{"id":18329,"date":"2024-11-20T10:15:00","date_gmt":"2024-11-20T14:45:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=18329"},"modified":"2026-02-20T14:41:45","modified_gmt":"2026-02-20T19:11:45","slug":"reinventar-el-pasado-la-historia-como-ficcion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/reinventar-el-pasado-la-historia-como-ficcion\/","title":{"rendered":"Reinventar el pasado: la historia como ficci\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Carlos Pacheco<\/h4>\n\n\n\n<p>Si dij\u00e9ramos Carpentier, Arenas, Fuentes, Roa Bastos, Otero Silva, Posse, Piglia, Denzil Romero, del Paso, Ana Teresa Torres, Poniatowska, Tom\u00e1s Eloy Mart\u00ednez o Angeles Mastretta, la sola resonancia de estos nombres bastar\u00eda tal vez para evocar ese ampl\u00edsimo cuerpo de relatos novelescos que m\u00e1s que a recontar se han dedicado en los \u00faltimos treinta a\u00f1os a reinventar nuestro pasado. Se trata sin duda de un cauce significativo de la reciente ficci\u00f3n hispanoamericana que ha sido reconocido, entre otros, por cr\u00edticos como Rama (1981), Barrientos (1986, 1988), Balderston (1986), Jitrik( 1986, 1995), A\u00ednsa (1991), M\u00e1rquez Rodr\u00edguez (1991), Menton (1993), Perilli (1995), y Kohut (1997). \u00bfC\u00f3mo caracterizar esta nueva est\u00e9tica ficcionalizadora del pasado?, hay que preguntarse a\u00fan; \u00bfcu\u00e1l es su lugar dentro del sistema literario y cu\u00e1l su aporte a la din\u00e1mica cultural hispanoamericana?<\/p>\n\n\n\n<p>Si el referente hist\u00f3rico ha sido uno de los objetos representacionales preferidos de nuestra narrativa, dentro de ese gran universo de relatos, aunque sin coincidir del todo con \u00e9l, se ubica el subsistema gen\u00e9rico conocido como novela hist\u00f3rica. De hecho, una obra como <em>Jicot\u00e9ncal<\/em>, de 1826, considerada nuestra novela hist\u00f3rica inaugural, apenas se separa en el tiempo de <em>El periquillo sarniento<\/em>, la novela reputada como fundadora del g\u00e9nero entre nosotros. A partir de ese momento, la novel\u00edstica hist\u00f3rica se desarrolla de manera continua a lo largo del proceso literario, asumiendo como es natural las pulsiones caracter\u00edsticas de cada tendencia est\u00e9tica. Desde la <em>Amalia <\/em>de M\u00e1rmol hasta Las lanzas coloradas de Uslar Pietri, pasando por el <em>Mart\u00edn Rivas<\/em> de Blest y Gana o <em>La gloria de Don Ramiro<\/em> de Enrique Larreta, si contemplamos el desfile de las novelas conceptuables como hist\u00f3ricas, las hallaremos revestidas de atuendos rom\u00e1nticos, realistas, naturalistas, modernistas o vanguardistas. A pesar de estas marcas est\u00e9ticas diferenciales, hasta mediados de este siglo, estas obras dibujan -puede decirse una trayectoria regida por un c\u00f3digo est\u00e9tico y representacional relativamente estable. Una caracterizaci\u00f3n sucinta incluir\u00eda entre sus rasgos principales un sostenido respeto al dato historiogr\u00e1fico; una utilizaci\u00f3n medida, controlada, de lo imaginario; una concepci\u00f3n que suele reducir \u00ablo hist\u00f3rico\u00bb a la esfera p\u00fablica de la vida pol\u00edtica nacional y, sobre todo, una funci\u00f3n, dentro de la din\u00e1mica cultural, que podr\u00eda denominarse \u00abconstructiva\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Este \u00faltimo aspecto es crucial. Junto a la narrativa historiogr\u00e1fica, el discurso jur\u00eddico y pol\u00edtico, el periodismo y otros textos culturales, nuestra novela hist\u00f3rica funcion\u00f3 tradicionalmente, en especial a lo largo del XIX, como basti\u00f3n de refuerzo en el proceso de dise\u00f1o, desarrollo y consolidaci\u00f3n de los proyectos nacionales\u00b7 en cada uno de nuestros pa\u00edses. Su aporte en la conformaci\u00f3n de nuestras \u00abcomunidades imaginadas\u00bb, seg\u00fan la f\u00f3rmula feliz de Benedict Anderson (1993), fue fundamental, al interpretar el pasado colonial como prefiguraci\u00f3n de las naciones en ciernes, al promover la fijaci\u00f3n de \u00e9picas nacionales imaginadas, de preferencia a partir de las gestas independentistas, yen especial al representar la relaci\u00f3n amorosa y familiar como una suerte de negociaci\u00f3n ficcionalizada entre los antagonismos \u00e9tnicos, culturales, pol\u00edticos y sociales, a trav\u00e9s de la met\u00e1fora maestra del romance, tal como lo han planteado Doris Sommer (1993) o Fernando Unzueta (1996).<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque con antecedentes notorios como <em>El reino de este mundo<\/em> (1949), de Alejo Carpentier, desde los a\u00f1os sesenta de este siglo se manifiestan se\u00f1ales muy visibles de una transformaci\u00f3n est\u00e9tica radical. La propuesta de <em>El mundo alucinante<\/em> (1969), de Reinaldo Arenas, puede considerarse de hecho, en varios sentidos, como inaugural y fundadora de un nuevo tipo de novela hist\u00f3rica. Desde la fecha y mediante una est\u00e9tica de la irreverencia, la desmesura, el gesto ir\u00f3nico, el intertexto, y la metaficcionalidad problematizadora del pasado, esta novel\u00edstica realiza en su conjunto un vuelco apreciable en los modos de ficcionalizar la memoria colectiva.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s a\u00fan, con su apuesta ruptural e iconoclasta, con su osad\u00eda en la adopci\u00f3n de perspectivas in\u00e9ditas y en el manejo extremado de procedimientos narrativos, esta nueva novela hist\u00f3rica, como ha sido llamada, trastoca tambi\u00e9n diametralmente la direcci\u00f3n de su aporte al proceso cultural. En lugar de contribuir a consolidar, legitimar y estabilizar una noci\u00f3n de naci\u00f3n como lo viniera haciendo hasta \u00e9pocas no muy lejanas, ella prefiere ahora volcar su energ\u00eda sem\u00e1ntica hacia una tarea de constructiva de las concepciones dominantes, establecidas. Mediante este trastocamiento, no solo alcanza a proponer versiones alternativas de eventos y figuras del pasado, o a situar en el centro de la escena narrativa perspectivas y racionalidades subalternas, sino que logra cuestionar por medio de la reflexi\u00f3n metaficcional, algunas viejas certezas acerca del conocimiento del pasado y de la legitimidad de las v\u00edas hasta ahora com\u00fanmente aceptadas para acceder a \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Por radical que sea la alteraci\u00f3n apenas apuntada, ella se ha venido produciendo, al igual que todas las transformaciones est\u00e9ticas, como un tr\u00e1nsito y no como un corte n\u00edtido. El reconocimiento del fen\u00f3meno por parte de la cr\u00edtica se ha realizado igualmente de manera paulatina. En efecto, sobre un fondo a\u00fan mucho m\u00e1s numeroso de novelas que todav\u00eda hoy contin\u00faan ficcionalizando la memoria hist\u00f3rica de acuerdo con c\u00e1nones tradicionales, descuellan en otras obras s\u00edntomas rupturales cada vez m\u00e1s agudos, cada vez m\u00e1s osados. No hay dicotom\u00eda, pues, sino m\u00e1s bien solapamiento entre dos posiciones est\u00e9ticas cuyos rasgos conviven -en grado diferente- en cada obra. Prefiero por tanto pensar el desarrollo de nuestra novela hist\u00f3rica como un gran continuum cuya secuencia alcanza hasta nuestros d\u00edas, pero que est\u00e1 viviendo hoy un atractivo y luminoso momento de crisis, de ruptura y de innovaci\u00f3n creadora.<\/p>\n\n\n\n<p>Considerando que se trata de un corpus textual tan vasto, cuya multiplicidad tem\u00e1tica y formal se muestra a\u00fan reacia a las caracterizaciones y a los deslindes definitivos, es muy dif\u00edcil proponer un balance cr\u00edtico, mientras -adem\u00e1s- el fen\u00f3meno contin\u00faa en pleno auge. Teniendo en cuenta sin embargo algunas de las propuestas novel\u00edsticas m\u00e1s destacadas de los \u00faltimos treinta a\u00f1os, me arriesgar\u00e9 aqu\u00ed a proponer algunas reflexiones provisionales.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>1<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Si nos preguntamos en un primer acercamiento cu\u00e1les son los objetos de la atenci\u00f3n tem\u00e1tica, as\u00ed como los \u00e1ngulos de enfoque predilectos de esta novel\u00edstica, encontraremos que ella se desarrolla en gran medida como relectura cr\u00edtica de procesos y personajes que han ocupado el centro de la escena de la Gran Historia (\u00e9sa, con may\u00fasculas), aunque introduciendo tambi\u00e9n \u00faltimamente, de manera no menos llamativa, perspectivas no totalizadoras sino particulares, a trav\u00e9s de la ficcionalizaci\u00f3n de miradas alternativas, de la adopci\u00f3n de \u00e1ngulos in\u00e9ditos de la subalternidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Como es natural, los procesos hist\u00f3ricos de primera magnitud son revisitados en sus episodios principales; pero no para ofrecer nuevas versiones de lo ya sabido, sino para someter a la memoria colectiva -que es tambi\u00e9n una imagen cultural siempre en proceso de reconstituirse- a un nuevo escrutinio cuestionador y resemantizador. Como momentos destacables, aunque no exclusivos, de estas nuevas \u00abvisitas en el tiempo\u00bb realizadas por la ficci\u00f3n en los \u00faltimos decenios, se destacan: el o los \u00abdescubrimientos\u00bb y los diversos procesos de temprana apropiaci\u00f3n europea del continente ( como en <em>Los perros del para\u00edso<\/em> o en <em>Maluco<\/em>), el quiebre finisecular de la Ilustraci\u00f3n y la gesta independentista (como en <em>El siglo de las luces<\/em> o en La campa\u00f1a), los reg\u00edmenes dictatoriales de diverso signo, en ese microsistema narrativo que se reactiv\u00f3 en los 70 y a cuyos tres paradigmas aludiera Benedetti en su ensayo \u00abEl recurso del supremo patriarca\u00bb; finalmente, las gestas insurreccionales y las revoluciones, en especial la mexicana, en un ciclo narrativo que describe hoy nuevas \u00f3rbitas en las obras de Fuentes, Solares o Mastretta. <\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s significativa a\u00fan que la natural atenci\u00f3n a los grandes procesos hist\u00f3ricos es el inter\u00e9s que se centra en sus protagonistas. Significativa, digo, por su capacidad de evadir los estereotipos culturales consolidados, as\u00ed como las resoluciones interpretativas que ellos fundan y autorizan. Significativa tambi\u00e9n porque renuncia o se declara insatisfecha con las visiones externas y distantes; porque prefiere escudri\u00f1ar los intersticios de la racionalidad, la sensibilidad y el habla propias de estos actores ilustres; porque consigue develar as\u00ed sus dudas, sus contradicciones internas y sus secretos dolores.<\/p>\n\n\n\n<p>Como era de esperarse, los novelistas han optado en este trance por los personajes p\u00fablicos que ofrecen una veta dieg\u00e9tica m\u00e1s rica a la mirada ficcional. As\u00ed aparece el Col\u00f3n de Posse o el de Carpentier; el Lope de Aguirre del mismo Posse o el de Otero Silva; el Miranda de Romero; el doctor Francia de Roa; Los cuatro reyes de la baraja venezolana: de Herrera Luque o el Per\u00f3n y la Evita de Tom\u00e1s Eloy Mart\u00ednez, entre muchos otros. En la mayor\u00eda de las ocasiones, son los aspectos in\u00e9ditos, \u00cdntimos o simplemente cotidianos de estas grandes figuras los que se privilegian, aquellos que las exhiben -tal como ocurre con Bol\u00edvar en <em>El general en su laberinto<\/em>&#8211; en su condici\u00f3n \u00faltima de seres humanos, sujetos al desprestigio, al deterioro y la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>En algunos casos, como el de <em>Lope de Aguirre, Pr\u00edncipe de la Libertad<\/em>, la ficcionalizaci\u00f3n propone una interpretaci\u00f3n alternativa, construyendo un ideologema que subvierte dr\u00e1sticamente la versi\u00f3n oficial del h\u00e9roe o el monstruo, con el objetivo impl\u00edcito o confeso de rescatarlo de una alegada injusticia del veredicto hist\u00f3rico. En otras ocasiones -menos frecuentes, est\u00e9ticamente m\u00e1s sugestivas- como en Yo el Supremo, la identidad y significaci\u00f3n pol\u00edticocultural del protagonista viene a ser m\u00e1s bien problematizada, puesta en tela de juicio, a trav\u00e9s de una construcci\u00f3n dial\u00f3gica deconstructiva y autorrelativizadora que llega a asomar, en \u00faltima instancia, la imposibilidad final del juicio hist\u00f3rico.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta renuncia a las visiones globales, explicativas, omniabarcantes, y esta opci\u00f3n por dimensiones accionales menos ambiciosas no es por supuesto exclusiva de la ficci\u00f3n hist\u00f3rica. Ella se manifiesta en todas las vertientes de nuestra narrativa actual y m\u00e1s all\u00e1 de ella, puesto que se halla en perfecta concordancia con los imaginarios finiseculares y las sensibilidades posmodernas. <\/p>\n\n\n\n<p>Se trata en efecto de una est\u00e9tica, podr\u00edamos decir, meton\u00edmica, seg\u00fan la cual el todo est\u00e1 en la parte, y donde se produce por tanto una legitimaci\u00f3n cada vez mayor de la validez cognoscitiva de las experiencias particulares, por fragmentarias y an\u00f3nimas que ellas pudieran ser. De las novelas \u00abtotales\u00bb o \u00abenciclop\u00e9dicas\u00bb como <em>Cien a\u00f1os de soledad, Rayuela, Yo el Supremo <\/em>o <em>Terra Nostra<\/em>, hemos  pasado a la experiencia de lo fragmentario y lo particular, en relatos de espectro dieg\u00e9tico mucho m\u00e1s reducido. En lugar de contemplar aquellos grandes frescos de alcance nacional o continental, leemos hoy acerca de las modestas vidas que llevan protagonistas an\u00f3nimos en \u00e1mbitos privados, escuchamos sus di\u00e1logos, somos testigos de sus preocupaciones \u00edntimas, como en las peque\u00f1as tramas de Sergio Pitol o C\u00e9sar Aira.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta tendencia est\u00e1 presente en un conjunto cada vez m\u00e1s importante de textos de la reciente novela hist\u00f3rica a trav\u00e9s de un abordaje ficcional que podr\u00eda denominarse intrahist\u00f3rico, ocurriendo a un t\u00e9rmino inspirado en Unamuno (1945) y elaborado por Roa Bastos (1977), Birut\u00e9 Ciplijauskait\u00e9 (1988), Gloria de Cunha -Giabbai (1994), Y Luz Marina Rivas (1997). En las novelas que nos ocupan, esta opci\u00f3n por la intrahistoria puede significar la preferencia por el episodio menor en lugar del gran evento, pero se concreta sobre todo en la percepci\u00f3n del acontecer de la Gran Historia desde las perspectivas locales, dom\u00e9sticas o personal\u00edsimas de actores an\u00f3nimos, as\u00ed como del efecto de ese acontecer p\u00fablico sobre su vida privada y en la construcci\u00f3n y proyecci\u00f3n de miradas y voces antes desatendidas.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque a trav\u00e9s de la propuesta intrahist\u00f3rica se da relieve a sujetos subalternos muy diversos, coloc\u00e1ndolos en funci\u00f3n protag\u00f3nica y como portadores de la voz narrativa, como sucede con el buf\u00f3n de Maluco (de Baccino), o con el soldado viiIista de Columbus (de Solares), son las miradas y voces femeninas las que est\u00e1n recibiendo mayor atenci\u00f3n. Y son precisamente las novelistas las m\u00e1s asiduas de esta ruta intrahist\u00f3rica, como puede verse las obras de las venezolanas Laura Antillano, Ana Teresa Torres y Milagros Mata Gil, de la puertorique\u00f1a Rosario Ferr\u00e9, de las cubanas Cristina Garc\u00eda y Zo\u00e9 Valdez, de la dominicana Julia Alvarez o de las mexicanas Elena Poniatowska o Angeles Mastretta. Esta ruta, diferenciable por supuesto del g\u00e9nero testimonio, se emparenta con \u00e9l, a causa de la atenci\u00f3n que ambos prestan a la oralidad de personajes antes silenciados, que pueden ahora finalmente contar su historia.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>2<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El mundo alucinante sienta tambi\u00e9n una pauta en el distanciamiento consciente asumido en el trabajo ficcional respecto de los datos de la serie hist\u00f3rica (desde el manejo l\u00fadico del anacronismo hasta la abierta irrupci\u00f3n de lo fant\u00e1stico), pauta seguida magistralmente por autores como Roa Bastos o Denzil Romero. Esta ruptura se produce en completa coincidencia con el quiebre tambi\u00e9n muy consciente que se produce en muchas obras de los c\u00e1nones \u00abrealistas\u00bb de representaci\u00f3n est\u00e9tica del pasado. Estos gestos de autonom\u00eda ficcional, de experimentaci\u00f3n, de libertad creativa, de iconoclastia, corresponden tambi\u00e9n naturalmente con los postulados y las inclinaciones est\u00e9ticas, filos\u00f3ficas y pol\u00edticas de nuestro fin de siglo. Son novelas de su tiempo, que comparten con muchas otras manifestaciones de la ficci\u00f3n contempor\u00e1nea la apuesta por la irreverencia, las lecturas de constructivas, el rechazo de las explicaciones globales, la pulsi\u00f3n autorreflexiva y metaficcional, el reclamo de sujetos subalternos a ser escuchados, la pasi\u00f3n por el intertexto, el carnaval, la polifon\u00eda, el juego par\u00f3dico, la exploraci\u00f3n de las vetas del amor y el regodeo er\u00f3tico; y tambi\u00e9n la duda, el escepticismo y la iron\u00eda. Estos son rasgos, por tanto, que la infunden, pero que no la definen.<\/p>\n\n\n\n<p>Una palabra sobre la intertextualidad: la apropiaci\u00f3n en el relato ficcional de textos ajenos se encuentra en m\u00faltiples modalidades, desde la de un texto \u00fanico o muy predominante ( como en <em>La tragedia del General\u00edsimo, El mundo alucinante <\/em>o <em>La guerra del fin del mundo<\/em>), hasta vastos oc\u00e9anos intertextuales (como los de <em>Yo el Supremo o Terra Nostra<\/em>). Esto, en s\u00ed, no es nada nuevo, Borges dixit. M\u00e1s que de registrar su presencia, se trata de describir su performance textual y sobre todo de precisar la funci\u00f3n sem\u00e1ntica de este gesto. No el qu\u00e9, entonces, sino el sentido del c\u00f3mo de esta pr\u00e1ctica: Roa, por ejemplo, exacerba la confrontaci\u00f3n de las versiones sobre un mismo hecho (incluso aquellas que se originan en el propio protagonista) para sugerir la relatividad del juicio hist\u00f3rico. Arenas, mientras tanto, nos anuncia una reescritura de las Memorias de Fray Servando, para luego presentarnos citas intertextuales con modificaciones nimias, insignificantes, que solo evidencian la fragilidad del documento como recurso legitimador, poniendo en tela de juicio el propio efecto de realidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Otra palabra sobre la metaficci\u00f3n: estas novelas no solo nos ofrecen visiones alternativas de hechos y personajes sino tambi\u00e9n una aguda problematizaci\u00f3n de los alcances y las limitaciones de diversas exploraciones del pasado, tanto en la historiograf\u00eda como en la novela y tambi\u00e9n en los g\u00e9neros autobiogr\u00e1ficos, el periodismo, y muchos otros tipos discursivos. Y esto lo hacen sobre todo a trav\u00e9s de propuestas metaficcionales; es decir, representando, poniendo en escena, el trabajo de historiadores, autobi\u00f3grafos, memorialistas, redactores de diarios y cartas, y, por supuesto, el de novelistas, con el fin de mostrar las limitaciones y el fracaso \u00faltimo a veces de sus esfuerzos por conocer el pasado y expresarlo en la escritura. Lo que se produce as\u00ed es una tematizaci\u00f3n metadiscursiva de la investigaci\u00f3n, del manejo de fuentes, de los diversos afanes de la memoria, de la escritura; de los juegos, retos y riesgos -\u00cdntimos y tambi\u00e9n pol\u00edticos- de la empresa rememoradora.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta v\u00eda, que vemos dramatizada al m\u00e1ximo en <em>Respiraci\u00f3n artificial<\/em>, de Piglia o en <em>Yo el Supremo<\/em>, se encuentra en muchas otras obras, como <em>Solitaria \/ solidaria<\/em>, de Laura Antillano, <em>La luna, el viento, el a\u00f1o, el d\u00eda<\/em>, de Ana Pizarro, <em>Seva<\/em>, de Luis L\u00f3pez Nieves, <em>Santa Evita<\/em>, de Mart\u00ednez o <em>El fiscal y Contravida<\/em>, del mismo Roa Bastos. Se produce entonces una suerte de utop\u00eda inversa, que no mira hacia adelante sino hacia atr\u00e1s, donde no es el futuro sino el pasado lo que aparece como en definitiva inalcanzable, donde el acceso a \u00ablo que realmente sucedi\u00f3\u00bb est\u00e1 vedado. Desde la ficci\u00f3n, esta historia llega a ser entonces disidente, no tanto por presentarnos versiones alternas respecto de las consabidas, sino sobre todo por su potencia deconstructiva y cuestionadora, capaz de mostrar el pasado como esa quimera retrospectiva que inventamos, para preguntarnos tenazmente qui\u00e9nes somos, mientras nos buscamos afanosos en su esquivo azogue.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>3<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Busquemos ya un puerto donde anclar por el momento nuestras reflexiones, sabiendo que no podr\u00e1 ser \u00e9ste sino escala de una traves\u00eda mucho m\u00e1s larga. Una frase del t\u00edtulo: \u00abreinventar el pasado\u00bb, nos da pie para ello. S\u00ed, \u00abreinventar el pasado\u00bb: en el verbo y el sintagma nominal que componen esta oraci\u00f3n est\u00e1n para m\u00ed contenidos los dos elementos de cuya oscilaci\u00f3n y balance final surge en definitiva eso que se ha convenido en llamar \u00abnovela hist\u00f3rica\u00bb. Est\u00e1 por supuesto el pasado, ese juego ficcional con referentes de la serie hist\u00f3rica reconocibles como tales, ese engarce fingido por este tipo de novela con eventos y personajes \u00abde la vida real\u00bb, de la Gran Historia. Y est\u00e1 tambi\u00e9n su reinvenci\u00f3n, ese complejo proceso de apropiaciones y elaboraciones est\u00e9ticas realizado por el novelista, mediante el cual la obra se cumple como objeto de arte. Nuestros p\u00e1rrafos finales se interrogan acerca de estos dos elementos indispensables de la novela hist\u00f3rica.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 es, primeramente, lo que llamamos \u00abel pasado\u00bb? \u00bfQu\u00e9 criterios nos permiten calificarlo propiamente como hist\u00f3rico? Las manifestaciones m\u00e1s innovadora de la ficci\u00f3n hist\u00f3rica reciente ponen en tela de juicio varios criterios utilizados tradicionalmente al respecto. Observemos tres. En primer lugar: una novela no se hace merecedora del calificativo de hist\u00f3rica por el hecho de asumir una determinada modalidad discursiva, pues cada vez con mayor frecuencia ellas deciden configurar su textualidad a partir de discursividades muy diversas, o de la mezcla de varias de ellas: cartas, diarios, di\u00e1logos y monodi\u00e1logos, intertextos par\u00f3dicos de documentos de \u00e9poca, noticias de prensa, reflexiones de tono ensay\u00edstico, autobiograf\u00edas, y muchas otras. La tendencia cada vez m\u00e1s visible, por otra parte, hacia el abordaje intrahist\u00f3rico desactiva en segundo t\u00e9rmino el criterio que fundaba el car\u00e1cter \u00abhist\u00f3rico\u00bb de un texto ficcional en la reconocida \u00abhistoricidad\u00bb de los hechos representados, en el sentido de su relevancia p\u00fablica y colectiva. Finalmente, en numerosos textos de la neo novela hist\u00f3rica, la representaci\u00f3n metaficcional de la producci\u00f3n misma del relato en el presente invalida un tercer criterio, seg\u00fan el cual debe existir una determinada distancia cronol\u00f3gica entre la experiencia directa del novelista y los eventos de car\u00e1cter hist\u00f3rico que conforman el referente ficcional de su novela.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que convierte a la ficcionalizaci\u00f3n del pasado en \u00abhist\u00f3rica\u00bb no es entonces su adopci\u00f3n de alg\u00fan modo discursivo preciso, ni su opci\u00f3n referencial por los grandes eventos, ni el que estos guarden una determinada distancia temporal respecto del presente de la escritura. Lo que la convierte en hist\u00f3rica es m\u00e1s bien la posici\u00f3n desde la cual asume ese pasado desde la entra\u00f1a misma del relato. De esta manera estamos haciendo ya contacto con la segunda mitad de nuestra frase: la reinvenci\u00f3n; es decir, los procesos de recepci\u00f3n y elaboraci\u00f3n conscientes y semantizadoras por parte del hablante impl\u00edcito de la obra ficcional. La \u00abmateria\u00bb referencial, podr\u00eda decirse, debe ser digerida por una mirada consciente determinada. Este segundo elemento coincide con la noci\u00f3n de conciencia de la historia elaborada por Luz Marina Rivas (1997). Seg\u00fan ella, la \u00abconciencia de la historia estar\u00eda en la textualizaci\u00f3n de una subjetividad organizadora, evaluadora, con distancia de lo narrado no como \u00e9poca vivida o no, sino con actitud de historiador que vincula y explica los hechos.\u00bb La novela hist\u00f3rica se podr\u00eda definir as\u00ed como la oscilaci\u00f3n, la convivencia, y el definitivo balance de esos dos elementos: una materia, \u00ablo ocurrido\u00bb, el pasado en su sentido m\u00e1s lato; pero tambi\u00e9n un conjunto de operaciones -realizadas desde el presente- para establecer contacto consciente con esa elusiva materia de lo que fue.<\/p>\n\n\n\n<p>Con White, de Certeau y otros te\u00f3ricos hemos aprendido en los \u00faltimos decenios a valorar el relato historiogr\u00e1fico como un esfuerzo -historizable \u00e9l mismo- de construcci\u00f3n de coherencia acerca del pasado; un esfuerzo que nos habla tanto de ese pasado como de los presupuestos de su elaboraci\u00f3n discursiva realizados desde el presente. Algo similar hallamos en ciertas teorizaciones acerca del discurso psicoanal\u00edtico o el autobiogr\u00e1fico. Al hablar del pasado, el sujeto habla tambi\u00e9n y tal vez principalmente de su presente. Desde esta perspectiva, la novela hist\u00f3rica toda y en especial la m\u00e1s reciente surge de un primer acto de lectura que la precede y la acompa\u00f1a; se funda y viene a ser posibilitada por una lectura del pasado en la que se ponen en. acci\u00f3n todas las potencialidades propias del acto de leer: la vigilia intelectual, el contacto de pieles, el p\u00e1lpito, y la integraci\u00f3n de ellos tres en la intuici\u00f3n est\u00e9tica nos ponen en contacto con los fantasmas del pasado, fantasmas que a partir de esa experiencia pueden encarnarse en el relato.<\/p>\n\n\n\n<p>En esta joven ficci\u00f3n hist\u00f3rica no hay trampa alguna. En la letra grande de su contrato de lectura se proclama abiertamente su car\u00e1cter ficcional, su renuncia a toda pretensi\u00f3n ingenuamente realista, mientras se defienden tambi\u00e9n muy dignamente los fueros del novelista, as\u00ed como su responsabilidad en el acto de inventar. En medio de un universo de otras discursividades (la historiograf\u00eda, la cr\u00f3nica, la autobiograf\u00eda, el reportaje, la ficci\u00f3n misma) que han logrado a veces y siguen pugnando por establecerse como \u00abla verdad de los hechos\u00bb, estas novelas se reconocen cada vez m\u00e1s conscientemente a s\u00ed mismas como constructos, como elaboraciones, mientras declaran abiertamente sus \u00abverdades\u00bb relativas, contribuyendo as\u00ed a matizar, cuestionar, desestabilizar, resemantizar o revolucionar aquellas otras propuestas discursivas que hasta un momento no muy lejano hab\u00edan logrado mayor aceptaci\u00f3n en el sistema simb\u00f3lico. Este es y seguir\u00e1 siendo su aporte y su reto.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/carlos-pacheco\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Carlos Pacheco Si dij\u00e9ramos Carpentier, Arenas, Fuentes, Roa Bastos, Otero Silva, Posse, Piglia, Denzil Romero, del Paso, Ana Teresa Torres, Poniatowska, Tom\u00e1s Eloy Mart\u00ednez o Angeles Mastretta, la sola resonancia de estos nombres bastar\u00eda tal vez para evocar ese ampl\u00edsimo cuerpo de relatos novelescos que m\u00e1s que a recontar se han dedicado en los \u00faltimos [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":18331,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18329"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=18329"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18329\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":18333,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18329\/revisions\/18333"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/18331"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=18329"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=18329"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=18329"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}