar y por mala conducta! \u00a1Aqu\u00ed no quiero un vago, te vas de mi casa!\u2014Me grita mi madre, solt\u00e1ndose; la fuerza de pap\u00e1 no fue suficiente para sostenerla y me indica con su dedo la puerta.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Otra vez la mano me sacude: \u00a1PAF! \u00a1PAF! Ya no me duele y no quiero defenderme. Pap\u00e1 la toma por los dos brazos, tratando de hacerla reaccionar. \u00a1Lo vas a matar, tranquil\u00edzate! Su voz ronca de tanto gritar en la calle el pescado fresco que vende de sol a sol, se expande en la cocina. Me emociono y mis ojos se humedecen nuevamente, mi boca tiembla y quiero abrazar a mi padre, pero sostengo mi emoci\u00f3n. Para sorpresa de todos pap\u00e1 se juega un as; una carta que no esperaba. <em>Voy a hablar con el licenciado Belisario, el director del liceo nocturno, para que lo acepte y pueda salvar el a\u00f1o.<\/em> Mi madre escucha, pero no dice nada, se paraliza; mi hermana detiene el limado de sus u\u00f1as. Se raspa las cut\u00edculas con los dedos, alza la cabeza y me clava su mirada at\u00f3nita. Yo miro hacia abajo, al suelo de cemento rojo, lleno de peque\u00f1as gotas.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pap\u00e1 me ha salvado nuevamente, \u00e9l siempre lo hace, siempre tiene la soluci\u00f3n para todo, creo que a mam\u00e1 le irrita o le preocupa la idea, porque un leve y extra\u00f1o temblor en sus labios comienza a notarse. <em>\u00bfDe noche?<\/em>, \u2014pregunta\u2014, y pap\u00e1 alza los hombros y las manos sin decir nada y este gesto simple pero poderoso de alguna forma hace que mi madre se tranquilice. \u00a1Y ya est\u00e1! Mi respiraci\u00f3n se apacigua tambi\u00e9n, aunque admito que no estoy muy contento y no creo que la soluci\u00f3n sea un liceo nocturno con personas mucho m\u00e1s adultas que yo, pero, \u00bfhay otra salida? Le digo adi\u00f3s a mis duchas matinales, no tendr\u00e9 m\u00e1s excusa para visitar a mis compa\u00f1eros con el pretexto de ir a la biblioteca; ya no lavar\u00e9 ni planchar\u00e9 todas las tardes mi camisa escolar, porque de noche no se usa uniforme, son personas que van al liceo sudadas y cansadas de sus trabajos, unos perdedores que nunca lograron nada en la vida y se est\u00e1n dando a s\u00ed mismos otra oportunidad. Estudian por estudiar, por darle sentido a sus grises vidas. Ahora soy uno de ellos. Soy un perdedor.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; TSH.TSH.TSH. En el enmudecido ambiente mi hermana retoma su limar constante. Luego de una larga pausa, mam\u00e1 se suelta nuevamente de los brazos de pap\u00e1 y una vez m\u00e1s me golpea en el rostro sin vacilar. \u00a1PAFF! \u00a1PAFF! \u00a1PAFF! Ahora la miro desafiante, ya no tengo dolor, ya no tengo nada que perder, soy un adulto, un vulgar obrero que estudia de noche. Me levanto de la silla sin miedo, mi madre me ordena quedarme all\u00ed, no le hago caso. No me podr\u00e1 controlar m\u00e1s y que ni siquiera se le ocurra levantarme la mano, ser\u00e9 rebelde y nunca m\u00e1s le hablar\u00e9.<br><br><\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me voy a mi cuarto a tratar de poner en orden mis pensamientos, pero no puedo: el calor es sofocante en el interior de este cuartito. Sin embargo, me arropo de pies a cabeza y dejo que el sudor me ahogue. Me vence el cansancio y me rindo en los brazos de Morfeo: sue\u00f1o que estoy en un laberinto, desconcertado, perdido, desnudo corro y alguien me persigue, no s\u00e9 qui\u00e9n es. Este sue\u00f1o siempre se repite y nunca he visto el rostro de esa persona, en el fondo no s\u00e9 si quiero verle.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El olor a caf\u00e9 reci\u00e9n hecho impregna toda la casa, me despierta, abro los ojos, es de d\u00eda y estoy en mi cama empapado de sudor. Me levanto y veo a mi madre en el fondo de la casa rociando los \u00e1rboles de mango, ca\u00f1a de az\u00facar, pl\u00e1tano y guayaba. Se tiene que aprovechar el agua que llega solo hoy de ocho a diez de la ma\u00f1ana. En la radio anunciaron la suspensi\u00f3n del servicio hasta nuevo aviso. Mam\u00e1 me observa con una amable sonrisa en el rostro. <em>Ah\u00ed hay caf\u00e9, hijo<\/em>. Busco un pocillo y lo lleno, adoro el caf\u00e9, se me olvida todo despu\u00e9s de una buena taza. Es s\u00e1bado y hay que esperar el lunes para ir con mi pap\u00e1 a hablar con el licenciado Belisario. Tratar\u00e9 de no hacer mucho ruido ni llamar la atenci\u00f3n. Ordeno mi cuarto, mis pocas cosas, trato de aclarar mis ideas, enciendo el ventilador y me reconcilio con la vida. Escucho el andar ligero de mam\u00e1, abre la puerta y entra a mi habitaci\u00f3n, suspira, acomod\u00e1ndose su cabello te\u00f1ido de caoba y me dice que se va al mercado, que regresa al mediod\u00eda. Mi hermana y mi padre no est\u00e1n, supongo que trabajan.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Salgo al patio de la casa, me pierdo entre los \u00e1rboles buscando no s\u00e9 qu\u00e9. <em>\u00a1SITHS! \u00a1SITHS! \u00a1SITHS!<\/em> Oigo un silbido casi silencioso que viene del otro extremo del muro. Me asomo a un hoyo que tiene la pared y descubro el rostro de mi vecino Chicho: un hombre de contextura fuerte, de una treintena de edad y de piel oscura quemada por el sol. Me hace se\u00f1as a trav\u00e9s del agujero, cuchicheando muy bajito. Chicho se aleja del hueco y mientras camina hacia atr\u00e1s veo su cuerpo casi desnudo, si no fuera porque lleva puesto un short-pantal\u00f3n de poli\u00e9ster que deja entrever un paquete muy pronunciado en su entrepierna y que Chicho manosea de vez en cuando sin disimulo, haciendo que se me ponga la carne de gallina.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Chicho se encarama en el gran muro que separa mi barriada con un matorral, seguido de la urbanizaci\u00f3n privada \u00abSanta Clara\u00bb; no muy lejos est\u00e1 la laguna \u00abLa Chocolatera\u00bb, aqu\u00ed en la periferia de la ciudad de Barcelona. Chicho camina por el borde de esa muralla, encendiendo un cigarrillo y mir\u00e1ndolo todo, mientras yo aprovecho para saltar la pared lateral que divide las viviendas. Entro a la casa de Chicho por la puerta trasera. Mi vecino, despu\u00e9s de un buen rato haci\u00e9ndose el equilibrista, se baja para encontrarse conmigo. Me mira, me sonr\u00ede, se aproxima a m\u00ed, me toma de la mano y me lleva al fondo de la habitaci\u00f3n y ahora soy yo quien camina por la cuerda floja.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; TIC TAC TIC TAC, un reloj kitsch de madera barnizada con detalles florales suena a las once y media de la ma\u00f1ana. Mi madre no tardar\u00e1 en regresar, pero no me preocupa, si llega y no estoy inventar\u00e9 cualquier cosa, mientras tanto Chicho acaricia mi nuca con su bigote. Me besa baj\u00e1ndome poco a poco el short-pantal\u00f3n, susurr\u00e1ndome al o\u00eddo. <em>\u00bfTe gusta, verdad? \u00a1Dime que s\u00ed!<\/em> Yo tiemblo pegado a la tapia y de pronto escucho que al otro lado se emite el sonido de una voz femenina, quiz\u00e1s es mi madre que habla con alguien y oigo por un momento mi nombre: \u00a1Leonardo Jos\u00e9! Cierro los ojos y me dejo llevar, pegado a ese mampuesto r\u00fastico.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Chicho roza sin parar mis nalgas con su verga dura, y sus gemidos se hacen a\u00fan m\u00e1s fuertes y se entremezclan con los sonidos de esa voz filtrada que repite mi nombre a trav\u00e9s del vac\u00edo de este muro sin frisar, en esta habitaci\u00f3n que tampoco tiene ventanas. Luego de un rato me escabullo, me desato de sus brazos corpulentos, me despego del tabique y corro hacia el porche de la casa. Chicho trata de detenerme, tom\u00e1ndome fuerte por la cintura con sus manos que parecen de asbesto. Con todas mis fuerzas despego sus dedos de mi abdomen, giro la mirada y veo su rostro moreno enrojecido. Le rehuyo temeroso.Abro la puerta y salgo a la calle sudado, acelerado y tembloroso.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los muchachos de mi barrio est\u00e1n jugando a la \u00abpelota de goma\u00bb, todos con los torsos desnudos, saltando, corriendo de un lado al otro. Mi amor plat\u00f3nico, Emiliano, se me planta enfrente, mir\u00e1ndome a los ojos con la sonrisa p\u00edcara, c\u00f3mplice. De pronto baja la mirada y les grita a los otros chicos que se apuren con la pelota, gesto que me permite pasar desapercibido entre el grupo. Corro y entro por la puerta del frente de mi casa. Mam\u00e1 est\u00e1 en el negocio que tenemos, un peque\u00f1o quiosco anexo en donde vendemos verduras, frutas y refrescos.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>\u00bfD\u00f3nde estabas?, \u00bfpor d\u00f3nde andabas?<\/em>, \u2014me interroga mi madre\u2014. Me clava esa mirada de destornillador filoso, tratando de desenroscar las palabras atascadas en mi garganta, juntando cada uno de los nerviosos tornillos que se desprenden de m\u00ed. Respondo con inquieto gargareo: <em>Eh, yo, eh\u2026<\/em> Mam\u00e1 me acribilla con sus ojos puntiagudos y siento ese mismo miedo que sent\u00ed dos a\u00f1os atr\u00e1s cuando me toc\u00f3 la dura tarea de darle la noticia de la muerte de mi hermano, esa escabullida de aire descontrolada de mis pulmones. \u00ab\u00a1Dios m\u00edo, no puedo respirar! \u00bfQu\u00e9 puedo inventar?\u00bb. Mam\u00e1 me acorrala y se detiene en esa cacer\u00eda minuciosa de porqu\u00e9s, \u00ab\u00bfpor qu\u00e9 est\u00e1s tan sudado? \u00bfPor qu\u00e9 tienes el short tan arriba? \u00bfPor qu\u00e9 esto? \u00bfPor qu\u00e9 lo otro?\u00bb Ella trata de juntar las piezas de este rompecabezas, pero no coinciden. Sabe muy bien que cualquier cosa que diga en este momento ser\u00e1 mentira. Me hab\u00eda visto salir de la casa de Chicho, as\u00ed que no tengo otra salida, le voy a decir la verdad. <em>Estaba en<\/em><em> <\/em><em>casa de Margot<\/em>, \u2014le digo con un nervioso tono en la voz\u2014. <em>Estaba<\/em><em> <\/em><em>ayudando a Chicho a cargar unas cajas. <\/em>Respiro y exhalo; la miro fijamente a los ojos, ret\u00e1ndola. Un suspiro entrecortado sale de su nariz, esquivando mi mirada. <em>Qu<\/em><em>\u00e9<\/em><em>date aqu\u00ed, que estoy<\/em><em> <\/em><em>ocupada en la cocina, <\/em><em>\u2014<\/em>me dice\u2014. Me arremango los pantalones y entro al quiosco.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con el pulso a\u00fan acelerado, me apoyo en el mostrador de tablas y lat\u00f3n. Desde este chiringuito miro el afuera, como si el ventanal fuese una gran pantalla. Veo en primera fila el para\u00edso: cuerpos exhaustos de muchachos saltarines, ariscos, corriendo tras una pelota de goma. Desde alguna de las casas vecinas suena la canci\u00f3n \u00abDomino dancing\u00bb de \u00abPet Shop Boys\u00bb y la banda sonora invita a los varones a bailar y sentirse alegres. Algunos hacen comentarios y bromas, s\u00e9 que hablan de m\u00ed, pero no les hago caso, quiz\u00e1s se percatan de que soy muy de otra \u00e9poca. Soy m\u00e1s adulto, aunque somos de la misma edad; bueno, ellos est\u00e1n un poco m\u00e1s crecidos que yo, debe ser la falta de deporte.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Chem\u00edn, Goyo, Nen\u00e9, El negro, Pedro Luis, Lisandro, Cheo, Euclides, Rafucho, Cara e\u2019tabla, Miguelito, Elio, Johny, Dani, Masca chinche, Henri, Cuca cag\u00e1, Ramoncito, Bartolo y \u00e9l, Emiliano, el m\u00e1s guapo de todos, el \u00fanico que me ha mostrado simpat\u00eda, ser\u00e1 porque su madre y la m\u00eda son como hermanas y los dos nacimos casi al mismo tiempo; \u00e9l es mayor que yo por una semana.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mis amigas, Yajaira, Odalys, Yamilet y Zulay se dan cuenta de que estoy solo en el puesto y se acercan a saludarme, saben que desde el tenderete pueden observar muy bien c\u00f3mo juegan los chicos; yo las saludo y salto sobre el mostrador y tomo una escoba para limpiar el frente, hago algunos traspi\u00e9s tratando de bailar con la canci\u00f3n: <em>All day, all day, Watch them all fall down, All day, all day, Domino dancing<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/em>Mis amiguitas solo r\u00eden lanzando suspiros al equipo improvisado de baseball. Algunos de los muchachos les hacen insinuaciones amorosas. Emiliano interrumpe con un gesto de querer jugar la pelota, tom\u00e1ndola y golpe\u00e1ndola contra el suelo, haci\u00e9ndola que rebote. <em>\u00a1Bueno, vamos a darle! \u00bf<\/em><em>Qui<\/em><em>\u00e9n le da <\/em><em>primero? <\/em>Emiliano mira con esos ojos de tigre a sus amigos que est\u00e1n distra\u00eddos con las chicas y despu\u00e9s de un rato se cruza con mis ojos que lo desnudan, que lo queman a fuego lento. Quiere disimular, pero no puede. Yajaira se da cuenta, dice algo entre un chasquido de dientes mientras se toca el cabello. No le hago caso. No existe nadie a mi alrededor, solo nuestros ojos que se empe\u00f1an en chocar. Luego, Emiliano me habla: <em>Oye Leo,<\/em><em> <\/em><em>\u00bfquieres jugar?<\/em>, \u2014me dice directamente\u2014. Y ese \u00ab\u00bfquieres jugar?\u00bb me resuena en todo el cuerpo, me hace vibrar. Me est\u00e1 invitando a jugar con \u00e9l. \u00bfQuiere que juegue a la pelota? \u00a1No, hombre! Me invita a jugar la vida con \u00e9l, la andanza con \u00e9l, la entrega con \u00e9l. Entiendo el mensaje, me aventuro y entro al juego.<br><br><\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00a1Anda a jugar con mu\u00f1equitas, mami!\u2014me grita Lisandro.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00a1No vale, ese no juega nada!\u2014dice Miguelito, ri\u00e9ndose.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00a1A \u00e9l lo que le gusta es el bate \u2014replica Euclides por all\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y todos se desploman de la risa, pero yo, desafiante, acepto jugar, a pesar de las burlas, de las miradas libidinosas, del chasquido de dientes. Corro hacia la base que me indica Emiliano y de un golpe veo la pelota cual una bala de fuego que viene hacia m\u00ed y no dudo en capturarla. Mis manos arden y el alarido un\u00edsono de mis amigas retumba en la calle; en medio de esa barah\u00fanda, se escucha un grito a\u00fan m\u00e1s fuerte, a\u00fan m\u00e1s agudo: <em>\u00a1\u00a1\u00a1Bartolo!!!,<\/em> \u2014grita la se\u00f1ora Antonia\u2014. Es fijo que a las doce del mediod\u00eda llame a su hijo con su rugido estrepitoso para ordenarle ir a comer y, de paso, le dice el men\u00fa del d\u00eda: <em>\u00a1\u00a1\u00a1Pollo con espaguetis!!! <\/em>Bartolo suelta el cart\u00f3n vac\u00edo de leche que tiene entre las manos, que simboliza un guante de b\u00e9isbol, y corre hacia su casa. El resto del grupo tambi\u00e9n se escabulle. La calle se queda vac\u00eda, salvo Emiliano y yo, paralizados, mir\u00e1ndonos enrojecidos.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Veo a mi pap\u00e1 con su espalda encorvada, regresando del trabajo, montado en su bicicleta de reparto y como de costumbre tocando la bocina de \u00abLa Nave\u00bb, como \u00e9l le dice. Corro e inmediatamente salto de nuevo la barra y me instalo como si nada en el tarant\u00edn. Pap\u00e1 pasa por el medio de la calle, de ese asfalto rayado con tiza blanca por el juego, y coloca la bici justo al frente de la tienda.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00a1Bendici\u00f3n, pap\u00e1!<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00a1Dios me lo bendiga! \u00bfLa Cuaima est\u00e1 ah\u00ed?, \u2014 refiri\u00e9ndose a mi madre.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014S\u00ed, est\u00e1 en el patio lavando.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Saca esos pl\u00e1tanos de la canasta, lava la nave, el peso y los cuchillos. \u00a1Cuida el bisnes y deja la jugadera!<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Ah\u00ed voy \u2014le respondo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pap\u00e1 le dice a Emiliano: <em>Te espero adentro<\/em>, y entra a la casa. Yo sigo sin entender a\u00fan lo que est\u00e1 pasando; indago con la mirada a Emiliano, pero no me dice nada. Saco las cosas de la canasta, entro al quiosco y cuelgo el racimo de bananas. Tomo el recipiente que est\u00e1 pr\u00f3ximo a un balde de agua, lo llevo hasta la bicicleta, me pongo en cuclillas y comienzo a lavarla. Emiliano se acerca y le echo agua en los pies, \u00e9l me lo agradece, los sacude, yo le sonr\u00edo y luego sin decirme nada abre la puerta, pasa a mi casa y habla con mi padre. De lejos veo que mi pap\u00e1 le indica algo, yo no s\u00e9 de qu\u00e9 pueden estar hablando. Veo tambi\u00e9n a mi mam\u00e1 que lo mira y hace un gesto de negaci\u00f3n con su cabeza. <em>Nos vemos el lunes a las seis de la tarde en el liceo<\/em>, \u2014me dice Emiliano\u2014, saliendo de mi casa.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mi coraz\u00f3n quiere salir por la boca. <em>\u00bfA ti tambi<\/em><em>\u00e9<\/em><em>n te expulsaron?<\/em>, \u2014atino a preguntarle\u2014; un flash pasa por mi mente y me acuerdo de cuando Emiliano se escap\u00f3 del primero de secundaria, por miedo a que su mam\u00e1 lo castigara por su mal rendimiento. Se escondi\u00f3 en el ferry que va a la Isla de Margarita y se arm\u00f3 un esc\u00e1ndalo que termin\u00f3 en un caso policial. <em>No, nada que ver,<\/em> \u2014me responde\u2014. <em>Es una cuesti\u00f3n ah\u00ed que ya sabr\u00e1s y el se\u00f1<\/em><em>or Luis me<\/em><em> <\/em><em>va a ayudar con el licenciado Belisario. As\u00ed no vas a estar solo<\/em><em> <\/em><em>estudiando de noche.<\/em> Me gui\u00f1a el ojo. Entusiasmado, le digo que tenemos que estar antes de las seis de la tarde, que mi pap\u00e1 nos esperar\u00e1 all\u00e1. <em>Ah, bueno, \u00a1plomo!<\/em>, \u2014me replica\u2014. Toma el tarro lleno de agua y se ba\u00f1a entero; inclinado a sus pies, veo c\u00f3mo ese preciado y escaso l\u00edquido se pasea por su cuerpo canela, como si fuera un divino acto bautismal.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Confieso que a mis diecisiete a\u00f1os es la primera vez que siento esto; es como un rayo fulminante que me cae en la cabeza o, para ser m\u00e1s cursi, es como un flechazo que me hinca el coraz\u00f3n, o en cualquier caso un estremecimiento. Un temblor. Un movimiento s\u00edsmico. Mis ojos se clavan en Emiliano y creen adivinar promesas, aventuras, extrav\u00edos. Todo esto sucede en cuesti\u00f3n de segundos, cuando algunas chispas de agua rebotan de su cuerpo cayendo en mi cara.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo veo marchar, casi sin aliento observo las huellas de sus pies mojados marcadas en la acera. Comienzo a creer en los milagros. Aqu\u00ed arranca mi amor por la vida. Ya no hay malevolencia ni aflicci\u00f3n ni nada que se le parezca. \u00ab\u00a1Soy otro!\u00bb, grito dentro de m\u00ed. La era del blanco y negro desaparece y todo es a full color. \u00a1En serio, no bromeo! Todo comienza a colorearse y veo las ruedas de la bicicleta m\u00e1s redondas y las bananas de un color verde prodigioso que me abraza.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mi perplejidad es tal que no percibo la llegada de Chicho al quiosco. <em>Una torta de casabe y un refresco de uva<\/em>, \u2014me ordena\u2014. Tarareo la canci\u00f3n de los \u00abPet Shop Boys\u00bb y le doy su pedido. Me paga con un billete de veinte bol\u00edvares, me mira fijamente, mientras le doy el cambio, roza sus dedos con los m\u00edos. No me excita, no tengo ojos para nadie m\u00e1s. \u00ab\u00a1Que se joda!\u00bb, salta la pared m\u00e1s tarde, que mi mujer llega a medianoche, me dice tap\u00e1ndose la boca con la mano, como evitando que alguien pudiera leer sus labios. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00bfQui\u00e9n los leer\u00e1? Si la calle est\u00e1 desierta, como si a la gente le importara mucho o fuera tonta. Todos saben que los hombres casados del barrio, los maridos de esas mujeres que ponen la mesa en este momento, me buscan en secreto. Casi ninguno me habla en p\u00fablico. En general todo el mundo me evita. He crecido con gente cerrada a mi alrededor, que lo disimula todo, prefieren hablar del clima o cambiar de tema cuando me ven cerca. Me siento extranjero entre los m\u00edos. Me hacen sentir una persona rara, lo s\u00e9, lo admito, los dem\u00e1s no se sienten c\u00f3modos conmigo. Es por ser mariquita, es por eso que los machos del barrio, cuando me los cruzo en la calle, ni me miran a los ojos. \u00bfPero a solas? \u00a1Ay! Si las paredes solitarias, los montes, los arbustos, las casas abandonadas, los estacionamientos, la cabina telef\u00f3nica de la esquina, la laguna, mi casa cuando nadie est\u00e1 o cuando todos duermen; si todos esos lugares solitarios pudieran hablar \u2026 \u00ab\u00a1ayayay!\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me quedo mudo. Chicho pone su habitual cara de culo, alza los hombros y sin decir ni m\u00fa, se marcha pellizcando un trozo de casabe. Mi madre me grita que cierre el negocio que vamos a comer, pero me quedo mirando la calle vac\u00eda con ese sol que quema justo debajo de nosotros. Tengo una extra\u00f1a sensaci\u00f3n, \u00bfser\u00e1 ilusi\u00f3n? \u00bfser\u00e1n mariposas en el est\u00f3mago? \u00a1Qu\u00e9 vuelen dentro de m\u00ed, que sean libres!<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No quiero cerrar el quiosco, no quiero dejar de mirar la casa de Emiliano. Probablemente est\u00e9 almorzando como Bartolo y su familia. Quiz\u00e1s vuelva a verle esta noche cuando baje el sol. <em>\u00a1Cierra la ventana de una vez!, <\/em><em>\u2014<\/em>vocifera Ada\u2014, a quien no hab\u00eda visto llegar y que baja el portal en mi cara, haciendo que desaparezca esa imagen de la calle vac\u00eda, sobreexpuesta ante tanta luz. Solo destellos de colores salen de la oscuridad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Mi hermana tiene los ojos vac\u00edos, a veces creo que no est\u00e1 en su cuerpo. Se esconde, creo que se limita a solo estar. A\u00f1oro esos tiempos en los que sol\u00edamos hablar de nuestras cosas. Ahora con rareza cruzamos nuestras miradas. No tiene amigas y a veces la escucho chismorreando con mam\u00e1 sobre otras chicas, pero de ella nada. Nada.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/alexander-vivas-misel\/\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alexander Vivas Misel (I) CUERPOS J\u00d3VENES &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00a1PAFF! Me duele. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una sola bofetada basta para cegarme de odio hacia mi madre. Frunzo la boca mientras chispazos cortos de un aire caliente salen por mi nariz. Me encorvo. 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