{"id":18207,"date":"2026-01-20T15:26:30","date_gmt":"2026-01-20T19:56:30","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=18207"},"modified":"2026-01-20T15:26:30","modified_gmt":"2026-01-20T19:56:30","slug":"el-largo-dia-ya-seguro-seleccion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/el-largo-dia-ya-seguro-seleccion\/","title":{"rendered":"El largo d\u00eda ya seguro (selecci\u00f3n)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Antonia Palacios<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>Una bandera ondeando con el viento<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>A Juan Larrea<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00eda llegado all\u00ed sin pensarlo, sin propon\u00e9rselo, Hab\u00eda balcones, balcones abiertos, balcones cerrados, Mucha gente. Gentes que iban y ven\u00edan por la calle, Algunos se deten\u00edan, Gentes asomadas a los balcones, balcones vac\u00edos, balcones sin gente. Una inmensa bandera ondeaba con el viento. Quiz\u00e1s alguien la sosten\u00eda desde abajo, por encima de las cabezas. Las banderas cubren a los muertos, animan a los vivos. El tiempo estaba en todas partes, entre la gente, bajo los balcones, en el vac\u00edo del aire. Hab\u00eda llegado sin propon\u00e9rselo. La calle acaso pertenece a una ciudad. Todos los que van por la calle parecen ciudadanos, ciudadanos serios, circunspectos, Todos se han dado cuenta que ya ha amanecido, que no hay necesidad de levantar la cabeza hacia arriba para mirar la luz. Ella no tiene nada que mirar. Ella no tiene ad\u00f3nde ir, no tiene d\u00f3nde ocultarse. Quiz\u00e1s busca compa\u00f1\u00eda. La multitud no acompa\u00f1a&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>&#8230;y yo pienso en las grandes multitudes donde me pierdo, en los desamparados que van conmigo perdidos en la multitud, la multitud que avanza y a veces se detiene, acaso por un exceso de tiempo, un tiempo que no tiene fin, porque el tiempo no cuenta para los que van empujados por algo no elegido, porque el tiempo no cuenta para los que van a ciegas&#8230; Y pienso en el tiempo como en una eternidad, una eternidad fija, detenida para siempre&#8230; y comienzo a buscarle una salida al tiempo mientras miro la bandera ondeando con el viento, la bandera levantada desde abajo, impulsada hacia lo alto por manos que no se ven, manos perdidas, ocultas en la muchedumbre&#8230; comienzo a imaginar distancias&#8230; y me encuentro de pronto en sitios muy lejanos, me encuentro con gentes distintas que tambi\u00e9n ondean banderas en el viento o gentes sin banderas, que van tristes, solitarias&#8230; y pienso en las largas sequ\u00edas, en el sol de verano, y las gentes parecen felices con esa&nbsp; belleza inmemorial que el tiempo les ofrece, esa claridad que apenas se nubla moment\u00e1neamente y ya est\u00e1 de nuevo abierta, sostenida&#8230; y comienzo a a\u00f1orar las brumas, los aires fr\u00edos, las tardes grises&#8230; y pienso de pronto en la felicidad&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Ella no sabe muy bien todav\u00eda en qu\u00e9 consiste para ella la felicidad y piensa en el ma\u00f1ana como si ya supiese su contenido, como si el ma\u00f1ana se hallase encerrado en el sitio so\u00f1ado, un sitio donde todo acontece semejante a los sue\u00f1os, los sue\u00f1os que resplandecen llenos de luz, de incre\u00edbles hallazgos&#8230; Pero los sue\u00f1os no tienen consistencia, son inconsistentes y fugaces y van a parar qui\u00e9n sabe d\u00f3nde&#8230; \u00bfd\u00f3nde, s\u00ed, d\u00f3nde van a parar los sue\u00f1os? &#8230; \u00bfd\u00f3nde se detienen, d\u00f3nde dejan definitivamente de ser sue\u00f1os, de tener corporeidad para que la memoria los aprese y podamos recordarlos?&#8230; Pero nunca son los mismos al recordarlos, la memoria los desvaloriza o los exalta seg\u00fan su propia conveniencia&#8230; y ella se deja convencer por la memoria y hasta llega a creer que la imagen que la memoria le presenta es la fiel imagen de su sue\u00f1o que se ha conservado intacto en su enigma, en su custodiado secreto&#8230; All\u00ed donde ha llegado es apenas una ciudad a medias y sin embargo todos tienen prisa como en las grandes ciudades, todos corren, \u00bfhacia d\u00f3nde? \u00bfhacia qu\u00e9 direcci\u00f3n? .,. ella tambi\u00e9n corre hacia una direcci\u00f3n imaginaria siguiendo a la gente que no sabe ad\u00f3nde va, ella corre por seguir a los dem\u00e1s&#8230; Una ciudad a medias que consiente en que una bandera ondee alta con el viento y que haya manos ocultas, sepultadas en la multitud, que sostienen en el aire una bandera&#8230; Una ciudad a medias donde de pronto hay solares vac\u00edos y la yerba crece alta, y los perros rastrean, y viejos peri\u00f3dicos son alzados por el viento, y las calles se inundan cuando llueve y solo transita libre, violenta, desatada, el agua, y el r\u00edo, \u00a1tan delgado! el r\u00edo se crece y se pone a rememorar un tiempo de m\u00e1rgenes abiertas, de aguas levantadas en un espesor considerable donde el fondo estaba lejos, muy lejos&#8230; el r\u00edo lleno de olores muertos, aquellos que estaban estancados, apaciguados en lo hondo, y de pronto resurgen y en el aire flota un vaho a cloaca, a podredumbre&#8230; Una ciudad a medias y sin embargo la gente se apretuja y nadie tiene tiempo de pensar en su propia circunstancia sino simplemente la vive, la respira, carga con ella y a veces la engalana y la saca a pasear en d\u00eda feriado, un d\u00eda donde el ocio impera y todos caminan lentamente, una lentitud que parece desgano y es la gana de dejarse ir sin apremio, de gozar ese tiempo tan ef\u00edmero en el que pueden detenerse en cualquier sitio largamente, y piensan que la vida es calma, beatitud, silencio, algo como insistir en que no tienen nada que hacer, que tienen todo el d\u00eda para el ocio&#8230; Pero de pronto aparece, por la calle de esa ciudad a medias a la que ella ha llegado inesperadamente, sin pensarlo, sin propon\u00e9rselo&#8230; aparece el entierro, muy pomposo, muy soberano, el gran carro negro, cortinas con flecos detr\u00e1s de los cristales, el cortejo que sigue al entierro, los deudos enlutados, familiares, amigos, y el carro donde desbordan las coronas&#8230; El paso del entierro, el entierro que tantas veces ha pasado, tantos entierros, tantos difuntos, tantos veh\u00edculos que arrastran por las calles los cad\u00e1veres, que arrastran por las calles los que ya no participan del ocio, del d\u00eda feriado, de la luz que se extiende por la tarde de est\u00edo&#8230; Y ella piensa que alg\u00fan d\u00eda pasar\u00e1 su cuerpo, su cuerpo que habr\u00e1 dejado de pertenecerle, pasar\u00e1 por una calle cualquiera, en alg\u00fan carro humilde, sin cortinas con flecos, sin cristales, sin cortejo, sin deudos enlutados, sin amigos y sin flores, pasar\u00e1 solitario por alguna calle oscura y lo llevar\u00e1n lejos, lejos y olvidado&#8230; Su cuerpo que acaso recuerde todav\u00eda el olor y los rumores de la tierra, y ella preferir\u00eda que lo lanzasen al mar, su cuerpo, que lo dejasen descender lentamente hasta el fondo, all\u00ed donde el silencio crece, donde la luz se apaga, su cuerpo entre medusas y corales, entre peces voraces que perforar\u00e1n su cuerpo y el agua circular\u00e1 libremente por entre los orificios abiertos en su cuerpo y peque\u00f1as burbujas subir\u00e1n muy alto, estallando en el aire, m\u00e1s all\u00e1 del nivel de las aguas \u2026Pero ya la calle est\u00e1 limpia de entierros, de cortejos f\u00fanebres, limpia y clara, y las gentes se olvidan de la muerte, y piensan que es otro quien ha muerto, alguien que nadie ha visto, y comienzan a hablar de otras cosas y todo lo reducen a la vida&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2026y yo pienso que acaso pueda sucederme algo imprevisto, fuera del diario acontecer, alguna cosa extra\u00f1a, extraordinaria, que pudiera sucederme, algo m\u00e1s all\u00e1 o m\u00e1s ac\u00e1 de la muerte, pienso, mientras miro la bandera ondeando con el viento, el viento la levanta, la doblega, y de pronto la bandera se inclina&#8230; tal vez las manos que la sostienen est\u00e1n cansadas, manos escondidas, manos ocultas entre la muchedumbre, tal vez est\u00e1n cansadas y piden un relevo&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Y aunque ya la calle est\u00e1 limpia de entierros, de cortejos f\u00fanebres, ella sigue pensando en la muerte&#8230; la muerte que puede llegar inesperadamente y no le dar\u00e1 tiempo a pensar en nada, ni en la muerte misma, la muerte penetrando en ella, concentr\u00e1ndose en ella, derribando lo que de ella queda, porque acaso estar\u00e1 ya muerta cuando la muerte, o el viento, o el impulso que la muerte arrastra, derriben su cuerpo, su cuerpo ya invadido por la muerte&#8230; La bandera se levanta, quiz\u00e1s las manos han tomado nuevas fuerzas o quiz\u00e1s son otras manos las que la sostienen abajo, manos escondidas, ocultas en la multitud y la bandera flota de nuevo alta, ondeando con el viento. Y ella respira&#8230; El viento le entra por la boca&#8230; Ella respira el viento, el viento que es impulso, el viento que es la vida&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>&#8230;y yo pienso en otros pa\u00edses donde el viento sopla leve, pa\u00edses donde los d\u00edas cambian, se alargan y se acortan, y hay noches infinitas&#8230; pa\u00edses donde existe el oto\u00f1o y una luz violeta apenas arrebola las nubes y las hojas navegan en el aire y siento que podr\u00eda irme con ellas, irme sin saber de tiempos ni de muertes&#8230; y siento que el oto\u00f1o est\u00e1 dentro de m\u00ed, resbalando hacia adentro en los giros de tantas cosas desprendidas, de tantas cosas arrancadas adentro, muy adentro, all\u00ed donde soplan los grandes vendavales que desprenden, que arrancan&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Y aunque el mar est\u00e1 lejos, el mar donde su cuerpo estar\u00e1 inm\u00f3vil en el fondo cuando ya nada sienta, nada pueda imaginar, aunque el mar est\u00e1 lejos, ella siente el aliento marino que le pasa por la cara, el salitre detenido en su piel, la sombra de los barcos anclados en el puerto, el puerto que est\u00e1 cerca, muy cerca, y ella se sienta en el quicio de cemento de cara hacia los barcos y los mira desplazarse, tan lentos&#8230; y tan lejos que se marchan&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>&#8230;y yo pienso en otros barcos fr\u00e1giles que se hac\u00edan a la vela en d\u00edas tormentosos de aguas enlodadas, peque\u00f1os veleros zozobrando, mientras miro la bandera flotando con el viento&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Ha llegado all\u00ed sin pensarlo, sin propon\u00e9rselo, arrojada all\u00ed, a las orillas de una ciudad que quiere ser ciudad de bares y prost\u00edbulos, de grandes cementerios, con inmensos mataderos donde cientos de bueyes degollados dejan su sangre aposentada, ciudad de gente sometida, de gente sin refugio, ciudad de realidades que saben tan poco de su vida, y las gentes se encuentran, se miran y se hablan, se saludan, se despiden\u2026 y ella sin adioses, sin pa\u00f1uelos desplegados, en un sitio desproporcionado, demasiado limitado para los silencios, demasiado vasto para los encuentros\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2026y yo recuerdo la ciudad lejana, los saludos asomando desde todas las ventanas, los pa\u00f1uelos abiertos con rumbo hacia el encuentro&#8230; recuerdo las vibraciones de un tiempo duradero, las gotas de la lluvia mojando los tejados, los d\u00edas estirados en la curva del sol\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>El edificio le cierra el paso. Ella quiere penetrar al vest\u00edbulo, atravesarlo todo, el gran vest\u00edbulo, las luces desde lo alto iluminando el inmenso vest\u00edbulo, ella con el desea de penetrarlo, con el deseo de recorrerlo, de atravesarlo todo, de detenerse en el centro del inmenso vest\u00edbulo, la luz cayendo desde lo alto, ella imaginando el desamparo del inmenso vest\u00edbulo totalmente iluminado, las gentes en el centro del inmenso vest\u00edbulo solitario, y ella antes de haberlo penetrado, antes de recorrer los espacios tensos, la luz cayendo desde lo alto, el roce de la Iuz sobre el inmenso vest\u00edbulo desierto&#8230; Ella cambia de direcci\u00f3n, toma el sitio abierto de la calle, una calle sin estatuas y sin fuentes, la estatua del h\u00e9roe elaborada con un huevo material, un material sin peso, y el h\u00e9roe est\u00e1 flotando, bamboleando en el aire&#8230; Ella tiene todo el sitio para ella, para su inmovilidad, porque se ha quedado inm\u00f3vil en medio de la calle&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2026Y yo comienzo a imaginar presencias&#8230; a darle forma a las presencias&#8230; y pienso en lo que fueron las calles y la estatua del h\u00e9roe saltando con nosotros los pelda\u00f1os de piedra&#8230; y siento que la piedra ha crecido, que el tiempo nos ahoga&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ya no tiene todo el sitio para ella. El tr\u00e1fico se reanuda y ella salta entre los veh\u00edculos esquivando la muerte, sintiendo la muerte cerca, sintiendo la muerte lejos, midiendo cada gesto&#8230; y la gente que grita, la multitud que avanza, y la bandera crecida ondeando con el viento. La velocidad est\u00e1 en todo, en los veh\u00edculos que devoran el espacio, los gritos en oleadas que estremecen el aire&#8230; y ella piensa que es dif\u00edcil amar, que es m\u00e1s f\u00e1cil morir, piensa en el consentimiento hacia el amor que est\u00e1 en su cuerpo, en el rechazo de su cuerpo hacia la muerte &#8230;y la invaden las bruscas sacudidas de la ciudad sin reposo, su cuerpo respirando sin apoyo, su cuerpo a igual distancia de la vida y de la muerte, su cuerpo a igual distancia de la muerte y del amor&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>&#8230; y yo recuerdo las calles tan angostas, gatos echados al pie de los pilares, ancianas recogiendo las yerbas m\u00e1s fragantes&#8230; recuerdo los vecinos que hablaban de la luna&#8230; recuerdo nombres, recuerdo las miradas, recuerdo los silencios&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Los balcones llenos de gente que se mueve, ella mirando lo animado, el desenfreno que lleva consigo lo animado, las gentes en los balcones sin miedo a desplomarse se inclinan hacia afuera&#8230; Un gran claro se establece de pronto, un espacio vac\u00edo, y la tarde se proyecta sin sombra y es como si fuese el silencio, como si el movimiento se hubiese detenido en esa pausa ef\u00edmera donde queda la tarde suspendida&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>&#8230;y yo recuerdo las tardes sin fatigas, sentados todos juntos bajo el cielo de agosto, la sombra tan liviana, recuerdo el aire que ca\u00eda, la noche despuntando, estelas luminosas cruzando los espacios&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Todos son desconocidos, todos, o tal vez ella no reconoce a ninguno, todos est\u00e1n perdidos en la inmensa muchedumbre donde las manos se ocultan y sostienen desde abajo una bandera, una bandera ondeando sobre el mundo&#8230; A ella la cansa el mundo, la fatiga caminar por el mundo esperando los encuentros que nunca se producen, esperando la vida desprendida de alg\u00fan sitio&#8230; Hay gentes extenuadas all\u00e1 en la muchedumbre, gentes in\u00e1nimes que se han quedado atr\u00e1s, y los que van compungidos, con inmensos deseos de llorar, de sollozar a oscuras, la cabeza sumergida en la compacta muchedumbre, y abajo, all\u00e1 en el fondo, hay manos que sostienen la bandera, manos que la levantan, y la bandera se abre, se despliega en el viento&#8230; Ella quiere escapar, correr sobre los puentes que apenas la sostienen, los puentes congelados&#8230; G\u00e9lido, estacionado, el aire de la tierra&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>&#8230;y yo pienso en la tierra sin edad, en las espesas aguas que envuelven a la tierra, en las luces lejanas que rielan en las aguas, las luces que iluminan extraviados navegantes&#8230; y sue\u00f1o con voces detr\u00e1s del horizonte, con las h\u00famedas piedras de los tiempos sin hombres, sue\u00f1o con el espacio, los abiertos balcones que ocupan el espacio&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>La gente a la deriva, ella a la deriva con la gente, ocupando el espacio. Ella confundida con la gente, confundida en el espacio. Ella en el vac\u00edo de la gente, ocupando el vac\u00edo de la gente&#8230; La multitud avanza&#8230; Espectros de la noche se mezclan a los vivos, a los seres vivientes&#8230; La multitud avanza&#8230; La bandera se inclina&#8230; Abajo, all\u00e1 en el fondo, hay un largo abandono, las manos desfallecen&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2026y yo recuerdo la planicie desierta, el muro del cuartel integrado a la sombra, recuerdo el toque de corneta, el sonido doliente retumbando en la tarde&#8230; recuerdo la bandera, la bandera pleg\u00e1ndose, la bandera cerr\u00e1ndose en la tarde sin viento &#8230;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Regiones indeterminadas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>A mis hijos Fern\u00e1n y Elizabeth<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Desde aqu\u00ed, desde mi propia perspectiva, domino la calle que se dilata y la sombra de aquel desconocido, Miro c\u00f3mo la calle crece y se expande, pienso en mi hermana lejana y me siento libre de tocar lo vulnerable. Mi hermana estaba siempre expuesta, expuesta a todas las claridades y a muchas sombras. Ten\u00eda los ojos muy abiertos y en ellos se reflejaba todo el acontecer. Mi hermana ten\u00eda una perspectiva distinta de la m\u00eda o acaso era la misma y yo no la reconoc\u00eda. Desde aqu\u00ed puedo darle la espalda a mi fr\u00eda perspectiva y gozar de una frescura tibia, mirar las s\u00e1banas apelotonadas que guardan todav\u00eda algo de mi calor. Puedo pensar que las manos de mi hermana, aquellas manos aladas que se abr\u00edan y se cerraban en un vuelo fugaz, copiar\u00edan las complicadas maniobras que reflejaban sus ojos y alisar\u00edan las s\u00e1banas, las frazadas, estir\u00e1ndolas a todo el largo del lecho que bien podr\u00eda ser lecho nupcial o lecho mortal. El amor y la muerte van muy juntos mas yo, desde mi propia perspectiva, los coloco a ambos en extremos opuestos y dejo entre los dos extremos un gran espacio por llenar. Las manos de mi hermana correr\u00edan despaciosas las cortinas neg\u00e1ndome la visi\u00f3n de lo lejano. Me encerrar\u00edan en la oscuridad y s\u00f3lo ver\u00eda de mi hermana su largo traje blanco cuyos bordes tocaban el suelo. Pero yo sigo mirando el \u00e1ngulo donde hace apenas unos instantes \u2014el tiempo es un fluido que se escapa vertiginoso\u2014 se ergu\u00eda la sombra de aquel desconocido. Yo lo vi detenido, pensando que era aquella su posici\u00f3n definitiva, que all\u00ed podr\u00eda so\u00f1ar, rememorar las horas, evocar el olor de otros instantes, tan s\u00f3lo el olor que es acaso lo \u00fanico que persiste en la misma semejanza ya que la forma cambia y el color es siempre otro, va adquiriendo tonos sombr\u00edos, ennegreci\u00e9ndose, lenta o precipitadamente. El olor viene por r\u00e1fagas y nos llega intacto desde el fondo del tiempo. Mi hermana ten\u00eda un olor inolvidable. Muchas veces pens\u00e9 que el aspirarlo me bastar\u00eda por toda una eternidad. Pero el olor pasa, se escapa r\u00e1pido, m\u00e1s r\u00e1pido que el viento, pasa relampagueante, sin apariencia corp\u00f3rea, una presencia et\u00e9rea, inalcanzable, y s\u00f3lo deja tras s\u00ed una estela invisible y el confuso rumor del tiempo removido. Estalla la evidencia de la inutilidad de todo intento de apresar las apariencias y lo que creemos intuir, lo que imaginamos descubrir, se esfuma ante el m\u00e1s peque\u00f1o roce, se deshace en infinitas volutas de una delicada voluptuosidad. Sin embargo, la apariencia es tambi\u00e9n realidad. Mi hermana escudaba bajo su apariencia \u2014alta, erguida, soberana\u2014 una gran debilidad. La llevaba dentro como hondo suspiro y ese aliento contenido, nunca abandonado, asomaba al borde de sus ojos en una luminosa humedad. Aquellos ojos que reflejaban sin piedad todo el acontecer. Mi hermana ten\u00eda gestos nobles y sabios. Los rodeos y digresiones le eran ajenos. Quiz\u00e1s ahora, en este momento en que he dejado atr\u00e1s la penumbra acogedora y miro hacia adelante, hacia el \u00e1ngulo vac\u00edo donde permaneci\u00f3 por un tiempo limitado o tal vez un tiempo infinito, aquel desconocido, donde acaso dej\u00f3 algo o mucho de s\u00ed mismo, alg\u00fan anhelo inconcluso, una trunca aspiraci\u00f3n, el final o el comienzo de una espera, ahora, no puedo reconstruir con precisi\u00f3n ninguno de los gestos de mi hermana. Todos se me escapan y s\u00f3lo llega hasta m\u00ed el resplandor de su sombra. Aquella sombra de mi hermana que la segu\u00eda fiel, sumisa, pleg\u00e1ndose a su estatura y pleg\u00e1ndose a su vez a las modificaciones que el devenir cierto o incierto de los d\u00edas impone a toda sombra Y siento crecer en m\u00ed como una desconocida lentitud, como si mi ritmo org\u00e1nico, el que se desprende de los continuos desplazamientos de la sangre, del aire, el aire que deja ser aire al respirarlo, y aire y sangre forman una sola, obstinada unidad, aquella que transita infatigable en el interior de esa otra unidad complicada y simple que es mi cuerpo, como si ese ritmo oculto, que a veces se disloca en vibraciones, estuviese a punto de apaciguarse. Desde aqu\u00ed domino por entero mi propia, inmutable perspectiva. Me siento seguro de m\u00ed mismo, una segundad nunca sentida. Me adelanto para mirar detenidamente el \u00e1ngulo donde se detuvo la sombra de aquel desconocido y de pronto me parece otro, distinto, y pierdo, repentinamente, mi reci\u00e9n adquirida serenidad y comienzo de nuevo a agitarme en el sitio que escapa a mi dominio, el que tengo que reconocer cada d\u00eda, darme cuenta de sus inseguras dimensiones, recomenzar cada vez a acomodarme en \u00e9l por un tiempo que imagino muy largo y acaso est\u00e1 a punto de agotarse \u2014pienso en mi hermana vulnerable, mi hermana y su gran debilidad\u2014 y de nada me sirve la posici\u00f3n que cre\u00ed definitiva, quiz\u00e1s la misma que adoptara aquel desconocido cuya sombra parece que continuase detenida, a pesar de haber constatado su desaparici\u00f3n, en realidad no recuerdo haberla visto alejarse \u2014pienso con insistencia en mi hermana lejana\u2014 pero qui\u00e9n sabe si ando equivocado en mi visi\u00f3n real y todo no ha sido m\u00e1s que un sue\u00f1o y el espacio que el sue\u00f1o aprisiona no es el mismo que aprisiona la vigilia. Mi hermana no so\u00f1aba nunca, pero hablaba de cosas que s\u00f3lo podr\u00edan darse en regiones indeterminadas. Nombraba los objetos con nombres que no guardaban ninguna relaci\u00f3n entre s\u00ed. Quiz\u00e1s tendr\u00edan alguna secreta, misteriosa relaci\u00f3n que a m\u00ed se me escapaba. Se expresaba en palabras destinadas al olvido y dibujaba en el vac\u00edo trazos infinitos. Hablaba en im\u00e1genes, im\u00e1genes desprovistas de toda significaci\u00f3n, las cosas se significaban al nombrarlas mi hermana y la sustancia que de las cosas se escapaba sal\u00eda a la luz, y ella, mi hermana, con su largo traje blanco que barr\u00eda el polvo de los suelos, en medio de ese irrumpir inesperado de cosas significadas, de pronto&#8230; despertaba. La realidad es s\u00f3lo producto de los sue\u00f1os, en la vigilia los sue\u00f1os se corporizan y se vuelven otros. En mi hermana la vigilia era distinta. Nunca supe cu\u00e1ndo estaba despierta o acaso andaba siempre dormida, caminando en sue\u00f1os. Se mov\u00eda, seguida de su sombra, y si alguna vez mi hermana titubeaba, la sombra zozobraba. Tocaba las cosas y las cosas eran otras. Alineaba las sillas, desplegaba los manteles, llenaba las jarras hasta los bordes, el agua se deten\u00eda en un l\u00edmite inabordable, y las copas refulg\u00edan entre sus manos. Iba y ven\u00eda en medio del \u00edntimo desorden de lo cotidiano y en ese ir y regresar continuo parec\u00eda que en ella se cumpliese una simb\u00f3lica tarea. Los s\u00edmbolos pueden traicionarnos si nos empe\u00f1amos en descifrarlos. Tal vez por eso nunca intent\u00e9 buscar interpretaci\u00f3n a los s\u00edmbolos de mi hermana. Los miraba, enigm\u00e1ticos, deslizarse a todo el largo de las estaciones y miraba c\u00f3mo acababan por detenerse en una imperecedera, \u00fanica estaci\u00f3n, blanca, abierta, que anulaba los colores. Era entonces cuando se iniciaba el combate de los reflejos, la batalla de las irradiaciones. Nunca he podido ubicar a mi hermana en ning\u00fan tiempo. No pertenece a lo ya vivido, ni a este tiempo que yo vivo sin saber que estoy viviendo, ni tampoco a aquel que ha de llegar, inexorable, fatalmente para todos. Estaba fuera del tiempo o tal vez aposentada en el tiempo. Al margen de la muerte. Celebrando la muerte. La muerte como una fiesta. Una fiesta solemne y memorable. Me inclino a\u00fan m\u00e1s, mucho m\u00e1s hacia adelante, ya sin miedo al vac\u00edo, a la atracci\u00f3n del vac\u00edo. Me inclino desde mi nueva perspectiva, muy distinta de la de mi hermana, y miro, miro con una visi\u00f3n muy m\u00eda, una visi\u00f3n que me pertenece por entero, miro la sombra de aquel desconocido que ahora se destaca n\u00edtida, inconfundible. La miro como si estuviese muy cerca, pero s\u00e9 que est\u00e1 muy lejos, m\u00e1s all\u00e1 de m\u00ed mismo, de todo lo que alcanzo, las espesas cortinas que las manos de mi hermana corr\u00edan y descorr\u00edan en un juego de luz y de tiniebla, m\u00e1s all\u00e1 de los bosques, de los mares, de lejanos, desconocidos continentes, donde quiz\u00e1s, mi hermana hab\u00eda depositado sus deseos y ahora estar\u00edan crecidos, crecidos y sin memoria. Alguien pasa r\u00e1pido, fugaz, muy lejos de la calle. Alguien pasa vacilante muy lejos de la calle. La calle que se ha expandido tanto que ha perdido sus l\u00edmites. Alguien pasa, irreconocible, acaso por tanta lejan\u00eda, por tanta bruma liquida, deshecha, que todo lo ha cubierto. Yo voy retrocediendo lentamente en medio de una inmovilidad que se traduce en movimiento. El miedo y la cobard\u00eda coexistiendo. Miedo a tocar mi sombra, miedo a afrontar mi sombra. Ya no quiero mirar hacia el sitio donde alguien est\u00e1 quiz\u00e1s agonizando o qui\u00e9n sabe si ya habr\u00e1 muerto. Lejos queda el sol encegueciente, el s\u00fabito crep\u00fasculo, los rumores dormidos, el silencio. El espeso silencio de la noche. Ya no hay m\u00e1s que sombras, y la tibia frescura s\u00f3lo presentida, y la forma muy difusa de las s\u00e1banas que ya han perdido mi calor. Pienso en mi hermana distante: Pienso en mi hermana perdida&#8230;<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/antonia-palacios\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">Cuentos tomados del libro <em>El largo d\u00eda ya seguro <\/em>(1975). Selecci\u00f3n y transcripci\u00f3n: <a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/carolina-alvarez-arocha\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Carolina \u00c1lvarez<\/a>.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Antonia Palacios Una bandera ondeando con el viento A Juan Larrea Hab\u00eda llegado all\u00ed sin pensarlo, sin propon\u00e9rselo, Hab\u00eda balcones, balcones abiertos, balcones cerrados, Mucha gente. Gentes que iban y ven\u00edan por la calle, Algunos se deten\u00edan, Gentes asomadas a los balcones, balcones vac\u00edos, balcones sin gente. Una inmensa bandera ondeaba con el viento. Quiz\u00e1s [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":18208,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18207"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=18207"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18207\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":18209,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18207\/revisions\/18209"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/18208"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=18207"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=18207"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=18207"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}