{"id":17909,"date":"2025-11-24T14:17:57","date_gmt":"2025-11-24T18:47:57","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=17909"},"modified":"2025-11-24T14:17:59","modified_gmt":"2025-11-24T18:47:59","slug":"la-tragedia-del-oro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-tragedia-del-oro\/","title":{"rendered":"La tragedia del oro"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Alejandro Fern\u00e1ndez Garc\u00eda<\/h4>\n\n\n\n<p>La custodia, hecha de humild\u00edsimo lat\u00f3n, hu\u00e9rfana de piedras f\u00falgidas, era en verdad pobre casa de la hostia. Hab\u00eda que sustituirla con otra, de oro y gemas deslumbrantes, que irradiase como un astro, cuando fuese mostrada a los fieles, en la gloria del altar, entre el incienso, al resplandor de los cirios.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la custodia val\u00eda un precio fabuloso. El m\u00e1s acaudalado propietario de la ciudad era incapaz de comprarla por s\u00ed solo. Sin embargo al Cura se le ocurri\u00f3 una idea feliz. Ser\u00eda aqu\u00e9lla la obra de la piedad, del reconocimiento, del amor, porque cada uno de los habitantes de la ciudad contribuir\u00eda seg\u00fan la medida de sus riquezas, con sus joyas y sus monedas, a comprar el palacio a Dios, que viv\u00eda hasta entonces como un mendigo, en una pobre choza, en su humilde custodia de lat\u00f3n. Adem\u00e1s no habr\u00eda que pagar al art\u00edfice que la fabricara. \u00c9l sab\u00eda trabajar los metales. \u00c9l ser\u00eda el arquitecto del palacio de Dios. Con sus mismas manos repujar\u00eda el oro de la joya sagrada. Pero su idea era m\u00e1s elevada todav\u00eda. Era poner al servicio de una obra piadosa y divina, el oro, fulgurante lepra del mundo, el flamescente y turbador metal que corre como un r\u00edo, y r\u00ede con risa diab\u00f3lica y perversa por entre los dedos febriles de los hombres, que enciende llamas profundas y voraces en las almas de los avaros, tiene miradas de sirena en las joyas de las mujeres y hace so\u00f1ar a los ladrones, en la sombra de los calabozos, con maravillosas florestas \u00e1ureas.<\/p>\n\n\n\n<p>Apenas fue conocida su idea todos contribuyeron a realizarla. A las manos del Cura baj\u00f3 el oro en lluvia copiosa y abundante. Entre sus manos vio brillar todas las joyas y todas las monedas de la ciudad. Los brazaletes, las sortijas, los zarcillos, los collares, cuanto fue vanidad de la carne y se\u00f1uelo de la voluptuosidad lo dieron las mujeres, y las monedas acudieron de todas partes: de la caja del comerciante, de la hucha del labriego, y hasta de las mesas verdes del baccarat.<\/p>\n\n\n\n<p>A poco tuvo el Cura en sus manos la cantidad de oro y gemas necesaria para construir la custodia: y se dio a fabricarla sin punto de reposo, con vanidad de artista enamorado de su arte, y evang\u00e9lica pasi\u00f3n de santo, envanecido de su obra.<\/p>\n\n\n\n<p>Lleno de fiebre trabaj\u00f3 sin descanso. El oro entre sus dedos fue d\u00f3cil y obediente como la cera; se abland\u00f3, se alarg\u00f3, gimi\u00f3; fue mate en unas partes, brillante en otras, y tuvo al fin, entre los calados, los encajes, y las graciosas cinceladuras del metal, las ardientes miradas de las gemas. Los diamantes como l\u00e1grimas de roc\u00edo, las esmeraldas como di\u00e1fanas algas, los rub\u00edes como gotas de sangre, brillando presos en el oro, un\u00edan en una sola luz sus diversas luces, diademando la joya con un halo de estrella. Al fin estuvo concluida y lleg\u00f3 el d\u00eda de su inauguraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La ciudad toda concurri\u00f3 a la iglesia, y prosternada y fervorosa, vio surgir la custodia como un ascua encendida, de las blancas manos del cura, como de dos nubes p\u00e1lidas, el sol. Pero en la noche, despu\u00e9s de terminadas todas las fiestas, el Cura no pod\u00eda dormir. El demonio del pensamiento se le hab\u00eda metido en el cerebro, haci\u00e9ndolo pensar extravagancias inauditas. Realizada su obra, en el silencio de su alma se dec\u00eda:<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfAqu\u00e9lla que dio sus brazaletes y sus collares, en nombre de qu\u00e9 adulterio los dar\u00eda? \u00bfAqu\u00e9l que arranc\u00f3<br>las gemas de sus sortijas qu\u00e9 infamia in\u00e9dita y oscura guardar\u00eda en el coraz\u00f3n? \u00a1Y las monedas! \u00bfSu oro no destila l\u00e1grimas y sangre? Si hoy han contribuido a una obra piadosa, \u00bfno pagaron ayer las manos del asesino, no han re\u00eddo a carcajadas, corriendo locamente por el mundo, entre los dedos de los ladrones, de los tah\u00fares y de las meretrices?<\/p>\n\n\n\n<p>El remordimiento le mord\u00eda el coraz\u00f3n. \u00a1Solamente el orgullo habr\u00eda podido soplarle al o\u00eddo aquella abominable idea de encerrar a Dios en aquel calabozo inmundo de oro envilecido! Su candidez le hab\u00eda hecho creer que constru\u00eda para Dios un divino palacio y \u00a1s\u00f3lo hab\u00eda hecho una casa infame de lodo, l\u00e1grimas y sangre! Su crimen le pareci\u00f3 el m\u00e1s abominable de los cr\u00edmenes.<\/p>\n\n\n\n<p>En la fiebre del insomnio, lleno de un pavor inusitado, crey\u00f3 perdida su alma para la paz inmortal de los cielos; y juzg\u00f3 imprescindible una reparaci\u00f3n inmediata de su enorme pecado. Dios no pod\u00eda vivir un minuto m\u00e1s en aquella casa infamante. Era necesario libertarlo al punto de la prisi\u00f3n abominable de aquel oro leproso y maldito. Con los ojos fuera de las \u00f3rbitas, de puntillas, como un ladr\u00f3n, penetr\u00f3 en la iglesia. Al entrar, el gozne enmohecido de una puerta son\u00f3 como una carcajada. Abri\u00f3 el sagrario, sac\u00f3 la hostia de la custodia, y luego huy\u00f3 con \u00e9sta hacia el taller, ocult\u00e1ndola entre los pliegues de su sotana.<\/p>\n\n\n\n<p>Toda la noche estuvo trabajando. La fragua ard\u00eda. En las calles solitarias y en paz se prolongaba el ruido del yunque y del taller surg\u00eda el gemir del metal trabajado con ardor. La forma de la maravillosa custodia desapareci\u00f3 entre sus dedos. Separadas las gemas, el oro fundido en la fragua fue una masa informe. Luego sobre el yunque, trabaj\u00f3 con fiebre; pon\u00eda en su obra toda su pasi\u00f3n de orfebre, toda su alma, todo su arte. Con el oro y las gemas arrancados de la custodia, cincelaba febrilmente una joya desconocida. As\u00ed continu\u00f3 toda la noche, hasta el alba\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Pero a la hora del alba, se sinti\u00f3 en el taller un gran gemido\u2026 Cuando acudieron encontraron al Cura ca\u00eddo sobre el yunque, con los ojos desmesuradamente abiertos y con el rostro p\u00e1lido como la cera. Al levantarlo, le vieron correr por el lado izquierdo del pecho un largo hilo de sangre: ten\u00eda atravesado el coraz\u00f3n con un maravilloso pu\u00f1al de oro, constelado de piedras luminosas\u2026<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alejandro Fern\u00e1ndez Garc\u00eda La custodia, hecha de humild\u00edsimo lat\u00f3n, hu\u00e9rfana de piedras f\u00falgidas, era en verdad pobre casa de la hostia. Hab\u00eda que sustituirla con otra, de oro y gemas deslumbrantes, que irradiase como un astro, cuando fuese mostrada a los fieles, en la gloria del altar, entre el incienso, al resplandor de los cirios. [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":17910,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17909"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17909"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17909\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17911,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17909\/revisions\/17911"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/17910"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17909"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17909"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17909"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}