{"id":17943,"date":"2025-12-03T14:35:11","date_gmt":"2025-12-03T19:05:11","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=17943"},"modified":"2025-12-03T14:46:09","modified_gmt":"2025-12-03T19:16:09","slug":"regreso-de-eva-primera-parte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/regreso-de-eva-primera-parte\/","title":{"rendered":"El regreso de Eva (Primera parte)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Pepe Alem\u00e1n<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>El ataque de pannegolitis del ni\u00f1o Antonio Jim\u00e9nez<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El 1.\u00b0 de enero del a\u00f1o 1986 ocurr\u00eda algo ins\u00f3lito en el hogar de don Tancredo Jim\u00e9nez. Cuando m\u00e1s alborozada estaba la familia con los naturales regocijos del A\u00f1o Nuevo, y congregados en la mesa se dispon\u00edan a almorzar, el camarero que subiera al quinto piso en solicitud del ni\u00f1o Antonio cay\u00f3 como una bomba disparada a destiempo con esta novedad:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Al ni\u00f1o Antonio le ha dado algo. El ni\u00f1o Antonio est\u00e1 torcido en la cama; duerme profundamente; su respiraci\u00f3n es fatigosa y no despierta a pesar de mis gritos.<\/p>\n\n\n\n<p>Don Tancredo, con la servilleta bail\u00e1ndole en el cuello como una banderola, gan\u00f3 el ascensor seguido de su mujer y de sus dos hijas. El ascensor se detuvo en el quinto piso, precisamente a la puerta del aposento del ni\u00f1o Antonio. Efectivamente, torcido como una saca corchos, tirado sobre el colch\u00f3n, con una respiraci\u00f3n fatigosa que semejaba un ronquido de borracho, Antonio daba la impresi\u00f3n de un estrangulado por entregas, en el momento casi definitivo de quedar asfixiado.<\/p>\n\n\n\n<p>Don Tancredo orden\u00f3 llamar al m\u00e9dico. El autom\u00e1tico marc\u00f3 el n\u00famero 178.469 \u201cambulante\u201d. El doctor Gurtz, que se hallaba ingiriendo cerveza, acodado en una botiller\u00eda, advirti\u00f3 que el bolsillo de su chaleco se convulsionaba con el repiqueteo prolongado. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Ya no puede uno ni beberse tranquilo su cerveza!<\/p>\n\n\n\n<p>Extrajo el cablecito imperceptible rematado por un min\u00fasculo auricular; se llev\u00f3 este al pabell\u00f3n de la oreja izquierda e inquiri\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfAl\u00f3?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfEl doctor Gurtz?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Claro! Si no atiendo yo por mi tel\u00e9fono de bolsillo, \u00bfqui\u00e9n demonios va a atender? Despache r\u00e1pido, que estoy ocupad\u00edsimo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Es Tancredo Jim\u00e9nez, doctor.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Oh, mi grande amigo! \u00bfQu\u00e9 le pasa?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Algo grave, doctor.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfSe est\u00e1 muriendo la se\u00f1ora?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Todav\u00eda no; se trata de Antonio.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014El ni\u00f1o, \u00bfeh? \u00bfY qu\u00e9 le pasa?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No hay forma humana de despertarlo; respira dif\u00edcilmente; esto parece grave, doctor.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Caramba! Dentro de un momento estoy en su casa.<\/p>\n\n\n\n<p>Y efectivamente, a la media hora larga apareci\u00f3 el doctor Gurtz. <\/p>\n\n\n\n<p>(Vamos a hacer una ligera presentaci\u00f3n del doctor Gurtz: hijo de un m\u00e9dico alem\u00e1n y de una rusa bolchevique; hombre coloradote, gordo, optimista y especializado en toda clase de enfermedades. Edad: cincuenta a\u00f1os. Religi\u00f3n: ninguna. Afici\u00f3n: cerveza a pasto).<\/p>\n\n\n\n<p> \u2014Vamos a desnudar al ni\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Se le desnud\u00f3. El doctor Gurtz se despoj\u00f3 del palt\u00f3, prenda que le dificultaba los movimientos cuando precisaba inclinarse. Auscult\u00f3. Tom\u00f3 el pulso. Trat\u00f3 de abrir la boca del paciente, cosa que no se pudo lograr. Trat\u00f3 de abrirle los p\u00e1rpados. Esto fue igualmente imposible. El doctor Gurtz se rasc\u00f3 la cabeza, como todos los m\u00e9dicos de todos los tiempos cuando se hallan ante un caso grave.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfEs algo serio, doctor?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Querido se\u00f1or Jim\u00e9nez, el ni\u00f1o, desgraciadamente, sufre un ataque de \u201cpannegolitis\u201d. Es el tercer caso que se presenta en este pa\u00eds. Hay que dejarle en la cama. Si el ataque es simple, dormir\u00e1 diez a\u00f1os; si es agudo, dormir\u00e1 aproximadamente veinte o veinticinco a\u00f1os\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfEh?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed se\u00f1or. \u00bfNo lee usted los peri\u00f3dicos? La pannegolitis es una forma nueva de la antigua epilepsia. Los primeros casos ocurrieron en Norte Am\u00e9rica, hace quince a\u00f1os. Se presentaron trescientos ocho casos. De los trescientos ocho, noventa despertaron a los diez a\u00f1os; el resto duerme todav\u00eda\u2026 Esta enfermedad fue localizada por el doctor Chimtrop; se le llama pannegolitis porque es una \u201cpanne\u201d del organismo, \u00bfeh? Hasta la fecha no ha sido posible atinar con un reactivo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pero bien, \u00bfse muere de eso?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No, no se muere nadie. Si la persona atacada iba a morirse algunos d\u00edas despu\u00e9s, la muerte se espanta. El atacado queda inmune. Pero no despierta ni con las trompetas del juicio final. Adem\u00e1s, la enfermedad no origina trastornos en el organismo. Antonio cuenta hoy ocho a\u00f1os; pues bien: su desarrollo seguir\u00e1 normalmente y a la edad que despierte despierta como si acabara de dormirse para los a\u00f1os que hayan corrido.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY qu\u00e9 le hacemos, doctor?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mantenerlo desnudo. Nada de ropas, para no entorpecer el crecimiento. Por alimentaci\u00f3n, mucho aire. Mantener abiertas las ventanas. Ba\u00f1arlo diariamente. Tambi\u00e9n pueden afeitarle una vez por semana cuando comience a salirle barba\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Y como el doctor Gurtz advirti\u00f3 que su tel\u00e9fono de bolsillo se convulsionaba en el chaleco, atendi\u00f3, dijo \u201cya voy para all\u00e1\u201d, se puso el palt\u00f3, se plant\u00f3 en el ascensor y se fue a la francesa.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Una conferencia del profesor Ferguson<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Los peri\u00f3dicos de la ma\u00f1ana anunciaron con grandes titulares que el profesor Ferguson, hu\u00e9sped de honor del Gobierno, dictar\u00eda una notabil\u00edsima conferencia sobre la pannegolitis. El anuncio rezaba que la conferencia ser\u00eda le\u00edda a las cinco de la tarde, pero a las tres ya no era posible colarse en el recinto. De ah\u00ed que, cuando el profesor hizo acto de presencia, no hallara c\u00f3mo diablos romper aquella muralla humana para llegarse al estrado que le hab\u00edan dispuesto.<\/p>\n\n\n\n<p>Las cuatro polizontas que guardaban el orden tuvieron que esgrimir sus l\u00e1tigos. A costa de muchos sudores, el profesor Ferguson logr\u00f3 atravesar el sal\u00f3n. Lleg\u00f3 jadeando, con el cuello desatado y la corbata con el nudo por el occipucio. Subido a su tribuna traseg\u00f3 de un golpe la garrafa de agua esterilizada que le pusieron all\u00ed para humedecer el gaznate. Un silencio de susto recorri\u00f3 la sala. El profesor, despu\u00e9s de echar una ojeada sobre aquella muchedumbre, y despu\u00e9s de toser tres veces (en nombre del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu Santo), habl\u00f3 as\u00ed:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cSe\u00f1oras y se\u00f1ores: un alto honor es para m\u00ed verme en este recinto; voy a hablaros de esa enfermedad terrible llamada pannegolitis, que hizo su aparici\u00f3n entre los yanquis har\u00e1 quince a\u00f1os, y que de nuevo torna a sembrar el p\u00e1nico en la humanidad\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>El silencio de la sala se hizo m\u00e1s pesado que una barra de plomo. El profesor, por lo consiguiente, pudo hablar sin hacer grandes esfuerzos en la dicci\u00f3n. All\u00e1 va eso:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLa pannegolitis ha sustituido entre las enfermedades aquel ataque muy com\u00fan llamado epilepsia. Pero no debe confund\u00edrsela, porque la epilepsia atacaba a los epil\u00e9pticos, (\u00a1claro!) y la pannegolitis ataca a todo bicho viviente. \u00bfQu\u00e9 origina la pannegolitis?\u2026 (En este interrogante el profesor abri\u00f3 un calder\u00f3n, como si entre la concurrencia alguien fuera a contestar lo que no sab\u00eda). Hasta el momento es un enigma. (El p\u00fablico oyente respir\u00f3). Es un enigma porque la ciencia ha agotado sus investigaciones y \u00a1nada!\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abIgnorado, pues, el origen de la enfermedad, solo voy a hablaros de sus caracter\u00edsticas. El atacado de pannegolitis entra en un sue\u00f1o profundo. En los casos simples, puede despertar al cabo de diez a\u00f1os; en los casos complicados, a los veinte o veinticinco a\u00f1os. Pero esa \u2018panne\u2019 de la naturaleza nos ofrece la curiosidad de que el individuo (o la individua) se inmunizan contra la muerte. Los atacados que han fallecido durante el ataque, no ha sido a consecuencia del mismo, sino por otras causas. Se conocen varios casos. En un incendio ocurrido en una casa donde se hallaban dos atacados de pannegolitis, ambos fallecieron, y pudo comprobarse que no fue sino a consecuencia de las llamas, porque se les encontr\u00f3 carbonizados. Igualmente, en el naufragio del vapor sueco Fosforito la pleamar ech\u00f3 a la playa, entre otros despojos, dos cad\u00e1veres, uno de hombre y otro de mujer. Ambos cad\u00e1veres fueron identificados. Resultaron ser dos atacados de pannegolitis que eran trasladados por sus familiares.<\/p>\n\n\n\n<p>Y la autopsia comprob\u00f3 que no fallecieron del ataque, sino a causa de que, no pudiendo defenderse, fueron atacados por los tiburones. \u00bfC\u00f3mo se conserva el paciente durante la enfermedad? Como las frutas en su jugo. Es un s\u00edmil exacto. Pongamos ejemplos. Un hombre de veinte a\u00f1os es atacado de pannegolitis. Se duerme. Se le acuesta, se le desnuda y se le instala en una pieza que tenga bastante ventilaci\u00f3n. La alimentaci\u00f3n del enfermo es el aire. Mientras dure el ataque, el organismo continuar\u00e1 su natural desarrollo; cada mes ser\u00e1 preciso recortar las u\u00f1as y el cabello y rapar la barba a los varones. Cada mes ser\u00e1 preciso prestar, adem\u00e1s, ciertos cuidados \u00edntimos a las mujeres. Fuera de ah\u00ed, como si no hubiera pasado nada. Ahora bien: cuando el enfermo despierta, recobra el uso de sus facultades mentales y hasta suele recordar las \u00faltimas impresiones que experimentara. Esto se ha comprobado tambi\u00e9n. En Nueva York, en el hospital de Hollywood, una enferma, en el momento de despertar despu\u00e9s de frotarse fuertemente los ojos, exclam\u00f3: \u2018\u00bfLindbergh nieto no ha batido a\u00fan el r\u00e9cord de altura?\u2019 Y dos testigos presenciales pudieron afirmar que la enferma, al ser atacada del mal, le\u00eda en el New York Times la noticia de que Lindbergh nieto acababa de arrancar en un avi\u00f3n, con tales prop\u00f3sitos. Para comprobar este fen\u00f3meno, harto interesante, abundan episodios catalogados escrupulosamente. El doctor Piroulet, de la Academia de Par\u00eds, cita el ejemplo de un jud\u00edo que volvi\u00f3 de su sue\u00f1o a los seis a\u00f1os, caso muy raro si se toma en cuenta que, aun en los ataques simples, el paciente no duerme menos de diez\u2026 Dice el doctor Piroulet que el jud\u00edo abri\u00f3 los ojos y dijo simult\u00e1neamente: Treinta francos; ni un c\u00e9ntimo m\u00e1s. Ser\u00eda prolijo seguir citando ejemplos. Resumiendo: la pannegolitis es una amenaza para la humanidad. Si se extiende en forma de epidemia, la humanidad corre el riesgo de quedarse \u00edntegra echando un sue\u00f1o de no menos de diez a\u00f1os\u2026 (\u00a1Caray! \u00a1Qu\u00e9 m\u00e1s quisiera la humanidad!). La circunstancia de hallarme de paso por esta ciudad, y de que se hayan presentado tres casos en pocos d\u00edas, es la causa de que me encuentre entre vosotros esta tarde, haci\u00e9ndoos esta exposici\u00f3n. No hay que alarmarse. De los tres casos registrados aqu\u00ed, el primero fue mortal porque un m\u00e9dico b\u00e1rbaro le aplic\u00f3 al enfermo sesenta sinapismos. Los otros dos casos, de un ni\u00f1o y de una ni\u00f1a, siguen su curso normal. He dicho\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Contra lo que era de esperarse, el p\u00fablico oyente no aplaudi\u00f3 al profesor Ferguson. Indudablemente que aquello era una falta imperdonable de educaci\u00f3n, pero con franqueza, \u00a1la gente no estaba para fiestas!<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/pepe-aleman\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Pseud\u00f3nimo literario de Federico Le\u00f3n Madriz<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pepe Alem\u00e1n El ataque de pannegolitis del ni\u00f1o Antonio Jim\u00e9nez El 1.\u00b0 de enero del a\u00f1o 1986 ocurr\u00eda algo ins\u00f3lito en el hogar de don Tancredo Jim\u00e9nez. 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