{"id":18135,"date":"2026-01-08T15:38:19","date_gmt":"2026-01-08T20:08:19","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=18135"},"modified":"2026-01-08T15:38:21","modified_gmt":"2026-01-08T20:08:21","slug":"guillermo-meneses-novelista-del-azar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/guillermo-meneses-novelista-del-azar\/","title":{"rendered":"Guillermo Meneses, novelista del azar"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Alicia Freilich de Segal<\/h4>\n\n\n\n<p>Guillermo Meneses aporta a la cultura del pa\u00eds, modernos, audaces y muy certeros puntos de mira, innovaciones t\u00e9cnicas que desbordan los l\u00edmites de la obra de arte y se proyectan como penetrantes m\u00e9todos de acceso para una indagaci\u00f3n de la idiosincrasia venezolana. La profundidad critica de sus b\u00fasquedas revela el alcance de esta producci\u00f3n literaria, autentiz\u00e1ndola como una antropolog\u00eda narrada que trasciende el \u00e1mbito local y ahonda en la ra\u00edz primigenia del continente mestizo.<\/p>\n\n\n\n<p>El signo de la obra inconclusa, desigual, en mudanza perpetua, no implica intentos fallidos en la concepci\u00f3n. Al contrario. El fragmentarismo y el caos deliberado, remedan tangible y presentativamente, el Yo del cruce racial, en desarm\u00f3nica evoluci\u00f3n y sus imprevisibles transformaciones, resultado -siempre m\u00f3vil e irregular- de la violenta fusi\u00f3n de naturalezas excluyentes y premisas contrarias.<\/p>\n\n\n\n<p>Mucho se ha comentado el supuesto desinter\u00e9s del autor por los temas pol\u00edticos y hasta se le reclama por la ausencia de posiciones radicales ante circunstancias precisas. Pero al rev\u00e9s. La obra de Meneses exige del lector una participaci\u00f3n intelectual muy laboriosa, m\u00e1s candente y productiva que la contra\u00edda con los discursos de ciertas novelas panfletarias. Porque aqu\u00ed, el politicismo adviene como secuela inherente de un proceso \u00e9tnico en constante hibridez, penetrado en la v\u00e9rtebra del compromiso moral y no en la lucha perif\u00e9rica de los partidos moment\u00e1neos. <\/p>\n\n\n\n<p>El desarrollo y la intenci\u00f3n de estos escritos, revela como punto neur\u00e1lgico ese tormento del individualista, h\u00e9roe y m\u00e1rtir, consciente de su enorme responsabilidad social, pero razonador profundo, inh\u00e1bil para ce\u00f1irse a dogmas. Describir que se est\u00e1 incapacitado para el activismo puro, \u00e9se que suprime la revisi\u00f3n anal\u00edtica de aciertos y errores, pero que tampoco se es apto para el pensar te\u00f3rico desligado del contacto sensorial, verifica una discrepancia interior muy v\u00e1lida por sus implicaciones directas en el ejercicio de la pol\u00edtica como praxis, porque condiciona un sujeto flexible, capaz de confrontar y discernir rechazando conceptos fijos, seguridades indiscutibles, catecismos e intransigencias.<\/p>\n\n\n\n<p>En este sentido, la obra de Meneses resulta precursora y de t\u00f3nica excepcional dentro de la narrativa venezolana. El mon\u00f3logo metafisico narrado en controversia novelada certifica un arte funcional, concreto, proveedor de la din\u00e1mica mental previa, indispensable para activar el di\u00e1logo y el debate propiamente ideol\u00f3gicos.<\/p>\n\n\n\n<p>La creaci\u00f3n novel\u00edstica de Meneses perfila con nitidez, dos periodos diferenciados por caracteres formales. Una primera \u00e9poca se instala en an\u00e9cdotas, dise\u00f1o lineal, reconstrucci\u00f3n de argumentos simples, itinerario usual de acciones contadas por un narrador que se inmiscuye desde fuera. La segunda etapa se vuelca introspectiva, disminuye las peripecias externas, interpola indicios de mon\u00f3logo interior, prescinde la secuencia cl\u00e1sica, ensambla los episodios en una premeditada anarqu\u00eda, condensa personajes y situaciones de los cuentos y novelas anteriores.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, sin alterar la importancia especial que cada obra pueda contener como criatura aut\u00f3noma, inserta en una jerarqu\u00eda est\u00e9tica, todas se presentan como libros independientes y distintos finalmente implicados en un solo y \u00fanico gran libro, a su vez, nunca definitivo, siempre indeterminado. Y es porque Meneses escribe para dar soluci\u00f3n ficticia al dilema esencial del creador. El principio de identidad a trav\u00e9s de la experimentaci\u00f3n dial\u00e9ctica. Por eso, la pol\u00e9mica incesante, las conversiones sin fin, dirigen a sus piezas noveladas como variaciones recurrentes de una literatura inagotable en constante actitud interrogativa. Lo que condiciona respuestas y dudas tambi\u00e9n infinitas.<\/p>\n\n\n\n<p>LETAN\u00cdA DEL ESCLAVO<\/p>\n\n\n\n<p>Canci\u00f3n de Negros-1934- es la narraci\u00f3n del azar como vivencia intima y efecto social. Negros, nacidos en cualquier parte, hijos de alguna con alguien, son los protagonistas m\u00faltiples de esta novela, sustancialmente po\u00e9tica.<\/p>\n\n\n\n<p>Un tiempo veloz, dividido en cuadros breves, oraciones cortas y una historia sencilla que se repite en varias existencias -semejantes o id\u00e9nticas- otorgan el sentido de personaje masa que el autor premedit\u00f3. La obra se ubica como resultado parcial de la moda surrealista, vanguardia literaria de los a\u00f1os treinta. Met\u00e1fora audaz, frase interrumpida, adjetivaci\u00f3n ins\u00f3lita, s\u00fabito enlace de percepciones contradictorias, versificaci\u00f3n de la prosa de modo que pocas lineas resuman un episodio de implicaciones extensas.<\/p>\n\n\n\n<p>Es un producto inmaduro pero v\u00e1lido. La denuncia, a veces expresa, y el desbordado sentimentalismo resquebrajan su equilibrio. Involucra en su ternura tonal, la presentaci\u00f3n de un tema, en bastante medida tab\u00fa el soterrado sentimiento antinegro que prevalece en ciertos intersticios de la sociedad. Y las innovaciones experimentales, todav\u00eda t\u00edmidas, luego perfeccionadas en la armoniosa complejidad del cuento La mano junto al muro (1951). El traslado ubicuo de tiempos y espacios, la expresi\u00f3n todav\u00eda torpe, del sue\u00f1o diurno y las sensaciones infraconscientes, se anuncian desde ya, como r\u00e1fagas, en min\u00fasculas digresiones.<\/p>\n\n\n\n<p>Toda la novela conlleva una sugestionante melod\u00eda interior. M\u00fasica de la negritud en servidumbre, calco auditivo que mimetiza, por asociaci\u00f3n l\u00edrica la vida estamental del negro. Con \u00e9nfasis repetido el comp\u00e1s mima el desgarrado aislamiento del provinciano en la ciudad hostil, y la oscura suerte, fija para el hombre de color.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay polivalencia en los asuntos. La trajinada intriga del capataz y el pe\u00f3n enfrentados en lucha de poderes frecuente hasta la saciedad en la novela criollista se vierte aqu\u00ed con gran econom\u00eda expresiva por la eficacia de los elementos pl\u00e1sticos. Pero este choque inicial es s\u00f3lo un leve punto de partida. El argumento incide en la veleidosa situaci\u00f3n del pueblerino reci\u00e9n llegado a la metr\u00f3poli, obrero potencial de todos los oficios y de ninguno. Por entre lineas, sin discursos, el escritor plantea las razones que condicionan esta mentalidad del todero inestable, siempre a la expectativa, oscilando desde un trabajo casual hacia la pobreza segura. Con arriesgada valent\u00eda, en plena dictadura gomecista, enfoca las aterradoras secuelas de la improvisada migraci\u00f3n campesina y la dura experiencia del prisionero en la c\u00e1rcel venezolana. Y adem\u00e1s, sensibiliza las vicisitudes de la miseria, la aparici\u00f3n de la delincuencia com\u00fan, su variada tipolog\u00eda y las feroces pr\u00e1cticas del r\u00e9gimen penitenciario.<\/p>\n\n\n\n<p>La novela se evidencia como una cantera para los investigadores del lenguaje popular porque reproduce la jerga regional con una fidelidad asombrosa, recalcando el uso del diminutivo que tanto cariz emocional trasciende en el habla del negro.<\/p>\n\n\n\n<p>Fluctuaciones er\u00f3ticas, roces intersociales provocados por el desaf\u00edo de la ciudad grande, estratificada y arisca, racismo latente. Estos son los conflictos. Y en el nervio, el inmigrante que bebe, fornica y silba para acompa\u00f1ar su soledad y retornar imaginariamente a su poblado.<\/p>\n\n\n\n<p>Toda la novela se impregna de una sensualidad intensa y recurrente. En la narrativa menesiana el sexo es perentorio y amoral, instintivo y contingente, sustituto del poder inalcanzado, alivio fugaz de las angustias primarias. requisito imprescindible del afecto solidario entre los relegados del orden, nexo primordial pero repentino y vol\u00e1til.<\/p>\n\n\n\n<p>R\u00f3mulo Gallegos en Pobre Negro (1937) y Ram\u00f3n Diaz S\u00e1nchez en Cumboto (1948) novelizaron las peripecias de la segregaci\u00f3n en el medio rural como los restos vergonzosos de antiguos prejuicios de casta, incorporados a la fuerza por la empresa conquistadora. Meneses trasplanta el drama hacia la ciudad. Imitando el ritmo de la noria el canto y el baile negros, demuestra, en letra y poes\u00eda, el mon\u00f3tono destino de sus ejecutantes dentro de un conglomerado urbano que los repliega.<\/p>\n\n\n\n<p>LOS VICTORIOSOS VENCIDOS<\/p>\n\n\n\n<p>Campeones -1939-son los marginados, aspirantes a la relevancia social. Los luchadores \u00f3ptimos. Pero en ir\u00f3nico reverso, el titulo satiriza las funestas consecuencias y se refiere al campesino iluso, conquistador de triunfos aparentes. Son pues, en verdad, los aniquilados. Una tercera acepci\u00f3n, sorpresiva, se da en la \u00faltima linea de la novela y alude a la potencia sexual del negro para puntualizar que all\u00ed radica in fuerza inviolable, su \u00fanica veta no destruida.<\/p>\n\n\n\n<p>De estructura convencional, Campeones se obstruye por ratos en su fluidez epis\u00f3dica, debido al retardo de situaciones limites y soliloquios muy interferidos por el autor. Formalmente sobresalen el uso de frases-broche, el par\u00e9ntesis aclarador de facetas inconscientes y en especial, la vigorosa escritura que adquiere solidez.<\/p>\n\n\n\n<p>Es la obra m\u00e1s novelistica de esta primera etapa, lo que no impide que al mismo tiempo constituya un documento hist\u00f3rico de impacto destacable como prueba testimonial del \u00e9xodo masivo que convirti\u00f3 a la Venezuela rural, pal\u00fadica y analfabeta, en una ca\u00f3tica y rentable naci\u00f3n moderna centralizada en la capital. Omnipresente, t\u00e1cito, el petr\u00f3leo repartido con injusta desigualdad condiciona estos derivados humanos cuyo incentivo es el ansia desquiciante de riqueza, y a la vez, una sostenida nostalgia por la pobre aldea. Una constante regresi\u00f3n mental hacia el misero interior del pa\u00eds signa a este nuevo, falso ciudadano, enloquecido por el delirio tel\u00farico. En perpetuo desarraigo, enfatiza con su exilio la desolaci\u00f3n de la otra Venezuela. La sin mene. La de la tierra inexplorada y f\u00e9rtil que se abandon\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Toda la narrativa menesiana insistir\u00e1 en estos seres noct\u00e1mbulos, desvelados con una ambici\u00f3n parad\u00f3jica de avidez y rechazo por la ciudad que buscan y odian, agazapados en los barrios de esa zona marginal. Prost\u00edbulo, casa de vecindad, pulper\u00eda, callej\u00f3n, estadio, bar. Caracas suburbana se desviste en esta cr\u00f3nica como un enorme antro que posibilita el poder imaginario, la compraventa humana y la sistem\u00e1tica desintegraci\u00f3n de voluntades.<\/p>\n\n\n\n<p>Un pretendido combate decisivo no llegar\u00e1 jam\u00e1s a su culminaci\u00f3n. El enga\u00f1oso triunfo del mendigo disfrazado de gran se\u00f1or culmina en el m\u00e1s dr\u00e1stico fracaso. La supuesta redenci\u00f3n del negro s\u00f3lo se afirmar\u00e1 en el deporte, porque en su fanatismo, el p\u00fablico an\u00f3nimo parece eliminar prejuicios de clase y raza, y la competencia misma encauza la agresividad, drena la denuncia y proporciona al competidor una sensaci\u00f3n espor\u00e1dica de libertad y dominio.<\/p>\n\n\n\n<p>El carnaval caraque\u00f1o verifica otra modalidad de la farsa colectiva. Impetuoso de alcohol y travestismo, en funesta s\u00edntesis de rituales africanos y terapia grupal de resentidos, compensa con su par\u00f3dica fantas\u00eda, antiguas y retenidas frustraciones, huellas del hambre at\u00e1vica.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos obsesiones convergentes realzan la trama. Virilmente sexualizado, el c\u00e1lido mar, el mismo de <em>La Balandra Isabel lleg\u00f3 esta tarde<\/em>. Y la quemante luna. En especial, la met\u00e1fora lunar, f\u00f3rmula constante, repetida a lo largo de los cuentos, se despliega en innumerables matices. Encarna la suprema fuerza c\u00f3smica. Su luz gen\u00e9tica, purificadora sensual de todo lo creado, erotiza el paisaje marino hasta interiorizarlo como salvaje clima on\u00edrico. La persistencia de estas im\u00e1genes realza, en distintas combinaciones, el putrefacto vicio urbano magnificando la pulcritud que irradia de la naturaleza inocente.<\/p>\n\n\n\n<p>Se inserta aqu\u00ed la imprecisa primera silueta del peque\u00f1o proletario, reducida a un esquema de moraleja maniquea. El indolente es un campe\u00f3n derrotado, sujeto al dominio del instinto y la depravaci\u00f3n. El trabajador, a\u00fan vencido, es siempre un triunfante virtual.<\/p>\n\n\n\n<p>Este paralelismo de caracteres anuncia el binomio por contraste, esa dualidad de tipos ascendentes y en declive, tan pronunciada en las futuras novelas. El pasivo indeciso, sublimado, raro y triste, en fricci\u00f3n tensional o efectiva con el batallador, el azaroso en apogeo decadente, opuestos pero inseparablemente conectados por aproximaci\u00f3n, complemento o dependencia. Es, en boceto, el umbral de los pr\u00f3ximos, inacabables laberintos.<\/p>\n\n\n\n<p>EL MESTIZO ENLUNADO<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora se adentra el escritor en la ansiosa b\u00fasqueda de una identidad comunitaria excavando el fen\u00f3meno del cruce racial. Por eso, <em>El Mestizo Jos\u00e9 Vargas<\/em> -1946- se articula retrospectivamente, en zigzag, hacia los or\u00edgenes \u00e9tnicos de la sociedad venezolana, alternando intriga con largos p\u00e1rrafos explicativos de pormenores hist\u00f3ricos. Es s\u00f3lo ya bien entrada la segunda parte cuando se da curso acelerado al argumento que culmina con un desenlace hipot\u00e9tico, en abierta interrogante.<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed, la casualidad es m\u00f3vil, situaci\u00f3n y recurso intermitente. Inaugura Meneses las ocultaciones, supuestos y conjeturas, mecanismos a\u00fan confusos que luego precisa en las novelas posteriores.<br>Imprevistamente surge un tratamiento rom\u00e1ntico y basta sensiblero. Casi se omite el lenguaje coloquial para dar paso a la forma discursiva. Altisonancia, diluci\u00f3n de atm\u00f3sferas dram\u00e1ticas y exceso de aclaraciones promueven una lectura distanciada. El esfuerzo por concebir una novela de meollo sociol\u00f3gico se malogr\u00f3 en lugares comunes y sobrecargo de im\u00e1genes empobrecidas.<\/p>\n\n\n\n<p>Como obra transicional que divide los dos periodos ya mencionados, penetra en la v\u00e9rtebra de la obsesi\u00f3n menesiana. Preguntas sobre la identidad. El autor explora los indicios de una compleja naturaleza dual. El mestizo. La hibridaci\u00f3n se compacta en \u00e9l con detalles definidores. Criatura residual de ambigua configuraci\u00f3n, asimila divergencias materiales y ps\u00edquicas en constante anhelo por reafirmar un s\u00f3lido yo, angustia permanente por superar la duplicidad diferenciada que lo engendra, tensi\u00f3n que promueve sus mutaciones humorales como tentativas fugaces, rupturas bruscas, deseos compulsivos y reticencias incontrolables.<\/p>\n\n\n\n<p>De la figura padre -machismo, voluntad ajena impuesta por la fuerza brava y el ancestro madre indio, tierra- deriva Jos\u00e9 Vargas ente dudoso. Su aparici\u00f3n misma involucra los efectos ambivalentes de un tramposo juego del azar. La mixtura de diferencias gen\u00e9ricas lleva impl\u00edcita la idea del cruce como neutralizaci\u00f3n de toda certeza.<\/p>\n\n\n\n<p>El mestizaje, apreciado como juntura adulterada, neutra, incierta, siempre dudable, es portador de una visi\u00f3n determinista que negativiza cualquier intento de liberaci\u00f3n y reduce a la nada cualquier sentido de sucesi\u00f3n hist\u00f3rica. De all\u00ed que las guerras emancipadoras de presenten como rebeliones in\u00fatiles y la pol\u00edtica como su viraje de h\u00e1bitos y relaciones m\u00e1s deplorable y sofisticado.<\/p>\n\n\n\n<p>Y otra vez el mar, uno y m\u00faltiple, receptor de vida y muerte. Y otra vez la fatal madre y diosa luna, generadora del amor, la locura y la poes\u00eda. Su femenina iluminaci\u00f3n parece contener la inasible ra\u00edz genuina, que difusa pero entra\u00f1able, signa la azarosa existencia del pueblo mestizo.<\/p>\n\n\n\n<p>NARCISO EN EL ESPEJO<\/p>\n\n\n\n<p>En 1952 con la publicaci\u00f3n de <em>El Falso Cuaderno de Narciso Espejo se inaugur\u00f3 en este pa\u00eds<\/em> la novela metaf\u00edsica, el relato de la condici\u00f3n reflexiva y dial\u00e9ctica del individuo y del escritor, la novela que disuelve tradiciones localistas en el arte narrativo. Novela del acto de novelar. Antinovela.<br>Cuando apareci\u00f3 este libro ya exist\u00eda una literatura moderna en Venezuela. En la cuent\u00edstica la renovaci\u00f3n comenz\u00f3 con Julio Garmendia y Arturo Uslar Pietri (1927-28) y en la narraci\u00f3n larga con <em>Cubagua<\/em> de Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez. A su vez, novelas como <em>Fiebre<\/em> de Miguel Otero Silva, <em>Puros Hombres<\/em> de Antonio Arr\u00e1iz y <em>La dolida infancia de Perucho Gonz\u00e1lez<\/em> de Jos\u00e9 Fabbiani Ruiz revolucionaron, parcialmente, los modos de contar.<\/p>\n\n\n\n<p><em>El Falso Cuaderno de Narciso Espejo<\/em> aplica novedades t\u00e9cnicas pero adem\u00e1s describe la urdimbre experimental en s\u00ed, como haza\u00f1a novelable, desdoblando el proceso de ese narrar. Se trata de una creaci\u00f3n discontinua, sin climax, con varias an\u00e9cdotas truncas, en anarqu\u00eda programada como desorden literariamente incongruente pero comprensible desde un criterio filos\u00f3fico. Anulando las adherencias ideol\u00f3gicas, en la depreciaci\u00f3n ir\u00f3nica de las normas estructurales ya consagradas por el uso, el lenguaje es capaz de reflejar toda la ebriedad del inconsciente. <\/p>\n\n\n\n<p>Emparejando raz\u00f3n y absurdo, el autor insistir\u00e1 en obtener y plasmar las interminables posibilidades po\u00e9ticas que hay en toda inmediatez aceptada como definitiva y en despiadado antoan\u00e1lisis descubrir\u00e1 esa realidad como perfectamente incoherente. Al mismo tiempo, Meneses justifica las causas de su vacilante postura entre la irracionalidad y la meditaci\u00f3n, el impulso y la reflexi\u00f3n desgarrando su anhelo de ballar el alma desnuda su identidad plena y radical- en el espejo, su \u00abkibutz\u00bb como dir\u00eda el Cort\u00e1zar de Rayuela.<\/p>\n\n\n\n<p>Nostalgia y tortura retuercen sin cesar la fisonom\u00eda del Falso Cuaderno en fingimientos, equ\u00edvocos, subterfugios, a\u00f1adiduras, retrocesos y enmiendos. Al repartir el escrito en Cuadernos anula cualquier posibilidad de que se los pueda identificar como diario, memoria o confesi\u00f3n. Los libros opuestos dentro de un libro, visualizan gr\u00e1fica y conceptualmente la idea del texto falsario, siempre ap\u00f3crifo y siempre verdadero, en constante abolici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Escribir y borrar, inventar y debatir, agregar y suprimir, en la melancol\u00eda y la desconfianza, en la m\u00e1s absoluta fidelidad an\u00edmica, son las innumerables discrepancias con que se puede negar-enriquecer lo existente. Es una teoria del arte obsesiva, inacabada, en transici\u00f3n. Tal como la concibe Jorge Luis Borges a quien Meneses no hab\u00eda le\u00eddo cuando escribi\u00f3 su <em>Cuaderno<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Personajes de las novelas y cuentos previos aparecen aqu\u00ed para objetivar que todos los seres humanos se implican, intercambiables. La segmentaci\u00f3n tripartita Narciso-Juan Ruiz-Jos\u00e9 Vargas permite al narrador disgregarse en tres disidentes que son uno, a la vez complementarios y sustituibles. <\/p>\n\n\n\n<p>Narciso es dios, creador, artista. Espejo es libro, lo creado, tenerse presente, inmortalidad. Los cuadernos son los dispares espejos que corrigen una supuesta verdad inicial, desvirtuada por la contingencia y el tiempo. Narciso aspira a una conjunci\u00f3n integral con ese tiempo, suprimirlo, hacerse intemporal esparci\u00e9ndolo en pedazos de hechos, lacerando su intento por reconstruirlos.<\/p>\n\n\n\n<p>Autor, actor y espectador, certifica Meneses. Ilusionista, mediador y p\u00fablico. Inventor de recuerdos y destructor de seguridades. La novela adquiere una dimensi\u00f3n de poliedro. El artista se apodera de sus flujos y reflejos mentales, al derecho y al rev\u00e9s, como v\u00edas de acceso al estudio de su poes\u00eda. A una tesis contrapone los desacuerdos. Pero de antemano advierte que la s\u00edntesis tampoco es unidad estable y decisiva. La hechura de la novela muestra la angustiosa metamorfosis de este juego dram\u00e1tico que busca una respuesta total. El escritor, como un demonio todopoderoso, invalida y supera todas las contradicciones en una nueva. Su ficci\u00f3n. Y con ese ritual de crear, pensando el acto, se dialectiza sin tregua.<\/p>\n\n\n\n<p>Novela-truco explica su trampa mientras la tiende, entregando las cifras del ardid sin que en ning\u00fan momento se desvirt\u00fae como novela. La obra- coartada tiene hoy en Largo de Jos\u00e9 Balza, su m\u00e1s l\u00facido c\u00f3mplice, la m\u00e1s inteligente r\u00e9plica del <em>Falso Cuaderno<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>CEREMONIAS DEL PAYASO<\/p>\n\n\n\n<p><em>La Misa de Arlequ\u00edn<\/em> (1962) es al un\u00edsono clave y balance apreciativo de la obra ya publicada. En la distorsi\u00f3n continua de su arquitectura luchan el poeta y el pensador, de all\u00ed la cambiante faz de la maqueta inicial, la apasionada diatriba, el fino lirismo de ciertas p\u00e1ginas, la irreverente parodia y la sacralizaci\u00f3n final de la literatura como tormento ineludible.<\/p>\n\n\n\n<p>El bosquejo dividido en secciones que reparten la perspectiva del narrador y las figuras humanas-secretas, dispersas, factibles o no- en misterioso parentesco, reproducen con sobria autenticidad, v\u00ednculos y desencuentros en tr\u00e1nsito indetenible, porque se niega que una vida puede tener sentido permanente. Paralelos, pero inseparables, conviven realismo y extroversi\u00f3n, con su ant\u00edtesis, el ensue\u00f1o introvertido.<\/p>\n\n\n\n<p>Un tiempo caminante gira hacia atr\u00e1s, se detiene por un peque\u00f1o lapso en determinado momento de la historia y hace la caricatura de los interminables ropajes que visten al hombre, t\u00edtere vac\u00edo. Y es porque un centro ps\u00edquico ausencia siempre vigente, gesto conservado en la memoria emocional desencadena esta fija simbolog\u00eda que exige el retorno al trauma de une carencia afectiva muy antigua. Es el Yo, desafincado, resentido y deshecho en Narcisos, Espejos y Arlequines, polarizaciones por contraste y complementaci\u00f3n de una sola y \u00fanica figura. Meneses.<\/p>\n\n\n\n<p>Caracas, agresora mujer-ciudad, esa que luego estallar\u00e1 en los vertiginosos mon\u00f3logos de Salvador Garmendia y en el paisaje contundente de Adriano Gonz\u00e1lez Le\u00f3n, es la urbe-burdel que re\u00fane perseguidos y perseguidores, altares y repudios, diferentes versiones de la misma incomunicaci\u00f3n entre los seres. El fracaso personal del esc\u00e9ptico te revierte en la delincuencia como transgresi\u00f3n vengadora de toda ley.<\/p>\n\n\n\n<p>La <em>misa <\/em>es la ceremonia privada que permite a cada individuo representar como buf\u00f3n la pantomima de su inevitable desamparo por medio de in\u00fatiles disfraces, transferibles. Magia y liturgia, dios y libido, demonio y sacralidad, fundamentan este ideario nihilista. Y el negro -rescate gen\u00e9rico de la dulce nodriza que sustituy\u00f3 siempre a la perdida madre blanca- opera como nexo de ambos ceremoniales igualmente m\u00edsticos. La superstici\u00f3n y el animismo son los ritos necesarios para imantar la legitimidad de una procedencia desconocida. La novela se confirma como el \u00fanico rastro de esa identidad turbia. Y cada disfraz -conducta o vivencia es la oportunidad ef\u00edmera de representarse una plegaria existencial propia.<\/p>\n\n\n\n<p>Hermetismo, sorna velada, omisi\u00f3n sarc\u00e1stica, y un azar tan intensamente calculado que por paradoja se convierte en fatalidad, en sino. Est\u00e1 claro que Meneses no pudo activar todas las poderosas novedades que intuy\u00f3 porque, irremediablemente, su h\u00e1bito especulativo las paraliz\u00f3 en reflexiones. Cercado por patrones de novelar insuficientes, se resiste en psicologismos concisos. Inhibido, se disculpa por no utilizar el instrumental adecuado. Y la angustiosa incertidumbre se transfiere como f\u00e1bula.<\/p>\n\n\n\n<p>El impacto de sus cinco novelas no se agota en \u00e9sta ni otras interpretaciones subjetivas. Porque su c\u00f3digo irreversible es, precisamente, la posibilidad de transformar al curioso de estas ficciones, en un nuevo hacedor de mentiras ciertas. O de enga\u00f1osas verdades.<\/p>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Pr\u00f3logo de la edici\u00f3n de <em>Cinco novelas <\/em>de Guillermo Meneses (Monte \u00c1vila editores, 1972).<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alicia Freilich de Segal Guillermo Meneses aporta a la cultura del pa\u00eds, modernos, audaces y muy certeros puntos de mira, innovaciones t\u00e9cnicas que desbordan los l\u00edmites de la obra de arte y se proyectan como penetrantes m\u00e9todos de acceso para una indagaci\u00f3n de la idiosincrasia venezolana. 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