{"id":18097,"date":"2025-07-05T17:25:00","date_gmt":"2025-07-05T21:55:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=18097"},"modified":"2026-01-13T14:14:09","modified_gmt":"2026-01-13T18:44:09","slug":"uslar-pietri-cronista-del-realismo-mestizo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/uslar-pietri-cronista-del-realismo-mestizo\/","title":{"rendered":"Uslar Pietri, cronista del realismo mestizo"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Gustavo Guerrero <\/h4>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote\">\n<p>Era como volver a comenzar el cuento, que se cre\u00eda saber, con otros ojos y otro sentido.  <\/p>\n<cite>Realismo M\u00e1gico, 1985.<\/cite><\/blockquote>\n\n\n\n<p>Ya se ha escrito todo -o casi todo- sobre el realismo m\u00e1gico. Desde que \u00c1ngel Flores pusiera en circulaci\u00f3n en castellano el t\u00e9rmino all\u00e1 por los a\u00f1os cincuenta, much\u00edsima tinta ha corrido bajo el puente, tanta y tan varia- da que hoy llenar\u00eda una imponente -y heterog\u00e9nea- biblioteca. Herramienta anal\u00edtica, instrumento ideol\u00f3gico, c\u00f3moda etiqueta o incluso signo de una cultura y de un tiempo, las m\u00faltiples definiciones del realismo m\u00e1gico constituyen los cap\u00edtulos de una larga historia que no parece agotarse tras medio siglo de intenso laboreo. En ella se han sucedido no s\u00f3lo minuciosas monograf\u00edas acad\u00e9micas sino tambi\u00e9n disputas y posturas diversas. As\u00ed, algunos cr\u00edticos han propuesto que se abandone el uso de tan equ\u00edvoco concepto, otros han querido restringirlo a la sola descripci\u00f3n de la obra de Asturias, otros han pedido que se ampl\u00ede su campo de aplicaci\u00f3n y que se le asocie sistem\u00e1ticamente a su hermano gemelo -lo real maravilloso-, y muchos, en fin, han denunciado su incoherencia y su escaso valor cognoscitivo. Hay que rendirse a la evidencia: recorrer hoy la bibliograf\u00eda sobre el tema es asomarse al espejo de nuestras perplejidades ante un buen sector de la literatura que hemos sido capaces de producir. Pero lo m\u00e1s sorprendente es la persistencia de un t\u00e9rmino que resiste a todos los ex\u00e1menes cr\u00edticos y sigue funcionando, dentro y fuera de Hispanoam\u00e9rica, como el santo y se\u00f1a -o la marca registrada de nuestras artes y nuestras letras. Al igual que otras nociones est\u00e9ticas que pasan del discurso especializado al habla corriente, el realismo m\u00e1gico debe en parte su supervivencia al falso consenso que instaura su empleo. Desprovisto de una extensi\u00f3n y de una comprensi\u00f3n precisas, todos creen entender lo que designa, cuando, en realidad, cada cual, en su vasta nebulosa, lo interpreta a su manera. \u00abEl mundo se concierta de desconciertos\u00bb, dec\u00eda Graci\u00e1n y repet\u00eda Lezama Lima. No habr\u00eda que exagerar, sin embargo, el papel de estas fluctuaciones sem\u00e1nticas en la prolongada longevidad del fen\u00f3meno, pues hay sin duda otros factores de an\u00e1loga o mayor importancia. Lo cierto es que ya dos generaciones de escritores han tratado de deshacerse en vano del realismo m\u00e1gico y, si hemos de creer en los \u00e9xitos de figuras como Isabel Allende o Laura Esquivel, est\u00e1 a\u00fan lejos el d\u00eda en que desaparezca el horizonte de lectura que ha creado para nuestra novela. <\/p>\n\n\n\n<p>A Arturo Uslar Pietri le corresponde leg\u00edtimamente un lugar en esta historia -un lugar discreto y acaso limitado, pero, sin duda alguna, indiscutible-. Se sabe que fue \u00e9l quien primero introdujo el t\u00e9rmino en el \u00e1mbito literario hispanoamericano al examinar algunos aspectos de la cuent\u00edstica de sus contempor\u00e1neos en el ensayo \u00abEl cuento venezolano\u00bb de 1948 -un texto que aparece siete a\u00f1os antes que el c\u00e9lebre estudio de \u00c1ngel Flores, <em>Magical Realism in Spanish American Fiction<\/em><sup>1<\/sup>. Uslar Pietri es, adem\u00e1s, el escritor que redacta, en 1935, el relato \u00abLa lluvia\u00bb, ejemplo can\u00f3nico en las antolog\u00edas y estudios del realismo m\u00e1gico desde hace m\u00e1s de cuatro d\u00e9cadas<sup>2<\/sup>. Y no habr\u00eda que olvidar su contribuci\u00f3n como cr\u00edtico literario: varios de sus ensayos de los a\u00f1os sesenta y setenta contienen interesantes comentarios y desarrollos sobre el tema. Todas estas facetas de su participaci\u00f3n -referencias casi obligadas entre los especialistas- son ampliamente conocidas. Sin embargo, es en un texto tard\u00edo de 1985, intitulado justamente \u00abRealismo m\u00e1gico\u00bb, donde encontramos el papel m\u00e1s importante que el venezolano se atribuye dentro de esta historia y que no es ya exclusivamente el del precursor ni el del autor paradigm\u00e1tico, ni menos a\u00fan el del puntual comentarista. Uslar Pietri se presenta, en esas p\u00e1ginas, como un aut\u00e9ntico cronista del movimiento -como el testigo directo de su g\u00e9nesis y de sus motivaciones-, y, al mismo tiempo, nos ofrece un resumen de su pensamiento que sintetiza sus ideas anteriores y las sit\u00faa en un contexto m\u00e1s claro y m\u00e1s vasto. El ensayo compendia, de este modo, la visi\u00f3n y la versi\u00f3n integral del venezolano sobre la aventura del realismo m\u00e1gico, un doble discurso que, entre disertaci\u00f3n y autobiograf\u00eda, reivindica el rol hist\u00f3rico del autor y le confiere un destacado protagonismo. Y es que su his toria personal se confunde all\u00ed con la historia de nuestra literatura moderna a trav\u00e9s de una interpretaci\u00f3n de los hechos que basa su verdad en el testimonio de lo visto y lo vivido<sup>3<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>El relato de los or\u00edgenes se inicia, seg\u00fan Uslar Pietri, en Par\u00eds y a fines de los a\u00f1os veinte. Su punto de partida no es as\u00ed la literatura hispanoamericana de la d\u00e9cada de los treinta y los cuarenta sino el decisivo y cotidiano encuentro de tres j\u00f3venes en alguna terraza de Montparnasse: \u00abMiguel \u00c1ngel Asturias ven\u00eda de la Guatemala de Estrada Cabrera y Ubico, con la imaginaci\u00f3n llena del Popol Vuh, Alejo Carpentier hab\u00eda salido de la Cuba de Machado y yo ven\u00eda de la Venezuela de G\u00f3mez\u00bb<sup>4<\/sup>. Una feliz coincidencia los re\u00fane y crea entre ellos una comunidad de ambiciones e intereses, pues los tres han llegado a Par\u00eds huyendo de la barbarie pol\u00edtica y en pos de una modernidad que pronto les revela que, para ser modernos, deben aprender primero a ser ellos mismos. Exhumando la memoria de sus a\u00f1os mozos, Uslar Pietri nos cuenta que, despu\u00e9s de tanto charlar, \u00ablo que sal\u00eda de todos aquellos relatos y evocaciones era la noci\u00f3n de una condici\u00f3n peculiar del mundo americano que no era posible reducir a ning\u00fan modelo europeo\u00bb<sup>5<\/sup>. \u00bfCu\u00e1l era su peculiaridad? El autor no nos lo dice claramente en un principio aunque menciona la fascinaci\u00f3n de Asturias por el mundo maya, la de Carpentier por la cultura de los negros de Cuba y la suya por su pa\u00eds mestizo. Hay que esperar algunos p\u00e1rrafos antes de que aparezca la convicci\u00f3n que preside la toma de conciencia de la otredad de lo americano: \u00abEl mundo criollo est\u00e1 lleno de magia en el sentido de lo inhabitual y lo extra\u00f1o\u00bb<sup>6<\/sup>. La literatura ha de reflejar este rasgo diferencial en el que se afirma una forma de identidad hasta entonces desconocida. No es otra la divisa program\u00e1tica que aparentemente signa, desde muy temprano, la vida y la obra de los tres padres fundadores. Animados por el af\u00e1n de dar una voz a la espec\u00edfica magia de Am\u00e9rica, juntos se habr\u00edan lanzado a la empresa de inventar un modelo de escritura propio y original. Leyendas de Guatemala (1930), Las lanzas coloradas (1931) y Ecu\u00e9 Yamba O (1933) son los primeros frutos de su acci\u00f3n y, como tales, las obras que, en esta versi\u00f3n de los hechos, inauguran el largo reinado de la corriente dentro de las letras hispanoamericanas. El relato prosigue con otras precisiones que no parecen hoy menos discutibles, pues denotan una lectura retrospectiva que proyecta, hacia un remoto pasado, estadios posteriores de la cuesti\u00f3n<sup>7<\/sup>. Pero, por lo que nos concierne, lo esencial quiz\u00e1 no est\u00e9 all\u00ed sino en el contexto en que nuestro autor sit\u00faa la g\u00e9nesis del realismo m\u00e1gico, ya que el Par\u00eds de los a\u00f1os veinte deja una huella indeleble en su manera de concebirlo y condiciona a\u00fan su interpretaci\u00f3n casi sesenta a\u00f1os despu\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, al igual que Asturias y Carpentier, Uslar Pietri llega a Francia en una d\u00e9cada marcada por la crisis de la civilizaci\u00f3n europea y por la quiebra de estatuto privilegiado del viejo continente. Entre La decadencia de Occidente (1920) y Malestar en la cultura (1929), corren los a\u00f1os de una profunda revisi\u00f3n cr\u00edtica que, a la luz de los horrores de la Gran Guerra, pone de manifiesto los l\u00edmites del optimismo ilustrado y da al traste con el esquema ascendente del progreso humano que hac\u00eda del hombre europeo la figura m\u00e1s alta de la historia universal. Las ideas de Spengler, como lo ha demostrado Roberto Gonz\u00e1lez Echevarr\u00eda, tienen entonces una influencia decisiva en toda una nueva generaci\u00f3n de intelectuales hispanoamericanos que encuentran en la <em>Lebensphilosophie<\/em> la posibilidad de reescribir, de manera in\u00e9dita, su realidad cultural<sup>8<\/sup>. Los encuentros del venezolano con sus dos c\u00e9lebres amigos se inscriben dentro de esta tendencia que trata de volver a definir una imagen de Am\u00e9rica entre las ruinas de la centralidad perdida de Occidente. De ah\u00ed que, en la elaboraci\u00f3n del concepto de realismo m\u00e1gico, la b\u00fasqueda de la otredad americana se traduzca casi necesariamente en un conflicto con Europa. Como Carpentier, Uslar Pietri no puede pensar la autonom\u00eda del nuevo mundo sin hacer antes una cr\u00edtica del viejo<sup>9<\/sup>. A ambos pareciera que les es imposible olvidar que esa refundaci\u00f3n de Am\u00e9rica est\u00e1 vinculada, desde sus inicios, a un debate de Europa consigo misma. No en vano los especialistas han se\u00f1alado repetidamente la contradicci\u00f3n que existe entre la insistencia en la separaci\u00f3n de los modelos europeos y el origen propiamente europeo de la categor\u00eda<sup>10<\/sup>. Esta base pol\u00e9mica explica asimismo la dificultad para incorporar el legado hisp\u00e1nico a las teor\u00edas del realismo m\u00e1gico. Ciertamente, aunque a menudo se destaque la idea de mestizaje, la construcci\u00f3n del t\u00e9rmino se lleva a cabo, en esencia, a trav\u00e9s de una exaltaci\u00f3n de la maravilla ind\u00edgena o afroamericana, pero deja en la sombra no s\u00f3lo el aporte de la literatura sino de la brujer\u00eda, las creencias y supersticiones espa\u00f1olas -toda la carta milagrera del catolicismo popular y de la imaginer\u00eda de la Contrarreforma-. En el caso de Uslar Pietri, de un escritor que ha recorrido como pocos los caminos de la hispanidad, el problema se hace patente en la oscilaci\u00f3n entre dos opiniones totalmente opuestas. As\u00ed, cuando se trata de celebrar el Premio Nobel de su amigo guatemalteco, el autor no duda en trazar la geneaolog\u00eda del realismo m\u00e1gico \u00abde Amad\u00eds de Gaula a Miguel \u00c1ngel Asturias\u00bb; pero, en el texto que comentamos, llevado por la necesidad de subrayar la novedad de la corriente, se\u00f1ala que \u00abde manera superficial, algunos cr\u00edticos han evocado a este prop\u00f3sito, como antecedentes v\u00e1lidos, las novelas de caballer\u00eda\u2026\u00bb<sup>11<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>El Par\u00eds de los a\u00f1os veinte es tambi\u00e9n el Par\u00eds de las vanguardias y, en particular, del surrealismo. El venezolano recuerda: \u00abSe trataba en la gran \u00e9poca creadora del surrealismo franc\u00e9s, le\u00edamos, con curiosidad, los manifiestos de Bret\u00f3n y la poes\u00eda de Eluard y de Desnos, e \u00edbamos a ver El perro andaluz de Bu\u00f1uel\u00bb<sup>12<\/sup>. Corolario de la crisis cultural europea, la agitaci\u00f3n vanguardista es un elemento clave en la puesta en escena de Uslar Pietri y, como en el punto anterior, su actitud ante ella es ambigua. Por una parte, no puede menos que reconocer el inter\u00e9s que suscitaba en los tres j\u00f3venes; por otra, fiel a los dictados de Carpentier, convierte el surrealismo, a todo lo largo del ensayo, en la <em>b\u00eate noire<\/em> de los realistas m\u00e1gicos. Haci\u00e9ndose eco de las ideas del cubano -y en un tono que vuelve a evocar a Spengler-, apunta: \u00abEl surrealismo es un juego oto\u00f1al de una literatura aparentemente agotada. No s\u00f3lo se quer\u00eda renovar el lenguaje sino tambi\u00e9n los objetos. Se recurr\u00eda a la incongruencia, a la contradicci\u00f3n, a lo escandaloso, a la b\u00fasqueda de lo ins\u00f3lito, para producir un efecto de asombro, un choque de nociones y percepciones incoherentes y un estado de trance o de sue\u00f1o en el desacomodado lector. Era pintar relojes derretidos, jirafas incendiadas, ciudades sin nombres, y poner juntos las nociones y los objetos m\u00e1s ajenos y disparatados como el rev\u00f3lver de cabellos blancos, o el paraguas sobre la mesa del quir\u00f3fano. En el fondo era un juego creador, pero sin duda un juego que terminaba en una f\u00f3rmula artificial y f\u00e1cil\u00bb<sup>13<\/sup>. El realismo m\u00e1gico representaba, por el contrario, la revelaci\u00f3n de un tipo de prodigio original que estaba del lado de las cosas y no de las palabras o las t\u00e9cnicas art\u00edsticas -era res y no verba-. Su autenticidad contrasta con la ret\u00f3rica surrealista y presupone una suerte de grado cero de la escritura y de la intenci\u00f3n est\u00e9tica: \u00abLo que era nuevo -se\u00f1ala Uslar Pietri- no era la imaginaci\u00f3n sino la peculiar realidad existente y, hasta entonces, no expresada cabalmente\u00bb. Y, luego, insiste: \u00abNada invent\u00f3 en el estricto sentido de la palabra, Asturias, nada Carpentier, nada Aguilera Malta, nada ninguno de los otros que no estuviera all\u00ed desde tiempo inmemorial, pero que, por alg\u00fan motivo, hab\u00eda sido desde\u00f1ado\u00bb<sup>14<\/sup>. Es una l\u00e1stima que el autor no se detenga a explicarnos cu\u00e1l era el motivo de ese desd\u00e9n por las particulares maravillas americanas, pues quiz\u00e1 esto lo hubiera obligado a hacer expl\u00edcita la reificaci\u00f3n de una convenci\u00f3n literaria que recorre su ensayo y disfraza a la literatura en dato de lo real. Varios estudiosos han criticado ya la confusi\u00f3n que acarrea al darle un valor ontol\u00f3gico a lo que no es sino un modelo de ficci\u00f3n narrativa. Tampoco ha pasado inadvertido que, m\u00e1s que una escuela literaria, lo que el realismo m\u00e1gico aspira a imponer as\u00ed, desde un comienzo, es la espec\u00edfica descripci\u00f3n de un mundo que se ignoras. Pero lo curioso es que, en esta manera de construir su objeto, se deja sentir una impronta vanguardista e incluso propiamente surrealista, ya que el surrealismo, como revelaci\u00f3n de la po\u00e9tica profunda de lo real, tambi\u00e9n postulaba una ontolog\u00eda. No habr\u00eda que olvidar que sus m\u00e9todos y procedimientos creativos -esas pr\u00e1cticas que Uslar Pietri califica peyorativamente de juegos- constitu\u00edan los instrumentos de una b\u00fasqueda cuya finalidad no era inventar sino develar otra realidad: el espacio interior donde se un\u00edan los mecanismos m\u00e1s ocultos de la conciencia y las leyes secretas del universo. Desde esta perspectiva, la distancia que separa a los dos grupos es menos importante de lo que parece. Digamos que, si Breton pod\u00eda afirmar que exist\u00edan pa\u00edses surrealistas, Uslar Pietri, Asturias y Carpentier, cambiando de magnitudes, descubren un continente magicorrealista. A\u00fan m\u00e1s, si el surrealismo avalaba la existencia de ese famoso punto donde vida y muerte, pasado y presente, realidad e imaginaci\u00f3n dejaban de ser aprehendidos contradictoriamente, los realistas m\u00e1gicos, tal y como escribe el venezolano, tratan de \u00abrevelar, descubrir, expresar en toda su plenitud inusitada esa realidad casi desconocida y casi alucinatoria que era la de Am\u00e9rica Latina, para penetrar el gran misterio creador del mestizaje cultural\u00bb<sup>16<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>La impronta surrealista -y, de un modo general, vanguardista, es tal vez a\u00fan m\u00e1s honda, pues hay muchos rasgos del lenguaje de los manifiestos que parecen repetirse en la evocaci\u00f3n de Uslar Pietri. No falta all\u00ed la pintura de una crisis hist\u00f3rica ni el programa de una insurgencia fundadora, ni tampoco la relectura cr\u00edtica de una tradici\u00f3n literaria incapaz, hasta entonces, de dar cuenta de la espec\u00edfica otredad de lo americano. \u00abNos parec\u00eda evidente que esa realidad no hab\u00eda sido reflejada en la literatura -dice Uslar Pietri-; desde el romanticismo hasta el realismo del siglo XIX y el modernismo, hab\u00eda sido una literatura de m\u00e9rito variable, seguidora ciega de modas y tendencias de Europa. Se hab\u00edan escrito novelas a la manera de Chateaubriand, o de Flaubert, o de Pereda, o de Gald\u00f3s, o de D&#8217;Annunzio. Lo criollo no pasaba de un nivel costumbrista y paisajista. Ya Men\u00e9ndez y Pelayo hab\u00eda dicho que el gran personaje y el tema fundamental de la literatura hispanoamericana era la naturaleza. Paisaje y costumbrismo, dentro de la imitaci\u00f3n de modelos europeos, constitu\u00edan los rasgos dominantes de aquella literatura, que parec\u00eda no darse cuenta del prodigioso mundo humano que la rodeaba y al que mostraba no haberse puesto a contemplar en su peculiaridad extra\u00f1a y profunda\u00bb<sup>17<\/sup>. El advenimiento del realismo m\u00e1gico se\u00f1ala el momento de la gran ruptura con este pasado. Para Uslar Pietri, es el principal hito revolucionario de nuestra literatura moderna -la m\u00e1s radical impugnaci\u00f3n de una herencia alienada, que se realiza siguiendo la l\u00f3gica de la tabla rasa. Su misi\u00f3n, como la de toda vanguardia, es hist\u00f3rica, pues consiste en volver a instalar el presente en el presente, para inaugurar un tiempo distinto que conjugue verdad y porvenir. \u00abEn cierto sentido, era como haber descubierto de nuevo la Am\u00e9rica hispana\u00bb<sup>18<\/sup>, confiesa el autor. Pero, a diferencia de otros proyectos vanguardistas, el de los realistas m\u00e1gicos no s\u00f3lo implica una renovaci\u00f3n est\u00e9tica -la reacci\u00f3n contra una literatura europeizante y pintoresca-, sino que propugna tambi\u00e9n una emancipaci\u00f3n cultural y la redenci\u00f3n identitaria de los grupos olvidados del continente.<\/p>\n\n\n\n<p>El esp\u00edritu cosmopolita del surrealismo, que es una forma de universalismo, mal pod\u00eda avenirse con este tipo de reivindicaci\u00f3n aunque los tres hispanoamericanos convivieran entonces con los europeos dentro del mismo clima de exaltaci\u00f3n primitivista. Efectivamente, todos compart\u00edan en Par\u00eds el descubrimiento del arte y de las literaturas no occidentales, pero lo que, para unos, constitu\u00eda un descentramiento que les permit\u00eda afirmar el car\u00e1cter transhist\u00f3rico de la experiencia est\u00e9tica, para los otros, era un recentramiento que los enraizaba firmemente en un contexto hist\u00f3rico particular. En tres breves semblanzas, el ensayo destaca esta inscripci\u00f3n de los noveles escritores en la esfera m\u00e1s aut\u00f3ctona de sus respectivos pa\u00edses y le atribuye a cada uno un rol altamente representativo. As\u00ed, se nos dice que \u00aben Asturias se manifestaba, de manera casi obsesiva, el mundo disuelto de la cultura maya, en una mezcla fabulosa en la que aparec\u00edan, como extra\u00f1as figuras de un drama de gui\u00f1ol, los esbirros del dictador, los contrastes inveros\u00edmiles de situaciones y concepciones, y una visi\u00f3n casi sobrenatural de una realidad casi irreal\u00bb. Carpentier, por su parte, \u00absent\u00eda pasi\u00f3n por los elementos negros de la cultura cubana, pod\u00eda hablar por horas de los santeros, de los \u00f1\u00e1\u00f1igos, de los ritos del vud\u00fa, de la m\u00e1gica mentalidad del cubano en presencia de muchos pasados y herencias\u00bb. Uslar Pietri, en fin, \u00abven\u00eda de un pa\u00eds en el que no predominaba ni lo ind\u00edgena, ni lo negro, sino la rica mezcla inclasificable de un mestizaje cultural contradictorio\u00bb<sup>19<\/sup>. <\/p>\n\n\n\n<p>Es dif\u00edcil saber hoy cu\u00e1l fue la real influencia de la experiencia parisiense y c\u00f3mo pudo haber modulado las convicciones mundonovistas que los tres trajeron en sus maletas desde Guatemala, Cuba y Venezuela. Nadie ignora, sin embargo, que Asturias no llega a Par\u00eds \u00abcon la imaginaci\u00f3n llena del Popol Vuh\u00bb, como pretende nuestro autor. Fue en los cursos de Georges Raynaud, en la Escuela Pr\u00e1ctica de Altos Estudios, donde descubri\u00f3 la literatura maya y empez\u00f3 a interesarse en lo que entonces se llamaba, a la manera humanista, \u00abel estudio de las antig\u00fcedades ind\u00edgenas\u00bb<sup>20<\/sup>. Tampoco Carpentier, que durante muchos a\u00f1os se neg\u00f3 a reeditar Ecue Yamba O, era ya un insigne especialista de la negritud<sup>21<\/sup>. Y, por lo que toca al venezolano, me parece poco plausible que reivindicara tan temprano su condici\u00f3n de hijo de una naci\u00f3n mestiza. Como miembro de la generaci\u00f3n postarielista, que se nutre del debate americanista de las primeras d\u00e9cadas del siglo, Ulsar Pietri s\u00f3lo accede a una interpretaci\u00f3n positiva del mestizaje, en tanto elemento definidor de nuestra cultura, en sus ensayos de los a\u00f1os cuarenta. Pero, una vez m\u00e1s, lo importante quiz\u00e1 no est\u00e9 en estos flagrantes anacronismos ni en la ilusi\u00f3n retrospectiva que nos presenta al realismo m\u00e1gico como a una org\u00e1nica vanguardia desde sus comienzos mismos. M\u00e1s all\u00e1 de los errores y espejismos de la cr\u00f3nica, Uslar Pietri dice una verdad, pues, de los tres amigos, fue \u00e9l quien estableci\u00f3 el nexo m\u00e1s s\u00f3lido entre la corriente literaria y el concepto de mestizaje, y fue \u00e9l quien vio as\u00ed primero, en el realismo m\u00e1gico, un realismo mestizo. Asturias siempre privilegi\u00f3 la fuente ind\u00edgena y Carpentier lleg\u00f3 tarde a esta idea -y en el contexto de su teor\u00eda del barroco<sup>22<\/sup>. Uslar Pietri, por el contrario, la formula y reformula de diferentes maneras, desde las premisas de \u00abLo criollo en la literatura\u00bb (1951), pasando por varios ensayos de En busca del Nuevo Mundo (1969), hasta su recuento final en \u00abRealismo m\u00e1gico\u00bb. Para \u00e9l, la matriz de donde surgen los prodigios y maravillas de Am\u00e9rica es, claramente, el mestizaje: \u00abla fecunda y honda convivencia de las tres culturas originales en un proceso de mezcla sin t\u00e9rmino, que no pod\u00eda ajustarse a ning\u00fan patr\u00f3n recibido\u00bb<sup>23<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfEs posible llevar hoy m\u00e1s lejos el pensamiento de Uslar Pietri? O, dicho de otro modo, \u00bfes posible pensar, con Uslar Pietri, m\u00e1s all\u00e1 de Uslar Pietri? Su breve cr\u00f3nica del realismo m\u00e1gico encierra, lo repito, muchas inexactitudes, pero tiene tambi\u00e9n la virtud de hacer expl\u00edcita la correlaci\u00f3n entre diversos contextos que inciden en la formaci\u00f3n de la categor\u00eda y en la pr\u00e1ctica literaria que la acompa\u00f1a. En esta revelaci\u00f3n del reverso de la trama bien puede verse una invitaci\u00f3n a analizar el realismo m\u00e1gico, desde una perspectiva conceptual, no s\u00f3lo ya como un t\u00e9rmino que denota el mestizaje, sino que tambi\u00e9n -y sobre todo- lo ejemplifica. Y es que la verdadera magia del realismo m\u00e1gico no est\u00e1 ciertamente en el objeto al que la atribuye sino quiz\u00e1 en el portentoso abanico de subjetividades que, en su interior, se asocian y a veces se confunden, siguiendo una l\u00f3gica aleatoria no excluyente ni disyuntiva. All\u00ed se superponen y cohabitan, sin jerarqu\u00eda previa, las creencias animistas de los ind\u00edgenas, la fe de los santeros, el asombro de los conquistadores, la ideolog\u00eda de la emancipaci\u00f3n, las utop\u00edas mundonovistas, las ambiciones metaf\u00edsicas e hist\u00f3ricas de las vanguardias, la fascinaci\u00f3n por el arte primitivo, la filosof\u00eda de Spengler y hasta las conversaciones de tres muchachos hispanoamericanos que se reun\u00edan all\u00e1 por los a\u00f1os veinte en una terraza de Montparnasse. Hay sin duda m\u00e1s cosas en el concepto de realismo m\u00e1gico de las que sue\u00f1a nuestra filolog\u00eda. Ser\u00eda necesario un detallado estudio arqueol\u00f3gico y un fin\u00edsimo escalpelo- para sacar a la luz los diferentes estratos que se han ido acumulando en su seno tras medio siglo de comentarios y teor\u00edas. Espacio h\u00edbrido de prolijas mediaciones, su estatuto se asemeja hoy al de los ritos sincr\u00e9ticos descritos por Gruzinski como pr\u00e1cticas en las que se manifiesta \u00abuna suerte de equilibrio inestable pero duradero entre tradiciones diversas m\u00e1s que estados definitivos y c\u00f3modamente registrables\u00bb<sup>24<\/sup>. Su incoherencia denotativa constituye, en este sentido, un factor de su riqueza ejemplificatoria, pues, como lo demuestra Uslar Pietri, cada cual sigue encontrando, en sus variables geometr\u00edas, un horizonte familiar y af\u00edn desde el que se vuelve legible el mestizaje americano. De ah\u00ed que, a pesar de la erosi\u00f3n del tiempo, a pesar del desfase creciente entre sus premisas y la Hispanoam\u00e9rica actual, el realismo m\u00e1gico sobreviva y no pierda su puesto preeminente en la interpretaci\u00f3n que los otros hacen de nosotros y que tambi\u00e9n nosotros hacemos de nosotros mismos. Es probable que su reino s\u00f3lo toque a su fin cuando surja otra noci\u00f3n capaz de establecer un nuevo pacto de lectura que, sin negar la diferencia, preserve nuestra pluralidad y le ofrezca a los dem\u00e1s unas diferentes maneras de acercarse a nuestro mundo. Por de pronto, el realismo m\u00e1gico sigue cumpliendo esta funci\u00f3n de espejo interior y de puente exc\u00e9ntrico aunque tal vez ya va siendo hora de preguntarse c\u00f3mo lo hace, d\u00f3nde, por qu\u00e9, desde cu\u00e1ndo y hasta cu\u00e1ndo. Tratar de despejar algunas de estas interrogantes ser\u00e1 quiz\u00e1 la mejor forma de volver a comenzar el cuento, que se cre\u00eda saber, con otros ojos y otro sentido.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>1 Presentado en el congreso anual de la MLA en Nueva York, en diciembre de 1954, el ensayo de \u00c1ngel Flores se public\u00f3 en Hispania, XXXVIII, 2, mayo de 1955, pp.187-192. El de Uslar Pietri apareci\u00f3 en Letras y hombres de Venezuela, M\u00e9xico, FCE, 1948, pp. 154-167. All\u00ed escribe: \u00abLo que vino a predominar en el cuento y a marcar su huella de una manera perdurable fue la consideraci\u00f3n del hombre como misterio en medio de los datos realistas. Una adivinaci\u00f3n po\u00e9tica o una negaci\u00f3n po\u00e9tica de la realidad. Lo que a falta de otra palabra podr\u00eda llamarse un realismo m\u00e1gico\u00bb (p. 162). Para un an\u00e1lisis cr\u00edtico de esta definici\u00f3n, cf. Irlemar Ciampi, El realismo maravilloso, Caracas, Monte \u00c1vila Editores, 1983, pp. 25-26. <\/p>\n\n\n\n<p>2 El primero que califica al cuento de realista m\u00e1gico es Anderson Imbert en su antolog\u00eda Veinte cuentos hispanoamericanos del siglo XX, Nueva York, Appleton Century Crofts, 1956. Un estudio de conjunto sobre este aspecto de la cuent\u00edstica del autor puede verse en el art\u00edculo de Russell M. Cluff, \u00abEl realismo m\u00e1gico en los cuentos de Uslar Pietri\u00bb, Cuadernos Americanos, M\u00e9xico, XXXV, 1, enero de 1976, pp. 208-224.<\/p>\n\n\n\n<p>3 <em>Realismo m\u00e1gico<\/em> se public\u00f3 originalmente en una edici\u00f3n especial del Ateneo de Caracas encartada en el diario El Nacional, Caracas, 20 de febrero de 1985. Posteriormente, se incluy\u00f3 en la selecci\u00f3n de ensayos del autor Godos, insurgentes y visionarios, Barcelona, Seix Barral, 1986. Utilizo aqu\u00ed la versi\u00f3n que aparece en la antolog\u00eda Arturo Uslar Pietri, La invenci\u00f3n de la Am\u00e9rica mestiza, edici\u00f3n de Gustavo Luis Carrera, M\u00e9xico, FCE, 1996, pp. 333-337. <\/p>\n\n\n\n<p>4 Op. cit. p. 333.<\/p>\n\n\n\n<p>5 Ibid., p. 333.<\/p>\n\n\n\n<p>6 Ibid., p. 336.<\/p>\n\n\n\n<p>7 Es dif\u00edcil aceptar que, ya para 1929, los tres escritores tuvieran una idea tan estructurada de lo que iba a ser, dos d\u00e9cadas m\u00e1s tarde, el realismo m\u00e1gico. Tampoco parece veros\u00edmil que se propusieran entonces formar una suerte de movimiento literario. En una entrevista con C\u00e9sar Leante, Carpentier confiesa que, a fines de los a\u00f1os veinte, atravesaba una honda crisis de identidad y estaba lleno de dudas sobre su vocaci\u00f3n: \u00abMe pareci\u00f3 una tarea vana mi esfuerzo surrealista. No iba a a\u00f1adir nada a ese movimiento. Tuve una reacci\u00f3n contraria. Sent\u00ed ardiente mente el deseo de expresar el mundo americano. A\u00fan no sab\u00eda c\u00f3mo. Me alentaba lo dif\u00edcil de la tarea por el desconocimiento de las esencias americanas. Me dediqu\u00e9 durante largos a\u00f1os a leer todo lo que pod\u00eda sobre Am\u00e9rica\u00bb. Cf. C\u00e9sar Leante, \u00abConfesiones sencillas de un escritor barroco\u00bb in Helmy Giacoman (ed.), Homenaje a Alejo Carpentier, Nueva York, Las Am\u00e9ricas, 1970, p. 21. Por lo que toca a Asturias, Marc Cheymol ha demostrado c\u00f3mo el guatemalteco, antes de convertirse en el Gran Lengua, va pasando por diversas metamorfosis ideol\u00f3gicas a trav\u00e9s de los a\u00f1os veinte. Cf. su libro Miguel \u00c1ngel Asturias dans le Paris des ann\u00e9es folles, Grenoble, Presses Universitaires de Grenoble, 1987. El Uslar Pietri que llega a Par\u00eds tampoco es una personalidad literaria resuelta y definida. Aunque ya ha participado en el lanzamiento de la revista V\u00e1lvula (1928), est\u00e1 lejos de ser un te\u00f3rico del realismo m\u00e1gico y hay de reconocer que su novela hist\u00f3rica mal traduce la necesidad de expresar un mundo de prodigios y maravillas. Los tres amigos se hab\u00edan nutrido indudablemente del clima de efervescencia americanista que atraviesa la d\u00e9cada de los veinte, pero entre las reivindicaciones indigenistus, afro-cubanas o nacionalistas y el realismo m\u00e1gico existe una distancia que la cr\u00f3nica del venezolano tiende a olvidar.<\/p>\n\n\n\n<p>8 Roberto Gonz\u00e1lez Echevarr\u00eda, Alejo Carpentier: el peregrino en su patria, M\u00e9xico, UNAM, 1993, pp. 66-72, 136-156 y passim.<\/p>\n\n\n\n<p>9 Cf. el celeb\u00e9rrimo pr\u00f3logo de El reino de este mundo (1949), texto en el que se inspira en buena medida el presente ensayo de Uslar Pietri. Es de se\u00f1alar que nuestro autor no hace diferencia alguna entre el realismo m\u00e1gico y lo real maravilloso: \u00abPoco m\u00e1s tarde Alejo Carpentier us\u00f3 el nombre de lo real maravilloso para designar el mismo fen\u00f3meno literario\u00bb (p. 336). <\/p>\n\n\n\n<p>10 Cf. V\u00edctor Bravo, Magias y maravillas en el continente literario, Caracas, Ediciones de la Casa de Bello, 1988, pp. 15-16.<\/p>\n\n\n\n<p>11 Op. cit., pp. 334-335. \u00abDe Amad\u00eds de Gaula a Miguel \u00c1ngel Asturias\u00bb est\u00e1 en En busca del Nuevo Mundo, M\u00e9xico, FCE, 1969, pp. 48-59.<\/p>\n\n\n\n<p>12 Op. cit., p. 334.<\/p>\n\n\n\n<p>13 Ibid., p. 334.<\/p>\n\n\n\n<p>14 Ibid., p. 335.<\/p>\n\n\n\n<p>15 Cf., entre otros, Ciampi, op. cit., pp. 35-46, Bravo, op. cit., pp. 36-40 y el libro de Seymour Menton, Historia verdadera del realismo m\u00e1gico, M\u00e9xico, FCE, 1998, pp. 162-173.<\/p>\n\n\n\n<p>16 Op. cit., p. 334.<\/p>\n\n\n\n<p>17 Ibid., pp. 333-334. <\/p>\n\n\n\n<p>18 Ibid., p. 335.<\/p>\n\n\n\n<p>19 Ibid., p. 333.<\/p>\n\n\n\n<p>20 Cf. Cheymol, op. cit., p. 162.<\/p>\n\n\n\n<p>21Explicando este repudio, Carpentier se\u00f1ala en Tientos y diferencias (1964): \u00abEscrib\u00ed una novela que fue publicada en Madrid, en 1932, en pleno auge del nativismo europeo. Pues bien, al cabo de veinte a\u00f1os de investigaci\u00f3n acerca de las relaciones sincr\u00e9ticas en Cuba, me di cuenta de que todo lo hondo, lo verdadero, lo universal, del mundo que hab\u00eda pretendido en mi novela hab\u00eda permanecido fuera del alcance de mi observaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>22 Para la formaci\u00f3n del concepto en el pensamiento de Asturias, Cf. Carlos Rinc\u00f3n, <em>Nociones surrealistas, concepci\u00f3n del lenguaje y funci\u00f3n ideol\u00f3gico literaria del realismo m\u00e1gico en Miguel \u00c1ngel Asturias<\/em>, Escrituras 3, Caracas, enero de 1978, pp. 25-61. Carpentier adem\u00e1s s\u00ed alude al mestizaje en el pr\u00f3logo a El reino de este mundo. Lo mestizo aparece vinculado al barroco en su ensayo \u00abProblem\u00e1tica de la actual novela latinoamericana\u00bb de Tientos y diferencias y, m\u00e1s tarde, en un p\u00e1rrafo de su conferencia \u00abLo barroco y lo real maravilloso\u00bb recogida en Raz\u00f3n de ser, Caracas, UCV, 1976, p. 179: \u00abAm\u00e9rica, continente de simbiosis, de mutaciones, de vibraciones, de mestizajes, fue barroca desde siempre\u2026\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>23 Op. cit., p. 335.<\/p>\n\n\n\n<p>24 Serge Gruzinski, La pens\u00e9e m\u00e9tisse, Paris, Fayard, 1999, p. 41.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a rel=\"noreferrer noopener\" href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/gustavo-guerrero\/\" target=\"_blank\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gustavo Guerrero Era como volver a comenzar el cuento, que se cre\u00eda saber, con otros ojos y otro sentido. Realismo M\u00e1gico, 1985. Ya se ha escrito todo -o casi todo- sobre el realismo m\u00e1gico. Desde que \u00c1ngel Flores pusiera en circulaci\u00f3n en castellano el t\u00e9rmino all\u00e1 por los a\u00f1os cincuenta, much\u00edsima tinta ha corrido bajo [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":18100,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18097"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=18097"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18097\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":18149,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18097\/revisions\/18149"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/18100"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=18097"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=18097"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=18097"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}