{"id":17866,"date":"2025-11-18T14:26:28","date_gmt":"2025-11-18T18:56:28","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=17866"},"modified":"2025-11-18T14:26:49","modified_gmt":"2025-11-18T18:56:49","slug":"17866-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/17866-2\/","title":{"rendered":"La Fiebre de Miguel Otero\u00a0Silva"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Por: V\u00edctor Mosqueda Allegri<\/h4>\n\n\n\n<p>Primera novela de Otero Silva y se nota pr\u00e1cticamente en cada una de las l\u00edneas, pues resulta un trabajo poco maduro (sobre todo compar\u00e1ndolo con sus siguientes obras), debido a su excesiva y evidente necesidad de decir lo que piensa acerca de ciertos procesos pol\u00edticos que vivi\u00f3 como protagonista, y su necesidad de contar esos eventos, quiz\u00e1s desde un punto de vista aleccionador e incluso panfletario, pues en rara ocasi\u00f3n la fuerza narrativa de la historia supera al tema pol\u00edtico, cuyo bombardeo se siente como una venta de humo, con muy poca pericia. En cierta forma, todo ello le da m\u00e9rito al t\u00edtulo de su novela, porque es clara que la <em>Fiebre<\/em> revolucionaria de aquella Generaci\u00f3n del 28 todav\u00eda est\u00e1 demasiado fresca, todav\u00eda no baja en el term\u00f3metro emocional, al momento mismo en que escribe la historia. Y no hubiera sido nada desacertado escribir una historia como esta, tan febril, tan \u00edntima y dolida, estando ya en fr\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>De hecho es curioso que la versi\u00f3n que nos llega a los lectores actuales, entre las que se cuenta la versi\u00f3n que he le\u00eddo yo, es una versi\u00f3n reeditada sobre la original,\u00a0que sufre de varios cambios, que el mismo Otero Silva anuncia en su pr\u00f3logo. \u00a0Y esos cambios no consisten en bajar el nivel de calor pol\u00edtico,\u00a0diluir el intento de campa\u00f1a, sino quiz\u00e1s en el hecho contrario. Otero Silva asegura que ha depurado a la novela \u00abde oratoria antinovel\u00edstica y palabras farragosas\u00bb. La verdad es que yo no soy para nada amante de las palabras farragosas, y la ausencia de estas es una de las cosas que he admirado siempre de la obra de Miguel Otero Silva. Pero tambi\u00e9n he admirado su esp\u00edritu antinovelista, transgresor con el lenguaje, con las f\u00f3rmulas, y en ese sentido, sin poder conocer la versi\u00f3n anterior, siento que es algo que pudo dejar desvalida a la novela. Porque si bien Otero Silva no fue escritor de palabras farragosas, tampoco lo fue de palabras vac\u00edas. Sus palabras simples sab\u00edan configurarse con elegancia, con poes\u00eda, con locura y l\u00fadica, para configurar hermosos pasajes y escenas grandiosas. Recuerdo, por ejemplo, en <em>Cuando quiero llorar no lloro<\/em>, aquella descripci\u00f3n del viaje psicon\u00e1utico de uno de los Victorino (lamento no recordar los apellidos de cada uno), toda una joya de la simplicidad, que sabe c\u00f3mo no renunciar a la po\u00e9tica y el surrealismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces,&nbsp;yo me pregunto, \u00bfesa fiebre excesiva es producto de una escritura en caliente o es una enfermedad de la que Otero nunca se pudo curar? Porque si tantos a\u00f1os despu\u00e9s&nbsp;intenta refrescar la novela, pero le queda igual de febril, de panfletaria, podr\u00eda parecer que se trata de que Otero no pudo nunca deshacerse de estas escenas y el dolor que le causaban, pero sobre todo de su necesidad de transferirnos ese dolor, esa fiebre, de forma gratuita.<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed me surge la necesidad de comparar este trabajo con <em>Los topos<\/em> de Eduardo Liendo, que tiene una l\u00ednea argumental bastante similar, pero que no se siente para nada febril, e incluso podr\u00eda calificarse de hipot\u00e9rmica, en ese sentido que le doy aqu\u00ed al juego de las temperaturas corporales, pero no por ello carece del fuego propio de un tema, de un per\u00edodo vital, de nuestra historia como pa\u00eds, como el de las dictaduras y las guerrillas, que tiene la capacidad de incendiar voluntades incluso en los menos adeptos al tema. En <em>Los topos<\/em> se observan los mismos escenarios; la selva y la prisi\u00f3n, los mismos dolores por la muerte de los hermanos de batalla, el temor, el refugio en la lectura,&nbsp;etc.; pero todo&nbsp;llega a nosotros desde la distancia de quien ha crecido a partir de esto. De hecho, esta es una novela que se escribi\u00f3 desde el extremo opuesto de <em>Fiebre<\/em>. Se escribi\u00f3 desde el fr\u00edo absoluto que&nbsp;se cuela al dejar pasar los a\u00f1os, dejar rodar las promesas de bar, y no sentarse a escribir esa historia que todos los que la vivieron quer\u00edan que Liendo contara. Entonces, nuestro primer acercamiento a este territorio febril ocurre desde la abulia, desde el desgano de contarlo, desde la incongruencia de ver lo que son hoy aquellas personas que FUERON ayer, si es que acaso fueron algo. Y, por aquel viejo arte de la empat\u00eda, el lector empieza a identificarse poco a poco con lo que a estos sujetos les pasa y, por consiguiente, con lo que les pas\u00f3, hasta que la fiebre se instala y sentimos arder en nuestro pecho consignas que no necesariamente nos identificar\u00edan fuera de la ficci\u00f3n, fuera de las letras. Por ello no puedo dejar de pensar que, a veces, el querer decir, arruina el decir, y esto le pasa a Otero Silva en <em>Fiebre<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta necesidad de decir, de repasar&nbsp;aquellas escenas en Palenque, aquella tragedia heroica de estudiantes saltando a la selva, cambiando los libros por las armas y la guerrilla, se va a repetir a lo largo de casi toda la&nbsp;obra de Miguel Otero Silva; pero en las siguientes encuentra progresivamente la forma de encubrirlo mejor, de modo que el panfleto no resulte tan evidente, y exista una historia digna de contarse de fondo.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Fiebre<\/em> es, definitivamente, un libro que vale la pena leer si eres seguidor de la obra de Otero Silva y quieres comprenderlo m\u00e1s a fondo, al ver c\u00f3mo se movilizaban sus letras en su adolescencia escritural, por decirlo de alguna forma, que no intenta ser una cr\u00edtica al adolescente que escribe, pero s\u00ed al que escribe de forma adolescente fuera de esta etapa de la vida. Ahora bien,\u00a0si no est\u00e1s interesado en Otero, sino en buscar buenas historias, mi recomendaci\u00f3n ser\u00eda que la pasases de largo, y vayas directo a obras de mayor calidad, como por ejemplo <em>Cuando quiero llorar no lloro<\/em>, que es, a mi parecer, donde surge el Otero Silva adulto en sus letras, el que todav\u00eda sigue ardiendo en fiebre, pero al menos recuerda ponerse pa\u00f1os de agua fr\u00eda antes de sentarse a escribir.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/victor-mosqueda\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">Publicado en: https:\/\/convictoryconfeso.wordpress.com<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: V\u00edctor Mosqueda Allegri Primera novela de Otero Silva y se nota pr\u00e1cticamente en cada una de las l\u00edneas, pues resulta un trabajo poco maduro (sobre todo compar\u00e1ndolo con sus siguientes obras), debido a su excesiva y evidente necesidad de decir lo que piensa acerca de ciertos procesos pol\u00edticos que vivi\u00f3 como protagonista, y su [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":17707,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[24],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17866"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17866"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17866\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17868,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17866\/revisions\/17868"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/17707"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17866"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17866"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17866"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}