{"id":18168,"date":"2026-01-17T16:58:35","date_gmt":"2026-01-17T21:28:35","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=18168"},"modified":"2026-01-18T15:40:26","modified_gmt":"2026-01-18T20:10:26","slug":"dos-ensayos-breves-de-juan-nuno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-ensayos-breves-de-juan-nuno\/","title":{"rendered":"Dos ensayos breves de Juan Nu\u00f1o"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El f\u00fatbol, los toros y la muerte<\/h3>\n\n\n\n<p>El espect\u00e1culo del f\u00fatbol es bien diferente al juego: como el ajedrez, como la cocina, como el b\u00e9isbol, como la etiqueta social, el f\u00fatbol responde a reglas. O constitutivas (cu\u00e1ntos jugadores, d\u00f3nde, cu\u00e1nto tiempo) u operativas (qu\u00e9 es permitido y cu\u00e1ndo) o circunstanciales (sanciones, pr\u00f3rrogas, resoluciones por penalties), pero todas con una caracter\u00edstica: sometidas en definitiva instancia a la absoluta subjetividad del \u00fanico no jugador, el \u00e1rbitro. Paradoja del juego: decide quien no juega, decide el voyeur oficial, el espectador privilegiado.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego est\u00e1n los otros, los espectadores lejanos y alejados, cada vez m\u00e1s aislados, m\u00e1s enjaulados, sometidos incluso a obligadas cuarentenas. Son la cara l\u00fadica externa, el espect\u00e1culo agregado, la participaci\u00f3n indirecta, jugadores vicariales, seudodeportistas sublimados. Con el tiempo, cada vez pesa m\u00e1s el espect\u00e1culo sobre el juego, el p\u00fablico y sus exigencias sobre el deporte y sus rigores.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que comenz\u00f3 como una actividad privada, de colegios y clubes, hace mucho que se convirti\u00f3 en empresa p\u00fablica. Las multitudes, adem\u00e1s de generar ganancias, aportan la nota oper\u00e1tica, escandalosa, teatral, a lo que de suyo es un juego relativamente simple y un deporte particularmente exigente. Al contrario del b\u00e9isbol, juego complejo en grado sumo, pero deporte escasamente atl\u00e9tico: lo pueden practicar obesos y con anteojos. En el f\u00fatbol, por el contrario, las exigencias del p\u00fablico, cada vez m\u00e1s masivo, fuerzan a los jugadores al m\u00e1ximo rigor deportivo. Antes, hace medio siglo o aun menos, no era excepcional que lo jugasen hombres de m\u00e1s de treinta a\u00f1os; ahora, impensable: los queman r\u00e1pidamente. \u00abMueren\u00bb deportivamente al llegar a la treintena, salvo los porteros, no tan exigidos f\u00edsicamente. El cambio tiene que ver con el f\u00fatbol-espect\u00e1culo, introducido por la presi\u00f3n de las masas. La est\u00e9tica comienza a privar sobre lo pr\u00e1ctico. Cierto que lo que cuenta es el resultado, pero la gente, el que asiste al juego o el que lo ve por televisi\u00f3n, quiere algo m\u00e1s: quiere el agregado art\u00edstico de c\u00f3mo se obtuvo ese resultado. Se aplaude el gol, pero tambi\u00e9n se celebran las jugadas arriesgadas, vistosas, por acrobacia o inteligencia. A la presi\u00f3n masiva de la asistencia directa (en los grandes estadios, promedio de cien mil espectadores) y al influjo de las pasiones enconadas (matanzas en los estadios, de Lima a Bruselas) se a\u00f1ade la invisible asistencia de quienes lo ven por televisi\u00f3n (centenares de millones). Entonces se ejerce otro tipo de influencia, ya que el jugador, adem\u00e1s de saber que lo est\u00e1n viendo pr\u00e1cticamente en todo el mundo, se encuentra pendiente de las grabaciones de su actuaci\u00f3n, en las que quedar\u00e1 para siempre constancia de sus aciertos y errores. El f\u00fatbol televisado pasa del teatro (lo que sucede una sola vez en la cancha) al cine (lo que se puede ver una y otra vez). Hace tiempo que los jugadores dejaron de ser deportistas \u00fanicamente para convertirse en \u00abestrellas\u00bb, actores favoritos de sus p\u00fablicos. No es de extra\u00f1ar que, con la asistencia femenina, algunos hayan recibido sobrenombres halagadores (\u00abIl bel Antonio\u00bb) que nada tienen que ver con su habilidad futbol\u00edstica o que, incluso, por culpa de una foto indiscreta (Butrague\u00f1o, en El Pa\u00eds), sus admiradoras (y quiz\u00e1 secretos admiradores) exalten otros atributos no espec\u00edficamente deportivos. El espect\u00e1culo pide que se vea el f\u00fatbol (y los futbolistas) no \u00fanicamente que se aprecien las jugadas o se celebren los resultados.<\/p>\n\n\n\n<p>Lenta, pero indetenible conversi\u00f3n del f\u00fatbol en algo as\u00ed como una suerte de toreo aggiornato. El p\u00fablico taurino quiere a sus \u00eddolos no por lo que hacen (todos, en definitiva, hacen lo mismo), sino por c\u00f3mo lo hacen. Celebran su porte, su gallard\u00eda, su virilidad (no han faltado toreros que han suplementado<br>discretamente a la madre naturaleza para lograr un mejor efecto) y aplauden o jalean las \u00abjugadas\u00bb art\u00edsticas que sepa hacer ante el ciego enemigo. No es casualidad que desde hace alg\u00fan tiempo el p\u00fablico de f\u00fatbol se comporte como el de los toros. Quiz\u00e1 Espa\u00f1a no ocupe un lugar destacado en los anales del f\u00fatbol mundial, pero ya ha aportado un cierto lenguaje al espect\u00e1culo. De all\u00ed proviene el \u00abol\u00e9\u00bb con que las multitudes corean determinadas jugadas de su equipo. Clara raigambre taurina: t\u00edpico fen\u00f3meno de contaminaci\u00f3n o transculturaci\u00f3n de un espect\u00e1culo con otro.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero gritar \u00abol\u00e9\u00bb es querer convertir el deporte en arte, querer hacer del f\u00fatbol un toreo sin toro. Ati\u00e9ndase a que s\u00f3lo se dice en determinados momentos, no precisamente cuando se busca y logra el objetivo m\u00e1ximo del juego, el gol, sino cuando se exalta el espect\u00e1culo, cuando se disfruta del juego por el juego mismo. De esa manera, gracias el multitudinario f\u00fatbol, el ol\u00e9 ar\u00e1bigo-andaluz (wa-l-lah, \u00abpor Dios\u00bb; pariente del wa-sa-a-l-lah, ojal\u00e1, \u00absi Dios quiere\u00bb), ha penetrado hasta los confines boreales. Asusta ver a multitudes b\u00e1rbaras, n\u00f3rdicas, sajonas, germanas, corear el ol\u00e9 en el f\u00fatbol, absolutamente ignorantes de que en esa simple y sonora expresi\u00f3n se concentran siglos de un arte y una cultura a los que son por completo ajenos.<\/p>\n\n\n\n<p>Si al menos fuera un espect\u00e1culo puro, como lo es el ballet o el toreo. Porque el f\u00fatbol, por mucho que aspire a acercarse al arte, est\u00e1 cargado de pasiones nocivas que lo arrastran fuera de la emoci\u00f3n est\u00e9tica y lo llevan cada vez m\u00e1s al torturado terreno de las guerras de religi\u00f3n. Tampoco es inocente que las multitudes ondeen banderas y entonen encendidos himnos de guerra. El f\u00fatbol-espect\u00e1culo deriva peligrosamente hacia una forma de religi\u00f3n popular, en la que los enceguecidos creyentes (no en balde se llaman \u00abfan\u00e1ticos\u00bb) est\u00e1n dispuestos a morir y matar (m\u00e1s de una vez lo hacen) por sus colores. Consolarse pensando que es un desaguadero de las viejas obsesiones del hombre es practicar el m\u00e1s miserable de los enga\u00f1os: m\u00e1s que tranquilizante y exutorio, el f\u00fatbol obra como acicate, yesca, aguij\u00f3n de las fobias religiosas y agresivas que forman parte indisoluble de la humana naturaleza. En su haber, ya tiene una guerra entre naciones (en Centroam\u00e9rica, precisamente) y por algo John Huston lo eligi\u00f3 como tema y fondo para una pel\u00edcula sobre la Segunda Guerra Mundial (El gran escape), representando en la cancha el choque entre dos concepciones del mundo, la nazi y la democr\u00e1tica.<\/p>\n\n\n\n<p>A la entrada de algunas plazas de toros, como la de M\u00e9xico, hay estatuas de toreros famosos, para no mencionar el aporte de la poes\u00eda: aquel Llanto por la muerte de Ignacio S\u00e1nchez Mejias. No ser\u00eda de extra\u00f1ar que, de seguir la tendencia del f\u00fatbol, cada vez m\u00e1s espect\u00e1culo y menos juego deportivo, m\u00e1s temprano que tarde suceda lo mismo: estatuas en los estadios y surgimiento de alg\u00fan Garc\u00eda Lorca de las patadas al bal\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Bien pensado, no ser\u00eda muy est\u00e9tico que se diga ver la efigie del enano Maradona o soportar un soneto al Rey Pel\u00e9. Pero no hay que desesperar: todo se andar\u00e1. Sin embargo, jam\u00e1s el f\u00fatbol, por mucho arte que pretenda introducir en el juego, podr\u00e1 acercarse ni a la sombra del toreo: adem\u00e1s de faltarle la innegable belleza del hombre solo ante la bestia, carece del componente esencial y sagrado del toreo: el acto sacrificial contenido en el ritual del peligro que asegura, en cada corrida, la constante presencia de la muerte. Los jugadores de f\u00fatbol, por muy h\u00e1biles o fuertes que sean, s\u00f3lo se juegan los millones de sus jugosos contratos. H\u00e9roes de nuestro tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Malas palabras<\/h3>\n\n\n\n<p>No es que sean m\u00e1s que las buenas, sino que se usan m\u00e1s. De ah\u00ed que sean malas. Por su abuso. Corren como la falsa moneda, en este caso, de boca en boca. Abundan, se repiten, se hacen universales y amplias, y s\u00f3lo consiguen que nadie sepa qu\u00e9 quieren decir. Lo que no impide, antes bien estimula, que se las siga empleando generosamente.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abAmor\u00bb, por ejemplo, para no comenzar levantando ampollas. Merecer\u00eda ser la reina de las malas palabras, pues se usa para todo, y, lo peor, para todos. Hasta convertirse en una obligaci\u00f3n. Porque si menester es amar a alguien, sobre todo a nuestro pr\u00f3jimo, por precepto, de amor s\u00f3lo queda el nombre. Tambi\u00e9n los esposos se deben mutuo amor, que es la manera m\u00e1s segura y r\u00e1pida de comenzar a no soportarse y llegar probablemente a odiarse. \u00bfPara qu\u00e9 no habr\u00e1 servido el amor? Hace girar el mundo y, de creer a Dante, move il sole e l&#8217;altre stelle, nada menos. Es m\u00e1s fuerte que la muerte, exige juramentos y sobrevive al sarampi\u00f3n. De tan universal, los poetas lo han exaltado hasta rebajarlo. Common as light is love, cantaba Shelley, que de ser verdad, todo estar\u00eda inundado de amor y el mundo se pondr\u00eda insoportablemente meloso. Palabra que penetra en todos los discursos; voz con la que se limpian la garganta todos los humanos. Fetiche favorito de las religiones, de los pol\u00edticos y de todo tipo de predicador. Sirve igual para un roto que para un descosido. Lo mismo se aplica al comercio que a la sublime inspiraci\u00f3n, por lo que conviven el amor con tarifa y el otro, invalorable. Amor pasajero y amor eterno. Amor loco y amor prudente y sabio. Verdaderamente, \u00bfqu\u00e9 har\u00edan los hombres sin amor, es decir, sin la palabra amor?<\/p>\n\n\n\n<p>No es menos mala \u00ablibertad\u00bb. La han proferido todos; la han disfrutado muy pocos. En su nombre, como suspirara Madame Roland, camino del pat\u00edbulo, no han dejado de cometerse cr\u00edmenes. Y lo que te rondar\u00e9. La libertad es algo que se promete, se busca, se anhela. Suena a viaje, a otro mundo, a huida. Quiz\u00e1 es peor que amor, pues puede fingir con mayor facilidad: cada quien sue\u00f1a a su modo con ella. Su definici\u00f3n es tan imposible y tan innecesaria como la del amor. Si \u00e9ste excita, aqu\u00e9lla adormece. Sirve de anestesia mientras el hombre se entrega cada vez m\u00e1s a su destino de animal enfermo y represivo. Si con el amor trafican los vendedores de religiones, con la libertad medran los mercachifles de ilusiones sociales. Por algo Claudel, viejo cat\u00f3lico, experto en amor y libertad, lleg\u00f3 a exclamar: D\u00e9livrez-moi de la libert\u00e9 ! Imposible: de las malas palabras, de las grandes palabras, nadie puede librarnos. Son nuestra moneda cotidiana, nuestras se\u00f1as de identidad para salir cada ma\u00f1ana a la calle.<\/p>\n\n\n\n<p>Quien lo vio con toda claridad fue Orwell: \u00abAmor es odio\u00bb, \u00abLibertad es esclavitud\u00bb. Voces intercambiables. Proposiciones contradictorias. Extremos que se tocan. Igualdad de los opuestos. A todo eso tambi\u00e9n se le da otra mala, mal\u00edsima palabra: \u00abdial\u00e9ctica\u00bb. Nadie se libra de esta \u00faltima plaga, pues al menos de cien a\u00f1os ac\u00e1, todo es dial\u00e9ctico. Hasta el subdesarrollo, una pobre palabra que, como la democracia, ni siquiera llega a la categor\u00eda de mala. Vivimos rodeados de esas y otras malas palabras. No tienen ni valor ni significado; parlotean, no comunican; gritan, nada dicen. Aptas para consignas, pobres en el discurso racional; piden m\u00e1s que entregan. Exigen sin dar respuesta a nada. Palabras que, como notara Val\u00e9ry, han desempe\u00f1ado todos los oficios. Hasta el m\u00e1s antiguo del mundo, como el amor; aun el m\u00e1s corrompido, como la libertad y el menos racional, como la dial\u00e9ctica.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/juan-nuno\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El f\u00fatbol, los toros y la muerte El espect\u00e1culo del f\u00fatbol es bien diferente al juego: como el ajedrez, como la cocina, como el b\u00e9isbol, como la etiqueta social, el f\u00fatbol responde a reglas. 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