{"id":17922,"date":"2025-11-28T14:16:35","date_gmt":"2025-11-28T18:46:35","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=17922"},"modified":"2025-12-15T17:22:09","modified_gmt":"2025-12-15T21:52:09","slug":"palagremas-seleccion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/palagremas-seleccion\/","title":{"rendered":"Palagremas (selecci\u00f3n)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Duglas Moreno<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>La ca\u00edda. Blanco Puentevi\u00f1al<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Cuando notamos que una persona cay\u00f3 desde el puente y se encaj\u00f3 entre la blancura p\u00e9trea del agua, quer\u00edamos salir volando del r\u00edo. La \u00faltima vez que fuimos testigos de un suicidio, estuvimos varios d\u00edas retenidos en la polic\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos dijeron que, si le hubi\u00e9semos prestado auxilio inmediato, al joven Imanuel Nebreda, quiz\u00e1s, lo salvamos de la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquel golpe noble, contra las piedras que sobresal\u00edan en el serpentinaje de la corriente, nos detuvo. Ante el asombro de todos, el hombre se levant\u00f3, logr\u00f3 caminar hacia la orilla y subi\u00f3 la barranca; pero no supimos qui\u00e9n era, nunca nos dio la cara.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Santo Dios, no le pas\u00f3 nada, est\u00e1 vivo \u2014dijimos\u2014.<\/p>\n\n\n\n<p>Los muchachos siguieron jugando. Y yo, como si un impulso desconocido me incitara, llegu\u00e9 al sitio preciso de la ca\u00edda. All\u00ed, en una roca gris\u00e1cea, estaba el sorpresivo adi\u00f3s de una mirada; esa imagen me estremeci\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>No dije nada y me fui llorando para la casa. Mi madre me contuvo. \u00bfQu\u00e9 te sucedi\u00f3, hijo? Casi no pod\u00eda hablar. Solo pregunt\u00e9 \u00bfY mi hermano, mam\u00e1? Hijo, c\u00e1lmate, no me asustes. \u00bfMam\u00e1, dime d\u00f3nde est\u00e1 mi hermano? Bueno, hace como una hora, sent\u00ed que sali\u00f3. T\u00fa sabes que a \u00e9l le gusta contemplar y hacer dibujos para los ba\u00f1istas de Puentevi\u00f1al, debe estar all\u00e1. Y en la cama dej\u00f3 tiradas varias pinturas, son recientes. Hay un autorretrato, con una mirada extraviada, que desconcierta; te lo voy a buscar. No vayas mam\u00e1, no es necesario; hace un momento que lo vi.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El tapabocas negro. Pandemia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Era un vecino cascarrabias. Llevaba siempre el mismo tapabocas negro o tal vez ten\u00eda varios del mismo color para protegerse de la pandemia. No s\u00e9 ni por qu\u00e9 decid\u00ed espiarlo. Un d\u00eda toqu\u00e9 en su casa. Estoy en el ba\u00f1o, respondi\u00f3. Al salir not\u00e9 que ca\u00edan gotas de agua del tapabocas. Busco a mi perro, le se\u00f1al\u00e9. No lo he visto, gru\u00f1\u00f3. Me desped\u00ed y pensaba: \u00bfSer\u00e1 que hasta duerme con esa cosa puesta?<\/p>\n\n\n\n<p>Solo hab\u00eda un modo de averiguarlo. Violentar las cerraduras de su casa. Con un cerrajero amigo, una madrugada, forzamos las puertas. Y vimos que dorm\u00eda con el tapabocas puesto. Consideramos que era suficiente y nos fuimos.<\/p>\n\n\n\n<p>A media ma\u00f1ana se supo la noticia: el hombre amaneci\u00f3 muerto. La polic\u00eda inform\u00f3 que, seguramente, unos ladrones lo asfixiaron.<\/p>\n\n\n\n<p>No quer\u00eda ir al velorio. Era inocente, aunque me sent\u00eda culpable. Pero mi esposa insisti\u00f3. Llevemos tapabocas negros.<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00e1 habl\u00e9 con el cerrajero. \u00bfLo viste? S\u00ed. A\u00fan tiene el tapabocas. No te creo. En la funeraria me explicaron que no pudieron arranc\u00e1rselo. Busqu\u00e9 a mi mujer y casi en silencio, le exclam\u00e9: v\u00e1monos. D\u00e9jame acercarme a la urna, suplic\u00f3. Ve; pero r\u00e1pido. Me asalt\u00f3 un temor siniestro al confesarme en la carretera que el vecino se fue feliz, pues hasta una leve sonrisa ten\u00eda en su boca. Al llegar a casa le dije: qu\u00edtate ese tapabocas. Se llev\u00f3 las manos a la cara y desesperada grit\u00f3: no puedo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Otra mosteja. Alas cenizas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Como la biblioteca a\u00fan no abr\u00eda, opt\u00e9 por recorrer uno de sus costados solitarios. <em>Esa quieta soledad es la que nos atrae y envuelve.<\/em> Tal vez funcionaba como una salida de emergencia por las numerosas rampas adicionales con boquetes disimulados con madera. <em>Debe estarse preguntando por qu\u00e9 tantos pasadizos.<\/em> De pronto, una de las tablas se levanta y del agujero sale una sombra animal. <em>\u00bfOyeron? Sonaron las bisagras.<\/em> Me detuve un segundo e inmediatamente reanud\u00e9 mi andar, pues dije: tiene que ser un zamuraco; pero lo detallo m\u00e1s y me percato de que nunca hab\u00eda visto un ave tan extra\u00f1a. No s\u00e9 c\u00f3mo se orientaba, pues no ten\u00eda ojos, al menos apreciables, solo un rayado negruzco de forma triangular en cada una de sus cuatro alas. <em>Ojal\u00e1 no pretenda quedarse con ella.<\/em> Trat\u00e9 de agarrarla; pero vol\u00f3 nuevamente hacia su escondite. A pesar del miedo decid\u00ed seguirla. Se encarril\u00f3 por un torcido socav\u00f3n. Corr\u00ed hasta all\u00e1 y me paralic\u00e9 cuando descubr\u00ed que en unos frajeles secos, esos pajarracos se consum\u00edan entre s\u00ed. La crueldad con la que se atacaban me permiti\u00f3 corroborar su absoluta condici\u00f3n de ceguedad. <em>\u00bfUstedes creen que lo traigan para ac\u00e1 o lo devoren?<\/em> Mientras intentaba retroceder escuch\u00e9 voces que ven\u00edan de m\u00e1s abajo. <em>Ya sabe que estamos aqu\u00ed.<\/em> Comprend\u00ed que el animal de forma h\u00e1bil me hab\u00eda llevado a su guarida. <em>Han comenzado a lamerse las pezu\u00f1as, ya sus brazos caen entre los quebrachos encendidos, \u00e9ste s\u00ed que ser\u00e1 un fest\u00edn para esa animaleja.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Lejan\u00edas rotas. Frajel de recuerdos<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Imariel, siempre hab\u00eda buscado en el aire, destellos de su pasado. S\u00e9 que all\u00ed ve\u00eda transitar la vida como en un espejo roto, mostrando a destajo, los m\u00e1s felices momentos; pero tambi\u00e9n, aquellos pasajes amargos junto a m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>A veces, bajaba la mirada, como si buscara o viniera de otro mundo y luego se pon\u00eda a contemplarme de soslayo, con esa tristeza que me quebraba el alma. Con mi pa\u00f1uelo secaba un tanto sus mejillas. Creo que el llanto ten\u00eda relaci\u00f3n con la imposibilidad de reconocerme. Ella, levemente, tomaba mi mano y entonces, volv\u00eda a esa memoria lejana, donde yo, quiz\u00e1s, me desvanec\u00eda en su tenebrosa vaciedad. Y despu\u00e9s, se asomaba a sus ojos ese cristal negro, brillante como un frajel de cannarelas, que le duraba casi una eternidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero sucedi\u00f3 el milagro que por a\u00f1os esper\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Anoche fue a la cocina y trajo dos copas de vino. Se me acerc\u00f3 temblando. Tiernamente dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Brindemos, es nuestro aniversario de bodas.<\/p>\n\n\n\n<p>Llor\u00e9 de alegr\u00eda, pens\u00e9 que nunca m\u00e1s recordar\u00eda que era mi esposa. Bes\u00e9 su cabello y nos quedamos sentados all\u00ed, como dos sombras de un mismo recuerdo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Toro con cara de saco. Los talancos<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>A Casimiro Ramos, mi abuelo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El toro viene jadeante. Le han tapado la cara con un saco. Su trote es inseguro. A veces marcha de forma violenta, en otras casi se detiene. En la trompa se le ve una baba blanca. La nariz es una carnosidad negruzca y brillante. El animal tiembla.<\/p>\n\n\n\n<p>Un compadrito lo sostiene con una soga. Ya no hay m\u00e1s gritos. Le dan la vuelta a un botal\u00f3n que est\u00e1 en el patio y el toro cede un poco. Sin embargo, sigue bufeando. Mueve la cabeza hacia muchas partes como buscando escapar. Sale de barajuste y la cuerda se trenza como una espada y le raspa el cuero del pecho.<\/p>\n\n\n\n<p>Parece que quisiera volar los talancos. Un chorro de sudor grueso le baja por las patas. Los cascos vacilantes se clavan en la tierra, pero no cae al suelo. Un ni\u00f1o se le acerca al otro compadrito y le pregunta. \u00bfPor qu\u00e9 le han tapado la cara? El compadrito le mira y no responde. Sigue esquivo en su tarea. Despu\u00e9s llega el matador.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora s\u00ed hay un grito de muerte. La sangre que le brota al toro por el cuello, se desliza entre los mecatillos y entonces la m\u00e1scara de saco se vuelve una coraza seca y rojiza.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde los naranjales blancos vemos el silencio junto al toro. Y en esa tarde lejana que huye ahora por la apartada infancia, andamos todav\u00eda los ni\u00f1os por los maizales, jugando con nuestras caras de saco.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Falso estr\u00e9s. Mu\u00f1ecos bajo cuerda<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>No andaba ese d\u00eda para tantas sorpresas. Primero, el obrero en la ventana del edificio gubernamental, amenazando con lanzarse al vac\u00edo. Segundo, la pesada caja de herramientas cayendo exactamente en mi pie izquierdo y ahora el hombre muerto debajo de mi auto. Me mantuve apretado al volante. No deseaba ver nada.<\/p>\n\n\n\n<p>Siempre ando retrasado y con un estr\u00e9s maldito que me est\u00e1 modelando esta lustrosa cara de perro. Intentaba llegar temprano, al menos una vez, a mi trabajo y no pude frenar; le di con todo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No pod\u00eda estar vivo \u2014pensaba\u2014.<\/p>\n\n\n\n<p>La gente me ped\u00eda que moviera el auto para sacar el cad\u00e1ver. Temblando baj\u00e9 del carro y lo vi. No sangraba por ninguna parte. Ni un moret\u00f3n ten\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Varios ni\u00f1os re\u00edan entre s\u00ed. Entonces halaron el mu\u00f1eco con una larga cuerda. Lo levantaron, lo limpiaron, le hicieron ajustes y lo prepararon para una pr\u00f3xima v\u00edctima. Pens\u00e9 en retroceder y enfrentarme a ellos, pero eran unos pobres chicos.<\/p>\n\n\n\n<p>Llegu\u00e9 tarde a la oficina. Iba a decir que atropell\u00e9 a alguien: pero me contuve. Despu\u00e9s, frente al computador, me re\u00eda porque la cara del mu\u00f1eco era igual a la de mi jefe. No puedo negarlo, ahora paso a una velocidad endemoniada por donde est\u00e1n siempre los muchachos, para ver si hago trizas al bendito mu\u00f1eco.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Aqu\u00ed Dragonia. L\u00e1grimas en el fuego<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La madre-dragona esperaba a su cachorrillo desde el amanecer. Ten\u00eda medio rostro en la ventana y el alma completica en los altares de Dios. Casi dejaba los ojos en los frajeles zigzagueantes de la calle.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo el mundo sabe que Dragonia se ha vuelto muy peligrosa. La noche hab\u00eda sido una angustiante espera. Hasta que unos vecinos le gritaron que su dragoncito estaba tirado en una acera. La mujer, corri\u00f3 sobre sus l\u00e1grimas por toda la ci\u00e9naga. En la curva de una fangueta encontr\u00f3 a su hijo-drag\u00f3n. A\u00fan, la pobre criatura estaba viva. Una vez, entre los brazos de su vieja, le dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Madre, no te preocupes, estoy bien, solo me robaron el fuego.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/duglas-moreno\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Duglas Moreno La ca\u00edda. Blanco Puentevi\u00f1al Cuando notamos que una persona cay\u00f3 desde el puente y se encaj\u00f3 entre la blancura p\u00e9trea del agua, quer\u00edamos salir volando del r\u00edo. La \u00faltima vez que fuimos testigos de un suicidio, estuvimos varios d\u00edas retenidos en la polic\u00eda. 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