{"id":18139,"date":"2024-01-08T15:43:00","date_gmt":"2024-01-08T20:13:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=18139"},"modified":"2026-01-13T14:14:47","modified_gmt":"2026-01-13T18:44:47","slug":"sobre-todo-el-cuentista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/sobre-todo-el-cuentista\/","title":{"rendered":"Sobre todo el cuentista"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Gustavo Guerrero<\/h4>\n\n\n\n<p>Fue probablemente el \u00faltimo de los grandes intelectuales venezolanos que, en la mejor tradici\u00f3n del humanismo moderno, alberg\u00f3 la ilusi\u00f3n de ser un <em>homo universalis<\/em>. Y tambi\u00e9n fue probablemente el \u00faltimo que vio en Venezuela un acuciante enigma e hizo de su af\u00e1n por resolverlo una pasi\u00f3n y un destino. Creo que, por muy dispares que resulten, estas dos facetas deber\u00edan figurar desde un comienzo en cualquier retrato que se esboce de Arturo Uslar Pietri (1906-2001). Pero casi enseguida tenemos que a\u00f1adir una tercera: la del pensador americanista, disc\u00edpulo de Rod\u00f3 y de Vasconcelos. Instancia mediadora, sin ella no se entienden las otras ni la equilibrada trinidad que acaban formando todas en un solo y mismo personaje. Y es que las tres fueron en verdad tan suyas y las cultiv\u00f3 con tanto esmero que, como muchos a\u00fan recordamos, se le sent\u00eda igualmente c\u00f3modo hablando de James Joyce, del mestizaje en el Caribe o de los ritos funerarios tibetanos. A veces, al calor de una charla, o en el transcurso de uno de sus programas divulgativos, llegaba incluso a pasar de un tema a otro, arrastrado por su entusiasmo y su vasta erudici\u00f3n. <em>Faire du coq-\u00e0-l\u2019\u00e2ne<\/em> llama la preceptiva francesa a este tipo de saltos. No he olvidado que, con ellos, Uslar Pietri hizo a menudo las delicias de aquellos estudiantes venezolanos que, all\u00e1 por los a\u00f1os setenta, sol\u00edamos convertirlo en blanco de nuestra irreverencia. Hoy pienso que, en realidad, como el gran maestro que era, quiz\u00e1s nos estaba mostrando algo m\u00e1s que entonces ni siquiera vislumbramos: el peso de esos varios siglos de aislamiento colonial que, al separarnos de los otros y, por ende, de nosotros mismos, nos segu\u00edan impidiendo concebir una cultura donde el amor por Venezuela, el inter\u00e9s por los vecinos y las cosas del ancho mundo no fueran t\u00e9rminos contradictorios o necesariamente disonantes.<\/p>\n\n\n\n<p>Hombre de sumas y no de restas, integrador y m\u00e1s bien conciliante, creo que tampoco vio incompatibilidad alguna entre su temprana participaci\u00f3n en la vida p\u00fablica y su no menos temprana vocaci\u00f3n literaria, tal vez porque, en el mundo del que proced\u00eda, ni siquiera se planteaba la idea de una alternativa entre el foro y las letras. Su padre, el coronel Arturo Uslar Santamar\u00eda, hijo y nieto de pr\u00f3ceres y liberales, hab\u00eda llegado a ser gobernador y, durante varias d\u00e9cadas, goz\u00f3 del favor de dos de nuestros m\u00e1s feroces dictadores: el general Cipriano Castro y su compadre Juan Vicente G\u00f3mez. Por el lado materno descend\u00eda igualmente de una familia de doctores y notables que nunca vio en su origen corso una excusa para eximirse del deber de \u201chacer patria\u201d. Obedeciendo a esta vieja exigencia de nuestra \u00e9tica rom\u00e1ntica, y como muchos otros j\u00f3venes de su generaci\u00f3n, Uslar Pietri ni pudo ni quiso, pues, escapar al llamado del foro. Es m\u00e1s, no s\u00f3lo acudi\u00f3 a \u00e9l muy sol\u00edcito sino que lo hizo con un entusiasmo que no habr\u00eda de menguar ni con los errores ni con los reveses ni con los a\u00f1os. Su primera hoja de servicios sigue siendo, hoy por hoy, el testimonio de una carrera precoz y fulgurante: fue diplom\u00e1tico acreditado ante la Sociedad de Naciones a los veintitr\u00e9s a\u00f1os, presidente de la Corte Suprema del Estado Aragua a los veintiocho, director de Econom\u00eda del Ministerio de Hacienda a los treinta, ministro de Educaci\u00f3n a los 33, secretario de la Presidencia de la Rep\u00fablica a los 36 y ministro del Interior a los 39. Muchos a\u00fan piensan que tendr\u00eda que haber sido presidente, pero el golpe de estado de 1945 contra el gobierno de Medina Angarita le torci\u00f3 el camino y luego los consabidos avatares de la historia pol\u00edtica hispanoamericana \u2013dictaduras, c\u00e1rceles, exilios\u2013 postergaron su candidatura durante casi tres d\u00e9cadas. Cuando por fin se present\u00f3 ante los electores, en 1963, como candidato independiente de centro derecha, era demasiado tarde. El pa\u00eds hab\u00eda cambiado y la eficaz maquinaria de Acci\u00f3n Democr\u00e1tica, el partido de masas creado por R\u00f3mulo Betancourt, no tuvo mayores dificultades para infligirle una sonada derrota.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto no fue obst\u00e1culo para que siguiera desempe\u00f1ando durante muchos a\u00f1os todav\u00eda un papel destacad\u00edsimo en nuestra vida p\u00fablica. En la d\u00e9cada de los sesenta, fund\u00f3 el partido Frente Nacional Democr\u00e1tico y fue senador. M\u00e1s tarde, en los setenta, dirigi\u00f3 el diario <em>El Nacional<\/em> y anim\u00f3 varios programas culturales en la televisi\u00f3n y la radio venezolanas. Adem\u00e1s, fue Acad\u00e9mico Correspondiente de la Real Academia Espa\u00f1ola, tambi\u00e9n Embajador Permanente de Venezuela ante la Unesco, miembro del Consejo Directivo de dicha instituci\u00f3n y, hasta por un per\u00edodo, primer vicepresidente del mismo. Entre las numerosas distinciones y premios que recibi\u00f3 dentro y fuera del pa\u00eds, cabe mencionar la Orden al M\u00e9rito de Italia en 1965, la Orden de Rub\u00e9n Dar\u00edo en 1966, los doctorados<em> honoris causa<\/em> de la Universidad de Par\u00eds en 1979 y de la Universidad Sim\u00f3n Bol\u00edvar en 1984, el homenaje del Instituto de Cooperaci\u00f3n Iberoamericana en 1986 y los premios Jos\u00e9 Vasconcelos en 1988, Pr\u00edncipe de Asturias de las Letras en 1990, R\u00f3mulo Gallegos en 1991 y Alfonso Reyes en 1998.<\/p>\n\n\n\n<p>Como se habr\u00e1 entendido, Arturo Uslar Pietri fue uno de los mayores prohombres del siglo XX venezolano y en vida lleg\u00f3 a alcanzar tal estatura institucional que hoy todav\u00eda nos sigue impidiendo apreciar en su justa medida la obra del escritor y, en especial, del cuentista. Siete novelas, cinco piezas de teatro, tres libros de poemas, cinco de cuentos y m\u00e1s de veinte de ensayos forman actualmente el corpus principal de su legado. Si pido para el cuentista un tratamiento aparte \u2013y no soy el primero ni el \u00fanico\u2013 no lo hago s\u00f3lo en virtud de sus muchos m\u00e9ritos ni por traer agua a mi molino. Tambi\u00e9n porque me parece que el autor de cuentos est\u00e1 llamado a desempe\u00f1ar un papel decisivo precisamente en esa valoraci\u00f3n futura de Uslar Pietri que permita releerlo de otra manera, ya al margen de lo que pudo haber representado, para unos y otros, con su imponente figura. Enti\u00e9ndaseme bien: no quiero decir con esto que las novelas o la importante producci\u00f3n ensay\u00edstica de mi compatriota no merezcan que se las relea con id\u00e9ntica atenci\u00f3n. Lo que digo es que sus cuentos constituyen hoy el mejor punto de partida para una evaluaci\u00f3n m\u00e1s ecu\u00e1nime de su obra, ya que, por haber sido escritos como piezas cortas y menores, no pes\u00f3 sobre ellos el mismo tributo que el hombre p\u00fablico les hizo pagar con demasiada frecuencia a sus ensayos y a sus novelas. Recordemos que, si bien en su juventud Uslar Pietri fue uno de los introductores de las vanguardias en Venezuela, en el fondo, y como conservador al fin, tuvo una visi\u00f3n bastante jer\u00e1rquica de los g\u00e9neros literarios que lo condujo a concebir la novela como un trasunto de la epopeya y la m\u00e1s alta narraci\u00f3n hist\u00f3rica, y el ensayo, como un ejercicio de erudici\u00f3n o el lugar de un elevado debate de ideas. Por el contrario, la cuent\u00edstica constituy\u00f3, desde un comienzo, un espacio m\u00e1s privado y m\u00e1s libre donde Uslar Pietri, lejos del foro, y como a la sombra de s\u00ed mismo, fue dando rienda suelta a sus fantas\u00edas, memorias y obsesiones.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque en el principio est\u00e1 el cuento o, mejor, los cuentos: una larga veintena que va apareciendo entre 1923 y 1926 en las revistas caraque\u00f1as <em>Billiken<\/em>, <em>Helios<\/em> y <em>Elite<\/em>. Algunos tratan de pastores y de bacantes, otros de cortesanas y de artistas incomprendidos; pero todos, en realidad, nos hablan b\u00e1sicamente de los sue\u00f1os de un adolescente venezolano que ha le\u00eddo bien a los modernistas y, a trav\u00e9s de ellos, se ha acercado a las corrientes dominantes de la poes\u00eda francesa finisecular: parnasianismo, decadentismo y simbolismo. No en vano la mayor\u00eda de estos textos se parece m\u00e1s a un medall\u00f3n l\u00edrico, o a un poema en prosa a la Marcel Schwob, que a un cuento propiamente dicho. Fiel a sus modelos, nuestro aprendiz de brujo pensaba que los personajes deb\u00edan ser siempre enigm\u00e1ticos, los ambientes ex\u00f3ticos y las tramas tan delgadas como ampulosa la ret\u00f3rica y el af\u00e1n de destacar. Ley\u00e9ndolo uno no puede menos que comprobar cu\u00e1n viva y honda era la influencia del retrato simbolista en la Venezuela de la \u00e9poca, ya que estas prosas presentan clar\u00edsimas afinidades con la est\u00e9tica de la semblanza hier\u00e1tica y misteriosa que un contempor\u00e1neo de Uslar Pietri, el malogrado Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre (1899-1930), llevar\u00e1 a su realizaci\u00f3n plena en nuestra poes\u00eda. Se sabe que ambos hac\u00edan tertulia en Caracas por aquellos a\u00f1os y, a pesar de la diferencia de edades, no es dif\u00edcil imaginar que hayan compartido lecturas y hallazgos. Pero lo que en Ramos Sucre ser\u00e1 obra acabada, en Uslar Pietri quedar\u00e1 en balbuceos y esbozos. La verdad es que hay que agradecerle que ni se haya enga\u00f1ado ni nos haya enga\u00f1ado con el valor de esos cuentos primerizos, tal y como ocurre con tantos escritores a quienes la celebridad les hace creer que hasta sus composiciones escolares merecen recogerse en un libro. Con buen juicio, Uslar Pietri jam\u00e1s quiso que se recopilaran ni que se volvieran a editar, y no los incluy\u00f3 en las antolog\u00edas ni en las selecciones de sus cuentos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero hay m\u00e1s: si es cierto que esos a\u00f1os iniciales de tentativas y ensayos no nos dejan un libro, no lo es menos que muchos de ellos ha de sobrevivir en los libros que vienen y, en particular, en el que inaugura la trayectoria del Uslar Pietri cuentista: <em>Barrab\u00e1s y otros relatos<\/em> (1928). En efecto, all\u00ed siguen muy presentes las lecturas modernistas de la adolescencia en cuentos como \u201cAp\u00f3logo del buen vino\u201d, \u201cZumurrud\u201d o \u201cEl gato con botas\u201d; pero, sobre todo, se hace evidente la persistencia de un proyecto est\u00e9tico fundado en la voluntad de romper con el pasado costumbrista y criollista de nuestra narrativa. Y es que, aun en cuentos con tanto color local como \u201cMiralejos\u201d, Uslar Pietri busca algo m\u00e1s que esa pintura de nuestros paisajes, nuestra lengua y nuestras gentes que dibuje el mapa idosincr\u00e1tico de Venezuela. En este sentido, su oposici\u00f3n en aquel momento al R\u00f3mulo Gallegos que preparaba <em>Do\u00f1a B\u00e1rbara <\/em>(1929) era tan clara y abierta como lo ser\u00e1n luego sus diferencias pol\u00edticas. Unas y otras se hacen ya patentes cuando Uslar Pietri redacta y publica, ese mismo a\u00f1o de 1928, el manifiesto del grupo de la revista <em>v\u00e1lvula<\/em> (as\u00ed, con min\u00fascula), la avanzadilla de las vanguardias que difunde entre nosotros aquella consigna de los a\u00f1os veinte: \u201crenovar y crear\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Hombres de su tiempo, los j\u00f3venes de Caracas, como los de Buenos Aires, Santiago o M\u00e9xico, quieren respirar ahora el \u00faltimo aire de Par\u00eds y, para estar <em>\u00e0 la page<\/em>, endosan los m\u00e1s lucientes h\u00e1bitos de un cosmopolitismo que se asoma en varios cuentos de <em>Barrab\u00e1s y otros relatos<\/em>, empezando por el que le da t\u00edtulo al volumen: un ce\u00f1ido texto de inspiraci\u00f3n evang\u00e9lica escrito a la manera del <em>Judas Escariote<\/em> de Le\u00f3nidas Andreyev. A mi modo de ver, nuestro nov\u00edsimo asienta en esas p\u00e1ginas el mejor testimonio de su inmenso talento mostrando un dominio sorprendente de la composici\u00f3n esc\u00e9nica y del di\u00e1logo, que ya nunca lo abandonar\u00e1. Otras fuentes evidentes, o m\u00e1s o menos discernibles, son el Barbuse de \u201cLa bestia\u201d, el Quiroga de \u201cLa voz\u201d y \u201cEl idiota\u201d, y el surrealismo y su fascinaci\u00f3n por el discurso de los enfermos mentales, tan presente en el delirio del capit\u00e1n del \u201cS.S. San Juan de la Cruz\u201d. Para completar nuestro panorama, se\u00f1alemos que no menos caracter\u00edsticos del esp\u00edritu de la \u00e9poca son la mezcla de anticlericalismo y erotismo que llenan de provocadores sue\u00f1os bu\u00f1uelescos las noches de la monja en \u201cEl camino\u201d, o la ir\u00f3nica y escandalosa moraleja de \u201cLa tarde en el campo\u201d. Lo esencial, sin embargo, no son estas varias y dispersas influencias sino la posibilidad de asimilarlas y trascenderlas que se trasluce en el libro <em>Barrab\u00e1s y otros relatos<\/em>. Releerlo hoy es comprobar que Uslar Pietri debuta en el cuento armado de la indispensable capacidad de hacer propio lo ajeno, muy joven se\u00f1or de un poder de s\u00edntesis y trasformaci\u00f3n que ha de permitirle innovar y renovarse dentro de este g\u00e9nero como quiz\u00e1 no podr\u00e1 ni sabr\u00e1 hacerlo en otros.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no nos adelantemos. Para 1928, <em>Barrab\u00e1s y otros relatos<\/em> marca un hito en la literatura venezolana y en nuestra tard\u00eda recepci\u00f3n de las vanguardias. Su autor no ver\u00e1, sin embargo, gloria suficiente en ello, pues su verdadero sue\u00f1o, como el de muchos de sus compa\u00f1eros de generaci\u00f3n, no es triunfar en Caracas sino, evidentemente, en Par\u00eds. De ah\u00ed que, un a\u00f1o m\u00e1s tarde, y casi como cumpliendo con un rito necesario, Arturo Uslar Pietri baja de un tren en la estaci\u00f3n de Saint-Lazare y se instala en la capital francesa como el flamante Agregado Civil de la Legaci\u00f3n Venezolana.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que sigue es uno de los momentos determinantes de su trayectoria intelectual y literaria. En los cinco a\u00f1os que pasa en Par\u00eds, se hace un contempor\u00e1neo de sus contempor\u00e1neos y aprende a leer a Gide y a Joyce, y a departir con Desnos, Bu\u00f1uel o Paul Val\u00e9ry. Se dice que los s\u00e1bados asist\u00eda a la tertulia de Ram\u00f3n en La Consigne y que, durante la semana, se dejaba ver en La Rotonde o Le D\u00f4me. Lo seguro es que vive intensamente sus d\u00edas y sus noches parisinas y, como otros j\u00f3venes hispanoamericanos, descubre cu\u00e1l es la verdadera alternativa que se le plantea con el triunfo de las vanguardias. Porque una cosa era leer a los surrealistas o a los expresionistas en Caracas, y otra muy distinta respirar directamente el ambiente de crisis hist\u00f3rica de donde proced\u00edan esos movimientos. Uslar Pietri, que hab\u00eda llegado a la Ciudad Luz para vivir m\u00e1s libremente su vanguardismo y empaparse de modernidad, va entendiendo que dicho proyecto es, en buena medida, cosa del pasado. Inesperadamente, el poco mundonovismo que hab\u00eda tra\u00eddo en sus maletas desde Venezuela, empieza a crecer y se le agiganta ante el espect\u00e1culo del malestar de una cultura que, para los propios intelectuales europeos, hab\u00eda dejado de ser la representaci\u00f3n m\u00e1s alta de lo humano. La Primera Guerra Mundial ya lo hab\u00eda demostrado: el Viejo Mundo no pod\u00eda seguir sirviendo de paradigma. Nuestro venezolano lo capta sin demora y los art\u00edculos que escribe en 1930 sobre <em>La decadencia de Occidente<\/em> son el testimonio veraz de un cambio de actitud y de proyecto. Signo suplementario de este gran viraje, con sus dos amigos m\u00e1s cercanos, el joven periodista guatemalteco Miguel \u00c1ngel Asturias y el exiliado cubano Alejo Carpentier, pasa ahora tardes enteras en las terrazas de Montparnasse hablando no ya de Andreyev sino de las historias nacionales de los tres pa\u00edses latinoamericanos. Junto a sus dos camaradas, Arturo Uslar Pietri se lanza as\u00ed en el Par\u00eds de los treinta a una aventura muy distinta a la de los cen\u00e1culos vanguardistas: reinventarnos una identidad venezolana y descubrir el nuevo lugar que le correspond\u00eda a la cultura de Latinoam\u00e9rica en un contexto de crisis y disoluci\u00f3n de la hegemon\u00eda europea.<\/p>\n\n\n\n<p>Creo que, de los tres, era el que lo ten\u00eda entonces m\u00e1s dif\u00edcil, ya que, para buscar una alternativa mundonovista a Europa, no pod\u00eda apelar ni al pasado maya, como lo hizo Asturias, ni al referente afrocubano, como lo hizo Carpentier. \u00bfD\u00f3nde pod\u00eda encontrar, pues, esa esencia de lo que era Venezuela al margen de todos los paradigmas que ya se hab\u00edan sucedido en el tiempo? La respuesta de Uslar Pietri ser\u00e1 doble y, aunque recoger\u00e1 aspectos de la po\u00e9tica asturiasiana y tambi\u00e9n de la carpentieriana, tendr\u00e1 un claro perfil propio. Por un lado, ha de buscar en la historia, en los momentos en que el esp\u00edritu de la naci\u00f3n brill\u00f3 con una fuerza \u00fanica y diferente; por otro, ha de buscar en la memoria, en los relatos familiares y los recuerdos de una infancia rural que hab\u00eda trascurrido en la regi\u00f3n de los valles de Aragua, en la zona central de Venezuela. La primera pista conduce en breve a <em>Las lanzas coloradas<\/em> (1931), la novela hist\u00f3rica en la que narra un episodio de nuestra gesta independentista; la segunda, unos a\u00f1os despu\u00e9s, desemboca en los trece cuentos de <em>Red<\/em> (1936).<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cUna peque\u00f1a obra maestra de emoci\u00f3n y finura l\u00edrica\u201d, escribe uno de sus primeros lectores, el chileno Ricardo Latcham. Y no le falta raz\u00f3n: Uslar Pietri consigue imprimirle a estas ficciones un intenso contenido po\u00e9tico a trav\u00e9s de una estil\u00edstica por entero renovada, que se aleja definitivamente de la vieja ret\u00f3rica modernista y se inspira en nuevas t\u00e9cnicas de expresi\u00f3n, como la escritura cinematogr\u00e1fica, ya empleada precedentemente en <em>Las lanzas coloradas<\/em>. As\u00ed, el primer cuento de <em>Red<\/em>, el celeb\u00e9rrimo \u201cLa lluvia\u201d, uno de los m\u00e1s antologados de la literatura hispanoamericana, est\u00e1 dividido en seis precisas secuencias donde la alternancia de planos y di\u00e1logos pareciera seguir el riguroso orden de un texto concebido para ser llevado a la pantalla. El talento de Uslar Pietri para la composici\u00f3n dram\u00e1tica se hace patente aqu\u00ed, en unas muy cuidadas escenas de la vida rural venezolana. Adem\u00e1s, se acompa\u00f1a de unas descripciones donde el lirismo de la imagen responde a menudo a las reglas visuales de un encuadre. No en vano varios directores de cine se han interesado en este cuento. El cr\u00edtico argentino Enrique Anderson Imbert sol\u00eda citarlo como el mejor ejemplo <em>avant la lettre<\/em> del realismo m\u00e1gico, y probablemente lo sea, aunque la emoci\u00f3n que a\u00fan produce su lectura est\u00e1 muy por encima de \u00e9sa o de cualquier otra categorizaci\u00f3n. Pienso que es m\u00e1s simple y m\u00e1s justo decir hoy que \u201cLa lluvia\u201d es un cl\u00e1sico de nuestra lengua, una peque\u00f1a y exquisita joya de arte mayor.<\/p>\n\n\n\n<p>La influencia del cine tambi\u00e9n se hace palpable en otros cuentos, como, por ejemplo, \u201cEl fuego fatuo\u201d. All\u00ed una doble secuencia narra varias escenas de la sangrienta odisea del Tirano Aguirre, evocadas por un coro de brujas que hacen pensar en las de <em>Macbeth<\/em>. Sin embargo, \u201cEl fuego fatuo\u201d representa m\u00e1s una excepci\u00f3n que una regla dentro del libro, ya que, junto a \u201cGavil\u00e1n Colorao\u201d y \u201cLa negramenta\u201d, es uno de los pocos que se inspira en hechos hist\u00f3ricos y escapa del asunto dominante: la pintura de la vida en los pueblos y campos de Venezuela. En efecto, como escribi\u00f3 alguna vez el cr\u00edtico Orlando Araujo: \u201ca partir de <em>Red<\/em>, Uslar Pietri va a rescatar de manos del criollismo la tem\u00e1tica rural para tratarla m\u00e1s adentro, en la almendra misma del hombre del Nuevo Mundo.\u201d Retorno y transformaci\u00f3n: nuestro autor vuelve a aquella literatura de la que originalmente hab\u00eda huido, pero para detenerse ahora en los signos no de lo t\u00edpico sino de lo singular. Su viaje hacia el interior del pa\u00eds y hacia el pasado se vuelve as\u00ed un viaje dentro de nuestra conciencia mestiza. De ah\u00ed que Uslar Pietri no se preocupe ya tanto por reproducir nuestras peculiaridades ling\u00fc\u00edsticas, los famosos venezolanismos tan caros a los viejos criollistas, y s\u00ed se interese en dotar a sus personajes de una fuerte densidad psicol\u00f3gica a trav\u00e9s del mon\u00f3logo interior y la focalizaci\u00f3n interna de la perspectiva. De hecho, mucha de la alta poes\u00eda de <em>Red<\/em> procede de este esfuerzo deliberado por hacer que las palabras sean siempre algo m\u00e1s que ellas mismas y traigan los ecos de un paraje lejano: el lugar donde se esconde la irreductible otredad de Venezuela. Para llegar a ella, Uslar Pietri aprende a callarse y nos hace escuchar las voces de los otros que hablan por \u00e9l, como el loco de \u201cEl patio del manicomio\u201d, o con \u00e9l, como el vaquero que muere de fiebres en \u201cEl d\u00eda s\u00e9ptimo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Su libro siguiente, <em>Treinta hombres y sus sombras<\/em> (1949), se inscribe en la continuidad de esta po\u00e9tica y la lleva hasta sus \u00faltimas consecuencias, con una coherencia que pareciera enteramente ajena a los cambios radicales que se han producido en la vida del autor. Y es que el hombre que vive exiliado en Nueva York desde el golpe civicomilitar de 1945 es muy distinto de aquel que hab\u00eda regresado de Par\u00eds en 1934 y, en las columnas del diario <em>Ahora,<\/em> hab\u00eda lanzado una consigna pol\u00edtica que habr\u00eda de convertirse con el tiempo en el s\u00edmbolo de todas las promesas incumplidas del siglo XX venezolano: \u201cSembrar el petr\u00f3leo\u201d. Uslar Pietri sabe que ha fracasado y ese fracaso le muestra los l\u00edmites de la comprensi\u00f3n que entonces pod\u00eda tener del pa\u00eds. Obra de esos a\u00f1os amargos, no es dif\u00edcil ver en su novela <em>El camino de El Dorado<\/em> (1947) el intento por profundizar la reflexi\u00f3n hist\u00f3rica sobre la figura del caudillo que ya se hab\u00eda esbozado anteriormente en su literatura. Pero los cuentos, una vez m\u00e1s, llevan un rumbo propio y diferente. Si el Uslar Pietri de <em>Red <\/em>dejaba hablar a los otros, el de <em>Treinta hombres y sus sombras<\/em>, consecuente, da un paso m\u00e1s en la misma direcci\u00f3n y sencillamente les cede la palabra.<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, junto a cuentos que habr\u00edan podido figurar en la recopilaci\u00f3n anterior, como \u201cLa noche del rabopelado\u201d, ahora encontramos otros tomados directamente de la tradici\u00f3n oral venezolana. Sirvan de ejemplo \u201cEl conuco de T\u00edo Conejo\u201d, \u201cLa fiesta de Juan Bobo\u201d y \u201cMaichak\u201d, f\u00e1bulas, consejas y leyendas que el escritor pareciera limitarse a trasplantar o a transcribir, y de las cuales conserva incluso el estilo anaf\u00f3rico y formul\u00edstico, lleno de insistencias y repeticiones. Situados en la frontera entre antropolog\u00eda, folclore y literatura, estos textos se\u00f1alan uno de los puntos m\u00e1s avanzados de las b\u00fasquedas del cuentista: la instancia en que el discurso de la po\u00e9tica criollista empieza a disolverse en sus propias fuentes m\u00edticas y populares. Con <em>Treinta hombres y sus sombras<\/em>, Uslar Pietri se acerca peligrosamente a ellas y, cuando no las reproduce o imita, puede utilizarlas para construir un cuento de Navidad, como \u201cLa Misa del Gallo\u201d, o para recrear a alg\u00fan personaje de nuestra cultura popular, como ese Jos\u00e9 Gabino cuyo nombre rima con ladr\u00f3n de camino. \u00c9ste no s\u00f3lo es el protagonista de dos de los mejores cuentos del libro, \u201cLa mosca azul\u201d y \u201cEl gallo\u201d, sino adem\u00e1s una de las criaturas m\u00e1s divertidas, complejas y entra\u00f1ables imaginadas por Arturo Uslar Pietri en su af\u00e1n por cernir los rostros posibles de Venezuela.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Treinta hombres y sus sombras<\/em> incluye tambi\u00e9n cuentos que ya responden abiertamente a la corriente realista m\u00e1gica defendida y propugnada por nuestro autor en aquellos a\u00f1os. Es un hecho bien conocido que le debemos la primera utilizaci\u00f3n del concepto en el campo de la cr\u00edtica literaria. Fue en 1948 y justamente en un ensayo intitulado \u201cEl cuento venezolano\u201d. All\u00ed escribi\u00f3 refiri\u00e9ndose a las \u00faltimas generaciones: \u201cLo que vino a predominar en el cuento y a marcar su huella de una manera perdurable fue la consideraci\u00f3n del hombre como misterio en medio de los datos realistas. Una adivinaci\u00f3n po\u00e9tica o una negaci\u00f3n po\u00e9tica de la realidad. Lo que a falta de otra palabra podr\u00eda llamarse un realismo m\u00e1gico.\u201d Historias como las que nos narra en \u201cEl encuentro\u201d, \u201cEl venado\u201d o \u201cLa cara de la muerte\u201d parecen obedecer con bastante exactitud a esta definici\u00f3n, que marca el otro punto extremo de las b\u00fasquedas de Uslar Pietri: la encrucijada donde el criollismo se encuentra con la indeterminaci\u00f3n y la duda fant\u00e1stica, y produce un h\u00edbrido categorial llamado el realismo m\u00e1gico.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c<em>Treinta hombres y sus sombras<\/em> \u2013ha escrito con raz\u00f3n Jorge Marb\u00e1n\u2013 representa una culminaci\u00f3n en el desarrollo de la literatura criollista moderna.\u201d El proyecto de nuestro cuentista llega a una estaci\u00f3n terminal. L\u00facido, \u00e9l as\u00ed lo entiende y, cuando diecisiete a\u00f1os m\u00e1s tarde vuelve a publicar un nuevo libro de cuentos, sorprender\u00e1 a m\u00e1s de uno de sus viejos lectores al dar muestras de una formidable voluntad de renovaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Pasos y pasajeros<\/em> (1966) parece, ciertamente, obra de otro autor y, en cierto modo, lo es, ya que, con el regreso de la democracia, el Uslar Pietri de los a\u00f1os sesenta no s\u00f3lo ha recobrado el intenso protagonismo pol\u00edtico de anta\u00f1o sino que se presenta, adem\u00e1s, como un intelectual y un escritor m\u00e1s maduro, que ha sabido deshacerse del lastre idealista de su mundonovismo juvenil. Por eso, en vez de seguir persiguiendo el fantasma de una esencia de lo venezolano que se esconder\u00eda en nuestra cultura m\u00e1s vern\u00e1cula, ahora nos hace o\u00edr las mil voces diversas y mestizas de una Venezuela que cambia con el tiempo. Es verdad que el viejo mundo rural no desaparece del todo de estas p\u00e1ginas y \u201cEl pr\u00f3jimo\u201d es un brillante ejemplo de ello; pero el nuevo libro de cuentos es, como el propio pa\u00eds, fundamentalmente urbano, heterog\u00e9neo y contempor\u00e1neo. En \u00e9l se pinta a una Caracas ruidosa y conflictiva por la que circulan antiguos coroneles que la necesidad convierte en agentes de seguros (\u201cYo soy Mart\u00edn\u201d), peligrosas guerrilleras que se hacen pasar por violinistas (\u201cCa\u00edn y Nuestra Se\u00f1ora de la Buena Muerte\u201d), inmigrantes que mueren solos en sus cuartuchos (\u201cSime\u00f3n Calamaris\u201d) o aun fracasados y marginales que sobreviven rebuscando en los vertederos de basura (\u201cUn mundo de humo\u201d).<\/p>\n\n\n\n<p>Varias de las novelas que no se escribieron en la Venezuela de los a\u00f1os sesenta \u2013ni tampoco despu\u00e9s\u2013 est\u00e1n en este libro, a la manera de una serie de instant\u00e1neas de nuestra historia inmediata. Pero quiz\u00e1 es mucho m\u00e1s importante destacar c\u00f3mo entre los distintos cuentos se va tejiendo una callada meditaci\u00f3n que, asociando pasado y presente, y en plena restauraci\u00f3n democr\u00e1tica, viene a recordarnos de qu\u00e9 est\u00e1 hecha nuestra herencia pol\u00edtica. As\u00ed, caudillos y caudillitos, temibles dictadores militares, doctores y generales golpistas, guerrilleros y guerrilleras, espalderos, violencia y muchos hombres y mujeres con miedo cruzan por textos como \u201cEl rey zamuro\u201d, \u201cLa mula\u201d, \u201cEl novillo amarrado al botal\u00f3n\u201d, \u201cEl enemigo\u201d y otros dos ya mencionados, \u201cCa\u00edn y Nuestra Se\u00f1ora de la Buena Muerte\u201d y \u201cUn mundo de humo\u201d. Uslar Pietri se muestra en todos ellos como un cuentista en plena posesi\u00f3n de sus medios expresivos y como un escritor comprometido a la vez con sus propios abismos y con nuestra memoria com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p>Su \u00faltimo libro, <em>Los ganadores<\/em> (1980), aporta algunos elementos m\u00e1s a este cuadro, alternando cuentos sobre la represi\u00f3n y la tortura en los a\u00f1os cincuenta, bajo la dictadura de Marcos P\u00e9rez Jim\u00e9nez, con narraciones fant\u00e1sticas e incluso alg\u00fan gracioso relato sobre las andanzas de un telegrafista de provincia en tiempos de Juan Vicente G\u00f3mez: \u201cLa pluma del arc\u00e1ngel\u201d. Pero <em>Los ganadores<\/em> es sobre todo un florilegio de adioses: nuestro autor asienta las \u00faltimas correr\u00edas de un Jos\u00e9 Gabino moribundo en \u201cEl camino desandado\u201d y \u201cLa fosa abierta\u201d, tambi\u00e9n describe la solitaria vejez de una anciana en \u201cEl espejo roto\u201d y la agon\u00eda de un humanista en \u201cLas aventuras de Tel\u00e9maco\u201d. Separ\u00e1ndose de sus criaturas y tambi\u00e9n de sus breves mundos, Uslar Pietri se despide de los lectores de sus cuentos con la gratitud y la serenidad de aquel que sabe que ya ha dicho todo lo que ten\u00eda que decir en un g\u00e9nero.<\/p>\n\n\n\n<p>En los veinte a\u00f1os que le quedan de vida, dar\u00e1 a la estampa todav\u00eda dos de sus novelas m\u00e1s importantes, <em>La isla de Robinson<\/em> (1981) y <em>La visita en el tiempo<\/em> (1990), y un sinn\u00famero de libros de ensayos sobre asuntos venezolanos y americanos. Asimismo, se erigir\u00e1 en una de las conciencias cr\u00edticas de nuestra vida p\u00fablica y, desde esta posici\u00f3n privilegiada, como el sabio de la tribu, intervendr\u00e1 regularmente en los medios, se\u00f1alando errores, carencias y peligros. Muchos a\u00fan le reclaman que, en febrero de 1992, se mostrara demasiado comprensivo con el grupo de militares golpistas que, liderados por el teniente coronel Hugo Ch\u00e1vez Fr\u00edas, intentaron derrocar al presidente electo Carlos Andr\u00e9s P\u00e9rez. Pero no habr\u00eda que olvidar que, en 2001, apenas unas semanas antes de morir, alz\u00f3 su voz por \u00faltima vez para advertirle al pa\u00eds del destino aciago que le esperaba en manos de su nuevo caudillo.<\/p>\n\n\n\n<p>Es dif\u00edcil saber c\u00f3mo se ha de leer en un futuro su vasta producci\u00f3n literaria, pero insisto en que ninguno de los varios autores que fue nos resulta hoy tan l\u00facido, vers\u00e1til y cercano como el cuentista. Con \u00e9l se tom\u00f3 libertades que nunca le concedi\u00f3 a los otros y, sigui\u00e9ndolo, supo ir m\u00e1s all\u00e1 de s\u00ed mismo, hasta esas fronteras de donde proceden sus mejores p\u00e1ginas. Por eso y por mucho m\u00e1s, el cuentista fue en \u00e9l la realizaci\u00f3n m\u00e1s cabal del escritor moderno que no puede ni quiere ser un hombre ejemplar, pues, como dijo Camus, ya tiene bastante trabajo con tener que ser.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a rel=\"noreferrer noopener\" href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/gustavo-guerrero\/\" target=\"_blank\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Publicado en <a href=\"https:\/\/letraslibres.com\/revista\/sobre-todo-la-cuentista-1906-2001\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Letras Libres<\/a> (mayo, 2006)<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gustavo Guerrero Fue probablemente el \u00faltimo de los grandes intelectuales venezolanos que, en la mejor tradici\u00f3n del humanismo moderno, alberg\u00f3 la ilusi\u00f3n de ser un homo universalis. Y tambi\u00e9n fue probablemente el \u00faltimo que vio en Venezuela un acuciante enigma e hizo de su af\u00e1n por resolverlo una pasi\u00f3n y un destino. 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