{"id":18089,"date":"2025-12-25T13:48:21","date_gmt":"2025-12-25T18:18:21","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=18089"},"modified":"2025-12-25T13:48:26","modified_gmt":"2025-12-25T18:18:26","slug":"el-ars-ethica-de-rafael-cadenas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/el-ars-ethica-de-rafael-cadenas\/","title":{"rendered":"El ars ethica de Rafael Cadenas"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Ana Nu\u00f1o<\/h4>\n\n\n\n<p>I<\/p>\n\n\n\n<p>Rafael Cadenas (Barquisimeto, 1930) es un poeta casi del todo desconocido en Espa\u00f1a. La restricci\u00f3n que aporta a esta frase la cl\u00e1usula adverbial es, en verdad, m\u00ednima: conocen en Espa\u00f1a la poes\u00eda de Rafael Cadenas quienes asistieron a su recital en la madrile\u00f1a Residencia de Estudiantes, en el oto\u00f1o de 1993, y los oyentes de sus recientes lecturas en Tenerife y Salamanca. Y, por descontado, no se ha publicado en Espa\u00f1a nada que se parezca a un estudio o an\u00e1lisis de su obra.<\/p>\n\n\n\n<p>La ignorancia espa\u00f1ola de una de las voces po\u00e9ticas m\u00e1s interesantes, coherentes y s\u00f3lidas de Hispanoam\u00e9rica no es un hecho, empero, sorprendente. Puede a\u00fan afirmarse que ese desconocimiento de una parte substancial -a veces simplemente la mejor- de la creaci\u00f3n literaria en su propia lengua es ya una tradici\u00f3n de rancio cultivo entre los espa\u00f1oles. Cuando menos, desde que Rub\u00e9n Dar\u00edo se hiciera aplaudir antes en Par\u00eds que en Madrid. No cabe, pues, fingir sorpresa; s\u00ed, en cambio, constatar de nuevo una anomal\u00eda grave de la vida literaria espa\u00f1ola. Espa\u00f1a, que dej\u00f3 hace un siglo de ser imperio; que desde mucho antes de 1898 fue un imperio arruinado, y que no ha sido, en estos dos \u00faltimos siglos y a diferencia de Francia o de Inglaterra, una potencia cultural, se ha permitido el lujo de actuar con soberbia y desd\u00e9n imperiales, con aquel \u00abdesprecia cuanto ignora\u00bb que lamentaba el Machado de <em>Campos de Castilla, <\/em>de cara a lo que se ha pen\u00ad sado y escrito allende los mares en su propia lengua.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta situaci\u00f3n no pod\u00eda menos que agravarse durante los cuarenta a\u00f1os de contienda civil y larga paz de los cementerios. En 1960, cuando Rafael Cadenas publica <em>Los cuadernos del destierro, <\/em>el primer poemario que le vali\u00f3 celebridad, un joven Mario Vargas Llosa hab\u00eda ya pasado por Madrid y podido constatar, como recordar\u00e1 luego en sus memorias de candidato a presidente frustrado, que el terreno de la vida literaria espa\u00f1ola era m\u00e1s bien un erial. Conviene, as\u00ed sea liminarmente, evocar estas cosas para ir situando una obra, la de Cadenas, que ofrece, de entrada, la parad\u00f3jica singularidad de ser una de las m\u00e1s interesantes de la poes\u00eda contempor\u00e1nea en lengua espa\u00f1ola y de haber evolucionado fuera de todo contexto que no sea el muy estrecho y parco de la creaci\u00f3n po\u00e9tica venezolana.<\/p>\n\n\n\n<p>A diferencia de la argentina, la mexicana o la cubana, \u00e9sta ha ocupado insistentemente la periferia de los grandes movimientos o corrientes o tendencias americanas, y se ha mantenido alejada de lo que se hac\u00eda o debat\u00eda en Europa. No es \u00e9ste el lugar para ensayar un repaso detallado del apartamiento, extra\u00f1amiento o alienaci\u00f3n culturales de Venezuela, asunto \u00e9ste que merecer\u00eda un tratamiento exhaustivo y aparte. S\u00f3lo me permitir\u00e9 la siguiente reflexi\u00f3n, a sabiendas de que, sin el s\u00f3lido apoyo de una argumentaci\u00f3n minuciosa, ha de quedar en afirmaci\u00f3n categ\u00f3rica, en <em>vue de l&#8217;esprit.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Venezuela es, muy por el contrario de lo que nos ense\u00f1a la geograf\u00eda, una isla. El siglo XIX, que en ese pa\u00eds empieza en &nbsp;1811 con el desmantelamiento de la sociedad colonial y culmina en 1899 con la llegada al poder de Cipriano Castro, fue una sucesi\u00f3n ininterrumpida de guerras que aneg\u00f3 en sangre la sola idea de una convivencia civilizada. La primera mitad del XX qued\u00f3 sellada por la larga dictadura de Juan Vicente G\u00f3mez, caudillo campesino y ni tan siquiera d\u00e9spota ilustrado, que cerr\u00f3 el pa\u00eds a canto y lodo. Esos dos hechos tr\u00e1gicos -la descomposici\u00f3n de la sociedad civil, el apartamiento del pa\u00eds de la modernidad-han ejercido una influencia duradera en las mentalidades y la manera de situarse ante el mundo de la mayor\u00eda de los venezolanos. Influencia que la ineficiente, corrupta democracia de estos \u00faltimos cuarenta a\u00f1os no ha permitido contrarrestar debidamente. Venezuela es, por estas razones y otras que, de nuevo, convendr\u00eda analizar en detalle, un pa\u00eds cuyos habitantes se han acostumbrado a vivir al margen, aislados y ensimismados. De ah\u00ed la imagen isle\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta condici\u00f3n de apartamiento ha tenido unas muy nefastas repercusiones, sobre todo, en el desenvolvimiento de su vida literaria. Nadie ignora que el aire que \u00e9sta respira y le permite vivir es el intercambio en todas sus formas: el di\u00e1logo, el debate, la controversia, la pol\u00e9mica, el ejercicio sin cortapisas de la cr\u00edtica. El escritor se hace en una constante interpelaci\u00f3n a quienes le han precedido y a quienes le acompa\u00f1an en vida. En Venezuela, la relaci\u00f3n de los escritores con la tradici\u00f3n es, desde la independencia y el abrupto divorcio de Espa\u00f1a, por lo menos problem\u00e1tica, y el contacto con los coet\u00e1neos, m\u00e1s all\u00e1 del escaso c\u00edrculo de conocidos paisanos, espor\u00e1dico, azaroso, casi siempre involuntario.<\/p>\n\n\n\n<p>Es preciso, creo, tener muy presente este contexto general a la hora de valorar el inter\u00e9s y la especificidad de la obra po\u00e9tica de Rafael Cadenas. A diferencia de Vicente Gerbasi, cuya escritura eleg\u00edaca surge de la necesidad asumida por el poeta de instalarse en el territorio que media entre unos or\u00edgenes for\u00e1neos y lejanos y la masiva, espl\u00e9ndida, misteriosa presencia de la naturaleza venezolana, Rafael Cadenas no cultiva la rememoraci\u00f3n y la nostalgia. Desde <em>Los cuadernos del destierro <\/em>(1960), el poeta busca menos \u00abdeclarar su nombrad\u00eda\u00bb que desbrozar un terreno previamente acotado por otras voces. Los treinta y un poemas en prosa que componen este libro inaugural<a href=\"#_ftn1\" id=\"_ftnref1\">[1]<\/a> pueden leerse como el minucioso, pormenorizado informe de un viajero que, antes de zarpar y emprender una larga traves\u00eda, hiciera un repaso a lo que hasta ese entonces han sido sus pertenencias. <em>Los cuadernos <\/em>es, desde este punto de vista, la puesta en pr\u00e1ctica del designio eliotiano: <em>set my lands in order.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Curiosamente, no es \u00e9sta la lectura de <em>Los cuadernos <\/em>que ha prevalecido en Venezuela. Los admiradores de Cadenas han hecho de este poemario -y de la obra posterior del poeta, a pesar de haber transitado \u00e9sta por caminos alejados de aquella primera senda- una prolongaci\u00f3n de los ecos rimbaudianos que a ratos anidan en la de Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre. En cuanto a sus detractores, que no abundan en Venezuela, tambi\u00e9n ellos insisten en leer en este poemario un v\u00ednculo con la escritura de las <em>Iluminaciones, <\/em>y denuncian en \u00e9l un supuesto espl\u00e9ndido anacronismo. En ambos casos, <em>Los cuadernos del destierro <\/em>aparece como el breviario de una poes\u00eda rupturista y desafiante, en la que el yo l\u00edrico se exalta con la declaraci\u00f3n airada de su diferencia y la asunci\u00f3n de su marginalidad como con un opi\u00e1ceo. Aun Guillermo Sucre<a href=\"#_ftn2\" id=\"_ftnref2\">[2]<\/a> recoge este lugar com\u00fan cuando se refiere al \u00abradicalismo\u00bb de Cadenas, si bien la lectura que el poeta de <em>En el verano todas las palabras respiran en el verano <\/em>propone de la obra de Cadenas hasta <em>Memorial <\/em>conduce a la postre al reconocimiento pleno de que nada hay m\u00e1s alejado de \u00e9sta que el esp\u00edritu transgresor.<\/p>\n\n\n\n<p>De entrada, por consiguiente, la poes\u00eda de Cadenas se ti\u00f1e de mitos y malentendido s. Y qu\u00e9 duda cabe de que la <em>persona <\/em>mediante la cual se expresa el yo l\u00edrico en \u00e9ste y en sus siguientes poemarios hasta <em>Amante <\/em>(1983) se preste a nutrirlos. Bastar\u00eda con citar pasajes de <em>Los cuadernos <\/em>y de <em>Falsas maniobras <\/em>(1966), <em>Intemperie <\/em>(1977), o <em>Memorial <\/em>(1977). Del primero, el c\u00e9lebre \u00abintroito\u00bb, que todo venezolano culto conoce de memoria:<\/p>\n\n\n\n<p>Yo pertenec\u00eda a un pueblo de grandes comedores de serpientes, sensuales, vehementes, silenciosos y aptos para enloquecer de amor.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero mi raza era de distinto linaje. [&#8230;] De ella me viene el gusto por las alcobas sombr\u00edas, las puertas a medio cerrar, los muebles primorosamente labrados, los s\u00f3tanos guarnecidos, las cuevas fatigantes, los naipes donde el rostro de un rey como en exilio se fastidia.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta la s\u00faplica a Proteo, que clausura las \u00abNupcias\u00bb de <em>Memorial:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Se\u00f1or del cambio, hijo del mar, sacude las inm\u00f3viles aguas, muda el metal enfermo, convierte. Qu\u00edtame de la detenci\u00f3n. Hazme un nuevo rostro.<\/p>\n\n\n\n<p>No quiero que las manos perseguidoras me encuentren. Sin tu favor la tarea se vuelve interminable.<\/p>\n\n\n\n<p>En tus manos pongo mi destino.<\/p>\n\n\n\n<p>Cadenas agota los registros de un yo l\u00edrico expansivo, plet\u00f3rico, proliferante, hijo m\u00e1s o menos declarado de Whitman<a href=\"#_ftn3\" id=\"_ftnref3\">[3]<\/a>. Es \u00e9ste el primer rostro del poeta o, quiz\u00e1 convendr\u00eda decir, la primera m\u00e1scara. Que no tardar\u00e1, por cierto, en provocarle una angustiosa sensaci\u00f3n de impostura, de doblez. Y tengo para m\u00ed que la poes\u00eda de Cadenas comenz\u00f3 a fraguarse precisamente en el momento en que ese yo l\u00edrico intuy\u00f3 que la suntuosidad verbal con la que se arropaba escond\u00eda un peligro, quiz\u00e1 el mayor para el poeta: el peligro de perderse en el laberinto de la palabra. En su segundo poemario notable, <em>Falsas maniobras, <\/em>Cadenas dice de entrada este temor:<\/p>\n\n\n\n<p>Hace alg\u00fan tiempo sol\u00eda dividirme en innumerables personas. Fui sucesivamente, y sin que una cosa estorbara a la otra, santo, viajero, equilibrista.<\/p>\n\n\n\n<p>Para complacer a los otros y a m\u00ed, he conservado una imagen doble. He estado aqu\u00ed y en otros lugares. He criado espectros enfermizos. [&#8230;]<\/p>\n\n\n\n<p>En este poema aparece por primera vez delineado el n\u00facleo de la escritura de Cadenas: la b\u00fasqueda de la unicidad, entendida no como coherencia ideol\u00f3gica o uniformidad, sino como correspondencia \u00edntima de la palabra y la postura del poeta ante la vida. Como postura \u00e9tica. <em>Falsas maniobras <\/em>marca esa inflexi\u00f3n, o el comienzo de esa inflexi\u00f3n en la obra de Cadenas. Es un libro agon\u00edstico, que pone de manifiesto la lucha del poeta por hallar el espacio m\u00e1s propicio a su voz. Una voz que acabar\u00e1 diciendo no a todo lo que ha sido y dicho, y que buscar\u00e1 situarse, en con\u00ad traste con <em>Los cuadernos, <\/em>no ya en contraposici\u00f3n, sino en franca contra dicci\u00f3n con su entorno. Esta b\u00fasqueda de la voz aut\u00e9ntica se prolonga en <em>Intemperie, <\/em>libro que concluye, en \u00abArs poetica\u00bb, con la declaraci\u00f3n angustiada de una b\u00fasqueda de autenticidad (\u00abEnloquezco por corresponderme\u00bb) que se nutre de una sed de integridad, enunciada como una s\u00faplica:<\/p>\n\n\n\n<p>Que cada palabra lleve lo que dice.<\/p>\n\n\n\n<p>Que sea como el temblor que la sostiene. Que se mantenga como un latido.<\/p>\n\n\n\n<p>La preocupaci\u00f3n por la lengua justa, el decir recto es, a mi entender, el legado m\u00e1s apreciable de Cadenas. Es ella quien lo ha alejado de la gesticulaci\u00f3n y el verbalismo, tan frecuentes en nuestra tradici\u00f3n po\u00e9tica. Pero esa preocupaci\u00f3n ha dado pie tambi\u00e9n a malentendidos. As\u00ed, se ha glosa\u00ad do hasta la saciedad sobre el silencio<a href=\"#_ftn4\" id=\"_ftnref4\">[4]<\/a> de Cadenas, sobre el hecho de que se negara a publicar durante los once a\u00f1os que median entre las <em>Falsas maniobras <\/em>(1966) y <em>Memorial <\/em>(1977). Junto con&nbsp; los ecos rimbaudianos, este es el otro pilar en el que se asienta el mito del poeta vaticinador que la cr\u00edtica venezolana ha levantado en tomo a la poes\u00eda de Cadenas. El silencio cultivado por Cadenas habr\u00eda tomado cuerpo, adem\u00e1s, en la escritura concisa, epigram\u00e1tica que se abre paso en su obra a partir de <em>Memo\u00ad rial y Amante <\/em>(1983). En realidad, Cadenas no ha dejado nunca de escribir, y su silencio circunstancial es la manifestaci\u00f3n p\u00fablica, visible (audible) de una desconfianza, de un recelo. Estamos ante un poeta que recela del lenguaje, de sus proteicos poderes, de su capacidad para decir y hacer decir cualquier cosa. No s\u00f3lo en su poes\u00eda ha prendido esta reticencia; se ha expresado a menudo en entrevistas, en sus ensayos y diarios<a href=\"#_ftn5\" id=\"_ftnref5\">[5]<\/a>, con una lucidez desencantada que no hubiera desagradado a Karl Kraus, a quien Cadenas admira. \u00abEl lenguaje es la v\u00eda principal que utiliza la sociedad para perpetuarse en nosotros a trav\u00e9s del condicionamiento\u00bb, sosten\u00eda ante Jos\u00e9 Balza, y \u00abEl pensamiento ejerce una tiran\u00eda absoluta sobre nuestra vida\u00bb<a href=\"#_ftn6\" id=\"_ftnref6\">[6]<\/a>.&nbsp; Desconfianza no amarga, sino f\u00e9rtil anunciadora de una lucidez fr\u00e1gil pero&nbsp; esencial, constitutiva, que hay que luchar por recobrar incesantemente:<\/p>\n\n\n\n<p>Los que hacen las reglas no quieren que hablemos nosotros<\/p>\n\n\n\n<p>sino<\/p>\n\n\n\n<p>las palabras.<\/p>\n\n\n\n<p>Desean<\/p>\n\n\n\n<p>hacemos desaparecer<\/p>\n\n\n\n<p>de la p\u00e1gina;<\/p>\n\n\n\n<p>pero no nos resignamos. Somos viejos actores<a href=\"#_ftn7\" id=\"_ftnref7\">[7]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abHe quemado las f\u00f3rmulas. [&#8230;] Todo el arrasamiento ha sido para de plazarme, para vivir en otra articulaci\u00f3n\u00bb, escribe Cadenas tras aquellos once a\u00f1os de silencio. Desde entonces, la voz de sus poemas habla para decir la necesidad de una experiencia genuina, para exorcizar imposturas.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa experiencia es, para Cadenas, la del v\u00ednculo de la palabra con la realidad, v\u00ednculo insustituible no tanto porque permita nombrar verazmente el mundo (\u00abLo que miras a tu alrededor <em>I <\/em>no son flores, p\u00e1jaros, nubes, \/ sino\/ existencia. <em>\/ <\/em>No, son flores, p\u00e1jaros, nubes\u00bb, reza un poema de <em>Gestiones), <\/em>cuanto porque hace posible que la voz que lo enuncia sea el portavoz de un sujeto veraz. A diferencia de Jos\u00e9 \u00c1ngel Valente, poeta en quien la b\u00fasqueda de la palabra esencial es tambi\u00e9n ejemplar, Cadenas no propugna, sin embargo, la desnudez, el despojamiento <em>-die eigenlichste Am1ut, <\/em>la \u00edntima pobreza de Meister Eckhart-, no proclama la necesidad del desierto como condici\u00f3n previa al surgimiento de la palabra m\u00e1s honda. El yo po\u00e9tico de Valente niega para afirmar, es expresi\u00f3n radical de aquel <em>intelligere incompreliensibiliter, <\/em>el entender&nbsp; incomprensiblemente de Nicol\u00e1s de Cusa, de <em>1a negative capability <\/em>de la que hablaba Coleridge, del \u00abentender no entendiendo\u00bb de San Juan de la Cruz. En Valente, la palabra po\u00e9tica es el fruto de una tensi\u00f3n primigenia, fundacional, entre la nada germinativa y la palabra inaudible del origen. La b\u00fasqueda del yo po\u00e9tico de Valente es b\u00fasqueda del <em>Vor-Schein, <\/em>lo que a\u00fan no ha llegado a ser.<\/p>\n\n\n\n<p>En Cadenas, en cambio, la palabra po\u00e9tica busca poner de manifiesto al yo po\u00e9tico mismo. En el poeta venezolano, el yo es punto de inflexi\u00f3n de un t\u00fa y un \u00e9l, lugar de residencia, no ya de la \u00abpersonalidad po\u00e9tica\u00bb -esa m\u00e1scara entre m\u00e1scaras-, sino de la diversidad de los puntos de vista que coexisten en el yo po\u00e9tico y que se trata menos de armonizar que de no traicionar. Lejos de ejemplificar una poes\u00eda del silencio, el yo po\u00e9tico de Cadenas parte de la constataci\u00f3n de la dispersi\u00f3n del ser <em>(Cuadernos del destierro), <\/em>para posteriormente rechazar las trampas de la seductora diversidad <em>(Falsas Maniobras) <\/em>y desbrozar el territorio desde el que el yo sea capaz de dirigirse sin imposturas a un t\u00fa <em>(Intemperie <\/em>y <em>Memorial), <\/em>sin lo cual \u00e9l mismo se agota en una incesante partenog\u00e9nesis de m\u00e1scaras. El yo po\u00e9tico ensaya, desde este punto de vista, un di\u00e1logo consigo mismo, que es la \u00fanica v\u00eda para entablar una comunicaci\u00f3n con el otro. En <em>Amante <\/em>(1983), que ha sido valorado distintamente bien como la manifestaci\u00f3n m\u00e1s depurada de la <em>ars poetica <\/em>de Cadenas, bien como un momento at\u00edpico de su obra, alcanza Cadenas a objetivar esa divisi\u00f3n de las voces que lo atormenta desde sus inicios como poeta. <em>Amante <\/em>es, en efecto, at\u00edpico, en el sentido de que la unidad del libro viene dada por un referente \u00b7exterior, un tema si se prefiere, as\u00ed el poeta haya buscado y logrado en \u00e9l rehacerlo a su modo. Es, adem\u00e1s, el \u00fanico de sus poemarios que ha sido de modo muy evidente moldeado, informado por sus lecturas de Jung. En este sentido, es un poemario ideol\u00f3gico o program\u00e1tico, como ideol\u00f3gico era, desde muy otros presupuestos y con un aliento po\u00e9tico indudablemente menor, el poema <em>Derrota <\/em>(1963).<\/p>\n\n\n\n<p>Apreciable en <em>Amante, <\/em>y hasta cierto punto exigida por el \u00abtema\u00bb del poemario, esa voz po\u00e9tica dialogante se ofrece diversa y abierta en <em>Gestiones<a href=\"#_ftn8\" id=\"_ftnref8\"><strong>[8]<\/strong><\/a>. <\/em>La \u00abimagen doble\u00bb, la divisi\u00f3n \u00aben innumerables personas\u00bb que tanto tem\u00eda el poeta de <em>Falsas maniobras, <\/em>se ha ido depurando en sosegada aceptaci\u00f3n de una identidad m\u00faltiple pero reconocida:<\/p>\n\n\n\n<p>Tanteas como ebrio<\/p>\n\n\n\n<p>en la ruta del extrav\u00edo<\/p>\n\n\n\n<p>(as\u00ed se llama<\/p>\n\n\n\n<p>nuestro segundo nacimiento).<\/p>\n\n\n\n<p>Ella nos conduce<\/p>\n\n\n\n<p>fuera del mapa que trazamos.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que vimos con duda<\/p>\n\n\n\n<p>-descubrimos-<\/p>\n\n\n\n<p>no lo pod\u00edamos separar de nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n \u00e9ramos eso.<\/p>\n\n\n\n<p>La aventura nos trajo<\/p>\n\n\n\n<p>este bien; no ser due\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>II<\/p>\n\n\n\n<p>Esta lectura de la obra de Cadenas, atenta sobre todo a la elaboraci\u00f3n del yo po\u00e9tico que en ella se manifiesta, deja dejado aspectos no menos importantes. La escritura de Cadenas, ya se insinu\u00f3 antes, tiende a la parquedad y evita la ampulosidad y el verbo lujoso. Hay una palabra que el poeta acaricia, con su suave habla barquisimetana, y que regresa a menudo en sus escritos y conversaciones: la palabra \u00abmenesteroso\u00bb. Hermoso vocablo que el uso ha emborronado con resonancias peyorativas. En la boca y la pluma de Cadenas, si no lo he le\u00eddo u o\u00eddo mal, es el ep\u00edteto que acompa\u00f1a a la poes\u00eda. La poes\u00eda es menesterosa porque desde\u00f1a el poder; y ya sabemos lo \u00edntimamente asociados que est\u00e1n poder y lenguaje. La poes\u00eda es el otro lenguaje, el otro del lenguaje, pues aspira a expresar lo que el lenguaje nace a un lado y aun maltrata: \u00abuna energ\u00eda muy elemental, muy pura, muy libre, que no puede adaptarse a nada y que al buscar voz produce ese fracaso que es la poes\u00eda\u00bb, dec\u00eda Cadenas en 1969.<\/p>\n\n\n\n<p>Del \u00abpoeta menesteroso\u00bb que es Rafael Cadenas cabr\u00eda decir m\u00e1s cosas. Por ejemplo, la coherencia de su vida con su obra o, mejor dicho, con el yo po\u00e9tico que habita su obra. En sus lecturas, en sus conversaciones, en los cursos que imparte desde hace m\u00e1s de veinte a\u00f1os en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela y en su manera de estar en el mundo, nada hay que desmienta o desentone con lo que ha publicado. Integridad y sencillez son las cualidades del poeta menesteroso. En el suplemento literario del diario <em>El Nacional, <\/em>uno de los beneficios que Cadenas esperaba de la poes\u00eda, hace ya treinta y dos a\u00f1os, era \u201cpoder caminar todav\u00eda con cierto decoro por una ciudad irremediable\u201d. Eso lo ha logrado plenamente, y no es poca cosa en una ciudad como Caracas, inh\u00f3spita, agresiva, doliente, o en esa otra urbe, sobrepoblada, estrepitosa y a menudo vana, que es tambi\u00e9n la literatura de nuestros d\u00edas. Un \u00faltimo apunte sobre el hombre Cadenas. Es un ciudadano de a pie, en el sentido m\u00e1s literal de la expresi\u00f3n. En una ciudad invadida por autopistas y cegada por autom\u00f3viles, Cadenas es un transe\u00fante amable. Nada m\u00e1s f\u00e1cil que dar con \u00e9l; basta con pasear por Sabana Grande o visitar la Escuela de Letras. Es, tambi\u00e9n, un hombre de di\u00e1logo, es decir, alguien que cultiva el arte de la escucha y que no se oye a s\u00ed mismo hablar.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 sea esta, en definitiva, la mejor definici\u00f3n de su poes\u00eda: una poes\u00eda que sabe situarse en la escucha y evitar el ensimismamiento.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref1\" id=\"_ftn1\">[1]<\/a> <em>En 1946 aparece un librito de catorce p\u00e1ginas que, con el t\u00edtulo <\/em>Cantos iniciales, <em>re\u00fane los primeros poemas publicados por un jovenc\u00edsimo Cadenas. Fuera de circulaci\u00f3n desde hace muchos a\u00f1os, el lector interesado hallar\u00e1 una peque\u00f1a muestra en Jos\u00e9 Balza, <\/em>Lectura transitoria, <em>Caracas, Ediciones En Negro, 1973, p. 12-13.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a id=\"_ftn2\" href=\"#_ftnref2\">[2]<\/a> <em>Cf. <\/em>La M\u00e1scara, la transparencia, <em>M\u00e9xico, FCE (Tierra Firme), 1985. p.304-308.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref3\" id=\"_ftn3\">[3]<\/a> <em>Cadenas ha traducido, entre otros autores, a Walt Whitman: <\/em>Conversaciones, <em>Caracas, Monte Avila (Memorabilia). 1994, y en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n ha declarado su admiraci\u00f3n por el poeta de Camden.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref4\" id=\"_ftn4\">[4]<\/a> <em>Guillermo Sucre aborda la obra de Cadenas hasta <\/em>Memorial <em>en un apartado que lleva el t\u00edtulo &nbsp;\u00abLa met\u00e1fora en silencio\u00bb, donde propone asimismo una lectura de poetas tan dis\u00edmiles como Cintio Vitier, Eugenio Montejo, Juan S\u00e1nchez Pel\u00e1ez. Homero Aridjis, Alejandra Pizarnik y Gonzalo Rojas, entre otros.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref5\" id=\"_ftn5\">[5]<\/a> <em>Sobre todo en <\/em>En torno al lenguaje, <em>Caracas, Universidad Central de Venezuela, 1989 y <\/em>Anotaciones, <em>Caracas, Fundarte, 1983, 1991.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref6\" id=\"_ftn6\">[6]<\/a> <em>Jos\u00e9 Balza, <\/em>op. cit., <em>p.30.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref7\" id=\"_ftn7\">[7]<\/a> <em>\u00abAl lector\u00bb, en Rafael Cadenas, <\/em>Gestiones, <em>Caracas, Pomaire (La Diosa), 1992.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a id=\"_ftn8\" href=\"#_ftnref8\">[8]<\/a> <em>Ultimo poemario de Cadenas publicado hasta la fecha, obtuvo en 1992 el Premio lnterna\u00adcional de Poes\u00eda P\u00e9rez Bonalde en su primera edici\u00f3n.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ana Nu\u00f1o I Rafael Cadenas (Barquisimeto, 1930) es un poeta casi del todo desconocido en Espa\u00f1a. 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