{"id":18355,"date":"2026-03-09T15:32:47","date_gmt":"2026-03-09T20:02:47","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=18355"},"modified":"2026-03-09T15:33:24","modified_gmt":"2026-03-09T20:03:24","slug":"algoritmo-literatura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/algoritmo-literatura\/","title":{"rendered":"La tiran\u00eda del algoritmo en la literatura"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Edinson Mart\u00ednez<\/h4>\n\n\n\n<p>Cuando comenc\u00e9 a escribir mis primeros art\u00edculos, hace un poco m\u00e1s de medio siglo, lo hice en una m\u00e1quina Brother. Era lo frecuente entre los j\u00f3venes de mi generaci\u00f3n; aquella ya hab\u00eda pasado por varias manos porque era el medio m\u00e1s moderno disponible entonces. Los textos giraban sobre temas tan elementales como ingenuos del entorno que nos rodeaba. Como registra la historia de la \u00faltima mitad del siglo XX, el clima intelectual de la \u00e9poca estaba fuertemente influido por los autores del boom literario latinoamericano y una abundante literatura pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p>Eran los tiempos de una juventud inquieta que escrib\u00eda sobre lo que quer\u00eda, sin m\u00e1s restricciones que las derivadas de su particular percepci\u00f3n, como entiendo que ocurr\u00eda con los autores consagrados y todo aquel que aspiraba a fraguarse un lugar en el \u00e1mbito de las letras. De modo que la libertad \u2014o, en todo caso, la soberan\u00eda para escoger los t\u00f3picos sobre los cuales escribir\u2014 era un asunto del \u00fanico arbitrio y decisi\u00f3n de quien los suscrib\u00eda. Acaso se admit\u00eda una considerada insinuaci\u00f3n, una t\u00edmida sugerencia o una recomendaci\u00f3n vertida desde las m\u00e1s \u00edntimas cercan\u00edas para matizar o influir en la exposici\u00f3n de determinadas ideas, pero nunca una imposici\u00f3n de terceros por razones de estilo o tendencias con fines mercantiles, alienando as\u00ed la natural soberan\u00eda del oficio de escribir.<\/p>\n\n\n\n<p>El t\u00edtulo que escog\u00ed para estas notas ya antes otros autores lo han empleado para describir el mismo prop\u00f3sito que anima esta escritura. Uno de ellos es Kyle Chayka<a href=\"#_ftn1\" id=\"_ftnref1\">[1]<\/a>, con su art\u00edculo <em>The Tyranny of the Algorithm: Why Every Coffee Shop Looks the Same <\/em>(\u00abLa tiran\u00eda del algoritmo: por qu\u00e9 todas las cafeter\u00edas se ven iguales\u00bb), donde desarrolla una bien argumentada exposici\u00f3n sobre la influencia que los algoritmos tienen en las preferencias de las personas. Aunque el asunto, en realidad, no es nuevo \u2014porque en el pasado la influencia de los <em>mass media<\/em> fue determinante para la manipulaci\u00f3n de la conciencia colectiva a escala planetaria\u2014, el escrito en cuesti\u00f3n plantea una inquietante l\u00ednea argumental sobre la alienaci\u00f3n colectiva en el presente siglo: una realidad de estereotipos y perspectivas similares como nunca antes conoci\u00f3 la humanidad, donde la piedra angular de todo este proceso la constituye la abrumadora influencia de las redes sociales.<\/p>\n\n\n\n<p>Si en el pasado la fabricaci\u00f3n de estereotipos era un proceso de reproducci\u00f3n cultural permanente, aquello ocurr\u00eda en lapsos temporales relativamente largos que permit\u00edan la reacci\u00f3n contestataria de la sociedad; a lo que habr\u00eda que a\u00f1adir un contexto intelectual dotado de valores culturales para contener, con sentido cr\u00edtico, el prop\u00f3sito de estandarizar los gustos y la concepci\u00f3n de la vida. De ah\u00ed la abundante literatura sobre el tema durante aquel periodo. De aquel lapso valdr\u00eda la pena citar, por ejemplo, la obra de Wilson Bryan Key (1988), <em>Seducci\u00f3n subliminal<\/em>:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLos lenguajes subliminales no se ense\u00f1an en las escuelas: la base de la eficacia de los medios de comunicaci\u00f3n modernos es un lenguaje dentro de un lenguaje, uno que nos comunica a cada uno de nosotros a un nivel inferior de nuestro conocimiento consciente, que llega al mecanismo desconocido de la inconsciencia humana. Este es un lenguaje basado en la capacidad humana de recibir informaci\u00f3n subliminal, subconsciente o inconscientemente. Este lenguaje ha producido de manera verdadera la base de ganancia de los medios de comunicaci\u00f3n masiva\u00bb. (p. 39).<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy en d\u00eda, situ\u00e1ndonos en los \u00faltimos veinte a\u00f1os, aquel contexto de reproducci\u00f3n de estereotipos se ha agudizado de manera dram\u00e1tica. Lo que antes tardaba meses o d\u00edas en consolidarse, ahora se consigue en instantes. As\u00ed, una idea, imagen o enunciado puede darle la vuelta al mundo de forma inmediata y, conforme a los algoritmos, conocer casi al instante cu\u00e1l ha sido su impacto. El art\u00edculo de Chayka describe c\u00f3mo ya no importa si est\u00e1s en Bogot\u00e1, Madrid o Tokio; el algoritmo ha dictado un est\u00e1ndar est\u00e9tico global que anula la identidad local en favor de una uniformidad de gustos. Explica c\u00f3mo los negocios han adoptado una est\u00e9tica id\u00e9ntica para que todos tengan una misma imagen. Alguien podr\u00eda preguntarse: \u00ab\u00bfQu\u00e9 hay de malo en eso?\u00bb. En apariencia, nada, si se valora solo como tendencia est\u00e9tica. El asunto se complica cuando ese mismo algoritmo impone preferencias en otros \u00e1mbitos, como el pol\u00edtico, donde ya vemos reivindicar perversiones del pasado mientras se defenestran logros civilizatorios si conviene a determinados intereses globales.<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed encaja mi reflexi\u00f3n sobre la literatura. Creo que nunca en la historia hubo tantas personas escribiendo y tantos lectores confluyendo en las dos caras de una misma moneda. Mi angustia es que esta maravilla del ingenio humano termine siendo una mercanc\u00eda en el m\u00e1s estricto sentido; que el ejercicio intelectual concluya contando a los lectores solo lo que desean de acuerdo a preferencias previamente estereotipadas, en una clara enajenaci\u00f3n de su soberan\u00eda intelectual. Una abominable deriva que desterrar\u00eda de la creaci\u00f3n el brillo de su autenticidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Tendr\u00edamos, por un lado, una legi\u00f3n de consumidores de contenidos promedio dictados por plataformas masivas y, por el otro, la seudoliteratura usurpando el lugar de la creaci\u00f3n aut\u00e9ntica. Una realidad dif\u00edcil de develar cuando el antifaz de la posverdad domina la sociedad, haciendo realidad la advertencia de Herbert Marcuse: \u00abLa cat\u00e1strofe verdadera es la perspectiva de idiotizaci\u00f3n, deshumanizaci\u00f3n y manipulaci\u00f3n total del hombre\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En este contexto, mucho me temo que el lugar de los escritores estar\u00e1 comprometido por la presencia de la IA como instrumento para generar contenidos que alimentan el consumo masivo, conforme a la escritura sin arte del algoritmo. Estamos ante una doble alienaci\u00f3n: el escritor pierde el control sobre su creatividad \u2014ya no decide g\u00e9nero, estilo ni tema\u2014 y el lector consume lo que le llega bajo una velada manipulaci\u00f3n. Me abruma la idea de que la literatura se transforme en un producto de moda, cuando en realidad es un testimonio de vida. Cuando leemos a Saramago, a Rulfo, a Borges o a Garc\u00eda M\u00e1rquez, nos conectamos con las obsesiones, los miedos y el tiempo que envuelve a los autores con el paisaje seco y espectral como residuo de una revoluci\u00f3n, por ejemplo, la cosmogon\u00eda que cambi\u00f3 la percepci\u00f3n de la literatura latinoamericana, o los laberintos porte\u00f1os de una ciudad que se queda para siempre en el imaginario del lector.<\/p>\n\n\n\n<p>La literatura es la creaci\u00f3n humana m\u00e1s trascendente desde que se inventara la escritura y, quiz\u00e1s, el prodigio intelectual de mayor relevancia desde el instante mismo en que nuestros antepasados sintieron el peso de su ser al ver su cara reflejada en un arroyo.<\/p>\n\n\n\n<p>El peligro no es que la IA escriba como un genio o sea capaz de imitar nuestras emociones, sino que los seres humanos nos acostumbremos a leer como m\u00e1quinas, atrapados en el contenido promedio de las redes sociales sin admitir la excepcionalidad; esa maravilla con la que cada autor se presenta ante sus lectores, el <em>\u00e9lan vital<\/em> que le impulsa a concebir la literatura como un constante desaf\u00edo de sus capacidades para sorprender a sus semejantes. Este riesgo nunca antes lo tuvo la humanidad, incluso cuando en el pasado los <em>mass media<\/em> influ\u00edan abiertamente en corrientes de opini\u00f3n, modas y preferencias de consumo.<\/p>\n\n\n\n<p>No estoy seguro de que, con el despliegue alucinante de las nuevas tecnolog\u00edas y plataformas, podamos tener una convivencia equilibrada entre ellas y el arte de escribir. Lo ideal ser\u00eda que remitan principalmente a su uso como instrumentos de soporte \u2014sea documental o de inmediatez en el acceso a fuentes\u2014 y no a la suplantaci\u00f3n del ingenio humano para convertirnos en v\u00edctimas de la probabilidad estad\u00edstica que dictan los algoritmos. Es una puja de resultados impredecibles que quiz\u00e1s resulte favorable a la perspectiva que represento; es posible, dada la historia construida por el hombre, pero nadie podr\u00eda garantizarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Algunos con quienes he conversado el tema sacan a colaci\u00f3n el caso de la fotograf\u00eda: cuando apareci\u00f3, los pintores \u2014entre ellos los retratistas\u2014 imaginaron que su arte desaparecer\u00eda, pero con el tiempo la fotograf\u00eda tambi\u00e9n deriv\u00f3 en un arte. No estoy seguro de que en nuestro tiempo ocurra lo mismo en la inevitable interacci\u00f3n entre escritores, lectores, IA y redes sociales.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ahora, a quienes deseamos una ponderaci\u00f3n soberana del asunto, solo nos queda persistir. Busquemos el modo en que una tecnolog\u00eda que amenaza con hacer \u00abca\u00edda y mesa limpia\u00bb termine facilitando las cosas para que, como el escultor, la IA se limite a buscar la piedra en la cantera, picarla y pulirla, para que el artista finalmente la talle y cree la obra que ha de ser admirada como expresi\u00f3n de su aut\u00e9ntica excepcionalidad y no como la aburrida rutina del estereotipo que no sorprende a nadie.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><a id=\"_ftn1\" href=\"#_ftnref1\">[1]<\/a> &nbsp;&nbsp;Kyle Chayka es un reconocido periodista y cr\u00edtico cultural estadounidense, actualmente redactor de plantilla en la revista The New Yorker, donde escribe la columna \u00abInfinite Scroll\u00bb sobre tecnolog\u00eda y cultura de internet.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/edinson-martinez\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Edinson Mart\u00ednez Cuando comenc\u00e9 a escribir mis primeros art\u00edculos, hace un poco m\u00e1s de medio siglo, lo hice en una m\u00e1quina Brother. 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