{"id":18159,"date":"2026-01-17T16:22:19","date_gmt":"2026-01-17T20:52:19","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=18159"},"modified":"2026-01-17T16:24:44","modified_gmt":"2026-01-17T20:54:44","slug":"requiem-por-norma-jeane","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/requiem-por-norma-jeane\/","title":{"rendered":"R\u00e9quiem por Norma Jeane (fragmento)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Rafael Victorino Mu\u00f1oz<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>Cuatro (continuaci\u00f3n)<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Cuando me despert\u00e9 supuse que alguna camarera hab\u00eda entrado: los peri\u00f3dicos del d\u00eda anterior estaban cuidadosamente ordenados sobre una repisa, y encima de la mesa estaban los de ese d\u00eda, desplegados como una baraja funesta donde la nota resaltante era la dama de negro: mi rubia amada. Pero no me pod\u00eda detener esta vez mucho en eso. Vi mi reloj. Eran las 8:15 de la ma\u00f1ana. No estaba muy seguro de la hora del entierro. Hab\u00edan hecho circular diversas versiones, qui\u00e9n sabe si con toda intenci\u00f3n, para disuadir a los curiosos y a los fan\u00e1ticos.<\/p>\n\n\n\n<p>Llam\u00e9 a la recepci\u00f3n del hotel y pregunt\u00e9 d\u00f3nde podr\u00eda alquilar un traje; yo no ten\u00eda uno apropiado para la ocasi\u00f3n, o s\u00ed lo ten\u00eda, pero en casa y no lo hab\u00eda llevado cuando fui a la ciudad de los casinos a hacer los trabajos de los que habl\u00e9 antes. Y claro, no iba a viajar a mi estado solo por eso. Por suerte, all\u00ed mismo en el hotel prestaban ese servicio. Tom\u00e9 caf\u00e9 y, en cuanto me tuvieron listo el traje, me vest\u00ed con un saco cuyas mangas me quedaban por los antebrazos y, as\u00ed, con ese aspecto poco solemne, sal\u00ed a dar el \u00faltimo adi\u00f3s a alguien que, de haberme visto en vida, acaso no me habr\u00eda recordado.<\/p>\n\n\n\n<p>Por alguna raz\u00f3n yo estaba muy nervioso, como si en lugar de ir a un entierro, me fuera a casar. El taxista lo not\u00f3 y, viendo mi traje y mi seriedad, consider\u00f3 que era su deber hablarme. Aclaro, yo le hab\u00eda dicho que me dejara en una iglesia cercana; hice eso en parte porque de verdad quer\u00eda musitar una oraci\u00f3n, porque supuse que el acceso al cementerio ser\u00eda m\u00e1s dif\u00edcil en carro que entrando a pie y porque no quer\u00eda que \u00e9l supiera a d\u00f3nde iba (ignoro a qu\u00e9 se deb\u00eda mi paranoia). El taxista, que dijo apellidarse Johnson, se hab\u00eda casado (o emparejado) tres veces, de lo cual ten\u00eda cinco hijos, todos varones menos la \u00faltima (esto lo dijo con cierto pesar).<\/p>\n\n\n\n<p>Llegamos por fin a la iglesia se\u00f1alada, cuando ya el hombre estaba por el relato de la tercera esposa. Una vez que me baj\u00e9 del taxi, mientras el conductor me deseaba suerte, decid\u00ed cancelar la parte de la oraci\u00f3n: tem\u00eda llegar tarde. Tal como imagin\u00e9, el acceso al cementerio estaba vedado. S\u00f3lo se permitir\u00eda ingresar a los \u00edntimos. Yo me tuve que conformar con estar detr\u00e1s de una tapia de mediana altura, a pocos metros de la entrada, junto con centenares de otros curiosos, algunos viudos improvisados, como yo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cerca- a mi izquierda- hab\u00eda un andamio para los camar\u00f3grafos de televisi\u00f3n; delante del muro- esto es, ya dentro del cementerio, pero hacia mi izquierda- estaban algunos fot\u00f3grafos; aunque una cuerda y varias decenas de polic\u00edas los manten\u00edan a raya en ese sitio. (Recuerdo que hubo muchas tomas ese d\u00eda. Las he buscado en libros, peri\u00f3dicos, revistas; pero son pocas las im\u00e1genes del entierro que he logrado encontrar.)<\/p>\n\n\n\n<p>Faltaba poco para las diez de la ma\u00f1ana cuando llegu\u00e9 al cementerio y me dispuse a esperar cuanto fuera necesario; al menos eso me dije, aunque no imagin\u00e9 que fuera tanto. M\u00e1s de tres horas despu\u00e9s ya no soportaba el calor y me molestaba cada vez m\u00e1s el traje que hab\u00eda alquilado. Entonces un rumor sordo y confuso se fue acrecentando y vi aparecer un hermoso y voluminoso Cadillac, que se deslizaba majestuoso y reluc\u00eda intensamente en la calle ba\u00f1ada de sol, encabezando una fila de varios veh\u00edculos, no muchos en realidad, no tantos como hubiera imaginado. El Cadillac ingres\u00f3 lentamente, custodiado por seis polic\u00edas con uniformes de gala. Cuatro iban de un lado, dos del otro. Detr\u00e1s del veh\u00edculo se situaron cinco hombres, entre los cuales cre\u00ed reconocer a alguien allegado a la actriz. La confusi\u00f3n deriv\u00f3 del hecho de que el hombre parec\u00eda haber estado llorando y se enjugaba con un pa\u00f1uelo. Ese mismo d\u00eda, en el bar de Jackson, aclar\u00e9 mi confusi\u00f3n. Se trataba de un empleado de la funeraria.<\/p>\n\n\n\n<p>Casi al entrar, la calle interior del cementerio toma una curva; el cortejo, con el Cadillac a la cabeza, custodiado por los polic\u00edas, seguido de los hombres y los dem\u00e1s veh\u00edculos, se perdi\u00f3 lentamente de vista, rumbo a la capilla. Aunque le\u00ed algo en la prensa de esos d\u00edas, casi todo lo que s\u00e9 del entierro me lo cont\u00f3 Ian, el hombre que estuvo llorando, porque yo no pude pasar de donde estaba. El sitio donde le dieron sepultura a nuestra amada no est\u00e1 muy cerca de la entrada (aunque yo despu\u00e9s lo he visitado muchas veces, incluso al d\u00eda siguiente del entierro).<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00e9 que en la capilla del cementerio se celebr\u00f3 un oficio en honor a la diva, y que asistieron en calidad de invitados muy pocas personas. Una de las tantas biograf\u00edas que he le\u00eddo asegura que fueron 31 personas. No tengo por qu\u00e9 creer que sea cierto, ya que la autora de la misma se\u00f1ala la fecha de cumplea\u00f1os del presidente de manera errada en dos distintas ocasiones: primero dice que fue el 19 de junio; despu\u00e9s dice que el 29 de marzo. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pr\u00e1cticamente ninguno de los asistentes al oficio religioso estaba vinculado a los grandes estudios de cine, fueran actores o directores. Esto fue por orden expresa del tercer esposo, el beisbolista. Debo aclarar que el \u00faltimo esposo, el guionista, el que en realidad era su esposo oficial hasta ese momento, no se le hab\u00eda visto desde que se suspendi\u00f3 el rodaje de <em>Monteblanco<\/em>, no hizo acto de presencia ni emiti\u00f3 ninguna clase de comentarios. S\u00f3lo dos o tres a\u00f1os despu\u00e9s volvi\u00f3 a hacer vida p\u00fablica, con motivo de la publicaci\u00f3n de uno de sus dramas.<\/p>\n\n\n\n<p>Ian tambi\u00e9n me cont\u00f3 que al principio del oficio religioso sonaron en un \u00f3rgano las notas de una melod\u00eda cl\u00e1sica (\u00e9l no sab\u00eda mucho de eso, pero en el peri\u00f3dico del d\u00eda siguiente le\u00ed que se trataba de la sexta de Piotr Tchaikovsky) y despu\u00e9s algo que \u00e9l s\u00ed hab\u00eda escuchado en una pel\u00edcula (algo de Garland). Mientras, el ata\u00fad de bronce, o satinado, permaneci\u00f3 abierto, mostrando que la rubia vest\u00eda de verde esperanza (hab\u00eda expresado un d\u00eda el deseo de ser enterrada as\u00ed), ten\u00eda en su regazo un ramo de rosas rosadas (colocado all\u00ed por el beisbolista). La expresi\u00f3n de su rostro no era suave, ni serena, ni relajada, aun a pesar del esfuerzo de los maquilladores. Se notaba a simple vista que ten\u00eda puesta una peluca.<\/p>\n\n\n\n<p>Las \u00faltimas palabras las pronunci\u00f3 un hombre con gruesas gafas, algo de calvicie y voz ligeramente gangosa (seg\u00fan la apreciaci\u00f3n de Ian). Se trataba del director de la Academia de Actores, Harry Stewart. (Este personaje, adem\u00e1s, recibi\u00f3 las tres cuartas partes del legado econ\u00f3mico de la rubia.) Fueron palabras sencillas pero precisas; un discurso quiz\u00e1s no muy sentido, quiz\u00e1s muy comedido, m\u00e1s solemne que emocionado (con algunos lugares comunes, para mi gusto).<\/p>\n\n\n\n<p>El orador dijo que ella era una leyenda, que hab\u00eda construido un mito de s\u00ed misma, demostrando lo que una ni\u00f1a pobre pero con voluntad puede lograr y que se hab\u00eda convertido en un s\u00edmbolo de la feminidad. Pero, agreg\u00f3, \u00e9l quer\u00eda m\u00e1s bien referirse, no a ese s\u00edmbolo, sino al ser humano, c\u00e1lido, impulsivo y a la vez t\u00edmido, sensible. Y as\u00ed le gustar\u00eda a ella que la recordaran, como una persona viva, no opacada por la sombra de la estrella glamorosa que era.<\/p>\n\n\n\n<p>Para \u00e9l- el orador gangoso- la mujer que all\u00ed yac\u00eda hab\u00eda sido mucho m\u00e1s que una devota y leal amiga, as\u00ed como una gran profesional que se preocupaba constantemente por hacer lo mejor posible en su trabajo. \u00c9l hab\u00eda tenido la oportunidad de compartir con ella sus alegr\u00edas y sus tristezas; la consideraba pr\u00e1cticamente un miembro de su familia. Por lo cual le resultaba dif\u00edcil aceptar que su vida hab\u00eda sido truncada por ese terrible accidente (us\u00f3 ese eufemismo, para referirse a la posible causa de su muerte; este detalle me lo hace a\u00fan m\u00e1s desagradable, tanto el orador como su oratoria).<\/p>\n\n\n\n<p>Luego dijo que la primera vez que la vio le hab\u00eda sorprendido la destellante sensibilidad que se notaba ella pose\u00eda, su gran frescura y vivacidad; \u00e9stas eran, a su juicio, las mayores cualidades de la estrella, mientras que otros elogiaban su gran e innegable belleza f\u00edsica. Todas esas cualidades, dijo, se hac\u00edan m\u00e1s evidentes cuando estaba en el escenario, donde ella brillaba con luz propia. Sin duda, asegur\u00f3, ella ha sido una de las m\u00e1s grandes actrices de todos los tiempos. No quer\u00eda decirle adi\u00f3s, porque, seg\u00fan, ella detestaba esa palabra; prefiri\u00f3 decirle un hasta luego, en un franc\u00e9s bastante amanerado y bastante fuera de lugar.<\/p>\n\n\n\n<p>Eran las dos y media de la tarde cuando vimos regresar el Cadillac y comprendimos que todo hab\u00eda terminado, para siempre. Las personas se fueron dispersando, entre las \u00f3rdenes suaves pero firmes de la polic\u00eda. Los fot\u00f3grafos recogieron sus equipos y los camar\u00f3grafos de televisi\u00f3n enrollaron los cables y bajaron de sus andamios. Yo me qued\u00e9 en el mismo sitio por un rato. Vi salir a uno de los hombres que cerraban el cortejo, el que confund\u00ed con un familiar; se notaba abatido, hizo un gesto con las manos, como pregunt\u00e1ndose ahora qu\u00e9, o acaso viendo que estaban vac\u00edas. Era mi amigo Ian, de quien ya he hablado y hablar\u00e9 un poco m\u00e1s. S\u00f3lo que en ese momento era a\u00fan un desconocido para m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Casi al \u00faltimo me alej\u00e9. Aunque no hab\u00eda desayunado ni almorzado, s\u00f3lo ten\u00eda sed, no exactamente una sed quemante sino una sensaci\u00f3n como de algo a medio deglutir, algo que no pudiera terminar de bajar por la garganta. Nunca he sido tomador, como dije, pero en ese momento necesitaba una cerveza. A pesar de haber vivido en la ciudad por algunos a\u00f1os, yo no hab\u00eda estado nunca antes en ese lado. As\u00ed que, con la esperanza de encontrar alg\u00fan lugar donde beber algo, camin\u00e9 sin rumbo por un rato, arrastrando los pies y sin ver en realidad por d\u00f3nde pasaba y qu\u00e9 calles tomaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando me detuve en una esquina y levant\u00e9 la mirada antes de cruzar, para constatar que no viniera ning\u00fan veh\u00edculo, mi mirada tropez\u00f3 con un letrero: Jackson\u00b4s Bar. Empuj\u00e9 la puerta vidriera. El interior estaba bastante oscuro, pero se sent\u00eda fresco, en comparaci\u00f3n con el calor lacerante de la calle. Orientado m\u00e1s por el sonido de los vasos y botellas al chocar con el mostrador que por mi vista, a\u00fan no adaptada del todo a la oscuridad, me dirig\u00ed a la barra, me acomod\u00e9 y dije \u201ccerveza\u201d. No distingu\u00ed si era un hombre joven o mayor el que serv\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>A\u00fan reten\u00eda, en mi mente, m\u00e1s que la imagen, el gesto del hombre. Parec\u00eda preguntarse \u201c\u00bfy ahora qu\u00e9?\u201d. \u201cComo si tuviera las manos vac\u00edas\u201d, me dije. Acaso queriendo responder al hombre, o a su gesto, y mirando el fondo de mi vaso, ya sin nada que beber desde hac\u00eda rato. Me decid\u00ed a pedir otra cerveza. Al fondo del bar, un grupo de hombres hablaba a voz en cuello. En ese momento todav\u00eda no hab\u00eda mucho que contar. Tampoco ten\u00eda la cabeza clara como para pensar, as\u00ed que decid\u00ed prestar atenci\u00f3n a la conversaci\u00f3n. Lo de conversaci\u00f3n es un decir: era m\u00e1s bien un griter\u00edo, una mezcla de maldiciones y amenazas de muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Y entonces, en medio de todas esas palabras, su nombre, el del presidente y el del fiscal se hicieron comprensibles ante mis o\u00eddos (a ellos eran a quienes maldec\u00edan y amenazaban de muerte). De pronto una idea lleg\u00f3 a mi cabeza o apareci\u00f3 ante mi vista, como si hubiera estado escondida, agazapada en la oscuridad; y todo comenz\u00f3 a tener alguna clase de sentido, al menos para m\u00ed. Dicen que todos nacemos dos veces: cuando nacemos y cu\u00e1ndo descubrimos para qu\u00e9. S\u00e9 que suena muy extra\u00f1o decir que yo nac\u00ed justo el d\u00eda en que a ella la enterraron. Pero es algo bastante aproximado a lo que sent\u00ed. Por lo menos dir\u00eda que fue como si hubieran encendido una luz en un s\u00f3tano olvidado. Y esa casa era yo y ese s\u00f3tano era mi alma. Y esa vela&#8230; bueno, esa vela ser\u00eda la venganza, mi venganza, que pronto tambi\u00e9n ser\u00eda nuestra.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/rafael-victorino-munoz\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rafael Victorino Mu\u00f1oz Cuatro (continuaci\u00f3n) Cuando me despert\u00e9 supuse que alguna camarera hab\u00eda entrado: los peri\u00f3dicos del d\u00eda anterior estaban cuidadosamente ordenados sobre una repisa, y encima de la mesa estaban los de ese d\u00eda, desplegados como una baraja funesta donde la nota resaltante era la dama de negro: mi rubia amada. 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